¡Hola a todos!

Perdón, perdón, perdón, y mil perdones. Me retrasé como nunca. Tuve más exámenes imposible, aunque sé que no es excusa, pero tengo un capítulo movidito.

Gracias a todos los lectores, que escriben review o no. Les cuento que cada vez se me hace más difícil escribir pero no duden que voy a seguir hasta el final.

Cuéntenme de ustedes, ¿tantas pruebas como yo? Me encantaría algo de paz. ¡Vacaciones de vuelta!. Bueno, espero que disfruten de su lectura.

Muchísimos cariños (y millones de perdones),

Adalie May.-

9- ) Él

Fue inmenso el esfuerzo que tuvo que hacer para despegarse de la cama. Sinceramente, no había dormido más de dos horas en toda la noche. Es que no había forma de sacarla de su cabeza. Una deuda enlazaba de por vida a los sujetos a menos que ella fuera saldada. Y como bien sabía, Granger no se iba a contentar ni con algo caro, ni con algo prohibido, ni cualquier tipo de objeto material.

La situación se escapaba de sus manos. Realmente le había hecho un gran favor. Además, no tenía que olvidarse que debería enfrentar preguntas, caras de asco de sus compañeros de Slytherin, y enojo de parte de Pansy. Eso era lo único bueno de todo el asunto; era el primer engaño que había puesto más que furiosa a Pansy, y absurdamente, no había sido real.

Meditó todo lo que pudo acerca de los hechos. "Que nunca me olvide –pensó- que pactar con Granger es pactar con el diablo."

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No durmió bien, y no podría haberlo hecho. Se duchó en unos pocos minutos y ató su pelo con un lazo negro. Negro al igual que la perspectiva de ese día. En principio, debería enfrentar a sus amigos con sus acusaciones. Segundo, tendría que soportar las miradas recelosas de las envidiosas niñas. Tercero, todos sus compañeros la mirarían con reproche. Y por último, y no menos importante, Malfoy.

No esperaba nada de él, de eso estaba segura. Pero sabía que él no se contentaría con tener una deuda con ella. Jamás la tendría.

Bajó las escaleras excesivamente temprano. Pocos alumnos estaban allí, pero esos pocos la miraron con recelo, y no escondieron una mirada de complicidad. Quiso tener un tiempo a solas con sus amigos, y podría hablar con ellos. Había decidido que inventaría una excusa, la que fuera. Todo menos la verdad.

-¡Hermione! – la llamó Ron desde la escalera. Una sonría amplia empapaba su rostro.

-¿Qué sucede?

-No te imaginas lo que hemos oído con Harry.- Comenzó a reír exageradamente y carraspeó.- Tú…tú…¡Y Malfoy! – completó en un tono de burla.

-Lo sé.- Admitió Hermione intentando no fracturarse en mil pedazos.- Siéntate por favor.

Ron palideció de repente. La miró con inquisición, y luego con asco.

-¿Tú no has…?

No llegó a terminar la frase cuando Hermione lo negó.

-No, no es cierto. Lo que sucede es que Malfoy…

-¿Te hizo algo ese patán? – introdujo Harry uniéndose a la conversación.

-¡No! Tan solo yo…yo dije eso para divertirme. Es todo.

Ambos amigos se miraron sorprendidos.

-¿Cuál es la diversión? – concluyó Ron con la boca entreabierta.

-No sé, en verdad, por qué lo hice. Solo quise ver la reacción de Malfoy.

-Eso no es posible. Tú no eres así.- Afirmó Harry.- Hermione, dinos la verdad.

Hermione los miró a los ojos.

-Créanme, no les gustaría escucharla.

-¡Lo que sea antes que la mentira!

-¿Ustedes confían en mí? – preguntó Hermione.

-Por supuesto.- Respondieron ambos a la vez.

-Entonces deben saber que no estoy metida en nada raro, y que necesito mi espacio. Tan solo dije eso para ayudar a alguien. No es nada de gran importancia, así que no intenten averiguarlo.

-Pero…

-Por favor. No me hagan esto ustedes.

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-Es imposible que podamos hacer todo esto para mañana.- Expuso Ron.

-Vamos a la biblioteca y hagámoslo allí.- Propuso Hermione con una sonrisa.

Ron y Harry se miraron de reojo.

-De acuerdo. Los veo más tarde.- Ambos sonrieron y se despidieron de su amiga.

A pesar de todo, el día no había estado tan mal. Las miradas habían sido asquerosas, pero no le era nada nuevo, siendo la mejor amiga de Harry Potter.

Caminaba tranquila hasta la puerta de la biblioteca, cuando una mano la tomó por sorpresa. Lo miró a los ojos. Sabía quien era. Se dirigieron sin emitir un sonido hasta un aula cercana, donde ambos se internaron.

-¿Qué quieres? – preguntó ella.

-Quiero tratar contigo unos temitas, sangre sucia.

Hermione comenzó a reír.

-Sí que eres patético. No solo no tienes personalidad si no que eres el peor calco de Malfoy que he visto en mi vida.

-No juegues conmigo. Porque eso es exactamente lo que vengo a hacer contigo.- Blaise Zabini la miró con asco, y comenzó a caminar por el lugar. Sin notarlo, las manos de Hermione comenzaron a sudar.

-¿Qué quieres? – repitió.

-Te has portado muy mal conmigo. Muy mal.- Recitaba él mientras bordeaba la habitación.- Me trataste de mentiroso, y arruinaste mi venganza. Pero no te hagas drama, cada asunto a su tiempo.

-Eres despreciable.- Escupió la chica. Zabini se acercó a centímetros de su cara y sonrió de lado. Sus rasgos serpentinos y su hablar pausado le daban un aspecto tal escalofriante que dudó seriamente en escapar de allí. ¿La lastimaría? ¿Sería capas?

-Un poco. Realmente eres ingeniosa. Pero no lo suficiente para mí. Esto te dolerá, y luego ni recordarás qué ha pasado. Es que soy muy bondadoso cuando me lo propongo.

-Esto de jugar a ser Lord Voldemort no se te da. Vives de los demás. Eres tan ingenuo y patético que me das lástima. ¿Qué me harás? ¿Me torturarás? ¡Por favor! Cualquiera nos escucharía, y no eres tan capaz como para evitar que me encuentren lastimada.

-No me provoques sangre sucia. Porque prometo que cada vez durará más.- Hermione intentó sacar su varita de los vaqueros pero esta voló por los aires. Tenía miedo. Mucho miedo. Nunca lo habría creído capas de tal atrocidad. Gritó. Él se acercó cautelosamente a ella.- Ruégame. Hazlo.- Hermione fue retrocediendo hasta chocar contra la dura pared de piedra. Vio que Zabini remojaba sus labios.

Fueron dos segundos; de repente la tomó de los cabellos y la arrojó al suelo. Clavó su áspera varita en su suave cuello y sonrió.

-¡Filipendo! – gritó una voz grave abriendo la puerta de un estrépito. Hermione agradeció al cielo que alguien hubiera escuchado sus gritos.- Imbécil.- Malfoy se acercó al Zabini dolorido y pateó su estómago reiteradas veces. Además, revoleó la varita de Blaise que yacía en su mano.

-¡No! ¡MALFOY! ¡Lo matarás! – suplicó Hermione. Draco Malfoy paró.

-Esto es por intentar hundirme.- Le pateó la ingle con fuerza.

-¡No!

-Esto es por ser tan imbécil.- Le pateó el estómago.

-¡Ya para!

-Y eso es…por ser simplemente tú.- Le pateó el rostro y se detuvo en seco.

-¡¿Qué es lo que haces?! ¡Lo matarás!

-¡No me molestaría! – deseó Malfoy. Ambos se miraron durante unos segundos con furia, y muy en lo profundo, con gratitud mutua. Malfoy se acercó a la pared y se deslizó por ella. Se dejó caer agotado. Hermione no sabía dónde meterse.

-Vete.- Ordenó Draco.

-No. ¿Qué harás con esto? Te expulsarán.

-De acuerdo.

Hermione lo miró furiosa.

-No.- Repitió ella convencida.- Hablaré con Mcgonagall, le diré que fue en defensa…mía.

-Te salvo la vida, y me humillas de esa forma.- Hermione lo miró recelosa pero una tímida sonrisa se asomó en su rostro.

-¡Depulso! – Draco dejó caer su cuerpo sobre las piernas. Hermione gritó y buscó desesperadamente su varita. Zabini estaba estirado en el suelo, con la cara ensangrentada, y empuñando la varita con fuerza. Ella llegó hasta su propia varita con rapidez y exclamó:

-¡Expelliarmus! – asustada lo apuntó todo el trayecto desde que se levantó hasta que se retiró por la puerta.

-No hables con nadie, ni vayas a la enfermería porque nos expulsarán a los tres.- Indicó Zabini antes de retirarse. Hermione se acercó a Draco desesperada intentando hacerlo reavivar.

-¡Malfoy! ¡Vamos! – pedía desesperada.- ¡Por favor, responde! ¡Malfoy! ¡No!

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