El bastardo y la huérfana
A veces Terry se preguntaba si habían hecho lo correcto.
No le gustaba pensar que había arrastrado a Candy consigo a un camino donde la incertidumbre era el primer destino, ella era un alma alegre que no merecía sufrir, era tan inocente como un recién nacido y tan noble como nadie, Candy era muchas cosas para el. Si estaba triste ahí estaba ella para echarle a perder sus momentos de nostalgia, si se sentía pesimista ella le sonreía y le aseguraba que todo sería mejor y solía afirmarlo con tanta vehemencia que el lo creía.
A pesar de eso Candy tenía los pies bien puestos en la tierra y sabía lo difícil que era la vida, a su corta edad probablemente había visto mas cosas que él, Candy no era como cualquier chica que hubiera conocido, Candy conocía a la gente y no dudaba en acercarse y ayudar, inclusive si esas personas la hubieran tratado mal en el pasado ella les ofrecia su amistad porque era lo único que tenia para dar.
Ella era especial.
no hacía mucho tiempo se había enterado que bajo el nombre de Candice Andley estaba una chica huérfana a la que habían adoptado para el contento de los Cornwell y ese chico Anthony que había muerto fatídicamente al caer de un caballo. aun así Candy había tenido suerte, los Leagan no dejaban de humillarla recordándole a la chica que no hacia mucho solo era una sirvienta que solía limpiar estiércol en el establo de su familia. Candy siempre había luchado, tal vez por eso le gustaba, pero ahora Terry se sentía muy culpable, no quería que ella sufriera más, Candy merecia mas que un cuarto pequeño en un barrio peligroso de Nueva York, merecia mas que ese empleo de costurera del que fingia estar orgullosa, porque aunque lo negara Terry sabia que una parte de ella se habia acostumbrado a ser una Andley y comenzaba a gustarle la idea de convertirse en una dama en un futuro.
Jamas debio haber acudido a la cita en los establos, si el no se hubiera presentado ahí tal vez Candy todavía seguiría en el San Pablo, educándose entre las monjas y asegurándose una vida tranquila, una chica como ella merecia cosas mejores, ahora su vida nunca seria igual y ya no podía regresar y arrepentirse porque ya pensaban lo peor de ambos.
No habia vuelta atrás, habían huido juntos en la madrugada, ¿Quién hacia eso? ¿Por qué se le habia ocurrido aquella locura?
Sin quererlo habia manchado la reputación de Candy, la habia arruinado.
Se sentía tan responsable por ella que como si el fuera su hermano mayor, pero lo cierto era que no se sentía como su hermano ni queria serlo, solo sabia que queria cuidarla de todo el mal que hubiera afuera, queria que tuviera una vida feliz.
Tal vez tenían un punto a su favor, nadie les conocía aquí, podían empezar de nuevo, ¿Cuántas veces no habia querido empezar de nuevo?
A los ojos de los demás solo eran dos jovencitos que probablemente se habían metido en problemas y habían huido, sin duda hacían una pareja muy buena: el bastardo y la huérfana.
A candy le dolia cuando la calificaban con esas palabras, en cambio el ya estaba acostumbrado.
Estaba acostumbrado a ser la oveja negra de la familia, el inadaptado del que sus profesores se quejaban, el bastardo entre sus compañeros y la sociedad.
Estaba marcado.
Él sabía que no había más opción que marcharse, marcharse siempre había estado en su mente desde un principio, odiaba presentarse en la mansión del Duque y a su insoportable esposa que no hacía más que gritarle y decirle lo insignificante que era una vez que su padre no estaba pues el Duque siempre se estaba muy ocupado, odiaba a sus hermanastros, criaturas odiosas y superficiales que lo miraban con burla, pues su madre les había sembrado la semilla del odio hacia él desde que eran muy pequeños, lo miraban como si fuera escoria.
Insolente era la palabra más suave que la Duquesa había usado con él, y ciertamente lo era, Terry no podía soportar que pasaran sobre él, mucho menos aquellos engendros regordetes de esa bruja horrible, había sentido tanto placer rompiéndole la nariz a uno de sus hijos cuando este había llamado meretriz a Eleanor, no es que ese chiquillo estúpido supiera que Eleanor era su madre pero estaba al tanto que Terry era el producto de un escarceo amoroso del Duque.
Aun podía ver a la gente murmurando a su alrededor cuando se presentaba en algún evento de la alta sociedad por orden de su padre, ¿es que no podía ver cómo le juzgaban?
Como inventaban rumores a su alrededor, y su padre no hacia nada, muchos de los cuales su venenosa esposa había inventado, no tenía más de trece años cuando había llegado a los oídos de su padre que su hijo era un borracho y fumador, un gamberro asqueroso que apostaba sus mesadas y robaba las alhajas de su madrastra para pagar prostitutas.
Eran mentiras tan terribles que él no podía creer de lo que se le acusaba, podía haberlo ignorado y reír de aquellas tonterías, pero su padre habia creido en cada una de ellas y lo había mirado con desaprobación como tantas veces, pues no era novedad que Richard Grandchester no tuviera en alta estima al fruto de sus amoríos con la actriz americana, porque a Richard le avergonzaba mencionar su nombre y tambien le avergonzaba su hijo, pues era este quien se encargaba de enlodar el buen nombre de la familia una y otra vez.
Decepción y regaños era todo lo que el duque tenía para él.
Terry se había cansado de explicarle que todo aquello era mentira, ¿Cómo podía hacer todas esas cosas de las que se acusaba cuando estaba todo el tiempo encerrado en un internado?, no importaba lo que dijera en su defensa, él siempre era el culpable de todo, así que, ¿Qué más daba?
Si iba a ser acusado de algo más valía que fuera verdad.
Amargura era lo que sentía, cuando su padre no le regañaba simplemente le ignoraba, sin olvidar como su poco tiempo libre lo dedicaba a la caza, a la duquesa y sus hijos.
Ya no sería el chico hambriento de amor que sollozaba porque a nadie le importaba, el niño al que nadie se quería acercar a pesar de ser hijo de un duque porque aun así no dejaba de ser un bastardo, aunque en la escala social su posición era mejor que la de la mayoría nadie le ofrecía su amistad por miedo a ser relacionado con el chico de orígenes dudosos.
No paso mucho tiempo para que a Terry dejara de importarle todo eso, ya no le importaba pertenecer a ninguna parte, no quería esforzase por agradar a personas vacías y estúpidas que jamas serian sus amigos, ya nada de eso le interesaba, le gustaba ser un solitatio y se sentía mejor asi , no necesitaba a nadie o eso es lo que se decía así mismo.
Era irónico como su madre lo había abandonado por perseguir su sueño en el teatro, como los dos compartían un mismo sueño.
Sabía que Candy quería preguntarle porque no le pedía ayuda a Eleanor, al fin y al cabo era su madre, ¿Por qué batallar cuando ella era una famosa artista de Broadway?, si bien Eleanor le había buscado en Escocia y Candy se había empeñado en que ambos hicieran las pases , al final una parte de el había podido estar en paz con Eleanor Baker, pero solo eso.
No quería tener que explicarle a Candy ni a nadie que no era tan sencillo, Eleanor no dejaba de ser una extraña para él, si bien ya no le odiaba todo era demasiado complicado y confuso. ¿Qué sabia Eleanor de ser madre? ¿Acaso le había cuidado? , había sido el quien había ido a su encuentro aquella noche en que se presentó en un teatro de Broadway, aquella noche de nieve en la que el joven se había presentado en su puerta, ella ni siquiera le había dejado entrar, Eleanor estaba nerviosa explicándole que se tenía que marchar mientras voces masculinas se podían escuchar al fondo.
Pero Terry no había escuchado, el solo quería que Eleanor le amara, que alguien le amara, que alguien se preocupara por él, el creía que esa persona podía ser ella, pero se había estado engañando, Eleanor tenía su propia vida y no lo incluía a él. Todo habia sido en vano, habia tomado un barco para al final reencontrarse con su madre, pero ella no deseaba estar con el.
Terry solo era un secreto, aquél hijo que habia tenido cuando era demasiado joven. Eleanor solo lo había visitado en Escocia porque si bien le había corrido en esa ocasión no había dejado de remorderle la consciencia y había tratado de explicarle sus motivos y gracias a Candy los habia escuchado, habia tratado de entender cada uno de ellos, pero aun asi no dejaban de ser dos extraños en la misma habitación.
Solo entonces habia entendido que no habia nada mas que reprocharle a su madre, los años habían pasado ya y nada de eso tenia importancia ahora , ya no era un niño que podía ponerse a llorar porque nadie le queria.
El muchacho no pudo evitarlo mas y tomo un cigarrillo de su chaqueta mientras habría la ventana un poco para que se fuera el olor, entonces miro a Candy que dormia plácidamente sobre aquella vieja cama, sus dorados rizos se esparcían sobre la única almohada que tenían, le dio una profunda calada al cigarrillo preguntándose porque no le habia llamado ricitos de oro, últimamente el nombre de tarzan pecosa ya no le iba, el camisón se le habia subido hasta los muslos y parecia tener frio, a Terry le hubiera gustado mirar mas pero aunque no era completamente un caballero ingles se preocupaba, ella le importaba.
el muchacho tomo la cobija y cubrió a Candy hasta que dejo de temblar.
