Hola, de nuevo.
Decidí actualizar ahora porque sí, también porque sé que tuvieron que esperar mucho por un nuevo capítulo.
Casi el fic va a terminar así que quiero ver muchos reviews.
Espero que les guste:
Capítulo 9
Cuando volvíamos
Después de tanto tiempo, por fin tenía el huevo de dragón, y esta vez no iba a dejar que se me escapara de nuevo. Mientras contemplaba aquella cosa rosada, empecé a recordar los muchos obstáculos que se me cruzaron en el camino al tratar de recuperarlo. Dichos obstáculos fueron la bandada de buitres violentos, los aeróstatas oportunistas, los climas extremos, cierto brujo de verde que me hizo rabiar y que ahora es mi amigo, y sobre todo las hadas, que querían hacerse las heroínas. Había más cosas en la lista pero que no venían al caso, y además había como varios asuntos para resolver todavía, como volver a nuestros respectivos sitios, para hacer de cuenta de que nada de esto sucedió. Sí, había cosas por hacer, mas mis compañeros no se veían listos para eso, porque estaban charlando y al mismo tiempo se burlaban de la detenida electrizada; era como una forma de festejar porque todo resultó salir bien. Ellos tenían razón, sin embargo, era mejor resolver los problemas cuanto antes; luego habría tiempo para celebrar en serio. Les dije lo que pasaba, y estuvieron de acuerdo, así se podía llevar a la prisionera a su celda antes de que recobrara el sentido. Regresamos por la misma ruta, atravesando pasillos y bajando por las escaleras del monumental castillo, encaminándonos primero hacia la prisión para librarnos de esa chica problemática. Cuando ella ya estaba encerrada, el hechicero de sombrero gris se sacudió las manos en señal de que esto ya estaba resuelto.
Lo siguiente que sucedió fue que este reciente socio nos guió hacia el portal, el cual nos llevaría hacia el centro del mundo de los Creadores de Sueños, así que otra vez entramos dentro de la gran construcción. A mitad del viaje, tomamos una vía diferente, una en que había que trepar una escalinata y desviarnos por un sendero que iba hacia un profundo abismo. El camino seguía más adelante y para mí eso no era una molestia, ya que podía llegar hacia el otro lado con un salto. La cuestión era cómo se las arreglarían los magos para pasar, y esto fue solucionado en el momento en que el movedor de objetos utilizó su magia para mover unos enormes ladrillos de la pared. De esta manera, el pasaje estaba completado y los tres llegamos hacia un espacio en que más de esos soldados gnorcs rondaban. Después de una breve caminata, nos encontramos con el portal y, antes de que dijera alguna palabra de despedida hacia aquel que nos ayudó, él decidió acompañarnos y también para ver qué podía conseguir en esa parte del mundo. Siendo así, nosotros tres nos dirigimos hacia allá, apareciendo cerca de la entrada de un castillo, en la cual recordé que estábamos huyendo de unas criaturas desfiguradas. Por suerte, éstas no se veían por ninguna parte y, si aún la fortuna estaba de nuestro lado, el globo también estaría esperándonos al final del amplio pasadizo; algo que sería bueno que sucediera, pero no fue así.
—¿Cómo vamos a regresar entonces? —preguntó Aldasa preocupado, ni bien nos fijamos que faltaba el transporte volador. A pesar de que su pregunta había sonado algo estúpida, él tenía la razón, y buscaba algo para responderle, algo que sea más de ayuda que decirle que no lo sabía.
—Creo que tendremos que robar otro globo —contesté muy pensativo, porque no quería viajar de nuevo a esa pobre velocidad que ciertamente me molestaba, y luego me volví hacia el que vivía en esta tierra para decirle algo—. ¿Sabes dónde se ubica el aeróstata? ¿Podrías llevarnos?
No hacía falta que él respondiera con palabras, si desde acá se podía observar el gran vehículo, después de fijarnos un rincón del horizonte, con lo que él tuvo que simplemente señalárnoslo. Que conocía un atajo para llegar hasta ahí, comentó el de los símbolos en su ropa, así que lo seguimos, justo por donde veníamos, aunque esquivamos el portal hacia Torres Embrujadas y seguir más allá. Un bufón estaba ahí cerca, del otro lado de un arroyuelo de aguas claras, no obstante, no resultó ser una amenaza sino que era todo lo contrario: huyó cuando vio que nos estábamos acercando. Nuestro guía se detuvo frente a una plataforma y luego se subió sobre ésta, para demostrarnos que estábamos ante torbellinos, que justo nos llevaron hacia la isla flotante que buscábamos. Nos llevó un poco de tiempo para recuperarnos de aquel traslado giratorio, y después de eso, ahí estaba el globo, lleno de aire caliente y preparado para despegar en cualquier momento. Era como si eso nos estuviera esperando, aun así ninguno de nosotros dio un paso hacia allá por diversas razones. Una de estas era porque el de ojos bizcos no quería despedirse aun de su nuevo aliado, a pesar de que existía la posibilidad de ir a visitarlo, por eso él hablaba entrecortado, buscando las palabras convincentes que no arruinaran la relación. En cuanto a mí, luego de pensarlo, sostenía que era mejor ocultarse en este mundo, porque creía que no importaba en donde estaba, si cumplía con lo más importante: proteger el huevo.
Era cierto que acordamos quedarnos en un lugar específico, era parte del trato, aunque después de recorrer distintos lugares y encontrar muchos buenos escondites, pensaba que no era del todo necesario obedecerlo. Cuando compartí mi idea, ellos no estaban muy inclinados con esta idea y se apoyaron en el plan del regreso al indicarme aquella nave. Bueno, quizá su punto de vista era bueno, ya que los jefes podrían enterarse de nuestro cambio de planes sin previa consulta, así que para ahorrarnos los problemas que se ocasionarían, decidí que era mejor viajar de una vez y aprovechar ese golpe de suerte. En el momento de terminar su discurso de despedida, mi amigo se desplazó directo hacia el artefacto, como si estuviera alucinando, pero ahora que dejé mi idea de lado, descubrí algo con lo que me hizo desconfiar de aquella suerte repentina que nos tocó. Había algo sospechoso en toda esta situación: no se veía al piloto por ahí cerca ni a ningún otro ser, con lo que no debería ya estar todo listo. Corrí para detener a mi compañero, que iba directo hacia una supuesta trampa o a encontrarse cara a cara nada menos que con un conductor fantasma, pero era ya demasiado tarde. Dos sujetos, que estaban ocultos dentro de la barquilla, por fin se dieron a conocer, haciéndonos sobresaltar a los tres, y un poco se adelantaron hasta impedirnos el paso para subir a bordo. La presencia de estos dos no me gustaba y algo me decía que nos encontrábamos en graves problemas.
—¡Por fin los tenemos! —exclamó uno de ellos, precisamente el despeinado que tenía puesto un sombrero café, una larga barba y estaba envuelto por un tornado que lo elevaba a un par de metros del suelo—. ¡Qué largo viaje hicieron! ¿Acaso creyeron que todo esto no iba a saberse?
—¡Se terminaron los juegos y de andar paseándose por ahí! —regañó el otro que tenía una fea máscara verde, un par de extrañas alas en su espalda, un colorido gorro de bufón y un resorte por piernas—. ¡Se suponía que teníamos un trato! ¡Todos van a volver a donde pertenecen!
—Sólo lo estaba ayudando a recuperar su huevo, señor Fanfarrón —se disculpó el de verde.
—Digo lo mismo, Jacques —comentó Banuram, mostrándose sin casi ningún temor ante su jefe.
—Todo es mi culpa —dije aunque no fuera del todo cierto, porque no quería que los castigaran.
Traté de que se calmaran estos secuaces importantes de Gnasty Gnorc, diciéndoles que justo ya nos íbamos y así casi todo volvía a la normalidad, y por suerte lo logré aunque aún estaban muy molestos porque ellos también se arriesgaron al venir hasta aquí. Ellos también se salieron de sus zonas para preparar esta emboscada innecesaria y, sin perder más tiempo y de una brusca manera, cada uno se fue hacia donde debía estar desde el principio. Mientras que el que se veía como un muñeco de una caja de sorpresas y el mago antisocial iban por un lado, nosotros tres fuimos por otro y en globo, rumbo hacia el mundo Hechiceros. En esta ocasión, avanzábamos más rápido y todo gracias a los poderes de viento que tenía este sujeto, el cual quería llegar ya mismo hacia su territorio en las montañas nevadas. No me agradaba la idea de volver a estar en ese clima en especial, pero era bueno que el saber que estábamos regresando y así poder estar preparándonos para la venida de aquel dragón arruina-planes. Durante el tiempo en que aquel controlador de huracanes alardeaba de sus habilidades, el brujo de verde lo admiraba y también conversaba con él animadamente para tratar de sumarlo a sus amistades. Por fortuna, el líder no parecía estar interesado en esa conversación, aunque eso no desanimaba al loco insistente, y temía que en cualquier momento se cansara y lo tirara al vacío. Qué bueno que eso no sucedió.
Luego de largas horas de travesía agobiante, y justo sobre la superficie pantanosa de Creadores de Bestias, Fanfarrón anunció que tomaríamos un descanso, puesto que él se había agotado al usar tantas veces sus destrezas en el manejo de los aires. Aterrizamos sobre un enorme edificio de piedra, y los que me acompañaban bajaron de inmediato del transporte, una vez que este ya estaba anclado al suelo. Mientras que el jefe deshacía el tornado que lo protegía, para así poder descansar apoyando sus pies y caminar un poco, mi amigo se alejó de nosotros lo más pronto posible, con la brevísima explicación de que enseguida regresaba. De no ser por el cansancio de aquel cercano secuaz del cristalizador de dragones, era de seguro que iría tras los pasos de este impulsivo buscando un motivo más detallado. Yo respondí a sus preguntas, tratando de aplacar la molestia que mostraba, diciéndole que seguramente él se fue en busca de algo para matar el hambre. Mientras esperábamos, el barbudo estaba medio aburrido y, por eso quiso saber sobre todo lo ocurrido, porque sólo se dio cuenta que faltaban dos ayudantes e investigó en donde se encontraban. Le narré lo sucedido, omitiendo los detalles insignificantes, y cuando terminé, él se echó a reír, que nunca había conocido alguien con tanta mala suerte en su vida, me dijo así como que yo no tenía que haber pasado por todo eso, si al principio se lo informaba al Doctor Shemp. No sabía qué decir: ¿en serio que podía ahorrarme tantas molestias?
—¡Oigan, traje la cena! —gritó Aldasa a todo pulmón y vimos que traía en una mano una bolsa. Cuando se reunió con nosotros, esperaba ver un pollo electrocutado dentro de esa bolsa de papel, pero en vez de eso, él mostró que ya tenía el ave cocinada, cortada en trozos y frita.
—Parece que has ido de compras —comentó el gobernante de Hechiceros con una sonrisa en su cara, mientras tomaba un pedazo de carne y se lo llevaba a la boca. Después de asegurarse que el alimento le gustaba, ahí se lo agradeció—. Bien hecho, aunque será mejor irnos cuanto antes.
Esta vez el globo no fue impulsado con ayuda extra, sino que el de ojos bizcos tomó el mando de la nave, dándole tiempo al despeinado para que se recuperara. Mientras conducía, el loco de los rayos fue explicando que, para conseguir esa comida, tuvo que trabajar por un rato espantando enormes jabalíes, que arruinaban el negocio en un puesto atendido por un gnorc de cresta y con ropa negra. Además de ir a velocidad normal, tuvimos que detener el vehículo después de unas horas, por el simple hecho de parar en un lugar conveniente para pasar la noche. A la mañana, de nuevo éramos propulsados por la fuerza del viento invocado, acercándonos cada vez más al clima helado propio de las montañas de aquel territorio donde se reunían los magos. A pesar de que el viaje de vuelta fue más breve que el de la ida, me pareció que no había mucha diferencia, y todo porque no quería regresar, aun sabiendo sus ventajas. Llegamos al centro del mundo al atardecer, y todos ya cansados por tanto recorrido, sin embargo, todavía teníamos que llegar a otro lado, al sitio al que estábamos asignados cada uno. Avanzamos con lentitud los primeros pasos fuera de la barquilla, ignorando completamente las protestas del aeróstata llamado Tuco, el cual se notaba bastante molesto porque le habíamos robado su globo. No le dirigimos ni una palabra al viajante, por más que nos decía que íbamos a tener nuestro merecido cuando llegara su querido héroe, que esperaba a que nos diera un buen castigo.
El portal más cercano era la guarida de este experto en tempestades, así que antes de cruzarlo, él nos amenazó que no quería más escapadas y que fuéramos de inmediato a nuestros lugares. Asentimos al mismo tiempo y ahí Fanfarrón cruzó el portal para refugiarse en aquel terreno en donde esperaría a ese pequeño lagarto. Ahora que por fin nos libramos de él, era hora de volver a casa y fue así que subimos por las cuestas, marchando despacio aunque con cierta calma ya que no faltaba nada para llegar. Cuando ya estábamos a la entrada del hogar, había algo que no estaba ahí antes: se trataba de una gran llave dorada, algo simple en su diseño y que estaba en medio de la plataforma. El brujo sospechó que ésta misma servía para abrir un cofre con joyas, el cual estaba oculto en un lugar difícil de alcanzar, y que no teníamos que cambiarla de sitio. Fue entonces que la llave se quedó ahí mientras que el elevador funcionaba y nos trasladó a las profundidades de la vivienda bajo tierra. El dueño de casa se veía feliz por haber regresado a su escondrijo y fue prendiendo de a poco las lámparas, así como la chimenea. Pese al cansancio, él enseguida preparó té y me quedé observando las llamas, pensando en la inminente batalla con alguien que apenas conozco. Como lo dije antes, esta vez nada se interpondría entre el huevo y yo, y lucharía hasta el final para lograrlo.
—No quisiera perder todo esto, Marel —dijo el de verde abatido, y no sabía bien al principio de qué hablaba—. Me costó mucho hacer este refugio. Si el dragón me gana, lo perderé todo.
—No tenemos que dejar que eso suceda —propuse aunque realmente las cosas se veían malas.
—Volveremos a vivir en el caos, amigo, y no sé si volveré a verte —habló mirándome a los ojos, creo, y con una sonrisa forzada en su cara—. Me encantaría que nos volviéramos a encontrar.
El loco de los poderes climáticos estaba logrando que me sintiera un poco raro con sus palabras y, pese a que le prometí que sí nos encontraríamos en algún momento si llegaba nuestro fin, también le dije que no tenía que rendirse ahora. Sí, era verdad que muchos habían caído tras luchar contra el reptil Spyro, incluso mis propios colegas ladrones de azul, pero quizá nosotros podíamos ser la excepción, por haber superado tantas dificultades tratando de conseguir la cosa ovalada. No tenía la seguridad de que podría ganar ni perder; era algo que sólo lo averiguaría estando en ese instante preciso y eso mismo era motivo para que me costara dormir. Creo que mi compañero estaba en esa situación también, porque se lo veía intranquilo, hasta mientras dormía. De todas formas, supongo que descansé bien porque tenía ánimos para levantarme al día siguiente, y así impedir que los molestos sueños continuaran torturándome. Después de un reducido desayuno, porque no había muchos suministros al desatender la tarea de reponerlos, lo primero que había que hacer era justamente conseguir esas cosas. El plan además implicaba consultar sobre la posición del enemigo y así saber cuánto nos quedaba para poder enfrentarlo. Todo esto era algo que, al mismo tiempo, no quería saber y me interesaba mucho, y que cuando terminara este asunto podría al fin estar en cierta calma, aun si perdía esta pelea. Sí, eso sonaba un tanto absurdo, pero tenía el consuelo de saber que había cumplido con el trato.
—¿Qué es tan gracioso? —me preguntó el que tenía la nube de lluvia sobre su cabeza al ver que yo sonreía con cierta maldad—. No pensarás en escapar, ¿verdad? Hay que trabajar para comer.
—No pensaba en eso, sino en el bicho violeta —respondí aun sonriendo y él se mostraba que no lo entendía—. Recién me doy cuenta que parece que no va a importar mucho si cumplimos o no con nuestra parte del trato, porque Gnasty Gnorc tampoco lo hizo. Era su deber cristalizar a los dragones, a todos, y no lo consiguió, por lo tanto, no teníamos por qué obedecerlo. ¿Ya lo ves?
Por fin aparecieron los jefes que quería nombrarlos como personajes del fic, pero no aparecían en el listado. Sí alguien sabe, por favor agreguen a Fanfarrón (Blowhard) y a Jacques.
Espero sus reviews.
