Capítulo 9: ¿Tan evidente era?

Como en todos los institutos, en Konoha había un pequeño grupo de ''mayores''. No eran los matones, pero mantenían cierto orden. Dos de ellos repetidores, y tres de último curso. De hecho, uno estuvo en la misma clase que Itachi Uchiha. Les llamaban Akatsuki (''Amanecer''), pero no estaba muy claro por qué. Todos les conocían y muy pocos se atrevían a dirigirles una mirada. No por miedo, sino por respeto. Eran los únicos con más fama que Sasuke.

En verdad algunos se preguntaban qué hacían allí. Parecían tan mayores, como universitarios. La única chica de todo el grupo a penas se diferenciaba de ellos.

Pocas veces se los veía a todos juntos más que en sus reuniones de los viernes en los recreos. Pero parecían formar cierto grupo de vigilancia y orden.

Konan, la única chica, de la clase de 2º D. Era la hermana pequeña de Nagato, que parecía ser el líder a pesar de no ser el mayor. Sí parecía el más inteligente.

Sasori era el imán de las chicas. Pero siempre tan serio y distante.

Los repetidores eran Deidara y Yahiko, muy buenos amigos y los únicos un poco más integrados en el ambiente. Deidara era bastante escandaloso y Yahiko un as en los deportes. Era la estrella del equipo de tenis del instituto.

Deidara era el compañero de Itachi en primaria, antes de que desapareciera. Había dejado en instituto una vez, por eso a su edad estaba intentando sacarse el graduado.

Y fue al que Itachi fue a visitar el viernes al instituto.

Su aparición fue recibida con murmullos y miradas incrédulas. Pero él no hizo caso. Avanzó con un par de tupers bajo el brazo atravesando la entrada principal del instituto. A quien vio primero fue al director. Llamó con dos golpes suaves en la puerta.

-Adelante –dijo el hombre desde el interior.

Itachi abrió la puerta y entró con una sonrisa en los labios.

-Buenas tardes, director Sarutobi.

Cerró la puerta a su espalda y quedó en pie mirando al sorprendido anciano.

-Vaya, vaya, lo que ven mis ojos. Ya había oído rumores de que habías vuelto, pero no me esperaba que te pasaras por aquí –se levantó con una gran sonrisa y se alisó el traje.

-Quería visitar a viejos amigos –dijo Itachi acercándose a él.

Se dieron la mano en un cordial saludo y luego el director tomó a Itachi entre sus brazos.

-Me alegra mucho verte por aquí, muchacho –dijo, separándose un poco de él-. Se te ve bien, con buena salud. ¿Qué has estado haciendo? Ven, siéntate.

-Mejor en otra ocasión podremos tener una charla más entretenida, pedo no me puedo demorar mucho. Le he prometido Deidara que iría a verle ahora. Y ya sabe cómo se pone… -sonrió-. Pero le he traído unos bollos. Recién hechos.

-Bueno, entonces en otra ocasión. Y gracias por esto, no hacía falta molestarse –aceptó el tuper.

-No fue ninguna molestia. Me gusta cocinar, y no se me da nada mal. Es relajante.

-Sí que has cambiado, chico –Sarutobi le miró con cierta nostalgia. Podía recordar a aquel chico lleno de vida que corría por el colegio junto a los demás jugando a policías y ladrones. Qué antiguo se quedaba ese recuerdo…

-Me alegra mucho verle, director. Ya volveré otro día. Cuídese –se estrecharon la mano de nuevo como despedida e Itachi salió del despacho mientras el anciano le miraba como si tuviese un recuerdo moviéndose justo delante de sus ojos.

Itachi avanzó por los pasillos. Faltaba cinco minutos para el recreo y no había apenas nadie a la vista. Buscó la clase de Deidara y le esperó en la pared delante de la puerta.

Durante el tiempo que estuvo desaparecido intercambió algunas cartas con él. Era el único amigo de verdad que tuvo en la escuela y saber que todavía había alguien que le recordaba en aquél pueblo tan lejano en su memoria le aliviaba.

Cuando tocó el timbre y los chicos hormonados empezaron a salir de las clases las manos de Itachi empezaron a temblar.

-Deja de hacer el idiota Yahiko, ya sabes que soy mejor que tú –Deidara salía agarrando a Yahiko por detrás del cuello, riendo. Cuando vio a Itachi se quedó pasmado delante de la puerta.

-Bueno, Deidara, sigues tan escandaloso como entonces –dijo Itachi mirándolo con una media sonrisa.

Por unos instantes Deidara se quedó en shock y luego se adelantó a grandes zancadas hasta llegar delante de Itachi. Le rodeó con sus brazos y lo atrajo hacia sí en un gran abrazo, para luego besarle como siempre había querido hacerlo.

Se acercaba el recreo y Naruto estaba cada vez más nervioso. Sí que quería salir con esa chica, estaba muy claro. '' ¿Entonces por qué me siento tan nervioso y decepcionado? ''. No conseguía entender sus propios sentimientos. Un cúmulo se sensaciones le invadían y no sabía distinguir una de otra. Todo era un remolino que le mareaba y le desconcertaba.

-Eh –Gaara le dio un codazo que le devolvió a la realidad.

Miró el reloj y el pulso se le aceleró de repente. En menos de diez minutos tendría que ver a Rin y tomar una decisión. También había pensado no presentarse, pero se sentiría muy rastrero. '' No puedo hacerle eso. Le haría daño '', pensó, desechando la idea.

Sí, tendría que enfrentarse a ello. De todos modos no era una decisión de vida o muerte. Era solo un ''sí'' o un ''no''. Pero, lo que no podía explicarse era por qué el ''no'' era siquiera una opción. Todo iba bien. Todo estaba muy claro hasta que… '' ¿Por qué, Sasuke? ¿Por qué juegas así conmigo? ¿A qué venía esa mirada de ayer? ''. Le odiaba por hacerle sentir así. Y más se odiaba a sí mismo por dejar que le afecte a tal escala.

Ya nada tenía sentido. Se había llegado a plantear la posibilidad de que no le odiase tanto como se hacía a sí mismo creer. Sobre todo después de la escena de casa de Sasuke. Pero no quería aceptarlo porque eso le haría ser como sus muchas admiradoras que a la mínima caían a sus pies. '' Ese idiota… se cree tan genial. Pero no lo es. Es estúpido, egocéntrico y un capullo ''. Un capullo egocéntrico, así lo llamaba a veces. Los mejores adjetivos para definir a Sasuke Uchiha.

¿Pero lo pensaba de verdad? Sí, tenía que ser así. La sola idea de que Sasuke le llegara a gustar le parecía ridícula y desorbitada. Lo negaba rotundamente.

La campana se acompañó de un gran alboroto. Todos se levantaron, cogieron sus cosas y salieron por la puerta en avalancha, dejando a Naruto de pie delante de su pupitre. Suspiró y comenzó a caminar hacia la salida. Tragó saliva varias veces antes de llegar a la puerta.

Se disponía a salir al pasillo cuando una mano le empujó hacia atrás y cerró la puerta, interponiéndose en su camino.

-Pero qué… ¿A ti qué te pasa? –gritó Naruto al ver a Sasuke apoyado en la puerta.

-Venía a hablar contigo-dijo éste en un tono sereno.

-¿Tiene que ser ahora? Tengo mejores cosas que hacer –intentó pasar pero la mano de Sasuke le agarró por el hombro.

-¿Cómo qué? –Sasuke, burlón, le volvió a empujar hacia atrás.

-A ti eso no te importa –Naruto se cruzó de brazos, inquieto.

-¿Y si me importa?

-Sería solo para arruinarme los planes, como siempre haces, imbécil –el tono nervioso de la voz de Naruto era palpable. Estaba enfadado, desconcertado. '' ¿Por qué siempre aparece en el peor momento? '', pensó.

-Ayer se te declaró esa chica, ¿verdad? –enarcó una ceja pero no había sonrisa.

-Repito, no te importa –volvió a intentar salir y recibió otro empujón. Sus nervios ya estaban explotando.

-¿Te gusta ella? –volvió a preguntar ignorando las respuestas de Naruto.

-¿Y si me gustara qué? Como si estuvieses celoso –bufó.

Algo en la cara de Sasuke se crispó. Le miró fijamente quedando en silencio un momento. Naruto sentía los oscuros ojos del chico en los suyos, fríos, penetrantes, que le erizaron la piel.

-Eres estúpido, Uzumaki –la voz de Sasuke sonó cansada, con una risa irónica.

Naruto apretó los puños. Hasta allí había llegado. Se abalanzó sobre Sasuke, cogiéndole del cuello de su camisa azul oscura, y le empujó contra la puerta. Este no intentó detenerle. Se mantuvo quieto, silencioso, mirándole con cierto toque melancólico.

-De verdad que no te entiendo, Uchiha. No entiendo por qué tienes que ser así de idiota conmigo. ¿Te gusta sacarme de quicio? ¿Te divierte? Me confundes de una manera en la que ni yo te sabría explicar, ni tú lo entenderías. Eres idiota, engreído, egocéntrico, te crees que todos te admiran como si fueras lo mejor que ha pisado este instituto. Me sacas de mis casillas. Tú –suspiró y tragó una bocanada de aire-, tú me has vuelto del revés. Todo empezó siendo un juego. Y luego pensé que podríamos llegar a ser amigos, ¿sabes? Pero tienes que ser tan… desconcertante, que no me dejas pensar con claridad.

Sintió como sus rodillas le temblaban, las manos también. La respiración acelerada.

Sasuke le seguía mirando. Una sonrisa, como de triunfo, fue apareciendo en su cara poco a poco. Eso solo hizo enervar más a Naruto.

-¿Te hace gracia?

-Tú no lo entiendes, ¿verdad? Pensé que era evidente.

-¿El qué? ¿Qué era evidente?

Pero Sasuke no respondió. Con un rápido movimiento se zafó del agarre de Naruto y le tiró al suelo. Se puso encima suya atrapándole las muñecas contra las tablas de madera.

Naruto quedó inmóvil, en shock. La mirada de Sasuke le desconcertaba, como siempre. Y que estuviese tan cerca no hacía más que aumentar el efecto que tenía sobre él. Pero se acercaba, y se acercaba. Sentía la cálida respiración sobre su rostro, sin apartar los ojos uno del otro.

-Estúpido Naruto… -susurró Sasuke, a milímetros de sus labios.

Pero no se acercó más. Se quedó allí. Mirándole. Acelerándole las pulsaciones a Naruto, que en un momento de locura dejó de lado toda la parte consciente que le decía que saliese de allí. Y levantó la cabeza, uniendo a fin lo que inconscientemente sabía que tendría que unir.