ACLARACIÓN: Esto es una adaptacion del libro
-En brazos de la tentación de Heidi Raice
No quiero que piensen que es un plagio ni mucho menos y como saben los personajes de Naruto no me pertenecen son propiedad de Masashi Kishimoto
-Quiere pagarme cuatro mil dólares por dos semanas de trabajo! Es ridículo —dijo Sakura, mirando el contrato que Naruto le había dado a firmar. El director comercial de Sasuke se echó a reír.
—Ya te he dicho que es un jefe muy generoso. No te preocupes, conociéndolo, vas a tener que ganártelo. Ése era el problema.
—No puedo firmarlo. Es demasiado dinero.
Naruto la miró un segundo y luego sonrió.
—Es curioso, eso es precisamente lo que Sasuke me advirtió que dirías.
—¿De verdad? ¿Era ése el motivo por el que no había vuelto a verlo desde su pequeña discusión del día anterior?
«No seas tonta, no le da miedo discutir contigo».
A Sakura se le hizo un nudo en el estómago. La única explicación posible de su desaparición era que hubiese perdido el interés por ella. Justo lo que quería, aunque sabía que su comportamiento de esa mañana había sido penoso.
Había recibido una nota de una de las secretarias de Sasuke, pidiéndole que fuese a las oficinas del hotel. Dando por hecho que él estaría allí, se había pasado media hora escogiendo la ropa y arreglándose frente al espejo.
Al llegar a las oficinas había descubierto que Sasuke iba a estar fuera todo el día y se había sentido muy decepcionada. Y le había costado un enorme esfuerzo ponerse a trabajar en vez de darle vueltas a la decisión de hacerle esperar. Estaba casi segura de haberlo estropeado todo con él.
Luego, le habían dicho que entrase en el despacho de Naruto, que le había dado el generoso contrato. Y, en esos momentos, volvía a estar enfadada. ¿Por qué creía Sasuke que iba a pagarle? ¿Y por qué ella no se sentía tan indignada como hubiese debido?
Naruto abrió el cajón de su escritorio y sacó una hoja de papel doblada.
—Me pidió que te diese esto si no querías firmar.
Sakura desdobló el papel, que estaba escrito con la letra de Sasuke, lo leyó y notó que se ruborizaba:
Deja de darle vueltas a tus recatadas braguitas.
No pago por tener sexo.
S.U
PS: En especial, ¡si no lo tengo!
Sakura no pudo evitar echarse a reír, se llevo la mano a la boca para tapársela, pero no pudo contener la carcajada.
—¿Estás bien, cielo?
Ella bajó la mano y vio que Naruto la miraba con preocupación. ¿Es que no había leído la nota? Debía de pensar que estaba loca.
—Sí, estoy bien, gracias.
—Entonces, ¿vas a firmar el contrato? —le preguntó él.
—Por supuesto —respondió Sakura, manteniendo la compostura. Lo firmó y se lo devolvió con frialdad, como toda una profesional.
—Estupendo —dijo Naruto, levantándose para darle la mano—. Me alegro de tener a otra japonesa a bordo.
Mientras la acompañaba fuera del despacho y empezaba a presentarle a todo el equipo, Sakura se hizo otra promesa. Sería la mejor asistente personal que había tenido Sasuke Uchiha. Trabajaría tanto durante las dos siguientes semanas, que tanto Sasuke como el resto de The Phoenix se sorprenderían de su eficiencia, su aplicación y su intachable ética profesional. Iba a ganarse cada dólar que le pagase, para que nadie pudiese pensar que le habían dado el trabajo por acostarse con el jefe.
—Me suena mucho tu cara. ¿Estás segura de que no nos conocemos? —le preguntó Ino Yamanaka mientras le pasaba otro documento de The Grange.
—He estado alojada en el hotel, tal vez me hayas visto por aquí —le respondió ella, concentrándose en los papeles para disimular la vergüenza.
Había reconocido a Ino al instante. La guapa y regordeta secretaria había estado allí cuando ella había entrado en el despacho de Sasuke vestida sólo con un albornoz. Por suerte, Ino todavía no había atado cabos.
—Debo de tener una cara muy común —continuó diciéndole. —Bueno, en cualquier caso, eres mucho más simpática que Karin.
—¿Quién es Karin?
—La última asistente personal del señor Uchiha—respondió Ino.
-¿Sabes por qué se marchó?.- pregunto Sakura
—Sí, dimitió hace un par de días, después de que el señor Uchiha le gritase. Aunque yo la habría echado mucho antes. Era una quejica, y al jefe eso no le gusta nada.
—No parece que sea un jefe muy comprensivo.
—Puede llegar a ser duro si no haces tu trabajo bien —respondió Ino —. Y es famoso por ser despiadado en los negocios. Hay rumores de que era jugador de póker profesional antes de convertirse en el dueño de The Phoenix —añadió, como si estuviese contándole un secreto de Estado—, pero a mí no me ha gritado nunca.
—Entonces, ¿Karin no era buena? —preguntó Sasuke esperanzada.
—Además de eso… siempre estaba coqueteando con el señor Uchiha.
«Estupendo», así que Sasuke se acostaba con sus secretarias. ¿Por qué no le sorprendía a Sakura?
—¿Tenían una aventura? —quiso saber.
Ino miró a su alrededor para asegurarse de que las otras dos secretarias no las escuchaban y luego susurró:
—Karin siempre me hizo entender que así era. No dejaba de hablar del viaje a California, hasta reservó una cabaña para los dos en el complejo turístico al que iban a ir. Sabía que todas le teníamos envidia — Ino suspiró—. Es tan guapo, ¿quién no querría pasar dos semanas a solas con él en un hotel?
Sakura se dijo que era cierto.
—Pero ¿sabes qué? Que yo nunca vi al señor Uchiha coqueteando con ella. Más bien, parecía irritarlo. Yo creo que ella dimitió porque se dio cuenta de que nunca iban a tener nada.
O porque había descubierto que Sasuke la había reemplazado por otra.
—Ya veo —comentó Sakura, intentando no sentirse dolida. ¿Qué podía esperar? Sasuke se la había llevado a la cama en menos de un día. —Gracias por contármelo todo. Siempre viene bien tener información nada más empezar un trabajo.
—De nada —le respondió Ino —. Yo te aconsejaría que trabajes lo mejor que puedas y que no coquetees con el señor Uchiha. En cualquier caso, se ve que tienes mucha más clase que Karin, supongo que por eso te ha contratado.
«Pues te equivocas», pensó ella mientras Ino se alejaba hacia su escritorio.
Sakura intentó concentrarse en su trabajo, pero no pudo evitar pensar en todo aquello. No volvería a acostarse con Sasuke porque no quería ser una más en su lista.
Y no volvería a coquetear con él hasta que no supiese cómo manejar la atracción que sentía, y también a él.
Cerezoo
