Capítulo 8: el reino de luces

Se quedaron asi por unos minutos que parecían años, hasta que la limosina se paro frente al enorme castillo de Readheart, la azabache miraba confundida por la ventana al encontrarse con su antiguo hogar, era tal y como lo recordaba, el verde pasto en la entrada con arbustos de azaleas, los muros de aquel viejo castillo en tonos grisáceos pero clásicos, las banderas del pacifico pueblo destacando en cada torre, Definitivamente se denotaba que era muy viejo y es que claro así tenía que serlo.-Hemos llegado al castillo de Readheart señor- dijo respetuosamente el chofer.

El cielo estaba un poco nublado, daba la impresión de que se sentía como la azabache por dentro, las pequeñas gotas comenzaban a emanar desde el cielo.

-Aquí me quedo Shad, debo cumplir con mis deberes en mi reino- Dos guardias erizos ya se encontraban fuera de la limosina, uno de ellos abrió la puerta para dejar que el principe saliera. El otro estaba listo para abrir una sombrilla de color negro y encajes rojos que tenia en la mano a la espera del principe.

-De acuerdo, te mantendré informado de todo- le dio un fuerte abrazo a su hermano- cuídate mucho- Lentamente el azabache se alejo de ella saliendo de la limosina, el erizo con la sombrilla la abrió rápidamente cubriendo al joven príncipe de las gotas que comenzaban a ser mas constantes. –Adios Shad, cuídate de Edward y cuida al bebe- sus ojos se encontraron con el deprimido Can- adiós Hill- le dijo el principe

-Que me llamo Chili- contesto casi sin animos, sin dejar de ver por la ventana

-Me cuidare te lo prometo, gracias hermano- le dedico una calida sonrisa, despues cerro la puerta y la limosina comenzó a moverse de vuelta- Proxima parada el castillo de Windwall- dijo el chofer, la azabache miraba por el espejo como su hermano entraba al castillo seguido de sus guardias que lo cubrían de la lluvia que se hacia mas fuerte cada vez.

-Si, muchas gracias- contesto la azabache que se recargaba sobre su hombro en el sillón de la limo para mirar las gotas que bajaban delicadamente de los vidrios que se empañaban un poco.

La chica miraba de reojo a su esposo quien seguía sin despegar la vista de aquella ventana- Espero que algun dia me perdone- pensó sin dejar de mirarlo, este por su parte al sentir la dulce mirada de su esposa la miro de reojo tambien soltando un bostezo.

La chica tomo a su esposo y acomodo la cabeza de este sobre sus piernas acariciándole la frente- descansa amor- un leve sonrojo se mostraba en el can quien lentamente cerraba los ojos hasta quedarse dormido, ella solto una risa inocente sin dejar de acariciar la cabeza de su amado, giro su vista hacia la ventana de nuevo donde la noche comenzaba a hacerse presente a traves del cristal, el estruendo de los rayos cayendo por todos lados la hacían recordar aquel dia en que dejo su corona a un lado por amor a su can.

De apoco se quedaba dormida pues sus ojos estaban algo pesados, en su sueño el recuerdo era tan claro como el agua que emanaba de las ventanas, ella sostenia una maleta de color chocolate, vestia un vestido color blanco y largo con detalles azules, sobre su cabeza descansaba una corona color dorado con formas de corazones, con cristales diminutos en tonos blancos, y otros tres justo en medio de cada corazón de color azul.

Frente a ella se encontraba un murciélago azabache de mirada seria de ojos color azul esmeralda, su cabello era largo a la altura del hombro y oscuro como la noche, el vestía una camisa de color vino con unos pantalones negros de vestir.

-Pues sin princesa ya no hay compromiso!- contestaba molesta la azabache mirando directamente a los ojos esmeralda de su "prometido"

-Algun dia te vas a arrepentir de esto- le dijo seriamente con ese toque de seducción en su tono de voz

-De lo único que encuentro arrepentimiento es de ser heredera al trono!- fuertemente se quito su corona que descansaba sobre su cabeza y la aventaba a un lado de la habitación haciendo un ruido sonoro al chocar esta sobre el mármol color blanco.

Acto seguido la chica caminaba hacia la salida con maletas en manos, despeinándose un poco la coleta, y sacándose los estorbosos adornos de su vestido de novia, el chico ni se inmutaba, no la seguía solo se quedo ahí parado viendo como su "amor" se iba.

-Te vas a arrepentir algun dia- pensaba mientras recogia la corona que la azabache había tirado al suelo.

Fuera de su sueño la limosina se encontraba frente a una pequeña cabina con el logo de Windwall en grande, dentro de esta estaban varios guardias vestidos como policias de la no. Zone a excepción de que los colores eran tonos azules y negros.

-Vengo del reino de Readheart, venimos a ver al principe Edward- decía el joven chofer

-Sus papeles por favor- contesto un lobo que se encontraba justo a lado de la puerta del chofer

-Enseguida, princesa Shad despierte!- dirigio su mirada hacia la joven princesa que seguía durmiendo- Princesa!- le grito provocando que la joven diera un pequeño salto y mirara a su alrededor- ¿ah que?, ¿a si que pasa?

-Perdone princesa, pero necesitamos sus papeles para entrar al reino, y tambien los de su "escudero"

-¿Papeles?, ¿Qué papeles?- decía desconcertada

-Pasaporte, identificación, ya sabe esa clase de cosas majestad

-Ahh esos papeles- dijo aliviada mientras buscaba en su bolsa el pasaporte de ambos- ya me había asustado, aquí están- se los entregó al chofer, la azabache con una de sus manos aun dentro de su bolso sintió algo frio dentro del mismo, mirando hacia el interior se encontró con su corona de princesa la cual tenia atada una pequeña notita- "La vas a necesitar"- leyó, la caligrafia no le parecía indiferente pues sabia que se trataba de su hermano.

El chofer ya le había dado los pasaportes al guardia lobo quien los leia detenidamente- hmm… ¿un pasaporte real?, esta bien pueden pasar, pero el perro se debe quedar aquí- contesto serio mientras le entregaba de vuelta los pasaportes al joven chofer.

-Oh pero es que eso no es posible, vera el es mi escudero y debe estar siempre conmigo- contesto la chica asomandose por la ventana

-No nos importa, son políticas del reino, no se permiten perros o lo deja aquí o no los dejamos pasar.

-Me bajo aquí entonces, no puedo dejar a Chili en la lluvia- la chica dejo delicadamente a su esposo recostado en el sillón mientras se deslizaba fuera de la limosina, la lluvia era mas fuerte pero eso no le importo ya que se cubrió con sus alas- ustedes quédense aquí, ¿de acuerdo?- dijo mirando al chofer. Los guardias de a fuera se sorprendieron bastante al ver a la princesa de Readheart frente a ellos por lo que todos hicieron rápidamente una reverencia.

-Princesa Shad, disculpe por esto pero son políticas del reino no dejan pasar a los perros

La chica al mirar que la lluvia estaba mojando su perfecta figura, hizo un escudo alrededor suyo protegiéndose de las gotas- Descuide comprendo las leyes, ¿seria tan amable de escoltarme al castillo del principe Edward?

-Por su puesto majestad, llamare a un carruaje para que la lleven- hizo una reverencia para que los demás se movieran para llamar al castillo y enviaran a alguien para que escoltara a la joven.

-Espero sus ordenes majestad- dijo el chofer

-Quiero que se queden aquí hasta que hable con el principe, arreglare las cosas con el y los mandare a llamar si mi orden cambia

-¿Y que le digo al perro si se despierta?

-Que no se preocupe que volveré por él, y que le avisare cualquier cosa

-Entendido, esperare sus instrucciones princesa

Un carruaje color negro con detalles dorados y el escudo de Windwall, se hacia presente en la escena, era tirado por caballos color blanco, el chofer era un zorro albino con un traje muy formal en color negro.

-Majestad, suba la llevaran al castillo- le dijo el joven lacayo que estaba frente a la puerta del carruaje con la mano al frente de ella esperando a que la tomase para ayudarla a subir.

-Gracias- contesto la chica tomando suavemente la mano del lacayo quien la ayudo a subirse al precioso carruaje.

El lacayo le hizo una seña al albino para que avanzase hacia el castillo del joven principe. Por el cristal la azabache miraba impresionada el paraiso en el que se había convertido Windwall, las tiendas y los edificios altos estaban llenos de luces de colores-no recordaba que Windwall tuviera tantos colores- dijo dejándose maravillar por la vista.

-Windwall se ha modernizado y ahora es mas brillante que antes, ya llegaremos a su capital- dijo el zorro albino sonriéndole a la princesa.

-Es lo que veo, es muy bonito

Pasados unos minutos, el paraiso había cambiado de tonalidades ahora había enormes campos con flores- Señorita Shad bienvenida a Windwall- dijo el albino con una leve sonrisa en el rostro.

La noche era cada vez mas oscura, la luna llena estaba mas brillante que nunca, la lluvia aun no cedia sin embargo le daba un tono relajante al lugar, desde el cómodo carruaje real la chica seguía mirando a través de la ventana como las luces iban bajando de tono lentamente.

En ese momento un rayo cayo mostrando la silueta del castillo que se encontraba a algunos metros de distancia, la chica miro aquella silueta y solo pensaba en que no podía continuar, ya quería bajarse pero le iba a ser imposible, despues de todo ella había provocado todo esto al decirle al consejo que su bebe era del principe de este reino de colores.

Los parpados de la azabache aun estaban cegados por la siesta anterior a la llegada del reino y el depresivo pero relajante ambiente de lluvia combinado con el suave movimiento del carruaje meciéndose provoco que los parpados de ella se sintieran cansados y pesados.

-hmm… tengo sueño, pero no me puedo dormir ahorita…- dijo al momento que bostezo y se estiro un poco, sin embargo su cansancio pudo mas y sin apartar la vista de la ventana cerro sus ojos encontrándose con una visión del pasado.

Parecia como si ella fuera una figura fantasmal en el recuerdo, miraba a su padre Raiden the bat el rey de Readheart, un murciélago negro de mirada café y fría vestido con pantalón oscuro y camisa blanca, con una capa en tono rojo y negro, frente a el se encontraba otro murciélago mas joven café oscuro, de ojos color caramelo vestido con una túnica en color grisáceo con azul. El se trataba de: Satanei Van Garreth el rey de Windwall.

-Hmm no lo se, posiblemente sea difícil una alianza despues de tanta rivalidad entre nuestros reinos- decía serio el murciélago azabache

-Te prometo que sera una gran y poderosa alianza, y juntos lograremos conquistar a otro reino, aunque.. no es exactamente la imagen que quiero darle a nuestra gente…-contesto el de ojos caramelo

-Te lo dejare sencillo, posiblemente no sean las condiciones correctas para esta alianza pero que tal en el futuro?- dijo un poco pensativo el rey de Readheart.

-S-shake, s-solo era el único principe…- decía dormida la azabache moviéndose de un lado a otro.

-¿Y como lograremos eso?, ¿firmaremos un trato en el futuro?, No se siquiera si los términos de esta alianza podrían incluso costarme la vida a mi o a mi familia!- dijo algo exaltado el rey de Readheart

-Oye se que los rumores de una guerra contra RoseFire se vuelven agresivos pero con nuestra ayuda no solo podemos defender a tu reino si no que podemos aprovecharnos y tomar Rosefire- dijo dando una sonrisa maliciosa el de ojos caramelo

-No entiendo ni el porque de su invasión, RoseFire es mas avanzado y grande que Readheart, ¿Por qué un reino prospero quisiera atacarnos?

-¿Qué acaso no lo ves?, es parte de su plan para apoderarse de todo Mobius!, y los reinos que no estén al nivel del rey de Rosefire serán sometidos!, Ayato planea expandirse y destruirlo todo Incluso a ti y a tu familia!

El azabache se miraba pensativo, no podía permitir que rosefire atacara y menos que lastimara a su familia- es que no lo se, estaríamos en desventaja Ayato Lancaster es…- no pudo continuar ya que el denojos caramelo hizo un ruido sonoro azotando su mano contra la mesa- es que nada!, ¿Qué te importa mas que tu familia!?- dijo amenazante

-Nada!, nada es mas importante que mi familia!- de la misma manera golpeo su puño contra la mesa mirando seriamente a los ojos caramelo de Satanei quien sonrio triunfante- ¿entonces que aras?

-Mandare a mis mejores soldados!, los perros ayudaran a salvar el reino, a mi gente y sobre todo a mi familia, y yo sere quien dirija en esa lucha a mis guerreros legendarios- decía confiadamente Raiden

-Bah, los perros solo son unas ratas que no tienen corazón o decencia- contesto sin importancia

-Te equivocas lo que paso en Windwall no fue culpa de una especie entera…

-Digas lo que digas terminaran traicionante y sentenciando a tu reino!

-Mentira!, ellos han cumplido con su misión de mantener la energía de las esmeraldas junto con los equidnas y han resguardado al reino y al mundo por años, ellos jamas harían un acto tan bajo

-Si yo fuera tu no confiaría en una leyenda- dijo cruzándose de brazos el rey de Windwall, la enorme puerta se abria rápidamente dejando entrar a un pequeño murciélago negro de ojos azul esmeralda de nueve años de edad vestido con un pantalón holgado color negro, zapatos del mismo color, camisa en tono azul marino y una pequeña capa de color rojo, sobre su cabeza se encontraba una pequeña corona en color plata.

- Papa estoy aburrido, ¿ya nos vamos?- decía tirando de la pierna de su padre el rey Satanei, el azabache desvio la mirada viendo al pequeño príncipe- ¿Y quien es este apuesto caballerito?- dijo dedicándole una calida sonrisa al murciélago menor

-Soy el príncipe Edward Van Garreth heredero de Windwall- decía de manera infantil pero orgulloso el pequeño

-Edward!, ¿Qué te he dicho de interrumpirme!?- le repichlo molesto su padre

-P-perdon papa…- giro la mirada un poco molesto- no quise interrumpir..

-Oh esta bien, no asustes al niño, es mas te presentare a mi hija para que no te aburras- giro la mirada hacia la puerta- Shad!, Cariño puedes venir?- grito el azabache.

La puerta se abria por los guardias y de ella entraba la pequeña murciélago azabache de ojos castaños, y cabello corto, vestia un vestido en tono rosa pastel con un liston blanco sobre su cintura, sus zapatos eran del mismo color del vestido en charol. Su cabello estaba amarrado por una media coleta, sobre su cabeza descansaba una tiara pequeña con un corazón de color plata.

-¿Me llamaste papi?- contesto sonriente la pequeña mientras saltaba feliz hasta su padre.

-Si cariño, ven quiero presentarte a alguien- tomaba la manita de la pequeña y la acercaba al frente del joven principito.

-¿A quien papi?- decía inocente la azabache, el principito por su parte al mirar la belleza de la pequeña se sonrojo un poco- Es muy linda, quiero darle un beso- pensó y río un poco timido

-Shad, él es, el principe de Windwall, salúdalo cariño- le daba un pequeño empujoncito a su hija quien miraba a Edward y daba una reverencia- Hola príncipe es un placer conocerle

-Un encanto mi lady- el pequeño tomo la delicada mano de la niña y se agacho un poco para besársela- me llamo Edward y tengo nueve años- se acerco a la orejita de la nena y le susurro- Pero la gente dice que me veo de diez jeje..- la pequeña solto una timida risita al darle cosquillas el susurro del mayor.

-Edward!, ¿Qué te dije de mentirle a la gente!?

-Pero papa es cierto!

-Y que he dicho, que debes dirigirte hacia mi con mas dignidad!

-Si, perdón majestad- dijo algo cabizbajo el pequeño

-No seas tan duro, es solo un niño- le dijo seriamente el azabache al de ojos caramelo

-Es la mejor forma de inculcarles, respeto, dignidad y lealtad hacia sus mayores

La princesita al mirar al principe cabizbajo bajo su mirada sonriente para encontrarse con la esmeralda del otro- Y yo me llamo Shad y tengo seis años- dijo mirándole a los ojos

-Hmm, ya veo, Shad cariño ¿Por qué no te llevas al principe a jugar al patio de afuera?

-Si!, ven vamos a jugar con mi hermanito- la pequeña tomo la mano del azabache y comenzó a jalonearlo para que la siguiera- ven

-Diviertance- dijo el murciélago café sonriendo victorioso al ver a su hijo con la heredera de Readheart.

-Shad, no seas tan dura con él, Shad!

-¿Princesa Shad?, ¿princesa Shad!?- decía el joven lacayo agitando sus manos frente al rostro de la joven durmiente.

-¿Hmm?, ¿Qué?- exaltada se despertó tallándose los ojos y dando un leve bostezo- oh perdón, ¿Qué decía usted?

-Hemos llegado al castillo- se hacia un lado dejando ver el precioso castillo blanco con azul, con las banderas de Windwall, los arbustos tenían espinas negras aunque lúgubre se veian preciosas con el contraste, luces estaban colocadas en cada extremo del pasillo hacia la entrada.

La chica se arreglo el cabello y la ropa lo mas rápido que pudo- muchas gracias- le dijo al joven lacayo quien la ayudo a bajarse del carruaje. –el principe la espera adentro, dese prisa porque al principe no le gustan las impuntualidades- dijo el lacayo subiéndose de vuelta al carruaje que avanzaba de vuelta al lugar correspondiente donde se guardaban.

-Como siempre yo llegando tarde- camino con pasos rapidos y firmes hacia la entrada del castillo sin importarle que la lluvia la mojara aun mas, justo cuando se encontraba a punto de tocar las enormes puertas caoba estas se abrían dejando ver a los guardias.

-Pase princesa, el principe Edward aguarda en el comedor

Escurriendo su cabello la chica asintió con la mirada y entro en el enorme castillo, -El salón del comedor está a mano izquierda- dijo el otro guardia cerrando las puertas.

-Gracias!- agradeció la chica caminando hacia el comedor un poco nerviosa, rápidamente se encontraba frente al comedor, dio un suspiro y abrió la puerta encontrándose con un enorme banquete servido en platos de porcelana pintada a mano, entre los platillos se encontraban ensaladas, pollo horneado, carne, cerdo, de todo. En una orilla se encontraban finísimos pasteles e infinidad de postres finos y delicadamente adornados, la mesa estaba iluminada con la luz de la luna que se colaba por los ventanales, las enormes cortinas apartadas dejaban ver a través de las ventanas el pueblo con pequeñas luces y la lluvia cediendo un poco, era todo un paraíso dedicado para una cena romántica.

-Wooow..- decía boquiabierta

Al final se encontraba una puerta de vaivén en color crema de la cual se escuchaban cosas metálicas cayéndose y gritos –¿les parece correcto venir y tirarlo todo!, Son unos inútiles des cerebrados!, si les cortara la cabeza solo hallarían un hueco vacio donde se supone que irían sus cerebros!, largo de mi vista o los pondré a lavar los baños el resto de sus inútiles y patéticas vidas!- se escuchaba furica una voz varonil.

La azabache un poco confundida iba acercándose hacia la puerta cuando vio que de ella salieron corriendo asustados un cocodrilo verde, un camaleón morado, una abeja pequeña y un armadillo negro y rojo todos vestidos como mayordomos, seguido del causante de los gritos quien se miraba muy molesto se trataba del joven Van Garreth que estaba vestido con un pantalón negro y una camisa doblada hasta los codos en color uva muy pegada a su cuerpo perfecto y esbelto, traía puestos unos guantes en color negro al igual que el pantalón, su cabello corto estaba un poco despeinado, al mirar a la chica le sonrio- Disculpa la demora, ya sabes como es el servicio jeje..

-No debiste ser tan duro- decía sin apartar la vista de los chicos corriendo atemorizados

-Creeme tuve mis razones para enfadarme, nadamas entraron y botaron los platos, quemaron los platos, metieron la comida al lava platos e incendiaron la estufa, y eso fue solo en una noche- un ruido sonoro de una cosa enorme hecha de mármol se rompia en miles de pedazos la azabache giro la mirada para encontrarse con el chico y le sonrio nerviosamente por el ruido- Finjamos que no escuchamos nada- se colocó frente a el e hizo una reverencia- gracias por recibirme Majestad

Continuara…