Hay buenas personas y malas personas en este mundo.

Debió gritar, usar las ultimas fuerzas que le quedaban para darle una señal a sus alumnas que se encontraba allí. No podía, la droga aún tenía efecto en ella y la debilitaba. Supuso que volvería a desmayarse en cualquier momento, así que hizo todo lo posible para abrir la puerta del auto con ambas manos atadas.

Vio al grupo de brujas no solo alejarse, sino dividirse. No, esto era malo, no podían hacer algo como eso. Separarse era la peor opción, solo se harían mucho más fáciles de, por más que odiase decirlo, cazar. Su cuerpo no respondía a las acciones que su cerebro emitía, sus pensamientos se iban alejando poco a poco, sus parpados comenzaban a pesar aun más.

No, necesitaba soportar un poco más, observar que es lo que sucedía.

La vista se le nublaba, ahora las siluetas de las brujas eran casi irreconocibles y borrosas.

Cuatro brujas se fueron en una dirección, y las otras tres por el lado opuesto, no usaron sus escobas, probablemente hayan agotado toda la magia que tenían. Necesitaba advertirles acerca del monstruo que las perseguía, no debían separarse, ese Sicario desgraciado acabó con ella por su cuenta, pero lo hizo con una gran esfuerzo. Si las brujas terminaban por enfrentarlo tendrían una oportunidad, que se fueran por direcciones distintas empeoraría las cosas.

Seguía luchando contra la droga que recorría su cuerpo, sacudiendo la cabeza varias veces para erradicar el efecto. En un determinado momento, su corazón se agitó con fuerza, palpitando contra su pecho repetidas veces, casi golpeándola desde adentro. No se trataba de algún efecto secundario de la droga, simplemente era el terror que la invadía con brutalidad cuando vio al matón salir del edificio abandonado y dirigirse con paso veloz al auto escondido entre los arboles.

Cruzaron miradas a través de la ventana, no parecía sorprenderse de verla despierta, solo la ignoró y se sentó en el asiento del conductor, encendiendo la maquina e iniciando su travesía por el bosque nuevamente.

-¿Tienes alguna idea de donde pudieron haber ido? —Lo preguntaba con la normalidad más grande del mundo, mirándola a través del espejo retrovisor, como si fueran conocidos y esta no fuese la primera vez que la secuestrase. Solo había un pequeño detalle: Los ojos que mostraba el asesino era muy diferente a la actitud calmada que presentaba, los abría como platos, casi como si estuviese desesperado por encontrar algo. Era extraño, nunca lo vio así durante su pelea, y eso que se suponía que era un momento cargado de adrenalina— ¿No? Da igual, las encontraré tarde o temprano.

No mentía, por más que lo buscase la policía por tierra y por mar, iba a acabar con ellas. Dejar testigos vivos mandaría al demonio todo su negocio, y estos eran los objetivos más difíciles de eliminar que había conocido, aparte de que su cliente era uno de los peores jefes que tuvo.

Y sin previo aviso, sacó un arma de algún bolsillo escondido que tenía, e hizo un disparo ciego hacia atrás, fallando a propósito. El maldito sonido de la bala saliendo del cañón casi rompe los tímpanos de Chariot, no pudo cubrirlos por obvias razones. Era un castigo, si ella no hablaba él la torturaba.

-No me obligues a matarte. —Su indiferencia, cualquier persona diría esto ultimo en un tono de amenaza, como un ultimátum, mas él no. Su actitud indiferente era lo que más odiaba y a su vez más miedo le daba.

Pasaron varios segundos en silencio, recorriendo el bosque, casi como si se hubiera perdido y no supiera donde estaba la salida. La tarde se convertiría pronto en noche, era casi imposible que tantas cosas estuviesen sucediendo en un día. Por algún motivo, Chariot sentía que este era el ultimo.

-¿Sabes? Una vez quise ser presidente. —Esto se ponía extraño. El sujeto hablaba de la nada, desviando por completo su advertencia anterior. ¿Que le sucedía a ese hombre sin sentimientos?— Iba a hacer todo bien, tenía grandes ideas. Empezaría por deshacerme de la burocracia, le negaría abogados a los criminales, me encargaría de los estafadores. —¿Por que compartía esto con ella? No estaba loco, no era un supervillano, no era una especie de venganza personal— En los medíos prohibiría los programas que venden vidas privadas, y solo publicaríamos cosas útiles e informativas. Atentar contra el medio ambiente tendría castigos severos, habrá normas estrictas. Toda la droga sería legal, cualquiera que desee destruirse podrá, siempre y cuando no afecte a los demás. Cada uno tendría seguridad social, un historial clínico. —Podía ver como es que apretaba sus dedos contra el timón del auto con fuerza, casi como si intentara romperlo— Todos costearíamos el tratamiento del borracho con cirrosis como al que tenga una enfermedad pulmonar, pues es lo justo. Tendríamos que respetar la libertad de cada cual, y que cada cual aceptase su responsabilidad. Ya no habrían cárceles, solo sogas. —No lo entendía, se estaba abriendo, de la nada, sin un motivo. ¿Que lo movía? ¿Acaso se estaba desahogando?— Luego, pensaríamos en el futuro. Los niños son el bien más preciado de la humanidad y nos remplazaran algún día, si es que les dejamos aire sin contaminar que respirar. No cualquiera podría tener hijos: Tendrían que pasar un examen y sacar una licencia, demostrar que no hay tendencia a la violencia. ¿Quien cuida a los pequeños de padres incompetentes? -Lo podía ver desde el espejo retrovisor, sus ojos se cargaban de ira, de odio. Mostraba sus dientes, aguantando todo lo que podía no explotar en cólera— Estará prohibido manipular la mente de un menor para formar un clon, tendrán la obligación de sacarlo adelante, y cuando tenga uso de razón ya tomara su decisión. La educación no sera cuestión de dinero, haríamos un sistema formativo serio, los padres ya no podrían imponer criterios, estimularía la vocación de nuevas generaciones. ¿Y sabes que fue lo que termino con todo eso? —No sabía que era lo peor, la actitud extraña que tomaba el secuestrador, o que la mayoría de cosas que decía eran beneficiosas para el planeta entero.

-Mi hija, mi maldita hija. Tuve una mujer y una hija no deseada una vez. Cualquiera podría haber usado a mi familia en mi contra si es que deseaban dar conmigo, así que utilice la elección más sensata. —Un sentimiento puro estaba presente en su corazón, un sentimiento que lo motivaba, un sentimiento que superaba el dinero que recibiría— Las mate.

Y no cometan un grave error: soy una mala mala persona.

Huir, estaba cansada de huir. Solo deseaba que todo esto terminase de una vez y despertar de ese maldito sueño. Y si era real, acabaría con todo ella misma. No podía quejarse mucho, el miedo e ira que la movían era una de las razones por la cual sus piernas no se cansaban de correr, lo mismo pasaría con las compañeras que tenía detrás de ella. Faltaba poco para llegar a la Academia y tenía plena confianza en que se podría perder un poco en el bosque.

Intentaba evitar pensar en todas aquellas que murieron a manos de el Sicario que iba tras ellas, recordar sus rostros solo la hacía sentir peor, y a su vez, la cargaba de una furia descontrolada. Podría usar esto como ventaja, estaban a punto de entrar a un terreno conocido, y si tenían suerte la policía estaría resguardando la Academia en caso de que ellas regresaran ahí.

Si seguían a ese paso, pronto encontrarían el sendero hacia la Academia. No tenían un plan de ataque, así que era mejor planificar uno en ese momento. Ella era muy buena en la escoba, y ya que estarían cerca de la piedra filosofal podrían hacer uso ilimitado de esta, podría distraerlo atrayendo todo el fuego que tenía mientras que las otras terminaban por rematarlo.

No iba a mentir, no era la mejor idea que tenía, era muy arriesgado y probablemente saldría herida. Valdría la pena con tal de ver a ese sujeto enterrado veinte pies bajo tierra. No dejarían ni una habilidad sin usar, harían todo lo que este a su alcance para detener la matanza que el monstruo dejaba a su paso.

También pensó en Diana, esa muchacha engreída también le preocupaba mucho; por mucho que hayan peleado se habían dicho cosas de lo cuales ambas se arrepentían, el terror por acabar muertas las dominaba y eran conscientes de ello. Por un lado deseaba que el Sicario no haya ido por aquellas que fueron a Appleton, y por otro lado no quería que diese con las que se dirigían a la Academia ahora. Él solo buscaba a Diana, pagarían todos las consecuencias si es que no encontraba a Diana...

No podía ser egoísta, mucho menos en ese momento. Se trataba de vidas humanas, nadie puede negociar con eso. Nadie debería negociar con eso, y ahí estaban, huyendo de alguien que fue contratado para acabar con toda su vida, futuros que podrían beneficiar a la humanidad. ¿Que ser cobarde y estúpido tendría la capacidad para terminar con todo eso pagando una gran suma de dinero?

Y la pregunta más importante:
¿Por que?

Soy lo mejor de este mundo.

-¿Que es todo esto? —Preguntó la directora Holbrook al ver la caja mediana que la maestra Finnelan dejaba sobre su escritorio. No tuvo necesidad de responder la pregunta, tan solo con ver el contenido en su interior se daba cuenta de que se trataba. Miraba los objetos con algo de nostalgia— Son sus cosas...

-Salieron deprisa. —Se limitó a decir Finnelan cerrando ambos ojos y con los brazos cruzados— Dejaron muchas de sus cosas en la habitación.

Habían varitas, unos cuantos libros, pócimas que probablemente no eran para algún efecto benigno, un frasco vacío y varias cartas de Shiny Chariot. La directora suspiró, temía por la vida de las muchachas desaparecidas, deseaba que volviesen a su Academia o estuviesen a salvo. No podía perder más alumnas. Las cosas no volverían a ser como antes en Luna Nova, jamás, probablemente cerrarían el lugar pronto y venderían el terreno en alguna subasta. ¿Que harían con la piedra filosofal? No podían transportarla ni moverla.

Todo se había ido al demonio en tan poco tiempo.

-¿Que están haciendo los oficiales ahora? —Le preguntó a la maestra presente.

Hoolbroke acaba de tomar un pequeño libro en el interior de la caja, parecían unos cuantos apuntes, y por el contenido parecía ser de Sucy. Llevaba formulas de como crear maldiciones vudú, venenos que convertían en piedra a cualquiera persona, y la investigación de un hongo que permitía intercambiar recuerdos y memorias de dos personas.

-Están con las otras maestras, parecen que están a punto de irse, dijeron que dejarían un par de patrullas inspeccionando la zona en caso de que las alumnas volviesen. Creo que tienen miedo. —Miraba a través de la ventana del lugar al exterior, podía ver sus autos aun con las sirenas encendidas, no habían apagado los motores desde que llegaron, como si no pudiesen esperar para irse. En cierta parte, era comprensible.

Ellos también perdieron compañeros y sus familias fueron amenazadas por el desconocido. Eso era lo sorprendente, un solo hombre era capaz de hacer todo eso por cumplir una meta. Era muy listo, demasiado.

-¿Que opina, Directora? ¿Deberíamos irnos también? —Finnelan también estaba insegura sobre quedarse en la Academia. Seguramente no solo las alumnas podrían volver al lugar.

-No, algunas de las maestras ya se han retirado y no las culpo. Por su parte maestra Finnelan, puede retirarse si lo desea, no la detendré. Yo me quedaré en caso de que las alumnas desaparecidas vuelvan, y en caso de que Chariot vuelva también... —Las autoridades se lo dijeron, la maestra Chariot había desaparecido, y no estaban muy seguros de que estuviesen con las brujas que escaparon. Encontraron su varita en el lugar de los hechos.

Finnelan conocía a esas muchachas, no eran el mejor ejemplo a seguir además de la señorita Cavendish, mas tenía que admitir que tenían agallas y la intención de aprender acerca de la magia enfrentando todos los obstáculos que se le presentasen. Era cierto que al principio las vio como unas revoltosas y que no pasarían de los primeros años, se equivocó, y estaba contenta de ello. Le enseñaron a ver la educación de otra forma, y que el respeto no solo era callar y obedecer.

La puerta se abrió con fuerza, un oficial de policía se presentaba ante las dos sorprendidas brujas, trayéndoles noticias impactantes. Se veía agotado, sudor se deslizaba por su frente.

-Aparecieron algunas brujas desaparecidas.

A paso veloz, la Directora y Finnelan se dirigieron a la entrada donde yacían un par de patrullas y una gran cantidad de policías que retenían a las alumnas de la Academia evitando que se adentraran hacía sus habitaciones, insistían en llevárselas hacía la comisaría en la ciudad donde podrían protegerlas y hacerles unas cuantas preguntas, y ellas solo trataban de cruzar a través de ellos sin darles explicación alguna.

Amanda, Constanze, y Jazminka forcejeaban con fuerza intentando atravesar el agarre fuerte de la policía.

-¡Déjennos pasar idiotas! ¡Tenemos que llegar a nuestro cuarto! —gritaba con furia la muchacha estadounidense, pateando y golpeando inútilmente para deshacerse de las fuerzas que tenía encima.

-¡Cálmese! ¡Quédese quieta! ¡Podemos llevarlas a un lugar seguro! ¡Solo cálmese! —Gritaba el policía que la retenía entre sus brazos. Amanda empezaría a morder si es que ese tipejo no le quitaba las manos.

-¡Amanda O'Neil! ¿¡Que esta hacien-? —Finnelan trató de llamar su atención con un reclamo, pero se vio interrumpida por la mirada cargada de ira de la muchacha con el cabello naranja y rosa, se veía como una fiera herida.

-¡Ese imbécil podría estar viniendo por nosotras! ¡O por las otras! ¡Déjenme maldición! —No la iban a dejar pasar, insistían de que estarían más seguras con ellos, aunque solo empeoraban las cosas.

Alguien podía verlos desde una colina lejana.

No tienes ni una oportunidad de vencerme.

Todo lo que oyó salir de su boca no podía ser cierto, parecía haber sido sacado de alguna película de terror, nada de esto podría ser hecho por algún ser humano. No quería ni recordar, no quería imaginar toda la escena que describía. Si pudiera se hubiera tapado los oídos.

El sujeto le había contado muchas anécdotas, le dijo el nombre de muchas de sus victimas y como las mató, los contactos que conocía, las armas que tenía, la información que era capaz de recopilar, todo hecho por él. También le mencionó acerca de algunos contratos especiales que recibía en ocasiones, como torturas, secuestros de mujeres u hombres de clientes que anhelaban tener un descendiente con ellos, suicidios asistidos. Todo lo que salía de su boca lo contaba con un detalle total, como si de una obra de arte se tratara, describiendo cada herida ocasionada contra aquellos que enfrentó, cada punzón clavado en su piel, cada llanto generado por sus familiares, cada bala desperdiciada.

Incluso mencionó que había hecho muchas cosas más, pero que tenía prohibido contar, no era elección suya.

Esta bestia sedienta de sangre se volvía loca por cada segundo que pasaba. No podía creer que todo se estuviese volviendo peor a cada segundo. ¿Que demonios iba a hacer ahora? Era capaz de todo, parecía capaz de conseguirlo todo, y hacer lo que quiera cuando quisiera.

El auto se detuvo en una colina con pasto, Chariot podía ver a través de la ventana el sitio, y lamentablemente, lo reconoció. No podía creer que hubiesen vuelto a la Academia, tenía que ser una pesadilla, en serio, no podía estar pasando. Rezaba porque ni una de las alumnas estuviesen ahí.

-Puedo ver algunas patrullas de policía desde acá. Están juntas en la entrada. —Podía verlo relajado nuevamente al coger unos binoculares de uno de los compartimentos del auto, inspeccionaba la zona con mucho más cuidado, no quería llevarse sorpresas.

El tipo se bajo del auto, y se dirigió al maletero trasero del auto, buscaba algo. Lo que vio Chariot después casi le revienta el corazón. Había visto películas antes, claro que conocía algunas armas que aparecían en esos filmes de acción, y el tamaño de esta que mostraba ahora el homicida era similar a un lanzacohetes.

El sicario al parecer la notó viendo con terror el gran arma de destrucción masiva que tenía, la miró directo a sus espantados ojos, y dejó el arma caer al suelo sin miedo a que el proyectil de su interior explotase por el impacto producido.

-Ven aquí. —Con fuerza, abrió la puerta y obligó a Chariot a salir del auto tomándola por su brazo y tumbándola en el suelo. Sin decir nada, y sujetándola por su cabello produciendole un gran dolor, la obligó a arrodillarse delante de él, Cruzaron miradas. Ella, a pesar del horror que sentía en su corazón, llevaba un sentimiento de odio profundo expresado en sus ojos, mientras que él solo se limitaba a observarla sin reaccionar.

Y entonces sacó su arma, una pistola con un largo cañón, y lo colocó en los labios de la mujer pelirroja. El odio comenzaba a convertirse en inseguridad. La jaló de los cabellos con más fuerza y la obligo a abrir la boca poco a poco, introduciendo la parte delgada de la fría arma en el interior de su boca lentamente. Chariot no sabía que es lo que sucedía, que es lo que ese desquiciado planeaba, intentó hacer su cabeza para atrás, pero el agarre era demasiado fuerte.

Murmuraba algunas cosas con ese instrumento que invadía su boca cada vez más, sentía como es que la obligaba a levantar el mentón y la cabeza para introducir aun más él cañón de la pistola en su boca. Por más que lo intentaba, el dolor la superaba.

El arma llegaba hasta su garganta, y el hombre seguía indiferente, esperando alguna respuesta departe de su victima. No podía respirar bien, se sentía débil y miserable, vulnerable, y sobretodo asustada. En cualquier momento el sicario podría decidir jalar el gatillo y terminar con su vida. Lagrimas empezaron a salir de sus ojos ahora cargados de miedo, el sujeto no le quitaba el arma de la boca, era como si intentase introducirla aun más en su interior.

No entendía lo que sucedía ni lo que ese hombre quería hacerle, intentaba gritar mas de su boca nada más salían extraños sonidos, incluso las ganas de vomitar se le habían quitado por completo. Y en un determinado momento, finalmente, le quitó el arma de la garganta.

Chariot comenzó a toser con brutalidad, sin importarle toda la saliva que se deslizaba a través de su mentón, y las marcas de lagrimas que se quedaron marcadas debajo de sus ojos. Intentaba recuperar el aire después de ese extraño y friolento acto.

-Solo es una advertencia. —Sintió un golpe detrás de su nuca que la derribó, aun consciente levantó la mirada, el sujeto la veía nuevamente, admirando su nueva obra, de pies a cabeza— Ni se te ocurra moverte.

Aun seguía recuperando el aire, no se atrevía a moverse mucho, y la tos no se detenía.

El hombre volvió a tomar el lanzacohetes del suelo, y se posiciono en una zona más baja de la colina, apuntando con toda seguridad hacía el tumulto donde se encontraban los patrulleros. Si disparaba esa arma, definitivamente sabrían que estaba ahí, mandarían refuerzos, tendría poco tiempo para inspeccionar el interior y averiguar si sus victimas se hallaban en ese lugar.

Todo tenía que hacerse rápido, y debía mandar al diablo el sigilo.

Así que jaló el gatillo y dejó que el proyectil saliera disparado.

No soy solo un humano más.

La explosión ocasionada podría haber sido oída a kilómetros de distancia, no estaban seguras, no tenían tiempo de pensar en ello. Las había encontrado, su mejor opción no era huir, las demás patrullas de policía tenían un largo camino que recorrer antes de llegar hacia el lugar de los hechos.

No tenía tiempo de pensar en quien podría haber salido herido o vivo de esa, solo recordaba algunos gritos desgarradores de policías que probablemente estaban muriendo calcinados. Tenía que centrarse en su vida y en la de sus amigas ahora, tenían que correr como sea hacía sus habitaciones respectivas.

En el lugar del ataque cometido aun quedaban llamas encendidas, el humo llegaba hasta el cielo, los restos de los autos seguían consumiéndose, y algunos cuerpos carbonizados eran visibles aún. La explosión había sido letal, para fortuna de las brujas, ellas habían conseguido escapar de las manos de los policías justo en el instante en que el misil fue lanzado desde la posición del sicario, el tiempo transcurrido que le tomó al proyectil mortal llegar las salvó de una muerte segura.

No podían decir lo mismo de los oficiales, ni de las maestra Finnelan o de la Directora Holbrooke, aunque ellas desaparecieron en ese instante. Cuando el asesino llegó al lugar de los hechos en el auto nuevamente, paso de largo a aquellos que había visto con vida y se dirigió a toda velocidad al interior de la Academia.

Las vio desde los binoculares, no vio sus cuerpos, seguían vivas. No tenía una idea clara de donde se podían ocultar, mas quería intentar buscarlas dentro de sus habitaciones. No había visto a Cavendish con ellas, si todo esto era para matar a unas cuantas brujas que no tenían a la rubia, de verdad se iba a enojar.

El lugar estaba desierto, probablemente desde que atacó a las brujas en el hotel o incluso antes, así que sería muy fácil escuchar un ruido sospechoso dentro de la estructura. Las había investigado, así que sabia donde se encontraba exactamente su habitación, no sería muy difícil llegar a ellas.

Las odiaba, ahora podía decirlo, las despreciaba con toda su alma, y no solo por ser las primeras en que se le escapaban de las manos por tanto tiempo, sino porque habían sido las únicas en toda su vida en despertar un sentimiento en él. No debía sentir nada, tenía que sentirse indiferente ante estas situaciones, no podía dejar que sus sentimientos interfieran con el trabajo. Jamás lo había hecho. Este desprecio crecía cada vez más por cada segundo que pasaba, si no se deshacía de ellas rápido, tomaría esto como algo demasiado personal. Se escaparon, arruinaron sus planes, la estúpida Diana lo venció, todo se estaba destruyendo para él, y el idiota de su cliente se estaba arrepintiendo de sus acciones. ¿Como es que podía reprimir esa ira ahora?

Y pensar solo en ello lo hacía irritarse aún más.

Llegó a la cual se suponía era la entrada a su habitación, simplemente debía abrir la puerta. Claro, nada era sencillo ese día, ese maldito día.

El piso comenzó a temblar con fuerza, las paredes comenzaron a vibrar, el techo se sacudía. ¿Un terremoto? No, toda su buena suerte no podría haberse ido al caño tan rápido. Debió haber percibido que todo se le vendría abajo, de forma literal. El maldito lugar se le vino encima.

Era un momento desesperado como para realizar un acto así, y no había tiempo que perder. Así que sacaron la artillería más pesada que tenían: El gran barco de Constanze. Ya que estaban cerca de la piedra filosofal, tenían energía ilimitada para usar. Las tres brujas se hallaban en el timón de la gran nave cuando esta salio bajo tierra, sin importarles destruir todo a su paso, tenían una prioridad superior.

El sicario pudo remover los escombros que le cayeron encima con facilidad, y solo tenía una linea de sangre que se deslizaba por el lado derecho de su frente, pasando por su mejilla y terminando en su quijada. Su ira aumentó mucho, y aun así, su sorpresa fue muy superior al ver el gran barco flotando delante de él.

Esto sobrepasaba los niveles del absurdo. Un maldito barco flotante mostrando uno de sus laterales con cañones listos para disparar contra él y con tres brujas era una exageración, una maldita exageración...

Pero no podía culparlas, de haber sabido que todo esto terminaría así, hubiera traído su condenado tanque. Sí, tenía un tanque, conocía a alguien que podía traerle uno en cualquier momento, no obstante, eso tardaría demasiado tiempo como para llevarlo hasta Inglaterra. Así que simplemente usaría su as bajo la manga: El Plan B.

-¡Dispara Constanze! —Ordenó a todo pulmón Amanda. Le daba igual a que le daría con tal de que el asesino estuviera en la linea de tiro. Todo esto iba a convertirse en un campo de batalla digno de un escenario de guerra.

No soy mortal.

-Lo logramos... —Suspiró Diana, podían relajarse un poco después de todo lo recorrido y sufrido, su viaje casi podría darse como concluido. La noche estaba a punto de llegar, todo el día sin siquiera comer, de verdad que podían desmayarse en cualquier segundo.

-Finalmente. —Prosiguió Akko, quien venía detrás de ella, junto con Sucy y Lotte. Tenía que admitirlo, no quería parecer egoísta, le relajaba que el asesino no las haya seguido, y guardaba una pequeña esperanza en que tampoco haya seguido a las otras. Seguía pensando en que era una mala idea separarse, mas no había tiempo para convencer a ni una de las dos de arrepentirse. Sea cual sea el plan de Diana, solo esperaba que funcionase y terminara con el mal día.

Las compañeras que la seguían tenían pensamientos similares. Sucy había estado pensando en improvisar con sus venenos que guardaba consigo aun para crear recetas más fuertes con las que defenderse del ser que los seguía; por algún motivo, no dejaba de pensar que esto era su culpa, y que conocía al asesino de algún lugar; además, también estuvo desarrollando algo nuevo que podría servirles como un ultimó recurso en caso de que todo saliese muy mal, mucho peor de lo que estaba ahora. Por el lado de Lotte, ella solo se centraba en pensar en su familia para seguir adelante, no podía pensar en dejar este mundo sin ellos, no sería justo que sufrieran de esa manera; intentaba no recordar buenos momentos, solo haría que todo pareciese el final de todo lo que conocía.

Ingresaron a Appleton por su gran entrada, sin miedo a que las descubriesen, solo deseaban sentirse protegidas de una vez. Fueron fácilmente reconocidas por los estudiantes que fueron en su auxilio de inmediato, llevándolas hacia el comedor e informándole al director acerca de lo sucedido.

Las brujas se sentaron alrededor de una mesa redonda donde les sirvieron un gran banquete, se disculparon por no tener nada más que ofrecer que carne de cerdo, res, una ensalada exquisita, y otros manjares. Las cuatro brujas comieron con alegría, al menos finalmente podrían saciar su apetito.

Diana solo probó algo de ensalada y carne de res antes de acercarse a uno de los estudiantes que estaban en el lugar con ellas, era un joven con el cabello castaño.

-Disculpe, ¿donde esta Andrew?

-Oh, no se preocupe señorita Diana, ya le informamos de que se encuentra aquí, debería llegar en cualquier momento. —Justo en ese instante, la puerta se abrió, dejando entrar al joven de ojos verdes.

-¡Diana! ¡Akko! —Andrew se veía preocupado al ingresar, mas al ver a ambas muchachas sin heridas y en el cuarto, sanas y salvas, se calmó un poco. Se acercó rápidamente hacia Diana y le dio un fuerte abrazo, ella respondió de la misma manera. Akko se puso de pie y se acercó a ellos, también se alegraba de verlo nuevamente, deseaba que no hubieran sido mediante estas circunstancias.

-Me alegra que estén bien. —Dijo separándose de ella, y observándolas a ambas.

-No podíamos ser tan egoístas como para rendirnos, ¿sabes? —Akko extendió sus brazos con una sonrisa, intentaba contener las lagrimas de alegría, y Andrew aceptó abrazarla también. De verdad que su corazón se calmaba al escuchar su voz, le devolvía un poco de esperanza.

-Tengo que hablar contigo. —Una vez que ambos se separaron, Diana sujeto el brazo de Andrew, cambiando su semblante de alegría a uno serio. El muchacho entendió que quería que hablasen en privado. Ambos se alejaron de Akko y las otras, yéndose a una de las esquinas del comedor.

Antes de que una alegre Akko volviese a la mesa, Sucy y Lotte intercambiaron algunas palabras.

-Lotte, ¿puedes ayudarme con algo? —La chica de los lentes desvió sus ojos de la conmovedora escena al oír el llamado de Sucy.

-Seguro, ¿que sucede Sucy? —Tardó un rato en contestar, y tenía la cabeza gacha, no muy segura de lo que iba a decir.

-He estado desarrollando una nueva pócima. Una muy peligrosa. —Levantó su mirada y la vio directo a los ojos, esto era más serio de lo que parecía— Es un liquido que intercambia memorias, experiencias, y sentimientos de dos personas. No la he probado en nadie aún y temo que pueda ser mortal, no por que contenga algún veneno, sino por el efecto que podría tener en ciertas personas.

Lotte entendía, Sucy temía por este recurso que guardaba, y si alguien como ella se asustaba por un hechizo así, debía ser algo muy serio.

-¿Quieres decir... que alguien podría morir?

-No solo eso. Podría cambiar a una persona por completo, alterar sus deseos y moldearlos si es que la otra era una mala persona. Es como un intercambio de personalidades, solo que ahora se transmitirían recuerdos mutuamente sin remplazar los que ya tenían.

-Sucy... ¿Planeas usarlo en...? —Ni siquiera se atrevía a terminar la pregunta, tan solo pensar en esa idea le daba escalofríos.

-Sí. Solo sera en caso de que no podamos hacer nada más, me lo aplicare en mí misma y terminaremos con todo esto. Estoy segura de que esta puede ser una gran solución.

No, no podía ser una solución, solo generaría más problemas. Deseaba alzar la voz, ponerse en contra de su idea, decir que no debía perder la esperanza. No podía, no se atrevía a mentirle después de haber pasado por tanto. Solo quedaba rezar porque no tuvieran que recurrir a ese método en ningún momento o circunstancia.

-Necesitó tu ayuda con una ultima receta, solo necesito un poco de...

Cuando Akko se sentó con ellas nuevamente, simplemente fingieron no haber tenido esa conversación, no era sensato preocuparle más.

-Akko, ¿que tal tu reunión con Andrew? —Preguntó sonriente Lotte, no era una sonrisa hipócrita, ella de verdad deseaba saber como estaba su amiga.

-Se siente bien volver a ver una cara amigable, me hace pensar que todo saldrá bien. —Su sonrisa desapareció para dar paso a una expresión afligida— Solo espero que las otras también hallan salido de esta y estén en un lugar seguro.

-Estarán bien, estoy segura. Saben como defenderse. —Lotte trató de animarla con su comentario, no era bueno pensar que solo ellas estaban seguras, tal vez las otras llegaron a la Academia y consiguieron escapar del matón.

-No solo estoy preocupada por ellas... He pensado en la maestra Chariot. —Su expresión de tristeza les indicaba que se imaginaba lo peor— El sujeto nos estuvo persiguiendo todo el tiempo y la maestra Chariot intentó retenerlo. Espero que este bien... de verdad. No quiero ni imaginarme si es que salió herida, o algo peor...

Diana y Andrew intercambiaban algunas palabras sobre el tema, ambos venían de familias que tenían gran influencia en la política y en la magia. Tenían planeado sacarlas a todas del país en algún avión privado que Paul Hanbridge podría proveerles, estaban seguros de que sería fácil en conseguirlo para él, el problema estaba en convencerlo. El sujeto apreciaba más la reputación que se ganaría si es que privilegiaba a las alumnas de la Academia de esa manera, aunque claro, por una parte podría verse como algo benéfico tras esta serie de desgracias que las golpearon por tanto tiempo.

-A mi padre probablemente no le guste la idea en un principio, pero estoy seguro que eventualmente aceptara. Podría ser una buena campaña política para él después de todo... —Sonaba decepcionado, desearía que las palabras que salían de su boca no fueran ciertas— Fue buena idea que vinieras aquí, oímos de ese tipo en las noticias, sé que no se le ocurrirá venir aquí.

-Lo mismo digo. Tengo plena confianza en que el sujeto no conoce hacia donde podíamos ir, lo único que me preocupa ahora son las otras...

Andrew había dado por sentado de que ellas ya no las acompañaban por la peor razón que se le podía ocurrir, se alegró de haberse equivocado.

-¿Donde están ellas? Oí que Amanda, Jazminka y Constanze también escaparon con ustedes.

-Decidieron separarse e ir a la Academia. Creyeron que sería su mejor opción.

Justo en ese instante, alguien entró por la fuerza con rudeza, era el Director Blackwell. No estaba muy contento de ver a las brujas, más bien, su presencia lo aterraba.

-¡No debieron venir aquí! ¡Debieron ir con la policía! Ya están en camino ahora. —Se acercaba hacia las ventanas y miraba hacia el exterior, vigilante ante cualquier peligro y temeroso por su propia seguridad— Ese sujeto pudo haberlas seguido, ¿Entienden? ¡Lo pudieron haber traído hasta acá!

-Cálmese, Director. Conozco a estas muchachas, no cometerían tal error. —Andrew las defendía. interrumpiendo el regaño de Blackwell— Tomaré responsabilidad de ellas, tiene que tranquilizarse.

Ese tipo no conoce este lugar, es completamente imposible.

Soy inmortal.

Corría con todas sus fuerzas, esquivando los cañonazos de energía que recibía detrás de él, ni uno le atinaba, pero las explosiones eran muy cercanas, un poco más y acabarían con su vida. Si no llegaba a su auto todo se habría terminado, no había llegado tan lejos como para morir de una forma tan ridícula.

Constanze maniobraba el barco lo más rápido que podía, tener la presión de terminar con todo era demasiado para ella, y concentrarse en eso solo la desesperaba más. Sus compañeras, expectantes junto a su persona, le animaban a que siguiera disparando, y ella lo hacía sin reparos. No podía creer que después de tantos proyectiles lanzados hacia él tipo solo le hubieran hecho daño a la estructura de la Academia y a la tierra, él seguía intacto pero cansado, en cualquier momento caería rendido y podrían aprovechar esa oportunidad.

Era el tiempo de vengar a todas esas brujas caídas, de terminar con la masacre, de detener la matanza, de salvar la magia.

El sujeto casi sentía que sus piernas se rompían, llegó justo a tiempo a su auto estacionado delante del lugar donde realizó el primer impacto, y fue inmediatamente a abrir la puerta de los asientos traseros.

El barco hubiera lanzado otra andanada de disparos, de no ser porque las brujas que lo tripulaban vieron al monstruo sacar a una Chariot atada de manos y pies, usándola como escudo humano y apuntándole con su arma justo en la sien.

-¡Atrévanse a disparar ahora! ¡Vamos! —Odiaba que su ira se incrementase, esta no era la forma de actuar de un Sicario, su desesperación lo dominaba.

-¡Háganlo chicas! ¡No importa! ¡Háganlo! —Las animaba Chariot, sabía que no sobreviviría a un impacto así. Contaba con que su secuestrador tampoco, y esa era recompensa suficiente para ella.

-¡Déjala ir! —Le gritó Amanda desde la distancia, cerraba sus puños y apretaba sus dientes. Estaban tan cerca y a la vez tan lejos de acabarlo... Le frustraba no tener el control de la situación.

-¿O que es lo que harán? ¿Me mataran más rápido? ¡Vete al demonio! —No se daba cuenta de que dos seres se acercaban a él a sus espaldas, su autocontrol había desaparecido por completo y sus precauciones se habían reducido demasiado.

Amanda notó como es que la Directora Holbrooke y la maestra Finnelan se aproximaban con cautela, solo necesitaba distraer al matón un poco más y podría ser acabado.

-¡No dispararemos! ¡Solo déjala ir!

-¡No es la primera vez que oigo eso! ¡Idiota! —Tendría que haberlo sabido desde un principio, era un sicario, un hombre ya con muchos años de experiencia, no podría ser la primera vez que se hallaba en esta situación. Se había convertido en un habito.

-¡MURO...! —Amanda se dio cuenta demasiado tarde, el sujeto sabía que alguien estaba detrás de él y que ella solo lo estaba distrayendo, esto ya lo había vivido antes. Disparó ciegamente hacia atrás apartando su arma por un instante de la cabeza de Chariot, y dándole en el estomago un par de veces a Finnelan, esta cayó tendida en el suelo, muy malherida. La directora, extremadamente preocupada por el bienestar de su socia, pero no se movía, no se atrevía a acercarse a socorrerla después de que el tipo le disparara a quemarropa.

-¡Nadie más se mueva maldita sea! ¡Los voy a matar a todos si es necesario! —Tenían que tomar su amenaza en serio. Amanda, Constanze y Jazminka no se movían, estaban sumamente impactadas por el intento de asesinato. Nunca habían visto algo así antes, él simplemente le disparó sin importarle en lo absoluto su vida, ya sabían de eso, pero verlo directamente era una cosa, no podían evitar sentirse responsables.

Nadie se movía, no daban ni un paso, esto no progresaba y solamente perjudicaría al homicida pues la policía podría llegar en cualquier instante. Empujo a Chariot y la obligó a arrodillarse, diciéndole que no se moviera o le volaría los sesos con el arma. Claro que a ella le importaba poco su vida ahora, su objetivo era proteger a las brujas, socorrer a Finnelan, evitar que continuara la pesadilla, su miedo alimentaba su ira. Un profundo dolor invadio su rodilla y la obligó a caer al suelo, gritando como si de un animal herido se tratase. Le acaba de disparar, sin temor a que las muchachas en el barco se atrevieran a disparar, no se arriesgarían a herir a su maestra.

Bajó su arma, y se dirigió a la maletera trasera de su auto, con una sonrisa en su rostro ahora, tenía acorraladas a las chicas con las grandes armas, pues su linea de fuego podría ocasionar una gran explosión que acabaría matando a la pelirroja. Amanda se quedaba sin ideas, el tipo iba a sacar algo de ahí atrás y no iba a ser nada bueno.

-Muchachas... no puedo quedarme sin hacer nada, descenderé ahí con mi escoba y terminare con esto. Trataré de alejar al tipo lo más posible de las maestras... —Las miradas de Jazminka y Constanze estaban cargadas de terror, sabía que no estaban conscientes de sus acciones ahora mismo, pero de todas formas confiaba en ellas— Deseenme suerte...

El tipo volvió a sacar el condenado lanza cohetes. Lo tenía en sus manos, pero el golpe de una bruja lo obligó a soltarlo. Amanda acababa de pasar con velocidad detrás de él y le dio una patada en la nuca, haciéndolo tambalear un poco, alejándose lo más rápido que pudo para evitar un contraataque.

-¡Hey! ¡Hey chico rudo! ¡Vamos! ¡Intenta darme! —Le gritó la americana desde la distancia y en el cielo. En serio, en serio, odiaba a esas niñas. Sacó el alma de su bolsillo y comenzó a disparar, esperando darle en algún momento.

La joven esquivaba las balas como si de una danza se tratara, haciendo piruetas con esta, usándola como una tabla de surf, colgándose con sus manos de esta, manteniendo el equilibrio, casi mofándose de todas las veces que el asesino fallaba. Comenzaba a desesperarse, cada bala fallida era un nuevo dolor de cabeza para él. ¿Por que asesinar a unas niñas era tan difícil? Cualquiera podría simplemente disparar y darle. Cualquiera.

Se percató que se estaba alejando de su objetivo original, y que la muchacha solo lo estaba distrayendo. Eso lo tranquilizó un poco, pues si seguía disparando así, sería mucho más fácil sorprenderlas antes de que se dieran cuenta. Continuar haciéndolo y esperar el momento adecuado para contraatacar era su Plan B.

Y el Plan B siempre funciona.

De un segundo a otro dejó de disparar y se concentró en tomar el arma de destrucción masiva que estaba a sus pies, apuntando directamente al barco, cargado y listo para disparar.

-¡CUIDADO CONSTANZE! —Gritó a todo pulmón Amanda, advirtiendo acerca de la amenaza, y acercándose a gran velocidad con su escoba hacía el asesino antes de que disparase. Muy tarde, demasiado tarde.

El misil salió del cañón con fuerza, tanta que tumbó de espaldas al ejecutor, y el proyectil recorrió rápidamente el cielo en dirección a la gran maquina voladora de Constanze. Sin embargo, la muchacha logró maniobrar el barco con precisión, ladeandolo un poco, y haciendo que el misil fallara su objetivo original, este se perdió en el cielo.

El sujeto intentó ponerse de pie rápidamente y recargar el lanza misiles antes de que a esas mocosas se les ocurriera otra idea. Otro golpe lo invadió ahora en el pecho, obligandolo a retroceder varios metros y a perder el aire, pues fue un impacto demasiado duro. Amanda acababa de usar su escoba como un arma, dejando que siguiera su camino y ella abandonándolo justo antes del momento del impacto. Estaban demasiado cerca de vencerlo.

El tipo estaba lo suficientemente alejado de Chariot y las otras, el rango de tiro estaba limpio, podrían terminar con él de una buena vez.

-¡Hasta nunca, idiota! —Gritó Amanda, proclamando su victoria. El sujeto, aun tendido en el suelo, levantó su vista y vio sorprendido como es que los cañones del barco ahora apuntaban hacia él de nuevo y se iluminaban con una luz verde— ¡Esto se acabo!

Y en el lugar de Runa una gran explosión se pudo oír tan fuerte que espantó a varios animales de la zona.

Sí, se terminó. Después de tantos años, había llegado el final, un punto final para todo esto. Tantas victimas, tantos beneficiados, ahora todo se terminó. Eso que había causado tantos problemas como alegrías llegaba a su fin, podría decirse que era el fin de una Era, pues muchos respetaban esto. Si el lugar hubiera estado repleto de gente, todos se hubieran quedado impactados ante la escena que acababan de ver. Por eso es que debes conocer a tu enemigo.

La piedra filosofal caía junto a pedazos de la gran torre donde antes yacía. El condenado misil no se perdió en el cielo, había seguido su largo rumbo hasta la torre e impactó en su base, derribandola por completo. Todo esto fue parte de su plan. Constanze, Amanda, Jazminka, Chariot, y Holbrooke observaban como es que la ultima esperanza de la magia le eran arrebatadas de las manos por un humano común y corriente.

La energía en los cañones desapareció poco a poco, y el barco comenzaba a descender, ahora era incapaz de ser controlado por la Alemana. La nave se estrelló duramente contra el suelo y se arrastró contra este varios metros, el piso temblaba el doble de fuerte gracias a los escombros de la gran torre que aun no terminaban de caer.

Amanda se quedó en shock, no movía siquiera un musculo, no parpadeaba, su boca estaba abierta. Él había terminado con el futuro de la magia, después de todo por lo que pasaron, por todo lo que vivieron, todo terminaría con una desgracia. Sintió un severo punzón en su hombro que la hizo derrumbarse con un dolor indescriptible, le acababan de disparar. El tipo venía a toda velocidad contra ella y se le abalanzó. Lo siguiente que sintió fue una ráfaga de golpes violentos en su rostro, intentaba defenderse y protegerse con su brazo que no estaba herido, pero era inútil, el dolor no se detenía. Los golpes eran en descontrol, como si no se centrara en darlos con fuerza, su único interés era desahogarse con ella. Amanda poco a poco se desvanecía, oía los gritos desesperados de Chariot suplicándole al matón que se detuviese, y al gran barco de Constanze terminar de estrellarse, todo esto se alejaba lentamente; moría.

Y después de varios segundos, el ataque termino, para fortuna de Amanda. Tenía un ojo morado, sangre se deslizaba por su labio inferior, el cabello estaba hecho un desastre, y un escupitajo se podía ver claramente deslizarse por su mejilla derecha, quedando boca arriba. Respiraba con dificultad y miraba a un indiferente asesino de pie a su lado, no podía moverse.

-Quiero que veas esto con tus propios ojos, desgraciada. —Le propinó una fuerte patada en el torso antes de irse hacia los restos del barco. Amanda intentó aprovechar el momento para ponerse de pie, lo único que consiguió con la energía que le quedaba era arrodillarse y apoyarse contra sus manos, solo para hallar otra horrible escena.

Constanze y Jazminka, ahora malheridas, se hallaban arrodilladas con la mirada fija en ella desde una distancia regular, atormentadas por el miedo, y detrás se hallaba el maldito apuntándoles con un arma a ambas.

-No... no hagas esto por favor... —Suplicaba débilmente, esto era demasiado, no quería verlas morir, quería que muriesen. No de ese modo. El sicario se mostraba indiferente ante las suplicas de Amanda, alternando varias veces la trayectoria de su arma entre las dos posibilidades, asustandola aun más— ¡Detente! ¡Para!

Lagrimas comenzaron a recorrer sus ojos, no podía soportar una situación así, era una tortura. Suplicaba extendiendo su mano que por favor no las matase, se lo rogaba.

-¡No lo hagas! ¡Por favor! ¡No les hagas daño! ¡A mí hazme lo que quieras pero no las toques! ¡No las toques por favor! ¡No las toques! —Gritaba a todo pulmón, la desesperación la invadía, verse tan impotente ante esa situación la haría entregarse ante cualquier condición. Las lagrimas no dejaban de caer de sus ojos, no iba a perderlas, no a ellas, no más muertes.

-Estas ante la grandiosidad de pie. —El humano soltaba un discurso, ahora bajo su arma y la guardo en algún bolsillo de su pantalón, parecía que no iba a matar a nadie más— Soy el más grande de este mundo, el más grande de todos los tiempos, una leyenda, el mejor, un icono...

Y sin previo aviso, golpeó a Constanze en la cabeza con un puñetazo izquierdo, dejándola inconsciente sobre el pasto.

-¡NO! —No tenía la energía para ir a socorrerla. Su tortura no terminaba ahí. También golpeó a Jazminka y la derribó, solo que a ella no la dejó sin conciencia. Se acercó con lentitud hacia la desprotegida rusa.

Saco un cuchillo con una larga hoja de un bolsillo y lo expuso, casi presumiendolo, su mirada muerta y sin expresión le indicaba que algo malo estaba por suceder. No dejaba de ver a Amanda todo el tiempo. Y entonces se arrodilló junto a la rusa.

-¡NO! ¡ESPERA! ¡ESPERA, DETENTE! —Lagrimas tambien recorrían los ojos de las aterrada Jazminka cuando intentaba detener la punta mortal en dirección a su cuello, reteniendo la mano del sicario con las suyas. Todo era hecho con lentitud, como si fuese a propósito— ¡BASTA! ¡BASTA POR FAVOR! ¡PARA! —Intentó arrastrarse lo más rápido que pudo hacia ellos, el dolor era demasiado, y no solo por las heridas físicas.

-Lo más grande que este mundo podrá tener. —El sicario estaba a punto de incrustar la hoja en el cuello de la pobre muchacha asustada, disfrutando cada segundo de su cometido en lo más profundo de su ser— Yo...

Amanda se detuvo, su corazón se detuvo, todos sus sentimientos y reflejos se detuvieron. Lo hizo, lo hizo sin remordimiento, mirándola directamente a los ojos, como si fuera responsable de lo que estaba sucediendo. Simplemente no era capaz de soportar tal dolor, que ya ni siquiera pudo sentirlo. No pudo ni despedirse.

El sujeto ya había colocado la punta del frío metal en el cuello de la desesperada Jazminka, solamente necesitaba un ultimo empuje para terminar con otro futuro más, para hacer que Amanda sufriera con pesadillas durante el resto de su vida.

Así que lo hundió con toda la fuerza que tenía.

-Yo soy Dios.