Disclaimer: Haikyu no me pertenece, ojala, es de Haruichi Furudate. La imagen tampoco es mía.
Muy buenas. Vengo aquí, antes de entrar mañana a clases (después de mis ligeras vacaciones de una semana), a subir la viñeta número nueve (ay, cómo pasa el tiempo). Muchas gracias por los reviews a: Maria - Paltita - Mayriwi - nobody - sugA u-u. Quiero disculparme por no haber puesto la pista anteriormente y dificultar la adivinanza, mucho perdón, pero, por favor, sigan intentando. Agradezco todos los favoriteos y los follows, además de que entren a leer. Ahora con la viñeta.
La suerte de los bajos a los altos no les interesa.
IX: I de ´Invierno´.
Afuera, según lo que podía ver por la ventana del salón, las calles se encontraban blancas hasta el punto en que parecía ser un paisaje sacado de una bola de nieve de juguete (esos que tanto llamaban la atención de su pareja cuando los veía en las vitrinas de las tiendas). El cielo se encontraba levemente nublado y podía notar como caían ligeros copos de nieve. Los árboles se encontraban sin hojas pero sus ramas oscurecidas se mecían gracias a la fuerza del viento y generaban un ensordecedor ruido fantasmagórico. También podía notar el "muñeco de nieve" que se habían encargado de hacer juntos durante la tarde, aunque estaba medio deforme y parecía que en cualquier momento se caería; las ramas que habían usado para los brazos ya se hallaban medias chuecas, la nariz un poco caída, la boca era una sonrisa retorcida y la bufanda daba la impresión de que volaría junto con la casa de Dorothy en una dirección desconocida en cualquier momento.
«Lastima, me gustaba mucho esa bufanda», pensó Kenma mientras seguía observando su creación con ojos atentos y expectantes a lo que podría ocurrir con aquella prenda. Bueno, no es como si la utilizara todos los días pero era suya y de una que otra forma la quería.
«Lo que se hace por amor», pensó con resignación pero incluso ese sólo pensamiento le subió la temperatura del rostro debido a la vergüenza que comenzó a sentir. Era cierto que había aceptado hacer aquella criatura (que de hecho, era unos centímetros más alto que él) porque Shoyo le había pedido muy emocionado que hicieran un muñeco de nieve juntos, y él nunca había sido de salir a hacer muñecos de nieve, pero no pudo negarle su petición a esos ojos de cachorro que eran como chocolate y aquella voz tan insistente. Además de que la alegría que Shoyo emitió en todo el proceso de construcción había sido suficiente paga por el esfuerzo y casi perder la nariz debido al frío.
Adentro se encontraban con calefacción (su madre se había encargado de prender la estufa porque de lo contrario habrían muerto congelados hace ya un buen tiempo) y Link, el gato, se hallaba acurrucado junto al calor. Kenma lo observó durante un breve momento y se dio cuenta de lo mucho que había crecido en tan poco tiempo, ya no era el gato famélico que Hinata había rogado por quedarse, ahora era más grande (además de gordo) y según el menor cada día se parecía más a él. Después de mucho discutir sobre el tema, habían decidido ponerle Link porque todo el mundo conocía Zelda. Dentro de la casa, además del gato rescatado, tenían la televisión prendida en un programa que ninguno de los dos estaba viendo realmente pero parecía gracioso. Ambos se encontraban sentados en el sofá de la sala, con una manta encima para taparse y tazas de chocolate caliente entre sus manos tibias. Shoyo estaba dulcemente apoyando la mejilla en su hombro y Kenma intentaba no moverse en lo más posible para no incomodarlo además de que se sentía nervioso.
Nunca había sido bueno con las personas y menos con el contacto humano, con Shoyo se ponía el doble de nervioso y en su interior no quería que se alejara.
—Kenma, Kenma —llamó Shoyo con emoción pero no chillando como normalmente hacía. Seguramente era porque estaba más adormecido que antes, además de que había ocupado mucha energía durante la tarde. Él solamente pudo girar el rostro levemente para verlo, Shoyo lo observaba con su mirada castaña que tanto le gustaba—. ¿Mañana podemos ir a pasear juntos? —inquirió casi con un poco de timidez.
Kenma se encogió de hombros.
—Claro —respondió con simpleza pero en su interior sintiéndose feliz.
En la mesa del salón se encontraba su Nintendo DS (negra con blanco) con el cual normalmente se encargaba de ignorar a los demás, pero ahora estaba apagada. Si no podía jugar con Shoyo entonces no la encendería, no perdería el preciado tiempo que podía estar junto a él ignorándolo. Sería estúpido, además lo más probable es que no lo dejaría tranquilo y terminaría muriendo en cada nivel unas veinte veces.
Kenma vuelve a mirar a Link que se encuentra desperezándose en la alfombra, tumbándose con el estómago al aire y sus patitas encorvadas dulcemente. Entonces siente un ligero tacto que comete una acción que parece tan natural como el simple respirar, algo lo toca por la cintura y se da cuenta al instante que es un abrazo y quién lo abraza no es nadie más que Hinata. Éste pasa ambos brazos por su cintura por debajo de la manta, generando ondas eléctricas que van desde la zona hasta la punta de sus pies y su cabello. Unas cosquillas comienzan a aparecer en el centro de su estómago y su corazón se iguala al aleteo de un colibrí en la primavera, mientras va de flor en flor. Cada célula de su cuerpo reacciona ante el ligero tacto de Shoyo, reconociéndolo al instante y haciendo que su cuerpo gire en torno a él y sus actos de cariño.
Siente el cabello de Hinata haciéndole cosquillas en el cuello y la mejilla, puede oler su esencia (algo como naranja, lo cual es bastante irónico), a través de la tela de su playera puede sentir su calor corporal y tal vez incluso su pulso. Cada respiración cálida que choca contra su hombro y en su intenso análisis se da cuenta que en sus ojos se refleja el programa que están dando en la tele. Ahí está Hinata Shoyo, el señuelo de Karasuno y el niño hiperquinetico del que nadie se salva, ni siquiera él, el chico que superará al Pequeño Gigante y siempre parece lograr animar a las personas de una u otra manera. El chico del que se enamoró sin reparar en ello, sin aviso ni advertencia y quien, por acto de milagro o alguna clase de divinidad, ahora estaba junto a él abrazándolo tiernamente como era su costumbre y compartiendo juntos.
El chocolate caliente de pronto se siente frío en comparación con la piel de Shoyo y su propio calor. Su mente vaga hasta meses atrás, cuando se conocieron por primera vez y ambos se hallaban ligeramente perdidos.
Una sonrisa se asoma por sus labios pero logra ocultarla con su propia mano.
—Kenma, mañana podemos ir a patinar sobre hielo —musita Hinata con sus ojos brillando de emoción, su voz rompiendo el silencio y la tranquilidad de la casa que por unas horas tenían solamente para ellos. Puede ver cómo la actitud de niño que Shoyo siempre tiene comienza a volver lentamente a su cuerpo—. O comer algo. Aunque me gustaría patinar sobre hielo, nunca lo he hecho, debe ser divertido pero es muy probable que me caiga… —sigue diciendo rápidamente, sin dejar respirar las propias palabras y alzando el rostro para verlo de frente, encandilándolo con esos ojos tan llamativos que posee.
Lo único que puede hacer es asentir de forma titubeante, sin lograr captar por completo el mensaje de Kenma porque parece comunicarse tan rápido que ni si quiera Flash podría seguirlo.
En la relación la persona que parecía ser el motor de ambos eran sin duda Shoyo.
Y Kenma entonces no se encuentra completamente seguro de cuándo, ni el cómo pero de pronto se hallaba a sí mismo con los labios hinchados y una sensación de ligereza invadiendo su cuerpo. Tenía a Hinata sobre las piernas y podía sentir el roce de sus cuerpos de una manera demasiado comprometedora para su salud mental. Su rostro estaba envuelto en un rojo furioso, mientras que sus manos sujetaban las huesudas caderas de Shoyo con fuerza y ternura al mismo tiempo. Sentía un roce en el cuello y luego un poco de humedad en la zona, entonces se daba cuenta (por las ligeras mordidas tímidas y juguetonas) que era el menor.
Kenma, simplemente siguiendo el instinto de su cuerpo y todavía ligeramente confundido, lo único que podía hacer era acariciar la espalda de Hinata y bajar hasta su trasero casi con timidez, como si esperara un rechazo o una negación pero esto nunca ocurrió. El menor se removió por el bochorno, incluso sus orejas vestidas en rojo y con los ojos ligeramente vidriosos pero no por lágrimas de tristeza, sino por otra cosa que Kozume no podía identificar de momento. Sólo sabía que estaba ahí y no le molestaba para nada. Sus propias manos se moldeaban al cuerpo contrario y generaba estremecimientos en Hinata, quien se mordía el labio para no emitir ningún sonido vergonzoso pero fallaba completamente en su tarea.
Cantos más musicales que los de un gorrión:
—Ngh… —musitó un abochornado Hinata Shoyo ocultando el rostro en el hombro de su pareja, mientras esté seguía dando caricias en su zona baja pero ahora piel contra piel. Los jadeos y gemidos parecían imposibles de ocultar.
El armador de Nekoma solamente podía ser gentil e intentar no avergonzarse él también, lo único que evitaba que se ocultara debajo de una almohada o en su propia habitación era que Hinata parecía más avergonzado que él, pero aun así no se retiraba. En ningún momento le había dicho "No", ni si quiera cuando Kenma hizo el ademán de sacarle la playera (sin razón aparente, salvo que necesitaba quitársela y verlo semidesnudo). Hinata se encargó, con manos temblorosas, de quitársela por completo. Entonces los besos por su cuerpo continuaran, al mismo tiempo que sus caricias y los sonidos que Shoyo no podía evitar.
Ambos cuerpos en llamas en un frío día de invierno.
PREGUNTA: ¿Cuál creen que es la letra ´J´? Anteriormente no había puesto las pistas y nadie dijo nada, ¡gah! Que horrible persona soy. Whatever, aquí vamos con la pista (podría ser ligeramente más complicada que las otras, pero quiero probar). Resolved este acertijo y tendrán su pista para la próxima letra: "¿Qué criatura tiene cuatro patas por la mañana, dos por la tarde y tres por la noche?". Venga, venga.
.
.
.
By: Nitta Rawr.
