Eclipse

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9. Fiesta en la Piscina

Era viernes, último día de la semana laborable. Pero éste no era cualquier viernes. Era la noche de la gran fiesta en la piscina de Eriol Hiraguizawa. Cada fin de primavera éste joven, miembro de una de las familias más adineradas de Japón y modelo de una importante firma de ropa, organizaba una gran fiesta para despedir la primavera justo una semana antes de que iniciaran las pruebas de fin de año.

Aquella fiesta era uno de los eventos anuales mas importantes de la sociedad escolar; la casa de Eriol era casi un palacio, y la piscina era un espectaculo a la vista y cada año era acondicionada para esta fecha con un tema diferente desde hacia unos cinco años.

La lista de invitados constaba de unos doscientos que en una escuela que tenia mas de mil estudiantes, era un grupo muy reducido. Esto era sin contar a los VIP's de la escuela que eran invitados, no con un simple papelito, sino que con visita en persona del mismo Eriol a la casa de los mismos para invitarlos formalmente.

Anna no era exactamente fanática de esos acontecimientos sociales, pero por ser la líder de las porristas tenia que ir, quisiera o no, como representación del selecto grupo. Iría con sus amigas más cercanas, Tamy y Pili y, con otras tres de las porristas que habían sido formalmente invitadas. Pero no llegaría puntualmente. No podía llegar temprano, no ella, que era una socialité en el ámbito escolar. Sólo los "comunes", por llamarlos de alguna manera, llegaban temprano. Pero tampoco era como si fuera a llegar media hora después, como las chicas rosadas con-complejos-de-Paris-Hilton, lo hacían. Unos quince minutos después de la hora acordada era perfecto.

Hao, por su parte había estado esperando este día "como el día en que Anna lo escucharía". Hoy se cumplía más de una semana desde que Anna había visto a Hao cariñoseándose con la chica aquella y, desde entonces, el había tratado de hablarle y explicarle todo, pero sin ningún éxito aparente ya que la chica había estado extremadamente esquiva y para colmo de males no coincidía con ella en ningún lugar. Por lo menos no estando a solas.

Hoy vería cómo se las arreglaría...

Habia llegado temprano y con la confianza que se tenia con Eriol habia conseguido entrar a una de las habitaciones que tenian una vista panorámica a la entrada de todos los invitados, así podría verla llegar e inmediatamente abordarla. Pensaba disculparse con ella, claro que intentando que tratando de humillarse lo menos posible. Había llegado a una conclusión después de analizar minuciosamente la situación, y ésta era que de ninguna manera podría volver a estar bien con ella si no había una disculpa de por medio.

Un lindo auto verde que le era conocido a Hao se estacionó frente a la entrada de la casa, era el vehículo que llevaba y traía a Anna a todas partes. Del carro se bajaron dos caras conocidas, eran Pilika y Tamao junto con otras tres chicas más que quizás conocía, pero que no recordaba. Era malo con eso de asociar rostros con nombres, pésimo a decir la verdad. Pero esa era otra historia. Ahora estaba más ocupado derrumbándose por dentro.

Y es que estaban todas las amiguitas de su Anna, pero ni rastro de ella, ¡no podia ser! ¿Acaso no vendría?.

Mierda

Apretaba los dientes mientras el ya mencionado auto se iba

—Maldita sea. ¡Coño!, la hora en que yo me ena... —sus palabras fueron interrumpidas por algo no normal. Cuando el auto verde anterior dio paso al siguiente, uno que el de melena reconoció sin saber muy bien de dónde. Era un auto morado, deportivo muy llamativo y de dos puertas.

Umm, ya lo recordaba. Pero lo que le extrañaba era la presencia del dueño en ese lugar. Es que Ren Tao no era de los hombres que asistían a esas reuniones sociales, el era, más bien del tipo no-gracias.

—Vendrá a... traer a Jun, quizás.— Su hermana Jun por su parte era una chica muy social y lo más probable es que Ren, como buen hermano, se había prestado a traerla.

El susodicho se bajó el auto, para más sorpresa de Hao, con ropas adecuadas para la ocasión. Pero los ojos del castaño se salieron de órbita cuando el pelimorado rodeó el deportivo y le abrió la puerta a cierta rubia en la cual él estaba muy interesado.

Su rubia. Su Anna. La mujer que lo traía de vuelta y media, venía a un evento social de esta magnitud con ese. Con ayuda del de ojos dorados se bajó del auto. Su cara era un monumento a la indiferencia, para variar.

— ¡Mierda!—dijo como por centésima vez, parándose de golpe del asiento que lo mantenía menos loco, una fuerte mano lo devolvió allí.

—No puedes ir y simplemente molerle la cara a golpes porque vino con Kyoyama.

—¿Quién dijo que no? —dijo girando la vista hacia Killua—. Desde que Hao había dicho la palabra mierda, la segunda vez, Killua ya sabía que algo no andaba bien. Sus sospechas fueron confirmadas desde que vio a la rubia bajando del auto de Tao. Comprendió de una todo lo que pasaba por la mente de su amigo.

—No puedes Hao, calma—. colocó sus dos manos en los hombros de Hao y empezó un suave masaje a un ritmo lento que luego de varios minutos logró calmar a la fiera que tenía delante.

—De tantos hombres en el mundo ¿por qué Ren Tao precisamente?

Ren era un chico tímido, aparentemente, que hacía lo posible por no sobresalir en nada, no le gustaba estar en frente de todos ni hacer ningún tipo de espectaculos, pero muy inteligente para su corta edad y era muy hábil, polifacético y sabía de todo un poco. Estaba fresco en la mente de Hao como "el maricón que casi me gana". Se habían enfrentado en varias ocaciones en diferentes disciplinas y si todo no terminaba en empate, Hao ganaba por pura suerte, cosa que hasta el mismo había aceptado.

—Hermano—dijo continuando el masaje—dijiste eso hace pocos días cuando salió con Yoh y lo vas a seguir diciendo sobre cada persona del sexo masculino que se le acerque con intenciones romanticas, porque en tu universo ella nació para ser sólo tuya.

—¡Es que es así! ¡Anna es mía! —se paró de golpe y el albino, impotente por un momento, pudo diferenciar la rabia y los celos en los ojos de su amigo de largos cabellos. Lo sostuvo del rostro y apoyó su frente con la de él, en un intento de calmarlo.

—Entonces no seas tan cabezadura, ve y lucha por ella, ¡dile lo que te pasa! Si eres tan hombrecito como para cogerte con cada muchacha que te pasa por el frente, sé también hombrecito para decirle lo que pasa, que estás hecho mierda sin ella y que quieres volver a tenerla cerca.

—Yo no me voy a doblegar a la voluntad de ella, además no sé qué decirle. Tú me conoces, me puedo estar muriendo y no me arrastro ante nadie.

—¿Quién dijo que tenías que hablarle? Hao, aquí el elocuente soy yo, tu eres el animal impulsivo, no te salen las palabras lindas de arrepentimiento—Hao sabía que su amigo tenía razón, y una absoluta razón.

—Necesito una cerveza—.Y usando esto como algún tipo de despedida, se marchó.

Anna se encontraba sentada cerca de la piscina, pero lo suficientemente lejos para que ni una gota le cayera cerca. Iba vestida de una forma irresistible, con una de las cientas de minis que debía tener. Ésta, en color rojo y tachones, una blusa blanca que se amarraba en el cuello y una zapatillas bajitas rojas con detalles en blanco. Un bolso de esos mismos colores y el pelo recojido en una trenza tejida en cuatro.

Cualquiera que los viera creería que se habían combinado, porque casualmente, Hao y ella vestían los mismos colores, sólo que al reves. Hao usaba unas bermudas blancas y una franela roja, sin mangas, que marcaba sus bien definidos pectorales y sus excesivamente bien formados brazos.

El castaño se entraba en la lejanía bajo unas palmeras artificiales acompañado por su fiel amiga, la botella, observando cómo el sujeto de ojos gatunos invadia SU territorio al estar al lado de Anna. Ella, por su parte, conversaba sin mucha emoción con su acompañante que cada vez que cualquier hombre se le acercaba actuaba como un bulldog malhumorado, lanzando miradas amenazantes a cada uno de ellos. Ren había accedido a venir sólo para evitar que Hao o cualquiera le fuera a lastimar. Ella estaba segura que nadie haría tal cosa pero no quería a Hao cerca.

Hacía ya tiempo, que Ren le había confesado a Anna que lo que sentía rebasaba por muchas cosas a una simple amistad hombre-mujer, ella le explicó que lo de ellos jamás pasaría a ser mas que eso, una amistad. Él, gracias a Kami, lo tomó de la mejor manera, convirtiéndose en su amigo, confidente y amante silente.

—Eres un perro idiota—una voz sacó a Hao de sus profundos pensamientos homicidas, era una voz altamente ofensiva y grosera, él la conocía pero seguía sin identificarla hasta que una chica de pelos azules se le paro en en frente.

—¿Gracias... por el cumplido? —sólo atinó a decir con una ceja que parecía con vida propia—supongo

—Escucha con atención subnormal, no pude evitar que mi amiga se enamorara de ti, tampoco pude evitar que en tu gran virilidad de mierda la traicionaras— el pelilargo intentó defenderse de las acusaciones, pero ella levantó un dedo amenazante y el calló. Últimamente estaba muy manejable—Déjame terminar, óyeme bien, no voy a dejar que se seque de tristeza porque a ti te dé la gana—decía con tal calma y seriedad que daba miedo—así que haz algo ¡¡a-ho-ra!!

—Si tu amiga fuera menos como es...

—¿No te gustaría tanto como lo hace? —dijo sin dejarlo terminar su idea

—Y... y si no tuviera a su perro con cara de estreñimiento al lado, quizás podría hacer algo.—La chica suspiró sonoramente

—Veo que te sobreestimé, Asakura, si dejas que Ren te detenga, jamás serás suficiente para mi amiga. Creo que me equivoqué... supuse que al menos serías más creativo—. Como último, la muchacha lo miró con desaprobación y se marchó. Pasó algo más de una hora y en la cabeza del castaño revoloteaban las últimas palabras de la boca de Pilika.

A ver Hao... ¿eres o no una gallina? ¿Eres o no el sujeto más decidido de la escuela? ¡¡ sí lo eres!!)

Una bonita joven de pelo corto conocida de vista para Hao le cruzó por delante

—Ammm disculpa...—dijo parandose frente a la chica haciendo que se detuviera, pero no pensó en que no se sabía su nombre…

Mierda

—Hola, Hao— dijo amablemente la chica de pelo corto quien pareció no darse cuenta de la batalla interna de Hao al tratar de recordar su nombre

—Hola—habló dejando de lado la cuestión del nombre—Oye, tengo que decirte algo sumamente importante, pero como es un tema tan delicado lo voy a decir todo de un golpe y espero que lo entiendas— la muchacha hizo de su rostro un signo de interrogación pero asintió invitando al chico a continuar—No sé si lo sabes, pero aunque no se note yo y Ren somos muy amigos— la chica alzó una ceja y se sonrojó ante la mención de Ren—Sí, sé que no lo parece, ese idiota, sabía que no me creerías. Mejor déjalo así—concluyó con una cara de frustración tremenda fingida, pero la chica, ni en cuenta. Y es que Hao había tramado un plan para quitarle un rato de encima de Anna a Ren—olvidalo ¿sí?

—Pero... no Hao, termina, lo que ibas a decir de él, ¿que no creería? —dijo con interés la muchacha.

—¿Estás segura? No quiero que vengas a pensar que soy un falso ni nada de eso—alegó alargando aun más el teatro para hacerlo más creíble.

—No, claro que no, anda dime ¿qué es lo que sucede con Len?—Hao -y media escuela- sabía que ésta chica estaba desde hace años entregada en devoción a Ren Tao, puesto que cada vez que le mencionaban ese nombre no sabía donde meterse el sonrojo.

—Bueno... —respiró profundo—la cosa es, que Ren me dijo que tu le gustas mucho—se detuvo mientras la muchacha sencillamente sobrepasaba el color rojo, volviéndose rojo vino para pasar al morado— pero con lo tímido que es, el mamón ese, me pidió que hablara contigo para que luego más tranquilamente, en un sitio donde estén los dos solospuedan hablar y eso—. La muchacha respiraba algo agitada ante la noticia que había recibido.

—¿Ha- hablas en- en serio? —tartamudeaba. Él la miró con ojos de: "obvio ¿acaso mentiría con algo asi?" Hao sabía que quizás le partiría el alma a esta chica cuando descubriera que era todo una farsa pero... el fin justificaba los medios y este era el único medio que se le ocurrió. La verdad el no era de los que se preocupara por lo que los demás sintieran, sonaba cruel, pero... la verdad es cruel.

—Bueh... la cosa es así: vas allá donde está y buscas la forma de estar a solas con él, porque me dijo que esa rubia insoportable no lo deja ser, y no sé, le plantas un beso a ver si asi afloja y te dice lo que le pasa.

—¡Gracias Hao! —la chica lo abrazó y el respondió como pudo.

—De nada, bonita—la muchacha se fue dando entre paso y salto en dirección a donde estaban Ren y Anna mientras Hao observaba, desde, relativamente lejos. La niña pareció saludar a Ren y de buenas a primeras le tomó de un brazo y paró de la silla, Ren lucia algo desorientado y sin darse cuenta ya era arrastrado suavemente del brazo de la pelicorta que tenía un semblante feliz. El peli morado sólo miró de reojo hacia Anna quien le guiñó el ojo con una diminuta sonrisa de cómplice.

—Parte uno del plan: éxito total, parte dos: en curso... —dijo para sí, escurriéndose hacia los vestidores en donde habían unos sujetos con máscaras indígenas vistiéndose para el espectáculo que se presentaría. Tenía conocimiento pleno del mismo porque había venido varias veces a casa de Eriol y los había visto ensayar la coreografia, eran unos movimientos aborigenes seguidos de algo de krump terminados en un techno bastante movido, para luego buscar alguien del público para hacerlos parte del espectáculo.

Se acercó a uno de muchachos...

La hora acordada de salir los bailarines a escena había llegado, todos esperaban con ansias a los profesionales que la familia anfitriona de la fiesta había contratado para la entretención de sus invitados.

Diez sujetos con cuerpos bien formados vestidos con pequeños taparrabos y grandes máscaras cubriéndoles los rostros, salieron luego de que una nube de humo cubriera parte del stage. Todo iba de acuerdo a como estaba planeado, y los invitados como era de esperarse estuvieron maravillados de un final por todo lo alto, los aplausos y algunos gritos de chicas con las hormonas revueltas no se hicieron esperar. Luego de acabada la música techno, y según lo previsto algunos de los presentes subieron al escenario. Uno de ellos se acercó a Anna quien sonreía desde lejos al ver lo graciosas que se veían esas preadolescentes calientes gritar y trepárseles a los pobres bailarines que luchaban por mantener el equilibrio.

—¿Por qué no se acerca? Lo disfrutará mejor de cerca—dijo el enmascarado— ¿Viene? —ofreció dándole una mano a la rubia quien estaba lo suficientemente tomada como para aceptar el gesto de simpatía que supuso en la poca cabeza que le quedaba, después de unos cinco "zombis" que había bebido era por que era la única que permanecía sentada a parte de los adultos.

Caminaron hacia el escenario donde luego de muchos "¡otro, otro, otro!" nueve de los bailarines se habían subido a hacer, a petición, otra de sus rutinas de baile. Pero al llegar a la orilla de la piscina -estando el escenario al otro lado- el enmascarado detuvo a Anna para mirarla bien de cerca, ella con lo poco de juicio que le quedaba se concentró en los profundos ojos de este sujeto que le parecían tan familiares.

¿Yoh? —fue el nombre que se escapó debilmente de los labios de la tomada rubia, a lo que el enmascarado negó con la cabeza y se soltó la larga cabellera que hasta entonces había tenido atada en una coleta y sostuvo de la cintura a la chica con firmeza.

—¿Quién soy? —dijo con voz firme pero algo triste, ella sonrió ladeando la cabeza.

—Eres... —acarició el pelo castaño— el idiota del que enamoré—ella intentó quitar la mascara pero el la detuvo a tiempo.

—¿Quién soy? —insistió

—Hao—repondió al fin, haciendo que el muchacho respirara profundo, ella empezó a quitarle la máscara hasta dejarle el rostro descubierto. Pasó sus finos y delicados dedos por su mejilla y el cerró los ojos como acto reflejo.

—Lo lamento—lanzó a gran velocidad.

—Lo sé—Anna sonrió malevolamente y lo empujó hacia la piscina, pero no contó con que él la tenía agarrada fuertemente por lo que los dos cayeron estrepitosamente al agua, causando que todos miraran.

Anna logró salir a la superficie primero subida por Hao y sin importarles el público empezaron a besarse con hambre allí mismo. Era su forma de decirse que se habían extrañado.

Con ayuda de Hao, Anna logró salir, algunos otros quisieron ayudarla pero Hao no dejó que nadie la tocara, Era sólo suya y ningún tipejo la tocaría y ¡menos! Asi mojada e irresistiblemente borracha como estaba. Pilika que había estado observando todo desde la caída, no pudo evitar reírse por dentro.

"No me equivoqué, después de todo" —fue lo que pensó ella

"Y tanto que se mataron... para terminar así" —ocurría, por otro lado, en la cabeza de Tamao

"Supongo que me dejará todas las mujeres a mi... qué triste... con lo mucho que me gusta compartir..." —Comentario sarcástico de Killua.

Luego, sin importarles el showcito y lo mucho que todos hablarían el lunes, se fueron juntos hasta el auto de Hao donde la rubia se recostó, aun con los efectos del alcohol en el coco.

—Te llevo a tu casa y... —no pudo terminar con su ofreciendo ya que la chica le había callado la boca con un beso.

—Vamos a tu casa, ésta noche... quiero estar contigo—susurró, al terminar el beso, a un oído con un tono erótico que Hao conocía a la perfección. La separó un poco levantando un ceja incrédulo—Claro... si quieres—completó la rubia por si acaso él no quería. Ante esto último, el castaño sólo alzó los hombros en señal de inocencia, abrió la puerta del pasajero de su lindo carro e invitó a su Anna a entrar.

Yo no voy a ser el que me niegue.

Chan Chan!! Eli chan... ¿seras capaz de ponerle a esto un lemon? No se todavia, es decisión de los lectores a los cuales les agradezco muchisimo cada uno de sus reviews y su paciencia al esperarme hasta que actualice, el proximo capi le pondra fin a este fic asi que continuen con sus reviews pk me encanta leerlos, me inspiran tanto que ni se imaginan. .. GRACIAS!!