CAPITULO. HOGAR
Lo único que recuerda de su sueño es el sonido de los casquillos de bala chocando con el suelo.
Su cuarto siempre tenía un tono azul cuando es de noche. Y sus bocetos y trabajos sobre la mesa se oscurecen y adquieren formas inquietantes.
Sale de su cama y se pone sus zapatillas para no andar descalza y helarse los pies en el proceso. Oye unos suaves ronquidos a lo lejos, pero los ignora y sigue su recorrido hasta la cocina.
De la despensa, coge una cajita de infusiones relajantes. En ella hay todavía una nota que pone "Para la que de tanto soñar de día no duerme por las noches. A" y unos corazoncitos alrededor del papel falsamente envejecido.
No hay rastro de luna ni estrellas desde la ventana y el cielo empezaba a aclararse por la entrada del día.
Cuando la infusión y sonó el agua hirviendo se asusto al estar pendiente de la ventana.
Pero allí no acabaron sus sustos.
-¿Me sacas otro?-pregunto una voz masculina adulta con acento cajún desde las sombras del marco de la puerta.
-Dios, papá...-dijo dirigiendo a un hombre joven, pero ya mayor.
-Lo siento, cielo, no quería asustarte-el hombre levanto las manos en señal de paz-¿Todo bien?
-Si, todo bien. Es solo mi clásico insomnio ocasional.
-¿Segura?
-Segura-le respondió con rin tintín.
-Vale pero... ya sabes que esto no es una pensión gratuita, ¿verdad? Tengo todo el derecho a preocuparme por mi pequeña-le dijo con un tono desenfadado mientras sacaba otra bolsita de hierbas y dos tazas.
-Lo sé. Y ahora, con todo mi derecho a preocuparme por ti, todo bien?
-Si, es solo mi insomnio ocasional.
-Somos unos desastres.
-Me gusta ser un desastre ¿A ti no?
La chica se abrazarlo con cariño y una dulce sonrisa. Él le besa el cabello y acaricia su cabeza mientras ríe con suavidad.
-Cuando Abi despierte, tienes que hacer el mejor karaoke adolescente que se haya visto con ella-le prometió con una sonrisa.
-Papá-se separa de él mientras le habla-Había pensado que, cuando Abi despierte, necesitara muchos karaokes para estar a gusto. Así que había pensado que, ya que no tiene a nadie, podría quedarse unos días con nosotros. Si te parece bien.
El hombre comprendió entonces al fin cual era la verdadera razón del insomnio de la chica que tenía entre sus brazos.
-Como si se queda con nosotros para siempre, cielo. Este hogar se siente vacio con solo nosotros dos, sobre todo cuando antes éramos tres.
-Sí... tienes razón.
