Capítulo 9

TE VA a encantar la villa -aseguró Sasuke entusiasmado. Hinata dudaba mucho que le fuera a encantar lo que preveía sería un lujoso edificio lleno de mármol y oro. Sasuke era muy aficionado a los lujos, al fin y al cabo se había criado en una villa siglo dieciséis. Sin embargo a Hinata toda esa opulencia la hacía sentir incómoda, pero jamás había esperado que Sasuke viviera en condiciones modestas por ella.

Hacía un día glorioso. La limusina iba atravesando un denso bosque de hayas bajo el sol radiante para después acceder a una empinada carretera rural flanqueada por robles que iba a dar a un enorme prado lleno de amapolas y flores silvestres. En lo alto de una colina, divisó la elegante torre con tejado de terracota que coronaba una antigua casa que encajaba a la perfección en el paisaje. Era una construcción de piedra tan bella que Hinata abrió los ojos para memorizar su imagen.

Ya antes de que el vehículo aparcara en la entrada, Hinata creyó estar experimentando un déjá vu. Tres años atrás, habían pasado su luna de miel en una moderna villa dotada de la más adelantada tecnología; Sasuke había estado encantado, pero ella había encontrado el lugar frío y sin encanto. Durante aquella cortísima semana, ella no había dejado de admirar las antiguas villas, lo que había provocado las bromas de Sasuke, que había elaborado una lista de las características que habría tenido la casa de sus sueños. Se trataba de un edificio de piedra, con una torre que ofrecería unas bellas vistas. Aquella casa imaginaria habría estado emplazada en una colina rodeada de bosque que la mantendría apartada de cualquier molestia del mundo exterior. Y allí estaba frente a ella, la casa de sus sueños, que su marido había comprado un mes después de la separación. Aquello era demasiado para cualquier mujer...

Bajó de la limusina sin comentar el parecido del edificio con su casa imaginaria, de hecho mantuvo un silencio absoluto. Un ama de llaves y un mayordomo salieron a su encuentro y saludaron a Shisui con el mayor cariño.

-Tsunade Senju llegará mañana por la mañana para ayudarte a cuidar de Shisui -anunció Sasuke.

Hinata pestañeó rápidamente.

-¿Qué has dicho?

-No fue tan difícil encontrar su número en la guía de teléfonos. La llamé y le propuse trabajar para ti a tiempo completo...

-Pero yo no necesito...

-Está todo organizado -la interrumpió enseguida-. Tsunade está encantada y deseando empezar. Dice que ha echado de menos a Shisui.

Hinata respiró tan hondo y tan fuerte para intentar calmarse que tuvo miedo de explotar.

-Y supongo que en ningún momento se te ocurrió que quizá debías consultarme al respecto.

-Sí se me ocurrió, pero después decidí no hacerlo.

Lo miró con incredulidad, pero él se limitó a enco gerse de hombros.

-Estás acostumbrada a cuidarlo sola y te sientes culpable por delegar en otros. Pero he pensado que nos vendrá bien poder relajarnos de vez en cuando sin preocuparnos por Shisui. Reservar algún tiempo sólo para nosotros dos no es un crimen.

Hinata detuvo la mirada en aquellos profundos ojos y estuvo a punto de sonreír porque acababa de emplear las palabras perfectas para convencerla. -Supongo que tienes razón.

Tomándola de la mano, la llevó al interior de la casa, que no tenía nada que envidiar al aspecto exterior. Todos los espacios estaban decorados con un exquisito estilo rústico que despertó la curiosidad de Hinata sobre quién se habría encargado de la decoración. Y cuanto más veía de aquel maravilloso lugar, más se imaginaba a Sakura Haruno decidiendo la ubicación de cada mueble y cada complemento. Volvió a respirar hondo, esa vez en un intento por controlar tan turbulentas emociones. Le estaba costando un gran esfuerzo no preguntarse cuántas mujeres habrían disfrutado de la misma visita junto a Sasuke.

Subieron a la torre para contemplar las fantásticas vistas, que parecían sacadas de un cuento de hadas. Pero Hinata era incapaz de disfrutar, no podía quitarse la duda de la cabeza; y aunque se había prometido no decir nada, el tormento era más de lo que podía soportar.

-En nuestra luna de miel... me prometiste una casa exactamente igual que ésta -dijo por fin arrastrandolas palabras.

-Y como ya te dije, siempre cumplo lo prometido—bromeó él.

Hinata estaba tan tensa que no entendía cómo no se le quebraban los huesos. ¿Cómo podía ser tan obtuso? ¿Acaso pensaba que estaba alabando su buen gusto? La visita continuó con un precioso dormitorio azul claro, su color preferido. Dejándose llevar por el mismo impulso que habría llevado a un detective hasta la prueba de un crimen, fue directa hasta una puerta que, como sospechaba, daba al cuarto de baño. Y allí estaba, ¡la bañera redonda de sus sueños!

-¡Te odio! -le gritó conteniendo las lágrimas.

Sasuke se apoyó sobre la cómoda de madera maciza y la observó impasible.

—Santo cielo...No me lo puedo creer. ¿Qué es lo que te ocurre?

-¡Compraste la casa de mis sueños después de que yo te abandonara y la profanaste con otras mujeres! -explicó iracunda-. ¿Cómo te atreves a traerme aquí?

-Probablemente quisiera recordarte que abandonaste a un tipo maravilloso, hime -replicó con fría claridad-. Lo que estás viendo no es lo que tú crees... todo esto demuestra la fe que tenía en ti.

-¿Qué se supone que significa eso?

-Yo pensaba que volverías. Cuando te marchaste de nuestra casa, no se me ocurrió por un momento que fuera el fin de nuestro matrimonio.

Antes de continuar observó la expresión ofendida de su rostro.

-Una semana después de que te fueras, me informaron de la existencia de este lugar. Antes de eso había visto muchas otras casas -comenzó a explicarle detalladamente-. En cuanto vi las fotos de esta villa supe que era lo que tú querías. La compré porque sinceramente creía que no tardarías en recuperar la cordura y volver a mi lado.

Hinata aceptó con un nudo en la garganta una explicación que jamás habría imaginado. -Si eso es cierto... -No dudes de mi palabra -avisó clavando la mirada en ella-. Ya lo hiciste una vez y tuvo unas consecuencias devastadoras -le recordó sin piedad-. Creí que habrías aprendido la lección.

-Sí, he aprendido una o dos lecciones -contraatacó con una amarga carcajada-. Yo te juzgué mal, pero habría estado encantada de que me convencieras de tu inocencia, si te hubieras tomado la molestia de intentarlo. Pero no te importaba lo bastante como para ir en mi busca y luchar por mí.

-Eso es mentira.

-Eras demasiado orgulloso y yo herí tu amor propio al no creerte; por eso decidiste castigarme -dijo Hinata con un amargo dolor en la voz.

-Eso es descabellado.

-No, no lo es. Estabas jugando a la ruleta rusa con nuestro matrimonio y compraste esta casa pensando que volvería arrastrándome -la actitud de aparente relajación de Sasuke estaba volviéndola loca- Fuiste muy cruel. Estabas tan enfadado conmigo por no doblegarme que me dejaste marchar. Y ahora no puedes dejar de echarme la culpa del fracaso de nuestro matrimonio. Puede que yo no fuera una buena esposa, pero desde luego tú fuiste mucho peor marido. ¡Yo ya era infeliz mucho antes de que Ino Yamanaka se pusiera a inventar historias!

En el rostro de Sasuke pudo observarse una ligera reacción a sus palabras.

-¿Se puede saber en qué basas tal acusación?

-Nuestro matrimonio se vino abajo porque yo nunca te veía. Para ti lo primero era el trabajo y siempre que podías, aprovechabas para hacerme ver la poca importancia que yo jugaba en tus planes. En realidad tú no querías estar casado porque siempre seguiste comportándote como si estuvieras soltero...

- ¡Kuso!¿Es culpa mía que tú aceptaras cualquier cosa? ¿De qué sirve quejarte de cómo te trataba con dos años de retraso? -de pronto cruzó la habitación hacia ella hablando a todo volumen-. Cuando me casé contigo tenía veintisiete años y no era tan maduro como yo me creía. Realmente no sabía cómo comportarme.

-¡No pensé que necesitaras un libro de normas!

-Pues me habría resultado muy útil. Mis padres siempre llevaron vidas separadas, de hecho es increíble que murieran en el mismo accidente de avión porque jamás iban juntos a ningún sitio -admitió de manera cortante—. Mi padre tenía continuas aventuras. Se odiaban el uno al otro.

Hinata se quedó muda ante tamaña explicación. Sus padres habían muerto mucho antes de que ella lo conociera y jamás se le había ocurrido pensar que proce diera de una familia tan infeliz. —Konan nunca me contó... -Konan era sólo una niña cuando murieron y no vi motivo de desilusionarla.

-Pero deberías habérmelo contado a mí.

Sasuke levantó la mirada sorprendido. — ¿Por qué? No tiene nada que ver con lo que pasó entre nosotros. Sólo quería hacerte ver que mis padres no me dieron un patrón de conducta para llevar la vida hogareña y feliz que tú querías.

Era curioso oírselo decir en ese momento, después de una semana entera de feliz vida hogareña. Pero gracias a que por fin se había enfadado tanto como para hablar desenfrenadamente había conseguido entender muchas cosas de la época en la que habían Hinado juntos. De hecho, con esos antecedentes era increíble que se hubiera atrevido siquiera a pedir a nadie que se ca sara con él.

-¿De verdad compraste esta casa para mí? -le preguntó entonces con dulzura.

Sasuke le lanzó una dura mirada, pero de pronto ella se sentía mucho más segura de sí misma.

-Sí, la compraste para mí —se contestó a sí misma—. Este estilo rústico no te va mucho, ¿no? En sus ojos apareció un brillo de provocación.

-Hay algunos placeres de la vida rural que aprecio enormemente, hime.

De pronto Hinata recordó vividamente la pasión desenfrenada que habían compartido sobre un prado verde hacía tres años. Seguramente él estaba recordando lo mismo porque se acercó a ella muy lentamente con el mismo deseo reflejado en la mirada. En unos segundos el aire se había llenado de sensualidad y Hinata se vio poseída por una necesidad que debía satisfacer inmediatamente. Sasuke vio sorprendido cómo ella se quitaba los zapatos.

-Te he imaginado tantas veces en esta misma habitación -le confesó mientras cerraba la puerta. Ella respondió con una sonrisa de satisfacción al tiempo que se desabrochaba la cremallera del vestido-. Continúa por favor.

Se desabrochó el sujetador sin apartar los ojos de él ni un instante porque él tampoco podía retirarlos de ella. Arqueó la espalda y dejó que la prenda de encaje cayera al suelo.

-No pares...

Cuando la última pieza de tela estuvo en el suelo. Hinata se quedó mirándolo con el rostro acalorado y una sonrisa nerviosa en los labios.

-Ven aquí -le pidió con un hilo de voz.

Sasuke se despojó de la camisa con tal ímpetu que salieron volando un par de botones. Ella lo observaba allí de pie, con su cuerpo pálido y delgado que era una especie de imán para su atención y para su más que evidente interés.

-¿Cuándo te has vuelto tan descarada? -preguntó él fascinado.

-Después de estar una semana contigo -susurró ella sintiéndose deliciosamente salvaje y sin vergüenza.

-Nunca he traído a ninguna otra mujer a esta casa -confesó quitándose los vaqueros-. Siempre vine en busca de tranquilidad y soledad.

Aquel lugar era para ella. Debería haberlo sabido, se dijo dichosa. Sasuke puso una mano sobre la turgencia de aquel pecho pequeño pero firme y después bajó la boca hasta saborear el pezón rosado que lo coronaba provocando con su movimiento un gemido de placer.

Cada terminación nerviosa del cuerpo de Hinata respondió con un auténtico espasmo y llenando el espacio entre sus muslos de una cálida humedad. Fue ella la que lo llevó hasta la cama y se tumbó bajo aquel cuerpo masculino y poderoso.

-Te deseo tanto que me duele -le dijo mirándola apasionadamente.

-¿Y a qué esperas? -susurró ella adorando cada facción de su rostro-. Soy toda tuya.

-No lo eras cuando me abandonaste... –

Si yo puedo perdonarte... tú puedes perdonarme a mí -lo interrumpió deseosa de zanjar tan doloroso tema-. He vuelto y voy a quedarme.

Sasuke respondió a su afirmación con una pasión y un ansia que la dejó exhausta pero increíblemente satisfecha. Incapaz de moverse por el placer que le había proporcionado su héroe, Hinata se quedó muerta en sus brazos.

-¿Qué tal he estado? -le preguntó él malicioso.

-Necesitas un poco más de práctica -respondió sonriendo para sí misma.

Él le levantó la barbilla para obligarla a mirarlo, pero lo que hizo fue reírse a carcajadas.

-¿Eso es una queja, hime?

-Shisui debe de creer que nos hemos perdido -dijo de pronto con cierto sentimiento de culpabilidad-. Deberíamos levantarnos antes de que nos eche demasiado de menos.

Sasuke se dirigió a la ducha obedientemente y ella sé quedó unos segundos tan placenteramente relajada que podría haberse quedado dormida si en ese momento no hubiese sonado el teléfono y no hubiese tenido que contestar.

-¿Hinata? -dijo la voz al otro lado después de un silencio-. ¿Eres tú? ¿De verdad eres tú? -preguntaron con un entusiasmo que le resultaba muy familiar-. ¡No puedo creerlo!

Era la hermana de Sasuke, Konan, Hinata cayó en la cuenta despertándose de pronto y por completo.

-¡Dios mío... estás con Sasuke en la villa! Estáis otra vez juntos. Eso quiere decir que vendréis a mi boda el sábado. ¡Es el mejor regalo que podrías haberme hecho! -exclamó la joven emocionada-. ¿Es que ibais a venir sin avisarme?

-Espera, voy a llamar a Sasuke -Hinata dejó caer el auricular como si quemara. No sabía qué decirle, durante el tiempo que había estado con Sasuke, se había encariñado mucho con Konan, pero cuando al abandonarlo, ella había defendido a su hermano con uñas y dientes. Sólo de pensarlo ahora, le daba mucha rabia haberse negado a escucharla, pero en aquel momento le había parecido más sencillo perder el contacto con la joven.

Llamó a Sasuke e intentó no sentirse herida por que no le hubiera contado que su hermana iba a casarse. Quizá hubiera planeado llevarla a la boda por sorpresa. Fuera como fuera, desde luego ahora iba a resultarle muy difícil no hacerlo.

-Konan está planeando salir con sus amigas mañana por la noche y quiere que vayas con ellas -le contó Sasuke cuando ella hubo salido de la ducha y todavía al teléfono con su hermana-. Estoy tratando de explicarle que a ti esas cosas no te van.

Pero la rebelde que llevaba dentro se levantó para demostrarle que se equivocaba.

-Pues te equivocas... Estaré encantada de ir, dale las gracias por invitarme.

Sasuke la miró con gesto de desaprobación y sorpresa, lo que hizo que Hinata se sintiera como una anciana que fuese a salir con adolescentes, aunque en realidad Konan sólo tenía cuatro años menos que ella.

-¿Con quién se casa? -preguntó Hinata después de haber charlado un rato con la futura novia.

-Con un arquitecto que está loco por ella. -Me alegro mucho por ella -dijo bajando la cabeza-, ¿Le has explicado cómo están las cosas entre nosotros? -sondeó agradecida por la excusa para poder hacerlo—. Porque estaba llegando a unas conclusiones...

-Ya sabes cómo es mi hermana. Déjala que crea lo que quiera hasta después de la boda -sugirió Sasuke sin la menor expresión en el rostro.

-¿Tienes la intención de llevarme a la boda?

-Creo que no tenemos otra opción ahora que ya sabe que estás aqui.

No era una respuesta muy romántica, por lo que Hinata dedujo que de no haber sido por la llamada de Konan, jamás se le habría ocurrido llevarla a una fiesta tan familiar. Hinata era consciente de que su aparición iba a causar sensación entre sus amigos y parientes. Además, al decírselo de un modo tan evasivo, Sasuke había esquivado la oportunidad de dejar claro lo que había entre ellos. En aquel momento se arrepintió de haber contestado a la llamada. Aunque quizá estuviera demasiado sensible, recapacitó algo más despacio; quizá todavía era pronto para hablar de su nueva relación. Al fin y al cabo, esperar que un hombre como Sasuke hablase de relaciones o sentimientos era como pedirle la luna. No debía olvidar que era el mismo tipo que había preparado la petición de matrimonio con champán, fresas y diamantes y luego se había limitado a decir: «Bueno... ¿lo harás?»

-¿Si haré qué? -había preguntado ella observando el anillo mientras rezaba por que fuera cierto lo que pensaba y deseaba con todas sus fuerzas.

-Que si tú... y yo -había intentado darle a entender con obvia frustración.

-¿Es de matrimonio de lo que no estamos hablando? -había susurrado Hinata. -Primero viene el compromiso. -¿Pero el objetivo es el matrimonio? Sin previo aviso, una malévola sonrisa se había asomado a sus deliciosos labios.

-Si, Hina-koi.El objetivo es el matrimonio. La había llamado «amada mía» y eso había sido lo más cerca que había estado nunca de una declaración de amor. Ella lo había amado demasiado como para presionarlo, siempre había pensado que su incapacidad para hablar de los sentimientos daba a entender precisamente la profundidad de dichos sentimientos y había despertado un curioso sentimiento de protección hacia él. A la mañana siguiente, mientras Sasuke mantenía una reunión con el capataz de la granja, ella se llevó a Shisui al jardín y se sentó a disfrutar de una taza de café y su catálogo de semillas. Sólo cuando abrió el sobre que le habían enviado desde Suna se dio cuenta de que lo que había tomado por la hoja de pedidos era en realidad una carta. Y no era una carta cualquiera, sino una de su abogado ni más ni menos. Un sudor frío le empapó las manos y la frente.

Era una carta breve y directa. Después de haber intentado ponerse en contacto con ella durante toda la semana, su abogado le escribía para comunicarle que la sentencia de divorcio ya era definitiva. El café que acababa de beber se volvió ácido. Levantó la cabeza y miró a Shisui, que jugaba encantado con unas piezas de construcción.

Sus pensamientos se dispararon sin que pudiera hacer nada al respecto. Estaba divorciada. Ya no estaba casada con Sasuke. Ya no era su esposa ni él su marido. Se le revolvió el estómago al pensar en su torpeza. ¿Por qué no había llamado a su abogado para averiguar cuándo salía la sentencia? ¿De qué le había servido obviar lo que estaba ocurriendo? ¿Cómo había estado tan loca de pensar que todavía quedaba tiempo para el milagro?

Pero Sasuke ya había avisado, ¿no era cierto? Le había dicho una y otra vez que su matrimonio estaba acabado y por supuesto, tenía razón. Seguro que él ya sabía que estaban divorciados. Miró bien la carta y se fijó en la fecha; Sasuke debía saberlo desde hacía al menos unos cuantos días. Pero no le había dicho ni palabra. Pero claro, ¿qué iba a esperar? Sasuke Uchiha era demasiado inteligente como para encargarse de dar tan malas noticias. Claro que también era posible que creyera que ella ya lo sabía y había seguido su ejemplo de no mencionarlo siquiera. No, estaba siendo muy generoso, decidió destrozada por el dolor y el arrepentimiento. Sasuke lo sabía.

Las lágrimas le quemaron los ojos antes de comenzar a caer. Bueno, su final feliz de cuento de hadas era ya imposible. Seguramente aquel divorcio era la respuesta a todas las preguntas que había estado haciéndose durante los últimos diez días. Él estaba dispuesto a acostarse con ella, pero había permitido que el proceso de divorcio siguiera adelante. No había hecho el menor intento de salvar su matrimonio porque, al contrario que ella, no apreciaba lo que todavía quedaba de él. Obviamente, lo que ella había creído ingenuamente que habían recuperado era sólo producto de su estúpida imaginación.

Ahora debía pensar qué hacer. Lo primero que necesitaba era evitar a Sasuke y encontrar un poco de tiempo para sí misma. En cuanto estuvieran en Konoha, insistiría en que necesitaba comprarse algo para salir con las amigas de Konan y así podría pasar unas horas sola. Tenía que decidir si afrontar el temporal y quedarse o rendirse y huir.

Lo que no conseguía entender era por qué la habría llevado alli; quizá pensaba que tenía que seguir acostándose con ella para poder pasar más tiempo con Shisui, o quizá fuera una venganza por haberse atrevido a abandonarlo. O quizá fuera cierto que le gustaba el sexo con ella. Y ella había accedido gustosa...

-Creo que Shisui necesita un poco de agua y jabón -anunció Sasuke de pronto haciéndola levantar la vista hacia su hijo, que le había sacado el pintalabios del bolso y se había pintado toda la cara. Hinata se quitó las lágrimas del rostro y se alegró de no haber dado vía libre al llanto.

Lo que no podía hacer era hablar porque las lágrimas parecían habérsele quedado en la garganta. No sabía si estaba más enfadada con Sasuke o consigo misma, pero desde luego podía sentir que bajo el en fado yacía una terrible humillación.

Fue justo en ese momento en el que llegó Tsunade Senju y ella se lo agradeció enormemente.

-¿Qué te ocurre? -le preguntó Sasuke en cuanto entraron en la casa y Tsunade se hubo llevado a Shisui. -Nada... ¿qué iba a ocurrir? -No lo sé, pero sé que te ocurre algo -replicó Sasuke con certeza-. ¿Por qué quieres ir sola esta tarde? Tú odias ir de compras. -No siempre.

-Me gustaría acompañarte -le dijo tomándole la mano.

-No puedes. A lo mejor voy a la peluquería -se excusó de pronto.

Cuando Sasuke hubo salido de la habitación, Hinata se quitó el anillo de boda y lo dejó encima de la cómoda. La alianza había sido un símbolo de su matrimonio y ya no quería seguir llevándolo. Ahora tenía que reconsiderar la relación que tenían en las condiciones actuales. En el mejor de los casos, estaba teniendo una aventura con su ex marido y en el peor, se había convertido en su amante y mantenida; algo menos respetable que ser su esposa y desde luego mucho menos seguro en términos de compromiso. Las dos opciones que tenía eran aceptar la situación o rechazarla. En aquel mismo momento reconocía que odiaba a Sasuke tanto como lo amaba.

Era el mejor momento para que Konan llamara a la puerta y después entrara como un torbellino con una radiante sonrisa en los labios.-Esta noche nos lo vamos a pasar de miedo -aseguró su ex cuñada dándole un fuerte abrazo-. Pero no hace falta que se lo cuentes a Sasuke... ¡Sigue tratándome como si fuera una niña!