N/A: ¡Gracias por leer, Rebe Marauder!

Capítulo 9: Beso de Dementor

- Aclaramos que los dementores no pueden morir – comentó la voz de James.

Sirius abrió los ojos de golpe. Estaba en una celda todavía peor que la anterior. Un cuadrado de piedra húmeda, incluso mojada, llena de moho y hongos, de un techo tan bajo que no le permitía estar más que sentado. No tenía barrotes, no tenía nada. Las cuatro paredes eran iguales, sin ninguna abertura, ninguna rejilla, ningún orificio por el que entrara luz. No veía nada.

- Oh, Dios mío… - murmuró Sirius, cuando se dio cuenta de donde estaba, palpando con desesperación todo a su alrededor - ¿Dónde mierda estoy? ¿Cómo me metieron aquí?

Se puso de pie y se dio un cabezazo. Había sido fuerte. Sintió como un líquido comenzaba a caer por sobre su ojo derecho. Entró en pánico porque lo atacó una claustrofobia que nunca le había atacado antes. Se le cerró la garganta pese a que intentaba tomar grandes bocanadas de aire con angustia e impaciencia.

- Sirius, cálmate – dijo James. No lo oía tan serio desde que le contó que su hijo estaba en peligro, todavía en vida – Cálmate ahora

- James – se quejó – No puedo respirar

- No hay dementores aquí – dijo tomándolo por la espalda. Colocó su mano en su pecho y lo derribó al suelo – Puedes pensar en tus mejores recuerdos, en música. ¿Te acuerdas de lo mucho que nos gustaban los Rollings Stones?

Sirius no contestó y se enfocó en intentar regularizar su respiración. En verdad si estaba respirando. No sentir que el aire llenaba sus pulmones era, precisamente, sólo una sensación, e intentó convencerse de eso. Luchar contra la desagradable sensación de no tener aire convenciéndose a sí mismo de que al menos, físicamente, sus pulmones estaban bien. No se iba a morir, ni se iba a desmayar por falta de aire en ningún momento.

- ¿Todavía eres parte de mi imaginación? – le preguntó a su amigo. Ni siquiera lo veía por lo oscuro que estaba, simplemente sabía que estaba ahí, conteniéndolo. Sentía su cuerpo al lado de él.

- Sí

- ¿Cómo puede ser?

- No lo sé, Sirius, estoy muerto – respondió el otro secamente – No vas a estar aquí para siempre. Sólo dos semanas

- ¡¿Dos semanas?!

- Después de la explosión llegaron los aurores, los sanadores, más dementores, incluso gente del Ministerio. Mataste a muchos prisioneros. Ningún dementor murió

- Oh, Dios – dijo Sirius golpeándose a sí mismo con las palmas de su mano hasta que sus dos mejillas estuvieron coloradas e hirviendo – Floyd, ¿dónde está Floyd? ¿Está vivo?

- Te sacaron a ti y a Floyd de los escombros. No hubo demasiados testigos que quedaron vivos, pero los que sobrevivieron señalaron a Floyd como el causante de la explosión. También dijeron que atacaste a un dementor… Pero no has sido el primero en intentarlo. Te castigarán con dos semanas de esto y podrás regresar a tu celda

- ¡¿Y Floyd?! – volvió a preguntar.

– Debe estar aislado en otra celda como esta… Mientras los sanadores te sacaban de debajo de los escombros… escuchaste a los aurores hablando. Floyd recibirá el beso del dementor antes de que termine el año

&.&.&

Todos los días aparecía dos veces, una en la mañana y otra por la tarde noche, un plato oxidado y sucio con una sustancia que servía de alimento. Por supuesto, no sirvió demasiado para llenar su estómago y terminó por adelgazar más aún. Siempre se palpaba las costillas mientras estaba recostado, sintiendo sus huesos sobre salidos. Sabía que estaba en el borde de lo insano, pero por algún motivo su salud física había dejado de preocuparle hacía mucho tiempo. De hecho, también se había dado cuenta de que, probablemente por la explosión, había perdido el oído izquierdo. Tampoco le preocupaba demasiado… Mientras siguiera teniendo el derecho.

Las dos semanas de encierro fueron buenas sin los dementores. Pese al frío constante que sentía, el dolor de cuerpo y de garganta de posibles resfríos que ya ni siquiera distinguía, y de siempre tener hambre, el hecho de poder recordar los mejores momentos y pensar en cosas buenas le habían devuelto un poco de esa fibra de humanidad perdida.

Pero las cosas buenas duran poco. Precisamente ese día cumplió tres años de encierro.

Una de las cuatro paredes de roca literalmente desapareció y Sirius tuvo que taparse los ojos con un brazo para protegerse del encandilamiento que le produjo la luz natural. Ni siquiera era mucha luz, simplemente era la luz natural que solía haber dentro de la cárcel, similar a la que tenía constantemente en su celda.

Vio cuatro siluetas humanas frente a él.

- ¡No! – gritó, gateando hasta la esquina de su pequeño metro cuadrado.

- Felices tres años, Sirius Black – dijo uno de los hombres dándole un puñetazo directo en la nariz.

&.&.&

Esa fue la vez que estuve más grave en mi estadía en Azkaban. Como estaba enfermo y delgado, casi me mataron. Me quebraron, por fuera y por dentro. Me humillaron y me redujeron a una criatura que no podía ser humana, porque no tenía dignidad. Y yo lo creí. Acepté ese estado que me fue designado, que no valía nada. No pude defenderme y terminé creyéndolo.

Fueron mis días más negros. Estuve tanto tiempo postrado en el catre (ya de regreso en mi celda), que a veces mis músculos no respondían cuando quería girarme o cambiarme de posición. Pero nada superaba como me sentía por dentro.

- Sirius…

- No quiero hablar

James estaba de pie junto a la cama, apoyado en la pared.

- Tú eres el único que puede revertir esta situación

- Quizás si espero así hasta el cuarto año, me terminen de matar de una vez

- Floyd está de regreso en la celda – contó James – Fue él quien viste pasar esta mañana, seguido por esos dos dementores

- No. No le vi el rostro

- Sabes que es él. Quizás le darán el beso del dementor pronto… Tienes que ir a verlo

Sirius pareció reflexionar por primera vez desde hacía meses. No tenía idea de cuánto tiempo había pasado desde que los aurores le habían dado la paliza de aniversario, no tenía tiempo cuánto llevaba acostado en esa cama, mirando siempre el techo de su celda. Sabía que debieron ser meses, pero no cuantos. ¿Había llegado el momento ya?

- Recuerda lo que te pidió Floyd hace un tiempo. Le prometiste que lo matarías para que no sufriera más, llegado el momento… No vas a dejar que le den el Beso del dementor, ¿verdad?

- Oh, James, por favor cállate un rato – dijo tapándose los oídos.

- Estoy dentro de tu cabeza

La voz de su mejor amigo sonó dentro de su cabeza mucho más fuerte que un pensamiento común. Sirius miró a su alrededor y efectivamente la imagen de James ya no estaba allí. Se había metido en su cabeza de nuevo.

- Levántate, jodido flojo – volvió a decir.

Sirius hizo el intentó. Sus piernas y brazos estaban dormidos por completos, así que se giró sobre su propio eje en la cama, hacia la izquierda, cayendo una escaza distancia hasta el suelo

- Arriba, Sirius. Déjate de juegos

- No me digas que hacer – se quejó el hombre. Se puso de pie, mientras sentía como un montón de agujas pequeñas le clavaban desde la planta de los pies hacia sus muslos. Colocó una de sus manos en el destartalado catre, que estaba a ras de suelo desde que lo había destruido, sintiendo las mismas punzadas.

- Un poco más de dolor en tu cuerpo no es nada – lo animó James – Muévete

Sirius tenía otra costilla quebrada, además de un dedo de una mano (que se había enderezado él mismo, pero que nunca había quedado del todo bien) y la nariz. La nariz ya no le dolía, sabía que si se veía se sorprendería, porque de seguro estaba chueca hacia un lado y grande, diferente a como él la tenía. Pero ya se había quedado así. El problema era la costilla, que todavía lo hacía inclinarse hacia el lado para evitar un dolor más intenso.

Se transformó en perro por primera vez en mucho tiempo, y sintió lástima de sí mismo. De seguro se le veía el espinazo marcado. Ahora sí había perdido casi por completo el olfato, y eso se sumaba a la falta de audición de un oído, que como perro era aún más notoria. Lo desestabilizaba. Pero por lo menos estaba tan delgado que no tuvo mayor dificultad para pasar entre los barrotes y llegar hasta la celda de Floyd.

Cuando lo vio, sintió lástima por el hombre. Estaba exactamente igual que él. Postrado, derrotado, herido, enfermo. Parecía que le habían caído otros diez años encima. Tenía una cicatriz enorme en la cara, que le atravesaba la ceja y la mejilla izquierda. Y, aun así, pareció sonreír y alegrarse por verlo.

- Sirius, pensé que ya no volvería a verte

- ¿Es verdad que van a darte el Beso del dementor?

- En cosa de días

- Debería ser yo quien esté en tu lugar

- No. Ya te lo dije una vez… Yo merezco estar aquí, porque sí cometí un crimen. Tú eres inocente—

- Ya no lo soy – interrumpió Sirius, arrodillado junto a su amigo – he cometido el crimen por el que me metieron aquí varias veces, de hecho, con la explosión creo que matamos a muchas personas…

- Sirius, tú eras inocente cuando llegaste aquí. Nunca le hiciste daño a nadie, por el contrario… Lo que has hecho aquí no es una venganza, no es asesinar, es justicia… Y te deshiciste de asesinos y torturadores, seguidores de Voldemort… Además, fui yo quien arrojó la bomba

- Pero fue idea mía – rebatió.

- Fue idea de James, ¿no? – dijo con una sonrisa cómplice. Sirius sonrió de vuelta – Ahora escúchame bien, tienes que matarme antes de que ocurra. ¿Trajiste una piedra afilada?

- Sí – dijo Sirius asintiendo – Pero Floyd…

- No me digas que no ahora. ¿Sabes lo que es un Beso de dementor? ¿Quieres que quede así para el resto de mi vida?

- No, pero—

- Te quedan tres personas en la lista – dijo colocando su mano sobre el hombro de su amigo – Sólo una de ellas está en Azkaban. Te diría que mates a la perra de Bellatrix enseguida y te vayas de aquí, pero veo que estás casi moribundo

- Lo sé, ahora ni siquiera resistiría la caída al mar

- ¿Cómo me vas a matar?

- Un corte limpio en la arteria aorta… Te vas a desangrar, pero creo que será más rápido que asfixiarte hasta la muerte – respondió el hombre con un tono sombrío – No sé cómo hacerlo si no, es la forma más rápida

- Siempre te voy a estar agradecido por esto

- ¿Por asesinarte?

- Sólo le darás un mejor fin a mi vida – dijo sonriendo – Sirius. Una vez te dije que tenía dos pedazos de varita bajo una roca en esta celda… Era verdad

- ¿Qué?

- Y está allí – dijo apuntando a un adoquín a lo lejos – No funciona, pero, tal vez tengas más suerte que yo

- Floyd… - murmuró sorprendido.

- Para que pienses en una buena muerte para Bellatrix. Mátame ahora, Sirius

Sirius lo miró fijamente por unos segundos. Ni Floyd ni él querían continuar alargando lo inevitable, pero… ¿se atrevería a matar a su amigo? Apretó la piedra filosa en sus manos, tomando aire. En su cara se podía notar la encrucijada en la que se encontraba. Pensó varias veces en hacerlo, pero no se atrevía, su brazo no obedecía las instrucciones de su cabeza.

Esto era Azkaban. Ni abrazos ni despedidas sentimentales. Se armó de valor y le pegó un golpe fuerte, seguro, rápido, cortando perfecta y profundamente en donde se encontraba la aorta. La sangre comenzó a salir a borbotones, mientras Sirius miraba acongojado. Floyd comenzó a ahogarse en su propia sangre, hasta que prontamente quedó inmóvil, con sus ojos fijos en el techo.

Murió con una expresión tranquila.