—¡¿QUÉ GAJEEL HIZO QUÉ?! —gritó la chica emocionada en cuanto lograron quedarse a solas, tras una larga noche en la que Natsu y Happy habían ocupado el cuarto de las jóvenes.

—¡Shhhhhhhhh! —la peliazulada siseó tapándole la boca a su amiga para que nadie más se enterara de lo sucedido.— Lu-chan no quiero que nadie más se entere. —la rubia la miraba con ojos brillantes sin poder pronunciar palabra, ya que su amiga prácticamente estaba incrustando la palma de la mano en su boca para hacerla callar.— Además, veníamos de una situación límite huyendo de los guardias, excitados por el peligro, mojados por la lluvia...

—¿Excitados? ¿Mojados? Parece que habléis del último libro ecchi que está leyendo Erza —una castaña las interrumpió aprovechando que la puerta estaba sin cerrojo. Levy se acongojó al ver entrar a Cana, temerosa de que interviniera en la indumentaria que debía de llevar en la cita.— Lucy, déjame un bikini. Voy a aprovechar que Titania está de buen humor para disfrutar de la playa.

«¡Uff! Parece que tiene cosas más interesantes que hacer y me libraré de sus descabelladas ideas», suspiró de alivio la peliazul para sus adentros, mientras la rubia buscaba entre los cajones un bikini para dejarle a Cana. Lucy se mostraba confusa, pues aunque la castaña no iba escasa de bikinis, siempre acababa pidiéndole alguno a sus compañeras y empezaba a pensar que se trataba de un fetichismo extraño.

—Toma, pero lo quiero de vuelta que es nuevo. Por cierto ¿vas sola? —Cana le enseñó una sonrisa picarona.

—No, he quedado con alguien. —abrió la puerta y añadió casi a gritos mientras salía por ésta— ¡Pero, no os contaré con quién hasta que vosotras no me contéis por qué Levy estaba excitada y mojada con Gajeel!

La pequeña maga de la escritura sólida se quedó paralizada, con el rostro rojo como un tomate, mientras escuchaba la sinuosa sonrisita de su rubia amiga a su lado. «¡Maldición! Ya lo ha vuelto a hacer»...

Al otro lado de la pared junto a la ventana, el dragón slayer de hierro tenía la oreja pegada al cuarto de las chicas al tiempo que intentaba no caerse del bordillo. No podía verlas, sólo las escuchaba, por lo que desconocía que su enana tenía la cara tan enrojecida como la suya, e incluso a punto estuvo de caerse cuando escuchó la respuesta de su siempre alcoholizada compañera.

—Oye... ¿no crees qué pareces un poco acosador subido en el bordillo de un edificio a dos metros sobre el suelo al lado de la ventana escuchando la conversación privada de la chica que te gusta?

Gajeel, quien no esperaba la intromisión de Happy, dio un brinco asustado cuando la voz del minino le susurró en la oreja. Se tambaleó, tropezó y emitió un grito cuando reaccionó ante su caída al vacío.

—¿Has oído eso? —musitó la rubia, Levy asintió y las dos se asomaron asustadas hacia la ventana en busca del sonido, pero al no ver nada se miraron la una a la otra encogiéndose de hombros suponiendo que el sonido debía de proceder de cualquier otra instancia «que esperemos que no sea la de los chicos armándola en su día libre», se dijeron con una mirada cómplice.

Algo más alejados, Gajeel era sostenido por su amigo Lily mientras intentaba atrapar al minino azul para asestarle un tornado de golpes fruto de su enfado.

—Estúpido gato. No vuelvas a hacer eso nunca más. —dijo entre dientes, puesto que intentaba controlarse para no chillar y ser descubierto.

—Es que eres un ninja muy torpe y quería ayudarte. Mírate, ni siquiera vas vestido para la ocasión.

—¡Pero qué dices! —«shhh», siseó Lily recordándole dónde se encontraba, el azabache se tranquilizó un poco.— No estaba acosando a la enana, sólo quiero saber dónde va a ir con ese idiota. Y Levy no me gusta. Sólo.. sólo necesita protección. Es muy inocente fiándose de un desconocido, podría ser un enemigo.

Los dos mininos lo miraron incrédulos y luego se miraron entre ellos. Era evidente que aquel tipo de la noche anterior no era una amenaza ni para una mosca, pero si Gajeel quería hacerles creer aquel absurdo argumento le seguirían la corriente. Al fin y al cabo, habían logrado un día libre por la cara y no tenían nada mejor que hacer. Gajeel, convencido de su capacidad de argumentación volvió a su tarea de espía para conocer los detalles de la cita.

—¿Y tú qué tienes pensado hacer en tu día libre? —preguntó Levy, una vez recuperada de la interrupción de la castaña.

—Pues, supongo que me quedaré por aquí escribiendo o descansando con las chicas. Después de pasarme ayer el día entero trabajando sólo tengo ganas de no hacer nada. Aunque, supongo que Natsu y Happy aparecerán en algún momento para interrumpir mi paz. —«no mientas Lucy, en realidad estás deseando su compañía. Y ahora que Levy va a tener una cita y casi se besa con Gajeel más», se contestó a sí misma la rubia, con cierta envidia sana hacia su amiga.

—La verdad es que lo mejor de haber quedado con él, es que llamara por teléfono para convencer a Erza de que me dejara el día libre. Gracias a todos esos pasteles de fresa que traerá hoy, todos podéis disfrutar de un día de descanso total. Por suerte, Erza puede convencer a Ichiya con tan sólo una mirada. —ambas se rieron imaginando a su pelirroja amiga atiborrándose a pasteles de fresa con los ojos brillándole como le brillan a una niña pequeña cuando la llevan a su primer parque de atracciones.

—Por cierto Levy-chan, todavía no me has dicho cómo se llama nuestro salvador.

—Pues... si te digo la verdad no sé cuál de los dos gemelos me ha invitado —dijo con una sonrisa avergonzada, la rubia la miró anonadada y rompió en una intensa carcajada que rápidamente fue acompañada por la risa nerviosa de la peliazul.

—Bueno, en todo caso lo llamaré el salvador. Y se llame como se llame, será mejor que te ayude a elegir modelito.

«¡Ja! La enana no sabe ni su nombre ¡chúpate esa camarero empalagoso y repeinado!», pensó triunfante el azabache haciendo un gesto de victoria que, obviamente, creía que sólo estaba dentro de su mente hasta que los dos mininos lo observaron sorprendidos y empezaron a mofarse de él imitándolo, cosa que le devolvió su característico gesto malhumorado.

Había llegado la hora, Lucy había invertido gran parte de su tarde libre en dar ligeros consejos de moda a su menuda amiga. Entre las dos, dialogaron sobre algunos trucos estéticos para parecer más alta o sacar mayor partido a un cuerpo poco desarrollado, a la vez que contrastaron diferentes conjuntos para probar cuáles eran los colores que mejor resaltaban la piel de Levy. Todo ello, mientras un joven azabache las espiaba en la retaguardia un tanto aburrido y oxidado después de esperar durante horas. «Tchs, yo no sé para que tanto tiempo de esfuerzo en ponerse guapa para un pringado. Cualquiera diría que la enana necesita todas esas tonterías. Ella es bonita hasta embadurnada de pintura tras horas de trabajo. Idiotas», divagaba el joven mientras esperaba ansioso que se iniciara la cita. Puede que incluso estuviera más nervioso él, que la propia Levy, puesto que no sabía lo que el destino le depararía, pero tenía muy claro que como aquel baboso se propasara con ella él mismo se encargaría de deleitarlo con un delicioso plato de puños de hierro.

—Mucho restaurante, platos estrellas y bobadas. Pero, ese tipo no sabe lo que es tratar con el chef Gajeel, ni lo bien que sabe mi acero. —pensó en voz alta el joven.

—Esas palabras pueden interpretarse de manera muy malsonante. —de nuevo, el felino azul había hecho su aparición asustando al azabache y provocando que, otra vez, estuviera a punto de caerse. Aunque, en esta ocasión supo mantener mejor el equilibrio y se pegó a la pared como un lagarto fulminando al gato. El minino lo ignoró y le lanzó una prenda que Gajeel captó entre sus manos— ¡Vamos! Las chicas ya han salido por la puerta cuando tú hablabas contigo mismo como un loco, tápate el rostro como un buen ninja.

—¡NO PIENSO PONERME ESTO! ¿CREES QUÉ ESTOY LOCO? —añadió a gritos ahora que no corría el riesgo de que lo descubrieran, al tiempo que el felino se ocultaba con la típica indumentaria de los ninja, a juego con Lily que hacía su aparición y el dragón slayer no daba crédito al encontrarse con su serio amigo vestido de ninja.— ¿En serio Lily? ¿Os habéis vuelto locos? Vamos a llamar demasiado la atención.

Los dos felinos se miraron y conectaron sus mentes en un mismo pensamiento «¿de verdad lo dice el tipo que pretende espiar a su amiga?». Un gritito de emoción les aseguró que había llegado el momento, el estúpido camarero se encontraba en la entrada para recoger a Levy. Los exceed y Gajeel sobrevolaron el territorio hasta colocarse tras unos arbustos donde poder observar en la distancia la escena.

Lucy se despedía desde la puerta con una amplia sonrisa, había escoltado a su amiga como cuando las madres acompañan a sus hijas en su día de la graduación. Tanto era así, que la rubia no pudo evitar derramar unas lágrimas de júbilo mientras los observaba marcharse. Aunque, Gajeel no le prestó ni un segundo de atención a su amiga la coneja, pues su mirada se centraba en la peliazul que caminaba con los hombros encogidos y las mejillas sonrojadas al lado del joven de cabello puntiagudo. La joven llevaba un veraniego vestido celeste que dejaba la espalda al descubierto, con una cinta y sandalias de color negro con sinuosos toques azulados que resaltaban el brillo de su cabello. A penas usaba ese color de manera habitual, pero el dragón slayer pensó que le resaltaba a la perfección el pálido color de su piel y sus apetecibles curvas, cosa que acentuó los celos del chico. Ante la rabia palpable de Gajeel, quien había dejado una marca de sus uñas en el árbol desde donde miraban, Happy se lanzó hacia donde se encontraban la pareja con el fin de estudiarlos antes de que el dragón slayer pudiera pararle el paso.

—Levy-swan estás muy linda con ese vestido, aunque no sé si es apropiado para el lugar al que vamos... —la muchacha le miró por primera vez a los ojos desde su encuentro, sorprendida por sus palabras.

—¿A-adónde se supone que vamos? —en las novelas se supone que el misterio aumentaba la tensión y las ganas en una cita, aunque en la realidad Levy empezaba a arrepentirse de su decisión.

—Si te lo cuento no sería un secreto.

Le contestó con una dulce y perfecta sonrisa de chico de anuncio. Lo cierto era que se trataba de un chico apuesto que cada vez que sonreía era imposible no mirarle, pero Levy no acababa de sentirse segura. Había disfrutado de su compañía en el restaurante ante los ojos de un rabioso Gajeel que lo divertía, pero ahora que ya no tenía a su compañero delante para hacerlo enfadar, la cita perdía su gracia. Y más cuando Levy ni si quiera sabía con cuál de los gemelos estaba saliendo.

Oyó un ruido familiar, como el vuelo de las alas que escuchaba revolotear a menudo a su alrededor, y se giró a toda prisa en busca de sus amigos. Pero, se encontró con la nada. Happy había sobrevolado a su lado para conocer las intenciones del camarero con la chica, por suerte para él cuando la joven se percató de una presencia a sus espaldas el gato ya no se hallaba tras ella. Por fortuna para Gajeel, su espía personal no había realizado una súper estrategia para escapar a la vista del hada, sino que se había distraído con el olor a pescado de una de las tiendas cercanas. Gajeel se tapaba la cara desesperado, empezaba a pensar que su preparado plan no iba a surtir efecto con el minino azul de su lado. Claro, que en el fondo Gajeel tampoco había elaborado ningún tipo de estrategia para impedir que las manazas de aquel pulpocayeran sobre Levy.

Cuando se arrimó hasta el gato azul para preguntarle, éste se hallaba enfrente de la parada de pescados con los ojos dibujando pequeños pececitos en su interior. Le preguntó a Happy lo que había averiguado, pero el gato le chantajeó para que le comprara pescado a cambio de la información. Gajeel, quien se aseguró de coger dinero en esta ocasión, accedió a regañadientes.

—Y bien ¿dónde van a ir? —preguntó impaciente.

—Le ha dicho que es un secreto —contestó el minino mientras disfrutaba de su aperitivo, Lily tuvo que sujetar al joven para que no desahogara su ira contra el feliz minino.

Sin conocer adónde se dirigían, siguieron a la pareja a una distancia prudente, al tiempo que Gajeel se contenía cada vez que el capullo hacía un amago de aproximarse hasta ella, mientras intentaba que el minino azul no llamara la atención con sus saltos mortales de ninja en baja forma que en realidad tan sólo hace el ridículo. El dragón slayer estaba a punto de perder los nervios, hasta que finalmente se cercioraron de dónde se encontraban. «Maldición», pensó al leer el letrero.

Parque de atracciones: El mago feliz

Levy al fin comprendía por qué su vestimenta no era la elección apropiada para el evento, aunque se alegró de ir a un lugar rodeado de gente donde no tuviera que forzar un momento a solas con aquel chico. No pudo evitar pensar en Gajeel, con quien le gustaría estar a pesar de que el joven poco iba a disfrutar en un terreno que le provocaba mareos. Dentro, a parte de contar con varias atracciones donde dar piruetas por los aires, también había toda una serie de tiendas de comida y paradas con objetos realizados a mano o antigüedades. Todo estaba rodeado de personas de diferentes edades que disfrutaban del ambiente, cosa que beneficiaba al grupo de los ninjas para pasar desapercibidos ante la peliazul. Levy se paró ante una parada artesanal que tenía varios cuadernillos con cubiertas de varios colores, pensó en Lucy y en lo mucho que le gustaría aquello. Su acompañante no dejaba de hablarle animado, e incluso se ofreció a regalarle algo, idea que rehusó tras la insistencia de la muchacha. Por un instante, rozó la mano de la joven con cuidado aclamando su atención y un fuerte sonido de platos cayéndose se escuchó a sus espaldas llamando su atención. Cuando Levy retornó su vista hacia la parada de los libros, divisó a través de un espejo una melena azabache a lo lejos de ella que le resultaba muy familiar. «¿Gajeel? Creo que empiezo a echarle demasiado de menos y alucino».

—Ha faltado poco para que nos pillen, da las gracias de que soy rápido de reflejos, Gajeel —reprochó Lily ante la falta de profesionalidad de su torpe e impulsivo amigo.

—Tienes razón, debería camuflarme...

Happy sonrió triunfante pensando que el joven al fin se había decidido a vestirse de ninja como ellos. Desde luego, el dragón slayer se estaba perdiendo lo maravilloso que era ser el centro de atención por el simple hecho de ir vestido de ninja, aunque también era cierto que el felino desconocía las miradas de incertidumbre de la mayoría de personas que observaban anonadados al trío. El chico se percató de que Levy miraba de un lado para otro en busca del reflejo de Gajeel que había visionado, y antes de que pudiera descubrirlo se acercó a una de las paradas.

—Dame esa capa y.. esa máscara...

—¡¿QUÉ?! ¡Gajeel estás traicionando al espíritu de los ninjas legendarios! —le recriminó Happy mientras hacía poses típicas ninja al grito de nin-nin, provocando las desconcertantes miradas y carcajadas de la muchedumbre.

—¡Deja de decir mi nombre en público, todo el mundo nos está mirando y nos descubrirán! —continuó el dragón slayer sin percatarse de que sus gritos también atraían las miradas de curiosos, y más ahora que llevaba puesta una capa morada y una máscara carnavelesca.

—Como si no llamásemos ya la atención sólo con nuestro aspecto... —murmuró Lily abochornado por la actuación de sus amigos y arrepentido de haberse unido al plan.

Levy ignoró su mal presentimiento e intentó disfrutar de la compañía del joven, a la vez que intentaba descifrar cuál de los dos gemelos tenía ante ella. El camarero parloteaba con énfasis mientras la conducía a una montaña rusa donde se pusieron a la cola. El trío de espías se movía tras ellos camuflándose entre la gente cada vez que Levy hacía el amago de girarse. Claro que, nadie ponía de su parte para ocultarles, ya que la mayoría de personas intentaban mantener las distancias del grupito de ninjas.

—¿No pretenderás subir a la atracción con tus mareos? —preguntó Pantherlily.

Gajeel cuestionó su respuesta, pero en cuanto vio como el blandengue aparataba un mechón del rostro de Levy, se encolerizó tanto que se abalanzó ante la muchedumbre a empujones para hacer cola. Los individuos de su alrededor se sintieron tan amenazados por la presencia de aquel joven extravagante que se apartaron de la cola antes de caer presa de la ira del dragón. De pronto, Gajeel y los exceed se encontraban detrás de la pareja, justo cuando el afeminado ayudaba a subir a la chica en el asiento, momento de distracción perfecta que los tres aprovecharon para colocarse en el asiento de detrás y así tenerlos controlados. Antes de que se pusiera en marcha, Gajeel tuvo que reprimir su furia para no sujetar del cuello al tipo que tenía delante, pues su malestar aumentaba cada vez que el inútil le dedicaba una sonrisa o acercaba su cuerpo al de Levy.

Entonces, la atracción empezó a moverse lentamente subiendo por una alta rampa desde donde se podía ver todo el parque de atracciones, pues se encontraba a una gran altura a punto de caer en picado e iniciar toda una serie de giros y vueltas que dejarían a un enfurecido Gajeel más manso e indefenso que un cachorro. Durante el trayecto de la atracción, Levy gritó emocionada mientras el camarero aprovechaba para pegarse a ella, los exceed reían eufóricos y Gajeel... Gajeel acabó vomitando en el suelo, cuyo vómito llegó hasta los zapatos de su rival en el amor. Lamentablemente, eso sólo provocó que la joven lo atendiera más ayudándole a limpiarse en una fuente y que el dragón slayer se encontrara indispuesto por unos minutos.

Durante toda la tarde, fueron atacados por unos niños que jugaban con flechas de plástico a los indios, comieron dulces para apaciguar el estrés, provocando un intenso ardor de estómago que derivó en intensos vómitos cada vez que el joven se subía a una atracción, e incluso, algunas familias los confundieron con parte del espectáculo del parque y tuvieron que realizar actuaciones para disimular ante el público. Todo ello, mientras Gajeel no logró enterarse de nada de la conversación de Levy con el capullo repeinado, y sin poder impedir que aprovechara cada despiste de ella para rozarle con sus minúsculas y femeninas manos. Aún así, al fin la velada estaba llegando a su fin y Gajeel suspiraba algo más relajado de camino de vuelta al hostal. Sabiendo la dirección de la pareja, mantuvieron una distancia más prudente entre los arbustos alejados del camino convencional. En el transcurso, los mininos dialogaban animados sobre la divertida tarde que habían pasado, mientras Gajeel caminaba en silencio.

A lo lejos pudieron apreciar que la pareja estaba enfrente del hostal algo alejados de la puerta hablando muy pegados el uno al otro. Gajeel sintió un escalofrío recorrerle la piel, su interior era una mezcla entre la ira, los celos y el dolor. Tuvo ganas de dejar su orgullo atrás y arrancar a correr para apartar a Levy de aquel indeseable. Pero,se quedó quieto mientras experimentaba como su corazón era agujereado una y otra vez. El dolor se incrementó cuando percibió como el camarero acercaba su rostro al de Levy para besarla, Gajeel no pudo aguantarlo más y golpeó con furia el árbol que tenía a su lado, desprendiendo parte del tronco de las raíces, los exceed trataron de calmarle pero el dragón slayer los sacudió de un manotazo. Lo que el azabache encolerizado desconocía debido a la distancia, era que Levy había apartado su rostro y el camarero sólo había logrado acariciarle la mejilla con sus labios. Captando la indirecta, el azabache puntiagudo se despidió con una sonrisa que intentaba ocultar la decepción de sus ojos y Levy se quedó ante la puerta por un instante pensativa. «¡Jack! El nombre de este gemelo era Jack». Sus pensamientos fueron interrumpidos por la presencia del dragón slayer que caminaba hacía ella enfurruñado, todavía con la capa morada puesta y la máscara estrujada entre las manos, seguido de los dos exceed acalorados por la tensión.

—¡Lo sabía! ¡Me habéis seguido! —gritó la muchacha ofendida, Gajeel pasó por su lado con un rugido.

—¡Ah! ¿Ahora sí qué te fijas en mi presencia? —reprochó el azabache con desprecio. Levy lo miró consternada, no entendía a qué venían esos humos cuando ella era la que debía de estar enfadada por haber sido espiada.

—Se supone que cuando persigues a alguien vas de incógnito, Gajeel. —contestó la peliazul de mala gana. Se dirigió hacia el interior del hostal dándole la espalda al joven, cosa que incrementó la ira de él, quien fue tras sus pasos.

—¡Ohh! ¡Esto se pone interesante! —exclamó Happy mostrando su intención de seguir a la pareja, aunque el felino negro lo agarró para cesar sus intenciones.

—No, Happy. Creo que no debemos de intervenir más en sus asuntos. Vayamos con el resto a las habitaciones, pronto será la hora de ir a cenar. —El minino azul recapacitó y acompañó volando a su amigo exceed para entrar a través de las ventanas de las habitaciones de sus compañeros, mientras Levy caminaba con paso decidido entrando en el hostal y Gajeel iba tras ella reprochándole. Andaba cada vez más acelerada, aunque de los nervios se desvió hacia estancias desconocidas del hostal, a cada palabra de Gajeel se desubicaba más y empezaba a notar la vista nublada por el despertar de las lágrimas.

—No te estaba siguiendo por gusto, no soy yo quien se va con un desconocido que podría ser perfectamente un enemigo que te llevara a cualquier lugar donde no pudiéramos ayudarte. Te creía más inteligente. —aquella frase fue la gota que colmó el vaso, la peliazul se giró de golpe y marcó la palma de su mano en la mejilla de Gajeel en un sonoro tortazo. Lloraba de rabia, impotencia, pero sobre todo, lloraba de pesar.

—¿Qué estás insinuando Gajeel? ¿Qué no puedo cuidarme sola? ¿No dices siempre que crezca y me haga más fuerte? —la chica empezó a perder los estribos, empujando al muchacho a cada palabra hasta arrinconarle contra la pared.— ¿Ahora soy tan sumamente débil que no puedo quedar con un chico sin tu supervisión como guardaespaldas? ¿Por qué toda esa rabia descargada en mí? No he hecho nada malo, ha sido una quedada totalmente inocente por mi parte e incluso, cuando ha querido propasarse le he dejado claro que no iba a besarle. Sé defenderme ¿sabes? —«Por qué quien quiero que me bese eres tú, Gajeel», pensó abatida.— Además, si tanta rabia sientes haberme invitado tú a pasar el día por ahí —Levy estaba tan destrozada que ya no pensaba ni las palabras y era su dolor el que pronunciaba las frases desde su boca.

Gajeel estaba helado.

De pronto toda la rabia acumulada por aquella escena se había esfumado y convertido en remordimiento. Los celos le habían superado hasta el punto de convertirlo en un ser desagradable y rastrero. Todas aquellas emociones eran nuevas para él y no sabía cómo dominarlas, a pesar de lo mucho que deseaba echar el tiempo atrás e impedir dañarla. Levy lo miraba con lágrimas en los ojos, temblando y expectativa. Deseaba que el dragón slayer reaccionara para calmar el dolor que presionaba su pecho, pero Gajeel sólo la miraba bloqueado sin mediar palabra. Con los ojos empapados en decepción, la chica se giró para reubicarse y encontrar de nuevo el camino hacia su cuarto.

Entonces, Gajeel despertó.

Había convivido todo un año con su enana formando parte del Consejo, había llegado hasta donde jamás pensó que llegaría por su propia cuenta y era, precisamente, gracias a ella. Era feliz cuando sonreía, le gustaba mirarla cuando leía y los mechones azules se caían de su moño para acariciarle la cara. Se sentía lleno cuando repasaba antes de dormir los momentos juntos a lo largo del día y la deseaba cada vez que aparecía, fuera en pijama, con shorts o con vestidos. La necesitaba tanto que había estado a punto de besarla arrastrado por la emoción de una huida con robo incluido, también sentía que los celos le comían cuando alguien trataba de conquistar el corazón que daba sentido a su vida. Levy era su amiga, su hada compañera, su confidente y su mayor apoyo. Pero, se marchaba abatida tras una ardua discusión, y no podía permitirlo. Como tampoco podía permitir que aquel gilipollas intentara ligar con ella.« ¡Y una mierda! ¡Y una mierda voy a dejarte marchar una vez más!».

—¡Y UNA MIERDA!

Con su falta de tacto característica y su naturaleza impulsiva, el azabache gritó sus pensamientos sin darse cuenta. Levy paró en seco a punto de girarse para chillarle por su mal carácter y sus malsonantes palabras. Pero, antes de que pudiera reaccionar, Gajeel se adelantó. La agarró de la muñeca, la volteó hasta tenerla cara a él, tiró de ella, e impidió que emitiera frase alguna juntando sus labios con los de ella en un cálido beso.

N/A: ¡Al fin ha llegado el beso! Espero que os guste y gracias por leer ^^

¡Hasta la próxima! ¡Mil gracias por leer y que tengáis una semana maravillosa! Por cierto, para el siguiente capítulo daré una pequeña advertencia :P