Capitulo 9.

Dos semanas y media para que se cumpliera el plazo y contando.

Sam miraba preocupado a su hermano, que no dejaba de removerse en la silla incomodo. De hecho, lo vio levantarse y sentarse hasta tres veces en la misma hora, mientras Bobby les explicaba que había recibido el libro, pero que ahora tenía que traducirlo y encontrar la sección que hablaba del ritual.

- ¿Te pasa algo? – le susurro. Dean negó en silencio, bajando la cabeza y removiéndose otra vez.

- No. Nada. – Sam intento inútilmente buscarle la mirada.

- ¿Seguro?

- Seguro. – el pequeño suspiro.

En circunstancias normales lo dejaría estar y no volvería a insistir en el tema. Ya hablaría Dean cuando quisiera hacerlo. Pero no eran circunstancias normales. Menos aun, cuando noto que su hermano se había sonrojado.

No recordaba la última vez que vio a Dean sonrojarse. Es más, estaba casi seguro de que jamás lo vio sonrojarse en su vida. Así que debía pasarle algo y bien grave.

Nada más terminar Bobby su fascinante explicación (¿Qué? A él le parecía fascinante) sobre como iba a traducir el texto del etrusco antiguo al ingles actual, Dean salio casi corriendo de la biblioteca y voló escaleras arriba hacia la habitación que compartían, dejando atrás a dos cazadores con la boca abierta.

- Joder… se que a Dean todo esto de las lenguas muertas le aburre un poco pero… esto ya es pasarse… - gruño Bobby, rascándose la nuca. Sam no pudo evitar una risa, a pesar de su preocupación.

- No se lo tomes en cuenta, Bobby. Le debe pasar algo. Voy a ver que tal esta.

El viejo cazador gruño su acuerdo y enseguida se desentendió del asunto, poniendo toda su atención a estudiar el manuscrito. En pocos segundos, el mundo dejo de existir para él.

Sam subió las escaleras y entro a la habitación, encontrándola desierta. Ni un solo rastro de su hermano. Sin embargo, si noto que la puerta del baño estaba cerrada y estaba casi al cien por cien seguro de que esa mañana la dejaron abierta.

- ¿Dean? ¿Dean, estas ahí? – llamo, intentando abrir la puerta. No pudo, tenia el pestillo echado. – Dean, se que estas ahí. Abre. – escucho ruido de cosas al caerse y a su hermano gruñendo.

- ¡No! ¡Vete! – Sam volvió a golpear la puerta. Estaba empezando a asustarse.

- ¿Dean, que pasa?

- ¡Nada! ¡Vete!

- ¡Y una mierda me voy a ir! ¡Abre la puta puerta o la echo abajo! – una risa amarga se oyó en el interior del baño.

- Y Bobby te echa a patadas de la casa por romperle una puerta. ¡Lárgate y déjame solo! – Sam apoyo la frente en la puerta. Ahora se estaba desesperando.

- Dean, ¿Qué te pasa? Llevas todo el día raro.

- Es… no me pasa nada, Sammy.

- Claro, y yo voy y me lo creo. ¡Abre! – gruño, golpeando otra vez la puerta.

- ¡Que no!

- Cuento hasta tres. Uno.

- ¡Que te vayas, joder!

- Dos. – por fin, escucho como se quitaba el pestillo. Suspiro aliviado y abrió la puerta. La verdad es que Bobby si le habría echado a patadas si la llega a romper.

Entro al baño, encontrándose con su hermano sentado en el filo de la bañera, en calzoncillos. Sus pantalones estaban sobre el lavabo y todo estaba revuelto y tirado por el suelo. Dean sostenía en sus manos… ¿eso era un rabo?

Sam se froto los ojos, se pellizco el brazo un par de veces… nada, eso seguía ahí. Por lo visto no era una alucinación. Dean le miraba con el ceño fruncido.

- Una sola risita, enano y juro que te la corto.

El pequeño parpadeo sorprendido y se acerco despacio, arrodillándose a su lado, sin poder mediar palabra. Alargo una mano para tocarlo, pero el rabo se estremeció y le hizo dar un respingo por la sorpresa. Rió por su propia estupidez y lo acaricio. Al igual que las orejitas, era de pelo rubio oscuro, muy suave. Notaba la piel caliente y viva bajo el pelaje.

Con más seguridad, lo volvió a acariciar, esta vez con la mano entera y lo cogio con cuidado.

- Wow… bue… bueno… - tartamudeo, aun asombrado. – Ya sabíamos que iba a salirte.

- Ya…

- Y es muy bonito, ¿sabes? – prosiguió, riendo. Dean le fulmino con la mirada.

- ¡Vete a la mierda! ¡Es un puto rabo, Sam! Cada vez parezco menos humano… - lloriqueo. Sam le sujeto la cara, obligándole a mirarle a los ojos.

- ¡Ey, no digas eso! – le susurro, volviendo a acariciarle el rabo. Dean ronroneo. - ¿Te gusta eso?

- Joder, si… - murmuro, cerrando los ojos al notar otra caricia. Sam rió divertido.

- Ahora va a resultar que tienes más zonas erógenas que el resto. Eso es injusto. – el otro le sonrió triste.

- Alguna ventaja tenia que tener esto.

Sam se incorporo, arrastrándole con él y le beso despacito y profundo, cogiéndole el rostro con ambas manos, acariciándole las mejillas con los pulgares. Dean le agarro de la cintura, clavando las garras en su camisa, desgarrándola. Sam gimió al notar las uñas rasparle la piel, lo que encendió más al mayor, volviendo el beso mucho más caliente y violento.

Cuando al fin se separaron para poder respirar, el pequeño apoyo la frente en la de su hermano, sonriendo divertido.

- Bueno… - susurro bajando la mirada. – Al menos le has encontrado una utilidad a esa cosa. – Dean arqueo una ceja interrogante, siguiendo su mirada. Casi rió al ver que había rodeado la cintura de su hermano con el rabo.

- Así no te me escapas. – repuso con la sonrisa bailándole en los labios.

Un rato más tarde…

- Yo no le veo maldita la gracia…

Dean estaba en mitad de la biblioteca, enfurruñado a más no poder, con los ojos entrecerrados, las orejas echadas hacia atrás y la cola moviéndose de un lado a otro como si fuera un látigo demostrando su enfado mientras Bobby prácticamente se moría de la risa apoyado en su escritorio.

Sam tuvo que morderse la lengua hasta notar el sabor de la sangre para no hacer lo mismo. Y fue muy difícil, porque ver a su amigo reírse de esa manera… es que era contagioso. A Bobby parecía que le iba a dar algo con tanta risa. Claro que Dean estaba a punto de explotar y con lo que le había costado sacarlo de la habitación…

Después de pasarse casi una hora convenciéndole a base de besos de que bajara y de romper uno de sus vaqueros para que pudiera llevar el rabo fuera y no le molestara tanto, Bobby iba a conseguir con sus carcajadas que Dean volviera a encerrarse. Mejor intentaba que dejara de reír o se iba a liar y bien.

- Bueno, Bobby… ya vale… tampoco es para tanto… - el viejo cazador hizo su mejor esfuerzo para controlar las carcajadas… sin conseguirlo…

- Lo siento… es que… - y volvió a reír de manera descontrolada. Dean bufo más que enfadado, dándose la vuelta.

- Porque es prácticamente familia, que si no… - gruño saliendo de la biblioteca. A los pocos segundos se escucho un portazo en el piso de arriba. Sam suspiro. Genial.

- Gracias, Bobby. – ironizo. – Ahora tendré que estar otra hora convenciéndole para que baje. – el hombre se limpio las lagrimas producidas por la risa.

- Lo siento, lo siento. En serio, pero es que… ¡joder, Sam! Esta muy gracioso así. – Sam rodó los ojos.

- Monísimo.

- Pero, bueno… iba a deciros que ya encontré el ritual. No creo que me lleve más de un par de días traducirlo.

El pequeño asintió y salio de la biblioteca, rumbo a la cocina. Tras trastear un rato dentro, volvió a salir con un vaso de leche y una lata de sardinas.

- ¿A dónde vas con eso? – le pregunto extrañado Bobby al verle.

- A hacer chantaje. A ver si consigo no tener que dormir en el sofá esta noche. Tengo un ego herido que curar antes de poder entrar en mi propia habitación.

Continuara...