Puedo decir que este capítulo fue un dolor de trasero (literal), me pasé horas sentada escribiendo tres oraciones para terminar borrando cuatro y me arranqué varios cabellos por dejárselos ahorita y no tardarme más, me esforcé realmente por terminar ahora y no dentro de un mes, me da un repelús la idea de dejarlos esperando tanto. Bloqueada no es nada fácil créanlo pero lo he intentado ;-; , no será la gran cosa pero como siempre espero que les guste. Es mejor que nada ¿no? A leer… :'v

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Disclaimer. El mundo y los personajes de Naruto son de la autoría y propiedad de Masashi Kishimoto.

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Capítulo 9

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El repetido golpeteo del filo del cuchillo contra la pequeña tabla de madera era lo único que podía escucharse dentro de la gran casa Uzumaki. Pasaba del mediodía, el sol iluminaba casi todas las habitaciones del inmueble y ella se encontraba preparando la comida para ese día. Solitaria, en medio de la amplia cocina siguió con su cometido, cortaba lenta y distraídamente los vegetales, sin prestar mucha atención a sus acciones, vagando muy lejos de donde realmente se encontraba, sumida en su mundo de memorias.

Desde su pequeño encuentro matutino y la extraña interacción entre ellos había estado pensando en varias cosas acerca del joven pelinegro sin llegar realmente a alguna conclusión y de hecho… sin ningún propósito de por medio. Le parecía extraño e inusual el ocupar su mente en aquellos ojos negros y sobre todo le desconcertaba hacerse tantas preguntas sobre él; la curiosidad innecesaria que sentía respecto a todas las cosas que posiblemente se ocultaban detrás de las obsidianas le daba un leve escalofrío.
Su hijo le hablaba maravillas del joven pelinegro, en un principio había dudado de la veracidad de las palabras del pequeño rubio, se había dejado sugestionar por las habladurías de la aldea (un error que aún le avergonzaba), permitiendo a la duda aparecer dentro de ella. Después de sus múltiples encuentros y tras ser testigo de las acciones del Uchiha se sintió tremendamente tonta por haber dado poco crédito a las palabras de Boruto, haber dudado de que el joven pelinegro podía llegar a ser alguien amable y hasta considerado.
Era un tanto razonable, pensó para sí misma provocando que sus mejillas se sonrosaran un poco por estarse justificando en sus adentros; nunca hasta ahora había tenido un trato cercano con el joven, podían llegar a ser afirmaciones realmente absurdas para las personas que no lo conocían… En cambio ese ya no era el caso, Sasuke no era un desconocido.
Conocerlo… el decirse esa palabra le provocó una especie de sobresalto en el pecho, no podía afirmar que lo conocía y sin embargo algo dentro de ella decía con una mal disimulada alegría que su hijo, y hasta ella misma lo conocían más que el resto.

Una especie de dolor que se iba haciendo más notorio para sus sentidos hizo que por un segundo sus pies volvieran a la tierra. Buscó extrañada la procedencia de dicho dolor, miró fijamente la tabla con las verduras ya cortadas y en seguida notó un gran corte transversal en su dedo índice de la mano que sostenía los alimentos para que no se movieran mientras los cortaba. Hizo un gesto de desconcierto y dolor entremezclados al ver la herida mediamente profunda, rápidamente retiró la mano para evitar manchar los vegetales, de su delantal tomó un pañuelo y limpió la sangre brotante; miró la lesión con el ceño fruncido, nunca se había cortado, quemado o herido en la cocina, debía de encontrarse profundamente distraída para que le sucediera aquello.

Suspiró suavemente y le restó importancia, se dirigió como si nada a tomar unos guantes para enjuagar los cuadritos de alimento sin contaminarlos. Después se curaría.
Evitaba desplazarse libremente dentro de su propia casa por el simple hecho de que cada lugar conllevaba un recuerdo de Naruto, no quería pensar en él y caer nuevamente en el profundo agujero de tristeza del que llevaba días huyendo.
Inevitablemente recordó el incidente de aquel día, hubiera preferido permanecer abstraída en el recuerdo de su hijo y el Uchiha, pero ya era tarde.

Un silencio ahora abrumador se apoderó de toda la casa, la acompañaba el suave sonido del agua yéndose por la tubería del fregadero; todo estaba perfectamente ordenado y limpio como solía estar, sin embargo, a pesar de la quietud un aire lúgubre se respiraba, producto de su propia tristeza e incomodidad, ahora que lo pensaba.

Resopló con un tanto de frustración, día a día ella se esforzaba por mantener lejos esos pensamientos, pero al encontrarse sola eso era una tarea realmente desafiante. Por eso detestaba estar sola, ese vacío se volvía a apoderar de su pecho cada que se permitía recordar.

Tallaba entre sus manos enguantadas las verdurillas un tanto desesperada por el aire que se había permitido formar a su alrededor, era una tonta.

Estaba en el mismo lugar donde Naruto le había confesado aquello, donde le había hecho el corazón mil pedazos, se sentía extrañamente ajena a su hogar, molesta, era algo frustrante y le entristecía en demasía, no podía creer que después de ese incidente su sentir respecto a ese lugar cambiara tan radicalmente.

Quería salir de allí pero no podía, tenía que cocinar para cuando su pequeño regresara, por más deprimida y atrapada que se sintiera no podía abandonar sus labores como madre. La prioridad era su hijo, definitivamente no podía dejarse vencer. Frunció suavemente el ceño con determinación y en cambio sus propios sentimientos la traicionaron, una pequeña lágrima salió de ella para perderse en la tela de su delantal, se detuvo por un segundo y rápidamente limpió el rastro líquido con parte de su antebrazo para posteriormente continuar. Cada que Boruto no estaba se permitía llorar, derramar un poco del líquido de su alma, sacar de a poco su dolor, era la única forma de sobrellevar un tanto mejor la encomienda que se había autoimpuesto. Sin embargo, con lo feliz que se encontraba el pequeño Boruto gracias a la compañía que Sasuke le brindaba, no podía permitir que su hijo viera lo mal que estaba por dentro, la incomodidad y frustración que le hacía sentir resistir las lágrimas, no podía arruinar otra vez la sonrisa de su carita. Suspiró y cerró la llave, cerró los ojos por un momento y contó hasta diez para tranquilizarse y alejar la negatividad que insistía en seguirla como si fuera su sombra.

Decidió tratar de olvidarse de la escena que tanto quería sacar de su mente y su corazón, no podía pasarse las horas, los días y los meses de esa forma. Aunque era algo desconcertante prefería pensar en el pelinegro y su hijo que en las palabras de Naruto. La mantenía lo suficientemente distraída de todo y era lo importante.

Retomando su labor comenzó a sacudir suavemente el colador con los vegetales para eliminar los restos de agua. Ya que deseaba librarse de aquella sensación que le provocaba el recuerdo de Naruto se enfocó nuevamente en su pequeño y su joven maestro pelinegro…
Retomó sus pensamientos justo donde los había dejado antes de que se hiriera; en un principio no logró imaginar al Uchiha lado a lado con su hijo, siendo amable con él, siendo tal y como el infante lo describía, sus facciones se relajaron un poco al dejar de lado su asunto marital, dejó el colador sobre la barra y comenzó a moverse más ágilmente.

Aunque no supiera grandes detalles sobre Sasuke, y tampoco pudiese afirmar que eran amigos, sentía un inmenso agradecimiento y una intensa sensación de confianza que le desconcertaba, lo sentía como alguien tremendamente cercano y muy distante al mismo tiempo, sentía una tremenda sensación de tranquilidad con respecto a que Boruto estuviera a lado de él que le costaba creer, era extraño que siendo tan inmutable e indiferente, Sasuke hubiera hecho tanto por los dos.

Nunca antes se había puesto a pensar sobre el pelinegro más allá del simple hecho de que fuera el amigo de su esposo; intentó rebuscar en sus memorias y lo único que consiguió fueron los borrosos recuerdos de los festivales familiares donde los clanes se presentaban orgullosos, recordaba a un pequeño niño sonriente a un lado de su hermosa madre, su serio padre y su hermano mayor; tras un par de años a un sombrío y melancólico muchacho, ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor, siempre solitario; posteriormente un joven arrogante y de mirada perforante. No recordó si había cruzado palabra alguna vez con él, si habían tenido alguna interacción; realmente era la primera vez que se dirigía a él, deseaba ser amable y gentil pero sus reacciones y lo impredecible de su comportamiento lograban ponerla nerviosa, a la expectativa. Por esa razón, además, hacía que tuviera reacciones extrañas como las de esa mañana…

Se posó frente a los estantes que guardaban todos los utensilios para cocinar, aún sumida en el recuerdo del Uchiha se movía de un lado a otro.

Siempre que lo veía sentía una especie de extraña euforia, producto del agradecimiento que sentía hacia él. Le hacía sonreír el hecho de que el Uchiha estuviera presente en la vida de su adorado pequeño, si él no hubiese aparecido Boruto no hubiera borrado por completo la expresión de tristeza de su rostro. Si él no hubiera aparecido, dudaba tener la fuerza suficiente para saber qué hacer en esos momentos, el joven le proporcionaba un apoyo colosal que ni siquiera imaginaba. Era un tanto cómico, él no tenía idea de todo lo que hacía por ellos… sus labios se estiraron un poco ante tal pensamiento.
Le parecía curioso el hecho de que Sasuke Uchiha apareciera en el momento más oportuno, después de años de no tener contacto alguno con él, quizá en el destino de Boruto estaba el encontrarse con Uchiha.

Pese a su ceño siempre fruncido, y su aparente mal carácter podía saber que realmente era una persona bastante amable y considerada... Esta vez sonrió ante ese pensamiento y siguió con sus labores, pensando en Sasuke, ajena al ruido que la puerta de entrada hizo al cerrarse y a los pasos que se aproximaban dudosos a ella.

Una vez que puso el arroz a cocer, debía hacer lo mismo con los vegetales y preparar la carne, más calmada prendió fuego a cada olla, al girarse para seguir con la preparación de los ingredientes pareció haberse congelado y descongelado en un milisegundo.

De un momento a otro sus manos estaban temblando, su rostro se contrajo tanto que si hubiera estado realmente lúcida, le hubiera dolido. Todo su cuerpo tembló al igual que sus labios, su ceño se frunció profundamente y sintió el mundo írsele encima, cualquier pensamiento que pudo haber tenido se esfumó completamente al verlo ahí parado frente a ella, con expresión lastimosa. Su corazón latió tan rápido que pensó que se detendría, las lágrimas brotaron solas desmesuradamente de sus perlados ojos al escuchar su voz...

—Hinata... — susurró, no sabía cómo empezar, no sabía cómo dirigirse a ella, no sabía cómo podía ser tan infame y descarado para presentarse así como así frente a ella.

Pasó nerviosamente la mano por su nuca. Se sintió roto, su dolor no disminuyó al verla totalmente tensa y tirar el cucharón que llevaba entre las manos a causa del nulo control sobre su pulso.

Sintió que se desmayaría, de hecho lo deseaba, deseó perderse en la inconcsiencia o bien, despertar de la horriblemente dolorosa pesadilla que estaba viviendo en ese preciso instante; pero parecía haberse quedarse sin vida nuevamente, estaba ahí parado, sus endemoniadamente despiadados ojos azules la miraban intensamente.

Estaba hiperventilando, se veía tan descompuesta que nuevamente se sintió un infeliz sinvergüenza. La desesperación de sus ojos le hizo estremecerse ¿había sido buena idea intentar hablar con ella?

Las palabras se atoraron en su garganta, no sabía que decirle, no podía decir nada en su defensa así que sólo pudo hacer lo que en ese momento era lo correcto hacer, sus piernas dejaron de sostenerlo y cayó al suelo de madera de rodillas. No podía mirarla, no debía hacerlo. Lento y tembloroso hizo una reverencia esperando a que ella hablara, no era buena idea presionarla.

Se preguntó qué clase de ilusión despiadada era esa, que clase de cruel imagen estaba presenciando, no podía creer lo que miraba, sus labios se separaron con suma incredulidad y sus ojos parecían salir de sus órbitas. Su esposo estaba ahí plantado de rodillas frente a ella, sus nervios no lo resistían, tras pocos segundos de presenciar aquello se mareó tremendamente, sintió que ella también se caería así que se afianzó como pudo al fregadero detrás de ella. El pecho comenzó a dolerle y la vista se le nubló.

Su voz salió cortada, no sabía qué podía o debía decir, sólo dijo lo que realmente deseaba con su ser decirle.

—Hinata... Yo... —las palabras se atoraban en su garganta, por un momento creyó que estaría listo para ese momento y sin embargo era todo lo contrario—Y-yo... Lo...

Apretando los puños se maldijo internamente, era un maldito cobarde, cerró fuertemente los ojos aún con la frente pegada al piso, se sintió tremendamente estúpido e impotente al escuchar su silencio y al estar tartamudeando. Su corazón se encontraba igualmente acelerado se sentía el ser más idiota y más cruel del mundo, pensó que lo mejor que podía hacer era levantarse y largarse para no volver, pero no podía hacer eso.

—Yo lo siento... Lo siento tanto Hinata... —al fin articuló.

Sus ojos comenzaron a lagrimear. Su voz se aceleró y subió de volumen.

—Ya sé que no tengo justificación alguna, pero tenía tanto trabajo, estaba tan estresado...
¡Y-yo no supe que hacer! No quería preocuparte y…

Se detuvo abrupto, no podía creer que clase de argumentos idiotas eran esos, apretó los dientes y deseó que Hinata lo odiara, era lo menos que podía hacer. Era un completo imbécil.

—Hinata por favor... Yo... Perdóname, perdóname, por favor perdóname... — era lo único que podía decir en su miserable posición.

No podía creérselo, no lo concebía, sus temblores aumentaron al escucharlo decir esas palabras, estaba totalmente petrificada, viéndolo como si ella tuviera tres años y Naruto fuera un terrorífico monstruo, sus palmas hormigueaban y él lloraba y maldecía en silencio.

Tras varios minutos despegó la frente del piso y la miró. Ella parecía haber sido privada de todos sus sentidos, parecía una auténtica muñeca de porcelana, inmóvil, vacía y sin vida.

Quería gritarle, quería golpearlo y preguntarle por qué hacía eso, qué clase de broma despiadada le estaba jugando, quería salir corriendo y gritar y llorar hasta que no pudiese más. La había traicionado, le había mentido, la destrozó y le faltó al respeto a su persona, a su hijo, a su matrimonio; ahora estaba ahí de rodillas, pidiendo su perdón con aquellas palabras que hasta a ella le parecieron totalmente fuera de lugar, rayando en la tontera ¿es que realmente se arrepentía? ¿Era lo mejor que se le ocurría decir? ¿Cuándo Naruto se convirtió en lo que estaba frente a ella?

Por mero coraje logró hablar, su cara estaba roja y empapada en llanto.

—P-por... Por q-ué... — su flequillo ocultó la mitad de su mirar, sintió que algo quería explotar dentro de ella, por qué precisamente el esposo que tanto amaba y en el que tanto confiaba estaba cometiendo cosas realmente horribles como regresar a pedir su perdón después de todo.

—¡Por qué haces esto Naruto! — gritó con mucho dolor.

Hinata cayó al piso frente a él, tapándose el rostro con las palmas, tratando de controlar su corazón para no desfallecer, sentía que a sus pulmones les faltaba oxígeno, la cabeza le dolía, no podía sentir las piernas, se sentía realmente destruída.

Se sorprendió porque Hinata nunca le había gritado en la vida, debía de estar realmente alterada para haberlo hecho, sus ojos se entrecerraron con culpabilidad y observó todo lo que él había destruido, una preciosa, tierna y noble muchacha consumida en el dolor por su culpa estaba ahí frente a él, llorando como jamás creyó que lo haría…

Naruto se aproximó a ella con la mirada fúrica y tremendamente desolada, por un momento pensó que había sido una basura al atreverse a plantarse frente a ella, pensó que ella estaría mejor si él no hubiese regresado. Sus disculpas eran sólo su patético intento de saldar las cuentas con él mismo y su consciencia... ¿Eso lo hacía peor persona? Ni siquiera había pensado en su hijo al cometer la estupidez de dirigirse al lugar donde ahora se encontraba, había sido poco delicado, egoísta, desconsiderado, un bastardo tonto movido únicamente por sus propias exigencias, impulsos y cargos de conciencia.

La chica perdió el control al fin, siempre trató de ser prudente y dejar de lado los arranques pero eso era demasiado, la situación la había sobrepasado a niveles inimaginables.
Aun llorando cerró los puños y comenzó a golpearlo en el pecho hasta que los brazos no le respondieron, Naruto miraba hacia un costado resistiendo cada uno de los impactos, no la culpaba, era un estúpido y se merecía hasta que no lo perdonara.

Su desbocado corazón latió como nuca, dolió y se le encogió no podía con todo ese estrés emocional. Temblaba, ¿qué se suponía que debía hacer? ¿Qué podía decirle? Ese no era Naruto, no era el muchacho alegre, noble y vivaracho del que se enamoró, no lo comprendía, le había confesado su traición y su infidelidad, y de buenas a primeras regresaba a pedirle disculpas, ¿a qué creía que estaba jugando? ¿Acaso se estaba burlando de ella? no quería enfadarse pero en ese momento lo estaba, ¿Creía que con sólo regresar y pedir perdón todo se arreglaría? ¿Ella podía volver a estar como si nada?

Sollozos de ella inundaban la habitación, las ollas con alimentos apenas comenzaban a desprender un poco de vapor, ambos se encontraban tirados en el suelo, tratando de afrontar las cosas, atrapados nuevamente en la escena a la que condujo el rubio.

Algo en su interior le decía que si realmente se arrepentía el hecho de perdonarlo no era nada descabellado, ella no lo había visto nunca con otra mujer, aún podía arreglar su matrimonio ¿no?... Se sintió increíblemente estúpida por permitirse pensar en esa posibilidad ¿por qué iba a inventar algo como eso? Era obvio que lo que le había confesado era verdad, quiso golpearse la cara muy violentamente, el disputarse con el corazón y la mente sumando la presencia de él ahí mismo era algo que no podía controlar.

Largos minutos pasaron y él no encontró palabras para responder a su cuestión. ¿Por qué lo hacía? Se hizo esa pregunta muchas veces, la única respuesta que llegaba a él era su misma conciencia jodiéndolo, repitiendo como una jodida maldición que era un maldito arreglo de cuentas con él mismo...

Ambos callaron, se sumieron en sus propios pensamientos de dolor, ira y frustración, Hinata estaba desesperada, nada salía de ella, ni siquiera podía levantarse para salir huyendo de él y sus asesinas palabras.

Los ruidos de la puerta de entrada la hicieron pasar de la desesperación al pánico desmesurado, la hicieron palidecer a tal punto, que parecía un cadáver. No podía ser cierto…

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Recostado sobre la camilla de exploración jugaba insistentemente con la punta de sus dedos, el olor a desinfectante predominaba en el lugar así como el color blanco y en algunas ocasiones el azul. Pasó sus ojos celestes de un lugar a otro, curioseando como naturalmente cualquier persona haría. El silencio era un tanto incómodo pero no se animó a hablar, se encontraba feliz pero nervioso al mismo tiempo.
Sasuke no despegaba la mirada de encima de las manos de la rubia, observó de principio a fin el procedimiento, sin perderse ni un solo detalle. Se encontraba a una distancia considerable con los brazos cruzados, intentando no irritarse por el niño y su comportamiento molestamente curioso.

Ino estaba concentrada en reparar el ligamento y desaparecer el esguince del pequeño tobillo con ninjutsu médico, sus ojos azules miraban el lugar que poco a poco iba perdiendo la tonalidad morada con la que había llegado.
Sumida en su deber y en sus pensamientos se preguntó qué clase de escena bizarra había sido la de momentos atrás; para ella fue todo una sorpresa que precisamente fuera Sasuke Uchiha el que apareciera frente a ella demandando que atendiera al hijo de Hinata y Naruto por un esguince en el tobillo. Infantilmente juntó las cejas, se preguntó por qué había llevado Sasuke al hospital al pequeño Boruto, quiso sobarse el mentón por la tremenda duda que le asaltaba, sin embargo sabía que si se distraía o si movía las palmas del tobillo del niño su cabeza rodaría.

Tras una rápida exploración procedió a la curación en la cual estaba sumida en ese mismo momento, después de la mirada asesina que el pelinegro le había dedicado al llegar entendió que negarse no era una opción.

Con mirada severa, el joven esperó a que la Yamanaka terminara. Tras unos segundos más de aguardo la muchacha habló.

—Listo— suspiró con satisfacción al ver su trabajo completado— ahora sólo pondré un poco de ungüento para que complemente la curación.

El pequeño asintió tímidamente y se dejó hacer, el masaje que la médico le proporcionaba era relajante y refrescante, tras unos minutos su tobillo fue vendado.

—Ya puedes levantarte— dijo con una sonrisa y un guiño de ojo en cuanto terminó.

Al bajar de un brinquito de la cama, dudoso dio un paso y después movió de un lado a otro su pie, hizo todo tipo de movimientos para comprobar que efectivamente su tobillo había quedado como nuevo. Un tanto nervioso volteó a ver a Sasuke, él sólo se le quedó mirando.

Sonriente se giró nuevamente a la rubia y le agradeció.

—Gracias, Ino ba-san

Divertida le revolvió los cabellos y continuó.

—Puedes caminar y seguir con tu rutina diaria, pero descansa por hoy, no fuerces demasiado el pie ¿De acuerdo? — Se inclinó un poco para pincharle ligeramente la mejilla al rubio.

—S-si…— apenado asintió.

Sasuke los miraba indiferente, Boruto se le quedó mirando como si estuviera esperando a que dijera algo, pero ni de joda él daría las gracias, simplemente saldrían de ahí. Cerrando los ojos con desdén esperó a que el rubio se pusiera en marcha, pero la voz de la rubia lo detuvo.

—Eh… ¿Sasuke?

Estaba loca si esperaba algún tipo de agradecimiento o favor por lo que acababa de hacer. Irritado se dio la vuelta para que la chica continuara, quería salir de ahí lo más pronto posible, sabía que esa mujer era posiblemente la más chismosa de toda la villa, no deseaba de ninguna forma que lo que acababa de ver, saliera del maldito hospital. La Hyuga no debía enterarse.

Esa mirada le había dejado muy en claro que no debía preguntar nada acerca de ese peculiar encuentro, un poco intimidada puso los brazos frente a ella como si se estuviera cubriendo, la amenaza de Sasuke era tan clara que optó por apreciar su vida y suspirar con resignación, por más que la curiosidad le picara simplemente siguió con el protocolo.

—Necesito que el padre o tutor firme su entrada y salida del hospital. ¿Hinata vino con ustedes? — se sobresaltó al darse cuenta de que había preguntado algo comprometedor sin fijarse.

Sasuke la perforó con la mirada, Boruto miró inocentemente al Uchiha y éste arrugó el entrecejo al hacer contacto con sus zafiros. Con el mismo humor respondió.

—Yo lo haré.

—Muy bien, acompáñame— no quiso tentar a la suerte y se resignó a hacer su trabajo sin ningún espacio para cotillear.

Ambos adultos se dispusieron a salir del cuarto. Creyó que tendría que salir y regresar a casa él solo, agachó un poco desanimado la cabeza pero la voz de Sasuke le hizo recobrar los ánimos.

—Espera aquí.

Alzó la cabeza con emoción, lo que le había dicho sólo podía significar que volvería por él, sin disimular el contento que le había provocado aquello se sentó de buena gana en un sillón de la sala de curación. Infantilmente meció los pies. Miró hacia la ventana y se preguntó qué estaría haciendo su kaa-chan.

Permitiéndose divagar un poco se sintió un tanto culpable por separarse de ella en momentos como esos, sabía que estaba muy triste… pero era precisamente por ella que entrenaba para hacerse más fuerte. Soplando un poco recordó la conversación con Uchiha, era alguien tan increíble que no sabía cómo describirlo. A pesar de haber sufrido una lesión podía decir que ése había sido otro día estupendo, por el simple hecho de que Sasuke-sama lo acompañaba.

Abrió más de lo normal sus ojos brillosos.

—"Sasuke-sama"…— susurró para sí mismo mientras las mejillas se le coloreaban.

Le emocionaba el hecho de llamarlo con un poco más de familiaridad y confianza, llamarlo por su nombre le hacía sentir un cosquilleo en el estómago, le hacía feliz. Soltó una discreta risa infantil y volvió a ver a la nada soñador, se dijo que mientras él estuviera, no se sentía tan solo, no recordaba la ausencia persistente de su padre, no se sentía un crío molesto y sin importancia…

Al regresar a la habitación lo miró concentrado, así que bufó para llamar su atención. El rubio se giró a la puerta de entrada y sonrió al ver que el joven le daba la espalda como señal de que partirían. Lo siguió en silencio mirándolo hacia arriba, no podía quitar la vista de la persona que más admiraba en el mundo. Era inevitable.

Por los pasillos del hospital escuchaba murmullos pero poco le interesaba, miró al pequeño caminar con completa normalidad, no obstante no podía correr riesgos, no sería lo suficientemente estúpido para ello.

Una vez fuera del hospital sin decir una palabra nuevamente lo llevó en su espalda, Boruto se dejó hacer aunque en voz baja dio un intento de protesta.

—E-estoy bien Uchiha-sama, p-puedo caminar...

El muchacho pasó por completo de sus palabras y siguió caminado por la ruta solitaria hacia la casa de la Hyuga, no estaba de humor para soportar cuchicheos de por qué llevaba cargando al hijo del dobe, si escuchaba alguna cosa por el estilo estaba seguro de que mataría sin piedad al que se atreviera a dicho cometido.

Una vez más su corazoncito se saltó un latido, nadie jamás se había comportado con él como lo hacía el Uchiha, la única que mostraba esas actitudes de protección era su madre. Quiso preguntar por qué hacía eso por él, inconscientemente quería escuchar que le importaba, que se preocupaba por él. Ya era tarde para que el pequeño rubio viese a Sasuke como un simple maestro que podía ampliar sus capacidades, era demasiado tarde pues la ilusión, ya estaba bien plantada en su pecho y no se iría. La ilusión reflejada en sus ojitos sería inminente cada que viera a Sasuke. No había vuelta atrás.

Un tanto apenado escondió la cara entre los cabellos del joven, su barriga no dejaba de cosquillear, no sabía qué clase de sentimiento era ese, por eso todo el tiempo se avergonzaba. Una lagrimita de puro agradecimiento, admiración y sentimiento escapó de él, Sasuke sintió como el niño se quedó en silencio y se acurrucó en los cabellos de su nuca, se preguntó por qué carajos no le molestaba que hiciera eso, odiaba el contacto con otros y sin embargo no sentía molestia por eso, era algo inusual… sonrió con sorna de lado, se imaginaba cuan estúpido debía verse con un crio a sus espaldas, caminando por la aldea. Un escalofrió le recorrió ante tal pensamiento, resopló con resignación, no quiso enfadarse así que se enfocó únicamente en llevarlo a la maldita casa, después se iría.

Al entrar al sendero que llevaba a su hogar Sasuke aún no lo bajaba, debía admitir que ir sobre la espalda del pelinegro despertaba en él los deseos juguetones de que le diera vueltas e incluso que corriera a toda velocidad, deseaba gritar, algo que siempre deseó era precisamente eso, que su padre lo llevara en los hombros, poder extender los brazos como si volara. No era su padre... pero Sasuke-sama había cumplido uno de sus más secretos deseos.

Descendió para que el niño pudiera bajar y el rubio soltó sus hombros quedando plantado en el piso; ambos miraron la puerta de su hogar, estaba dispuesto a irse pero Boruto lo tomó de sus ropas impidiendo que avanzara.

Dio la vuelta y miró hacia abajo, se encontró con un rubio nervioso.

No podía dejarlo ir, debía agradecerle, debía... tomando valor lo miró hacia arriba y habló.

—G-gracias por todo lo que ha hecho por mi Uchiha-sama— reverenció y le sonrió.

Sintió un tic y pensó que ese niño era totalmente idéntico a su madre. No contestó nada, no había nada que pudiera decir, él mismo desconocía el motivo de sus acciones. Desvió la mirada a la nada.

Al de ojos azules le atacó un hormigueo de nervios, ¿qué podía decirle para que se quedara? No podía decir que deseaba tener su compañía un poco más, le daba vergüenza… pensó un poco desesperado, debía buscar rápidamente una idea para que Sasuke-sama los acompañara, recordó muy bien que al pelinegro le había agradado la comida de su madre, entonces la idea inevitable le asaltó.

—¿L-le gustaría quedarse a comer, Uchiha-sama?

La pregunta lo tomó por sorpresa, no sabía exactamente qué hacer o qué contestar, frunció el ceño con desconcierto, por primera vez Sasuke Uchiha se había quedado sin palabras y fue un niño el que precisamente había logrado tal hazaña. Más que encontrarse molesto, estaba extrañado, sabía que debía irse sin decir una palabra, en cambio muy en el fondo sentía cierta curiosidad por quedarse, aunque le diera asco ese hecho debía admitirlo.

Al no ver respuesta por parte del hombre la tristeza le invadió, deseaba demasiado que él aceptara, por esa vez, por cuidarlo, por salvarlo, por ser tan genial con él.
Determinado a no rendirse apretó los puños y lo miró con infantil intensidad.

—Por favor Uchiha-sama, ¡acepte!

El niño parecía desprender fuego con los ojos, tanto era su deseo que lo hizo chasquear.

—Tsk...

Por un lado debía asegurarse de que la Hyuga no se enterase que por su culpa el niñato se había lastimado, aún se sentía responsable por su reciente lesión, saldaría esa deuda y se largaría, no le iba a deber nada a nadie, menos al mocoso Hyuga. No era como que tuviera otra cosa que hacer... además la comida de la chica era jodidamente buena. Sentía un poco de hambre así que simplemente se quedaría por el interés de la comida, no se quedaría porque el mocoso se lo hubiera pedido... se repetía eso en la mente con insistencia.

—Hmp— se cruzó de brazos mientras se encogía indiferentemente de hombros y se giraba hacia la puerta de entrada de la casa Uzumaki. Se sintió tremendamente estúpido, con enojo pasó una mano por sus cabellos y giró el rostro hacia su derecha en serio… ¿qué mierda le estaba pasando? Debía de estar demente para haber aceptado…

Esa fue la confirmación que Boruro necesitó, feliz y apresurado buscó entre sus cosas para abrir la puerta de su hogar. No podía negárselo más a sí mismo, estaba feliz. Feliz de que Sasuke-sama aceptara quedarse, en sus pensamientos nuevamente desbocados de lo contento que estaba, pensó que nuevamente Uchiha estaba siendo amable con él. Podía irse, hacer otras cosas, tratarlo como cualquier otro adulto pero no era así… Estaba ahí y contra cualquier pronóstico se sentía increíblemente contento. Estaba segura de que a su kaa-chan le alegraría ver a Sasuke-sama, después de todo era su amigo.

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N/A. Nuevamente yo con mis deplorables disculpas, les dejo esto que espero no sea tan poca cosa, créanme que ha sido difícil que las ideas salgan, más que difícil. Sé que se nota, pero si no les parece que escriba en ese estado siempre puedes hacérmelo saber y decirme que prefieren que tarde pero que quede un poco mejor que esto ;-;
Sus Reviews no me dejan rendirme, son tremendamente especiales y los agradezco con todo mi ser! Muchas gracias por todo su apoyo y todas sus palabras, espero salir de este bloqueo tan feo pronto para no hacerlos esperar y poder seguir de la mejor forma. Nunca son suficientes agradecimientos T-T ¡Los quiero! ¡Hasta la próxima! (que espero sea pronto ;-;)