Me enorgullece continuar mi fanfic cada 4 días. Por eso tengo los capítulos escritos con anterioridad, para que mis lectores no se aburrany no peirdan el hilo, todo por ustedes :)

Advertencia: Este capítulo tiene intento de abuso. Clasificación M, recuerden.

Importante: A algunas personas se los he comentado, a otras no, pero ahora lo haré público. Le pedí a una amiga mía que hiciera un fanart por capítulo de este fanfic, de hecho le estoy pagando para que lo haga así que quedarán lindos y otra amiga me hará los banners para esta historia. Así es, a otro nivel :D

Thy-Chan94: Muchas gracias por tu comentario, no tuviste que esperar mucho porque aquí está la conti.

Ryrica-Gokuto Hiogari sama: Me mataste con tu comentario. Estoy muy feliz de haberte subido los ánimos con mi historia. Apuraré a mi dibujante preferida para tenerles pronto los fanart. Gracias a lectores como tú me animo cada vez más a escribir, tú eres genial n.n

marijf22: Kisame es tan extra, pero tan necesario, no sé si te vas dando cuenta :D Pues quieren a Sakura chan, al menos unos cuantos la quieren. Verás en este capítulo lo que Sasori se trae entre manos que están muy cochinas si me permites decirlo.

Hatsune-san: ¡Gracias! A mí se me hizo que a Sakura la dejaron muy de lado en la serie en cuanto a entrenamiento, por eso es que en este fanfic le doy con todo XD Sasori es perseverante hasta el final, creo que lo comprobarás muy pronto :D

Sadness-Doll: Eres un neko XD Espero que te guste este capítulo y también leer tus genialosos fanfics. Saludos


Esmeralda Ermitaña

Capítulo IX

Finalmente, Sakura había sido testigo del poder del clan Uchiha encarnado en el tsukuyomi. Habían esperado a que cumpliera los trece años para someterla a un entrenamiento que no se había testeado jamás en ninguna otra persona, por eso se consideraba única dentro de los principiantes, pero también con mayores metas.

Dentro de la sala de entrenamiento, recién se estaba recomponiendo por la dura hora que había experimentado bajo el poderoso genjutsu y las gotas de transpiración se hacían presentes sobre su frente.

—Veo que estás sudada—observó el joven— es todo por hoy.

—Pido permiso para tomar una ducha, sensei—pidió la muchacha.

—Adelante—permitió el prodigio.

Partió entonces a su habitación a asearse. Estando allí realmente pudo darse cuenta de lo aceitosa que se sentía y tuvo un urgente deseo por sentirse nuevamente limpia, por lo que no ordenó su ropa antes de meterse a la ducha, sino que se la quitaba mientras caminaba y la dejaba esparcida por las baldosas del baño, sin mayor cuidado.

Puso a andar el agua de la ducha y entró a ésta colocando su toalla sobre la cortina de baño, totalmente relajada al sentir las calientes gotas acariciar su piel.

—"Es increíble como quedo más agotada con una ilusión que con la realidad" —se sorprendía a ella misma mientras se ataviaba.

Se encontraba tan concentrada en relajarse después de la angustiante hora que no escuchó cuando una sombra maligna entró por la puerta de la habitación y cerrarla a sus espaldas. Se quedó unos momentos observando el cuarto desordenado por las ropas tiradas y olió el aire, degustando cada momento.

—Se siente tan bien—escuchó del baño.

Inmediatamente siguió aquella voz con malas intenciones, divirtiéndose al encontrar las últimas huellas de la ropa esparcidas por el suelo. La puerta del baño estaba entreabierta, por lo cual también entró con plena libertad, siempre sigilosamente, cuidando de no quedar al descubierto.

Se plantó delante de la ducha y súbitamente corrió la cortina. Por suerte y sin quedar exenta de un buen susto, Sakura alcanzó a tomar la toalla que había dejado sobre la cortina y logró cubrirse a tiempo para no quedar desnuda a la vista. El vapor se disipó y quedó revelado quién había entrado de esa manera, haciendo que el corazón de Sakura aumentara su pulso de sobremanera.

—S-Sasori san

En medio de la estancia, se encontraba el sombrío pelirrojo de rostro angelical, pero sus intenciones distaban mucho de serlo. Sólo estaba ahí, de pie, observando de pies a cabeza a la chica que por suerte había alcanzado a apegar la toalla contra su cuerpo. Parecía que le divertía la situación de verla tan vulnerable y quiso entretenerse aún más.

—¿Doushita?, ¿no seguirás bañándote? —preguntaba irónico el marionetista.

Sakura se encontraba atónita, no podía emitir palabra alguna entre el temor y la sorpresa. Su miraba inquisitiva la mantenía presa en un estado de parálisis impresionante.

—O mejor podría bañarte yo—dijo descaradamente— ¿Tu padre no te bañaba cuando eras pequeña?

—S-Sí, pero—intentaba articular palabra.

—Entonces—interrumpió el pelirrojo— Deja que yo lo haga.

La kunoichi no se movía de su sitio y seguía apegando la toalla contra su propio cuerpo, como si le estuviera pidiendo ayuda, sentía que no tenía escapatoria, pero no quería que Sasori le pusiera un dedo encima. Él sólo la seguía viendo con la misma vista, lascivamente.

Para empeorar las cosas, el masculino acercó su mano de improviso a la tela que cubría la figura de la muchacha intentando quitarla sin mucho esfuerzo, pero ella la aferró con fuerza.

—La has mojado. Para bañarte tenemos que quitarla, no tiene nada de malo.

—I-iie—se negó la moza.

—Hazlo, quítatela—exigió— Sé una buena muchacha.

Negó con la cabeza esta vez. A Sasori se le agotó la paciencia y velozmente tomó la muñeca de la muchacha y forzadamente la atrajo hacia sí, ella quedó de espaldas al girar sobre sí misma.

—¡Iie! —gritaba Sakura dando patadas en el aire.

—No lo hagas más difícil. Mientras más pronto te rindas mejor.

Sí, claro. No iba a permitir que la tocara. Sabía ahora que hace mucho tiempo quería hacer eso y se daba cuenta de por qué desde que tenía ocho años su sensei había querido mantenerla alejada del marionetista. No sólo escondía marionetas en el armario, sino que también oscuros deseos.

—¿Sabes? —le susurraba al oído a la kunoichi cada vez más agitada— mi corazón no es lo único que no transformé de mi cuerpo.

No, si lo que pensaba era cierto estaba prácticamente perdida. El maldito no sólo quería tocarla, sino que quería abusar de ella ¿En qué pensaba ese tipo?, tenía trece años, era una niña que ni siquiera había terminado de crecer. Entonces recordó lo demente que era hasta para sus compañeros.

—Si bien la idea de ser una marioneta completa era tentadora, no podía negarle a mi cuerpo el placer carnal.

El hecho de que ese hombre estuviera diciéndole todas esas cosas al oído la hacía temblar. Para defenderse hizo el ademán para sacar sus huesos afilados para cortar a su atacante de una vez por todas, antes de que terminara por agotarla para quitarle la toalla, pero quedó desconcertada al ver que sus huesos no respondían para nada.

—"¿N-nani? "—pensaba atemorizada— "¿qué me pasa?"

Cerraba sus ojos concentrándose en continuar moviéndose para evitar que el pelirrojo la desnudara y a la vez intentaba por todos los medios sacar a relucir su defensa de huesos, pero nada. En su rostro se leía a la perfección lo desesperada que estaba.

Para su sorpresa, Sasori comenzó a reír extrañamente, con maldad, burlándose de sus intentos.

—¿No te gustó el pastel, Sakura chan?

En blanco quedó la chica. ¡El pastel! Deidara le había dicho que el marionetista lo había ayudado también, de seguro en algún momento de despiste habría manipulado el tan importante artículo para su cumpleaños.

—Es bueno, ¿no? —rió— lamentablemente no es eterno, pero durará lo suficiente. Puedes patearme cuanto quieras, no siento tus golpes.

Se congeló la espalda de la kunoichi cuando empezó a cansarse y su toalla amenazaba con caer mientras que su captor empezaba a besar y succionar su níveo cuello. No podía permitirlo, ¿qué pasaría con ella si llegaba a abusarla?, ¿podría seguir viviendo con Akatsuki?, ¿cómo miraría a Itachi nuevamente a los ojos? Decidió no permitirlo, tenía que hallar la manera de salir librada de la situación por sus propios medios.

—"Piensa, Sakura, piensa" —se rogaba a sí misma.

Fue escuchaba por su subconsciente y captó que su amenaza podría ser su pase a estar nuevamente a salvo. No solo había dejado sin transformar su corazón, ¿eh? Con todas las fuerza que le quedaban, juntó todo su miedo para acumularlo en su pié y le dio una gran patada a la entrepierna de Sasori.

Gracias a eso el adolorido varón la soltó, colocando su mano en la zona afectada. No perdió tiempo y corrió por la puerta del baño, se puso su abrigo de Akatsuki encima y salió de su habitación, no sin antes recibir una amenaza.

—¡Jamás te librarás de mí! —rugió el pelirrojo.

Su voz retumbó en los pensamientos de la adolescente quien sin avisar a nadie había salido de la guarida de los Akatsuki que se encontraba en medio del desierto. No tenía alas, pero volaba, volaba lejos del lugar. Su respiración no terminaba por agitarse y adonde quiera que fuera se sentía amenazada. Los árboles la señalaban, la arena se burlaba de ella y hasta las dunas la maldecían.

Se alejó lo más que pudo. Corrió hasta encontrar un oasis, muy pequeño, pero le era mucho más a salvo una porción disminuida de tierra que todo el mundo que se encontraba afuera. Ya había visto que ni en la propia residencia podía estar a salvo, no bajo esos ojos amenazantes que hipnotizaban y mataban a la vez, como una trampa mortal.

Para descansar se detuvo cerca de una cascada, la única que poseía el oasis y su mente de inmediato la transportó al lugar menos deseado para su corazón. Cuando descaradamente el pelirrojo la convencía de niña que era sólo un buen hombre que le hacía obsequios otorgándole marionetas y también llegó al reciente momento, cuando intentó forzarla.

Abrió los primeros botones de su abrigo y a su vista se vieron las rojas marcas que le había dejado el forcejeo, sintió mucha ira.

—¡Maldito condenado! —gritó la kunoichi.

Sentía que llevaba las huellas de él por todo su cuerpo, por lo que bruscamente se quitó el abrigo, luego la toalla que llevaba encima y se lanzó de un solo chapuzón al agua. Sorprendentemente el agua estaba casi tibia, probablemente por el ambiente caluroso del desierto.

Las marcas se aliviaron para desaparecer al contactarse con el agua y también su espíritu. Se animó aún más cuando al intentar nuevamente exponer sus huesos, éstos acataran sus órdenes y relucieran blancos y tensos como ella los había conocido.

Salió del agua y se secó finalmente. Vistió únicamente su abrigo de Akatsuki y tan solo respiró el aire a su alrededor. Tenía que pensar cómo iba a hacer para volver a la guarida de la organización después de lo ocurrido. A Sasori no le costaría fingir como si nada hubiera pasado, después de todo tenía la desfachatez suficiente como para hacerse el desentendido, pero a ella le costaba.

—¿Quién eres y qué haces con un abrigo de Akatsuki? —escuchó tras de sí, era la voz de un muchacho.

Un kunai se encontraba punzando su espalda y si volteaba se arriesgaba a que clavaran definitivamente el arma, pero no sería así. Apareció detrás del joven también, pero con un hueso muy fino e imitó lo que recientemente había hecho con ella, sólo que no había sido a ella a quien había intimidado, sino a su reemplazo.

—Ingenioso—comentó el anónimo.

Sakura no conocía para nada a ese personaje, pero le era familiar, no tenía idea por qué.

—Te contestaré—habló la chica— pero antes quiero que me digas un par de cosas.

—No tengo por qué—dijo con arrogancia.

Vaya si era terco de carácter, parecía no saber en qué posición se encontraba, pero la muchacha de ojos esmeralda tenía paciencia.

—Sí que tienes por qué. Yo sé algo que tú no, algo que quieres saber y conmigo pasa lo mismo. ¿Qué decides?

—Hn—suspiró con aires de superioridad, dando a entender que estaba de acuerdo.

Pensó que no sería peligroso si dejaba de amenazarlo con un arma. Olía demasiado orgullo desprendiéndose de él como para faltar a su palabra. Lo vi de frente y se sorprendió con lo apuesto que era, tenía algo que atrapaba, pero recordó también que Sasori era un hombre de buen parecer también y trató de no dejarse llevar por las apariencias.

—¿De qué aldea provienes? —preguntó la chica.

—De ninguna—contestó— me he marchado de allí. En donde vivo ahora no es de tu incumbencia. Sé que no eres miembro de Akatsuki, así que ¿por qué tienes su abrigo?

—Es cierto que no soy una Akatsuki—hablaba la kunoichi—pero nos ubicamos mutuamente. Nada íntimo.

No podía revelar detalles tan profundos como que vivía con ellos y que era entrenada por Itachi Uchiha, después de todo él había acordado una tregua momentánea mientras se interrogaban mutuamente, pero después él decidía qué hacer con la información.

—No me engañes—dijo el incógnito— no es motivo suficiente para que te den un abrigo.

—No los conoces—pronunció la adolecente.

— ¿Y tú sí? —insistió el mozo.

—Más que tú—se defendió.

—Hn—se detuvo el desconocido— Tú ganas, no indagaré más.

Era sumamente arrogante, pero no era un tonto. Sabía qué cosas preguntar para cometer un pequeño error y sacarte algo. Era cierto que podía parecer irritante por tanta altanería, pero a Sakura le agradó a pesar de su comentario con aires de superioridad.

—Me voy—anunció el anónimo.

Caminó dándole la espalda a la chica y se detuvo a los pasos. Había olvidado algo y se volteó para mirar fijamente a los ojos que imitaban a una esmeralda.

—Antes de irme… tu nombre—exigió.

—Sólo llámame Sakura—dijo la muchacha.

El desconocido hizo un ademán de irse, pero la chica no dejaría que se fuera sin haber un trato justo con las respuestas que intercambiaban.

—Oi—le detuvo— ¿Qué hay de ti?, también quiero saber tu nombre.

Pensó que lo olvidaría, por lo tanto sonrió altivamente antes de responder a su pregunta. Se divertía jugando con la mente de la kunoichi.

—Sí que eres molesta—pronunció antes de contestar— Ya que insistes en saber, soy Uchiha Sasuke.

Con eso, desapareció por el viento. La adolecente había quedado allí de pie paralizada. Acababa de hablar con el hermano de su sensei, de quien le había hablado hacía tiempo atrás. Con razón se le hacía tan familiar, era muy parecido a cuando era pequeño, a cómo salía en la fotografía, sólo que ahora su inocencia no se encontraba en sus ojos.

—"El hermano de Itachi sensei" —pensaba la chica llevándose una mano a la boca— "¿Qué hacía aquí?, ¿qué se supone que debo hacer ahora?"

Estaba intranquila y sólo podía dar vueltas su cabeza. Una gota en su rostro le hizo mirar hacia el cielo y pudo visualizar una gran nube negra que comenzaba a hacer lluvia sobre el desierto, algo muy poco usual. Lo único era que se notaba que el agua caería torrencialmente y no había refugio cercano.

—No te preocupes por ella, Itachi—decía Kisame en la guarida— de seguro se entretuvo por ahí, como toda niñata. Estás exagerando.

El Uchiha guardaba silencio, conocía demasiado bien a su alumna como para esperar eso de ella. Sería más tranquilizador pensar eso, pero no era realista para él. Pronto escuchó el sonido de cientos de gotas de lluvias caer en el exterior de la cueva y ni un rastro de la muchacha.

—"¿En qué estás metida, Sakura?"

Nadie contestaba. El único sonido, además del de la lluvia, era el de su corazón que sin quererlo había iniciado a latir más rápido por la incertidumbre que sentía en una tarde sombría como las penumbras.

…...

CONTINUARÁ…