Aquel mes paso muy rápido y ya no sentía nada por ella, o al menos eso es de lo que trato de convencerme.
Tomé el arma y la coloqué dentro de mis jeans, me coloqué mejor la polera y salí del auto.
Tenía que rescatar a una chica, y aunque ya había estudiado el lugar de pies a cabeza, tenía nervios, inhale y exhale algunas veces, camine hacia la puerta y toque algunas veces.
—¿Qué necesitas?—Dijo un hombre mirándome de pies a cabeza.
—Vengo por el trabajo.—Comenté.
—Pasa.—Se hizo a un lado y entré.
Al estar adentro mire la casa y había dos cámaras en la entrada.
—Date la vuelta.—Ordeno y así lo hice.
Comenzó a tocarme pero cuando estaba a punto de revisar mis piernas lo evite.
—Seré una chica que busca empleo, pero no soy tonta, si quieres tocar algo, búscate a alguien.—Dije y se escucho una risa.
Esa risa, la reconocería en cualquier parte.
—Cállate West, si no quieres que te rompa la cara.—Amenazo.
—No me das miedo.—Dijo la pelinegra.
El hombre se alejó de mí, pero yo no me di la vuelta.
—Entra por la puerta roja, pasas el pasillo y en la puerta número diez esta todo lo que necesitas.—Asentí moviendo la cabeza.—Y tú West, necesitamos hablar.— Comentó aquel hombre.
Hacía mucho que no escuchaba la voz de Jade, y ahora encontrármela de nuevo.
Comencé a caminar sin voltear.
—¡Ey, espera!—Grito el hombre y me detuve.—Tú nombre.
—Allison…—Me sentía nerviosa.—Allison Cooper.
Seguí mi camino y entre por la puerta roja, asegure la puerta con seguro y de mi zapato saque el pequeño mapa y revise el lugar donde se debía de encontrar la chica.
Este era el pasillo y la puerta era la número cinco, pero antes fui a la puerta diez, me coloque el uniforme, tomé el pequeño carrito y salí de la habitación, camine hacia la puerta cinco, me acerque y cuando quise abrirla no pude, suspire.
—Vamos Tori, lo has practicado miles de veces, no es la primera vez que vas a tumbar una puerta.—Dije y tomando una gran respiración.
Tumbe la puerta, mire hacia los lados y note dos cámaras, saqué mi arma y dispare hacia las esquinas.
—¿Dónde estas Anne?—Pregunté dulcemente y un sollozo se hizo presente.
La pequeña estaba en una esquina, la tome del brazo para levantarla.
—Yo no te haré daño, te sacaré de aquí.—Aseguré.—¿Sólo coopera, sí?
Anne no dijo nada, sólo asintió, la cargue y la coloqué en el carrito, con las bolsas la oculte y salimos.
Revisé de nuevo el mapa y este indicaba que la única forma de salir era por la puerta principal. Mierda. Camine hacia la puerta, le saque el seguro, camine hacia la parte principal y cuando estaba a punto de salir, me llamaron.
—¿Qué haces?—Preguntó alguien detrás de mi.
Las manos me comenzaron a sudar. ¡Mierda! ¿Por qué me pasaba esto a mí?
—Voy a sacar la basura.—Respondí con voz aguda.
—¿Quieres que te ayude?—Preguntó el hombre acercándose a mi.
—No, gracias.— Abrí la puerta y salí de allí rápidamente.
Tomé el carrito y lo comencé a bajar por las escaleras, seguí caminando con el carrito hasta que llegamos a la esquina.
—Listo.—Dije sacándome el uniforme.
Quité las bolsas y la cargue para sacarla.
—¿Cómo estas?—Le pregunté sonriendo.—Perdón, no suelo conversar con personas, digo, siempre digo este tipo de tonterías.—Ella sonrió.
Anne, tenía seis años; la habían secuestrado ya que su padre es un ejecutivo muy rico, habían pedido rescate y ellos amenazaron con matarla si no pagaban el dinero que ellos pedían, pero entre yo y ella ahora esta bien.
—Me llamo Victoria Vega, puedes decirme Tori.—Le estiré la mano y ella la tomo.
Tenía los ojos miel, la piel blanca y el cabello largo.
La tome de nuevo de la mano y la conduje a mi auto, entramos a él.
—Te llevare a mi casa, allí te bañaras y te pondrás ropa nueva.
Mientras conducía mi móvil comenzó a sonar.
—Toma.—Dijo Anne dándomelo.
Le sonreí y lo tomé, contestando.
—¿Hola?—Respondí mientras paraba ya que el semáforo estaba en color rojo.
—Sé que eras tú, Tori...
Mi corazón comenzó a acelerarse, no contesté.
—Número equivocado.-Dije después de un rato y colgué.
Deje el móvil en la guantera y puse el auto en marcha.
¿Cómo es que tenía mi número? Cuando nos fuimos de aquella casa, deje mi móvil y conseguí uno nuevo. ¿Quién se lo había dado? ¿Por qué quería hacerme la vida imposible?
—¿Quién era? —Preguntó Anne.
Por un momento había olvidado que ella estaba aquí.
—Una chica, pero quería hablar con alguien que no soy yo.—Contesté y ella frunció su ceño.
—¿Por qué te pusiste tan nerviosa?
Suspire.
—Era una chica, con el cual no empecé nada, pero termino mal ¿Me explico? Termino antes de empezar.
Ella asintió, y antes de darme cuenta, estaba hablándole de mi vida amorosa a un niña de seis años.
—Te engaño.—Aseguró.
—Ni siquiera sé porque la bese.—Comenté y ambas reímos.
Al llegar a casa, duche a Anne y le coloqué ropa nueva.
—¿Mejor?—Pregunté mientras le secaba el cabello.
—Sip.—Contestó y sonreí.—¿Cómo es Jade?
—Jade…—Repetí.—Jade es una especie de gotica a la cual no le agrada que le digan gotica, con unos hermosos ojos azules, una sonrisa perfecta y una risa bastante graciosa.—Respondí y luego la miré.
—¿Todavía la quieres, verdad?
—Traté de convencerme de que ya no sentía nada por ella, pero no lo logré…—Suspire. —Como sea, ella esta en el pasado, ahora te tengo que llevar a la agencia.
Ella frunció el ceño y cruzó los brazos.
—No quiero irme.—Dijo.—Quiero estar aquí.
—¿Acaso no extrañas a tus padres?
Ella asintió.
—Entonces tenemos que ir allí, para que los puedas ver, yo no tengo a los míos y los extraño mucho.
Ella me tomo de la mano y caminamos hacia la puerta.
—Tienes razón, hay que irnos.
Cuando llegamos, fuimos directo a la oficina de Sikowitz, toqué la puerta y entré.
Dos personas, un hombre y una mujer, me miraron y luego a la pequeña, sus ojos se iluminaron y corrieron hacia ella.
—Anne.—Dijo la mujer mientras la estrechaba entre sus brazos.
El padre de Anne se unió al abrazo. Después de unos minutos, el hombre le dio el dinero a Sikowitz y se fueron, pero antes Anne me dio su pulsera de la suerte y me dijo que nunca me la quitara y repentinamente recordé a Jade.
Cuando me iba a ir, Sikowitz no me dejo.
—Tori, tienes nueva pareja.—Comunico mirándome.
—¿Quién es?—Pregunté mirándolo.
—Beck Oliver.
OH! Beck! Genial... Hola gracias por leer. Espero que les haya gustado. Bye.
