Capítulo 8.- Entre Pociones y nuevos Amigos
Hermione estaba nerviosa, era su primera cita con el profesor Snape. Tomando su bolso se desapareció con destino a Hogsmeade.
Snape tenía todo listo para su primera clase con Granger. Sólo esperaba que la sabelotodo no llegara tarde. Odiaba la impuntualidad y además se la tenía jurada. Era mejor que no creyera que se lo iba a poner fácil, nadie le ocupaba su tiempo personal y vivía para contarlo. Se las pagaría al igual que Potter…
Mientras rabiaba interiormente, sintió como golpeaban a su puerta. Maldita Granger, llegaba ocho minutos antes... pues bien, la haría esperar, no le gustaba que le impusieran a una persona más del tiempo necesario.
A la hora señalada, abrió la puerta del aula de pociones con un movimiento de varita, y vio a Granger entrar con su mochila.
- Buenas tardes profesor – saludó Hermione, Severus solo asintió con la cabeza mientras le señalaba un sitio frente a su escritorio.
- Muy bien Granger, mientras antes comience, antes me desharé de usted. – le dijo con voz aburrida. – en la pizarra están las indicaciones y ya sabe dónde están los ingredientes, espero que sepa lo que tiene que hacer, no tengo el tiempo que usted. – dicho esto, se puso a corregir unos trabajos de las clases del día.
- Muy bien profesor, ¿Cuánto tiempo tengo para la preparación de la poción? – preguntó al observar que se trataba de una poción un poco más difícil de lo habitual.
- El que sea necesario Granger, - le contestó sin levantar la vista del pergamino. – fue usted la que quiso clases particulares, por lo tanto no espere que tenga la misma consideración para con usted de la que tengo con mis alumnos.
Hermione bufó, ella sabía perfectamente bien que el profesor Snape no tenía consideración con nadie, si le decía eso, era sólo por molestarla.
- Pero esta poción requiere como mínimo tres horas… -le dijo en un susurro, intentando no sonar a queja.
- ¡Entonces póngase a ello! ¿A que espera?- espetó el hombre sin ápice de paciencia.
- Pero no voy a terminar a tiempo para alcanzar a volver al pueblo...
- ¿En qué quedamos Granger?- le preguntó levantando la cabeza para mirarla con hastío. – Yo soy quien dispone de los horarios, y si digo que tiene que terminar hoy con el trabajo, espero que lo termine. – le dijo levantándose de su escritorio, dando golpecitos con el dedo en el tablero de la mesa, visiblemente molesto.
- Pero…
- ¡Nada de peros! – la interrumpió – No me voy a arriesgar a que se lleve la poción a su casa y la traiga después, no confío en que no haga trampa… - le dijo ya frente a ella.
Hermione levantó la barbilla y lo miró fijamente con los ojos fijos en el profesor
– Nunca he hecho trampa profesor y usted lo sabe, no es propio de mí. - indicó llena de orgullo.
Snape sonrió de medio lado.
- Permítame dudarlo Granger. - Se dio media vuelta, impidiendo cualquier réplica y se dirigió de vuelta a su escritorio. – De todas maneras, terminará la poción hoy y espero no haya más interrupciones. – dicho esto, se sentó y siguió revisando pergaminos, ignorándola.
Hermione suspiró y se dirigió al almacén de los ingredientes.
Mientras buscaba lo que necesitaba, no dejaba de maldecir al profesor entre dientes. Iba a tener que hablar con Minerva para que la dejara alojar en el colegio, no podía volver tan tarde al pueblo. Si las clases iban a ser siempre a la misma hora, iba a tener que buscar una forma de alojar cerca del colegio. No le agradaba la idea de molestar a Minerva, si estaba en esa situación, era precisamente para no volver al colegio. Tal vez pudiera alquilar una habitación donde Rosmerta… Una vez tuvo todos los ingredientes, se puso a prepararlos para la poción.
Habían pasado dos horas y Snape ya había terminado de corregir los trabajos. Veía a Hermione concentrada en la poción.
Ahora que la veía más detalladamente, se daba cuenta de los cambios de los que había hablado Minerva. En realidad Granger ya no estaba para uniformes… había cambiado, y los cambios habían sido tan gradual y sutiles que no se había dado cuenta. Pero ahora que miraba con detenimiento, podía ver que estaba más madura, su cuerpo de niña había dado un giro, ya no llevaba el cabello desordenado, sino que había logrado domarlo y dejarlo en suaves rizos que ella recogía en una media cola de la cual se desprendían unos cuantos mechones por los vapores de la poción.
Sus pómulos estaban más definidos, si bien estaba más delgada, esto hacia que sus curvas fueran más pronunciadas, veía con claridad sus caderas redondeadas bajo los jeans muggles que llevaba puestos, y la camiseta que se había puesto no dejaba mucho a la imaginación… si, Granger estaba bien dotada… pero qué cosas estás pensando Severus! Es tu alumna, es… es Granger! La comelibros insoportable amiga de Potter… se removió en su asiento incomodo al ver por donde se dirigían sus pensamientos, levantándose, se acomodó la capa y empezó a caminar alrededor de Hermione, como un depredador al acecho de su presa.
Le había dicho que terminara esa misma tarde, para no tenerla más de lo necesario en su despacho. Sabía que tendría que citarla para otro día, pero mientras fueran una cita por poción, iría todo bien.
- Es lenta Granger. – le dijo sólo con el ánimo de molestar.
- Esta poción es muy larga profesor. ¿No existe algún hechizo de estasis y poder seguir otro día? No es necesario que me lleve la poción, puede quedar aquí mientras vuelvo a la siguiente cita…
- ¿Y arriesgarse a que algún alumno inútil la tire por casualidad? No lo creo, ¿Que le dije Granger? La quiero terminada hoy.
- Muy bien, entonces tendrá que esperar a que termine profesor, - le dijo con molestia. – ya no queda mucho para terminarla.
- Eso espero, ya estoy cansado.
- Puede dejarme sola si quiere, yo terminando me retiro.
- En sus sueños Granger, - le dijo con sarcasmo. - no me arriesgaría a dejarla sola y sin supervisión.
Hermione solo rodó los ojos, Snape nunca cambiaría.
Era cerca de la media noche cuando por fin estuvo lista la poción. Embotellando una muestra se la entregó a Snape, quien estaba paseándose en su despacho como un animal enjaulado.
- Ya era hora, pensé que nos quedaríamos toda la noche en esta aula.
- No se preocupe, como ya sé cómo van las clases trataré de no demorar tanto en la próxima.
- Yo también lo espero.
Y diciendo esto, desapareció lo que quedaba de poción en el caldero y se dirigió a la puerta del aula, claramente invitando a Hermione a abandonarla.
- La espero en tres días a la misma hora Granger. – y diciendo esto, cerró la puerta tras la chica.
Hermione estaba realmente cansada y muy molesta con Snape. Maldiciendo a medio mundo mágico se dirigió al despacho de minerva para pedirle alojamiento por una noche.
Iba rumiando su descontento cuando en la esquina del pasillo que llevaba a la dirección, chocó de golpe con alguien, quien alcanzó a reaccionar y tomarla para que no cayera.
- Lo siento, no vi por donde iba. – se disculpó Hermione.
- No te preocupes Granger, yo tampoco te vi.- le dijo Draco soltándola.
- Malfoy…
- Ese es mi apellido…- le dijo con una sonrisa que ella no supo si era real o su imaginación le estaba jugando una mala pasada.
- Sí, es que me dirigía a la dirección…
- Aah bien, yo estoy por terminar mis rondas… ¿Quieres que te acompañe?- preguntó con verdadera amabilidad.
- A Hermione se le cayó la mandíbula al oír las palabras que le dirigió Draco.
- ¿Te sientes bien? - Le preguntó, mientras lo miraba con recelo, Draco solo sonrió.
- Si Granger, me siento perfectamente. – la tomo del brazo y comenzó a caminar hacia la dirección.
- Entonces… ¿Por qué no me estás maldiciendo?
- Digamos que me cansé de ser el chico malo
- No entiendo… ¿Por qué el cambio?
- ¿Y tú eres una de las brujas más inteligentes? Me sorprendes Granger…
- ¡Oye! Que yo no te he insultado…
- Está bien, - le dijo levantando las manos – lo siento.
- ¿Me vas a explicar eso de que no quieres ser el chico malo?
- Fácil Granger… se podría decir que me di cuenta de que muchas cosas no eran como yo creía.
- ¿Y te diste cuenta de un día para otro? ¿Así como así?
- No es tan fácil, digamos que la guerra ayudó un poco…
- Aahh si, la guerra… - comentó la chica con tristeza.
- Si, la guerra cambio a muchas personas, a mí incluido…
Ya habían llegado a la gárgola que resguardaba la torre del despacho de la directora, por lo que estaban parados uno frente al otro conversando. Hermione fue la primera en reaccionar de donde estaban.
- Oye Malfoy…
- Draco, por favor llámame Draco, sé que es difícil aceptar el cambio después de tantos años, pero ya no soy el mismo de antes. Si me das la oportunidad, te lo puedo demostrar, Hermione…
Hermione realmente se había quedado sin palabras, encontraba tan raro que Malfoy se comportara así, que no pudo evitar que una sonrisa se saliera de sus labios.
- Lo siento, claro que te doy una oportunidad, pero en este momento necesito conversar con Minerva, ¿Por qué no conversamos en otra oportunidad? – le ofreció Hermione.
- ¿Qué tal mañana después de clases en la biblioteca? – ofreció Draco.
- Lo siento Malf… Draco – se corrigió al ver que el chico hacía una mueca. – es que es un poco complicado. No te puedo explicar ahora, pero ¿qué tal si te envío una lechuza? – le ofreció.
- Muy bien, no te entiendo mucho, pero esperaré tu lechuza.
- ¿Amigos? – preguntó Draco con una sonrisa mientras le ofrecía una mano a Hermione.
- Amigos. – dijo Hermione estrechando su mano después de pensarlo un momento.
Cuando se separaron, Draco se volvió y se dirigió presto a las mazmorras. Mientras Hermione le miraba alejarse y preguntarse de qué iba todo eso.
Pedirle alojamiento a Minerva fue más fácil de lo que esperaba. Y además le aseguró que no era necesario que alquilara una habitación con Rosmerta, podía quedarse cuando lo necesitara, y no como alumna, sino como una invitada del colegio. Por lo que tenía resuelto el problema del horario de las clases de pociones.
El único problema es que la habitación asignada quedaba en el pasillo que llevaba a las mazmorras, ella hubiera deseado poder alojar cerca de la torre de Gryffindor, pero Minerva fue muy clara que no debía ser vista por los alumnos de su casa ya que podrían pensar que pueden tener las mismas atribuciones. Su habitación era muy fría para su gusto, pero le quedaba de paso a su clase y así no andaba rondando por los pasillos a horas inadecuadas.
Con un suspiro, se dirigió a su nuevo cuarto, se dio cuenta que por estar situada en el sector de Slytherin estaba decorada con los colores verde y plata, con una mueca se dispuso a cambiar la decoración… después de varios intentos se dio cuenta de que era inútil, el cuarto estaba hechizado para que no se cambiara la decoración ni los colores de la misma.
Con un suspiro de resignación encendió la chimenea y se acostó, tomó un libro de pociones para repasar la poción de ese día, y sin darse cuenta, se entregó a los brazos de Morfeo.
Al día siguiente, Hermione se levantó temprano y llamó a un elfo del castillo para pedirle que por favor le llevara el desayuno ya que debía partir a Hogsmeade lo antes posible (aún estaba en favor del PEDDO, pero se había dado cuenta de que no podía hacer mucho si ellos no cooperaban con la causa).
Una vez lista, se dirigió a la salida del castillo lo más rápido que pudo, aunque no pudo evitar encontrarse con Ginny, quien la saludó con un abrazo.
- ¡Herms!¿Qué haces aquí tan temprano? - Le preguntó la pelirroja.
- Lo siento por no avisarte Ginny, pero ayer terminé tan tarde mi clase con Snape, que Minerva me dio alojamiento en el castillo, pero ya debo irme al Hogsmeade, llego tarde a una reunión.
- ¿Por lo de tus padres?
- Si, precisamente eso. – le dijo mientras se encaminaba a la salida.
- Muy bien Hermione,- gritó la pelirroja a lo lejos- no te preocupes, ¡envíame una lechuza con las noticias!
Hermione solo la saludó con la mano mientras seguía caminando. Iba llegando a la entrada del pueblo cuando escucho que alguien se le acercaba por detrás.
- Veo que ha madrugado Granger. – Snape estaba ya a su lado con cierta expresión de suficiencia.
- Veo que usted también profesor...
- Yo siempre madrugo señorita Granger… - Hermione no le siguió el juego, ya iba tarde a la reunión. Snape al ver que no le respondía volvió a comentar, no le gustaba que le ignorasen impunemente.
- Va muy apurada… ¿Tal vez llega tarde a alguna cita con su novio Weasley? – preguntó con socarronería.
Hermione se detuvo tan bruscamente que Snape casi tropieza con ella.
- Hacia donde yo me dirija no es de su incumbencia profesor. – le contestó con claro reproche. – Con su permiso. – dijo y entró en las tres escobas.
Snape se quedó en una pieza, nunca imaginó que la sabelotodo Granger le despachara tan descaradamente. Eso no se iba a quedar así. Olvidándose de su razón para ir al pueblo, entró a las tres escobas para reprocharle en la cara que esa no era forma de hablar con su profesor, porque aún era su alumna, con uniforme o sin él, le debía respeto. Aunque la prefería sin el uniforme… esas curvas que había descubierto la noche anterior lo volvían a distraer ahora que la había vuelto a ver y aunque estuviera con la capa puesta, él sabía que esas curvas existían, y que estaban ahí.
Para lo que no estaba preparado era para ver a Granger conversando con dos personas. Estos parecían abogados. ¿Para que querría Granger hablar con dos abogados? Espera un momento… a uno lo conocía… había sido su alumno hacia unos años… sabía que había entrado a estudiar leyes mágicas, pero no había logrado recibir el grado de abogado. ¿Qué se traía Granger entre manos?
- ¡Buenos días Severus! – Rosmerta salía de detrás del mostrador y le llamaba para que se acercara. – ¿Qué te trae tan temprano por esto lados?- Le preguntó mientras Snape se sentaba en la barra, con cara de pocos amigos.
- Solo vine a buscar unos ingredientes Rosmerta.
- ¿Y no estás un poco lejos del apotecario? – le preguntó con una sonrisa coquetona en los labios.
- Es que quedé de vernos aquí. – mintió mientras veía de reojo como uno de los abogados le entregaba a Hermione un sobre con varios pergaminos dentro. – tráeme un café por favor Rosmerta.
La camarera, entendiendo la indirecta, se levantó y se fue a buscar el pedido de Snape.
Hermione tomó el sobre con mucho cuidado y lo abrió. Había esperado por mucho tiempo una respuesta de los investigadores que había contratado para que buscaran a sus padres. Estos habían tardado más de lo esperaba, pero por lo que leía en los pergaminos, la espera había dado sus frutos.
Con una gran sonrisa, le dio la mano a cada uno y les entregó un sobre.
Ambos hombres se levantaron y se retiraron dejando a una Hermione sonriente mientras leía el contenido de los pergaminos.
Severus vio la escena con detenimiento. Veía a la chica sonreír mientras leía lo que parecía un informe.
- Se ve que son buenas noticias – le dijo Rosmerta cuando le llevó el café.
- Eso parece – fue la escueta respuesta de Snape.
- Hace mucho que esperaba una respuesta positiva, pobrecita, lo que hizo por sus padres fue un gran sacrificio, espero pueda remediarlo.
- ¿De qué hablas Rosmerta? – pregunto Snape, no entendía nada.
- ¿Es que no lo sabes? Hermione le lanzó un obliviate a sus padres al inicio de la guerra, ya sabes, para protegerlos. Y ahora quiere volver a tenerlos con ella. Esos hombres que estaban con ella, eran los investigadores que contrató para que ubicaran a sus padres, y por la sonrisa que tiene, lo más probable es que los hallaran.
Snape escuchaba atentamente mientras miraba a la chica con asombro. Él no tenía idea de lo que había hecho, nunca se había siquiera enterado, nadie le había contado… ¿quién te iba a contar?- le preguntó su conciencia - ¿Acaso alguna vez demostraste algún interés en la chica? Aterriza Severus, tú sólo eres su grasiento profesor de pociones…
Hermione terminó de leer el informe de los investigadores y lo volvió a guardar en el sobre. Se levantó y se desapareció con destino Grimmaud Place, debía escribir varias cartas, entre ellas a Ron para compartir su felicidad con él.
¡Hola a todos! se que he estado muy desaparecida últimamente, no tengo escusa, lo siento realmente.
En compensación, les traigo este capitulo que es mucho mas largo que de costumbre, ¡no se pueden quejar!
Como siempre, acepto críticas, flores, tomatazos. los crucios no se aceptan, mi musa anda decaída, así que crucios no por favor, mejor rosas y margaritas... gladiolos también pueden ser, de esos rojos inmensos que hay por ahí.
Con Cada Reviews que le dejan a mi musa harán de este, mi mundo personal, un lugar mas lindo para seguir en él.
Nos estamos leyendo,
Valitos.
