¡Hola!

Siento mucho no haber publicado ayer, pero no he podido trascribirlo todo al ordenador en solo dos horas. Se me hizo muy complicada la semana: ¡Ultimos exámenes del trimestre! ¡Las notas! Fue muy estresante la semana y no tuve tiempo de nada. Espero que me entendáis.

Bueno, daré solo unas cuantas respuestas de la encuesta:

1. No habrá slash, ni yaoi. Harry quedara soltero. xD

2. ¡Felicidades vava de la cabernas! Tengo 14 años, no juzguéis por mi edad como hace mucha gente.

3. Lily trabajara como medimaga.

4. Pues por el momento todavía no he decidido.

El resto es secreto xD.

Gracias a:

Mawi

Rianne Black

Pat-LXP

Tatis

Mikelodeon

APBB

Leslie95

Naruto-Man

VeroSev

Arundhel Snape

MEDLV

La sonrisa de Cheshire

Meital-Lupin

GothicGold

Jazmin-Black

Luna-CNT

Estrela Polar

Ross snape

Dizashe

Vava de las cabernas

Saralpp

Fenixplateado21

Kathy Sacuba

Judoba

Konii

Niernath

Les agradezco de todo corazón que hayáis comentado y que los que antes solo me habían colocado en favoritos o en alerta se hayan animado a comentar.

¡QUE PASEIS BUENA SEMANA SANTA!

xXx

Maldición de una Sepiente

Actualizado: 4-4-09

Por: Acarolin95

El Regalo Perfecto I

Harry caminaba entre unos árboles muy densos y de tronco grueso, sobre el monte cubierto de nieve que se había derretido, mientras la tenue luz del sol invernal le pegaba en la cara. Lo único que quería él, Harry, era salir de allí y saber lo que estaba pasando, todo lo que le habían dicho era absurdo y ridículo.

Se escuchaba el susurro al pisar la grama, pero no solo su 'susurro', sino el de la otra persona que le seguía. Harry ya estaba perdiendo la paciencia de tanto que lo seguían, todo esto es totalmente absurdo, pensó Harry molesto. A lo lejos visualizó un lugar cubierto por una gruesa capa de nieve, lo que indicaba que, quizá, al fin podría salir del bosque. Camino con paso rápido viendo como el lugar se iba ampliando y daba paso a un pequeño camino y una casa destartalada, casi en ruinas. Un poco dudoso, Harry se acerco, pero casi inmediatamente se quedo quieto.

- ¿No has tenido suficiente? – preguntó Harry arrastrando las palabras, mientras se le formaba una sonrisita de medio lado, y luego agrego:–, sangre sucia…

Una chica baja con el cabello marrón y muy enmarañado, y de ojos marrones salió de detrás de uno de los tantos que arboles que había, y con la varita alzada, le señalaba con determinación.

- ¿Qué has hecho con Harry Potter? – pregunto la chica entre dientes.

- Verdaderamente que eres estúpida, sangre sucia, ¿es que no me vez? – dijo Harry como si hablara con una niñita, pero de mala manera.

- ¿Dónde está? – chilló desesperada – Sea lo que sea que…

- ¡Cállate! ¡No se te ocurra volverme hablar con ese tono! ¡No tiene la altura para chillarme, sangre sucia! Y menos tutearme, no soy nada tuyo. Una niñata como tú, debe morir a manos del-que-no-debe-ser-nombrado. ¡As robado nuestra magia! ¡No eres más que una sangre sucia! ¡Una rastrera que quiere sobresalir entre los sangre limpia! ¿Dónde está tu libro? ¿no tienes donde esconderte, rata? No ere más que una…

Harry salió disparado para atrás al ser impactado con el 'Expelliarmus' de Hermione; ella se acerco cuidadosamente al cuerpo de Harry. El chico se había desmayado.

Todo estaba borroso y difuso, el lugar estaba bañado por una luz grisácea que daba a la habitación un tono azulado. A su izquierda una pared en ruinas esparcida por toda la habitación, hormigones partidos por la mitad o caídos sobre el suelo cubierto de suciedad, rocas y partes, de lo que fue una vez, el techo. Estaba aparentemente, atado a un hormigón. Se movió bruscamente las muñecas, pero fue inútil.

- No podrás salir. He hecho un buen nudo – dijo una voz femenina con rabia.

- Te arrepentirás de esto, sangre sucia – escupió Harry.

Paso un buen tiempo, que a Harry se le hizo insoportable, no soporto estar más con esa putrefacta dientona. La habitación en ruinas se fue oscureciendo, mientras era vigilado por la mirada marrón de la sangre sucia. Abrió y cerró los ojos hasta que… se quedo dormido.

Se despertó en la mañana, cuando el sol invernal no sale a esa hora como el de verano. La sangre sucia se había quedado dormida. Movió desesperadamente las muñecas; después de tanto esfuerzo la atadura empezó a aflojarse, hasta que pudo sacar la mano izquierda, seguida de la mano derecha; se deshizo de la soga, se levanto y camino con sigilo, para no pisar una roca y que esta crujiera haciendo que Granger se despertara. Cuando estuvo cerca de Granger, se inclino sobre ella y, entre los retajos de tela que tenía como vestimenta, reconoció su varita.

Corría por el camino de regreso al bosque y escondiéndose detrás de un árbol, tomo una roca y susurro 'portus', en menos de un abrir y cerrar de ojos cayó sobre un sendero rural; había una verja de hierro forjado que daba la entrada a un largo camino. Se aproximó a la verja paso la mano por encima de la verja e hizo unas cuantas maniobras en el seguro de la verja; se la sabía muy bien de tantas veces que Draco y Lucius se la había enseñado. Camino por el largo camino hasta llegar a la puerta de la mansión de los Malfoy. Toco y espero.

Una mujer pálida, delgada y rubia fue la que abrió la puerta.

- Hola, Sra. Malfoy – saludo Harry feliz.

- ¿Potter? – dijo Narcisa, escudriñándolo con la mirada.

- Sí.

Narcisa sonrió malévolamente.

- Has venido al lugar indicado – ironizo Narcisa – El seño estará más que contento.

Lo tomo con rudeza del hombro, con avidez le quito la varita de la mano y lo arrastro dentro de la mansión.

- ¿Pa-pasa algo, Sra. Malfoy? – preguntó Harry totalmente confundido.

Repentinamente alguien lo sujeto de los brazos por detrás con rudeza. Una mano peluda le tapo la boca, casi dejándolo sin respiración. Harry trato de zafarse, pero era inútil y en vano.

Cuando llegaron a la sala de la mansión, dos personas se levantaron de unas butacas colocadas ante una ornamentada chimenea de mármol.

- ¿Qué está sucediendo?

Harry reconoció al instante la voz de Lucius Malfoy y sintió alivio de oír, al menos, una voz común.

- Tenemos a Potter – explicó Narcisa –. Ven aquí Draco.

- ¡Draco! – dijo feliz Harry al ver a su mejor amigo - ¿Qué está sucediendo?

Draco al principio lo miró tan solo de reojo, pero escuchar lo que había dicho Harry su expresión cambio a una de extrañeza y un poco de asco.

Lucius se río con sorna y se aproximó a Harry.

- ¿Lo es? – preguntó una voz ruda y torpe a su espalda.

- No… no lo sé – respondió Draco.

Lucius se acerco mucho más a Harry y aparto con su varita el mechón de cabello negro de Harry.

- Patético – bufó Lucius –. Al menos podían haberte colocado la cicatriz. Esta claro que no es Potter.

- ¡Lo soy!

- ¿Quién eres y quién te mando?

Antes de que Harry pudiera decir nada, la puerta del salón se abrió.

- ¿Qué está sucediendo, Cissy? – preguntó una voz también conocida: Bellatrix Lestrange, era una de las personas de la familia Malfoy que no le agradaba mucho.

Bellatrix se detuvo frente a Harry.

- ¡Vaya! – dijo con serenidad - ¡Pero si es Potter!

- Y claramente es un impostor – dijo la misma voz ruda y torpe de quien lo sujetaba.

Bellatrix bufó con desesperación.

- Tiene que ser Potter, inútil – replico con fastidio Bellatrix.

- No, Bella. No tiene la cicatriz.

- ¿Quién quisiera hacerse pasar por Potter? Y peor aún, mostrarse así aquí – explicó Bellatrix con voz muerta y una sonrisa desquiciada en sus labios – Y si fuera así – añadió antes de que Lucius le interrumpiera –, Lucius, este chico debe ser el paradero de Potter…

- Claro… - empezó a decir Lucius.

- ¡En ese caso, hay que llamar al Señor Tenebroso! – y se retiro la manga del brazo izquierda.

Harry ya estaba empezando a creer lo que le había dicho "la voz ronca": Ha sido enviado a un mundo paralelo.

Todo ese comportamiento de los Malfoy, su familia sustituta, nunca antes había ocurrido. Siempre lo habían tratado como un segundo hijo. ¡No quiero estar aquí!, no me gusta ¿Cómo puede estar mi otro yo con una sangre sucia?; Mi otro yo cayó tan bajo, ¡Es un completo idiota! Pensó Harry.

El piso comenzó a agitarse con violencia y brutalidad. De repente el techo se rompió, el hombre que lo sujetaba lo obligo a dar unos pasos atrás. Cuando ya no hubo tanto polvo pudo visualizar una mancha negra.

El alma se le cayó a los pies ¿Qué acababa de hacer?, había ido a la boca del lobo.


Se encontraba encerrado en su habitación tratando de poder quedarse dormido, pero era inútil.

Se levanto con desgana de la cama, se acerco a la venta y se sentó en el bordillo. Llevaba un buen tiempo con la mirada perdida en el cielo. Cuando visualizo la estrella Sirius en seguida aparto la mirada de la estrella, pero los recuerdos lo atacaron:

Bellatrix Lestrange le retaba, le decía que lastimara a su padrino, que lo torturara con un hechizo imperdonable: el crucio. En su mundo eso era ilógico, pero ¿y en este mundo?

Una sensación de rabia y furia se juntaron con la venganza en el cuerpo de Harry, y todo el mundo que lo conociera sabia que eso no era bueno.

Apunto con la varita a su padrino y vio como una sonrisa se le formaba en el rostro de Bellatrix; despego los labios para decir el hechizo.

- Crucio – dijo Harry.

La sonrisa de Bellatrix se borró al instante y grito de dolor, aulló de dolor, de un dolor que se merecía. Harry no aguanto más, él era humano y, a pesar de todo lo que hubiera hecho no podía seguir, era horrible.

Bellatrix estaba tirada en el suelo respirando entrecortadamente.

- Una vez me dijiste que debía de sentirlo – le dijo Harry con voz cargada de veneno, pero extrañamente suave –, y ahora lo sentí…

No supo por qué, pero Bellatrix sonrió desquiciadamente y justo cuando iba a desmayarla, ésta desapareció.

Por una extraña razón todo ese tiempo sintió que estaban solos, no había escuchado el crepitar de las llamas, ni los aullidos de dolor, ni los gritos de la gente al lanzar un hechizo. El sonido había regresado en un volumen muy lado, que le hizo doler los oídos.

Lo siguiente que ocurrió fue como en cámara lenta:

Todos los mortifagos desaparecieron, James Potter llegó a donde Sirius y él estaban; uno de los Aurores se acerco también y lo miró de arriba abajo con el entrecejo fruncido. James tomo a Sirius y a Harry, y desaparecieron del destruido callejón Diagón.

Después de eso lo único que recordaba era salir corriendo a su habitación, mientras sentía que la cabeza le iba a estallar.

Había pasado casi dos días del acontecimiento en el Callejón Diagón, y él se negaba a salir. ¿Cómo iban reaccionar todos ellos? Había utilizado un hechizo imperdonable. Si antes lo odiaban, ahora lo iban a detestar; quizá lo entregaran a los Aurores, tendría un juicio o tal vez lo llevarían a Azcaban sin juicio como había hecho con el Sirius de su mundo.

El siguiente día seria Noche Buena y había estado dándole vueltas al asunto de salir de una vez por todas de su habitación.

Alguien llamó a la puerta y con desgana, Harry murmuro un "adelante". Tengo que enfrentarme a ellos en algún momento, pensó Harry.

La cabeza pelirroja de Fred Weasley se asomo por la puerta.

- Eh… ¿Qué tal, Harry?

- ¡Ah, Fred! ¿Qué haces aquí? – olvidando por un momento sus preocupaciones, Harry cambió su tono taciturno por uno más alegre.

- Me he enterado que llevas dos días encerrado en tu habitación… - respondió Fred.

- Está claro, ¿no?

Al parecer Fred si lo entendía, porque dijo:

- A los Aurores no les importa lo que has hecho – Harry lo miró confundido, y antes de que pudiera decir algo, Fred añadió – El hechizo fue contra un mortifago peligro de alto rango, y la verdad dicen que no les importa. El primero que te apoyo fue Ojoloco Moody – A Fred le dio un escalofrío al pensar en la imagen de Ojoloco.

Harry sonrió con alivio. Había escuchado que en sus tiempos, antes de que Harry naciera, Ojoloco utilizaba los hechizos imperdonables contra sus enemigos.

- ¡Eso en genial! – grito Harry alegre - ¿Cómo lo has sabido?

- Tu madre…

Fue lo único que tuvo que decir Fred, para que Harry se sintiera un poco mal.

- Por cierto ¿y Fred?

- En casa durmiendo – Fred se encogió de hombros con una sonrisa –. Sera mejor que bajes, Harry.

Fred se despidió apresuradamente de Harry, mientras éste se disponía a cambiarse.

Cuando estaba bajando las escaleras escucho movimiento en la cocina. James y Sirius se encontraban allí comiendo.

- Al fin te has dignado a aparecerte – le dijo James mirándolo seriamente.

- Mmm… Sí… - contesto nervioso Harry.

- Supongo que ya te habrás enterado que estas absuelto de cargos por parte de los Aurores y el Ministro Barty Crouch – dijo James.

Harry abrió los ojos como platos.

- ¡¿Crouch?! – susurró Harry.

Sirius lo miro pensativo, mas no dijo nada.

- ¿Quién si no? – dijo James como si fuera lo más obvio –. Tienes suerte, también, que Neville estuviera contigo en el callejón Diagón, cuando te prohibí que no debías ir…

- ¿Suerte que Neville estuviera conmigo? – repitió Harry.

- Claro, ¿Quién si no iba a protegerte? – dijo James.

- ¿Qué? – dijo Harry molesto –. Fui yo quien…

- No te castigare – continuó James como si Harry no hubiera dicho nada –, pero estarás vigilado por Sirius.

Harry frunció el seño mirando de reojo a Sirius, quien seguía comiendo y estando pensativo. La forma en la que estaba actuando Sirius, por una extraña razón, le recordaba a su difunto padrino, era extraño, lo sabía.

Bibil llegó con un sonoro 'crac' y tomo el plato de James, para lavarlo. James salió de la cocina sin más nada que decir.

- Buenos días, Señor Harry ¿Cómo amanece hoy? – le saludo alegremente Bibil.

- Bien, gracias, por preguntar Bibil – Harry le dedico una sonrisa.

Se alegraba que al menos Bibil no supiera nada de lo sucedido o simplemente no quería hacerlo sentir mal, pero de cualquier forma Harry se lo agradecía.

- ¿Cómo se encuentra hoy, Sr. Black? – le preguntó Bibil.

- Mejor – fue todo lo que dijo Sirius, todavía pensativo.

Bibil no preguntó nada por el comportamiento de Sirius, se limito a darse la vuelta y desaparecer por la puerta de la cocina.

Las tripas de Harry reclamaron por comida ¿y cómo no?, llevaba dos días sin alimentarse, pero eso no le afectaba mucho. Tomo comida de la vajilla que había en el medio y se sirvió.

Cuando Sirius terminó de comer clavo los sus ojos grises en cada uno de los movimientos que hacia Harry. Se estaba poniendo nervioso que lo miraran con tanto apremió y con fundamentó. Terminó de comer e inmediatamente se levanto, pero antes de poder salir la mano de Sirius lo retuvo.

- ¿Qué piensas hacer hoy? – le preguntó Sirius.

Harry como respuesta se encogió de hombros con indiferencia.

- Mañana es Noche Buena, ¿Ya tienes el regalo de James? – le preguntó Sirius sin mirarle.

- Bueno… la verdad es que no.

- ¿Y tienes pensado regalarle algo? O…

- Sí – se apresuró a decir Harry antes de que Sirius dijera algo que, seguro, le molestaría.

- Coge tu abrigo. Te espero en la entrada de la casa.

- Pero James…

- Soy tu tutor, te guste o no, y seguirás bajo mi vigilancia a donde sea que vayamos – con eso Sirius salió de la cocina.

Harry se quedo ahí parado en lo que estaba sucediendo, cuando lo despertó un 'crac'.

- ¿Señor? – preguntó una vocecita. Harry bajo la mirada y se encontró con los grandes ojos de Bibil.

- ¿Sabes qué le ocurre a Sirius, Bibil? – le preguntó Harry, tras meditar si hacerle la pregunta o no.

- ¡Ah! Bueno, señor; el Sr. Black se ha estado comportando distanciado desde que despertó; lo sé, porque yo misma lo cuide y estuve ahí el día que abrió los ojos y… Bueno no sé si decírselo…

- Por favor, Bibil – le suplicó Harry.

- Lo primero que dijo el Sr. Black al despertar fue su nombre, señor – dijo Bibil con un deje de disculpa y arrepentimiento en su voz.

- No debes culparte ni sentirte mal, Bibil. Él no es tu amo. Gracias – concluyó Harry.

Subió de dos en dos los escalones de la escalera hasta llegar a su habitación. Con desesperación buscó su abrigo, esparció por la habitación la ropa que le estorbaba la búsqueda de su abrigo en el armario. Cuando tenía el abrigo en mano Bibil volvió a llegar con un 'crac' y le dejo una bolsita verde oscuro sobre la cama, y con una sonrisa de agradecimiento por parte de Harry, desapareció. Al tomar la bolsa ésta le peso, lo que le indicó que era dinero, volvió a sonreír. Había llegado a tener una relación estrecha con Bibil, cuando ésta antes ni le miraba y le daba miedo con él en una misma habitación.

Cuando llegó al lado de Sirius éste no le recriminó por haber tardado tanto, simplemente le avisó que iban a aparecerse cerca de la calle Charing Cross, por la razón de que ya no se podía aparecer en el callejón Diagón, porque era protegida por hechizos del Ministerio. Definitivamente las cosas estaban mejor allí, ya que aquí el ministro no era Cornelius Fudge sino Bartemius Crouch Sr. y como escucho en su mundo, Crouch estuvo a punto ser el Ministro de Magia. Crouch tenía las cosas mejor organizadas, no le mentía al mundo mágico, había una mejor seguridad; obviamente si en su mundo Crouch estuviera al mando él no hubiera tenido que tenido que sufrir en sus vacaciones del quinto año, y quizá Sirius hubiera tenido un juicio.

Aparecieron en un edificio abandonado; Sirius le apremió para que saliera.

El Caldero Chorreante estaba abarrotado de de gente tomando algo con sus compras navideñas y otros, como ellos, solo de paso para ir al Callejón Diagón. Llegaron al callejón sin salida, donde tan solo habían dos botes de basura y una pared de ladrillos. Sirius se acerco a la pared y dio unos toques con su varita en los ladrillos indicados, y ante ellos los ladrillos se fueron apartando para dar paso a la vista una calle abarrotada de gente con sus compras navideñas, las estanterías y vitrinas estaban decoradas con acorde a la fecha de fiesta. Asombrosamente el callejón Diagón estaba totalmente reparado, el ministerio había hecho un excelente trabajo. Por primera vez estaba contento con el trabajo que estaba haciendo el ministerio; eso sumaba otro punto para preferir da Ministro a Crouch.

- No te alejes de mí, con este mar de gente es fácil que… - Sirius siguió hablando, pero Harry le perdió el hilo, hasta que Sirius dijo en voz más alta: - ¿A dónde vamos?

- A la tienda de Bromas de Gambol y Japes – dijo Harry pensando en que quizá pudiera comprarle allí el regalo a los gemelos, hasta quizá a su padre.

Mientras caminaba a empujones por el callejón pasó por un local que tenía una letrero que decía "EN VENTA", inmediatamente una brillante idea le vino a la cabeza. Se separó de Sirius sin que éste se diera cuenta, ya que estaba peleando con una viejecita porque no lo dejaba pasar, mientras la viejecita aseguraba que Sirius era su nieto.

El local tenía una gran alfombra marrón pálido y una mesa de despacho con algunos papeles sobre ella, detrás del escritorio había un hueco donde debería ir una puerta. Harry se acerco a la mesa de despacho y tomó uno de los papeles, dándole la espalda al hueco. Los papeles eran anuncios de venta de otros locales y casas.

- ¿Puedo ayudarle en algo, señor? – Harry dio un respingo al escuchar una voz femenina a su espalda - ¡Oh! Siento haberlo asustado.

- No se preocupe – le dijo Harry dándose la vuelta. Era una mujer mayor con el cabello marrón hasta las orejas, vestida con la habitual túnica de magos –. Sí, bueno estoy interesado en el local.

- ¿Quiere que le muestre el local?

- No, no hace falta – le dijo Harry; el número del local era 93, el mismo número en el que los gemelos, de su mundo, trabajaban – ya lo había visto antes.

- Bien. Bueno vera tenemos el precio del local a mil galeones – la mujer le escudriño el rostro a Harry con la mirada –. Siéntese.

Harry le dio media vuelta a la mesa de despacho y se sentó en una silla colocada enfrente de la mesa de despacho.

La mujer le explico un poco de cómo eran sus negocios, también le dijo que podía pagar el local por cuotas, eso a Harry le pareció perfecto, y solo tenía que comenzar con cincuenta galeones. La mujer le dio la hoja de contrato, y poco a poco se fue leyendo el contrato por si acaso lo estafaban, y más tarde firmo el contrato y sacó los cincuenta galeones de la bolsa verde que le había dado Bibil. La mujer le dio una copia del contrato y una tarjeta con su nombre.

- Así podrá encontrarme mejor – dijo la mujer llamada, como decía la tarjeta: Crystal Gient, además la tarjeta tenía la foto de Crystal saludando a la cámara.

- Muchas gracias – dijo Harry levantándose de la silla.

- No, gracias a ti. Espero que tenga unas buenas navidades – le dijo Crystal.

Harry le deseó l mismo y se despidió de Crystal en la puerta.

Se adentro de nuevo entre la gente con felicidad de poder darle un buen regalo a los gemelos. Cuando estaba cerca de la tienda de Bromas de Gambol y Japes alguien lo tomo del brazo bruscamente, le dio la vuelta y se encontró con la mirada furiosa de Sirius, esos ojos grises que intimidaban.

- ¿Dónde demonios estabas? – le gruño Sirius sin soltarlo del brazo.

- Estaba en un local que decía que estaba en…

- Te dije que no te separaras de mí. ¡Aún cuando te saco me desobedeces! Deberías estar castigado, pero ¡Noo! Yo tuve que pedirle casi a suplicas a James que no lo hiciera, y que estaría bien como castigo que estuvieras bajo mi vigilancia…

- ¿Qué tu qué? – gritó Harry, haciendo llamar la atención de la gente que tenía más cerca - ¿Para qué lo has hecho?

Sirius lo miró furioso por un momento y luego lo arrastro a regañadientes a la tienda de bromas.

- ¿Piensas…?

- Ponte a buscar antes de que cambie de parecer – le dijo Sirius molesto.

Harry, seguido de cerca por Sirius, se puso a ver los productos de la tienda de Bromas de Gambol y Japes. Tenía muchas cosas divertidas e impresionantes, todo era perfecto para el regalo de James que le fue difícil escoger, pero al final pago por un cinturón que aprieta, bengalas del Dr. Filibuster y Goma de mascar con ultra bomba; se lo envolvieron en una bolsa de regalo y pago veintisiete galeones por todo eso. Hasta Sirius compro algo.

- Bien ¿y ahora? – le preguntó Sirius un poco más feliz por haber entrado a esa tienda.

- A Flourish y Blotts – dijo Harry.

Caminaron callejón abajo, ahora, con bolsas navideñas.

La verdad se sentía feliz, y no veía forma de poder alegrarse iba a celebrar, por primera vez, con su familia biológica, lo que siempre había soñado; y ahora él ahí haciendo las compras navideñas con su padrino, aunque e que éste no era el suyo, el que quería, pero era más que suficiente para Harry.

Flourish y Blotts no estaba tan llena como la tienda de Bromas de Gambol y Japes, pero más llena de lo normal. Los libros volaban para allá y para acá, gente leyendo (sin que se diera cuenta el dueño) un libro para no tener que comprarlo, y gente haciendo una larga cola para pagar.

Esta vez Sirius se separo de él. Tenía pensado comprarle un libro como regalo para su madre; no la conocía muy bien, pero si lo suficiente para saber que le gustaba pociones. Buscó entre las grandes estantería de la tienda, en la sección de Pociones. Detuvo el dedo índice sobre el lomo de un libro titulado 'Quinta esencia: Una Búsqueda', sacó el libro y lo ojeo un poco, el libro tenía un capítulo dedicado a los elixires eternos. Este me parece ideal, pensó Harry.

Estaba esperando en la cola cuando Sirius llegó con un libro en las manos, titulado Enciclopedia Contra las Artes Oscuras, con sólo leer el titulo el corazón le dio un vuelco y formo una sonrisa melancólica, ese fue el mismo libro que Sirius y Remus le habían regalado para navidades cuando tenía quince años; pero inmediatamente bajo de las nubes, estaba claro que a este Harry no se le daba bien Defensa Contra las Artes Oscuras, sino las pociones como a su madre, por lo que la única razón que Sirius fuera a comprar ese libro era para regalárselo a Neville.

- Pensaba que ibas a comprarle el regalo a Malfoy – dijo Sirius como quien no quiere la cosa –. No que te compraras un libro para ti.

- No es para mí – fue lo que respondió Harry.

Sirius se encogió de hombros como dándole igual lo que dijera su ahijado.

Cuando al fin llegaron a la caja, cada uno pagó lo suyo. El libro le costó veinticinco galeones y el envoltorio fue gratis.

- Yo ya termine mis compras ¿y tú? – le preguntó Harry a Sirius.

- Ya compre el resto antes, así que mejor nos vamos que el sol ya se está escondiendo y no quiero desatar la furia de James – dijo Sirius con una sonrisa en los labios, pero que no llegaba a los ojos, y eso a Harry le pareció familiar, más no volvió a pensar en eso y no hacerse falsas ilusiones.

Salieron del callejón Diagón por el Caldero Chorreante que aún seguía abarrotado de gente feliz por la fecha y satisfechos de sus compras.

Aparecieron fuera de la protección de la casa de los Potter.

La casa estaba en un gran alboroto, Lily iba de allá para acá mientras regañaba a James y Neville que llevaban las bolas de navidad como pendientes, también habían hadas que iban volando por toda la casa cuchicheando.

- ¡Qué bueno que llegáis! – dijo Lily como saludo cuando vio a Harry y a Sirius entrar por la puerta –. Necesito ayuda con la decoración y la comida. Harry ven conmigo y tú, Sirius ayuda a James y Nev con la decoración, ¿me oíste, Sirius? A-Y-U-D-A si quieres puedes buscar el significado en el diccionario – Sirius bufó con diversión, y James y Neville rieron a carcajadas.

- Lily, se perfectamente lo que significa, que sea guapo no implica ser estúpido – replicó burlonamente Sirius.

Lily se limito a menear negativamente la cabeza con diversión, y llevo a Harry. La Sra. Weasley y Bibil se encontraban allí.

- Hola, Harry – saludo la Sra. Weasley con unos ingredientes en las manos.

- Hola, Sra. Weasley – dijo Harry con una sonrisa pura, llena de felicidad.

- Bueno, Harry quiero que nos ayudes a preparar la cena de navidad, ya sabes que prefiero hacer las cosas a la manera muggle…

- Bien – se apresuro a decirle Harry a Lily.

- Bien, deja eso allí – dijo Lily señalando las compras.

- Bueno, prefiero subirlas…

- No hay tiempo, Harry. Vamos, vamos, déjalas allí – lo apremio su madre.

Harry un poco a regañadientes dejo las bolsas aparte, pero a la vista para que luego no se olvidara de cogerlas.

Estaba totalmente cansado, eran como las doce y estaban esperando que el pavo relleno de hierbas saliera del horno, mientras él, Harry, descansaba en una silla de la mesa.

Cuando el pavo estuvo listo pudo irse a la cama.

Solo tuvo que colocar la cabeza en la almohada para quedarse profundamente dormido.

24 de Diciembre de 1997

Era de noche, los Weasley ya estaban allí y unos integrantes de la Orden. Harry iba vestido formal para la ocasión al igual que James, Sirius, Neville y su madre, Lily, con un vestido esmeralda que combinaba a la perfección con sus ojos.

Bibil estaba colocando la mesa de comedor, una mesa que solo usaban para fiestas y ocasiones importantes. Bibil colocaba en medio del comedor el pavo y a su alrededor unas patatas asadas bien doraditas, pastelillos rellenos, queso Stilton, chocolate, chocolate derretido, jerez, cerveza de mantequilla y whiskies de fuego. Era un gran banquete, en él que Harry había ayudado mucho y eso lo hacía feliz.

Después de que repitiera dos veces la cena Harry se puso a charlar con los gemelos sobre los productos de broma. A su alrededor la gente hablaba alegremente y se reía con ganas. Pero hubo algo que le llamó la atención a Harry, y se avergonzó por no haber pensado en él antes: Remus Lupin, su ex profesor ¿Dónde se encontraba? Quizá su otro yo lo había apartado e insultado, por ser algo que él no pidió: un hombre lobo, no le extrañaba eso tomando en cuenta que, casi igual, había hecho lo mismo con su madre, pero se sentía muy mal por eso, y nisiquiera podía preguntar, ya que si no se darían cuenta de que algo muy mal iba con él, y esa no era su intención.

Las horas pasaron rápidamente hasta hacerse la una de la madrugada. Los Potter insistieron en que los Weasley se quedaran por la hora; en eso no había problema alguno, porque la casa era lo suficientemente grande para que cupieran los Weasley y los Potter. Los gemelos Weasley prefirieron quedarse a dormir en el dormitorio de Harry. Y al igual que la anterior noche sólo tuvo que colocar la cabeza sobre la almohada para quedarse dormido.

Sus padres y su padrino lo abrasaban con gran felicidad, mientras le deseaban Feliz Navidad. Ellos ya se habían enterado que él, Harry, no era de ese mundo y lo habían tomado muy bien.

- ¡Es fantástico, Harry! ¿Por qué no nos lo dijiste antes? – preguntó Sirius.

- Pensé que me iban a creer un completo loco y me iban a apartar más – se sincero Harry.

- ¿Pero qué dices, Harry? Te amamos demasiado y eso nunca ocurriría – le dijo James.

Harry despertó con felicidad. Recordó su sueño y sonrió, era ilógico e imposible que eso ocurriera y menos aún que su reacción fuera esa. Bajo la mirada al pie de la cama y vio sus regalos; aún más feliz se acerco.

- ¡Feliz Navidad, Harry!

Harry dio un respingo e inconscientemente se hecho para atrás.

Fred y George estaban delante de él con una enorme sonrisa, y en sus manos llevaban una jaula con una lechuza blanca como la nieve.

- ¿Y bien que te parece? – le preguntó George.

- Es… - trato de decir Harry en un estado de shock y alegría - ¡Es genial, chicos! No debisteis haberlo hecho, yo la iba a comprar…

- Déjate de estupideces y agradécenoslo – dijo Fred con una sonrisa de oreja a oreja.

- Es lo mejor, chicos. De verdad, gracias – dijo Harry con una sonrisa abierta. Tomó la lechuza y la coloco sobre la cama.

- ¿Y cómo la vas a llamar? – inquirió Fred dándose la vuelta, para abrir sus regalos.

- Hedwin – dijo Harry sin dudar ni un segundo.

Harry acarició a Hedwin y luego se dispuso a abrir el resto de sus regalos. Tomó un de los regalos más cercano.

- De verdad – decía Fred –, no sé por qué mamá nos coloca las iníciales de nuestros nombres en el jersey.

- Supongo que ella piensa que nosotros somos estúpidos... Pero sabemos muy bien que nos llamamos Gred y Feorge – dijo George.

Harry se rió a carcajadas y luego empezó a quitarle el envoltorio al regalo. Era un libro titulado 'Las Mejores Maneras de Hacer Sufrir a una Sangre Sucia', Harry al instante tiró el libro lo más lejos posible de él, tomó la carta que venía con el libro, decía:

Querido Harry:

Me apena mucho que tus parientes no te hayan dejado venir y peor, que no te hayas podido escapar. En fin te regalo un libro para torturar a los sangre sucia, como dice el libro, obviamente la primera que debe recibirlo es la sangre sucia de Granger, te aprendes los hechizos (sé que se que te hace difícil, pero has un esfuerzo) y será como si yo también estuviera allí. Granger sufrirá como ningún otro sangre sucia haya sufrido

Harry no pudo seguir leyendo eso. Tomó su varita y quemó la carta conjunto con el libro.

- ¡TE HAS PASADO, HARRY!

Harry dio un brinco y miró a los gemelos. Fred y George estaban mirando con los ojos como platos el contrato del local en el Callejón Diagón.

- ¡Ah! Eso, no es nada, solo un regalo de mi parte – dijo con indiferencia Harry.

- Pero… pero… - trataba de decir Fred.

- Seguid vuestro consejo – dijo Harry con una sonrisa.

- Eso es muy diferente, tú ya has hecho demasiado por nosotros – dijo George.

- Sí, deberías de regresarlo y decir que es un error – dijo Fred tratando de controlar su voz.

- Eso no se puede hacer con un contrato, ya he firmado y no hay vuelta atrás – dijo Harry muy seguro de lo que decía.

- Pero… ¿te das cuenta que son mil galeones? – trato de convencerlo Fred.

- Mirad, si lo que quereis es poner vuestro dinero, adelante – les dijo Harry –. Pero os seguiré ayudando, se supone que somos un 'equipo' ¿no?

Los gemelos se le echaron encima.

- ¡ERES GENIAL, HARRY! ¡GRACIAS!

- ¡Chicos! ¡N-no respiro! – dijo Harry entrecortadamente.

Después mil agradecimientos los gemelos se tranquilizaron y siguieron con su trabajo.

Harry tomó otro regalo y leyó antes la carta.

De: Tú padre.

¡Feliz Navidad! Espero que esto te sirva de algo para tú vida.

Desenvolvió el regalo y vio un libro titulado: Hechizos Esenciales para la Vida. Harry sonrió un poco, estaba seguro que el nuevo Harry no lo necesitaría; dejo a parte el libro tomo un regalo largo, lo primero que se le vino a la cabeza a Harry fue 'Una escoba', pero era muy pequeña para serlo. Desgarro la envoltura y se encontró con una mini-escoba, la tomo delicadamente entre sus manos, pero se le cayó una foto, dejó la mini-escoba a un lado y se agachó para tomar la foto. La reconoció al instante, era la foto de un niño de cabello negro volando en la escoba que tenía a su lado; unos pies unos pies iban detrás del niño y su madre riéndose jovialmente, esta foto sí que estaba completa no como la que tenía él. Dejo la foto al lado de la min-escoba y desdoblo la carta.

Querido Harry:

Este regalo te lo damos Sirius y yo, Lily, aunque no lo creas. Creemos que esto debería de gustarte, pero si no es así, por favor no la tires. Te deseamos Feliz Navidad.

P.S.: Baja a desayunar.

Harry había reconocido la letra de su madre al instante. Era el mejor regalo que nunca antes alguien le había dado, y con una sonrisa mucho más grande se levantó de la cama.

- ¿Bajamos a desayunar? – les preguntó Harry a los gemelos.

- ¡Por supuesto! – corearon los dos, con el jersey ya puesto.

Bajaron las escaleras y entraron en la cocina en la que la mayoría ya estaba despierta y desayunando, excepto James y Ron.

- ¡Feliz Navidad! – se saludaron todos.

Harry se acerco a Lily y le dijo:

- Muchas gracias por el regalo, Lily, es el mejor que nunca antes había recibido – le dijo Harry.

Lily formó una gran sonrisa en sus labios y le dijo:

- Me alegra tanto saber eso…

- Por cierto ¿Qué te pareció mi regalo? – le preguntó Harry.

- ¿Tú regalo? – preguntó desconcertada Lily.

- Sí, es un libro titulado 'Quinta esencia: Una Búsqueda' – explicó Harry preocupado.

- Te has confundido, Harry – dijo la voz de Neville- 'Quinta esencia: Una Búsqueda' se lo regale yo a Lily ¿verdad?

- Sí, claro. Me encanto ese regalo… Pero no había ninguno tuyo, Harry – dijo Lily.

- ¿Qué? – gritó Harry – Pero… Pero… - entonces lo entendió. Cuando el veintitrés llegó de las compras con Sirius había tenido que dejar las bolsas en el piso, pero a la vista y como estaba medio dormido cuando se había ido a acostar, quizá no se había dado cuenta de que le faltaba una bolsa - ¡Me has robado el regalo! ¡Serás…! – lo acusó Harry apuntándolo con la varita.

- ¡Harry! – le regaño Lily - ¡Guarda eso inmediatamente! Te estás confundiendo…

- ¡No es así!

- No me mientas, Harry – le advirtió Lily.

- Pregúntaselo a Sirius – dijo Harry furioso.

Lily miro a Sirius con inquisición.

- Que yo sepa, no te ha comprado nada, Lily – respondió Sirius.

- ¡Si lo hice!, ¡le compre el libro!

- Harry, ya te lo advertí…

Harry se dio la vuelta molesto y salió de la cocina ignorando las llamadas de su madre para que regresara.

Había subido tan rápido las escaleras que cuando llegó a su habitación no tenía aliento. Se sentó en la cama y sintió como las lágrimas resbalaban por sus mejillas y algunas se metían en la boca, haciéndole saber que estaban saladas sus lágrimas.

Una mano pequeña y delicada lo tomó por la cara y le secó las lágrimas de las mejillas y de los ojos. Harry enfoco su visión y ahí estaba agachada a su altura su madre.

- Lo-lo siento, no era mi intención... Yo sólo quería demostrarte que eres muy especial para mí, que he cambiado y que te quiero con todo mí ser, en serio, mamá…

Se había sentido tan bien decir aquella palabra, que le había salido sin siquiera pensarla.

Los ojos esmeraldas de Lily se pusieron húmedos, ésta se llevo una mano a la boca para que no saliera un sollozo. Antes de que Harry pudiera decir algo o pensar en algo su visión fue tapada por una larga cabellera pelirroja.

Era el sentimiento más feliz y bonito que hubiera sentido nunca antes. Sintió como su cuerpo fuese llenado de un calor cálido maternal, much mejor que el que la Sra. Weasley trató de sustituir; se sentía más feliz que cuando ganaba la copa de quidditch. Unas lágrimas de felicidad se le escaparon de los ojos, y devolvió el abrazo con torpeza, para luego hacerlo con mucha más fuerza y determinación, como si fuera la última vez. Se sentía el chico más afortunado del mundo. Su corazón estaba protegido por amor maternal.

- Este es el mejor regalo que me han podido dar – le susurro Lily con voz emocionada – es el regalo perfecto.

Al escuchar esas palabras se sintió mucho más feliz, si es que eso se podía. No quería separarse de su madre. Nunca.

xXx

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