Capítulo 9: Lejos
Dimitri
Un dolor agudo recorría mi cuerpo, mis manos estaban empuñadas mientras caía al piso, de pronto una dulce voz me decía que todo estaría bien, era su voz, era mi Roza, yo estaba en su brazos ahora y el dolor comenzaba a desvanecerse. Me sumí en una pacífica obscuridad parecía estar nadando en aguas profundas, al principio parecían cálidas pero luego se volvieron frías y peligrosas y entonces comenzó mi pesadilla más recurrente, aquella donde los cuerpos de los que mate me atrapaban en un río y no permitían que saliera a la superficie, desesperado por salir del agua comenzaba a gritar que ya no era un monstruo, pero todo lo que ellos veían era al strigoi en mí, entonces unas manos se acercaban para ayudarme a salir. Eran sus manos las manos de mi Roza. Ella me ayudaba a salir del agua soltaba mis manos y comenzaba a caminar delante de mí cada vez con más rapidez hasta empezar a correr, quería gritarle que dejara de correr, que volviera, que necesitaba decirle algo importante, pero no podía encontrar mi voz, entonces alguien habló
—Tú le enseñaste a correr, tú la obligaste—no necesité voltearme para reconocer la voz de mi abuela, pero lo hice de todos modos, ella estaba sentada en el sofá de mi casa en Baia, me sonrió y luego le sonrió a alguien sentada al frente de ella, sólo podía ver su obscuro y sedoso cabello que siempre adoré, ella se giró y estaba sonriéndome dulcemente, ¿cómo había podido pensar que podría olvidar esa sonrisa? se levantó, acercándose a mí tomo un mechón de mi cabello y lo puso suavemente detrás de mi oreja, rozando mi mejilla mientras lo hacía, ese simple toque aceleró mi respiración y acerque mi cara hacía sus manos para disfrutar de la sensación de su piel contra la mía, pero ella la retiro y una triste y desamparada expresión remplazó su sonrisa, sus ojos llenos de sufrimiento, era la misma expresión de dolor que había observado cuando dije esas malditas palabras en la capilla. Cerré los ojos e intente explicarle que no era cierto, que yo nunca podría dejar de amarla, que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para que pudiéramos estar juntos, pero no pude hablar y cuando abrí mis ojos ella ya no estaba y entonces comencé a correr para tratar de alcanzarla nuevamente, mientras Yeva me gritaba irritada — ¡Dimka sí la alcanzas no vuelvas a dejarla ir!
Algunos sonidos a mi alrededor me confundieron, voces de personas desconocidas hablaban de mí y entonces desperté, estaba en una habitación blanca y espaciosa, un aroma a desinfectado en el aire, me gire un poco y un dolor penetrante recorrió mi cuerpo, inmediatamente una mujer moroi en bata blanca se acercó.
—Debe tomarlo con calma Guardián Belikov, Hace menos de 24 horas recibió un disparo y fue sometido a una cirugía— confundido sólo la mire, sabía que el disparo había sucedido y probablemente la cirugía explicaría el vendaje alrededor de mi abdomen, pero ¿ella me había llamado guardián?
Se presentó como la doctora Schell y comenzó a examinarme, diciéndome que había estado sedado varias horas, que me estaba recuperando más rápido de lo esperado y que si todo continuaba normal sólo me retendrían cuarenta y ocho horas más. Eso significaba que sólo en un par de días podría ver a mi Roza, mi Roza, ahora que lo pensaba en dos días podían pasar muchas cosas, de pronto el sueño vino a mi mente y me sentí desesperado por salir de aquí, debía verla, pedirle perdón, rogar por una nueva oportunidad de estar en su vida, si tan solo pudiera o quisiera venir a verme, pero la verdad es que dudaba que viniera después de todo el daño que le hice.
Los dos días pasaron y ella nunca vino a visitarme, cuando Lissa venía a verme nunca me hablaba de ella y yo no me atrevía a preguntarle, sabía que la había herido y que ella estaría molesta, probablemente me odiaba y tal vez Lissa sabía que le había hecho daño, si era sincero conmigo mismo yo me merecía su indiferencia, incluso su odio, después de todo yo lo había pedido, le había pedido que se alejara de mí, que me dejara en paz.
Llegó el momento de salir de la clínica para ir a mi nuevo apartamento, uno que me fue dado junto con mi reincorporación a las filas de los guardianes, todo eso como muestra de confianza y agradecimiento por haber ayudado a detener a Tasha. Finalmente cuando Lissa vino por mí para acompañarme a mi apartamento tuve que preguntar.
— ¿Dónde está Rose? ¿Por qué nunca vino a visitarme?
— ¡Oh Dimitri ella sí vino! estuvo contigo en las horas posteriores a la cirugía y no se movió de tu lado hasta que supo que estabas fuera de peligro— sentí algo de alivio, ella vino, estuvo conmigo, pero entonces por qué no había vuelto, ni siquiera un momento, tal vez estaba demasiado ocupada con Ivashkov para preocuparse por mí, es que acaso podía culparla, era yo el que siempre le pedía que se apartara de mí.
— ¿Por qué no ha venido desde entonces?— pregunté finalmente, dudando de si me gustaría escuchar la respuesta.
—Rose ya no está en la corte— dijo Lissa y mi cuerpo comenzó a tensarse— Ella salió de la corte en una misión especial para la reina, es de carácter secreto, nadie sabe en qué lugar está ni cuando regresará.
—Pero ella es tu guardiana— conseguí decir, sintiendo una horrible opresión en mi pecho.
—Te equivocas Dimitri, Rose Hathaway pertenece ahora a la guardia real de Tatiana— estaba perplejo Rose no era la guardiana de Lissa ¿cómo era eso posible? No me sorprendía que Tatiana la quisiera en sus filas, ella era extraordinaria como guardiana y como mujer, pero que consintiera dejar a Lissa después de todas las esperanzas que había puesto en convertirse en su guardiana, no tenía sentido para mí. Tiene todo el sentido del mundo Dimitri,dijo la molesta voz en mi cabeza, es una verdadera oportunidad para alejarse para siempre de ti.
