Esta historia está enmarcada en torno al periodo de Cisma. Lobezno se encuentra en Estados Unidos luchando en varios frentes por aquello en lo que cree. A su vez Tormenta hace un tiempo que ha abandonado Wakanda tras la anulación de su matrimonio por parte de Pantera Negra.

Los personajes que aparecen en este relato pertenecen a Marvel.


IX

Le despertó el repiqueteo de la lluvia en los cristales. Se volvió hacia la mesita y miró la hora del despertador, la 1:35. Algo en su interior le dijo que esa lluvia no era natural así que se levantó de la cama, se vistió únicamente con unos pantalones de deporte y salió al oscuro pasillo.

Desde la planta de abajo le llegó el sonido de unos susurros. Bajó las escaleras hacia la cocina, cogió una botella de agua de la nevera y se dirigió al salón.

Se apoyó en el marco de la puerta y observó mientras se bebía el agua. El salón se encontraba a oscuras, como el resto de la casa, pero podía distinguir a contraluz a una pareja abrazada ante el ventanal que daba al jardín.

Ororo sollozaba en el hombro de Remy, el cuál la rodeaba protectoramente en sus brazos y la susurraba al oido. Fuera la lluvia seguía cayendo suavemente pero sin descanso.

Logan no pudo evitar apartar la mirada ante la intimidad de la escena que se estaba sucediendo.

Tras unos segundos notó que se soltaban de su agarre. Remy tomó la cara de Ororo entre sus manos y le secó las lágrimas del rostro con los pulgares. Ante este gesto Ororo no tuvo por menos que sonreír. Entonces sus labios se juntaron en un dulce beso.

Logan apretó la mandíbula inconscientemente.

La pareja se separó definitivamente y Remy se dirigió hacia la puerta en la que Logan esperaba mientras que Ororo salía al exterior y se sentaba en el escalón del ventanal.

Ambos hombres se cruzaron en el umbral sin apenas mirarse y se saludaron con un gesto casi imperceptible con la cabeza.

Otra vez solo Logan dudó mesándose el pelo distraído. No sabía si acercarse a ella o volver a su dormitorio. Una voz decidió por él.

-Puedes acercarte, no muerdo.

Con una medio sonrisa avanzó y se colocó de pie junto a ella. Fijó su mirada en la oscura silueta del bosque que se abría tras el jardín mientras la lluvia caía.

-Pensé que quizá querrías estar sola.

-La verdad es que ahora mismo prefiero estar rodeada de amigos. Ya he pasado mucho tiempo sola.

Observó de reojo como se acomodaba subiendo las piernas desnudas y abrazándose a ellas. Únicamente llevaba una enorme y vieja sudadera gris que Logan reconoció como perteneciente a Peter "Coloso". Apoyó la cabeza en las rodillas y volvió a parecer absorta.

Él se sentó a su lado.

-¿Estás bien, cariño?

-Sí, la verdad es que sí...

-Pues no lo parece -contestó él indicándole el cielo con un movimiento de cabeza.

Entonces ella pareció ser consciente de cuanto le rodeaba.

-¡Oh! -exclamó. -Lo siento.

Alzó la vista a la noche nublada, ahora con ojos blancos y brillantes, y a una orden suya la lluvia se detuvo y el cielo se despejó. En el firmamento brillaba una enorme luna llena.

Ambos la observaron sonriendo. Una suave brisa empezó a soplar y ella cerró los ojos ante su caricia.

Logan dejó de observar la luna para pasar a mirarla a ella. Sus largas pestañas negras, sus labios sonriendo a la naturaleza, el cabello recogido en un moño descuidado cuyo color competía con el brillo de la luna... Recordó la primera vez que la vio en el despacho de Xavier. Tan silenciosa y orgullosa junto a la chimenea. Altiva como si realmente pensase que era una Diosa. Kurt y Peter no podían dejar de mirarla. No le había caído bien, no le gustaba que le mirasen por encima del hombro. Pero con el paso del tiempo pudo ver más allá de esa fachada autoimpuesta, y encontró a una niña asustada y solitaria cuyo fuertes principios eran lo que le permitían seguir adelante y nunca rendirse. Tan parecida y a la vez tan diferente a él...

-¿Algún veredicto? -preguntó riendo volviéndose a él. Él se sobresaltó y esperó que con la oscuridad ella no hubiese notado que se había sonrojado.

-¿Me preguntaba...?

-¡Desenfunda! -dijo ella en clara alusión a sus garras.

-¡Esta noche estás chistosa!

Ella rió y se agarró a él apoyando la cabeza en su hombro. Logan a su vez la rodeó protectoramente con su brazo.

Tras unos segundos en silencio ella habló.

-Me molesta su actitud.

Logan no dijo nada, sólo escuchó.

-Me molesta cómo utiliza a las personas para su beneficio. Cree a rajatabla en "el fin justifica los medios". Sé que todo lo hace por el bien de Wakanda y de nuest-, su gente. Pero no se da cuenta de que las personas también son importantes. Son las personas las que conforman su reino.

Logan apoyó los labios en su cuero cabelludo y la atrajo más hacia él.

-Todo por y para Wakanda, pero no pudo entender que mi "Wakanda", por lo que he luchado tanto y que es parte de mí, son los X men. No lo entendió entonces, y no lo hace ahora. Me dice que me quiere, pero como no sigo sus ideales únicamente, lo que él piensa que es lo mejor, borra de un plumazo nuestro matrimonio. ¡Otra vez deja a las personas en segundo lugar! La cabeza antes que el corazón...

Esto último lo susurró, y Logan no pudo dejar de notar un nudo en la garganta.

-Y tú, ¿aún le quieres?

Ahí estaba, la pregunta del millón. Había escapado de sus labios sin pretenderlo, pero sabía que no podía dejar las cosas así. ¡Quién le viese ahora!¡El gran Lobezno nervioso como un colegial ante su primer amor!

Ororo se quedó pensativa un instante. A él le parecieron siglos.

-No, creo que no. Le tengo cariño, pero no estoy enamorada de él.

El peso de su estómago desapareció de golpe y sus labios dejaron escapar el aliento el cual no era consciente que hubiese estado reteniendo.

Entonces ella se soltó de su agarre y se puso de pie ante él en la nieve. Con una sonrisa empezó a calentar las piernas y a hacer estiramientos.

-Y si no te importa Logan, Remy ya me ha psicoanalizado suficiente por esta noche. Ahora sólo hay una cosa que quiero hacer y en la que sólo tú puedes ayudarme.

-¿Y qué es esa cosa, cariño? -preguntó él alzando una ceja y con una sonrisa lobuna sin poder dejar de observar las largas piernas morenas de su amiga.

-¡Quiero correr! Desaparecer en el bosque y olvidarme de toda civilización por un rato. Sólo naturaleza y nuestros instintos.

Él sonrió más abiertamente levantándose y saliendo también al jardín.

-Sabes que mis instintos son de un cazador, ¿verdad Ro?

Ella le sonrió con picardía mientras se quitaba la sudadera y la lanzaba al interior de la casa, quedándose únicamente con una camiseta de mangas cortas y unas braguitas de algodón a juego.

-¡Cuento con ello! Ahora veremos si mi vida como parte de la realeza no me ha oxidado.

-Muy bien Ro. Te doy cinco minutos de ventaja.


No había terminado la frase y ya había desaparecido en el bosque. Rió y saltó feliz entre ramas y rocas. Sus pies descalzos apenas tocaban la nieve virgen y a su alrededor podía oír cómo los diminutos animales huían a su paso. ¡Cuánto había echado de menos esto! ¿Cuánto hacía que no dejaba salir su lado más salvaje, aquél que amaba la naturaleza y estaba en sintonía con la Madre Tierra? Al principio de unirse a los X men, corría por los terrenos en días de lluvia y nadaba desnuda todas las noches bajo la luz de las estrellas, pero sus actividades junto con el resto del equipo y las "normas sociales" terminaron cambiando sus hábitos. Se concentró en los X men... y su invernadero. Aún así, algunas noches, sobretodo en las de luna llena, Logan le tiraba piedrecitas a la ventana para que saliese. Ella volaba al suelo, hacia el gran sauce bajo el que le esperaba fumando un cigarro. Y corrían por el bosque sin apenas hablar, o le enseñaba nuevos lugares descubiertos en sus propias escapadas. ¡Sólo él parecía saber la importancia que tenía para ella este lado suyo! Los demás únicamente parecían ver a la seria y responsable Tormenta.

El ulular de una lechuza le sacó de su ensimismamiento. Llevaba más de quince minutos corriendo y Logan debía de estar ya en camino, así que se concentró en su entorno. Lo primero que hizo fue cambiar la dirección del aire para que no le llegase ningún olor suyo y a continuación trepó a un árbol y saltó de rama en rama para no dejar huellas en la nieve. Sin aliento se sentó en una rama oculta de la luz de la luna y esperó. Poco tiempo pasó cuando oyó a alguien corriendo en su dirección. Gracias a su visión mejorada pudo ver en la oscuridad como Logan entraba en un claro. Se detuvo y olisqueó el aire. Ella contuvo el aliento, observando. En esos momentos el que le perseguía no era Logan si no Lobezno. Sus movimientos, su forma de observar alrededor suyo...era como ver a un lobo cazando. Se mordió el labio, nerviosa y maravillada a la vez. No podía evitarlo, pero le atraía verle en modo cazador.

Él volvió ligeramente la cabeza en su dirección, como escuchando y le pareció ver que sonreía, pero tan rápido como llegó desapareció tras unos matorrales.

Triunfante Ororo saltó silenciosamente al suelo y corrió en dirección contraria. Se detuvo al oír un ruido a su espalda.

Silencio.

Una rama que se rompe a su derecha. Vuelve a correr en la otra dirección. Su ritmo cardíaco se acelera y su respiración se hace más pesada. Los pelos de la nuca se le ponen de punta. Sabe que la ha localizado y que no anda lejos. Corre más pesadamente para dejar huellas profundas en la nieve en una dirección, salta sobre unas rocas, de ahí de nuevo a un árbol y vuelve sobre sus pasos. Se esconde tras un enorme tronco lejos de la claridad del cielo y espera. Tras unos minutos un veloz Lobezno pasa corriendo siguiendo las falsas pistas y se vuelve a internar en la oscuridad.

Esperó a recuperar el aliento y escuchó. No se oía ningún sonido. Sonriente se atrevió a asomarse.

-¡Te engañé vaquero! -susurró al no ver nada. Iba a ponerse en marcha de nuevo cuando, tras ella, oyó el suave sonido de la nieve virgen al ser pisada.

Se volvió rápidamente, aunque no lo suficiente, sólo para notar como la cogían por las muñecas en alto y la presionaban contra el grueso tronco que le había servido de escondite.

-¿Estás segura? -preguntó Logan triunfante.

Su rostro estaba exultante, muy pegado al de ella. Sonriente, mostrando los colmillos, como un animal alardeando ante su presa. Pasaba la mirada divertido de sus ojos a sus labios, y por un momento, ocultó el rostro en su cuello oliéndola.

Ella cerró los ojos dejando escapar un suspiro inconsciente. Él apretó más su cuerpo y pudo notar su ancho pecho sudoroso por el esfuerzo, subiendo y bajando por la respiración aún no recuperada. Y no sólo eso, notó también una leve presión de su fuerte miembro.

En ese momento la lamió el cuello y un escalofrío la recorrió de arriba a abajo.

De repente, él abrió los ojos sobresaltado, la soltó de golpe y se separó.

-Lo siento Ro -se disculpó pasándose la mano por el pelo y mirando al suelo. -Eres una de las únicas personas que ha visto esta cara de mí, el animal salvaje, y sabes que a veces me es difícil mantenerlo a ralla...

Su cuerpo actuó sin que ella fuese consciente de ello. Sin dejarle terminar la frase se lanzó a sus labios.

-No tienes que luchar por mí con tu lado salvaje -le susurró sin dejar de besarlo. -Me gustas tú al completo, Logan y Lobezno - y le daba un beso a cada nueva palabra. -El cuerpo y el alma. El hombre y... el animal.

Ante esta última palabra, y tras unos segundos de incertidumbre, él la agarró del rostro y comenzó a besarla a su vez. Sus besos eran fieros y duros, y sus lenguas no tardaron en luchar en el interior de sus bocas. Con un fuerte empujón y algo de ayuda de sus vientos Ororo lanzó a Logan contra el tronco. Él levantó una ceja observándola. Ella le sonrió quitándose la camiseta y lanzándola lejos, dejando sus tersos pechos al aire. Logan sonrió y se lamió los labios y colmillos con apetito. Ella se lanzó a sus brazos golpeándole de nuevo contra el tronco.

-Si no tuviese factor curativo mañana me levantaría lleno de moratones, cariño - rió en boca.

Sus bocas se fundieron de nuevo, y con otro brusco movimiento, ahora era la espalda de ella la que se encontraba contra el árbol.

-¡Diosa! -exclamó Ororo cuando Logan empezó a besarla el cuello con avidez y a bajar por el hombro, la clavícula, el pecho...

Sus manos se movían diestramente por su cuerpo, al igual que su lengua, que ahora jugaba con uno de sus oscuros y duros pezones.

Se mordió el labio y arqueó todo su cuerpo ante el contacto de su lengua, y no pudo dejar de escapar un sonido de rabia cuando él se detuvo.

-Ro, eres preciosa - le susurró él besándola de nuevo el cuello y la oreja.

Sus caderas entrechocaban dolorosamente.

Sus manos comenzaron a trabajar de nuevo. Bajando por sus suaves costados hasta las caderas. En un rápido movimiento se introdujeron por dentro de las bragas de algodón para masajear sus nalgas y en un visto y no visto cayeron al suelo.

Ella le atrajo de nuevo a su boca, sujetándole firmemente con una mano de la nuca. Con la otra fue dibujando sus musculosos brazos, el fuerte bello del pecho, los marcados abdominales ... Al llegar ahí él se retiró un poco sonriendo.

Ella alzó una ceja divertida.

-¿No me digas que tienes cosquillas?

-¡Ni una palabra de ello! -le gruñó sonriéndola.

Él se pegó más a ella cuando consiguió despojarse de los pantalones y fue separando sus piernas con maestría. Entonces, bruscamente la agarró por debajo de las nalgas y la levantó sin apenas esfuerzo. Ella le respondió rodeándole con sus largas piernas. Sus ojos se encontraron unos instantes, llenos de lujuria y pasión. El ritmo de sus besos aumentó. Besos, mordiscos, lenguas ... y del mismo modo agresivo y salvaje en que la había levantado se introdujo en ella.

-¡Logan! -exclamó Ororo agarrándose fuertemente a sus hombros echando la cabeza hacia atrás al notar la fuerte embestida.

Un relámpago iluminó el cielo.

Él gruñó satisfecho y cerró los ojos extasiado.

Unas gotas de lluvia empezaron a caer cuando comenzó a moverse dentro de ella.

Los besos se alternaron con los jadeos y los gruñidos. El ritmo fue aumentando, y con él la lluvia que caía.

Las embestidas se hicieron cada vez más duras. Dolor y placer a partes iguales. La corteza del árbol arañaba su inmaculada espalda, pero le daba igual, al contrario, la excitaba. Sus uñas arañaban los musculosos hombros de Logan y él jadeaba más en respuesta.

Más rápido y cada vez más fuerte. Los gemidos más seguidos, así como la cercanía en tiempo de un relámpago con otro indicaban que se acercaban al éxtasis.

Eran ajenos a la lluvia que caía y se mezclaba con su sudor.

Sus piernas se cerraron más fuertemente en torno a su cuerpo, intentando acercarlo lo más posible a ella, si es que era posible.

-¡Logan! -jadeó aferrándose a su cuello. -¡Diosa!

Un orgasmo la golpeó haciéndole curvar todo su cuerpo. Pero él no se detuvo.

-Roro, -gruñó escondiendo su rostro en la unión del cuello y el hombro. Sus empujes eran duros y rápidos, y tras unos segundos llegó al clímax dentro de ella, arrastrándola a un nuevo orgasmo. -¡Ro!

Aún permanecieron un momento el uno agarrado al otro, jadeando, regulando la respiración, dejando que la lluvia les purificase. Y él la beso dulcemente bajándola al suelo. Los labios, el rostro, el pelo. Ella rió abrazándole.

-¿Dónde has estado tanto tiempo?

-Perdido...