Mr. Misterious.


Summary: Bella es huérfana y es enviada a estudiar a la universidad gracias a un benefactor anónimo que sacó de la ruina al orfanato. Su vida caótica se ve aún peor cuando conoce la identidad de aquel generoso protector.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephenie Meyer. Este Fic está inspirado en el libro Papaíto Piernas Largas de Jean Webster, aún así la trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Capítulo VIII.

Tribunal.


Lo siento realmente por mi tardanza, no tengo perdón, aunque la universidad me agobió con el último examen hasta el día 7 de enero y para más no pasé el ramo, así que un año más en mi carrera. Espero que disfruten el capítulo. Abajo les tendré algunas noticias.


¡Idiota, Idiota, Idiota! Me decía entre un mar de pensamientos confusos. Edward Cullen era un manipulador, sin duda… ¿Cómo demonios había confiado en él? Un momento de debilidad, Bella, sólo debilidad, cosa que era fácil de obtener inesperadamente cuando se tenía tan cerca a ese hombre. ¡Demonios! Y por un momento le había creído mi aliado en esto, alguien a quién le podía confiar a Christine, que se la merecía porque la quería… bueno, no podía ser tan dura, quizá si la quería, pero había sido vil al tratar de comprarme con su supuesta amistad. Un médico de renombre jamás sería amigo de una huérfana.

—No seas tonta, Bella, entra en razón, es absolutamente estúpido que creas que Edward Cullen intentó comprarte con eso de su cumpleaños —dijo Rosalie mientras se peinaba —. Realmente ¿Crees que inventaría algo así? Es estúpido, tu obsesión con demostrar que es una mala persona comienza a enfermarme, ¿Por qué desconfías de todos? Ya te me estás haciendo insufrible, Bella.

—Pues si no me soportar cámbiate de habitación —chillé mientras sostenía el papel aún en mis manos. Maldita carta, maldita citación, ¿acaso mi vida jamás tendría descanso?

—La odiosa no soy yo, eres tú, tú deberías cambiarte de habitación —dijo Rose.

—¡Ya basta! El par se va a poner a discutir por Edward Cullen, esa si está buena —interrumpió Alice.

No sabía que pensar, después de todo Edward se veía bueno, pero había algo que me hacía desconfiar, sabía que me ocultaba algo. Un hombre tan rico no podía ser tan estúpido y botarate, había gastado demasiado dinero en nosotras por una "obra benéfica". Un hombre en sus cinco sentidos y sin una oscura intención jamás gastaría esa cantidad garrafal en huérfanas. Él quería algo, algo de ellas y eso debía de ser muy malo si realmente invertía dinero asegurando nuestra aprobación.

Los días siguientes transcurrieron rápidamente, Edward venía a vernos, pero me libré de él a pesar que eso implicaba no ver a Christine. Sabía que la pequeña me extrañaría y que Edward venía para que yo la viese, pero no podía plantarle cara sin pensar en que algo raro había en todo esto y tenía que averiguar qué era.

—Bella —dijo Alice a penas llegó de la cita que tenían con Edward y Christine —, Edward me ha mandando esto para ti.

Me tendió una nota. Rosalie pasó por mi lado como si nada, hacía días que nos ignorábamos luego de esa discusión. Ella me trataba de loca perseguida y yo de estúpida confiada, así estábamos, las que éramos como hermanas inseparables ahora disputadas por un hombre y no en el significado común de la frase.

Extendí la carta y la leí.

Bella:

No creas que soy tan poco astuto como para saber por qué no me quieres ver, de hecho creo saberlo perfectamente y es más, te puedo asegurar que tu mente maquiavélica tiende a enredarlo todo. No puedo creer que me creas ese tipo de persona por haberte tratado una vez con falta de cortesía. No es mi culpa tener dinero, tener una profesión y haber tenido una familia… haber tenido padres. No toda la gente con esas cualidades es mala ni egoísta. No soy uno de esos niños caprichosos, soy un hombre que tuvo suerte en la vida y que quiere compartirla con el resto, con Christine, con tus amigas y contigo también. Compréndelo.

Espero verte hoy, a penas recibas esto. Estará esperándote mi cochero, quiero que vayas a mi casa y visites a Christine, a pesar que yo no podré estar allí, tengo cosas que hacer en el hospital.

Con cariño.

Edward.

"No es mi culpa haber tenido padres"… esa frase me llegó como un puño en la boca del estómago. Edward tenía razón, pero eso no significaba que tendría que confiar en él, sabía que me ocultaba algo y lo descubriría si tan sólo mi cabezota me dejase fingir ser su amiga.

Me vestí con uno de los hermosos conjuntos que había adquirido ese día de compras cuando Seth y Edward nos habían llevado al centro comercial. Me despedí de Alice y bajé rápidamente. Ver a Christine, sin que Edward estuviese era una gran oportunidad, no la dejaría pasar porque si. Tal cual como Edward había predicho estaban esperándome. Subí al coche y en un par de minutos estaba en la conocida casa de Edward, la recepción fue igual de cálida que cuando estuve allí con él.

—Venga por aquí —me dijo el ama de llaves —, Christine está en la sala de juegos que Don Edward preparó para ella.

—Gracias —dije una vez que la mujer se retiró.

En la sala, había múltiples juguetes repartidos por todas partes, la luminosidad del lugar irradiaba alegría, al igual que la mujer que acompañaba a Christine, una chica de no más de veinte años que la tenía en sus brazos.

—Eres Isabella, ¿Verdad? —dijo la chica morena.

—Sí, así es ¿Por qué? —de inmediato me di cuenta de que había sido hostil.

—Soy Gretta, la encargada de Christine cuando el Sr. Cullen no está, me alegro que llegase, tenía órdenes que cuando usted estuviese aquí, debía marcharme —sonrió.

—Bien, entonces puedes hacerlo —sonreí aunque realmente no tenía ganas de hacerlo.

Era extraño para mí estar en esa casa tan grande, esas habitaciones tan espaciosas. Un cuarto de juegos solo para Christine, algo que sin lugar a dudas jamás una huérfana podría haber soñado, en esta sala cabían por lo menos veinte camas de niños del Orfanato.

Jugué y reí con Christine que estaba muy feliz, tenía tanta energía la pequeña que no parecía ser la misma que había conocido, los cuidados de la casa Cullen le estaban haciendo muy bien, su pelo se veía brillante y muy bien peinado, su ropa era preciosa y su aroma era exquisito, anda que ver con los aromas de la ropa de los huérfanos que estaban pasada a comida y tierra, es más, ni yo tenía el mismo aroma ni la misma apariencia. Ya no era la típica huérfana de un asilo, Edward me lo había demostrado y yo le respondía sin gratitud alguna.

Al terminar mi visita mi corazón se vio oprimido y no fue por dejar a Christine allí, pues sabía que estaría mejor que en cualquier circunstancia, pero pensar en que lo que veía era tan real y yo seguía cuestionándomelo me hacía sentir mal e incómoda, porque por más que quisiera confiar en Edward Cullen sabía que algo detrás de él no era cierto, que algo de él era una máscara de mentiras.

Cuando llegué a la recepción del College, me sorprendí al ver allí a Jacob Black, con un terno y una corbata perfectamente enlazada hablaba con la recepcionista.

—Ha tenido suerte, aquí está la Srta. Swan —sonrió.

Jacob se volteó a mirarme y me sonrió de lleno, quedé sorprendida ante la cercanía de su cuerpo al mío, me dio la sensación que su deslumbrante sonrisa buscaba algo.

—Buenas tardes, Isabella, estoy contento de volver a verla, quería pasar a saludarla ya que estaba aquí por asuntos de negocios —sonrió.

"Asuntos de negocios" ¿Le llamaría así a la citación del tribunal por lo de Christine?

—Espero, entonces, que ese asunto de negocios no sea la tuición de Christine, porque déjeme decirle que si eso es la niña para usted no me quedará otra que hablar a favor de Edward Cullen —le espeté.

—Para nada querida Isabella, es más prefiero conversar esto con usted en privado, si me lo permite —sonrió.

Le guié a uno de los salones de té que disponía el College y allí nos situamos para conversar lo que él se suponía venía a contarme, un día antes del juicio del tribunal. Me preguntaba si entre Edward y Jacob Black existía el mismo pensamiento de que yo era tonta. Citarme un día antes, uno para que fuese a ver a Christine y ver cómo vivía tan bien y el otro a decirme quizá que cosa, haría cambiar mi opinión con respecto a ellos, realmente yo no me vendía ante ninguno.

—Isabella —dijo Jacob luego de beber su taza de té —, sé que le puede sonar extraño lo que le vengo a comentar, pero es la verdad. He estado investigando a Edward Cullen, necesito pruebas para poder obtener el favor del magistrado y que Christine se quede con nosotros así como mi padre lo quería.

—Sinceramente, Sr. Black, no entiendo cual es el punto aquí, si su notoria competitividad con el Sr. Cullen o el real interés del bienestar de Christine —sonreí al ver su rostros palidecer.

—No se trata de eso, yo jamás he tenido un sentido de competitividad con el Sr. Cullen, de hecho no lo conocía antes de este suceso, eso se lo aseguro —afirmó no muy convincentemente.

Entre dos mentirosos, al parecer no me quedaba que creerle al mal menor, pero ¿Cuál sería ese?

—Se trata de la hoja de vida del Sr. Cullen —dijo Jacob retomando el tema —, existe en ellas numerosas detenciones por exceso de velocidad, agresión en vía pública y otras menos graves, pero yo me pregunto ¿Usted quiere dejar a su protegida en manos de un tipo que podría cualquier día chocar con ella a una velocidad abrumadora? O quizá peor, ¿dejarla en manos de un agresor?

Me extendió los papeles de la hoja de vida de Edward, los leí y revisé cuidadosamente y tal como decía Jacob Black, Edward Cullen tenía un sinnúmero de detenciones. Luego de eso Jacob estuvo un largo rato hablándome de lo que tenía preparado para Christine, de que sería un buen padre adoptivo, así como lo habría sido su difunto padre y que nada le haría más feliz que si ella declarase en contra de Edward Cullen.

Por lo menos había sido más honesto al pedirlo, pero tampoco quería que Jacob se quedase con ella, no ahora que estaba tratando de derrotar a Edward de una manera poco positiva, citando hechos del pasado a escondidas, sin que él pudiese defenderse no le parecía lo mejor. Realmente esto la dejaba peor. Ninguno de los dos merece tener a su cargo a Christine. Ninguno la cuidaría como ella.

Esa noche le comentó todo a Alice, quién estuvo dispuesta a escucharla y a aconsejarla, pero la conversación se vio interrumpida cuando Rosalie participó de ella.

—Bella, deberías escucharte, no aceptarás jamás a ninguno de los dos, porque ninguno de ellos eres tú, de hecho lo has dicho muchas veces: "Ninguno la cuidará como yo, no la querrán como yo…" —dijo Rosalie desde su cama.

—Rose tiene razón —intervino Alice.

No supe que responder, no sabía que decir, dejé a las chicas continuar la conversación y me limité a mis pensamientos y a tratar de participar en lo que ellas afirmaban. Era cierto, no quería compartir a Christine con nadie más que no fuese yo misma. Era una egoísta y peor aún, no tenía idea que diría en el tribunal, de seguro mi testimonio era muy relevante por el hecho de haber cuidado de ella, pero no tenía ni la más mínima idea de quién podría ser el adecuado. Me quedé dormida esperando que mis sueños me diesen la tranquilidad y por qué no, la respuesta a mi compleja situación.

Pero eso no sucedió, cuando desperté estaba igual de asustada y más aún porque quedaban dos horas para enfrentar al magistrado y seguía igual de indecisa. La Srta. Robbins vino por nosotros, nos aconsejó que dijésemos toda la verdad con respecto al tema, que la felicidad de Christine en estos momentos dependía de nosotras y una vez que comenzó con su sermón no se detuvo hasta que estuvimos en la sala.

Allí vi a Edward y Jacob, cada uno por su lado con sus distintos abogados que parecían no hablarse. La Srta. Robbins nos obligó a saludar a ambos, entonces me di cuenta que Christine no estaba.

La magistrado llamó al orden y expuso el caso, el primero en presentar fue Jacob, quién acusaba a Edward de no tener el perfil adecuado para tener el dominio de una pequeña y que a pesar de ser médico pediatra no tendría tiempo para ella y que su pasado ciudadano delataba una persona poco capaz. Allí le extendió los papeles que había leído con anterioridad, la magistrado dijo que luego los leería con calma. Luego pasó Edward, quién no dejó de mirarme todo el tiempo.

—Según lo expuesto por el Sr. Black soy un completo incompetente, pero lo que debo decirles es realmente distinto a eso, no podemos estar jugando con una niña, moviéndola de allá hacía acá, de un orfanato a una casa, luego a otra ¿no han pensado en los sentimientos de esa pequeña? ¿En los traumas que podría generar porque ella se encariñó ya conmigo y su niñera?, entonces separarla de eso y volverla a otra situación diferente sin duda generaría un hito en su vida que podría marcarla para mal y como pediatra lo afirmo aún más. Debo decir que la quiero mucho y que sin duda no le faltará nada y que lo anteriormente expuesto por el Sr. Black quedaría invalidado porque eso ocurrió hace tantos años que no debería ni siquiera haberse nombrado aquí y ante mi desventaja exijo que se saque copia a su hoja de ciudadano a ver que podríamos encontrarnos allí —fue una de las cosas que argumentó Edward.

La jueza del tribunal dio a la sala quince minutos, para que ellos tuviesen tiempo de estudiar los papeles presentados por ambas partes. Entonces Edward se me acercó antes de la entrada a los baños.

—Bella —dijo a mis espaldas, entonces me giré para volver a verle.

—Hola —dije sin mucho carisma.

—Me di cuenta que leíste mi carta ya que fuiste a ver a Christine, pero esperé una respuesta que nunca llegó.

—No sabía que tenía que responderte —añadí cortante ya que realmente quería ir al baño y huir de la situación incómoda.

Al parecer él leyó mi mente.

—Te esperaré cuando salgas de allí —sonrió.

La Srta. Robbins, Alice y Rosalie, parecían haber desaparecido, cuando uno las necesitaba de distracción no estaban y cuando realmente querías que se esfumasen las tenías pegadas como si fuesen pegatina.

—Aquí estás —dije al verlo aún fuera.

—Sí, ¿Vamos a la cafetería? —sonrió.

—No tendremos tiempo suficiente —sentencié.

—Lo habrá —afirmó.

Él pidió un café y un té, el último para mí, además añadió dos trozos de tarta de frutas.

—Con esto no te estoy comprando —leyó nuevamente mis pensamientos —, realmente no entiendo tu obstinación con pensar que todo lo que hago es para comprarte o comprar tu buena opinión de mí, no entiendo como no te das cuenta que es de manera desinteresada sin buscada nada a cambio.

—No veo cuál es tu necesidad de buscar mi aprobación comprándome cosas —dije bebiendo mi té.

—Realmente no es eso lo que busco de ti, busco otra cosa —sacó un trozo de tarta y se la echó a la boca. ¿Lo habría hecho adrede? Dejar la frase a medias me dejaba mucho campo para pensar.

—¿Qué buscas entonces?

—Que confíes, eso quiero, que aprendas que el mundo al que según tú no perteneces no es malo, que existan personas crueles no significa que todos seamos así, tienes que aprender a confiar y que si te ofrezco estos momentos así no es para obtener tu aprobación o algo de ti, es sólo porque me esmero en que te adaptes a tu nueva vida —sonrió.

—En ese caso ¿Por qué es sólo conmigo y no con Alice y Rosalie? —sonreí triunfante mientras él tosió al atragantarse con tarta.

—Es simple —dijo recobrando la estabilidad de su voz —, ellas no desconfían de todo el mundo y no andan buscándole defectos y segundas intenciones a la gente. No digo que seas una confiada por el mundo, pero que dejes un poco el melodrama de que todos tienen segundas intenciones bajo la capa y están esperando que caigas en una trampa. Eres una mujer adulta y mereces comprender el mundo de mejor manera del concepto errado que tienes ¿entiendes?

—Creo que sí, soy tu buena obra del día ¿No?

—Maldita sea, Bella —dijo perdiendo el control y dando un golpe a la mesa. Por primera vez lo veía así.

Al parecer su maniobra llamó la atención de la gente, incluso la de Jacob Black que se acercó a la mesa.

—¿Problemas, Bella? —dijo ignorando a Edward.

—No, no se preocupe, puede retirarse —dije sin mirarlo, mientras veía como Edward arrugaba la servilleta con rabia.

—Maldita sea no es una buena palabra —susurré al pensar que de ahora en adelante la gente de la cafetería estaría escuchándonos.

—No, no lo es, pero ya no sé cómo explicarte que no soy quién te dibujaste en tu cabeza —dijo con evidente frustración.

—Ya, entonces eres un príncipe azul con caballo blanco de las más puras intenciones que busca el bien para Christine ¿verdad? —reí ante la imagen mental de eso.

—Si, algo así, digamos que eso de príncipe no me va y que me gustan los caballos azabache, pero si, algo así, pero no me imagines con capa, porque realmente sería muy torpe con ella y no sabría qué hacer, estorbaría al punto que no me extrañaría tropezar con ella e irme de narices al suelo —sonrió.

No puede evitar mi risa, se la había ganado, la imagen mental de Edward bajando de un caballo y tropezando con su capa fue sublime. Él sonrió al verme reír.

Antes de entrar a la sala del tribunal me tomó del brazo y me dijo: ¿Me crees?

Al parecer, esa sonrisa sincera había creado su efecto, no podía negarme. Por primera vez con tanta seguridad podía decir que le creía, por lo menos en sus intenciones con Christine, aunque no sabía si sus intenciones para conmigo eran tan buenas, pero por lo menos quería a la pequeña y no era algo de sus "negocios" como lo había dicho Black.

Cuando me tocó el turno de dar mi declaración, los abogados fueron fastidiosos preguntándome como era Christine, que como era Edward con la pequeña y que opinaba yo del diario vivir de Christine, entonces finalmente reconocí lo que hace mucho tenía que decir.

—El Sr. Edward Cullen es un buen protector, cuida de la niña con gran ahínco, está pendiente de ella a cada instante, la lleva a paseos a lugares hermosos y la quiere mucho, así como ella le responde a él, se ve cómoda y feliz, algo que no sé si en otra persona podría encontrar. Creo que Christine está muy bien con el Sr. Cullen —finalicé.

La cara de Alice y Rosalie era impagable, así como de la Srta. Christine, al parecer nadie esperaba que estuviese a favor de Edward, en realidad ni siquiera yo sabía que aprobaba esto, quizá mi orgullo y mi envidia, egoísmo también, me habían cegado.

Edward era bueno, por lo menos para Christine, no sé si conmigo sería tan sincero, pero no me quedaba más que averiguarlo.


Hola chicas, espero que esten todas bien, por favor no me reten ¿vale?

Espero que les haya gustado el cap. Por lo menos Bella está dejando de ser tan cabezota.

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Manne Van Necker