Harry y Ron se habían despertado temprano para alistar las cosas. Incluso aprovecharon que las chicas estaban dormidas para poder hablar un poco como mejores amigos que eran. Al poco tiempo, Hermione bajó para preparar la comida. Todavía llevaba los ojos un tanto cerrados. Justo cuando entró en la cocina, Harry abrazaba a Ron, ambos sonriendo como idiotas. Ambos dijeron dos excusas diferentes, sin quitar la sonrisa de sus rostros. Parecía que acababan de compartir una buena noticia. La morocha ni se inmutó; tan solo bostezó y comenzó.
Para cuando la pelirroja y la rubia estuvieron despiertas, todo había sido empacado en un canguro que Harry llevaría. El trío se fue a alistar y ellas decidieron preparar el desayuno. No podían salir de la casa con el estómago vacío. Luna andaba el pelo en un moño flojo, por lo que varios mechones se escapaban. Ginny parecía todavía estar un tanto dormida. Para cuando los demás bajaron, ya había amanecido.
Comieron amenamente, emocionados por el día que les esperaba. Comentaron el clima. En realidad, tan solo estaban haciendo tiempo para que llegara Malfoy. Pero luego de esperar unos veinte minutos, decidieron ponerse en marcha. Ginny y Hermione iban de primeras, hablando entre ellas; seguidas de Harry y Ron. Luna iba de última, pensando en el rubio y en el hecho de que los había dejado plantados. No, mejor dicho, la había dejado plantada.
Ni siquiera sabía por qué le molestaba tanto que él no fuera. Draco podía hacer lo que le viniera en gana, incluso no aceptar la invitación. Ella estaba con sus amistades, qué más daba si alguien más se les unía. Pateó una piedra en el camino y resopló. Harry y Ron se miraron entre ellos, pero no se atrevieron a decir nada.
Luego de caminar por cinco minutos, vieron el inicio de la calzada para subir el cerro. Había una piedra gigante a la par de un árbol. En la piedra, escrito en lo que parecía ser pintura blanca, se encontraba la frase "Cerro 14km". Sin embargo, lo que notaron todos fue al rubio que estaba recostado al árbol. Vestía con ropa deportiva de marca y parecía estar hundido en sus pensamientos. Hermione, Ginny, Harry y Ron se detuvieron. Luna, que no estaba prestando atención, chocó contra los chicos y cayó sentada.
- ¿Qué pasa? – preguntó suavemente. Tomó la mano que Harry le ofrecía y se puso en pie.
Gracias a que el cuarteto se había vuelto para verla, Luna pudo distinguir a la figura cerca del árbol. Se puso roja, sin entender por qué, y bajó la cabeza inmediatamente. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios. El grupo siguió caminando y cuando llegaron al árbol, tan solo dijeron "Hola, Malfoy" y siguieron avanzando. El rubio se colocó cerca de Luna, un tanto más atrás. Parecía incómodo e inseguro de lo que estaba haciendo.
- Buenos días – le murmuró Luna, sin mirarlo.
- Hola, Lovegood.
Luego de unos siete kilómetros, el sol mañanero estaba bastante fuerte y los seis estaban ya bastante sedientos. Si acaso habían comentado una que otra cosa, pero básicamente habían estado caminando en silencio todo ese tiempo.
- Debimos… haber… salido… mucho… antes – dijo Hermione, entrecortadamente, tratando de normalizar su respiración.
Todos sudaban, pero ninguno estaba peor que ella. Su gran pelo la hacía ver un tanto loca. Y su cara colorada parecía indicar que pronto le daría un infarto o algo. Todos podían ver que sus piernas temblaban levemente. Harry abrió su canguro y sacó una botella de agua. Hermione se tomó la mitad rápidamente. El ojiverde sacó una botella y una manzana para cada uno (incluso para Malfoy, quien las tomó sin decir gracias).
- ¿Por qué yo… estoy… peor que… todos? – dijo Hermione, mientras se pasaba la botella fría por el cuello. Luna le sonrió como si quisiera animarla.
- ¿Qué esperabas? Potter y el Weasley son aurores – comenzó a responder Draco y todos lo miraron, sorprendidos de que por fin se animara a decir algo. Se encogió de hombros y habló un tanto dubitativo– La Weasley seguro sigue practicando quidditch y Lovegood… - Se detuvo. ¿Qué hacía Luna para tener tan buena condición? Todos la miraron, preguntándose lo mismo.
- Yo he estado entrenando para mi viaje – dijo la rubia, orgullosa. – Y Draco surfea, Hermione. – añadió.
- Los odio… Se pueden ir… al carajo… todos. – dijo Hermione y comenzó a caminar.
- Igual no nos alcanzarías – murmuró Ron y todos rieron (Draco sonrió, poniendo los ojos en blanco). Callaron con la mirada de odio de Hermione.
Siguieron el camino. Iban un tanto más lento, dándole tiempo a Hermione de que se recuperara. El paisaje era muy lindo. El camino estaba hecho de piedra, probablemente era un cerro bastante popular. A sus lados, había plantas verdes; algunas tenían flores, otras parecían tener espinas. A lo lejos podían ver una pradera con lo que parecían vacas pastando ("¿Y si vamos allá?" había preguntado Luna.) Conforme iban subiendo, el aire era más frío y menos salado. Faltaban tres kilómetros para llegar a la cima cuando Hermione decidió detenerse.
- Superémoslo. No me voy a mover de acá – dijo luego de que Ginny mencionara que estaban muy cerca.
Ron y Luna estaban pensando lo mismo: si la chica estaba embarazada no era bueno que se desgastara tanto. Ron estaba rojo, sudado y se veía extremadamente cansado. Miró a Luna, decepcionado de sí mismo y ella entendió perfectamente a qué se refería.
- Yo te llevo cargando – dijo Luna, sonriente. Hermione la miró: "¿qué carajos?". Al parecer ninguno pensaba que ella sería capaz. Luna era muy delgada y se veía mucho más débil que Hermione. Parecía casi un milagro que tuviese mejor condición que la morocha. – Yo puedo, en serio.
Nadie dijo nada. Ninguno tenía fe en la rubia, pero al mismo tiempo tenían curiosidad por lo que podría pasar. Hermione, con una risa un tanto dudosa, se colocó detrás de Luna, quien se encorvó levemente.
- ¿Lista? – preguntó Hermione. Luna asintió y preparó los brazos para agarrar las piernas de la morocha. – 1… 2… 3.
Con un leve brinco, Hermione estuvo en la espalda de Luna. Todos se quedaron quietos, esperando a que Luna mencionara que no aguantaba o que no iba a poder. Pero la rubia comenzó a caminar sin ningún problema. Unos segundos después, los demás reaccionaron y comenzaron a ir detrás de ellas. Hermione parecía avergonzada mientras que Luna no cabía en su orgullo. Caminaban aún más lento porque Luna no podía ir a la misma velocidad y la chica tan solo gruñó cuando Harry propuso ayudarle. Ron y Malfoy iban directamente detrás, por si algo salía mal. Harry tomó la mano de Ginny y le sonrió.
Al llegar a la cima, pudieron admirar el hermoso paisaje. Estaban tan alto que de un lado podían observar la playa y del otro las montañas (aunque no llegaban a ver la cumbre de estas). Luna se agachó para que Hermione pudiese bajarse sin problema. Draco la miró, buscando señales de cansancio, pero si Luna estaba muriéndose por dentro no lo demostraba. Su ropa estaba adherida a su cuerpo gracias al sudor, dejando ver una buena figura que Draco no sabía que tenía. En la fiesta le había visto las piernas y le pareció un buen atributo. La chica estaba maravillada con la vista y sonreía con gusto, mientras se hacía una trenza en el pelo. Draco no dejaba de verla, idiotizado.
- ¿Ayudarás o no? – le dijo Harry un tanto enfadado, viendo lo que el rubio hacía, sacándolo de su ensimismamiento. Harry le estaba pidiendo ayuda para que montaran una mesa desplegable, sacar platos y cubiertos y alistar la mesa (todo salió del canguro). Draco asintió y fue a ayudar.
Hermione se sentó en el pasto, luego de tomarse una botella de agua entera, le pidió a Luna que la acompañara mientras los demás preparaban lo del almuerzo.
- Perdón, Luna. Voy a tener que trabajar en mi condición física…
- Es que tu trabajo casi no lo requiere – dijo la rubia alzando los hombros, como si fuese obvio. - Igual no ha sido ningún problema para mí. Me ha servido porque no he entrenado esta semana. Además, – Luna bajo la voz y Hermione se acercó para escucharla – tal vez no estás para hacer tanto esfuerzo.
Hermione sonrió. Luna tenía razón, por supuesto. A ella ni se le había ocurrido. La morocha pasó el brazo por los hombros de Luna, acercándola. Juntó la cabeza con la de ella y le murmuró:
- Eres la mejor, Luna. Quisiera ayudarte, en serio que sí, pero no se me ocurre cómo.
Ambas sabían que ella estaba hablando de la pérdida de su padre. Luna le sonrió. No sabía cómo expresar que lo único que ella necesitaba era eso: ver que sus amigos eran, en realidad, amigos suyos y se preocupaban por ella. Luna podía encargarse del resto. La rubia se separó un poco de ella y le pasó los brazos por el cuello, abrazándola fuertemente.
x x x
Ginny miraba a sus amigas y no entendía qué pasaba. No es que las dos se odiasen, pero Hermione siempre había tenido cierto recelo cuando se trataba de Luna. Inclusive, hace una semana cuando llegaron a la casa, de las primeras cosas que le preguntó a la pelirroja fue el por qué había invitado a la rubia. Por supuesto que a Ginny le gustaba que se estuviesen llevando bien, pero no podía evitar sentirse excluida. Amargamente, volvió la mirada a lo que estaba haciendo
- Gin. – Harry se le acercó y la abrazó desde atrás. - ¿Qué tal si después vamos a caminar nosotros dos solos? – Ginny se volvió y besó a su novio, asintió. Él supo, de inmediato, que algo le pasaba. - ¿Sí? – ella señaló con la cabeza hacia sus amigas. – Tal vez si me acompañas a caminar ahora podamos hacer cosas que te harán sentir muy incluida – añadió levantando las cejas, en un intento de sonar seductor. Ginny se rió, Harry apestaba para esas cosas, y lo besó.
- Bueno, bueno, mucho amor y poca ayuda – dijo Ron separando a su hermana de su amigo y entregándole a cada uno un plato.
La mesa estuvo lista en poco tiempo y todos se sentaron. Malfoy lo dudó un poco y pensó sus opciones: podía sentarse a la par de Potter, y estar frente a Luna; o podía sentarse a la par de Luna y hacer que Weasley se moviera al frente, a la par de su hermana… Una opción un tanto más difícil de llevar a cabo.
- Aquí – dijo Harry de mala gana, solo para Malfoy, señalando el asiento vacío a la par suya.
El rubio se sentó al percibir el tono de Potter. Sin embargo, la mesa no era tan grande y al parecer a nadie le importó que él casi no cupiera dentro de su asiento. Gracias a su musculatura, Harry y Draco ocupaban mucho espacio. Hermione hizo un encantamiento para protegerse del viento y así poder comer tranquilos.
Era un almuerzo real, no las cosas que comía Draco en esos días. Se sintió apenado y luego enojado de sentir pena frente a esta gente. Se dijo a sí mismo que nunca había tenido un motivo real para detestarlos, por lo que no podía darse el lujo de sacar veneno con sus palabras. Tragó saliva y en vez de eso dijo:
- Gracias por la comida.
- Con gusto – dijo Hermione, mirándolo a los ojos, básicamente obligándolo a decirle gracias directamente a ella.
- Gracias, Granger.
Luna sonrió y se preparaba para comer cuando sintió una patada en la pantorrilla. Malfoy la miró apenado.
- No, no, no, lo lamento – se apresuró a decir él, haciendo que el resto lo mirara. – Iba a cruzar la pierna. ¿Estás bien?
- Sí, tranquilo – dijo ella. Sabía que se le iba a hacer un moretón, pero en realidad era un dolor tolerable.
- No… no quepo – confesó Malfoy. Lo dijo para Luna, nada más, pero la mesa estalló en risas. Él se ruborizó.
Hermione alargó la mesa con movimiento de varita y la hizo un poco más alta. Harry y Draco la miraron agradecidos, por fin estaban cómodos.
Mientras almorzaban, todos menos Malfoy participaban de una conversación bastante amena. Luna podía ver cierta nostalgia en la cara del chico. Gracias a Ron y sus bromas, el ambiente era bastante cómodo. Él se burló de Draco un par de veces, tratando de incluirlo, pero como este no reaccionaba, prefirieron dejar los comentarios de lado. El pelirrojo optó por burlarse de su novia y la mala condición física por un tiempo.
- Tendríamos que llevar un libro e ir delante de ella, para que corriera rápido – murmuró Harry bajito, dado que no le gustaba ser el centro de atención. Ginny se rió tan fuerte que la bebida se le salió por la nariz.
Harry salió casi bañado con esa acción y Hermione le levantó las cejas como si fuese justicia. Aprovechando el alboroto que esto causó, Luna pateó suavemente a Draco para que la volviera a ver y cuando lo hizo le entregó una sonrisa tímida. El rubio estaba hundido en sus pensamientos nuevamente, pero le sonrió. Luna subió las cejas e hizo una mueca, claramente tratando de entretenerlo. La acción fue tan sencilla e infantil que Draco no pudo evitar soltar una pequeña risa.
- Ah, ahora sí se ríe – dijo Ginny mientras se limpiaba la cara, insinuando que él se reía de ella. No fue un comentario con enojo ni odio, dado que Harry y ella habían acordado tratar de hacerlo sentir más cómodo por el tiempo que iban a permanecer en esa casa.
- Ginny, no inventes – dijo Ron, volvió a ver a Malfoy y añadió: - Tan solo botaba aire, su cuerpo es incapaz de reírse.
El resto de la mesa río y Hermione codeó a Ron, pero el comentario hizo reír a Draco.
- Me río cuando un chiste es bueno – dijo Draco, quitando los ojos de Luna. El resto de la mesa, menos Ron, hizo un "ooohhhhh".
- ¿Ah, sí? ¿Ah, sí? – dijo Ron y se arremangó, como si estuviese preparándose para algo grande. Carraspeó y se dirigió al rubio. – Un dementor, un auror y un boggart entran a un bar…
Al terminar el chiste, toda la mesa estalló en carcajadas, ni siquiera Draco pudo evitar reírse: el chiste se burlaba de Harry.
Luna estaba realmente feliz. Agradecía de todo corazón a sus amigos, por hacer el esfuerzo de llevarse bien (o al menos no mal) con el rubio. Ella todavía no lograba determinar qué le pasaba con él. Sentía que al ser la única persona con la que él se estaba llevando tan bien, ella tenía la obligación de aliviar sus males y hacerlo sentir bien. Luna sabía bien el efecto que tenía en la gente: casi siempre acudían a ella, aún sin saberlo, cuando necesitaban sentirse bien o solucionar un problema. A ella no le estorbaba, por supuesto; de todas maneras, su padre le había enseñado muy bien eso desde pequeña. Al fin y al cabo, Luna había cuidado de él cuando su madre falleció.
Pero Draco no había acudido a ella por ayuda; incluso parecía molesto con la idea de recibir ayuda. Se había sincerado con ella y Luna pensó que tan solo eran cosas que se moría por decirlas en voz alta. Aun así, era Luna la que lo buscaba; porque aún si él quería solucionar sus problemas solos, ella podía estar ahí cuando él quisiera desahogarse. Ella podía ver en él las batallas internas, pero también podía ver un alma herida que necesitaba sanarse para poder reflejar en el exterior el buen hombre que él era.
Luego de que recogieran la mesa, Harry y Ron dijeron que tenían una sorpresa:
- Vamos a acampar aquí hoy.
- ¿Qué? – dijeron las tres chicas. Ginny y Hermione ya se estaban imaginando un largo baño caliente; mientras que Luna preguntó porque no entendió bien lo que dijeron. La rubia miraba un tanto desubicada la cara de sus amigos, tratando de recibir alguna pista. Draco le murmuró la respuesta al oído.
- Andamos una tienda con tres habitaciones, apenas para nosotros. – dijo Ron. Luna y Draco se volvieron a ver por un segundo y luego quitaron la mirada. – Bueno, no apenas…
- Yo no tengo que dormir en una cama, puedo hacerlo en el suelo de ser necesario – dijo el rubio.
- Obviamente – dijo Harry, que había visto la interacción de ellos dos.
Sacaron la tienda de acampar del canguro de Harry y comenzaron a montarla. Desde afuera parecía una tienda de campaña para una persona, pero al entrar pudieron ver tres pequeñas habitaciones, cada una con una cama tamaño queen y una sala de estar que se unía con una cocina pequeña. Era bastante acogedor, en especial porque había ciertos adornos Weasleys que hacían sentir la estancia como un hogar. Luego de que cada uno escogiera una habitación (y Draco el sillón en el que dormiría), se reunieron de nuevo en la sala de estar.
- ¡Ay! – dijo de pronto Luna. Todos se voltearon a verla para descubrir una expresión triste en su cara. – No ando pijama.
- Tal vez no la necesites – respondió Draco. Inmediatamente se ruborizó y bajó cabeza, maldiciéndose por haber abierto la bocota. Todos lo miraban, atónitos, sin poder creer lo que esa frase insinuaba. El color había dejado la cara de todos, excepto las de Draco y Luna.
- Cierto. Tal vez podamos hacer algo más que dormir – mencionó Luna, que no se había percatado del malentendido. Draco hizo un ruidito con la garganta, tratando de no reír de la vergüenza. Pasó una mano por su frente y su pelo, sintiéndose un tanto incómodo. La chica podía ser tan inocente a veces.
- ¡Cartas! – saltó Ron, que empezaba a tener las orejas coloradas. – Yo traje cartas y ajedrez mágico.
Draco se frotó la nuca, incapaz de mirar a sus acompañantes. Había sentido pena frente a ellos antes, claro. Pero era más una vergüenza de sentirse inferior o en deuda con alguien. La pena que estaba experimentando en ese momento se debía a que el malentendido lo había dejado pensativo, casi tentado. No pudo evitar pensar en la figura de la rubia. Agradeció el hecho de que decidió ponerse un pantalón deportivo flojo. Oyó que Luna hacía un comentario feliz mientras daba unos leves saltitos. Podía sentir la mirada aniquilante de Potter. El rubio sabía que el ojiverde trataba de proteger a Luna, pero, hasta ese momento, Draco no pensó que hubiese algo de que protegerla. No era como si él fuese a tirársele encima mientras la chica dormía, pero Draco percibía que la rubia era una buena mujer, con un alma inocente, que valía la pena conservarse; mientras que él estaba dañado, y probablemente no le traería nada bueno a ella. Se pasó la lengua por los labios, pensando que tal vez ya se había convertido en una carga para ella y no se había dado cuenta.
Pasaron el resto de la tarde jugando y platicando. Hermione había llevado un libro y estaba sumida en él. Draco le ganó una partida de ajedrez a Harry, pero perdió ante Ron, que se tomó muy en serio su gane. El pelirrojo se puso en pie e hizo un baile ridículo mientras cantaba "Weasley es el rey". Luna jugaba sola con las cartas, mientras Ginny le peinaba el cabello. Ambas se detuvieron para ver a Ron y reírse. El rubio dijo algo de revancha y Ron se sentó, inflando el pecho.
- Ron. – llamó Harry, que venía entrando. – Ya es de noche.
- Oh – dijo Ron, el color pareció desaparecer tras sus pecas, y tragó saliva. Luna y Ginny se miraron sin entender. – Bueno, Malfoy, por más que me encantaría patear tu trasero de nuevo, los niños grandes tienen cosas que hacer.
El pelirrojo se levantó, él y Harry salieron de la tienda. Draco se volteó y guardó silencio. Nunca había estado tanto tiempo con ellos y menos con las chicas, por lo que no sabía qué hacer.
- ¿Qué tal si empiezo a hacer la cena? – preguntó el rubio, luego de unos cinco minutos, poniéndose de pie.
- No. – murmuró Hermione, detrás del libro. Draco se quedó donde estaba, abrió y cerró la boca, confundido.
- Lo que quiere decir es que no es necesario. Harry dijo que trajo unas pizzas – dijo Ginny. - ¿Quieres darle otra partida? – añadió señalando con la cabeza el ajedrez.
Luna dejó las cartas al tiempo que Ginny y Draco empezaban una partida. Salió de la tienda de campaña, dispuesta a traer la pizza. No vio a los chicos, al inicio, hasta que prestó atención y había un pequeño camino iluminado con lo que parecían ser luciérnagas. Siguió el camino y al tiempo encontró a Ron y Harry. Ambos estaban colocando estas pequeñas esferas de luz (que resultaron ser bombillos muggles encantados), formando el camino. Luna no había hecho ruido por lo que ellos no sabían que ella estaba ahí. La rubia quedó maravillada con el trabajo que ellos estaban haciendo. Luego pensó que ella tenía mucha hambre, por lo que era mejor volver a la tienda con la pizza de una vez. Abrió la boca, pero Harry se le adelantó:
- No puedo creer que le vayas a proponer matrimonio. – Luna abrió los ojos.
¿Qué estaba pasando con ella y los secretos de Ronald? Estaba descubriendo todos. Al carajo. La pizza podía esperar, dio media vuelta y oyó la voz de Ron:
- Ven, Luna, si ya nos has descubierto, por lo menos ayúdanos.
No sonaba molesto, más bien un tanto risueño. Luna se volteó, roja y apenada. Asintió y comenzó a ayudar.
x x x
Draco estaba perdiendo la paciencia, dado que la Weasley no era tan buena jugando y tardaba mucho en mover una pieza. Además, aunque no quería admitirlo, el hecho de que Luna aun no había regresado lo inquietaba. Como si pudiera leerle la mente, la pelirroja murmuró:
- Pronto volverá. Seguro se distrajo. - Movió su alfil de tal manera que Draco tenía acceso fácil al rey.
Hermione cerró el libro y lo apartó. Se acercó a ellos, frotándose el estómago, y ojeó la partida. Rápidamente se dio cuenta que Ginny estaba a punto de perder. Sin embargo, Draco tan solo miró la entrada de la tienda y movió una pieza al azar.
- ¿Te duele el estómago? – preguntó Ginny, que no se había dado cuenta lo que acababa de pasar en el juego, señalando cómo la morocha se pasaba las manos por el vientre.
- ¿Qué? No. Tengo hambre – mintió ella.
- Yo también. ¿Cuándo vendrán ellos?
- Yo iré a buscar – dijo Draco.
Ellas sonrieron maliciosamente. En eso entraron Ron, Harry y Luna. Venían con una gran sonrisa. Ginny suplicó a su novio por comida, Harry miró a Luna.
- ¿Nos ayudan a encender la estufa para hacer las pizzas? – preguntó ella, sin quitar la sonrisa. Draco y Ginny se levantaron sin pensarlo. Cuando la pelirroja se iba a voltear para llamar a su hermano, Harry le pasó el brazo por los hombros y se la llevó.
Ron se acercó a Hermione y la abrazó. Ella le sonrió y le dio un suave beso en la nariz.
- ¿Pasa algo?
- Pasa que te amo – murmuró Ron. Hermione no recordaba haberle visto antes esa actitud de galán, pero no le incomodó en lo más mínimo. – Te tengo una sorpresa. Ven conmigo.
La tomó de la mano y salieron de la tienda.
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Harry, Ginny, Draco y Luna no tardaron mucho en hacer las tres pizzas grandes que llevaba el ojiverde en el canguro. Mientras estaban comiendo, Harry y Luna no paraban de sonreír. Estaban contentos por sus amigos. Probablemente no los mirarían hasta la mañana para oír todos los detalles. Luna se sentía contenta de haber ayudado y esperaba que a Hermione le gustara todo lo que habían planeado. Para Harry esto era lo mejor que pudo haber pasado en las vacaciones. Él sabía que Ron estaba planeando hacerle la pregunta desde hace meses, pero nunca se decidía en cómo hacerlo. Desde hace tres semanas que el pelirrojo no había mencionado la idea de matrimonio, y Harry no podía entender qué le había hecho cambiar de opinión repentinamente.
- ¿Amor? – dijo Ginny mientras dejaba su slice de pizza en el plato. – De casualidad, ¿andas en el canguro alguna bebida que no sea agua?
- Claro. – dijo Harry al tiempo que introducía la mano en el dichoso canguro y rebuscaba. – Preparé limonada rosa, la que tanto te gu… Pero, ¿qué?
Harry se puso casi verde en un abrir y cerrar de ojos. Luna soltó un chillido, lo que hizo que Draco y Ginny volvieran a ver. Allí, en la mano de Harry, se encontraba la caja azul con el anillo de compromiso.
Espero les esté gustando :)
