Disclaimer: Inuyasha y compañía no me pertenecen, son de la magnífica Rumiko Takahashi, sin embargo la trama es completamente mía y está hecha sin fines de lucro.

¡A favor de la campaña con voz y voto, porque agregar a favoritos y no dejar review, es como manosearme una teta y salir corriendo!

Capítulo beteado por Bren Jaeger.

Seduciendo al Conde

Capítulo 9

—Muselina, señorita, muselina —Kagome extrajo un par de pendientes del pequeño joyero que le había dado la doncella. Las había traído del cuarto de la anterior condesa, junto a otros vestidos y zapatos y para sorpresa de ambas y del mismo conde, la ropa era de su medida. Eran sin dudas vestidos hermosos, aunque si Sango los viera, diría que estaban pasados de moda, y por supuesto que para el siglo XXI aquellas ropas eran pasadas, pero para ese tiempo eran lo más sofisticado que había. Y a pesar de que la condesa había muerto tan solo un par de años atrás, había muerto muy joven y sus vestidos seguían siendo muy sofisticados, según palabras de la doncella.

Había usado cuatro vestidos de la condesa y todos le habían ajustado perfectamente, a excepción de unos ligeros largos que le pasaban unos cuantos centímetros, pero nada que la doncella no pudiese arreglar. Todo había sido permitido por el conde y era la mejor parte, pues de hecho su ropa no era la adecuada para esa época.

Se plantó frente al espejo e inspeccionó su imagen con ambos pendientes a los lados. El vestido que llevaba puesto era blanco de muselina, sencillo tal y como el conde lo había sugerido para aquel caluroso día.

—Da igual, sigue siendo un vestido —volvió a objetar cuando la mirada de desaprobación de la doncella se clavó en los pendientes. No había tardado mucho en forjar una amistad sincera con la doncella y aunque esta se negaba a llamarla por su nombre de pila, al menos lograba que fuese sincera con ella.

Le pasó las manos alrededor del vestido y lo aliso para darle forma.

—Si alguna esnob estirada de sociedad la escucha —comentó horrorizada—, válgame el señor las habladurías que desataría sobre usted. —Kagome se giró y la tomó de los hombros. Yuca era demasiado joven y sin embargo hablaba como una mujer entrada en edad.

Le contó que era la hija de la anterior doncella de la condesa y que durante toda su vida había crecido entre la nobleza, aunque no exactamente como una dama, más bien, viendo como su madre cuidaba a la anterior condesa. Conocía perfectamente las etiquetas y Kagome deseó poner más atención en cuanto al comportamiento. Sin embargo Yuca le dijo que por muy buena chica que fuese y por muy educada y bella que se comportara, nunca era respetada por nadie, porque no tenía título ni era hija de ningún noble.

—Pero aquí no hay ninguna esnob estirada, solo estamos tu y yo. —La doncella asintió y levantó los vestidos que estaban en la cama. Kagome continuó mirándose en el espejo.

Las cosas iban bien, había logrado salir un par de veces con el conde y tal vez si lograba que se fijase en ella, podría tener protección que era lo que necesitaba para subsistir en esa época. Hasta ese momento tenía asegurado techo y comida que era lo más importante. El conde era un caballero y le permitiría estar el tiempo suficiente para su recuperación.

Escuchó los cascos de los caballos y se asomó a la ventana. Abajo aguardaba un coche con la insignia de la familia Taishō, que a Kagome en lo personal le pareció demasiado pequeña. Sin embargo no le tomó importancia y salió al encuentro del conde.

Estaba radiante con su traje de tarde hecho justamente a su medida llevaba una camisa de lino y unos pantalones color caqui ajustados. En cuanto la vio bajar los escalones de la casa le extendió una mano para guiarla hasta la calesa. La ayudó a subir y luego cerró. Ella se asomó por la ventana y vio al conde hablar con el cochero. Este asintió a lo que le decía y se volvió hacia los caballos. Sesshōmaru regresó a su lado y le sonrió.

—Yo iré a caballo, y tú estarás más segura aquí dentro. Estaré cerca por cualquier cosa que necesites. —Kagome asintió con la decepción sombreando su rostro. Sin embargo no se amilanó y se recompuso en el interior.

El traqueteo del carro la hizo sumirse en un profundo sentimiento. Era como si de pronto fuese consciente de la gravedad de las cosas. No tenía absolutamente nada en ese lugar. Era un lugar vacío. En esa época ni siquiera sabía si tenía antepasados o algo parecido. Lo más cerca que tenía a eso era Sango, pero ella ni siquiera la reconocía. Y solo había hablado un par de horas con ella, pero nada que le permitiese ganarse su confianza. Era demasiado cuidadosa con lo que decía y parecía otra persona en el cuerpo de su mejor amiga.

Se produje un brusco movimiento del coche y este se ladeó de forma salvaje haciendo que Kagome volcara hacia adelante y cayese de rodillas en el otro asiento. Respiró fatigada ante aquel modo de transporte. Sin duda extrañaba los automóviles de su época. Entonces escuchó ruidos afuera del coche y se asomó a ver lo que pasaba. No divisó movimiento a excepción de los cascos de los caballos golpeando contra la tierra. De pronto un sórdido golpe la alejó de la ventana con una sensación de pánico alojada en el estómago.

El cochero estaba parado a un lado y acto seguido abrió la puerta del vehículo.

—Tendremos que esperar aquí, señorita. La rueda se ha estropeado por lo sinuoso del camino. —Kagome bajó reprimiendo las sensaciones que bullían en su cuerpo y comprobó que en efecto la rueda estaba en malas condiciones. Entonces levantó la mirada buscando a Sesshōmaru, pero no lo divisó por ningún lado.

—¿Y el conde? —El hombre recogió unas piedras de la tierra y las arrojó contra la hierba del camino.

—Ha hecho un desvío. Pronto nos alcanzará señorita. —Eso no la dejó precisamente tranquila. Sesshōmaru se había separado de ellos en algún momento del camino y ella no se había dado cuenta. Tal vez tuvo necesidades, pensó, pero eso tampoco era muy buena idea y mucho menos pensamiento.

Los rayos del sol se filtraban por entre las hojas de los árboles que había a los costados del camino y aunque este no le daba directamente, el sofocamiento comenzó a inundarla. Regresó a la seguridad de la calesa y comenzó a abanicarse con la mano. El sudor le cubría la frente y hacia que el cabello se le pegara a la cara.

—¿Cuánto tiempo cree que tendremos que esperar? —Preguntó al cochero que seguía arrojando piedras hacia la hierba.

—No lo sé, tal vez hasta que el conde regrese. Podría ir yo mismo a buscar algo para reparar la llanta, pero me colgaría antes de dejarla sola aquí. —Ella asintió, reacomodándose en el asiento.

Esperaron unos eternos quince minutos antes de escuchar los cascos de un caballo acercarse. Entonces Sesshōmaru apareció en su campo de visión a galope sobre su pura sangre. A Kagome se le cortó la respiración al verlo en la montura, viendo como la camisa de lino se le ensanchaba por la fuerza del viento y como sus cabellos se mecían hacia atrás dejándole libre el rostro bronceado. Tenía los brazos tensos por la fuerza con la que sostenía las cuerdas del caballo y las piernas brincaban libres alrededor de éste. Le pareció el hombre más apuesto del mundo.

Él aminoró el paso hasta que se detuvo frente al cochero. Luego miró la rueda del coche y exclamó una maldición que resonó en el silencio del camino. Ella se dispuso a bajar del coche y vio que el cochero estaba desatando a uno de los caballos de la calesa.

—Hemos tenido un pequeño percance —gesticuló él en cuanto la vio descender. Le tendió una mano y la ayudó a bajar.

—Sí. Me he dado cuenta. —Se giró hacia el cochero y éste montó al caballo y comenzó a galopar a lo largo del camino hasta desaparecer.

—Mis disculpas.

—No se preocupe.

Sesshōmaru se alejó hacia la sombra de un árbol y ella se vio tentada a seguirlo, pero se quedó ahí en su sitio hasta que él le indicó que se acercara.

—El calor es espantoso —susurró acomodándose a su lado. Él la miró y asintió, luego levantó la mirada hacia la copa del árbol y una gota de sudor le cayó desde la sien, resbalándose por su mejilla hasta perderse en el cuello. Kagome tragó en seco. Y de nuevo la sensación de una energía recorriendo su cuerpo, la sorprendió. Era como si todo su cuerpo gritara por ser besada por ese hombre, como si sus ojos no tuvieran otra dirección para mirar que solo él y solo en ese momento se dio cuenta de lo estúpida que estaba siendo al desear todo aquello.

Era imposible reprimir ese deseo de su interior, pues la atracción salvaje que sentía hacia él era irrefrenable. Ese hombre era atractivamente seductor y era muy probable que si ella seguía con aquel jueguito de intentar obtener confianza y algunos beneficios de él, terminara perdiendo los estribos y cayera rendida ante los deseos que la consumían por dentro.

Sesshōmaru bajó la cara y le clavó la mirada. Fue como un aguijonazo en el pecho y el corazón se le aceleró con trompicones. La sangre se le agolpaba en los oídos y sentía las pulsaciones de todo su cuerpo en las manos, los brazos, el cuello, las piernas y para su propia sorpresa, en la parte donde estas se unían.

—¿Se siente bien?

—No, no —tartamudeó—, digo si, —se aclaró la garganta y continuó—. Es decir, el calor es un poco bochornoso. —Se giró hacia el otro lado y apretó los ojos con frustración ante su estupidez.

—Podríamos avanzar a galope, pero no le creo capaz de aguantar el camino. —Regresó la mirada hacia él y luego hacia el animal a un lado comiendo la hierba del camino. Posiblemente fuese a pasarse hasta el otro lado si intentaba subir y quedaría como una florecita abierta embarrada contra el piso con aquel vestido.

—Y lo cree bien. No estoy segura de poder montarlo. —Sesshōmaru soltó una pequeña risita y se acercó al animal, luego lo trajo hasta ella y para sorpresa de Kagome, él la tomó de la cintura con ambos brazos y la montó en el animal.

—La montura es lo de menos. —Aseguró. Regalando una sonrisa que a Kagome le pareció como si de pronto el sol comenzase a alumbrar con un suave soplido del viento. El cosquilleo que le recorrió el cuerpo cuando sus potentes manos la alzaron aun le afloraba. Y entonces fue consciente de lo fuerte que era el conde. Sus afanosos y fornidos brazos. Tan duros como una roca.

Se encontró fantaseando la forma en que esas manos la tocarían y no solo sobre la ropa, sino más allá. Como la colmarían de caricias y como se estremecería entre sus brazos. Santo Dios, estaba fantaseando con un hombre que no era su prometido.

—Ya lo creo —contestó obligándose a que su voz saliera firme y sin vacilación, pero no lo logró y lo sabía por la expresión en el rostro del conde. Éste tomó las cuerdas del caballo y jaló para hacerlo caminar.

Las exquisitas sensaciones que le recorrieron el cuerpo, fueron sustituidas por el pánico, al sentir al caballo moverse, juraría que caería en cualquier momento. Si no se aferraba a algo se iría de espaldas o quedaría estampada de frente y directamente a la tierra. Apretó las manos alrededor del cuerpo del castrado y murmuró bajando todos los santos del cielo para que acudiesen a su ayuda.

Sus ruegos fueron escuchados y los cascos de un caballo se escucharon. Un grupo de hombres venía a todo galope directamente hacia ellos. De pronto aminoraron el paso y desmontaron. Le hicieron una reverencia al conde y empezaron con la tarea para arreglar el pequeño inconveniente de la calesa.

Media hora después ya estaban emprendiendo el viaje hacia el norte y Kagome se encontraba sana y salva dentro del carruaje y con la seguridad de los traqueteos de las cuatro llantas. Sin embargo cada tanto se aseguraba de que Sesshōmaru fuese cerca de ella. No soportaría llegar y darse cuenta de que se había quedado sola de nuevo.

Cuando hicieron la parada en los campos de cultivo de las propiedades de lord Taishō, Kagome se maravilló con toda la flora del lugar. Nunca había visto tanta vida natural junta, ni en los mejores jardines de recreación de la ciudad. Era seguro que el conde tenía mucho que ver con la prosperidad de esas tierras, y sobre todo con el ánimo con el que sus hombres trabajaban. Todos parecían tenerle respeto y sobre todo parecían leales a su lord. Eso no la sorprendió, sin duda Sesshōmaru era bueno en lo que hacía, un buen líder y sobre todo compañero con sus propios trabajadores.

Sin embargo lo que la dejó en total asombro, fue ver a Sesshōmaru quitarse la camisa de lino que traía, y por toda consternación de Kagome lo grande y musculoso de su pecho. El abdomen bien trabajado y el vello que cubría su pecho hasta perderse entre sus pantalones.

Sin poder evitarlo se acomodó en la calesa descapotada. Debajo del árbol y lejos de los rayos del sol, presenciando aquella escena que estaba dedicada para ella y para su completo y perverso embelese.

Fue una hora de completo deleite. Viéndolo trabajar codo a codo con sus lacayos, sudando lo mismo que ellos y poniendo un gran empeño en lo que hacía. El sudor que le recorría la espalda era lo más atractivo que había visto nunca.

Siempre había estado rodeada de empresarios estirados y jamás se había topado con un hombre de verdad. Un hombre que su cuerpo no fuese hecho por las horas del gimnasio, sino por el trabajo arduo, esculpido por la tierra y la naturaleza.

Deseó pasar sus manos por el cuerpo de Sesshōmaru, deseó que él la tomara en ese momento y no le importaría que estuviese sudado ni manchado de tierra. Deseó sentir sus manos sobre su cuerpo y sus labios sobre los suyos. De pronto e inconscientemente llevó una de sus manos a los labios y los delineo de una forma tentadora, imaginando que eran los labios de Sesshōmaru los que rozaban los suyos. Sintió sus pezones endurecerse debajo de la muselina y el roce la sofocó más de lo debido.

Ojalá no fuese la tela sino sus manos, pensó mientras elevaba los pechos para disfrutar de la fricción de la tela. Entonces él levantó la mirada hacia ella y la encontró en aquella posición. Dejándose ser llevada por sus fantasías y embelesada por la visión del hombre que tenía enfrente. Divisó sus ojos sin poder evitar la mirada ambarina que la penetró como un latigazo directamente a sus entrañas y encontró el rastro de oscuridad y deseo en los ojos del conde.

Continuará…

Muchas gracias por sus reviews. A los que agregaron a favorito y dieron follow y a los lectores silenciosos.

Sé que tardé en publicar, pero seré sincera con ustedes, éste fic es el que más trabajo me cuesta por la época. Entenderán que es un poco difícil adaptarse, estoy escribiendo varios actuales y luego de repente cambiar a la antigua es difícil. Pero en fin, ojalá que no los esté decepcionando con el lento avance.

iblwe: Sí, Kagome todavía habla cosas de su época, pero no lo puede evitar. Y él por su parte ya no podrá quitársela de encima, eso tenlo por seguro. Tengo planes mu macabros para él.

Aurora Kuchiki: Gracias por las buenas vibras. Por fin los pasé todos y aquí me tiene actualizando. Estaré más al pendiente del fic ahora que estoy de vacaciones.

Yuli: Oh, entiendo tu estrés, colega, la verdad a mí lo que más me estresa es sistemas de manufactura. Casi repruebo esa materia. Pero en fin, al final pasé, ah y logística, ese sí me mató. Reprobé un examen y tuve que pasarlo en segunda oportunidad. Pfff es un honor que el fic te sirva de distracción. Ojalá que también te vaya muy bien en los finales. Yo aún estoy en servicio social, pero para el año que viene por éstas fechas estaré en residencia.

okita kagura: Andas con todo mujer, pero algo de eso hay. Kagome ayudará mucho a Sessh aún falta mucho por ver de estos dos, eso te lo aseguro.

Elfen Jaeger: Por Dios y yo sigo fangirleando con tus reviews. Tienes una forma tan elegante de halagar. Muchas gracias y ojalá el fic siga siendo de tu agrado.

clarity-chan: Muchísimas gracias por tu comprensión. Sé que tal vez te resulten un poco cortos, pero así es mi forma de narrar. A veces intento hacerlos más largos, pero de algún modo terminan quedando así. Creo que son límites que me impongo sin darme cuenta. Trataré de solucionarlo.

alei91: Oh, nena hermosa que bueno que decidiste leer, aunque creo que todavía no llegas aquí, en fin, lo verás cuando te aparezcas. Sessh y Kag tendrán su aventura extraordinaria como lo prometí, sólo hay que ser pacientes para que las cosas fluyan solas.

mirai-nikki22: Espero te siga encantando. El próximo capítulo hay novedades que nadie se espera. Puedo jurar que nadie…

andreinasophia. garcia: Kag tiene suerte, eso sí, pero no estemos muy seguras hasta el próximo capítulo. Aun no voy a revelar la información del barón. Pero algo saldrá el siguiente capítulo.

mimato bombon kou: eheheheheheh que bueno tenerte por aquí de nuevo. Estoy tratando de hacer algo fuera de lo tradicional tal y como dices, a ver si no me sale tan mal. Y Kagome tendrá muchas cosas en contra, pero habrá que ver como las supera. Espero te haya gustado este capítulo.

Angeles: ¡Paraguay! Caramba, y te leíste todo de un solo jalón. No sabes lo feliz que me hacen tus palabras. Claro que seguiré la historia. Hasta ahorita no he dejado ningún fic sin terminar. Bueno, hay uno en hiatus temporal, pero a la brevedad me pondré con eso. Sólo que no lo van a encontrar en ésta cuenta. Muchísimas gracias por leer y ojalá te tenga por aquí leyendo y comentando.

Marlene Vasquez: No te preocupes, lo importante es que leíste y te gusta el capítulo. Gracias por leerme. Respecto a lo que dijiste, pues ella si lo acepta y él con todo y su honor no podrá negar lo imposible. Ya verás….

¡Nos leemos la próxima actualización!