-¡Qué tarde es!- Dijo Regina al mirar su reloj.
-Puedes quedarte a dormir.- Dijo y vio como Regina alzaba una ceja.- En la habitación de invitados.- Explicó la rubia.- Aunque si lo deseas puedes dormir en la principal, la propietaria estaría encantada de tener algo cálido a lo que agarrarse cuando tuviese frío.- Bromeo entonces Emma haciendo que Regina enrojeciese un poco.
-Creo que lo mejor será volver a mi casa.- Dijo Regina que sabía no que no se podría contener demasiado con la rubia cerca.
-No voy a permitir que salgas a estas horas de la noche.- Espeto Emma como una orden irrefutable.
-Vale, pero echaré el pestillo por dentro.- Soltó Regina en tono de broma.
-¡Mierda!- Espetó Emma siguiendo la burla de la morena.- Es una broma, no tenía pensado colarme en mitad de la noche buscando el calor de tu precioso cuerpo.- Dijo mirando fijamente a la morena que volvió a sonreír por las ocurrencias de la rubia.
-¿Seguro?- Preguntó Regina levantando una ceja.
-Casi.- Bromeó de nuevo la rubia.- Te enseño la habitación.
Emma avanzó por el pasillo seguida muy de cerca por Regina que se sorprendía con la calidez que desprendía la casa de la rubia. Todo en colores cálidos y cuadros sumamente originales y a la vez bonitos. Además de tener un toque que parecía muy suyo.
-Este es mi dormitorio, sólo como dato curioso.- Le dijo guiñándole un ojo.- Este es el tuyo.- Dijo entonces abriendo la puerta que había un poco más adelante.
-Me gusta mucho tu casa.- Aseguró Regina mirando todo a lo que hay a su alrededor.
-Gracias.- Dijo entonces Emma sonriendo.- Aquí hay un pequeño baño.
-Gracias.- Dijo Regina que se sentía bastante incómoda en ese momento.
-Ahora te traigo alguna camiseta para que puedas dormir más cómoda.- Aseguró Emma saliendo lentamente del cuarto.
Regina se quedó contemplando la habitación, Emma volvió unos minutos después con varias prendas de ropa que dejó sobre la cama marcharse unos segundos más tarde para poder dejarla cambiarse y descansar.
La morena se acostó en la cómoda cama, no llevaba más de una hora durmiendo cuando escucho ruidos en el salón, pensó que sería Emma la que estaba fuera pero al ver que los ruidos seguían persistiendo decidió salir para comprobar si era así.
Emma estaba sentada en el sillón, hablaba con Bob que estaba tumbado a su lado. Estaba de espalda por lo que Regina no podía verle la cara pero por su tono de voz se podía adivinar que estaba llorando.
-Sabes Bob. Me encanta mi trabajo pero en días como estos preferiría seguir trabajando de camarera o de recepcionista, aunque esto me da algo más de dinero.- Dijo riendo con su propia broma. – Creo que voy a buscar otro café porque no voy a poder dormir, te invitaría a uno pero creó que a ti no te gustaría.
-Tal vez a él no pero a mí sí.- Dijo Regina acercándose al sofá sorprendiendo un poco a Emma.
-Siento haberte despertado.- Dijo Emma levantándose del sillón para mirar a la mujer.
-No te preocupes, deberías haberme despertado.- Aseguró entonces la morena cogiendo una de las manos de Emma para dirigirla hacía el sofá.
-No quería molestarte, ya has hecho bastante por mi.- Dijo la rubia sentándose donde antes estaba Bob.
-Ven aquí.- Regina abrió los brazos y la recibió para que se apoyase en su pecho.
-No me agrada que me veas así.- Dijo Emma ya refugiada en los brazos de la morena.
-Eres humana, Emma y es normal tener días malos. Me alegra poder estar aquí.- Aseguró entonces Regina retirando los cabellos rubios que rozaban su cuello provocándole cosquillas.
-No soporto tener días malos.- Dijo más en broma que en serio.
-¿A quién sí le gustaría?- Preguntó Regina tranquilamente.
-No lo sé.- Contestó con sinceridad.
-Yo también tengo días así, en los que lo último que te apetece es levantarte. Después de mi divorcio pasé más de dos semanas sin salir de mi casa, preocupé a mis padres y a mi hermana hasta el punto de llamar a la policía para que viniesen a buscarme.- Confesó la morena algo que no le había contado a nadie. Emma había comenzado a acariciar su mano mientras hablaba.- Perdí más de 15 kilos, deje de comer, de beber, de dormir, parecía un muerto en vida.- Aseguró Regina que al recordar esa etapa tuvo un escalofrío.
-No tienes que contármelo si no estás lista.- Dijo Emma al ver a que Regina le costaba seguir.
-Es que es la primera vez que se lo cuento a alguien.- Confesó la morena acariciando la espalda de la rubia.- No sabía qué hacer con mi vida hasta que un día me levante y cambié, decidí volver a vivir porque los días malos pasan y con el tiempo son ocultados por los buenos, o al menos eso me gusta pensar.- Aseguró Regina.
-Eres una mujer muy fuerte.- Dijo entonces Emma, lo pensaba realmente.
-No te creas, todavía hay días en los que vuelvo a ese momento, en los que me mata la conciencia y en los que los miedos se apoderan de todo.- Habló con toda sinceridad la rubia.
-¿Por qué fue el divorcio?- Preguntó pues ya no podía esperar más.
-Supongo que una mujer 10 años más joven y más ingenua tienta a cualquiera.- Dijo sin más la morena pero Emma entendió a la perfección.
-Estoy agradecida a esa mujer.- Confesó Emma con una sonrisa.
Regina separó un poco el cuerpo de Emma para poder mirarla a la cara, no había entendido a que se refería la rubia. La ceja arqueada le dejo muy claro a Emma que no había entendido nada de lo que le había dicho.
-¿Estarías aquí si siguieses casada?- Preguntó Emma volviendo a la misma postura que estaba antes.
-Supongo que no.- Dijo entonces Regina que ya captaba por donde iba el asunto.
-Entonces le estoy agradecida.- Aseguró de nuevo la rubia.- Fue una imbécil por dejar a semejante mujer pero que sepas que yo no pienso dejarte escapar.- Añadió acariciando de nuevo la mano de Regina.
-Siempre tan directa, doctora Swan.- Dijo entonces Regina con una sonrisa en sus labios.
-Siempre he tenido las ideas claras.- Aseguró entonces Emma sin mirar la cara de Regina.- No me gusta dejar pasar las cosas buenas que entran en mi vida. Creó que tú eres algo bueno y me agarro a ello.- Dijo de Emma dejando que su cabeza cayese sobre las piernas de la morena y la mirase ahora sí a los ojos.- Además de que me pone mucho eso de doctora Swan.- Añadió a modo de broma.
-¿Esta cómoda?- Bromeó Regina con una sonrisa ignorando su comentario anterior.
-Mucho.- Dijo Emma notando las caricias de Regina sobre su pelo.
-¿Puedo preguntar por lo que le estaba contando a Bob?- Preguntó Regina sutilmente.
-¿Sobre?- Preguntó Emma que no entendía que sucedía.
-Sobre lo de ser camarera y eso…- Dijo Regina que seguía con sus tranquilizadoras caricias.
-No he tenido una vida fácil.- Contestó Emma aunque su pequeña sonrisa tranquilizo a la morena.- Mis padres me abandonaron cuando tenía 2 meses, me he criado en orfanatos, como los que hoy subvencionas o en los que yo trabajo. Antes de poder ser medico tuve que trabajar de casi de todo para no sólo poder pagarme la carrera sino la comida.- Dijo entonces Emma mostrando una sonrisa.
-Eres una mujer que se ha hecho a sí misma y eso me gusta.- Confesó Regina que agachó la cabeza y dejó un suave beso en los labios que Emma correspondió con satisfacción.
-¿Qué te sucedió?- Preguntó Emma una vez que se había separado de la morena. La rubia señalaba la pequeña cicatriz que había en su labio.
-Me caí cuando jugaba con mi hermana cuando era pequeña y me quedé con esa fastidiosa marca.- Dijo entonces Regina recordado el accidente.
-¿Fastidiosa?- Preguntó con ironía Emma- Fabulosa más bien.- Dijo entonces la rubia contenta.- Me hechiza verla y sobre todo me cautiva besarla.
-Siempre tan sincera.- Dijo Regina bromeando también.- Me acomplejó mucho cuando era un adolescente, luego lo olvidé.- Le contó a la mujer.
-¿Pero te has visto?- Preguntó Emma como si fuese lo más obvio del mundo.- Te lo he dicho muchas veces y no me cansare de hacerlo, estas buenísima.- Soltó provocando una gran carcajada de los labios de Regina.- Eres preciosa, me cautivaste desde el primer momento en que te vi.- Confesó de nuevo.
-Eres una zalamera.- Dijo Regina.- Ya has conseguido besarme no tienes que seguir insistiendo.- Bromeó de nuevo.
-¿Bromeas? Por otro beso tuyo hago lo que sea.- Aseguró con una sonrisa pícara en sus labios.
-Creo que una copa de vino no me vendría mal, después de todo estamos tratando temas bastante peliagudos.- Dijo entonces Regina.
-Vale, ya vuelvo.- Se levantó corriendo en dirección a la cocina.
Regina se rió entonces al ver los movimientos de la rubia, realmente era adorable y conocer un poco más de su historia hizo que se sintiese bien y que se abriese esa puerta que ambas quería que se abriese, Regina conseguía así dejar su miedo a un lado y Emma conseguía acercarse a ella.
-Ya estoy.- Dijo volviendo con una copa en su mano.
-¿No tomas?- Preguntó Regina al ver sólo su copa.
-No, no quiero tener resaca mañana.- Aseguró entonces la rubia que volvió a la posición que tenía antes de levantarse.
-Su trabajo es más exigente que el mío.- Dijo entonces la morena dando un sorbo a su copa.
-Es distinto.- Dijo sin más la rubia.- ¿Dónde está mi beso?- Preguntó entonces Emma que no había olvidado para nada lo que había dicho antes.
Regina dejó la copa en la mesa que estaba al lado del sillón y se agachó para volver a unir sus labios con los de la rubia. Emma paso su mano por la cabeza de la morena y la acercó aun más a ella, las dos danzaban y se movían al compás. Sus respiraciones se aceleran y sus cuerpos solicitaban más, Emma no estaba segura de sí debería continuar o esperar pero su cuerpo se movía más por instinto que otra cosa.
-¿Puedo seguir?- Preguntó entonces Emma que se había despegado un poco para coger aire.
-¿Quieres seguir?- Preguntó también Regina que se recuperaba de la agitación del momento.
-Lo deseo con toda el alma pero no quiero presionarte, entiendo que necesites más tiempo.- Dijo entonces Emma levantándose para quedarse sentada pero mirando intensamente los ojos de la morena.
-Eres totalmente irresistible, Emma Swan.- Soltó Regina pasando sus manos por el cuello de la rubia para acercarla violentamente hacía sus labios.
Emma se levantó de sillón apretando sus manos contra las caderas de la morena. Las dos iban besándose con pasión y deseo casi con ansias. Las camisetas de ambas volaron antes de llegar al dormitorio de la rubia, era Emma la que llevaba el control, entre otras cosas porque era ella la que conocía mejor que nadie su casa y así evitaba que se chocases pues no se había separado ni por un segundo.
-¿Sigo?- Volvió a preguntar Emma que estaba a punto de quitarle los pantalones que se había puesto para dormir.
-¿Por qué la pregunta?- Preguntó Regina que no entendía que si había conseguido llegar hasta ahí porque se detenía.
-Porque no quiero que mañana te arrepientas de esto y desaparezcas.- Dijo entonces haciendo que Regina sonriese amablemente.
-Continua.- Dijo sin más.
Emma deslizó la ropa hacía abajo para dejar a Regina completamente desnuda ante sus ojos totalmente hipnotizados por su belleza. Regina al sentirse en inferioridad también se acercó a la rubia y se deshizo de su ropa. Las dos se separaron un poco y comenzaron a devorarse con los ojos, Emma tenía la piel pálida y contrastaba con el moreno que lucía el cuerpo de la empresaria. Ambos cuerpos eran totalmente envidiables y ahora estaban a punto de conocerse y de tocarse como tanto estaban deseando.
Fue Regina la que rompió primero el espacio que había entre ambas. Las manos de la morena se posaron sobre el estomago de la rubia y comenzó a subir sus manos y a acariciarle lentamente todo su cuerpo, disfrutaba viendo el cuerpo de Emma reaccionando bajo sus manos. La rubia no se había movido, la sensación de tener las cálidas manos de Regina sobre ella la tenía magnetizada y no quería que se acabase por lo que la dejo que descubriera su anatomía además de que perdiese cualquier recelo que pudiese tener sobre la situación que estaban viviendo.
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