DISCLAIMER:

Los personajes de esta historia son de la señora Meyer, todo aquel personaje que no reconozcan es de mi propiedad.


Carlie da un brinco en mi cama y yo gruño. Me mueve y yo tomo una almohada pegándole con ella. El único día libre que tengo y se le ocurre levantarme temprano.

—Bella— reniega moviéndome—. El desayuno.

—No quiero— digo tapándome con la sabana ya que alguien se había dignado a abrir las cortinas.

—Tengo tu libro de bajo la misma estrella.

—Bien, bien. Me levanto— digo sentándome en la cama y levantando ambos brazos en son de paz—. Pero deja mi libro.

—Bien, cámbiate y te veo abajo.

Resoplo haciendo que un mecho de mi pelo se mueva. Maldigo a la torturadora Carlie. Me pongo un pantalón negro, mis converse una blusa de maga larga. Bajo y todas se voltean a verme. Todas empiezan a aplaudir y yo enarco una ceja. ¿De qué me perdí? Entonces recuerdo el mini-show que hice ayer. Me sonrojo y me siento al lado de Carlie y Summer.

Tomo tres panqueques y les pongo mantequilla y jarabe. Tomo un tenedor y como lentamente el panqueque, hace demasiado que no comía.

— ¿Y bien? — cuestiona Carlie divertida.

— ¿Qué? — cuestiono con la boca llena de panqueques sin digerir.

— ¿A qué hora es tu cita con Edward?

Me atraganto con lo panqueques. ¿Cómo diablos se entero? Me tienden un vaso con leche y me la tomo toda dejando que hagan mas digeribles los trozos de comida y pasen fácilmente por mi esófago. Me limpio con una servilleta la cara y miro a Carlie la cual está asustada.

— ¿Como supiste eso? — le cuestiono tomando mas leche.

— ¡Hay por dios! — exclama como si fuera lo más obvio que existiera— Como si no hubiera oído lo que te dijo ayer.

—Espiaste mi plática con Edward.

—No espié— aclaro—. Solo escuche su plática sin que ustedes se dieran cuenta en un lugar secreto.

— Eso es espiar.

— ¿A si? — dice— No lo sabía. ¡Mi hermana tiene una cita!

—No es una cita— corrijo—. Es una… reunión social con un amigo.

—Eso es una cita.

— ¿A si? — digo con su mismo tono irónico— No lo sabía.

—Roba frases.

—Espía.

Carlie saca la lengua y yo le imito. Termino de desayunar y subo a lavarme los dientes. Me decido a tomar mi libro pero no lo encuentro.

—Carlie— mascullo.

Bajo corriendo por las escaleras y me adentro a la cocina. Ya no hay niñas en ella, solo las encargadas que se dedican a limpiar. Corro a la sala y hay varios niños de entre dos a siete años viendo aquella caricatura del dinosaurio—Barney si no me equivoco—. Entre ellos Taylor. Al verme se levanta del suele y corre en mi dirección. Un niño sin querer se atraviesa en su camino haciendo que esta brinque para esquivarlo. Por como iba, chocaría contra una mesa y su cráneo impactaría contra ella.

Corro hasta donde ella con ambos brazos extendidos para atraparla en cualquier segundo. La miro y esta se queda pasmada en el aire. Todos lo hacen. La televisión no sigue transmitiendo el programa, la imagen está congelada. Los niños están tan quietos como una estatua y Taylor flota en el aire. Trato de mover mi brazo y lo logro, aunque me duele. Camino hasta ella y me inclino hasta verle la cara. Su cara expresa terror por lo que pasaría después.

¿Qué pensaría? ¿Cómo hace eso? ¿Qué paso? ¿Por qué nadie se mueve? ¿Por qué yo si me muevo? ¿Por qué soy la única a la que no afecta lo que sea que pasa?

Me levanto y tomo a Taylor en mis brazos y ella impacta contra mi cuerpo. Gimo y ella cae sobre mí. Me mira impresionada y yo intento sonreír, aunque no lo logro y en cambio formo una mueca. Los niños cantan la canción al unisonó del hombre con la botarga del dinosaurio. El niño que Taylor esquivo lloriquea y una encargada se lo lleva en brazos.

— ¿Cómo llegaste tan rápido? — cuestiona asombrada.

—Si te lo digo— digo y en mi voz se nota el dolor que me provoco su choque—, no me creerías.

Ella me mira y se quita de encima de mí. Suspiro al sentir como entra aire a mi sistema. Me levanto y ayudo a Taylor a hacerlo. Ambas caminamos hasta el patio y miles de niños corren frente a nosotras, hago a Taylor para atrás con mi brazo evitando que choquen contra ella. Cuando se quitan salimos al enorme jardín y yo busco con la mirada.

Taylor tira levemente de mi camisa y me indica que vea arriba con su dedo. Fijo mi vista a la casa de árbol situada al final del enorme jardín. Carlie llora y varias niñas se ríen de ella. Entonces Carlie toma mi rostro sin permiso y las niñas que toman su brazo toman el de Jessica y sus amigas. Gruño y corro hasta la casa de árbol con Taylor siguiéndome.

Trepo el árbol sin dificultad y cuando llego a la sima me adentro a la casa. Las niñas cesan sus burlas, pero Carlie continua sollozando. Miro a las chicas que son apenas un año menor que yo. Hacen un gesto burlesco.

— ¿Qué le hicieron?

—Solo le decimos la verdad— dice la niña que tiene la pinta de ser la líder.

— ¿Qué verdad? — le digo acercándome a ella.

—Que su padre nunca la quiso y que nunca nadie la tendrá como hija, y más aun si tiene la piel fea y estropeada por cicatrices.

Suelto una carcajada sonora y me miran todas.

—Quieres saber verdades, ¿cierto? Bueno, aquí te va una. Tu madre te abandono a ti a los tres meses de nacida. Nunca te quiso y en su trabajo no la dejaban tener hijos. Y si te lo cuestionabas, era prostituta. Fuiste algo no deseado, mi vida.

Carlie deja de sollozar y todos nos volteamos a ver a la niña con los ojos llorosos. Yo sonrió y me miran todas, tomo a Carlie y la ayudo a bajar. Antes de hacerlo yo le digo a la niña— que por lo que se llama Ángela—:

—No te quieras sentir superior aquí, porque, o estás aquí porque tus padres murieron o porque no te quisieron. Todos estamos aquí por ello, mi vida. Y siendo la más grande aquí, se la historia de todos en este orfanato.

Me bajo sumamente feliz. Es algo— se que sonara mal pero lo es— genial. Me encantaba poner en su lugar a las personas. Entramos y lo que resta de la tarde me la pase consolando a Carlie.

.

Carlie y Summer no paraban de chillar en consecuencia a mi cita de esta noche. La encargada me había dado de plazo para llegar hasta las once y media. Carlie y Summer se peleaban por lo que me iba poner, aunque ya estaba vestida. Decían que mi ropa no era la "adecuada" para cita. Yo solo les decía: "Déjenme en paz, par de Effie's".

Digo, mi ropa no era tan mala. Llevaba un jersey con cuadros negros, azul y blanco que se ceñía a mi cuerpo y me hacia ver… ¿Sexy? Un pantalón negro rasgado y mis converse—. En un intento de "introducirme a la moda", me puse una bandana azul en el pelo y deje mi cabellera roja suelta. No me veía mal.

Para cuando dieron las siete, Carlie, Summer y Taylor estábamos viendo un programa de televisión— que en mi opinión era malo— llamado Un Show Más. Podríamos ver un buen programa de comedia (como The Big Bang Theory o Two and a half man), pero no, no veríamos las "boberías de Bella". Suena el timbre y vemos como una encargada se dirige a abrirla, me llaman, me levanto del sofá y— como si sus nombres también fueran Bella— las chicas también lo hacen.

Camino hasta la entrada y veo a Edward vestido similar a mí. Solo que ahora yo no llevo la bandana (ya que Carlie me obligo a quitármela).

—Y luego nosotras somos las siamesas— dice Carlie.

—Pero yo tengo solución— le digo a Carlie.

Me saco el jersey y debajo tengo un camiseta de tirantes con el logo de la banda Nirvana. Sabía que si me la veía me haría quitármela de inmediato. Le aviento el jersey a la cara y exclamo:

—Vuelvo temprano, madre—le digo mofándome—. ¡Traigo suéter!

Edward sonríe y, antes de salir, me entrega una rosa negra. Lo miro extrañada y el dice:

—La pinte de ese color— lo miro y enarco una ceja—. Sé que no te gusta lo normal.

Varias voces crean un audible: ¡Ow! Me volteo y miro a cientos de niñas que miran la escena. Las fulmino con la mirada y una encargada las obliga a entrar, incluyendo a Carlie, Taylor y Summer. La encargada me mira y me sonríe antes de cerrar la gran puerta. Edward y yo salimos por el umbral de la entrada y me guía por Tiverton a no sé dónde.

Alzo mi vista al cielo y el crepúsculo lo ha teñido del hermoso anaranjado. Miro a Edward y este sonríe, me ruborizo. Miro a mis alrededores y me topo con una mirada azul que hace que me hele. Jessica me lanza miradas envenenadas y a su lado puedo ver al chico con el que hable la otra vez. El alza la mano y hace un saludo que creo y va para mí se lo devuelvo y Jessica lo fulmina con la mirada haciendo que este se encoja de hombros.

Edward me jala del brazo y hace que corra a su lado. Me mira y sonríe y quedo anonada ante sus dientes. 32 pedazos de estrellas robados del cielo y puestos en la boca del chico. Nos frenamos y Edward pone un brazo frente mío indicando que espere. Me pide que lo siga y así lo hago. Llegamos a la entrada del viejo cine y lo miro dudosa.

—Llegamos— dice.

—Edward, el cine está cerrado desde hace años— le digo.

— ¿A si? — cuestiona divertido.

Asiento y el niega. Lo miro y el chasquea sus dedos. Las luces se encienden y el cine brilla en todo su esplendor, el letrero que hay arriba tiene el nombre de Carrie. Había leído el libro, fue regalo de Carlie del año pasado, pero nunca había visto la nueva versión de la película.

— ¡Esto es asombroso! — digo tapándome la boca con las manos e intentando esconder mi felicidad.

— ¿Te gusta?

— ¡Me encanta! — le digo viéndolo a los ojos y sonrió.

—Me encanta tu sonrisa.

Siento mis mejillas arder y bajo la mirada.

—También me gustas cuando te ruborizas.

— ¿Cómo? — le cuestiono alzando la cabeza cuando estoy segura de que se me paso el rubor.

—Fue un favor saldado de un amigo de Carlisle.

No cuestione más y jale a Edward a la entrada de la puerta. Los números de las salas estaban encendidas y el puesto de dulces también, inhale el aroma a palomitas y se me hizo agua la boca. Edward pasó por debajo del estante al otro lado. Se puso un sombrero y un mandil como los que trabajan en el lugar y jugueteo:

— ¿Qué va a querer, hermosa señorita con buen gusto musical?

—Unas palomitas y unos M&M's.

—Sale su orden— dice.

Sirve todo lo que le pedí y se quita el mandil y el gorrito. Tomamos las cosas y entramos a la sala 7. No sentamos en medio de todo y sonrió. No recordaba la última vez que venía a un cine. En la pantalla se empieza proyectar los cortos y empiezo a comer palomitas. Poco tiempo después empieza la película y me centro en ella. Me recuesto en el pecho de Edward y el pasa su brazo por mis hombros. Escondo mi rostro en su pecho en varias partes que me dan asco (como cuando hay mucha sangre o algo así) y Edward sonríe.

Para cuando termina la película ya es de noche. Sacamos todas las envolturas y los depositamos en el bote de basura. Cuando salimos del cine, todas las luces se apagan a nuestro paso. Edward y yo comentábamos animadamente sobre la película, una ráfaga de viento sopla y hace que se me erice la piel. Saco de mi bolsa mi suéter tejido y con estampado de tribal y me lo pongo. Edward sonríe y yo cuestiono:

— ¿No tienes frio?

El niega. Toco su piel y esta más caliente que el sol.

—Estas muy caliente, Edward.

—Gracias.

Proceso lo que dice y suelto un sonoro: ¡oye! Edward suelta una carcajada y yo le pego en el hombro. Seguimos caminando hasta llegar a la entrada del orfanato. Me doy la vuelta quedando frente a frente con él.

—Gracias por todo, Edward.

—De nada, pequeña— sonríe y yo también—. Debo decirte algo.

— ¿Qué? — cuestiono curiosa.

Creo que eres bruja, pues me has hechizado— lo miro estupefacta.

De manera instantánea pienso en las cartas de E. C. Edward Cullen. Todo concordaba, encajaba justamente.

—Eres E. C.

El se encoje de hombros y asiente. Lo abrazo y él me lo corresponde. Malditas Carlie y Summer, tenían razón. Me separo y pienso plantarle un beso en la mejilla, pero él me detiene.

—Ahí no.

Lo miro enarcando una ceja. Edward toma mi barbilla y une nuestros labios en lo que sería mi primer beso, esa primera sensación del rose de otros labios que te hace volar. Escucho varios gritos provenientes de adentro, pero lo ignoro. Paso mis manos por sus hombros y jugueteo con su crecido y lacio pelo. Edward toma mis mejillas y me acerca a un mas a él, haciéndome volar en los aires.


Escribi esta capitulo con una cara como la de patricio (Bob esponja)

Las leo luego

Anna