8. Sentimientos a flor de piel
Brenda P.D.V
Estaba sobre una nube. El hombre del que estaba tremendamente enamorada , el que se ha preocupado por mi en estos días, el que me defendió, y el que estaba conmigo en los momentos más difíciles, estaba aquí conmigo haciéndome sentir algo importante en su vida.
Después de quitarnos la ropa y ver su desnudez por segunda vez, él cogió y me tumbó suavemente sobre la cama y empezó a darme pequeños besos por todo el cuerpo. Empezó por mis pies, después subió por las piernas, llegó a los muslos y mientras me besaba en esa parte, no dejaba de mirarme, lo cual me gustaba porque estaba empezando a humedecerme. Subió por mi vientre, llegó a mis senos en los que empezó a hacer pequeños círculos con la lengua en mis pezones, siguió subiendo y cuando llegó al cuello me estaba haciendo cosquillas con su respiración, con lo cual empecé a reírme.
Me encanta tu risa – dijo sin dejar de besarme el cuello.
Y a mi me encantas tu – dije entrecortadamente a punto de jadear.
Acto seguido se abalanzó sobre mí y empezó a besarme mientras cogía mi pierna por el muslo y la levantaba. Me penetró y sentí una sensación de dolor y placer, lo cual ya no pude aguantar y gemí liberándome, sintiéndome libre, libre como cuando estaba con él.
Valeria P.D.V
Estaba sentada en una de las mesas donde los gladiadores se sentaban, mirando al horizonte y recordando todo lo que había pasado. ¿Por qué Rhaskos se comportó de esa manera? ¿Y por qué se interesó por mí? Lo que importa es que a partir de ahora no me molestará más.
Un gritó de placer proveniente de mi habitación me sacó de mis pensamientos y me hizo volver a la realidad.
Me alegro por mi hermana, merece ser feliz, merece que le pasen muchas cosas buenas, y merece que un hombre como Duro la quiera. Están hechos el uno para el otro.
Siempre has sido más afortunada que yo Brenda – dije levantándome del asiento.
En ese momento me pasó por la cabeza Agron, el hermano de Duro. En todo este tiempo lo único que hemos hecho es mirarnos con desconfianza, pero después de todo tenemos cosas en común, ya sea por la desconfianza o porque tenemos hermanos.
Decidí ir a por vino y dirigirme hacia la celda de los hermanos germanos, ya que seguramente estaría allí solo, al igual que yo. Iría a hacerle compañía.
Bajé y cogí una de las jarras que había allí y subí las escaleras. Me encaminé hacía la jaula y cuando llegué, allí le vi, sentado en el suelo y mirando hacia el techo. Me acerqué y me agarré a uno de los barrotes.
Tiene que ser duro hacerte a la idea de que tu hermano de sangre te abandone por una mujer. Sabiendo que nunca os habéis separado – dije haciéndole saber de mi presencia.
Eso mismo que has dicho lo estás pasando tu también – dijo sin dejar de mirar el techo.
¿Siempre eres tan agradable?
¿Qué haces aquí? – dijo mirándome – ¿No tienes a nadie a quién molestar?
Había pensado en hacerte compañía, ya que los dos estamos pasando por la misma situación.
No me hace falta tu compañía. Sólo estoy mejor.
Como quieras – dije dándome media vuelta – Lo único que quería era que nos conociéramos mejor. Pero si no quieres, allá tú señor agradable – dije alejándome de él.
Me fui alejando lentamente de él, pensando en buscar a mi hermano o a Varro, seguro que no se molestaban de que estuviera con ellos.
¡Espera! – escuché decir a Agron.
Miré hacia atrás para ver si no habían sido imaginaciones mías. Allí estaba, de pie y con las manos agarradas a los barrotes.
Espera – siguió diciendo – Estoy de mal humor y lo pago contigo. No estoy acostumbrado a que Duro se vaya con una mujer. ¡Maldito hijo de puta! – dijo esto último riéndose – lo que quiere lo consigue.
Yo sabía que algún día pasaría, pero no me imaginaba tan pronto – dije todavía lejos – ¿Me puedo acercar o me vas a morder?
Puedes acercarte – dijo riéndose - Y pásame un vaso de esos. Lo necesito urgentemente.
Eres muy raro – dije mientras echaba vino en el vaso.
No sé como sería Agron realmente, pero al menos ya me decía algunas palabras. Eso sí, nos seguíamos mirando con desconfianza.
Brenda P.D.V
La mejor noche de mi vida. No sé cuanto tiempo pasó desde que entró aquí, pero para mí fue muy intenso, algo que repetiría todas las noches.
Estábamos exhaustos y las gotas de sudor corrían por nuestra piel. Yo tenía apoyada la cabeza sobre su pecho, y él me abrazaba, como si no quisiera que me fuera.
¿Puedo preguntarte una cosa Duro?
Lo que quieras.
¿Por qué yo? – dije levantando la cabeza de su pecho para verle mejor la cara – Me refiero, al echo de que me hayas elegido a mí. No sé, aquí hay cientos de mujeres con las que puedes estar.
Porque tu eres diferente a todas, tienes algo que me vuelve loco – dijo acariciándome la mejilla – Tu manera de ser, tu sonrisa, tus ojos, son cosas que no encuentro en otras.
¿Y mi hermana? Es igual que yo y no la has elegido a ella.
¡Tu hermana tiene un humor de perros! Os parecéis en físico, pero mentalmente sois muy diferentes. Tú eres un ángel caído del cielo. Un regalo que los Dioses me han hecho.
Mi respuesta fue sonreír y acercarme a él para besarle. Le abracé y volví a poner su cabeza en mi pecho.
Te quiero Duro. Llevaba mucho tiempo esperándote.
Y yo a ti Brenda.
No hacía falta decir más palabras. Nos quedamos en silencio hasta que el sueño se apoderó de nosotros.
Valeria P.D.V
… y entonces se fue y no dijo nada más. No sé que pensaba, ¿qué le iba a aceptar? ¡Que siga soñando!– dije dejando el vaso a un lado.
Finalmente Agron me dejó entrar y nos sentamos en el suelo a beber vino. Nos pusimos a hablar de Duro y Brenda, obviamente. Eran nuestros hermanos y nos preocupábamos por ellos. Después por petición de él, le conté como Brenda y yo llegamos a este lugar y como vivimos el día a día. Todo fue bien hasta que salió el tema de Rhaskos, ahí ya empecé a enfadarme y no pude contener la rabia.
Y después dicen que los salvajes somos los germanos.
O los tracios – dije mirando hacia la nada.
¡Putos galos! – dijimos al unísono.
Nos miramos sorprendidos y empezamos a reírnos.
Agron debería sonreír más, es un hombre muy guapo, podría tener a todas las mujeres del mundo detrás.
Creo que esta mierda nos está afectando más de lo normal – dije cogiendo la jarra de vino que ya estaba vacía desde hace un buen rato.
Como mañana tenga dolor de cabeza, ya sé a quien echarle la culpa.
¡Tendrás cara! – dije tirándole una pequeña piedrecita que había en el suelo – Fuiste tú el que empezaste. Yo solo traje la jarra inocentemente.
Inocentemente, claro – me dijo con una sonrisa – ¡Tu si que tienes cara!
Empezamos a reírnos, y estuvimos un buen rato así. Hasta que llegó el silencio y no dijimos nada más.
Bueno – dije levantándome. Él también se levantó – Creo que va siendo hora de que me vaya. Necesito dormir, sino mañana no podré hacer nada – cogí la jarra y abrí la puerta de la celda – Adiós Agron, lo he pasado muy bien.
Adiós Valeria – me dijo mirándome.
Me dirigía hacia la habitación de mi hermano con la jarra de vino vacía.
También lo he pasado muy bien – dijo Agron mirando como la tracia se iba.
Pasé por la cocina, llegué a la arena, y estaba todo en silencio ya debería de ser muy tarde. Entré en la habitación de mi hermano, y estaba dormido, o eso creía.
¡Hermano! – dije dándoles pequeños golpecitos y en voz baja – ¡Hermano!
Me he enterado desde que has entrado – dijo sin abrir los ojos.
Me haces un hueco. Brenda está muy "ocupada" y no pienso entrar ahí.
Anda ven – dijo haciéndome hueco.
Me tumbé a su lado y me abracé a él. Mi hermano era una persona muy cálida, y desde siempre me ha gustado dormir con él por el calor que desprende en todas las estaciones del año.
Que descanses hermana.
Que descanses hermano.
Cerré los ojos y una sonrisa se dibujó en mi rostro al recordar lo de esta noche. Creo que a partir de ahora las cosas van a cambiar para mejor.
