CAPÍTULO 8 EN EL PUNTO DE MIRA
El día estaba yendo de puta madre.
¿Qué demonios estaba pasando? Hacía apenas catorce horas estaba en mi maravilloso apartamento de Queens preparándome para una nueva jornada de trabajo. Pensaba que se iba a tratar de otro día aburrido, tedioso y caluroso en el interior de las oficinas de la comisaría. Como otro cualquier día estaba preparada para aguantar la increíble cantidad de testosterona algo caducada que irradiaban unos cuantos machotes compañeros, de los cuales la mayoría no podía verse la polla por la gran cantidad que almacenaban en sus jodidas tripas.
Pues no.
El debilucho del agente Brown se puso enfermo por enésima vez. Su mujer había llamado a la comisaría antes de empezar el turno diciendo que iría al hospital con ese intento de hombrecillo porque no se encontraba bien. Otra vez. Así que esa fue mi gran oportunidad para salir de las jodidas oficinas, olvidar el ordenador y los papeles y explorar la ciudad de la mano del agente Harry Clearwater. El comienzo de la patrulla estaba siendo excesivamente aburrido por varios motivos. Primero, Harry era un buen hombre, pero era repetitivo hasta el cansancio. Si hubiéramos tenido tiempo me habría vuelto a examinar, joder. Si me habían dado una puta placa era por algo, ¿no? Segundo, estábamos a mediados de agosto y las calles a las cinco de la tarde estaban más que desiertas porque nadie tenía huevos a salir bajo el sol martilleante. Tercero y último, la noticia de ese maldito virus que pululaba por los países de oriente medio ya empezaba a ser repetitiva e inquietante.
Jodido destino que rompió la calma de esta tranquila y soporífera tarde de agosto. Jamás llegué a pensar que el incendio de esa gasolinera cambiara mi futuro más cercano.
Nunca imaginé que esa maldita tarde podría ver cosas con mis propios ojos que sólo se podían apreciar en las películas de bajo presupuesto de una productora independiente. Si me hubieran dicho que iba a ver a un tipo muerto, calcinado y aplastado, mordiendo a otro hombre les habría dicho que dejaran de coger setas por su cuenta; lo malo es que las setas alucinógenas y drogas varias quedaban fuera de toda ecuación posible.
Del sopor más absoluto a la taquicardia severa.
Harry, como buen hombre y policía, quiso seguir a la ambulancia en la que habían metido a uno de los bomberos heridos. El tiempo que habíamos pasado en ese jodido hospital había sido infartante del todo. Carreras, antidisturbios, tipos extraños y médicos embutidos en trajes contra agentes biológicos…y a todo eso le teníamos que añadir la pérdida de Harry para siempre. La carrera que nos habíamos dado por los sótanos de ese maldito hospital había sido totalmente ficticia; demasiadas muertes horribles presenciadas, demasiadas carreras. Yo…usando mi pistola con lo que había sido una persona en un tiempo para nada lejano…
Si no me había dado un infarto en el hospital ya no me daba en la puta vida.
No me olvidaba de Edward, claro. No podía hacerlo aunque quisiera.
Al parecer me había salido un ángel de la guarda, pero a este se le habían caído las alas. En cambio, había recibido uno en forma de bombero tan malhablado como yo y un poco cagón que no se separaba de mi ni a sol ni a sombra. ¿Es que no entendía que yo solita me sabía cuidar en condiciones? Toda la vida lo había hecho, o al menos lo había intentado….sí, idiota…has cuidado de ti , te mudaste a Nueva York, intentaste superarte a ti misma y ahora mira dónde cojones te has metido.
Carreras, tiroteos, militares y unos puñeteros muertos andantes que tenían ganas de mordernos el culo. Señor, mándame un relajante muscular, un vaso de leche y envíame de una buena vez a dormir. Lamentablemente no tenía ese tipo de pastillas en la comisaría y mucho menos era hora de dormir; tenía ante mis narices un enorme camión del Ejército de los Estados Unidos esperando a que moviera mi culo, aún sin morder. Estaban esperando por mi decisión. Subir o no subir, he ahí la cuestión.
La doctora Rosalie me había aconsejado que no me subiera a ese vehículo, que la catástrofe podía ser de dimensiones gigantescas. ¿A quién demonios se le ocurre hacer un plan de evacuación sin las medidas mínimas de seguridad? El plan era salir de la ciudad hacia los puntos seguros cagando leches y sin perder el tiempo, pero no a cualquier precio. Por otro lado estaba la petición convertida en súplica del bombero cagón alias Edward. Me había pedido que me quedara de una forma tan intensa que casi había logrado ablandarme. Sólo un poco. No me convencía para nada la idea de subirme a un camión lleno de desconocidos y vete tú a saber con qué mierda en el cuerpo.
Aún así avancé hacia la puerta.
De reojo vi cómo Edward dejaba sus brazos laxos, símbolo universal de la derrota más absoluta.
—Hey….¡Hey, poli! —miré hacia un lado para ver al preso Black. Por un lapso mínimo de tiempo me había olvidado de su presencia. Estrechó los ojos cuando lo miré e hizo una mueca que acentuó aún más su horrible cicatriz. Prefería no saber cómo se la había hecho…o quien —Yo no pienso subir a esa mierda —dijo señalando con la barbilla al lugar donde me dirigiría en breves segundos —Has dicho que tengo derecho a elegir…pues decido quedarme —lo miré y asentí sin darle más importancia. Hubiera preferido que se subiera a ese camión para tener un dolor de cabeza menos, pero se trataba de su culo, no el mio.
—Pues me parece cojonudo.
No estaba segura si lo dije en alto o lo simplemente lo pensé, el caso es que sin mirar atrás una vez más avancé hasta la puerta.
—Mierda —murmuró Rosalie.
Cuando puse un pie en la calle fue como pisar otro planeta. El camión estaba a escasos dos metros de mi cuerpo, pero se me hizo un camino completamente eterno. Hacía apenas un par de horas había pisado ese mismo asfalto con un montón de cuerpos muertos pululando a mi alrededor con ganas de cenar. Suspiré y caminé con decisión. Quizás todos esperaban que me subiera en la parte trasera de ese camión, pero en realidad me dirigí hasta la cabina donde estaban los tres militares encargados de parte de la evacuación de esa zona.
—Agente, si va a subir le aconsejo que lo haga ya —me dijo el tipo del subfusil.
—No voy a subir —suspiré —En el grupo tenemos a un accidentado que de momento no se puede mover y a un detenido que ha decidido quedarse. No puedo marcharme pero necesito que me diga a dónde va a llevar a toda esta gente. Ahí atrás van dos compañeros míos —los soldados se miraron entre si.
—Los puntos seguros se están estableciendo fuera de la isla de Manhattan. El más cercano está situado en Williamsburg, justo al otro lado del puente —el conductor hizo un amago de arrancar.
—Espere, ¡espere! —el hombre me miró con cansancio —¿Cuándo se restablecerán las comunicaciones? No hay cobertura, de hecho incluso la radio falla.
—De momento tanto la línea telefónica como los repetidores estarán fuera de servicio. Intenten usar la radio —hizo una breve pausa —Si se van a quedar aquí mi consejo es que se encierren hasta nuevo aviso. Reúnan comida y agua mientras les sea posible…las calles no son seguras.
El motor del vehículo retumbó haciendo que me apartara para no verme arrastrada por su fuerza. Cuando me sobrepasó apenas pude ver la figura de los compañeros Martin y William entre toda esa masa de gente. Miré a ambos de la calle abrumándome de la absoluta soledad que me rodeaba. Corrí hasta la puerta, me metí en el interior y cerré el seguro. Todos los componentes del grupo me miraron como si tuviera tres ojos…o como si estuvieran viendo un jodido fantasma.
Bueno…visto lo visto podría pasearse ante mi el puñetero Spiderman y no asombrarme en absoluto.
—¡Joder! Mierda, pensaba que te ibas a subir a ese puñetero camión —espetó Edward. Lo miré y alcé una ceja de ahí al cielo.
—Un herido en el abdomen, un tipo que necesita ir a buscar a su hermano pequeño, un presidiario y un bombero al borde de un ataque de nervios…¿cómo coño pretendías que me subiera al camión? —en la boca de ese maldito hombre se formó un intento de sonrisa.
—Te olvidas de la doctora —murmuró.
—No, no me olvido de ella….Lo que pasa es que parece ser la única medianamente normal en el grupo. Y yo, claro —suspiré realmente cansada.
Era consciente de que todo el mundo me estaba mirando; debía de parecer un poco gilipollas ahí en medio de la sala mientras intentaba que mi mente se ordenara de una buena vez. Las instrucciones que había recibido de ese amable militar habían sido sencillas y concisas. Cerrar la puerta, provisiones y agua.
Pues estábamos bien jodidos.
Me senté tras la mesa de la recepción en la que Martin se ponía fino de Donuts y barajé nuestras limitadas posibilidades. ¿Comida? ¿En esa categoría entraba la media rosquilla glaseada y mordisqueada que había en esa mesa y que algún cabrón de estos se había dejado? En mi humilde opinión, no.
—¿Ocurre algo? —levanté la cabeza cuando oí la voz de la doctora. Desde que había demostrado ser más que hábil con la jodida pistola estaba mucho más suave conmigo. Eso sin duda era bueno. La suma de mi mala hostia con la suya no podía ser muy sana.
—¿De verdad me estás preguntando si ocurre algo? De todo. Ahora mismo está pasando de todo…
—¿Qué te han dicho los militares? —miré hacia la sala. Edward estaba al lado de Jasper hablando entre ellos. El tal Emmet se paseaba desesperado por la sala sin dejar de mirar su reloj. Y Black…bueno, seguían tan cual lo había dejado, esposado y sentado en una de las sillas.
—Nada que no te hayas imaginado ya a estas alturas. Necesitamos un lugar seguro y provisiones. Se nos aconseja no salir a la calle hasta nuevo aviso…Mierda, me siento completamente impotente en este edificio.
—Has hecho bien en no ir con los evacuados…—asentí levemente.
—Mi intención sólo era sacar algo de información a esos hombres…Pero ahora no sé qué demonios vamos a hacer aquí…
—Bueno…no creo que ahora mismo ninguno de nosotros tenga hambre, pero es verdad lo que la comida. ¿Cuántas horas hace que no comes? —resoplé —Exacto…Yo no me acuerdo de la última comida decente que hice, creo que desde que el primer infectado pisó suelo estadounidense. Necesitamos algunas provisiones, al menos a corto plazo.
—Pues lo que ves es lo que hay. Oh, quizás quede algo en la sala de personal. Todo un banquete para seis personas.
—Podemos sacar el contenido de la maquina expendedora de la sala de espera —dijo ignorando mi comentario sarcástico —Son chocolatinas, patatas y galletitas. Guarrerías varias…pero nos servirán hasta que encontremos algo decente.
—No sabemos cuanto tiempo vamos a estar aquí, sinceramente espero que no mucho…—la doctora chascó la lengua. Algo que equivalía a: ¿quieres salir de aquí? Pues lo llevas claro, te jodes. Sabía perfectamente que su privilegiada mente era conocedora de ciertos secretos de ese maldito virus, sabía que quizás, omitía información. Por mi genial, por el momento no quería saber nada de bichos; con lo que tenía en frente ya tenía bastante.
—De momento preocupémonos por el presente, ¿de acuerdo?
—No nos queda otra —suspiré —Está bien, vamos a saquear las malditas máquinas expendedoras.
Apenas me dio tiempo a levantarme de esa silla giratoria; Edward llegó hasta donde estábamos con cara de preocupación. Para ser sincera, era un hombre terriblemente pesado. Joder, en las pocas horas que llevábamos juntos había demostrado ser como un grano en el culo. Molesto y omnipresente, hicieses el movimiento que hicieses. De todos modos su persona me chocaba; me había quedado totalmente boquiabierta cuando le había visto sin camiseta y no por la magnífica estructura ósea y muscular del que era poseedor…Bueno, en parte. Lo que más me había sorprendido era el tipo de tatuaje que llevaba. Sinceramente, jamás me había imaginado a este hombre con semejante santo tatuado en el costado. Y, aunque lo negara en público, me moría de ganas por saber el significado.
—Eh….chicas, siento molestar, de verdad….Pero a Jasper le empieza a doler la obra de arte de punto de cruz que le has hecho —le dijo a Rosalie —¿Qué podemos hacer? Te aseguro que ese tipo es tan duro como una piedra. Si se queja es porque realmente le duele…puedo contar con los dedos de una mano las veces que le he visto quejarse…
—¿De cuántas pastillas de ibuprofeno disponemos? — me preguntó la doctora.
—Sólo una caja, creo que vienen cuarenta pastillas. Quizás alguna menos —Rosalie se rascó la cabeza mientras intentaba pensar. Luego miró a Edward.
—Estamos jodidos —este resopló haciendo un gesto casi cómico, el equivalente a un "no me jodas, no me había dado cuenta" —Al parecer vamos a estar un tiempo aquí. No podemos salir, es peligroso…necesitamos comida y agua…y no nos vendría nada mal un botiquín en condiciones. Puede que necesitemos antibióticos.
—Las buenas noticias abundan —dijo Edward —Sigo diciendo que la estación de bomberos es la mejor opción. Allí tenemos de todo lo que necesitamos, aquí no tenemos una mierda, nena —me había dado cuenta de que era como un tic; cada vez que este tío decía la palabra mágica "nena" mi ceja se subía hasta la estratosfera —Vale, vale….olvida eso último….—se puso serio —Deberíamos marcharnos. Allí hay más gente…tenemos de todo.
—¿Y tú cómo sabes que la estación es un sitio seguro? —espeté —¿Cómo sabes que allí habrá más gente? No sabes qué demonios ha pasado con tus compañeros. Cabe la posibilidad de que ya no estén allí.
—Sabemos cuidarnos, ¿sabes? Y confío en que mis compañeros han sabido protegerse. Sé que ellos están bien. Intentaré ponerme en contacto con alguien —lo miré y asentí. Fue lo único que pude hacer ante la total convicción y creencia en sus compañeros.
—Inténtalo por radio. Las comunicaciones están difíciles porque los repetidores están jodidos. No me lo han dicho, pero no hace falta ser un genio para saber que seguramente se trate de un protocolo de seguridad —Edward asintió —Pero siento decirte que de momento no nos movemos de aquí. Me sentiré responsable por el resto de mis días si alguien de este jodido grupo sale y muere en la calle —el bombero apretó la mandíbula, pero no dijo nada más. Al menos no a mi.
—Te agradecería mucho que echaras un vistazo a Jasper —le dijo a Rosalie.
Después se marchó.
Bien, cojonudamente perfecto. Me importaba muy poco su enfado; la policía era yo. No había ningún superior en este jodido grupo, así que me sentía completamente responsable de la seguridad de las vidas que estaban a mi alrededor. Sabía que la situación no era ni por asomo la ideal. En la comisaría apenas disponíamos de lo mínimo para sobrevivir…pero el simple hecho de pensar que debía salir de nuevo a la calle me ponía enferma. Aguantaríamos todo lo necesario aquí y luego ya veríamos. Además, no sabíamos en qué condiciones estaba la puñetera estación de bomberos. Quizás allí ya no quedaba nadie, quizás se habían marchado todos a los puntos seguros.
Quizás estaban muertos. O peor, infectados.
Vale, lo mejor en este momento era dejar fuera los pensamientos pesimistas.
Fui hasta la sala en la que todos esperaban; Rosalie ya estaba atendiendo a Jasper. No tenía grandes conocimientos de primeros auxilios, pero me defendía, así que me acerqué a ella por si volvía a necesitar mi ayuda. Aunque después preferí no haberlo hecho. La doctora le había quitado a Jasper el apósito que le había colocado hacía tan sólo unas horas para protegerle la sutura dejando ver una herida bien fea. Aunque seguía sin sangrar y permanecía cerrada gracias a los puntos de aproximación que le había pegado esto no pintaba del todo bien. Los bordes de la herida estaban enrojecidos e inflamados, signo evidente de una infección creciente. El bombero rubio se estremeció cuando la doctora le palpó alrededor, aunque no se quejó.
—Ahí duele, ¿uh?
—Mierda, sí…un poco…—Edward tragó en seco para después mirar a Rosalie.
—¿Y bien? —preguntó. Esta negó.
—Oh, vamos….No me voy a asustar de lo que me diga, doctora…He pasado por cosas muchísimo peores —la aludida suspiró.
—No tiene buena pinta, Jasper.
—Me lo imaginaba…dime algo bueno, señorita…
—No tiene buena pinta, pero no voy a dejar que te pase nada, ¿entendido? Hace unas horas me he convertido en tu doctora y si digo que te vas a poner bien, lo harás. De lo contrario me verás realmente enfadada —Jasper sonrió sin ganas.
—Si me lo dices así tendré que hacerte caso.
—Bien. Muy bien. Vamos a necesitar esa crema antibiótica, Bella —rebusqué en el botiquín de mierda que habíamos dejado a mano y se la tendí a la doctora. Le aplicó con cuidado la pomada y le cambió el apósito rápidamente. La cara de Jasper se relajó visiblemente cuando Rosalie dejó de trabajar sobre su piel —Te tomarás una pastilla anti inflamatoria cada seis horas de momento. Puede que tengamos que ampliar las tomas…Vamos a sacar algo de comida de esas máquinas. No es gran cosa, pero necesito que tu cuerpo esté en condiciones para que te recuperes lo antes posible.
—Lo que usted diga, doctora —murmuró Jasper.
—Chico obediente —murmuró mientras se quitaba los guantes —¿Tienes algún tipo de llave para abrir eso?—dijo señalando nuestra única fuente de alimentos.
—No. Nosotros no tenemos llaves de ninguna máquina. Vienen a reponerla cada dos días…aunque creo que esta semana se retrasarán un poquito —dije con ironía —Pero creo que tengo algo que puede servir.
Corrí hasta la sala de personal. Allí estaban las taquillas de todos mis compañeros, incluida la mía. Una mesa, un par de sillas y una cafetera medio llena completaban la decoración. Quizás deberíamos de olvidarnos de la cafeína…Fui hasta mi taquilla, la abrí y saqué la mochila que siempre llevaba al trabajo para coger el destornillador que descansaba en el fondo; algo bueno tenía que tener eso de pegarme día sí y día también con la jodida impresora de la oficina.
Cuando llegué a la sala le di el destornillador a Rosalie. Intentó abrir la máquina, pero sin éxito. Edward se levantó, le quitó la herramienta de las manos y lo intentó él.
—¿Crees que podrás abrirla? —pregunté ante el esfuerzo que estaba haciendo.
—Pues claro —espetó.
—No era mi intención dudar de tu masa muscular —murmuré.
La puerta de la máquina finalmente se abrió. Rosalie se dedicó a sacar parte de nuestro botín en forma de patatas, galletas, chocolatinas y chicles. El bombero pesado se fue hacia la otra máquina de refrescos y agua e hizo lo mismo. Sí, íbamos a estar hidratados de cojones…Edward cogió una botella de agua y un par de chocolatinas y se las llevó a Jasper. Al parecer cada uno estaba a lo suyo. Black de momento no nos había dado problemas, de hecho no había vuelto a abrir la boca desde que vinieron los militares. Por su parte, Emmet se asomó al gran ventanal a pie de calle, aunque se separó rápidamente.
—¿Qué pasa? —le pregunté acercándome a él. No me contestó, estaba realmente pálido. Miré justo por donde él había mirado para ver a un par de personas andando por la calle. Abrí los ojos como platos cuando vi que uno de ellos tenía un enorme corte en el cuello. O quizás se trataba de un mordisco…definitivamente era un infectado; un tipo con esa herida no podría caminar con total tranquilidad —Mierda —bajé todas las persianas para evitar ver ese maldito paisaje.
—Vendrán más, ¿verdad? —miré a Emmet.
—Probablemente —me apoyé contra la pared —Con toda seguridad, joder….
—¿Y qué podemos hacer? Yo…yo tengo que ir a por Seth…no le puedo dejar solo…—observé el gesto completamente devastado de ese hombre. Entonces me vino la idea. Quizás era una locura, pero más nos valía estar preparados.
—No sé cuando podremos salir a buscar al chico…pero quizás puedas ayudarme —el hombre ladeó la cabeza.
—¿A qué?
—Ven conmigo y lo verás.
No me volvió a preguntar nada. Simplemente se levantó y siguió mis pasos. Volví a la sala del personal y vacié mi mochila encima de la mesa. Un neceser con algo de maquillaje que jamás volvería a usar, el monedero y poco más cayó sobre la mesa sin ningún cuidado ante la atenta mirada de mi nuevo ayudante. Comprobé las taquillas del resto de mis compañeros y di gracias al cielo cuando una de ellas se abrió revelando una gran bolsa de deporte negra. Deseché el contenido, un par de zapatillas algo sucias, calcetines y ropa de gimnasio; le di las gracias al propietario en silencio, fuera quien fuese.
—Sígueme.
—¿No hay nadie más en la comisaría? —negué —¿A dónde vamos? —me preguntó Emmet mientras yo cogía unas llaves de la taquilla.
—A la armería —el rostro herido de ese hombre se puso aún más pálido.
—¿Vas…vas a sacar pistolas y…y todo eso?
—Sí…y todo eso. Si las cosas se ponen difíciles tendremos que defendernos como mejor podamos —me paré en medio del pasillo y miré fijamente los ojos oscuros de Emmet —Esto es necesario —asintió.
Bajamos al sótano, justo donde estaba la armería. Abrí la puerta de seguridad y teclee el código; esperaba que fuera el correcto ya que sería la primera vez que bajaría sin la compañía de ningún otro policía. Sonreí interiormente cuando oí el click que me daba paso al interior.
La fiesta iba a empezar.
Me apropié de cuatro Glocks, dos fusiles M16 y un par de revólveres pequeños. Me aseguré de coger bastante munición para todas las armas. Guantes anti corte y unos chalecos antibala se sumaron a la lista. Emmet por su parte estaba callado, mirando asombrado todo el metal que había a su alrededor. El olor a pólvora pasada inundaba el habitáculo.
—Parece ser que te fías de mi trayéndome a un sitio como este —murmuró.
—En realidad sí…—me encogí de hombros —Además, se ve a la legua que no tienes ni puta idea de cómo coger un arma —el hombre sonrió haciendo que su piel magullada por los cortes se estirara.
—Cierto. Nunca en mi vida he tenido una pistola entre las manos.
Pues quizás era hora de ir practicando…Cerré la armería con todo el cuidado del mundo; Black estaba arriba, aunque estaba esposado no quería correr ningún tipo de riesgos. A diferencia de Emmet, Black sí que sabía cómo coger una pistola…Antes de subir al piso de arriba fui a la siguiente habitación repitiendo la misma operación. Esta vez entramos a una sala alargada y llena de estanterías con cajas.
—¿Dónde estamos?
—Estamos en el lugar donde se recogen las armas incautadas en diferentes operaciones. Es un almacén en el que descansan los objetos listos para llevarlos al juzgado o a los compañeros de científica. Aquí hay desde pistolas de ladrones de poca monta hasta estrellas arrojadizas.
—¿Estrellas arrojadizas? —murmuró sorprendido.
—Sí….te sorprenderías de lo que los delincuentes llevan encima. Hace un par de días detuvieron a un grupo de traficantes, los cabrones se dedicaban a extorsionar a los dueños de los locales nocturnos para introducir droga en ellos, ¿lo viste por la tele? —Emmet negó mientras yo bajaba una de las cajas de la estantería. La hija de puta pesaba como una condenada —Aquí tenemos todo el material que mis compañeros pudieron recoger de la casa del jefe. Es una minucia, estoy segura de que hay mucho más—abrí una de las cajas para sacar un par de AK47 —Esto nos va a venir bien, métela en la bolsa grande.
Metí todo lo que pude en la mochila para hacernos con nuestro propio arsenal. Quizás estaba pecando de exagerada…pero para mi siempre era mejor pasarme que quedarme corta. Ya se sabe, mujer precavida vale por dos. Emmet cogió la mochila grande y yo la pequeña. Cuando subimos al primer piso dejamos las bolsas en un lugar seguro pero accesible y nos unimos al grupo.
—¿Todo bien? —preguntó Rosale. Asentí.
—Sí…hemos ido a recoger algunas cosillas.
—Edward está intentando contactar con la estación de bomberos —murmuró Rosalie mientras miraba a Jasper; se había quedado medio dormido aunque su frente estaba perlada por el sudor —me preocupa su estado.
—Lo tengo…¡lo tengo! — gritó Edward desde la radio de la recepción —Sí…estamos en la comisaria de la plaza Ericcson —me acerqué hasta él e intenté escuchar algo entre sus gritos y la estática.
—Recibido. Me alegro de es…charte, Edward —estática —Este sitio es seguro, lo tenemos….contro….do—más ruidos —Esta mierda está fallando…Edward, podéis venir…estaremos bien, lo consegui….mos —Edward me miró y suspiró. Me acerqué a la radio apartando ligeramente a Edward.
—Al habla la agente de policía Swan. ¿Con quien hablo?
—Con Felix Oldman, a….gen….te —fruncí el ceño por la mala recepción de la radio.
—Bien, Felix…¿La estación de bomberos es un lugar seguro? ¿Algún herido? ¿Alguien con los síntomas del virus?
—No, agente Swan. Todos….tamos sanos. El sitio es….tamente seguro….—mire a Edward de nuevo y suspiré.
—Felix, necesitaríamos unirnos a vosotros…pero hoy no. Está anocheciendo y no quiero jugarme el culo. Mañana…mañana a primera hora iremos para allá, ¿de acuerdo?
—Recibido, agente….ñana….recibiremos…sin….blema….
—Mierda, hemos perdido la señal —dije pulsando unos cuentos botones.
—¿Es verdad? ¿Es verdad que mañana iremos con mis compañeros? —preguntó Edward.
—Sí…será mejor que vayamos a la sala. Tenemos que organizarnos…
Dos minutos después tenía ante mi a cinco pares de ojos mirándome con atención. A ver cómo coño hacía yo un plan de evacuación de este sitio de mierda. Respiré profundamente y me armé de un valor que poco a poco iba perdiendo junto con mis fuerzas. Suspiré.
—Como bien habéis oído, podemos unirnos al grupo de bomberos, si alguien no quiere irse que lo diga —ningún a objeción. Bien —Está a tan solo dos calles de aquí, pero el camino puede ser un poco complicado. Ahí fuera hay aparcada una furgoneta, no es blindada y no sé cómo estará después del tiroteo de hace unas horas. Tampoco voy a salir a comprobarlo…—murmuré—Así que tendremos que comprobar cuantos coches hay en la parte de atrás. Lo ideal sería coger una furgoneta blindada, pero me apuesto una mano a que no queda ni una —miré cada una de las caras de esas personas —Tenemos que ser rápidos.
—Yo no creo que pueda hacerlo —murmuró Jasper —No…no puedo con mi alma.
—Yo te llevaré, joder —espetó Edward —Cállate y descansa. No te preocupes por nada, no pienso dejarte solo.
—Rosalie, recoge alguna que otra bolsa de las que has sacado de la máquina y algunas botellas de agua —la mujer asintió —Después iremos a comprobar el garaje.
Rosalie recogió todas las mierdas saturadas de colesterol que pudo reunir y varias botellas de agua y refrescos y las metió en mi mochila. Por su cara deduje que había visto el tremendo arsenal que Emmet y yo habíamos recogido de la armería.
—Bien, que alguien me acompañe al garaje, así terminaremos antes. Quiero dejar preparado todo esta misma noche. Pasaremos aquí las siguientes horas como podamos hasta que nos larguemos de aquí.
—Hey…¡poli! —miré de reojo a Black. Me imaginé que me diría que no quería ir, que lo soltara y adiós muy buenas.
—Agente Swan, grábatelo en la cabeza. ¿Qué demonios quieres? Si no quieres venir con nosotros, perfecto. Te suelto y te buscas la vida —el tipo sonrió irónicamente.
—Nah…me gusta la acción, quiero ir con vosotros. Pero tengo un problema, un problema urgente…Al igual que el resto de los humanos tengo necesidades fisiológicas.
—¿Qué?
—Oh, joder…¡Que me estoy meando, agente Swan! —estreché los ojos.
—Vamos al baño —Edward alzó la mirada y me observó con preocupación.
—¿Os acompaño?
—Vaya….al tipo le gustan los tríos —murmuró Black. Edward se acercó a él con cara de mala hostia.
—Sí, también me gusta cerrar bocas a base de hostias.
—¡Ya! La testosterona no me deja respirar, así que calmaros un poquito o voy a empezar a cagarme en todo lo que se menea, ¿entendido? —los dos se callaron —Edward, sigue con los que estabas haciendo. No te preocupes, tengo una pistola y una Taser, no creo que mi amigo Black quiera hacer alguna tontería, ¿uh?
Bueno, al menos tenía claro que mis palabras hacían el efecto deseado. Agarré a Black del brazo y lo llevé hasta los baños. Cuando llegamos en vez de entrar se giró y me miró.
—Ni pienses que me voy a ir. No me voy a asustar de lo que vea —el tipo negó.
—¿Cómo coño quiere que me la saque si tengo las manos en la espalda, agente Swan? A no ser de que sea usted la que lo haga por mi —alcé una ceja.
—Cierra la bocaza de una puta vez y no vuelvas a hacerte el listo conmigo —saqué las llaves de las esposas —Haz alguna tontería y te descargaré unos cuantos de miles de voltios en el culo.
Black se giró y empezó a hacer sus cosas. Con franqueza, el sueldo de policía no estaba pagado teniendo que aguantar cosas como estas. Cuando el preso terminó me miró con las manos a la vista y señaló el lavabo. Sí, delincuente pero aseado. Abrió el grifo y se lavó las manos ante mi atenta mirada. Entonces pasó algo que no estaba planeado.
Se fue la luz.
—Mierda…—aunque no me había movido me desorienté por completo más que nada porque así no podría saber si Black estaba haciendo algún movimiento o no.
No hizo falta verlo, de hecho lo sentí.
Jacob Black me cogió con una mano por el cuello y con la otra me tapó la boca. Los sentidos se me agudizaron en la completa oscuridad; los latidos de mi corazón tronando en mis oídos, la piel aún húmeda de esa mano contra mi boca, le tensión de los músculos de mi cuerpo….Entonces reaccioné. Empecé a removerme contra Black, intentando desprenderme de su abrazo cruel. Lo arañé e intenté gritar, pero ese tipo era mucho más grande que yo. Ahora de nada me servía la puta pistola y el electrochoque. ¿Cómo no había previsto ese movimiento por su parte? Debí de imaginármelo…
—Quieta…¡Quieta! Joder, para de una puta vez. No quiero atacarte…no es mi intención. ¡Para! Escucha, sólo escucha —intenté calmarme y hacerle caso a ese jodido loco. Escuché….escuché…cosas….—Vienen de la parte trasera —susurró —Voy a soltarte, así que intenta alejar las manos de tu pistola y de esa mierda, ¿vale? —asentí. Me soltó lentamente aunque yo por mi parte seguía temblando por el susto que me había dado ese tío —No voy a hacer nada —susurró con las manos en alto —Se supone que estamos solos —asentí de nuevo —Pues no lo estamos.
—Eso es imposible —murmuré.
—¡Bella! ¡Bella, joder! Venid aquí —el grito de Rosalie parecía desesperado —Oh, ¡mierda!
Black y yo corrimos hasta el lugar del que provenían los gritos. Rosalie, Emmet y Edward estaban en la parte trasera de la comisaría, en la parte de acceso del garaje.
Mi mandíbula cayó cuando vi lo que pasaba; estaban conteniendo la puerta. A través de ella se podían oír un montón de jadeos y gemidos inhumanos. Golpes y puñetazos completamente violentos y horrendos. Ellos estaban ahí…habían entrado por algún hueco, por algún resquicio….Esos cuerpos querían entrar a la comisaría, a nuestros refugio…para darnos las buenas noches en forma de mordisco…
¿Qué os ha parecido el POV de Bella? ¿Creeis que todos podrán salir de allí con vida? ¿Qué os ha parecido el capítulo
Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios, de verdad
Belangiesom16, Manligrez, Monikcullen009, Bellisimaw, Luzdeluna2012, Melyna Ortiz, Romiina R, ALEXANDRACAST, Guest, Despatz, DanielaPltz, CamilleJBCO, Analiaapoaliptica 2012, Lil, Liz cat miau, Guest. Alkem Corrales, Kimjim, Danielemosquera, Gatita Swan, Giorka Ramirez Montoya, MummyGirl, Aryam Shields Masen, EriM, Inay Masen Cullen, Viole, Gretchen CullenMasen, Maro75, LunaS Purple, Laubellacullen94, AlejandraZJofre, Stephanie priegovazquez, Bella Nympha, Guest, Lory24, Panambi Hovy, Karina Masen, Estelaa, Guest, Ashleyswan, Karlita carrillo, Pekis Lautner, VANE LAUTNER, VaNeSaErK, A cullen swan, Julie Black Lautner, Amanda Cullen Salvatore, Iamrenedegade, Carmen Cullen-.i love fic, Maru O'shea Wayland y a todos los lectores anónimos.
Gracias por seguir leyendo, nos vemos dentro de diez días, un besote a todos.
EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO
Las calles estaban desoladas.
Ella sabía que debía de quedarse en casa, era peligroso salir ahí fuera. El día anterior habían venido los militares a llevarse a la gente, pero ella se había negado a irse con todos esos desconocidos. Ya no se trataba de ella sola; tenía que mirar por alguien más. Por esa razón se encontraba ahora pululando por las calles solitarias de Manhattan. Necesitaba encontrar algún sitio, algún supermercado abierto…alguna tienda. Necesitaba comida, sobre todo leche para ella.
Alice miró hacia abajo y miró a la niña de tres meses que se resguardaba en la mochila porta bebés…necesitaba cuidar de ella….
