—¡¿Cómo fue que no interceptaron a tiempo estas cosas?!
Una muy airada Heloise, sosteniendo una de las esferas caídas, convocó una reunión de emergencia en la casa de Jimmy. Estaban presentes los escoltas que fallaron en la misión de protegerlo, un muy triste Cerbee y Molotov.
—Lo lamentamos —dijo uno de los escoltas —. Aparecieron desde el cielo y su ataque ocurrió en cosa de segundos. No fuimos capaces de reaccionar siquiera.
La de traje carmesí reflexionó, en parte, sentía que contribuyó en el error que llevó a su captura.
—Debí haberlo pensado, me confié al no proporcionarles equipo avanzado. No preví que nuestro enemigo tuviera un equipo tan sofisticado, algo que solo podría hacer…
En un instante, todas las respuestas que necesitaba saber fueron resueltas al imaginarse al posible enemigo detrás de todo. Alguien que creía muerto en el tiempo que Mysery Inc., luego que haber caído hasta el fondo de su miseria y a punto de desaparecer, se sobrepuso a todos los obstáculos y recuperó la antigua gloria que había perdido.
Heloise mostró una sonrisa sádica, aun con el agravante del secuestro.
»Cuando creía que habían cosas imposible en Myseryville… ¡Guardias, traigan a Dorkus! ¡También a Schrödinger! Ambos nos serán útiles, porque iremos de visita… al escondite del doctor Sehnsucht.
—ΜΛΦΛΜ—
Sentado en una silla de madera color blanco, amarrado de pies a las patas y sus manos tras la espalda, Jimmy yacía inconsciente. Estaba en una enorme sala oscura, iluminada únicamente por un foco sobre su cabeza. En aquella oscuridad, un hombre de negro apareció con un enorme pescado de 4 ojos en su mano, el que desprendía un olor nada agradable. El de negro le acercó el pescado al humano rubio, cerca de su rojiza nariz, la cual se encogía mientras emitía un sonido de respiración acortada en su interior. Al instante, Jimmy movió su cabeza:
—¡Puaj! ¡Qué mal olor!
—¡Gracias por herir mis sentimientos, desconsiderado! —dijo el pescado, con voz rasposa—. ¡Pero ven conmigo al mar, seguro no dirías lo mismo, porque los de tierra no tienen su olfato tan desarrollado como nosotros, los del agua! ¡A ver si te atreves a decir algo debajo de…! ¡Oye, oye, ¿qué estás haciendo?! ¡AH!
El hombre de negro, un repli-cat, llevó el pescado hacia su hocico y, sin siquiera mascar, se lo tragó de una sola vez.
—Delicioso —dijo.
—Vaya que tienes un sueño pesado, Jimmy.
El rubio, con cansancio como si no hubiese dormido bien una siesta, reconoció esa voz. Miró hacia su costado izquierdo y se encontró con un sonriente Beezy, aunque exactamente en la misma situación que él.
—¡Beezy!
—Traté de despertarte durante varios minutos.
El humano echó un rápido vistazo a su frente y vio a su captor.
—¡Oye, eres uno de los hombre de negro que estuvo en la casa aquel día!
El cara de gato miró con indiferencia.
—Este equivocado, chico de las estrellas. Enfrentaste a mis hermanos ese día, somos de la misma sangre, creados de los mismos genes. Nuestro padre, el doctor Sehnsucht nos dio la vida y un propósito de existir.
—El doctor… ¿quién? —preguntó Beezy.
—Guarda silencio, que ahora viene la parte triste. El plan iba perfecto, teníamos los implementos para cumplir el sueño de conquistar las estrellas. Si lo lográbamos, tendríamos la posibilidad de viajar a otras dimensiones, incluso, a otros planos de la creación. Tendríamos la posibilidad de encontrarnos con criaturas fuera de toda comprensión. Según las malas lenguas, se dice que la mismísima Heloise encontró a un antiguo dios triangular en uno de sus experimentos y lo derrotó. Parece imposible de creer, pero con ella, nada se sabe.
—¿A quién? —dijo Jimmy.
—Calla, que aún no termino. Fue ahí cuando llegaste tú, a arruinarlo todo. Por tu culpa, Heloise se enteró que le robamos su preciada bitácora y ahora puede destruir nuestro plan.
—Oh, cuánto lo lamento —dijo Jimmy, con expresión de arrepentimiento—. ¿Qué puedo hacer para enmendar el daño?
—El daño ya está hecho, niño. Nada puedes hacer para recibir el perdón. Ahora, ¿estás preparado para recibir el mayor castigo que hayas recibido en toda tu vida?
—Oigan, ¿y dónde está Heloise?
El hombre de negro se molestó por ser interrumpido por su víctima.
—No está. Ahora, ¿estás preparado para recibir el mayor castigo que hayas recibido en toda…?
—¿Y dónde está Cerbee?
Jimmy miró a todos lados, y al mirar a Beezy, éste se encogió de hombros.
—Tampoco está. Ahora, ¿estás preparado para recibir el mayor…?
—Tampoco está Sammy.
—¡Que no! ¡Ahora, ¿Estás…?!
—¡Ya es suficiente!
Se escuchó una voz con un marcado acento alemán, la cual detuvo las acciones del gato vestido de negro. Mientras se escuchaban unos pasos, el último se posó rígidamente para recibir a su amo. En la oscuridad, apareció un hombre anciano, vestido con delantal de científico, tenía una enorme cabeza con cabello negro abultado a los lados, mas nada sobre su cabeza. Su piel era pálida, su diminuta nariz adornaba un casi delineado bigote negro y sus diminutos lentes le impedían a cualquiera notar de lejos sus pupilas de serpiente.
Él era el verdadero causante de todo. Él persuadió a Dorkus de colaborar en su causa, sabía que el asistente tenía un fuerte rencor hacia su jefa y usó ese factor para convencerlo, ya que era pieza importante para acabar de una vez por todas con su rival.
»Estos clones, cada vez resultan más sentimentales. Puedes irte.
—De inmediato, señor.
El repli-cat caminó rápido, con rumbo desconocido para Jimmy, porque la oscuridad de la sala no le dejaba distinguir lo que había a su alrededor.
—Así que tú eres el ser interdimensional que arruinó todo mi plan perfecto.
—¿Y quién es usted, señor?
—Que descortesía de mi parte. Permíteme presentarme: soy el doctor Sehnsucht, «el científico».
—¿Sen… qué?
—¡Sehnsucht! Deberías tomar en cuenta ese nombre, porque será recordado como el nombre del único que pudo acabar con el reinado de Heloise.
—Oiga, ¿no que era Lucy, el papá de Beezy, el rey o algo así? —Jimmy miró a su amigo, y este le asintió.
—¡Patrañas! Lucius VII es la vergüenza de su linaje, lejos de sus antecesores. Heloise es la verdadera mano que gobierna este mundo. De no ser por ella, Lucius estaría viviendo en la basura.
—¡Oiga!... —exclamó Beezy, para luego poner una expresión pensativa en su rostro —No, ahora que lo dice, tiene razón sobre mi papá.
—¿Y porque le desagrada tanto Heloise?... No, ahora que lo pienso, no es necesario responder esa pregunta.
El doctor, pasando por alto lo último que dijo Jimmy, decidió hablar:
—Heloise… Antes de su llegada, yo era considerado el mayor genio en la tierra de la miseria, solo superado por mi maestro, el gran doctor Taxidorn.
Jimmy miró a Beezy con duda.
—Oye, ¿conoces a ese doctor del que habla?
Beezy solo sacudió su cabeza a modo de negación.
—¡Pero tuvo que llegar ella a este mundo! Heloise se alió con Lucius y se atrevió a enfrentarme... ¡a mí!. Hizo lo imposible en ese entonces: Salí derrotado, y en innumerables ocasiones; luego enfrentó a mi maestro y acabó con él. En nuestro último enfrentamiento, casi me destruyó, pero sobreviví milagrosamente. Aprendí de mis errores, comprendí mis limitaciones, no puedo enfrentar a esa enana frente a frente. Es por ello que estuve todos estos años planeando… ¡mi más ambiciosa venganza!
En la última frase, el doctor abrió sus manos y las levantó hacia el cielo.
—¿Y qué tiene pensado hacerle a Heloise? —preguntó Jimmy, con algo de preocupación.
—Esa, chico, es una sorpresa. Te daré una pista: ustedes 2 serán la carnada para que ella venga y lo descubra.
—¡Doctor Sehnsucht! —se oyó una voz femenina desde un megáfono, la cual Jimmy reconoció de inmediato.
—¡Es Heloise!
El doctor con acento alemán no evitó poner una sonrisa de emoción:
—Así que no esperó nada para venir en su rescate… Entonces es tiempo de recibir a las visitas.
—ΜΛΦΛΜ—
Sammy corrió lo más rápido que pudo a la sala de su jefe, como su deber, debía informar de inmediato acerca del doble secuestro. Al llegar a la puerta, la empujó con violencia.
—¡Señor Lucius, hay una emergencia! ¡Su hijo Beezy fue…!
Sammy quedó anonadado al ver a su jefe en una incómoda situación: a torso desnudo mostrando su abultado estómago, mirándose frente a un diminuto espejo, tensando sus brazos a modo de marcar, en vano, sus músculos como un fisicoculturista.
El gobernador sin camisa lo miró avergonzado.
—Ah… este… no es lo que piensas, estaba… ¡Oye, Sammy, ¿Qué te dio el derecho de irrumpir en mi sala de esa forma?!
Mientras esperaba la respuesta de su asistente, buscó rápidamente su camisa, tratando de aparentar tranquilidad por su bochorno.
—Eh… ¡Es cierto! ¡Señor Lucius, Beezy fue secuestrado!
—¿Secuestrado, dices? ¿Y quién sería lo suficiente tonto para atreverse a secuestrarlo?... Digo, míralo, es solo un vago que no sirve para nada y no ha hecho nada destacable en mi empresa. No le encontraría ninguna utilidad si fuera el secuestrador.
—Señor, es su hijo.
—¿Y qué? ¿Crees que debo tener algo de… compasión por él? Mi padre jamás tuvo afecto por mí y no veo razón por la que yo deba tenerla con mi hijo.
—Pero señor… es el único recuerdo que tiene de su madre.
Lucius cambió completamente su parecer, seguido de una expresión de aturdimiento.
—Ok… supongo que no sería bien visto dejar que mi hijo sea secuestrado, arruinaría mi reputación.
Sammy puso una enorme sonrisa en su rostro.
—Sabía que comprendería, señor.
—¿Y saben quién podría ser el causante?
—Dorkus tiene directa relación en esto.
—¿Dorkus, El asistente de Heloise? ¿Cómo es eso posible?
—No lo sé, señor. Pero Heloise llamó a las tropas y fue de inmediato hacia el responsable… La verdad, quedé en shock cuando mencionó el nombre del doctor Sehnsucht. Creí que ya no seguía con vida…
Lucius abrió sus ojos completamente al escuchar su nombre, sentía que sus pupilas se encogían. En un instante, el pasado vino a su memoria. El doctor Sehnsucht era uno de los más temidos científicos en esos años. Mercenario por excelencia, trabajaba para aquel que más paga ofrecía y no le importaba destruir empresas en donde trabajó antes, si eso significaba cumplir sus objetivos. Fue gracias a Heloise que lo protegió ante esa fuerza tan arrolladora y logró acabar con su existencia… o eso creía hasta ahora.
—¿Sehnsucht?... ¡Pensándolo bien, no necesitan mi ayuda! ¡Dejemos que Heloise se encargue de todo!
—¡Señor Lucius!
—¿Qué?
—ΜΛΦΛΜ—
En una de las tantas plataformas de la guarida desértica, el doctor Sehnsucht salió para contemplar a sus visitantes: un ejército de yetis que rodeaba casi por completo la enorme torre, a una distancia relativamente prudente. Aparte, habían tanques, helicópteros, robots enormes de combate y, en uno de los enormes convoyes con el logo de la empresa Atroz, estaba su archienemiga. La enana de traje carmesí iba acompañada del líder del ejército, Molotov.
—Hasta que saliste de tu alcantarilla, doctor Sehnsucht —dijo Heloise, usando un enorme megáfono, audible para el doctor inclusive para la enorme distancia en la que estaban.
—Heloise, tan cínica como siempre —dijo el doctor, igualmente por megáfonos incorporados a través de la torre.
—Y tú tan cobarde como siempre. Años que no sabía de ti y de pronto, descubro que tenías un plan maestro para acabar conmigo.
—Hay cosas que no cambian, enana repulsiva.
—Cuánta razón tienes, como el hecho que tus planes, por más elaborados que sean, siempre terminen fracasando por su propia cuenta.
El doctor con acento alemán no se sintió nada contento por la afirmación de su archienemiga, principalmente porque era cierto.
—¿En qué te basas para decir eso, Heloise?
—En que a tu perfecto engranaje de reloj, se metió un grano de arena que no previste e hizo fallar toda tu maquinaria de años de preparación. Por ese grano, me di cuenta que robaste mi reporte antes de lo que planeaste. Por ese grano, descubrí a tu especialista tratando de acabar conmigo. Por ese grano, supe que mi propio asistente confabuló contra mí y logré que te traicionara para llegar hasta acá.
—El doctor se mantuvo con mirada seria.
»… Ese grano de arena se llama Jimmy Two Shoes.
Al pasar algunos segundos, el doctor Sehnsucht comenzó a soltar algunas risas, para luego hacerlas más continuas y sonoras. Heloise miró con seriedad.
—Ay, Heloise. Que gran deducción has hecho. Pero te equivocas en una parte: sabía que Dorkus te llevaría hasta mí, lo esperaba de alguien con una actitud débil. De hecho, quería que vinieras hasta mí.
Heloise entrecerró los ojos y comenzó a pensar.
—Eso quiere decir que…
—¡Doctor Sehnsucht! —gritó una voz a través de un megáfono. Se trataba de Lucius.
El gobernador de la familia Atroz vino acompañado con Sammy, dentro de una gigantesca aeronave de color carmesí y con el logotipo de la empresa de la familia, la cual fue nombrada como el «Myserycarrier». Ésta tenía una forma de un portaaviones volador, con enormes hélices en sus lados —3 en su babor y 3 en su estribor—, cargada con un arsenal de guerra temible, destacando unos cuantos cañones láser instalados en su proa. Lucius, vestido con traje blanco de capitán de crucero turístico, comandaba esa enorme estructura creada por Heloise, mientras que Sammy, vestido con traje blanco de marinero, era el segundo al mando de un personal de escoltas yeti, vestidos en su traje tradicional de bárbaros.
Lucius se armó de valor y siguió el consejo de Sammy de ayudar a Heloise en su lucha contra el doctor Sehnsucht. No escatimó recursos ante tan peligroso enemigo, decidiendo usar una de sus mejores cartas para una victoria segura. Sin embargo, la gárgola verde tenía en mente, por sentido común, seguir el mandato de la niña de traje carmesí, principalmente por su eficiencia e historial de victorias ante villanos difíciles de vencer.
—Señor —dijo Sammy a Lucius—, ¿Por qué no consideramos la estrategia que pueda proporcionar Heloise?
Pero Lucius no tomó eso en cuenta y, a pesar del razonamiento de su mano derecha, ordenó a su personal dirigirse directamente a la torre del enemigo, para permanecer a una distancia lo suficientemente cercana para un ataque directo y certero. Estaba confiado que su juguete soportaría los ataques de la torre lo suficiente como para destruirla por completo.
—¿Qué está planeando ese idiota? —dijo Heloise, al mirar la sorpresiva aparición de su jefe.
Mientra en la torre, más que sorprendido, el doctor Sehnsucht mostró una sonrisa confiada, mientras veía la enorme nave acercarse. De pronto, una alarma sonó y se sintieron unos leves temblores.
Heloise dedujo que inmediato qué ocurriría. Así que advirtió rápidamente a Molotov, para pedirle actuar rápido.
—Tropas —dijo Molotov, mediante radiotransmisor—, ¡salgan de sus posiciones y aléjense lo más que puedan de la zona de ataque! ¡Se activará una trampa que nos dañará severamente! ¡Huyan de sus posiciones! ¡Repito: Huyan de sus posiciones!
Dicho y hecho, los soldados bajo las órdenes de Molotov dieron la media vuelta y comenzaron a huir lo más pronto posible de las cercanías de la torre.
Como dedujo Heloise, unas estructuras en las orillas de la torre salieron del árido suelo, mientras levantaban tanto polvo que cubrió la mitad de la torre, como si se tratara de una niebla de color beige. En pocos segundos, se desvaneció para revelar las formas puntiagudas de las 5 estructuras, las cuales fungían como antenas transmisoras de rayos laser. Estas emitieron una luz azulada en sus puntas, para inmediatamente expandir esa luz con tal de unir esas antenas en un círculo que rodeó la torre, para finalmente formar un cilindro de luz que rodeó la torre y, de paso, destruir el Myserycarrier a la mitad. Todo esto ocurrió en un par de segundos.
—¡ESTAMOS CAYENDO, SAMMY! —gritó desesperadamente Lucius, mientras abrazaba con fuerza la garganta de la gárgola verde.
El asistente, a pesar de tener su mente exaltada por el peligro y falta de oxígeno en sus pulmones, trató de mantener la calma. En ello, recordó los sistemas de emergencia para escape. Rápidamente gritó:
—¡Todo el personal, diríjanse con rapidez a las salidas de emergencia!
Dicho y hecho, los soldados corrieron hacia las escotillas y salieron a través de esferas de protección color carmesí, las cuales liberaron paracaídas de color blanco. Lo propio hicieron Sammy y Lucius, saliendo en una de las esferas. Todo el personal del Myserycarrier salió ileso del ataque.
—Eso es a lo que llamo un desperdicio —dijo Heloise para sí misma, con cierta molestia.
Mientras en la torre, el doctor miró sonriente de su victoria:
—Quería que Heloise cayera en la trampa. Ni modo, ¡es hora de soltar a la bestia!
El doctor tomó de su bolsillo un control con un único botón rojo, el cual presionó con una enorme sensación de placer. Acto seguido, se produjo un enorme temblor que tomó por sorpresa a las tropas de Heloise, luego de unos instantes el terreno entre la lúgubre guarida del doctor Sehnsucht y sus adversarios se fue abriendo, debido a que debajo de la enorme capa de tierra, existían unas gigantescas compuertas que se fueron abriendo, hasta formar una enorme precipicio que rodeaba, de forma perfectamente circular, la guarida.
—¿Qué está ocurriendo? —se preguntó a sí mismo el general Molotov, tratando de analizar la sorpresiva coyuntura que iba tomando forma.
Posteriormente, unas enormes estructuras metálicas emergían del fondo del recién formado precipicio, a una mayor distancia que las antenas que producían el campo de fuerza. A la vista de los últimos, aquellas estructuras resultaban ser incluso más grandes que la guarida misma, lo cual era un error de percepción. Resultó ser un gigantesco anillo armado con placas de metal, casi completamente de color ónice, donde se podían apreciar unas ventanillas circulares, incluso muy a lo lejos gracias al reflejo de los soles de aquel mundo. Poseían en su parte inferior unas turbinas que propulsaban la gigantesca nave, lo cual al salir por completo del precipicio, levantó el polvo de la árida tierra y generó casi instantáneamente una cortina de polvo tan densa que era difícil notar algo a un par de metros de distancia, mucho menos abrir por completo los ojos al evitar que algo de ese polvo ingresase a sus globos oculares.
El enorme anillo alcanzó una altura considerable en unos cuantos segundos, posteriormente, una luz blanca se produjo en el centro, la cual fue aumentando paulatinamente hasta rodear por completo el agujero. En ello, las tropas de Heloise sintieron que sus pies se despegaban lentamente del piso, junto la maquinaria de guerra que habían traído. Al poco rato, muchos estaban flotando a un par de metros del suelo. El doctor con acento alemán también se sentían afectado, pero sabía en efecto que su invento produciría, era por ello que tenía su propio cinturón de campo gravitacional, con el que controlaba ese efecto en sí mismo. Lo activó y pudo volver al piso en el que estaba, al igual que sus soldados clones, quienes también contaban con dicho sistema en sus cinturas. En tanto, Lucius y Sammy, en conjunto con los demás sobrevivientes del Myserycarrier, no alcanzaron a llegar al suelo antes que la gravedad del lugar disminuyera abruptamente.
—¿Qué ocurre? —dijo Lucius.
Por otra parte, tanto Molotov como Heloise, también flotando, pudieron mantenerse estables gracias a los robots de combate que los sostenían, los que tenían incorporados unos propulsores que les permitían maniobrar en el aire.
—Así que el desgraciado se atrevió a abrir el portal —dijo Heloise, mirando al anillo gigante.
—¿Qué hará con él? —preguntó Molotov, con su marcado acento ruso.
—Tengo mi hipótesis, pero necesito saberlo de los labios de ese doctor.
—Pero ¿cómo lo enfrentaremos con esta condición de baja gravedad?
Heloise se mantuvo callada unos segundos.
»¿Señorita?
—No me queda opción. Tendré que usar las cartas que me dio el doctor Sehnsucht… y a esa críatura…
Molotov levantó una ceja, a la espera de una respuesta inmediata de su superiora. Más sin embargo, ésta no volvió a hablar, sino a sostener una computadora para ingresar órdenes.
—ΜΛΦΛΜ—
En tanto, en el interior de la torre, Jimmy y Beezy, aún amarrados en sus sillas y bajo vigilia de 2 clones zombi y 2 repli-cat, sintieron como se elevaban del suelo.
—¿El doctor activó el portal? —dijo uno de los clones zombi.
—¡Rápido! —exclamó un clon repli-cat— ¡Enciendan sus sistemas gravitacionales!
Mientras activaban sus sistemas, Jimmy y Beezy estaban disfrutando el suceso.
—¡Mira, Beezy! —dijo el rubio— ¡Estoy volando!
—¡Yo también, qué divertido!
En ese instante, las amarras que los ataban en sus sillas se fueron aflojando y se soltaron, sin que los clones se dieran cuenta de ello, ya que estaban concentrados en la activación del dispositivo.
Cuando los 2 secuestrados reían sonoramente, los de negro fijaron su mirada en ellos y de inmediato, al notar que estaban desatados, se movilizaron para recapturarlos. Pero mientras uno de los clones repli-cat tomó un rayo paralizador —como el que habían usado los robots humanoides—, Jimmy se tentó a impulsarse con la silla en la que estaba amarrado. La tomó con sus manos y puso sus pies en la base para ello. Aunque no tomó tanta velocidad como esperaba, fue la suficiente para escapar del rayo paralizador, mientras que la silla fue en dirección contraria, directo a otro de los clones zombi, al cual se le daño su sistema gravitacional y quedó flotando en el aire.
—¡Ayúdenme! —dijo aquel clon.
Por su parte, Beezy le agradó mucho la acción de Jimmy.
—¡Que divertido! ¡Déjame hacerlo también!
Beezy también hizo la acción de su amigo humano y se impulsó al techo. La silla golpeo el piso y Beezy llegó dando un cabezazo al techo. Como estaba acostumbrado, no se detuvo a sobarse, sino a tomar mayor impulso e ir hacia una de las paredes. No obstante, no vio que en su punto de choque se atravesaba un clon repli-cat.
—¡Cuidado! —gritó Beezy.
Pero estaba demasiado cerca y chocó directamente contra él. El clon recibió el impulso y golpeó directo a la puerta de salida, la cual se abrió por la fuerza de impacto. Los 2 clones restantes tomaron sus paralizadores para detenerlos, pero Jimmy se impulsaba a cada momento con las paredes. Dispararon a diestra y siniestra, sin atinar siquiera, hasta que uno vio a Beezy en calma y cerca del piso. El clon Zombi trató de dispararle, pero el otro clon repli-cat se cruzó para dispararle a Jimmy. El clon disparó sin poder revertirlo y cayó a su compañero.
—¿Qué haces idiota?
—Eso te pregunto. ¿Por qué te atravesaste?
El clon con su sistema gravitacional dañado intentó ayudar, pero Jimmy se le acercó con mucha fuerza desde arriba y, al igual que Beezy, transmitió su impulso. Este no pudo controlar su impacto, yendo directamente hacia sus compañeros y chocando con tanta fuerza que quedaron inconscientes. El clon con el cinturón dañado quedó inmóvil y flotando en el aire.
—Oye, Beezy, ¿Crees que estarán bien?
—Ni, idea. Pero bueno, ¡vamos y recorramos el lugar!
—¡Eso suena fabulantástico!
Ambos salieron por la puerta abierta, se sentían alucinados al desplazarse en el aire por los pasillos, como si estuviesen buceando bajo el agua. De hecho, ambos hacían gestos de nado, Jimmy usaba el estilo brazada de pecho, mientras Beezy se movía al estilo de los perros en el agua. Estaba felices de estar libres y flotando en esa fortaleza.
Sin embargo, luego de avanzados unos metros, vieron a unos cuantos clones apegados a piso, seguidos de algunos robots humanoides como los que los habían capturado. Los fugitivos sintieron temor de encontrarse con ellos, especialmente porque uno de los clones sostenía una de las esferas que emitían esa luz cegadora. Los clones tenían lentes de sol para revertir ese efecto, mientras los robots no sentían ese efecto.
Cuando estos habían activado la esfera para, inevitablemente, enceguecer a los secuestrados, los últimos sintieron algo en su cara que oscureció su vista. Acto seguido, la luz se activó, más Beezy y Jimmy no se sintieron afectados. Incluso alcanzaron a ver que algo estaba atacando a los clones y a los robots, mientras los últimos activaban sus rayos paralizadores inútilmente, porque antes de hacerlo, eran destrozados por la mitad.
Luego de desvanecida la luz, Todo se volvió en calma momentánea. Jimmy llevó su mano a la cara, descubriendo que alguien le puso unos lentes de sol, al igual que a Beezy, quien se los sacó de inmediato. Ambos vieron que una criatura salía de todo el escombro de metal dejado por los robots destrozados y pasó por encima de los clones caídos. Jimmy se puso muy feliz al ver que se trataba de alguien muy familiar.
