El próximo capitulo es el último. Lo se, lo se yo también sufro, me gusta este fic. Yowapeda tiene tan poco fandom y tanto potencial pero esto no se acaba aquí señores [el fic si] otros fics de Yowapeda vendrán bajo el sello emblemático y celestial de Yisus así que disfruten el penúltimo capitulo! Que tiene ...una sorpresa muy +18


Tras volver a casa cada quien tuvo una sensación diferente y para Onoda fue la de sentirse exhausto y levemente desolado. Miró su hogar oscuro, encendió las luces y todo estaba igual a como lo había dejado. Lanzó su mochila al sillón y se quitó la camisa para empezar el ritual de tomar una ducha. No había recibido más mensaje de Midousuji y ni siquiera se había sentido capaz de contestar ese. Tenía miedo, lo veía disperso y distante, extraño. No es que Midousuji fuera muy 'normal' pero ahora parecía irritado o triste.

Secó sus cabellos después de la ducha y miró el teléfono, debía avisarle que volvió y que todo estaba bien pero tuvo aún más pánico, ese miedo de verlo, pero era hora de enfrentar la realidad. Envió un mensaje anunciando su retorno y se tiró contra la cama mirando el móvil, entrecerrando los ojos y apretando los labios para poco a poco caer en un profundo sueño.

Al despertar un aroma dulzón le invadió las fosas nasales, sus parpados se negaban a ceder por la luz del día y su cuerpo se sentía pesado. Viajar era agotador y ahora apenas recuperaba sus energías. Lo primero que vio a su costado era el móvil con una luz parpadeante indicando un mensaje y supo de quien seria sin necesidad de abrirlo. Estiró la mano para alcanzarlo pero cuando sus dedos lo rozaron otra mano tomó el teléfono, unos dedos largos y conocidos. El corazón de Onoda se detuvo y giró lentamente para ver a Midousuji por encima de él.

—Akira…—dijo en un tono suave y armonioso. El chico por encima de él, ojeroso y con esa expresión seria que le derretía, le miró fijo con sus ojos profundos mientras quitaba el teléfono para ponerlo en la mesita de al lado. —…me quedé dormido.

—Me doy cuenta, ni siquiera contestaste mi mensaje —tal vez le decía algo importante en ese y él solo se había dormido, ahora se sentía peor.

—Lo lamento…—susurró triste y el otro aun por encima lo miraba algo tenso.

—Descuida, te he preparado el desayuno…—cuando iba a separarse el más bajito lo detuvo. Midousuji se mantuvo ahí y después sostuvo su mirada.

—Tenías algo que decirme…—cerró los ojos apretando las ropas de Midousuji con miedo a sus palabras —…y ….y últimamente te veo extraño…

—Estoy un poco cansado, Sakamichi…—Onoda abrió los ojos sorprendido y miró a otro punto conteniendo su temor — estoy siendo más opacado por los problemas de tus amigos y has dejado de mirar hacia mi…

—Si…lo siento, no pensé que….—fue interrumpido.

—Tú eres muy feliz con ellos pero yo solo soy feliz contigo aunque eso suene asqueroso y raro y algunas veces molesto…—explicaba Midousuji con su típico tono de voz y Onoda lo miró con confusión — No sé qué lugar ocupo en tu vida pero se el lugar que quiero ocupar ….

—Akira…yo…—el más alto pegó su frente a la del otro mirándole como un reto, cualquiera pudo haber temido pero esa forma de expresarse de Midousuji, esa mirada tan firme era la que usaba cuando se enfrentaba a algo importante para él.

—No quiero compartirte con el mundo es molesto hacerlo —Onoda estuvo a punto de sonreir enternecido por la manera de expresarse del otro tan sincera y peculiar.

—No lo haces…yo estoy contigo y eso nada lo cambia— puso sus manos en las mejillas del otro y este intentaba decir cosas que no salían.

—Pero no hablo de ahora hablo de para siempre… —el más bajo entrecerró los ojos llenos de lágrimas ante la extraña proposición — ¿No quieres? —Onoda asintió cerrando los ojos mientras un par de lágrimas de felicidad caían por sus mejillas —Estás llorando.

—Estoy feliz … estoy feliz de que digas esas cosas —se limpió las lágrimas y rodeó a Midousuji con los brazos aferrándose a él — yo no puedo dejar de tener a mis amigos pero tampoco quiero dejar de tenerte a ti… ¿No te importa que así sea?

—Bien…—dijo entre dientes pero no estaba tan mal, ese era el Onoda que conoció y con el que quería estar para siempre y que este aceptara esa parte caprichosa y egoísta que tenía también estaba bien.

Se separaron un poco mirándose, ¿Cómo no querer monopolizar a alguien como Onoda? Tan él, con sus ojos expresivos y sus mohines tan tiernos que antes pudo categorizar como débil pero que, ante esa voluntad de soportarlo y soportar amigos como los que tenía, demostraba ser una persona fuerte.

Su piel tan suave, ahora acariciándole la mejilla sabía que, entre todas, era la cosa más perfecta que había palpado. Y es que Midousuji no era de esas personas que comúnmente tuvieran un sentido de apreciación hacia esos detalles pero cuando se perdía en Onoda se perdía a sí mismo en esas sensaciones. Algunos suaves besos que ascendieron hacia sus labios cálidos, casi pidiendo permiso y el otro concediéndoselo.

Onoda bajó sus manos, se aferró a la camisa del otro por los costados mientras una de las manos de Midousuji le levantaba el pequeño flequillo negro. Su mano descendió mientras seguía besándole con suavidad, apacible y sus caricias llegaron a su pecho rozando a lentitud hasta la orilla de su camisa en donde se coló. Onoda lanzó un respingo y no negó el acceso de aquella mano encima de su piel. Subió de nueva cuenta eta vez tocando la calidez del más bajito hasta colocarse encima de su pecho, tallar un par de veces un botón rosado haciéndolo retorcerse levemente, tenía muchas debilidades, era muy sensible y las enormes manos de Midousuji sabían exactamente donde tocar.

Un gemido suave mientras que la camisa de Onoda era despegada de su piel hasta salir por su cabeza, los besos e su mejilla, en el cuello, en el hombro que solo le daba como opción sonrojarse, cubrirse los labios y terminar por aceptar los sonidos que de su garganta salían. Suave y certero, Midousuji era todo un conocedor del cuerpo de Onoda pues a prueba y error después de varias vergüenzas lograron superar los complejos y aceptar que sus cuerpos al igual que sus corazones se necesitaban.

La camisa de Midousuji cedió, arrancada por él mismo mostrando su delgado cuerpo, tan inmenso pero a la vez tan esbelto, bueno a la vista. El más bajo sentía algo de pena al verlo fijo y no poder quitar la vista de él, era impropio pero algo había en cada gramo de Midosuji que le llamaba, que le gustaba. La lengua del otro, no ese tipo de lengua que usaba para burlarse de sus enemigos si no una más deseosa, se paseó por uno de los pezones de Onoda haciéndole alzar levemente la voz.

—Ah…—se quejó aferrándose a sus hombros desnudos y después buscó tranquilizarse, dejarse hacer. Mientras los dedos largos del otro le acariciaban las costillas, los costados, la cintura hasta que una traviesa ascendió y toco por encima de la tela. Así eran las cosas, Midousuji siempre era el primero en atacar.

Onoda movió un poco las piernas y permitió el masaje seductor por encima de la ropa, la calidez de los labios del otro recorrer su pecho, esa forma en que Midousuji lo hacía perder la cordura. Los labios del otro ascendieron buscando los ajenos, besándole con parsimonia en un ritmo suave y delicado porque así se debía tratar a su pareja, así había aprendido a hacer las cosas cuando se trataba de él.

En medio del beso Midousuji empezó a desprender su pantalón de pants, los tenis batallando con sus propios pies, las calcetas haciendo una danza graciosa. Poco a poco sus piernas se descubrieron, tan largas y delgadas. Se miraron a los ojos, Onoda contra el colchón respirando suave y con una pequeña sonrisa ¿Cuántas veces se habían encontrado en esa situación? No lo sabía pero no se cansaba de que así fuera.

El más bajo dudoso buscó la forma de desprender su pantalón sintiéndose cohibido, había muchos actos como ese que no eran propios del chico pero que podía ejecutar con una pizca de valor. Esta cedió, ambos en igualdad de condiciones y de sentimientos. Los besos encima de la clavícula, en los costados, cerca de las costillas, por el ombligo haciéndole estremecer, sentirse menos niño ante esa excitación, más adulto ante el deseo, más enamorado al saber que solo quería hacerlo con él.

El bóxer de Onoda cedió ante las manos de Midousuji paseando por sus caderas hasta liberar su erección levemente goteante, avergonzado como siempre miró a otro punto mientras el más alto paseaba dos de sus largos dedos en el altivo falo. Lo jalaba un poco, otro poco más arrancándole respingos, susurros incomprensibles.

Midousuji separó los dedos de la zona y los humedeció con su propia boca para después pasearlos por aquellas suaves zonas y bajar más para rozar su entrada. Onoda se movió un poco dispuesto a aceptar los largos dedos del otro que fueron entrando lento a su cálida cavidad. Tan amable y tranquilo, Onoda se sentía agradecido de que fuera paciente pues aun cuando había ocurrido en otras ocasiones para el en ocasiones era doloroso por las dimensiones del otro, aunque era vergonzoso admitirlo pero a Midousuji no le faltaba nada en todo caso le sobraría pero sabía sacar provecho de aquello arrancándole gemidos altos a Onoda.

Cuando aquellos quejidos sonaban más como gemidos placenteros sacó los dedos de su interior y se desprendió del bóxer. El teléfono sonó con un mensaje, tal vez eran sus amigos, después les contestaría ahora quería enfocarse en su pareja. Sus piernas flexionadas, preparado para lo siguiente. Una leve punzada después sentir como resbalaba en sus adentros hasta donde no pudo avanzar. Salió de su interior y entró nuevamente más profundo, cada vez más adentro, cada vez más placentero.

Lento pero arrancándole suspiros a ambos, sintiéndose mutuamente, unidos de esa y muchas formas. Midousuji empezó a aumentar las embestidas mientras la cama chillaba un poco y los gemidos de su pareja subían de tono más y más. Onoda se aferró a los brazos de Midousuji hasta que sintió que entraba en su totalidad pegando constantemente en ese punto sensible que el otro había descubierto tiempo atrás, ese punto en el que no pensaba en nada más.

Sus dedos levemente clavados, los de Midousuji aferrados a la cobija mientras inclinaba su cuerpo hacia al frente y seguía moviéndose veloz contra él. Un beso, sus frentes pegadas y las piernas de Onoda rodeándole para que no se separase, pidiendo más a pesar de ser bochornoso que expresiones tan inadecuadas salieran de sus labios pero lo necesitaba, necesitaba más de Midousuji, tal vez siempre lo necesitaría o más bien estaba seguro que así seria.

Su cuerpo tuvo un espasmo y después una oleada de placer, intentó detenerlo por impulso pero el otro no cedió cuando supo que terminaría y siguió entrando más fuerte. Onoda apretó los labios y después un leve grito con lo cual liberó ese líquido blanco al mismo tiempo que Midousuji quien terminó en su interior. La respiración agitada, el cuerpo del otro temblando y buscando abrazarlo mientras aquella sustancia corría hasta salir de aquella zona entre sus piernas.

—Akira…—susurró aun tembloroso, sensible. El otro lo acunó entre sus brazos comprensible de su estado, de su sensibilidad y cansancio. Onoda se pegó al pecho desnudo del otro sintiéndose aún más cansado que al despertar pero también más completo, más feliz. Escuchó un susurro, tal vez fue su sueño o tal vez era real pero estaba seguro de haber escuchado a Midousuji decirle que lo amaba justo en el oído como un susurro, una confesión que les había parecido de más decir antes porque ambos en silencio lo sabían pero que justo en ese instante le hizo feliz escuchar.

Abrió los ojos al cabo de un rato de descansar con una cobija cubriéndole de la cintura para abajo. Se talló los ojos y levantó la tela para ver que estaba todo limpio, seguro Midousuji había arreglado todo, a veces así hacía. Miró a su lado y entendió el olor dulce de hace unas horas, ahí reposaban unos hotcakes y un vaso de leche. Onoda sonrió enternecido y se acercó para tomar el plato pero se detuvo, había algo más.

Con la mano levemente temblorosa lo tomó y miró fijo para después aferrarlo a su pecho, mirarlo nuevamente y abrir la cajita. Ahí reposaba un anillo en color plata, muy liso y nada lujoso, algo muy al estilo de Onoda. A lado reposaba una nota escrita por Midousuji.

"Estuve ocupado estos días buscando esto para ti, espero que te guste aunque es probable que no lo uses por que no te gustan los anillos pero con que entiendas que significa está bien. Nos veremos más tarde.

Akira.

Pd. A si, cásate conmigo este año".

Onoda lanzó una risa divertido por la peculiaridad y forma de pedirlo y tomó el anillo entre sus dedos para después colocárselo. Se tiró de espalda contra la cama viéndolo por largo rato con las mejillas rojas de felicidad. Tomó el móvil y vio el mensaje de Imaizumi preguntándole si todo estaba bien y si sabía de Naruko. Contestó diciéndole que no y después de bloquear el móvil lo desbloqueo, tomó una foto del anillo y se lo envió a sus dos amigos. No pasaron ni dos segundos cuando Naruko le llamó.

—¿En serio? No puedo creer que pasara, pero ese Midousuji me las va a pagar, felicidades por cierto —decía hablando muy rápido el pelirrojo.

—Gracias Naruko-kun…—contestaba entre risas — por cierto Imaizumi-kun me preguntó por ti ¿Todo bien? —Naruko guardó un poco de silencio y suspiró.

—Onoda…—dijo serio en el teléfono — no sé qué hacer y lamento no habértelo dicho antes pero yo… creo que tal vez y es probable —empezó a decir tímido y dudoso, así era Naruko cuando tenía que abrir su corazón — que me guste Imaizumi.

Onoda sonrió al otro lado de la línea contento de que al fin su amigo admitía sus sentimientos por aquel chico, era un gran avance, uno que tardó cinco años en dar.