Volver a Tenerte

Atención: Inuyasha es © de Rumiko Tahakashi.

Autora: YukaKyo, el fic es © de mi Propia Autoría. Mis fics No se Prestan Ni se publican en Otros sitios amenos que Yo misma lo haga. De no ser así, te obligare a que dejes de publicarlo.
Pareja: Sesshoumaru x Kagome. Y dejen de criticarme, solo escribo de ellos, pues son mis favoritos.
Categoría: A.U. Romance, Drama y Angst.

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9.- ¿No Sería Mejor?

Sus cabellos se agitaban con fuerza por el viento que se colaba dolorosamente por la ventana abierta del coche deportivo. El motor rugía estruendoso deslizándose al máximo de su velocidad por el carril de alta velocidad. Era verdad que ella misma le había sugerido correr un poco en el auto como parte del tour que Sesshoumaru le estaba dando pero aquello si que era demasiado.

Sus ojos se encontraban más que cerrados imposibilitados de abrirse por la fuerza del viento y las débiles protestas que soltaba de vez en cuando, eran susurros sordos que por el ruido del motor se perdían entre zumbido y zumbido. Además, Sesshoumaru estaba mas al pendiente de la carretera y era notorio en la tensión de sus brazos y sus manos, donde sus dedos se cernían con fuerza al volante palideciendo sus nudillos por la fuerza aplicada en los mismos.

Decidió dejarlo que pasara, cerrándose en un campo blanco y sordo donde solamente podía sentir los latigazos del aire golpeando sin piedad alguna sus mejillas desnudas.

O tal vez ya ni siquiera apreciaba algo como aquello.

Sesshoumaru lo noto, mirándola por un fracción de segundo por el rabillo del ojo descuidando el trayecto por unas cuantas centésimas. Los parpados fuertemente cerrados de la chica y su cuerpo tenso y rígido, donde solamente sus cabellos azabaches serpenteaban la voluntad de la velocidad de su auto.

Se había prometido comportarse, ser casi como un hijo y verdaderamente parecía un niño malcriado haciendo algo como eso.

Ella solo había querido pasear un poco en la carretera y él lo había convertido en casi una carrera de autos sin un límite de velocidad o tiempo.

Lo había hecho para evitar alguna conversación incomoda entre ambos, alejándose de todos aquellos lugares a los que deseaba llevarla para que conociera.

Ya era suficiente de todo aquello.

Relajo lentamente la presión del acelerador y viendo en los retrovisores se cercioró de la ausencia de otro motorizado próximo cambiando de carriles y por consecuente de aceleración. Sus ojos dorados notaron entonces una señal de transito anunciándole una salida próxima de aquella autopista, mientras se movía a una velocidad benévola por el carril de circulación lento.

Era justo aquello lo que necesitaba.

Su verdadera intención desde un principio era llevarla a los lugares públicos y concurridos de la ciudad como primera opción y si no había ningún problema, podrían ir después a visitar sus recorridos nostálgicos como él les llamaba.

Todos aquellos lugares que frecuentaba o que gustaba visitar desde niño y aun en sus últimos días en aquel país que tanto amaba y que le vio nacer.

Quería llevarla a conocer el parque con aquel río natural en que solía jugar cuando era un niño. Aquella plaza en la que muchas veces camino mientras se relajaba después de un intenso día de escuela y la antigua catedral que visitaba para serenarse después de los intensos días de trabajo en las empresas. Y todas aquellas otras atracciones turísticas del lugar.

Y quería ser justamente él quien se las mostrara.

Antes de que su padre, cuando ya fuese su esposo le trajera a pasear en aquel lugar.

Antes de que fuese su esposo…

Los nudillos en el volante se volvieron a tensar y la amarga bilis le quemo la garganta cuando subió por ella encolerizándolo. Sabía exactamente el porqué de aquello. Esas reacciones en su persona no se debían a otra cosa más que a los celos.

Estaba más que celoso de su padre.

Celoso de que siempre consiguiera lo que deseaba y que los demás cumplieran su voluntad al pie de la letra. Celoso de que Kagome se fuese a convertir en su amada esposa, aun y cuando esta solo por interés lo quisiera. Celoso de que fuera él quien se quedara con ella.

Sesshoumaru apretó los dientes.

Tal vez y fuera conveniente decirle algunas cuantas cosas mas a Kagome. El tenía una buena fortuna que podría ofrecerle y estaba más que tentado en dársela por completo y sin pensarlo, si podía tenerla nuevamente a su lado.

Cualquier cosa estaba seguro de hacer por volver a tenerla.

Aunque primero había decidido, probar con algunas otras cosas antes de pasar al lado de los millones de ceros.

Uno de los semáforos de la concurrida calle que transitaba le marco el alto y pudo entonces contemplar con mayor calma el rostro de la joven y suavemente correspondió a la sonrisa animada que esta le brindaba por breves instantes, antes de que esta volviera a girar su rostro extasiada mientras veía las construcciones, edificios y enormes centros departamentales a lo largo de la acera.

El semáforo volvió a cambiar y Sesshoumaru con lentitud arranco de nuevo.

Tal vez seria fácil lograrlo, solo necesitaba pasar las siguientes horas muy cerca de ella.

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Sesshoumaru caminaba despacio siguiendo a la joven que un poco lejos de él canturreaba y de vez encunado soltaba una que otra risilla mientras casi bailaba por la acera empedrada de la enorme plaza central.

Las brillantes pupilas castañas de Kagome se paseaban erráticas de un lugar a otro notando los enormes y verdes árboles ancestrales aplicaos en largas hileras, donde decenas de comerciantes vendían variados productos casi como una feria y las personas, en su mayoría niños jugueteaban con globos de helio, burbujas o juguetes hechizos que ruidosos los arrastraban en el suelo.

Un hombre mayor la había detenido, sus manos arrugadas sostenían una vieja cámara de fotografía de revelación instantánea, le había ofrecido una foto para el recuerdo y Sesshoumaru solo había sentido dejando que el viejo fotografiara sola a la joven con una hermosa fuente de juguetones chorros tras de ella.

Las pupilas doradas del joven no pudieron más que admirar absorto la menuda figura de la pelinegra. Ya se había contenido bastante y realmente empezaba a preguntarse ¿Cómo había logrado hacerlo? Su semblante impávido y serio se había roto un par de veces solo para mostrar una gentil sonrisa, siendo lo más amable y cortés posible.

Aunque por dentro ardía.

Su mirada no era nada considerada cuando nadie le veía. Pues a pesar de que aquella mujer era su futura madrastra, no dejaba de verla como la mujer que alguna vez había sido suya. Deteniéndose en ocasiones más de la cuenta en observar aquellos generosos pechos libres de sujetador que se apretaba contra la fina tela lila de su vestido holgado. O en sus largas piernas que casi quedaban al descubierto cuando la falda se agitaba con sus bruscos movimientos.

Kagome ajena a todo aquello, en ocasiones se le había acercado demasiado, haciéndole sentir la tibieza de su cuerpo. Calentándole en mas de una ocasión la sangre, deseando estrecharla contra su cuerpo, mientras inconscientemente o no tanto buscaba algún lugar lo suficientemente acogedor posible para arrástrala al mismo y terminar tomándola tantas veces como había deseado desde la primera vez que la tuvo.

Mas por le momento debía abstenerse de aquello.

Tomando su cartera, había sacado una cantidad generosa para pagarle aquel viejo, mientras Kagome agitaba al viento los plastificados que al parecer terminaban de revelarse entre sus dedos. El hombre mayor agradeció y Sesshoumaru dejo de prestarle atención, verificando el lugar en donde se encontraban, se hacia tarde y seguramente para aquellos momentos los ligeros snacks que habían tomado en el camino habían sido ya completamente consumidos en fuerzas durante las horas que parecían minutos mientras recorrían las calles.

Eso además de que empezaba a oscurecer.

Kagome se acerco una vez mas a él y en silencio le ordeno que continuaran sus camino. Había un lugar muy bueno y de su completo gusto que sabía le encantaría a la chica para cenar tranquilos.

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— ¿Puedo pedir otra mas?. ¡Es que esta buenísima! — siseo Kagome terminándose el ultimo bocado de la ensalada del chef que había pedido en un principio. Vio a Sesshoumaru asentir y mientras masticaba saco de su bolso las fotografías que se había sacado.

El peliblanco dejo sus cubiertos en la mesa y con una seña discreto llamo al camarero. Kagome miro las instantáneas, sonriendo nostálgicamente al ver la primera de ellas y que reflejaba a un distraído Sesshoumaru quien había sido capturado sin que este se enterara.

Se lo había pedido al fotógrafo en un descuido del Yasha mientras este se había distraído mirando hacia las calles que los rodeaban como si buscara algo. Esa fotografía seria su más grato recuerdo de todo aquello, la imagen tranquila y relajada de un Sesshoumaru que normalmente estaba siempre preparado y a la defensiva de cualquier ataque a su persona.

Y debía de decir que en aquella pose vulnerable, se veía mucho más encantador y arrolladoramente irresistible.

Sus dedos trazaron con delicadeza la mejilla impresa de aquella foto lamentándose de que de ahora en delante esa seria la única forma en que debía de tener algún contacto con Sesshoumaru. Tal vez fue que su ánimo se había decaído demasiado, pues el joven termino rápido de ordenar y fijo su atención preocupada en la joven.

— ¿Sucede algo? —

— No — dijo mientras negaba con su cabeza y guardaba una de las fotos nuevamente en su bolso quedándose solo con una. La primera que se había sacado adornando su rostro con una sonrisa tan sincera y tan fresca. De esas que desde hacia mucho tiempo no se dibujaban en sus labios.

— ¿Tomaste dos? — pregunto con curiosidad Sesshoumaru observando como Kagome miraba mas animada aquella fotografía en sus manos.

— Sí, la otra me la quedare de recuerdo — lentamente le tendió la mano llevando entre sus dedos la instantánea depositándola a un lado de él en la mesa — Esta es para ti —

Sesshoumaru la observo puesta sobre la inmaculada tela blanca del mantel, indeciso a tomarla entre sus manos. Debía aceptarla como muestra de cortesía, pero, aceptarla significaba el aceptar que solo como una mera imagen quedaría grabada en su ser la Kagome de carne y hueso que deseaba estuviera a su lado y que formara parte más íntimamente en su vida.

Sus dedos juguetearon con los bordes cremas de la foto y le sujeto en sus dedos decidido a guardarla en uno de los bolsillos de su chaqueta.

— Gracias yo…— el cuchicheó a sus espaldas interrumpió sus palabras y no pudo evitar desviar su mirada de la joven a su lado, centrándose en la figura femenina que se abría paso solitaria por las mesas del restaurante.

Enfundada en un sobrio vestido rojo de corte oriental avanzaba despacio ondeando su largísimo cabello oscuro que casi arrastraba en el suelo. La ternura y la elegancia que despedía con cada paso y no pasaba desapercibida por nadie, así como tampoco la amable sonrisa que les dedicaba a todos aquellos que desfilaban cerca de sus ojos.

Indudablemente aquella mujer le era conocida. De todas las amantes de su padre, era ella la que mejor le había caído.

— Discúlpame Kagome — mascullo Sesshoumaru antes de levantarse con violencia alejándose de la chica.

— Claro… — ni siquiera alcanzo a escuchar como la joven lo excusaba amargamente, ya estaba más que lejos cerca de la mujer que le había reconocido al instante y casi se había echado contra sus brazos delicadamente.

— Izayoi, tanto tiempo sin verte —

Kagome bajo la mirada obligándose a no mirarles.

Le hubiera gustado levantarse a ella también y gritarle que no se fuera. Al menos, no para irse con aquella mujer mayor mucho mas hermosa y femenina que ella. Esa misma que lo había abrazado con una familiaridad insoportable y que ahora se alejaba a una mesa al otro lado de la estancia lejos de ella.

Estaba celosa, pero no quería pensar en ello. Los celos no le llevarían a nada bueno, no cuando sus emociones le hacían desear acabar con todo aquello de una buena vez. Cometería una estupidez de la que estaba segura se arrepentiría luego.

Pero no podía evitar sentir aquellos celos.

Celos de que aquella mujer pudiese estar tan cerca de Sesshoumaru, confidenciando palabras directas en su oído, sonriéndole con un gusto y placer nada reservados y que él gustoso permitiera todo aquello hablando hasta por los codos en una agradable conversación.

Se obligo a concentrarse en el nuevo plato de ensalada que le habían traído, pero por el cual no sentía apetito alguno en aquel momento. Apretando sus dedos hasta casi doblar el cubierto entre los mismos, esos celos si que realmente calaban.

No pudo evitarlo y les miro de nuevo.

Más quien esta vez se llevo toda su atención fue por completo Sesshoumaru.

Ahí, alejado de ella, pudo verlo completamente como era, su rostro deliciosamente cincelado, de nariz perfilada y con una intensa mirada ambarina que cautivaba a cualquiera. Tan poderoso y atrayente que volvía loco a cualquiera.

Pero odiaba que aquella mujer estuviese a su lado, compartiendo risas amenas, roces íntimos o miradas cómplices. Sesshoumaru era suyo, únicamente suyo, por entero le pertenecía.

Noto entonces que algo había pasado entre ellos, la ultima mirada desbordante de ternura de la mujer y sus labios que apenas y se movían en sueltas frases, borraron la sonrisa de los labios de Sesshoumaru, quien solo discretamente había asentido.

Kagome lo vio levantarse y al hacerlo se inclino ligeramente hacia la mujer acercándose para besarle dulcemente la mejilla. El corazón de la pelinegra se encogió de dolor y sin quererlo la visión de aquellos dos se volvió borrosa y difusa por la cantidad de lágrimas que llenaban sus ojos castaños.

Aquellas eran pequeñas atenciones que había creído eran únicamente para ella.

Y fue entonces que cayó en la cuenta de todo lo que le sucedía, sus celos, aquel dolor y esas lágrimas, correspondían perfectamente al perfil de una mujer enamorada.

Kagome apretó la servilleta entre sus manos como una forma de calmarse, Sesshoumaru venia una vez mas hacia ella. Debía tranquilizarse, una vez mas debía intentar al menos hacerlo. Pero ¿Cómo hacerlo cuando se había dado cuenta que estaba perdidamente enamorada del único hombre que ahora mas que nunca le estaba prohibido?

El hijo de su futuro esposo, su futuro hijastro.

La vida si que se portaba podidamente cruel con ella.

— Yo lo siento no debí de haberme ido as... — comenzó a justificarse Sesshoumaru tomando asiento nuevamente en la mesa que compartían.

— No es nada — le corto la joven aun sin atreverse a mirarle. Estaba que si lo hacia las lagrimas en sus ojos no dudarían en caer y que quedaría completamente expuesta al joven.

Mas Sesshoumaru en verdad no prestaba su atención en ella, consultaba el reloj en su muñeca y con el ceño fruncido repasaba una y otra vez lo que le había dicho Izayoi. Estaba irritado y necesitaba de una buena vez terminar con aquel tour que le había sugerido a Kagome.

Cabizbaja la pelinegra retorcía una y otra vez la servilleta en su regazo. ¿Qué era esa mujer para Sesshoumaru?. ¿De donde la conocía?. ¿Era su amante acaso?. Deseaba con todas sus fuerzas preguntarle al joven aquellas y muchas otras mas dudas pero tal vez y este ni siquiera se dignaría en contestarle.

Trago saliva en seco y levanto la mirada, mas cuando lo hizo solo la silla vacía de Sesshoumaru frente a ella se encontraba. Sesshoumaru estaba a un lado de la misma sacando de su billetera un fajo de dinero que bien pagaba la cena y hasta un poco más de propina.

— Nos vamos— le ordeno esperando que esta le siguiera sin oponerse y casi se sintió satisfecho cuando Kagome se levanto con rapidez mientras tomaba su pequeño bolso y lo colgaba tras el brazo. Solo por un breve momento miro las pupilas de Sesshoumaru.

Estaba molesto, demasiado molesto.

¿Qué era lo que le había dicho Izayoi para que su humor cambiara tan drásticamente?

No lo sabía y ciertamente no deseaba preguntarle en aquellos momentos. Mientras el motor del deportivo rugía mientras desarrollaba toda la velocidad que poseía dirigiéndose a la mansión en la que habitaban. Un trayecto silencioso, tenso y frío.

No dijo nada cuando el auto detuvo su marcha y tampoco cuando se dirigieron al interior de la casa, pero no pudo contenerse al estar en la penumbra del ostentoso bar cerca de la sala.

— ¿Qué es lo que te sucede? —

— No es algo que te incumba Kagome— aquel rechazo dolió, pero le pico en el orgullo.

— Creo que merezco que me lo digas, después de todo me dejaste sola por un buen rato para iré con tu amiguita — sabia que aquel era un desplante de una mujer celosa, pero no podía aguantarse, no mas — Además no me dejaste ni siquiera terminar mi ensalada —

— Vaya, pues no le habías dado ni un solo bocado siquiera y no saltaste diciendo que tenías hambre—

— ¿Y como querías que comiera con la mala cara con la que volviste a la mesa? —

— Pues lo siento, pero no deseaba quedarme—

— Eso lo entiendo, pero prefreiría que me explicaras los motivos—

— ¡No tengo porque hacerlo!— soltó colérico Sesshoumaru acercándose a Kagome — Solo tenia que comportarme como te prometí, nada mas que eso. Lo demás para ti debería salir sobrando —

— ¡Pero me importa! —

— ¡Oh, claro que debe de importarte cariño! — las palabras de Sesshoumaru eran gélidas y el brillo maligno en sus pupilas hizo retroceder a Kagome mientras temblaba.

— Debe de importarte y mucho lo que esa mujer hablo conmigo — Sesshoumaru se acerco a ella acorralándola como un cazador lo hace con su presa.

— Si — contesto la joven atemorizada sintiendo como su espalda golpeaba con la fría pared de aquella sala.

— ¡Que bien! Porque es justamente lo que te pone en peligro —

— ¿A que te refieres? — apenas y salio esa pregunta, dudaba que algo bueno fuese a salir después de la misma.

—Kagome, Kagome, Kagome. Mi querida Kagome — Sesshoumaru se rió, tan cruel y cínicamente como podía— Tu máximo deseo es casarte con mi padre para tener su fortuna y el de él es que le des un hijo. Y lo cierto es que ya lo tiene, o bien lo tendrá pronto —

— No puede ser — desviando su mirada de los ojos dorados sádicos — Yo no…—

— Lo se, no lo han hecho aun, pero Kagome. Mi padre jamás le ha sido fiel a ninguna mujer y créeme que tú no eres la excepción a ello—

— ¿Qué quieres decir? — pregunto sintiendo las piernas temblándole y el corazón latiéndole fuertemente golpeando con violencia su pecho.

— Siempre ha tenido una amante, una con la que las engaña a todas. Izayoi —

Sesshoumaru la miro palidecerse más sin decir palabra alguna. Ajeno a las emociones que se comprimían en su pecho una y otra vez con fuerza, los dedos fríos de Sesshoumaru le acariciaron suavemente la mejilla tomando toda la atención de la chica.

La amante de Inutashio… era la amante de Inutashio.

Sesshoumaru no tenía nada que ver con ella.

Aquello realmente, le tranquilizaba y la ponía contenta mas no era momento de demostrarlo aun.

— Y ahora la mala noticia es que Kagome, ya de nada le servirás a mi padre —

— ¿Qué? —

— Izayoi, ya esta embrazada—

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Continuara… ¿Tal vez?

N de la Y: ¿Qué les pareció?. ¿Incluyo en el siguiente un lemoncito?

Y como dicen por ahí…

"Una sonrisa no cuesta nada… un review tampoco"

¿A que me dejas uno?