I was born to love you
Tani les había llamado para que se reuniesen con ella en una dirección. Al llegar se encontraron con un almacén en el puerto en cuya puerta estaba había dibujada la imagen un ángel con alas de murciélago y cuernos abrazando a una joven semidesnuda que por su apariencia, no era todo lo femenina que sus atributos superiores podrían indicar. Escrito con pintura y de forma poco glamurosa aparecía escrito: Perversiones.
Los padres de uno de los chicos asesinados habían encontrado entre las pertenencias de su hijo una tarjeta impresa en papel de poca calidad de aquel lugar. Tani reconoció la imagen enseguida y se dirigió hacia allí.
LLamaron pero nadie contestó, Steve miró hacia la parte superior con grandes ventanales del lugar, luego pasó la mirada por la zona colindante buscando la mejor manera de entrar.
- Steve… por favor… - murmuró Danny sabiendo lo que se avecinaba. El SEAL sonrió de medio lado.
- Junior, conmigo… - el joven asintió y cuando iba a seguir a su jefe, el inspector le retuvo.
- Perdona pero el único que cubre sus espaldas cuando estamos juntos soy yo, no te lo tomes como algo personal. - Steve se volvió y le fulminó con la mirada.
- No… he dicho, Junior. Obedece, Williams. - Danny frunció el ceño e iba a replicarle cuando se vio interrumpido de nuevo por el moreno. - Uno de los dos tiene que volver a casa, así que te quedas con Tani. No hay discusión. - le hizo un gesto a Reigns para que le siguiera dejando tras de sí a un sumamente enfadado policía quien miró a Tani. La chica entendió a la perfección la expresión que le dirigió. Mejor que guardase silencio. Y era lo mejor, porque entendía los motivos de los dos para haber reaccionado así aunque estaba por inclinarse más a favor de Danny.
Encaramado al techo de una furgoneta aparcada junto al lateral del lugar se ayudó de su joven compañero para impulsarse y subir al alfeizar de una de las ventanas. Desde allí se inclinó para tenderle la mano y hacer que el otro subiera también. Una vez los dos arriba rompieron al unísono las ventanas del lugar para adentrarse en un escenario que tan sólo los recibió con penumbra.
Steve se movió con cautela por el lugar alumbrando con la tenue luz de la linterna de su teléfono y del de Junior. Vio una cadena colgando de una lámpara de forja, tiró de ella para encontrarse ante sus ojos con el peor escenario que pudiera imaginarse.
Oyó como Junior ahogaba una exclamación y él mismo se quedaba sin palabras.
En algún momento el joven debía haber abierto a sus compañeros porque pronto sintió la mano de Danny aferrándose a la suya en un intento, suponía de hacerle sentir que aunque todo ese horror era inimaginable él estaba a su lado y era real.
Pero no fue suficiente.
Los 4 cadáveres indicaban que de nuevo habían llegado tarde.
Steve cerró los ojos hasta que oyó un ruido. La puerta acababa de cerrarse. Las ventanas comenzaron a cubrirse con cierres automáticos. Dejándoles dentro a oscuras y sin aparente salida.
- Y aquí estáis. Para completar el juego. Para ser castigados. Un héroe americano amancebado y fornicando como un animal con un ser inferior como su detective Williams, Comandante McGarreth y, un aspirante a héroe dejándolo todo para unirse a un intento de dama surgida de la vergüenza, ¿verdad, Tani Rey, hija y hermana de la inmundicia? Haciendo que el joven héroe peque… - Oyeron sisear por lo bajo a la chica. Y el mismo Steve sintió que la boca se le llenaba de hiel.
Y la luz se apagó.
Su voz llegó a sus oídos.
- ¡Steve! - Danny. Le habían arrancado de sus dedos que se sintieron yermos y solos sin el calor del otro.
- ¡Tani! - esta vez fue Junior el que gritó.
No, no, no… repetía la mente de McGarreth, se los habían llevado.
Se lo habían llevado.
No, Danno, no…
No.
Recorrieron cada centímetro cuadrado de aquel lugar iluminados por la luz de las linternas de sus teléfonos. No había cobertura así que tampoco podía avisar al exterior para avisar de lo sucedido. Ninguno de sus compañeros aparecieró ni parecía haber salida.
Steve se sentó frustrado en el borde del escenario del local. Junior siguió dando vueltas desesperado. El líder del 5.0 sabía que debía enfocarse. Sabía que debía enterrar bien hondo el pánico que sentía a perderle. Si quería encontrarle y encontrarle con vida debía pensar con frialdad. Pensar y sacarlo de allí.
Y, por supuesto, sacar a Tani también. No le había ofrecido el puesto a la chiquilla para dejarla morir a manos de un psicópata. Ni para ver sufrir a Junior si la perdía.
- Junior debes salir de aquí y pedir ayuda. Nosotros dos solos no vamos a ser capaces de ayudarles.
- No pienso irme, señor. No mientras estén en peligro.
- Sal de aquí, recupera cobertura y pide ayuda. Y vuelve. - le miró. - Busca una salida, ¡ya! - ordenó con tono seco. Junior suspiró pero asintió alejándose unos pasos. Steve abandonó su posición para pararse en el centro de la pista de baile mirando a su alrededor con el ceño fruncido. Sus ojos escaneraron el lugar con la profesionalidad que le habían enseñado los Marines. Hasta que detectó algo diferente.
Se acercó con cautela a la platea pasando su mano por el borde hasta que detectó la anomalía que había creído ver. Apretó la madera, oyendo tras ese gesto un siseo. Una trampilla se abrió en uno de los laterales. ¿Cómo habría podido sacarles a los dos sin esfuerzo? A menos que les hubiera amenazado con algo. ¿Con matarles a ellos si no colaboraban? Se fijó en los escalones que descendían hacia el subsuelo y en las huellas sobre la polvorienta superficie. Y en el reguero de gotas de sangre que acompañaban cada marca. Así como la ligera línea también teñida de rojo que adornaba la pared lateral de la salida. Uno de los dos, Danny o Tani, estaba herido y se las había apañado para marcarles el camino a seguir.
Sonrió. Tenía un equipo del que cualquiera se sentiría orgulloso. Él desde luego lo estaba.
Y no iba a perder a ninguno de los dos.
Escribió un mensaje a Junior para que cuando saliera del lugar, cosa que no le cabía duda, al recobrar cobertura supiera dónde ir. Comprobó el cargador de su Sig Sauer y que disponía de suficiente munición para mandar a ese pedazo de mierda al agujero más hondo del infierno con todo lo que tuviera e hiciera falta.
Tomó aire y dio el primer paso.
Y, entonces, oyó el grito.
Reconoció la voz.
Y la frialdad se diluyó en él como el azúcar en el agua.
El detective ya se había encontrado en una situación así en demasiadas ocasiones. Su mente le llevó al momento en que su compañera Grace fue asesinada delante de sus ojos. Al dolor por aquella pérdida que le acompañaría siempre. El dolor y la impotencia. Por encima de todos aquellos sentimientos destacaba la determinación de que no iba a permitir que volviera a suceder.
Pero ahí estaba Tani, sujeta a aquel objeto en forma de x con el jersey que llevaba desgarrado dejando ver el sujetador deportivo y la sangre que brotaba de la nariz manchándole la piel. Y las heridas que el filo del cuchillo del tipo estaba produciendo al pasar sin cuidado por encima de ella.
- ¿Así que hija de una prostituta drogadicta como lo es tu hermanito? - los ojos de la chica se entrecerraron. - ¿Cuántas jeringuillas de heroína tuviste que quitar de tu hogar mientras tu papaito se jugaba la vida creando un mundo seguro para la familia que le estaba defraudando a sus espaldas?
- Mi madre no era…
- ¡Oh, vamos! Sabes que tu padre no te contó la verdad sobre cómo, cuándo y dónde conoció a tu madre y cómo cumpliendo con el honor de un buen hombre accedió a ocuparse de ti al saber que esa mujerzuela llevaba en su vientre un hijo suyo… - el tipo volvió a pasar el filo por el rostro de la agente produciendo una nueva herida. - Como tuvo que renunciar a su sueño cuando supo que había muerto de una sobredosis dejando a sus dos hijos sólos en manos de los servicios sociales. Cómo os odió por eso.
- Mi padre jamás nos odió. - murmuró Rey.
- Si quieres creerlo así… - Danny miró a su compañera fijamente queriendo hacerla sentir que le prestase atención. Y lo consiguió. Movió la cabeza negando suavemente con la cabeza. No debía seguirle el juego. Frialdad, niña, pensó, mantente fría… El tipo se volvió hacia él.
Le vio sonreír con sadismo.
- ¿Qué tiene de especial el detective Williams para haber conseguido arrastrar a la cama a todo un Navy SEAL? - ahora fue él quien sintió el acero recorriendo y haciendo saltar los botones de su camisa. Sus brazos levantados y sujetos por una cadena al techo, sus piernas abiertas y también encadenadas. - ¿Su intelecto…? - guardó silencio. - Quizá… Sabe, inspector que tentar con la carne a otro hombre es pecado, ¿verdad? - Ni se dignó a responder. - La sodomía es pecado, la lujuria es pecado, la lascivia es pecado… - Le tenía tan cerca que era capaz de sentir su aliento. Cerró los ojos cuando le vio aproximarse con la clara intención de besarle. Giró la cabeza para rechazarlo pero el otro le cogió la barbilla para controlar sus movimientos y al tiempo que posaba sus labios sobre los suyos sintió la hoja del cuchillo clavarse en su abdomen. Y un relámpago de dolor le atravesó haciéndole gritar. - Delicioso. - le oyó murmurar contra su boca.
Se volvió a separar de él para regresar con Tani, el rubio sentía la sangre empaparle la ropa. Dolía horrorosamente. Le vió sacar una jerenguilla. Supo quien iba a ser la primera víctima nada más verla. Cerró los ojos. Y una lágrima se deslizó por su mejilla.
- I was born to love you… - se mordió los labios mientras en su cabeza sonaba, y que alguien se lo explicase, la primera frase de la famosa canción de Queen.
