Aquí viene el último capítulo, que he escrito con mucho cariño. Esta historia es de las más complicadas que he escrito y hasta me da pena terminarla, pero todas las cosas buenas llegan a su fin. Gracias por estar ahí dejando reviews, siguiéndome o simplemente leyendo lo que escribo.

La batalla se había terminado y el ejército retenía a los mafiosos, llevándolos a la cárcel del reino de Arabasta. Capone Bege también fue encarcelado en una celda como criminal peligroso. Los mugiwara volvieron a Albarna y se acomodaron en el castillo. Habían pasado un día lleno de emociones, y todos necesitaban descansar, pensar un poco en todo lo sucedido y en el futuro que les esperaba. Chopper examinó a Sanji, y lo llevó al hospital de la ciudad, necesitaba cuidados intensivos. Jamás recuperaría su pierna derecha. La princesa lo acompañó. Sabía que Sanji necesitaba su valor, aunque no fuera consciente. Y, a pesar de que ella sufría al verlo en coma, no se separó de el en ningún momento. Dejó de lado el palacio y todos sus deberes como regente. En su lugar, Pell ocupó el puesto de mandatario, firmando papeles y tomando decisiones importantes. Mientras la princesa estuvo en el hospital recibió diferentes visitas. Los mugiwaras, uno a uno, fueron a visitar a su nakama y ver su estado. Cuando Robin entró, la princesa le sonrió. La joven morena se sentó a su lado.

- Siento lo que le hicimos a tu país hace años – dijo la arqueóloga.

- Luffy me contó tu parte. Fue muy valiente enfrentarte a Crocodile y no contarle el verdadero secreto de Plutón. No te guardo rencor. De hecho, me has ayudado mucho en estos días. Gracias.

Las dos mujeres se dieron un abrazo. Casi parecía que querían ser amigas.

También Chaka hizo un descanso en su trabajo y fue a visitar, junto con Carou, a la princesa y a Sanji. Estaba preocupado por el futuro de su país, pero no dijo nada a la princesa. Ella ya tenía suficiente con todo lo que le había pasado.

Pasaron dos semanas antes de que Sanji abriera los ojos. Lo primero que vio fue una luz blanca y parpadeante. Se incorporó tras unos segundos de duda. Observó su alrededor: una sencilla habitación con apenas un par de muebles, un pequeño cuarto de baño, un par de sillas, una mesa a su lado y... ella. La muchacha del pelo azul, la princesa, estaba sentada a su lado, dormida. Sonrió al ver su belleza. Con el pelo recogido en una coleta, ojeras de varios días y una manta tapando todo su cuerpo le pareció la mujer más bella del mundo. No la quiso despertar, se dedicó a contemplarla y sonreír. Quiso ir a por un pitillo, pero en cuanto trató de levantarse de la cama, se dio cuenta de que algo no funcionaba. Su pie derecho no respondía. Miró hacia allí y tan solo vio un espacio vacío de rodilla para abajo. Por un momento su mente no consiguió comprender a que se debía ese cambio. Sin embargo recordó la katana sobrepasando la unión de sus huesos, en la rodilla. Recordó a Vivi plantada en el suelo, confensándole su amor. Un par de lágrimas asomaron en sus ojos. Vivi se despertó en aquel momento. Observó al cocinero, en aquella terrible situación. Darse cuenta de que has perdido una pierna no debe ser fácil. Se acercó a el y retiró sus lágrimas con el dorso de su mano. Entonces el la abrazó. Permanecieron mucho tiempo en silencio. Porque a veces las palabras no son necesarias. Muchas veces un abrazo es la mayor muestra de apoyo que nadie te puede dar.

Varias semanas más tarde Vivi, con su precioso vestido de novia ya arreglado, caminaba hacia el altar. Esta vez no hubo iglesia, se celebró en el palacio, cerca del estanque. Apenas hubo invitados, únicamente la banda de sombrero de paja, la guardia de palacio, los empleados, un par de amigos, el escuadrón de aves de monta y Chaka y Pell. Sanji llegó al altar vestido de esmoquin, con una corbata negra y con un solo zapato. Chopper y el habían decidido que lo mejor sería ponerle una pierna ortopédica, de madera, al igual que la que tenía Zeff. Realmente, estaba nervioso. Esperó de pie a que Vivi apareciera, no tardó mucho. La marcha nupcial, a cargo de Brook, acompañó a la princesa mientras caminaba de la mano de Luffy. Sonrojada y sonriente miraba como, a su alrededor, sus amigos le sonreían. Nami le guiñó un ojo mientras Franky, a su lado, lloraba emocionado de felicidad. Luffy dejó a la muchacha en el altar, sentándose al lado de Nami. La pareja se miró y se sonrieron, ambos estaban un poco nerviosos.

Un hombre de apariencia sencilla presidió la boda. No era cura, tan solo un joven muchacho que se había ofrecido a leer un par de pasajes de las leyes de Arabasta que unían a la pareja en matrimonio.

- Vivi – dijo Sanji en sus votos nupciales – prometo que te amaré siempre, solo a ti, que siempre te protegeré. Estaré a tu lado cuando lo necesites, y te llevaré hasta el último confín del mundo. Hoy lo dejo todo para convertirme en tu marido. Para siempre.

- Sanji – respondió ella – Te prometo que siempre que me necesites estaré ahí. Que te apoyaré y te protegeré el resto de nuestra vida. Que te besaré cada noche antes de dormir. Que seré, no solo tu esposa, también tu amiga, tu confidente, la persona con quien compartas el resto de tu vida. Hoy lo dejo todo y para ser tu esposa.

Carou llegó con un par de anillos en un cojín que llevó grácilmente en su pico. Sanji y Vivi se pusieron sus anillos y sellaron el pacto con un beso. Cogidos de la mano volvieron al castillo, donde estaba preparada toda la fiesta. Los pocos invitados se sentaron a comer y disfrutaron de la comida, preparada por Sanji y un equipo de chefs de Arabasta. Antes de comer, y haciendo alarde de un gran protocolo, Luffy pronunció su discurso como padrino.

- Un día que estaba muerto de hambre encontré un restaurante en medio del mar. Allí, después de comer, conocí a un hombre que tenía un sueño. Un sueño que muchos considerarían estúpido. 10 años después los dos lo hemos cumplido. Otro día una mujer con el pelo azul acompañada de un tío raro pelirrojo nos atacaron. Pertenecían a la Baroque Works, pero ella era en realidad la princesa de un reino que estaba en peligro. Como iba yo a pensar que esas dos personas estaban hechas la una para la otra. He aprendido algo muy valioso siendo Rey de los Piratas. Y es que uno tiene que estar con la gente que lo quiere. Y no se me ocurre un mejor lugar para vosotros que estar juntos. Porque cuando os miro veo que sois felices, que os queréis. Y me hacéis desear encontrar algo así. ¡Bueno, todos a comer!

Tras la comida llegó la tarta, de tres pisos, fruta, nata y chocolate; y así comenzó la fiesta. Vivi se subió al escenario y tiró el ramo de nomeolvides, aquellas pequeñas flores azules que Sanji había querido regalarle. A pesar de la gran pelea que hubo por tratar de cogerlo cayó por casualidad en manos de un Usopp totalmente colorado. La música comenzó a sonar y el alcohol rápidamente hizo que se desinhibieran los sentidos.

Nami llevaba varios días evitando a Luffy. Desde el beso en el desierto se sentía insegura. Luffy la trataba con normalidad, como si solo siguiesen siendo amigos. Para su capitán aquello solo era un juego estúpido, como todo lo que hacía en la vida. No podía tomarse nada en serio, y así es como se sentía Nami. Sino le hubiera besado todo seguiría como antes, pero ahora ella necesitaba algo más que amistad. Sintió que el calor de su cuerpo subía a medida que bebía su refresco. Nami no se había dado cuenta de que unas manos fleur, salidas de la nada, habían adulterado su bebida con alcohol. En ese momento Nami, que estaba ya algo sofocada, se terminó su bebida, dejó en vaso en la mesa y se acercó a su capitán, con intención de gritarle con furia y enfado todo aquello que pensaba. Le daba igual su reacción, necesitaba dejarle las cosas claras, arrojarle un par de verdades. Luffy estaba en la pista de baile charlando con Sanji y Vivi. Cuando la pelirroja llegó la pareja vio su humor reflejado en su cara y decidieron alejarse.

- !Ei, Nami! ¿Te ha gustado mi discurso? A ellos les ha encantado.

- ¿A ti qué te pasa? - preguntó la pelirroja – Llevamos días sin hablar porque te he estado evitando y... ¿Me preguntas por el discurso?

De fondo comenzó a sonar una melodía lenta y romántica. Brook era el intérprete.

- Eh, vamos a bailar, Nami – dijo el capitán ofreciéndole su mano.

- ¿Pero que dices chalado? ¡Cómo se te ocurre pensar ahora mismo en bailar! - dijo ella. Sin embargo cogió su mano.

Comenzaron a dar vueltas rápidamente alrededor de un punto imaginario en el asfalto, llevados por Luffy, lo cual mareó a la muchacha.

- ¡Creo que le estoy cogiendo el tranquillo a esto de bailar! -dijo el moreno.

- Para, por favor, para...- gritó Nami antes de caer al suelo.

Sintió que iba a vomitar entre tantas vueltas, pero fue capaz de parar a tiempo. Luffy dejó el baile de inmediato y se agachó a cogerla en brazos. En ese momento fue cuando Nami se dio cuenta de que no era solo un juego. Su capitán se preocupaba por ella, por su bienestar. Lo vio en sus ojos, su mirada preocupada. El la cuidaba. Ella se levantó y esta vez sonrió. Su furia se había disipado en el momento en el que Luffy se agachó preocupado a ayudarla. Y una vez mas, dejando al capitán sin palabras, le plantó un beso en la boca mientras comenzaban a bailar al ritmo de aquella balada.

Desde lejos, Robin y Zoro observaban la escena con una sonrisa.

- Parece que al final ha funcionado mi plan – dijo la morena

- Nunca dije que no fuera a hacerlo.

- Acompáñame – dijo Robin, mientras le guiñaba un ojo y tiraba de el con su mano. Ambos desaparecieron entre el gentío, con sonrisas cómplices.

Sanji y Vivi están sentados cerca del estanque. De nuevo sus miradas se cruzaron y ella se sonrojó.

- Deberías acostumbrarte a esto, Vivi – dijo Sanji mientras le agarraba la mano – Ahora estamos casados.

- Lo sé, pero ha sido todo tan repentino... Aún no me lo puedo creer.

- ¿A dónde ha ido Khoza?

- Ha abandonado el país – respondió ella – Se sentía muy culpable por todo lo que había pasado. Se dio cuenta de sus errores, pero ahora necesita recapacitar.

- ¿Y a dónde irá?

- No lo sé. Pero volverá. Ama demasiado este lugar.

- ¿Y tu? - preguntó Sanji – Me quedaré aquí si es lo que deseas, Vivi-chan.

- Deberías dejar de llamarme así, ahora estamos casados. - dijo riéndose. Después se puso seria - He tomado una decisión, y no pienso volverme atrás. Siempre he sido muy insegura, pero si hay algo que tengo claro es que te amo. Así que no me quedaré aquí. No sería bueno para mi, pero tampoco para ellos – dijo refiriéndose al pueblo.

- Entonces, ¿Vendrás con nosotros?

Vivi respondió con un beso. Su estúpido cocinero, que tantas veces le había dejado claro que la amaba. Sus ojos vivaces se encontraron en medio del beso y Sanji tuvo que suspirar al ver como aparecía una dulce sonrisa en la cara de la princesa. Jamás había sido tan feliz. La cogió entre sus brazos y la abrazó, acariciándole el pelo. Su tacto suave y su olor a vainilla eran adictivos, al igual que sus besos. Le recordaron a su infancia. Entonces se levantó, con ella en brazos, y la llevó hasta el palacio. A pesar de que le costaba un poco caminar, no se dio por vencido. Tenía que acostumbrarse a vivir así. Mientras, detrás de ellos, la noche iba llegando, dejando atrás los colores anaranjados del atardecer.

- ¿No es un poco anticuado? - preguntó Vivi mientras entraban en la habitación.

- Me gusta más decir que es clásico – respondió el.

Juntos se acomodaron en la cama y se sirvieron una copa de vino. Tras brindar comenzaron con caricias y besos. Estaban muy nerviosos, porque jamás habían tocado así el cuerpo de otra persona, pero eso hizo que la noche fuera mucho más especial.

Eran las 5 de la mañana y Brook volvía a su habitación. A pesar de que no tenía sueño, el nunca lo tenía, todo el mundo se había marchado ya, y a el solo le quedaba esperar al día siguiente. Abrió la puerta de la habitación, esperando estar solo. Se sentó y entonces fue cuando observó en la cama contigua un cuerpo. Pensaba que Sanji dormiría con Vivi, al ser su noche de bodas. No, no puede ser Sanji, pensó. Entonces escuchó unos ronquidos que ya conocía de antes. A su lado estaba durmiendo Zoro. Pero había alguien mas. En el suelo, la ropa de la arqueóloga, desperdigada, acompañaba las katanas de su amigo.

El esqueleto se rió en voz baja y se marchó de la habitación, dejándoles privacidad. Sin embargo volvió a los pocos segundos. Brook solo podía hacer una cosa más en esa situación. Se agachó y recogió del suelo las braguitas de Robin. Se volvió a marchar y trató de dormir en algún sofá.

Eran las 10 de la mañana y Vivi ya tenía hecha la maleta. En su habitación, junto a Sanji, repasaba mentalmente todo lo que va a decir en la última comparecencia ante su país. Desde ese día, dejaría de ser la princesa de un reino, y pasaría a ser una pirata perseguida por la ley. No tenía miedo, pero si sentía esos nervios, los nervios de cuando dejas el nido, abandonas la casa y vas a conocer mundo. Así que se dirigió al balcón del palacio, desde donde sería televisada su aparición. A su lado caminaban Sanji y Pell, las dos personas más importantes en su vida. Cada una pertenecía a un mundo diferente, cada uno representaba algo diferente para ella. Ambos la miraron y dejaron que saliera sola al balcón. Era hora de enfrentarse a su destino. Cuando salió observó una enorme plaza llena de gente. Cientos y miles de personas se habían acercado a escucharla hablar sobre la situación de la nación, y ella no les podía fallar.

-Queridos ciudadanos de Arabasta – dijo Vivi acercándose a un micrófono. - Yo... - en ese momento la princesa se dio cuenta de que todo lo que había aprendido de memoria, todas esas frases, se habían esfumado de su mente. No recordaba ni la primera frase. Se había quedado in albis. ¿Qué podía hacer? Hablar con el corazón.

- Queridos ciudadanos de Arabasta. Siento mucho la situación de incertidumbre que habéis vivido estas últimas semanas. Una persona de mi situación jamás debe anteponer sus intereses y situaciones personales a los deberes de la nación. He venido aquí para comunicaros que no seré vuestra reina. - la sorpresa surgió entre la gente que la estaba observando – Un país es como una familia. Es muy fácil dirigir cuando manda únicamente una persona, pero también es verdad que esa persona se puede equivocar. Sin embargo, si toda la familia colabora pueden hacer muchas más cosas. Hay más puntos de vista, se pueden llegar a acuerdos y todos somos mucho más felices. Durante muchos siglos yo y mi familia hemos vivido en este enorme palacio, pagado por vuestros impuestos, mientras veíamos a gente muriendo de hambre. Hemos permitido que haya guerras entre hermanos, la muerte de muchos de vosotros, mientras nosotros disfrutábamos de toda clase de lujos aquí. Por eso creo que estoy siendo justa con cuando os digo que me voy. Porque creo que, si todos podemos opinar, llegaremos más lejos. La felicidad de un pueblo surge cuando ellos mismos tienen el poder, y quiero daros la oportunidad de escoger quien queréis que mande, y de cambiarlo si estáis en desacuerdo. Así que aquí, ahora mismo, proclamo unas elecciones democráticas, donde podrá presentarse quien lo desee. Dejo al cargo a mi fiel amigo Pell mientras no haya un Gobierno elegido democráticamente, y sé que el velará por la creación de una Constitución que salvaguarde vuestros derechos. Apoyo, firmemente, su candidatura, pero sois libres de votar a quien deseéis. También quiero anunciaros que el Rey de los Piratas, Monkey D. Luffy, la persona que me acogerá en su barco de ahora en adelante, ha decidido poner bajo su protección este país. Esto ayudará a luchar contra los bandidos y la piratería, como otros grandes piratas lo han hecho. Yo, de ahora en adelante, abandono este país, abandono mi cargo como regente y todas las comodidades y responsabilidades que ello conlleva. Sin embargo, jamás olvidaré, allá donde vaya, que este es el lugar donde nací, que me vio crecer, por el que luché. Jamás olvidaré a sus gentes, sus paraísos terrenales y la sensación de ver llover tras años de sequías. Espero que vosotros tampoco me olvidéis. De ahora en adelante vosotros sois libres.

- Y yo también – dijo en voz baja para si misma.

La muchacha con el pelo azul se dio la vuelta con lágrimas en los ojos, la voz quebrada y temblando. Aquel discurso era el último de su vida en Arabasta como princesa. Cuando entró a palacio, Pell, Sanji y Luffy la esperaban para despedirla.

Fue incluso más difícil despedirse de sus seres queridos. Toda la corte esperó a Vivi en la entrada para despedirla. Eran amigos cercanos, personas con las que había crecido, gente que la conocían tan bien como su padre. Chaka y Pell la acompañaron hasta el barco.

- Al final he seguido a mi corazón – les dijo – pero una pequeña parte se queda aquí con vosotros.

- Vete, y sé feliz – le dijo Chaka.

- Vivi, dejas el país en buenas manos. Tu ahora sé libre, y esperamos volver a verte algún día – continuó Pell.

La princesa se montó en el barco y este zarpó. Sin embargo faltaba alguien muy importante. Carou, que siempre había estado a su lado, no había asistido a la despedida. Cuando casi habían perdido de vista la ciudad, el pato apareció corriendo. Comenzó a chillar y a armar barullo. Quería ir con ellos. Pell se transformó en águila y lo llevó hasta el barco, donde Vivi estaba esperándole. Una vez allí Vivi entendió que a donde fuera ella, el siempre iría. Pell abrazó a la princesa y se despidió de ella de nuevo. Sus ojos estaban llorosos, pero trató de que no se le notara. Vivi sin embargo, no pudo evitar llorar al ver como la persona que más se sacrificó por su país, ahora tenía el cargo que se merecía. Desde el barco dijo adiós a Arabasta, adiós a su vida como princesa. Entonces Sanji la agarró por la cintura y la besó. ¿A donde iban? No le importaba, ella era feliz sabiendo que sus nakamas estarían allí.