Capítulo 9
Jugaba con su comida distraídamente, desde que habían comenzado la cena no había probado más que uno o dos bocados, cosa que no pasó desapercibida por Kurogane.
—¿No te gusta? Puedo pedir que te lo cambien— Ofreció el moreno un tanto harto de sólo ver al rubio jugar con sus alimentos, sin contar con el rostro apagado que había estado mostrando Fye durante toda la cena y que sinceramente le irritaba, después de todo había planeado aquella velada y hasta había cancelado sus reuniones de aquel día para poder salir temprano y "celebrar" su aniversario con el rubio en aquel lujoso restaurante, Fye podría al menos fingir una sonrisa.
—Está perfecto, gracias— murmuró apagadamente, ocasionando que la exasperación en Kurogane aumentase, no era que Fye quisiera aquello, obviamente no, pero simplemente no podía hacer demasiado al respecto.
El moreno resopló soltando sus cubiertos para encarar al rubio —De acuerdo ¿Qué es lo que sucede?
—No sucede nada— responde aun jugando con su comida.
—¿Qué pretendes con todo esto? ¿eh?— pregunta molesto pero sin llegar a levantar la voz, no quiere convertirlos en el centro de atención.
Con cuidado Fye deja también sus cubiertos y levanta el rostro hacia su esposo, sus miradas se encaran, tan directamente, tan profundas y certeras que hubiese sido evidente para ambos lo que pasaba con el otro, al menos en otras circunstancias, porque justo ahora, entre verdades a medias, miedos y culpas, una venda invisible cubría esos mismos ojos impidiéndoles llegar a los sentimientos contrarios.
—No sé de qué estás hablando— es la respuesta de Fye, hablando con calma, callando los reclamos que tiene en contra del otro y el verdadero motivo de que este estropeando la velada para ambos.
—Claro que lo sabes— responde más molesto a cada segundo por la actitud del rubio.
—….
Vuelven a retarse con la mirada y así es la manera en que el moreno da por terminado su aniversario, pide la cuenta y sale de prisa seguido por el rubio, el camino a casa se lleva a cabo en un silencio frio e interminable.
Fye suspira en silencio, arrepentido por sus acciones y por el terrible aniversario que han tenido, no era realmente su intención terminar de aquel terrible modo pero se sentía tan herido que no podía simplemente fingir que estaba bien, esta vez no.
Las cosas entre ambos seguían tal cual como venían siendo los últimos meses, con la diferencia, claro, de que ahora Fye asistía martes y jueves a las reuniones con el grupo de apoyo, precisamente estaba con ellos cuando toda aquella "situación" en la que ahora estaban había comenzado. Aquel día la reunión había sido temprano, esta vez Akemi decidió el lugar al que irían y la chica eligió clases de natación, la mayoría ya sabía nadar pero aun así todos estuvieron de acuerdo en acudir. Se la habían pasado bien, sin contar lo mucho con que Fye se había relajado en el agua, había podido callar sus amargos pensamientos y eso era simplemente reconfortante aunque se tratase de algo momentáneo.
Cuando salieron del establecimiento él, Amaya, Shion, Sayaka y Hiyori iban en grupo, charlando y paseando por las tiendas del centro, estaban bastante animados y alegres, fue entonces que se encontró con Akiko, su suegra.
La madre del moreno le miró con sorpresa apenas unos cuantos segundos antes de sonreírle genuina y amablemente, Fye correspondió y un tanto nervioso presentó a Akiko con sus compañeros de grupo, quienes saludaron alegremente a la mujer. Luego de ello Fye se despidió del grupo y sin preguntar le quitó las bolsas que la mujer llevaba en sus manos, ayudándole a cargarlas.
—Muchas gracias, Fye.
—No hay problema— dijo contento de poder ayudarle, la madre del moreno era el único miembro de la familia de éste que no lo juzgaba, lo que le hacía tenerle una enorme gratitud y un profundo cariño.
—¿Quieres ir a tomar algo conmigo?
De aquel modo habían terminado en una mona cafetería del centro, tan sólo charlando de temas triviales y disfrutando la mutua compañía, inevitablemente terminaron en el tema de "los amigos" de Fye, como su suegra los había llamado, y el rubio bien pudo permitir que las cosas se quedarán de este modo, pero una parte suya no se lo permitió, quería ser sincero con la mujer que junto a Kurogane conformaban su familia, la única familia que había conocido en su vida.
—En realidad…— de ese modo Fye terminó contándole acerca del grupo de apoyo, sintiéndose avergonzado durante todo el relato, preocupado de lo que la madre del moreno pudiese llegar a pensar al respecto, ¿lo juzgaría por esto? se preguntaba, pero al final sólo halló la preocupación de su suegra reflejada en sus ojos.
—Fye ¿Ocurre algo? es decir ¿Hay algo mal entre Kurogane y tú?— preguntó con cautela. A ojos de la mujer la relación de su hijo con Fye era estable, con sus altas y sus bajas, claro, con sus diferencias y alguna que otra situación pequeña, lo normal en un matrimonio, ese tipo de cosas que te llevan a discutir por algo, a enfadarte para luego arreglar las cosas como la pareja que eran, pero nada tan grave como para que el chico recurriera a un grupo de ayuda para la depresión, a menos claro, que hubiese algo más que ella desconociera, algo que ni su hijo ni Fye le hubiesen dicho.
El rubio desvió la mirada inconscientemente antes de apresurarse a negar y a decir que no estaba ocurriendo nada grave entre él y Kurogane.
—¿En verdad?
—Sí, en verdad…— titubeó al final, meditando la posibilidad de contarle a la mujer todo lo que realmente estaba pasando, todo el dolor y la desesperación que estaba cargando consigo, las dudas que le atormentaban y la enorme frustración que sentía de noche y de día al no saber qué hacer para recuperar la atención de su esposo.
—Fye puedes contar conmigo para cualquier cosa, lo que sea. Si hay algo en lo que yo pueda ayudarte, lo hare con gusto— dijo al tiempo que tomaba una de las manos de Fye y la apretaba con dulzura, entonces fue consciente de la delgadez no usual del rubio, lo que hizo que su preocupación aumentará.
—…..— Con gusto Fye le diría únicamente para poder desahogarse de todo aquello, poder sentir que alguien estaba ahí para él, que le abrace mientras él se rompía en lágrimas, pero… a la vez, no quería decirlo, temía que al poner su situación en palabras entonces ésta se volviese más real, hasta ahora era el único que estaba al tanto de todo y no tenía el valor de hablarlo con nadie, ni con la amable mujer delante suyo, ni con Kurorage, la segunda persona a quien más concernía aquello; seguía aferrándose a la firme idea de que todo eso era sólo temporal, en algún momento Kurogane se daría cuenta del daño que le estaba haciendo a su matrimonio al tener un amante, en algún momento se terminaría aburriendo de Noa, le dejaría y volvería a tener su atención en él, repararían su relación sin ningún inconveniente, sin reproches, sin resentimientos, sin culpas, porque no habría razones para albergar esos sentimientos, las cosas serían como si ese oscuro episodio no hubiese ocurrido nunca, así sería para Kurogane quien pensaría que él nunca tuvo consciencia de su desliz, así sería para sí mismo quien, por el amor tan grande que le tenía al moreno estaba dispuesto también a perdonar y a olvidar todo aquello.
Sólo era cuestión de tiempo, entonces las cosas volverían a ser felices entre ambos, volverían a amarse como en antaño, recuperarían su vida como un matrimonio unido.
Sólo era cuestión de tiempo…
—En verdad… todo con Kurogane está bien— mintió sintiendo remordimientos al instante.
La mujer sonrió levemente —De cualquier forma, lo que sea que te aflija, aún sino tiene nada que ver con mi hijo, yo estoy y estaré para ti.
—… Gracias.
Dándose cuenta de lo difícil que parecía ser para Fye todo aquello y de que, al menos en esos momentos el rubio no estaba dispuesto a decirle nada, no quiso hacerle sentir presionado o incomodo, así que decidió cambiar el tema de la conversación hacía otro asunto también importante.
—Kurogane me dijo que no podrías asistir este sábado
La confusión se dibujó en el rostro del rubio tras esas palabras, no entendiendo nada de lo que la mujer le estaba hablando.
—Yo— continuó un poco dubitativa —Sé que las cosas entre tú y mi esposo no han ido del todo bien, pero no puedes simplemente alejarte, somos una familia, desde el momento en que tú y Kurogane decidieron unir sus vidas pasaste a formar parte de nuestra familia, es algo que mi esposo tiene que comprender tarde o temprano, por esa razón, Fye no te rindas, ni te excluyas de nosotros.
Todo aquello ya lo sabía el rubio, su relación con el padre de Kurogane y no sólo con él sino también con Souma, nunca había sido ni mínimamente buena, a pesar de ello Fye nunca dejó de asistir a las reuniones y eventos familiares, ni siquiera por los muchos malos momentos que le hacían pasar durante éstos y a los cuales no llegó a darles mayor importancia, pero justo ahora su suegra le hablaba de un evento al cual él se había negado a asistir y del cual ni siquiera estaba enterado.
—Vamos Fye, dime que asistirás— le animó.
—Cla-claro— forzó una sonrisa, quería pensar en que, si Kurogane no le había dicho nada sobre el dichoso evento del sábado era únicamente porque el moreno había olvidado hacerlo, pero obviamente no podía ser así, no cuando el mismo Kurogane le había mentido a su madre diciéndole que él no podría asistir, entonces quizá el moreno tuviera planeado no asistir tampoco y al no encontrar una buena excusa lo había utilizado a él, sí, eso tenía que ser.
De cualquier manera luego de ese día Fye estuvo esperando a que Kurogane le dijese algo sobre el evento del sábado; que descubrió no era otra cosa sino el cumpleaños de su suegro; sin embargo esto no ocurrió, lo dio por hecho ese viernes por la noche en el que sorpresivamente Kurogane le llevó a celebrar su aniversario de bodas, honestamente no esperaba que el moreno lo recordase cuando él mismo lo había olvidado, pero sí lo había hecho y él debería de sentirse feliz por ello, en cambio sólo sentía una enorme tristeza sumada a una creciente indignación que de a ratos se transformaba en enfado por no decirle nada del evento y por haber hablado en su nombre.
De aquella manera su aniversario de bodas finalizo con ambos recostándose en la cama dándose la espalda mutuamente bajo una nube invisible de amargura y molestia.
El día llegó acompañado de la promesa de un sábado soleado y un cielo despejado por completo, Kurogane salió rumbo al trabajo y el rubio decidió alistarse para salir sin muchos ánimos, no quería ir pero después de todo le había dicho a Akiko que asistiría.
Alrededor de las 12:00pm fue que se presentó en la casa de los padres del moreno, siendo recibido afortunadamente por su suegra, quien le saludo amablemente y le llevó a hasta el enorme y hermoso jardín trasero donde se llevaba a cabo la fiesta, algunos de los invitados ya estaban ahí, charlando amenamente entre ellos, la mayoría eran amigos y socios del señor Fudo (padre de Kurogane), todas las caras ahí presentes eran conocidas para el rubio de otras fiestas y eventos a los que había acompañado a Kurogane.
—¿Mi hijo llegará más tarde?— preguntó entonces Akiko, claramente extrañada de que no llegasen juntos.
—Él tuvo que ir a ver unos pendientes en la oficina.
—Ya veo— dijo con una mueca —Mi esposo era igual a él, siempre absorbiéndose en el trabajo.
El timbre de la casa sonó ocasionando que la mujer se disculpara con él y le dejara para ir a atender la puerta y recibir a los demás invitados. Fye suspiró aliviado, en realidad no quería hablar del moreno en aquellos momentos. Se adentró en el jardín, procurando pasar desapercibido en lo mejor posible, saludando superficialmente a algunos de los invitados que le fueron imposibles de evadir.
—Creí que no vendrías— Soltó Souma con desagrado, Fye ni siquiera la había visto llegar.
—Pues aquí estoy ¿no?— Soltó sin ánimos de seguirle el juego por lo que se dirigió sin más a la mesa de bebidas esperando poder dejar a Souma atrás, sin embargo la chica le siguió de cerca.
—¿Dónde esta Kurogane?— preguntó de manera dura y exigente, de modo que aquello pareció ser una orden.
—Fue al trabajo— respondió con simpleza, únicamente porque tenía la esperanza de que de ese modo Souma perdiera el interés de molestarle y le dejara en paz.
—Vaya y estás aquí, tienes tan poca vergüenza— soltó ácidamente.
El rubio suspiró en silencio, adiós a su esperanza. Comenzó a servirse una bebida sin alcohol, pero sospechaba que la necesitaría muy pronto si quería durar un poco más en aquella fiesta.
—Después de la manera en que nos trataste y nos echaste de la casa de Kurogane, ahora te presentas aquí como si nada, hm, si no pongo en duda que la gente como tú no tiene escrúpulos.
—Ya me disculpe con tus padres por ello.
—Conmigo no— respondió resentida.
—Y créeme, no pienso hacerlo
—Descuida, no me interesa nada de ti— dijo menospreciándole con la mirada.
—Entonces ¿Qué haces aquí?— respondió con calma.
—… Esta es mi casa, puedo estar en donde a mí se me peque la gana.
—Supongo— dijo y viendo la oportunidad de dejar aquello fue hasta donde charlaba un pequeño grupo de socios de la empresa familiar, éstos le saludaron con entusiasmo, incluyéndole en la conversación de inmediato y, aunque a Fye hablar de empresas, inversiones, golf y la bolsa no le interesaba en lo más mínimo, era preferible el fingirse interesado a que Souma le encontrara solo para "atacarle" de nuevo.
Cerca de la una y media de la tarde todos pasaron a las mesas para empezar con la comida, el rubio había elegido lugar en una de las mesas más apartadas, por desgracia su suegra fue por él para llevarlo a sentarse a la mesa principal en dónde estaba ella, su suegro, Souma y algunos de los amigos más cercanos de la familia, quedando por supuesto el lugar vacío de su esposo al lado suyo, para ese punto Fye ya no tenía dudas de que Kurogane no asistiría, pero casi al instante de pensarlo tuvo que desechar toda idea de aquello.
Sus ojos se encontraron con los del recién llegado, la evidente sorpresa que reflejaron los ojos de Kurogane al verlo ahí fue algo doloroso; ahora corroboraba el hecho de que si el moreno no le había dicho nada no era por otro motivo que el simple hecho de que no le quería ahí; sin embargo lo que realmente fue una daga directo al pecho fue el hecho de que Kurogane no había llegado solo, Noa le acompañaba.
No debió de haber ido, se repetía una y otra vez sin descanso, nervioso y con un deseo extraordinario de desaparecer tras alguna cortina de humo cual mago experto en trucos, pero sólo era él y no había cortina y mucho menos humo que ocultase a sus ojos la presencia del amante de su esposo sentado en la misma mesa que él, en la misma mesa los tres.
Por supuesto como su esposo, Kurogane estaba sentado al lado suyo. El moreno había buscado su mirada con insistencia pero Fye ignoró a propósito este hecho, no estaba listo para ver lo que en los ojos del moreno encontraría, ni siquiera sabía qué hacer ahí, antes de la llegada de Kurogane el plan era sencillo; se comportaría educadamente, evitaría las provocaciones de Souma y finalmente se excusaría para poder retirarse lo más pronto posible; ahora, con la llegada del moreno todos sus planes parecían desvanecerse, escapando de sus manos como arena al viento y no por Kurogane, sino por la presencia de Noa, la idea de tenerlo cerca fingiendo cordialidad le asquea, duele la crueldad de aquella situación.
El moreno había presentado a Noa con los presentes en la mesa y su padre pareció ser encantado por el interés nada más enterarse de que ese chico era el asistente personal de Kurogane en la empresa. A pesar de haberse retirado dejando el mando de la empresa a su hijo, Fudo aún tenía mucho interés en ésta y en todo lo referente a ella, razón por la que Noa se convirtió en el centro de su atención, charlando con el chico de cosas tales como sus estudios y preparación para el puesto que desempeñaba, sintiéndose bastante conforme mediante escuchaba las respuestas de Noa, era claro que el chico era apto para su puesto y por lo que veía, también de merecer y tener la confianza de su hijo, le sonrió con aprobación.
Fue entonces que Noa y Kurogane comparten una fugas sonrisa cómplice, creyendo que nadie los descubriría, pero ciertos ojos azules fueron testigos de todo. Fye no se siente capaz de tolerar aquello, quiere saltar la mesa y romperle la cara de niño bonito, romperle la "inocente" sonrisa con sus puños, pero se contiene lo mejor que puede, así como contiene aquel nudo en su garganta que le impide pasar bocado siquiera.
Souma, quien está sentada al lado de Noa, no tarda en entablar conversación con el chico, a primera vista se nota que Noa le ha parecido agradable, la chica realmente se siente contenta de que Kurogane tenga a alguien como ese chico cerca.
—Fye, apenas si has probado la comida— llama su suegra —¿No te gustó?— pregunta con preocupación —puedo pedir que te preparen algo— ofrece con dulce amabilidad.
Sonríe levemente para ella —Estoy bien, gracias, no tengo mucho apetito, eso es todo— se excusa lo mejor que puede, exigiéndose más y más en ser aquel actor improvisado que sin querer terminó metido en la obra sin textos ni guiones ensayados, sin saber qué sigue, sin saber actuar siquiera, sin tener la menor idea de en qué momento la función acabara, sólo sabe dos cosas, la primera es que anhela la hora en que el telón baje y la segunda, es que odia esa obra ¿o quizá fuese al revés y era la obra quien lo odiaba a él?.
Noa continuó por mucho tiempo más siendo el centro de atención, algo normal con un recién conocido ¿cierto?. Para Fye escucharle hablar y conocer más acerca de su vida era como una espina de pura molestia y, aunque no lo aceptara ni un poco, también celos. Celos porque la familia del moreno lo aprobaba al instante cuando él llevaba años intentando demostrar que valía la pena, que, aunque sus ideologías no fueran compatibles amaba a Kurogane más que a nada en el mundo y que, de sincera manera también les apreciaba a ellos, muy a pesar de todas las muestras de desprecio hacia su persona, porque al final eran su familia, la única que ha tenido en la vida y, aún con todo esto, él era insuficiente para ellos, lo sería siempre.
Con aquella ultima noción decide tomar un respiro de Noa, así que se dirige al baño, aunque en realidad habría tomado la puerta de salida con gusto, de igual manera no pudo llegar a la una ni a la otra pues Kurogane le dio alcance dentro de la casa y tomándole del brazo le llevó a una de las tantas habitaciones.
—¿Qué haces aquí?— le interrogó apenas encerrarlos en la privacidad de aquellas cuatro paredes, paredes que ahora más que nunca les parecieron demasiado estrechas para los dos.
—Tu madre me invitó
—Obviamente, pero ¿por qué viniste? y ¿por qué no me dijiste nada?— reclamó.
—¿Por qué tú no me dijiste nada a mí?— contraatacó como pudo, aturdido por las palabras del moreno que le parecían más filosas que dagas, más frías que el hielo y más letales que balas. Entonces todo es confuso, no se supondría que el molesto debería ser él, que quien debería estar en la línea de tiro era él, pero no, estaba siendo el cebo, la presa, el tipo juzgado sin juicio alguno y que ni siquiera tiene claro cuáles son sus cargos.
—Porque no quería que vinieras.
Y ahí estaba, el primer tiro, letal y certero, una persona dijo una vez que "las palabras duelen más que las piedras", sin duda Fye hubiera preferido una piedra por parte de Kurogane.
—… ¿Por qué?— su voz lo traicionaba convirtiéndose en no más que un hilo, uno que era demasiado frágil y al que no podía pedirle demasiado o de lo contario se rompería sin duda… y aun sabiendo esto el rubio se arriesga y le exige más, se exige hablar.
—Tú bien lo sabes— responde el moreno exasperado, últimamente Fye no hace más que irritarlo y le es evidente, el rubio no es el mismo chico del que se enamoró… no era más ese chico…
—No, no lo sé— es la verdad. Su voz suena entonces más firme que antes, el hilo es forzado de manera fantástica para lograrlo, no sabe cuánto más podrá soportar pero le deja de importar eso porque ahora, lentamente, va tomando posición defensiva.
—Claro que lo sabes— reclama una vez más, su voz es firme y sigue subiendo unos cuantos decibeles al hablar —quería que mi padre pudiese desfrutar de este día sin…
—¿"Sin"?
—….— Desvía la mirada.
—¿"Sin" qué? Sin mí ¿Es eso lo que quieres decir?— ahora es el turno de la indignación para abofetearle la cara y es suficiente provocación para que el rubio también saque sus armas.
—…..
—¿Es eso a lo que te refieres? El regalo perfecto para tu padre es un día sin mí ¿eh?— habla molesto, la pleitesía se había acabado y no sabía si porque Kurogane la había fusilado o porque él mismo la había estrangulado.
—¡Pues sí! Lo es— Confiesa
—Discúlpame entonces por arruinar tu regalo, es que no tenía idea de que yo fuera un "algo" a tu disposición para que puedas "sacar" o mantener "guardado" cuando te dé la gana.
—Yo jamás dije eso.
—No hace falta, lo insinúas perfectamente
—Soy un idiota por intentar hablar contigo
—¿Hablar? ¿Tú? ¿Hablar conmigo? Si lo único que has hecho es reprocharme y gritarme
—Tú eres quien está gritando.
—De hecho, los dos están gritando y muy fuerte— se oyó la voz de Souma desde el otro lado de la puerta, deteniendo la guerra que se llevaba a cabo ahí adentro.
—¿Qué quieres, Souma?— preguntó el moreno evidentemente molesto.
—En primera: quiero que ambos salgan de mi habitación.
Ante esto ambos varones se sintieron tremendamente torpes, Kurogane abrió la puerta encontrándose con una hermana muy molesta por la invasión a su privacidad y a Noa a su lado.
—Segundo; mamá me mando a ver que todo estuviese bien con ustedes, los dos dejaron la mesa de manera repentina y se preocupó, Noa me acompañó.
—Quería saber dónde estaba el baño, es todo— se apresuró a explicarse, un tanto nervioso y evidentemente incomodo de haber presenciado (o escuchado mejor dicho) parte de la discusión de ambos.
—Es una fiesta ¿recuerdan? los amigos, socios y conocidos de papá están haya afuera, compórtense a la altura— reprendió la chica con tranquilidad —aunque, bueno, de ti no se puede esperar demasiado— dijo con desdén hacia Fye —pero ¿Tú, Kurogane?
Sin poder, ni querer evitarlo Fye soltó una risa con sabor a ironía, burla y amargura, Souma hablándoles de educación, eso sí que le parecía gracioso, tan… hipócrita.
—Lo mejor será que nos vayamos— responde Kurogane tras darle una mirada de advertencia a su esposo, advertencia que a Fye ni siquiera le importa, no en aquellos momentos en que se encuentra ebrio por el coctel de celos, enfado, dolor y un orgullo cada vez más pisoteado.
Era la oportunidad perfecta para Fye, él quería huir de ese lugar, hasta hace unos segundos buscaba desesperadamente cualquier pretexto para poder marcharse y ahora lo tenía por cortesía de Kurogane, tan sólo debía de callar a su orgullo y mantenerse callado también, seguir dócilmente al moreno hasta la salida y acabar con la función que iba de peor a desastrosa, podía, claro que sí… pero no quería.
Tenía claro que aquello era una estupidez.
Sabía que terminaría arrepintiéndose después.
Todas las señales apuntaban a que nada bueno resultaría de aquello….
Y aun así no quería.
—Te irás tú porque yo me quedo— Soltó retador, simplemente llevándole la contraria, cada vez más borracho de emociones.
—De ninguna manera, nos vamos los dos— prácticamente ordeno, sin saber que con aquello tan sólo encendería un cerillo en cuarto lleno de dinamita.
Fye sonrió, le dedico una mirada de "entonces mírame" y abandonó a aquellos tres con pasos confiados, ignorando la forma en que Kurogane le llamaba, porque esta vez estaba dispuesto a subir voluntariamente al escenario para el segundo acto.
—¿Todo bien, querido?— preguntó su suegra con dulzura mezclada con preocupación.
—Sí, estupendo— respondió con alegría, o lo que a él le pareció alegría, la verdad es que estaba anestesiado, ebrio… o simplemente demasiado golpeado ya como para poder sentir el dolor siquiera.
En algún punto decidió que su embriagada alma no era lo único que se merecía estar en ese estado, así que comenzó a beber. En su no tan lejana juventud había sido un excelente bebedor, le gustaba mucho ir a los bares junto a sus dos grandes amigos, Kasumi y Ringo, los tres se divertían y la pasaban increíblemente bien, pero luego, casi como por arte de magia estaba solo en una enorme casa, a una ciudad de distancia de sus más queridos amigos, hablando con ellos únicamente por cortos textos y llamadas frías; porque los teléfonos no pueden darte cálidos abrazos, las sonrisas llegan distorsionadas y las charlas se convierten cada vez más cortas a la par con que tienen cada vez menos cosas en común.
No salía a bares con Kurogane porque al moreno no le gusta tomar demasiado, además de que el moreno se vio muy pronto con las responsabilidades de la empresa de su padre, por lo que las salidas a tomar se convirtieron en algo casi imposible, en cambio el moreno le recompensaba con salidas a restaurantes, cafeterías o con desvelos invertidos en "cosas" más placenteras, más deliciosas. Tomar mucho en las fiestas a las que acompañaba a Kurogane tampoco era una opción, esas eran fiestas de etiqueta bastante pomposas como para dar paso a aquel tipo de diversión, sin contar con que ahora debía procurar cuidar apariencias o podría ser contraproducente para el moreno cuya capacidad para estar al frente de la empresa aún estaba en tela de juicio para los socios de su padre, esto debido a la inexperiencia de Kurogane sumada a su corta edad, por lo que Fye se sometió por primera vez a un mundo completamente diferente al suyo, lleno de verdades y secretos que se escondían muy por debajo del agua, y él mismo también se vio sumergido en esas mismas aguas por completo, y todo por él. No era un secreto que para su suegro sus orígenes eran algo inaceptable, por no decir "vergonzosos" de admitir en voz alta, por lo que cuando Fye pasó a ser esposo de Kurogane, Fudo prácticamente le "dio" una vida; le dio una buena cuna, incluso le dio unos padres y una educación en internados y colegios de alto prestigio en lugares que el rubio ni siquiera conocía, hasta sus gustos, sueños e ideologías se vieron desplazadas a un plano inexistente; de modo que el Fye que los conocidos de la familia Tatsuya conocían no era él, sino el modelo de esposo que su suegro le había fabricado a su hijo…. y Fye se lo había permitido, siendo esa persona cuando requería serlo, callando sus propias opiniones cuando estás no coincidían con las de aquellas personas, callando sus propias pasiones que no eran consideradas "apropiadas"… y lo había hecho todo por Kurogane…. porque lo ama de una manera tan entera, tan grande, tan devota que lo convierte en un acto completamente estúpido, y a él en un idiota, supone.
Los primeros tragos le son difíciles, la falta de costumbre seguramente, pero al poco les toma gusto, y de pronto se encuentra tomando desinhibidamente, importándole un carajo la imagen que se supondría tenía que cuidar, sintiendo con placer como su legua se liberaba y sus ideas de igual manera, hablando y opinando sin preocuparse de molestar a nadie o de hacer evidente que no tenía la "educación" que supuestamente tenía y que además no le hacía falta, sus conocimientos generales eran muy buenos, aprendidos en escuelas gratuitas y en base a sus becas y su propio trabajo, sin contar con la calidez y valores que encontró en los pasillos.
La libertad estaba gustándole demasiado, siendo seducido por ella se dejó llevar sin saber en qué momento fue que cruzo el límite, excediéndose y perdiendo el tren de volver a atrás.
Estaba en casa de su suegro, en la celebración del cumpleaños de éste, además de que estaba completamente ebrio de sentimientos y de alcohol… era la justa promesa del desastre total.
