Hola a todos!!! Feliz Año nuevo!!!
Espero que hayais pasado unas excelentes fiestas y que ya estéis con las pilas cargadas de nuevo para empezar el año nuevo con muchas energías y hacer todo lo que queráis hacer para que vuestros sueños y deseos se cumplan.
Un saludo especial a todos aquellos que me dejasteis reviews el pasado capítulo que sois: Yo, Duciell, Monse Rivera, Sami-Maraurder girl, Klass2008, viki, oromalfoy, marata1507, Chica Malfoy, Floh Black, margara, Kmiriel, dayis, Lutica, Dannia, Pipa-Radcliffe, Lira Garbo, Manuel, lizbeth, D.R.A.G.O.N. RRQ, Alevivancov, SandritaGranger, beautifly92, Pixie tinkerbell, Jessy Weasley, Shira, bechy y sarah-keyko, ivtacroa osnaleq, Sailor Alluminem Siren, carolagd, camila, lariana, Dani, Tere Black, ams14, sheyla, yuli moore, Mya Drame, Policp Malfoy, lucre, Lisky, Lore.it92, Xgirl1, KARI, yuri, ana, pekelittrell, shiro-chan, Terry Moon, Keiklenn, Sally B.
Espero que este capítulo os guste.
Un besito, nos vemos abajo!!!
Capítulo 7. ¿Eres nuestra hija?
-¡¿Por qué no me lo dijiste, Potter?!
Se quedó estático cuando escuchó una maldición ahogaba bajo las mantas en las que, definitivamente, no había solo una persona, no al menos por el bulto que había y no definitivamente por la cabellera castaña que se veía por un lado de la cama junto a un brazo de piel nívea y pecosa.
-¡Malfoy! –gruñó Harry levantando la cabeza con el cabello más desordenado de lo normal y mirándolo con fiereza-. ¿Quieres darte la vuelta, por el amor de Morgana?
Una risa ahogada hizo que Draco se recuperara.
-¿Danah? –preguntó entrecerrando los ojos para luego darse cuenta de lo que estaba pasando y girarse rápidamente-. ¡Por todos los magos! –exclamó -¿Se puede saber qué diablos está pasando aquí?
Escuchó una leve risita por parte de la chica y el ruido de sábanas y ropa cambiando de lugar y deslizándose por cuerpos.
-Creía que el capítulo de las abejitas y las flores ya te lo sabías, Draco –aventuró a decir la chica.
-¡No me tientes, Danah! –exclamó él.
-Puedes girarte, Draco –aseguró Harry.
-Buenas noches Draco –le saludó Dan con la mano y una sonrisa divertida en el rostro-. No sabía que ibas a venir.
-No, definitivamente yo tampoco lo sabía… y si lo hubiera sabido no hubiera venido –añadió el rubio.
-Podrías al menos disculparte por haber interrumpido, ¿no? –preguntó Harry con evidente frustración en la voz y en el rostro contraído.
Draco enarcó una ceja y observó divertido como el moreno se colocaba una bata holgada sobre el pijama, más que por el frío, para cubrir alguna parte de su anatomía que parecía no haberse dado cuenta de la interrupción.
-¿Y se puede saber qué… -empezó a preguntar el rubio moviendo su mano y señalando alternativamente a los dos chicos-… lo que sea que está pasando aquí… -una sonrisa maliciosa se formó en sus labios-. ¿Harrison lo sabe?
-¡Ni se te ocurra decírselo, Malfoy o te juro que sabrás cómo es que sobreviví siendo la pequeña de nueve hermanos! –amenazó la chica
-Eso significa que no lo sabe –bromeó Draco mirando como la castaña se ponía colorada por su reciente ataque de furia-. Tranquila Danah, no quiero morir joven por decírselo yo.
-¿Morir? Josh adora a Harry –protestó Danah. Harry sonrió divertido cuando Draco enarcó una ceja y se encogió de hombros dándole permiso para que se lo dijera.
-Y no lo dudo, castaña, pero si tu hermano descubre que lleváis haciendo… esto… -añadió con sorna haciendo que ella se sonrojase aún más si aquello era posible-, y que no le habéis dicho nada… ¿cómo crees que se lo tomará?
Danah no dijo nada y la risita nerviosa que escuchó de su…. ¿novio?... ¿amante?... ¿amigo?... no ayudó demasiado a que se tranquilizara.
-¿Y tú de qué te ríes?
-De que Draco está en lo cierto, preciosa –le dijo acercándose a ella y rodeándole la cintura con las manos desde detrás, mirando a Draco-. Si Josh se entera de que llevamos siete meses juntos…
-¡Siete meses! –exclamó el rubio indignado por no haberlo descubierto antes.
-… y no le hemos dicho nada, me matará –señaló.
-Bueno, dado que tú fuiste capaz de terminar con Voldemort, no creo que mi hermano te de mucho miedo, ¿no? –preguntó ella risueña.
Draco ahogó una risa enarcando una ceja al imaginarse a los ocho chicos con las varitas alzadas contra Harry mientras éste se debatía entre atacar a los hermanos de su ¿novia? ¿amate? ¿amiga?... lo que fuera… o dejarse atacar sin oponer resistencia y conociendo a Harry, estaba seguro de que haría lo segundo. Después de todo, Hermione siempre había dicho que…
Un rayo golpeó su cabeza. Hermione. Sarah. Hija.
-¡¿Por qué no me lo dijiste antes, idiota?! –bramó mirando al moreno.
Harry parpadeó un par de segundos antes de mirar a su novia.
-Bueno, no creímos que fuera relevante que supieras de nuestra relación, Malfoy –logró decir ella apretándose contra Harry.
Era cierto que había aprendido a conocer a Draco y que incluso podría jurar que se llevaba bien con él, después de todo, ambos tenían ese sentido del humor tan sarcástico que a veces el mundo no entendía, pero también era cierto que cuando se enfadaba, le daba miedo… era como si los ojos de Draco se volviesen fríos como el hielo, incapaz de sentir, pensar o hablar con coherencia, sin reflejar absolutamente nada de lo que pensaba en aquellos momentos, fruto, seguramente, del entrenamiento que había recibido durante su vida para entrar a engrosar las filas de Voldemort antes de que decidiera abrir los ojos por Hermione.
-¡No hablo de eso! –gritó el chico.
-¿Entonces?
-Quiero saber por qué no me dijiste que Sarah es…
-Creo que será mejor que te vayas, cielo –dijo Harry mirando con seriedad a Draco indicándole que se callara ya que le pelirroja no sabía nada de todo aquello.
Danah miró a ambos chicos y estaba a punto de protestar y de alegar que no pensaba dejar a Harry solo con Draco cuando vio la seguridad en los ojos verdes de Harry, la seguridad además de la insistencia de que era lo mejor.
-Está bien… -concedió la chica finalmente-… te llamo mañana… -le susurró alzando la cabeza para alcanzar los labios de Harry.
El chico, dejó de mirar un momento a Draco para besar a su novia de forma breve y suave y susurrando un "te quiero" esperó pacientemente a que la chica desapareciese por la chimenea después de arrojar un puñado de polvos flú.
-¿Ella tampoco lo sabe? –preguntó el rubio cuando Danah hubo desaparecido.
-Sólo yo –dijo Harry y luego sonrió a medias-. Y tu padrino –añadió.
Los ojos de Draco se abrieron antes de estrecharse ante aquella declaración. ¿Severus lo sabía y no le había dicho nada? ¿Y por qué lo sabía Severus?
-A principio de curso –dijo Harry que parecía haberle leído el pensamiento.
-¿Cómo…
Harry sonrió y le indicó que se sentara.
-Verás…
(flashback)
-¿Puedo ayudarte en algo Severus? –preguntó Harry abriendo la puerta de su despacho-. No es normal que vengas a verme a estas horas –su voz sonó preocupada cuando habló de nuevo-. ¿Se trata de Draco? Estoy haciendo lo que puedo, pero ese hechizo que utilizó para la marca no sé cómo…
Severus le hizo un gesto para que se calmase.
-No se trata de Draco… bueno, sí, pero no de eso –Harry le miró-. Sarah es su hija, ¿cierto?
-¿Cómo…
-Vamos Potter, no hagas que me sienta estúpido. Conozco a una Malfoy cuando la veo y pese a no ser rubia, esa niña está gritando su apellido a voces.
Harry le miró tanteando el terreno.
-¿Se lo has dicho a Draco?
-No –su respuesta fue tajante-. Así que es verdad… Es su hija…
-Sí y Hermione no quiere que lo sepa.
-Creí que Draco sería mucho más inteligente que lo que ha demostrado ser –dijo el hombre rodando los ojos-. Debería de haberse dado cuenta del gran parecido entre Granger y él.
-¿En serio?
Snape le miró burlón.
-Draco era igual que ella a su edad… -añadió asintiendo-. ¿Por qué no se lo ha dicho Granger?
Harry se encogió de hombros.
-No lo sé –mintió.
Snape le miró entrecerrando los ojos, metiéndose en la mente de Harry casi sin ser consciente de ellos y jurándose que, en momentos como aquel en los que se topaba con una pared infranqueable en la cabeza del chico que lo repelía, era cuando se arrepentía de haber conseguido que fuera bueno en oclumancia.
-Y supongo que si lo supiera, no me contestaría, ¿cierto?
-Es asunto de ellos dos, Severus, tengo las manos atadas.
El director había suspirado.
-Supongo que tienes razón. Pero si llego a ver que Draco está sufriendo, yo mismo se lo diré, ¿entendido Potter?
-Yo haría lo mismo por mi ahijada, director –aseguró el chico.
-Está bien, buenas noches.
-Buenas noches, profesor Severus.
(fin flashback)
-¿Y por qué no me lo dijo?
-Porque eso es algo entre vosotros tres, y nadie, ni Severus ni siquiera yo tenemos derecho a meternos en ese asunto.
Draco masculló algo que el moreno no llegó a comprender y tampoco estaba seguro de quererlo comprender.
-Sarah te lo ha dicho, ¿verdad? –Draco asintió-. ¿Y qué le has contestado?
Los ojos de Draco le miraron y Harry entrecerró los suyos, casi pudiendo palpar la culpabilidad en los ojos del rubio.
-¿No le has dicho nada? –Draco no contestó y Harry no necesitó que lo hiciera-. ¡Por todos los magos, Draco! –exclamó-¡Te ha dicho que es tu hija y no le has dicho nada!
-¿Qué querías que le dijera? –se defendió el rubio.
-¡Cualquier cosa! –expresó el moreno- ¡Estaba aterrada por tener que decírtelo! –añadió. Draco le miró -¡No sabía cómo ibas a responder y has respondido precisamente como ella temía!
-No le he dicho nada –se defendió de nuevo Draco.
-Eso es más que suficiente para una niña asustada que acaba de decirle a su padre al que no ha visto en su vida que es su hija –le explicó Harry siseando, con la voz demasiado calmada, cosa que hacía que Draco supiera que no estaba para nada tranquilo-. Y no me digas que la has dejado sola en tu despacho –añadió de forma peligrosa.
Draco no contestó, pero el modo en que tragó saliva de forma dificultosa hizo que Harry le mirara como si estuviera pensando qué maldición iba a lanzarle por ser tan idiota y rematadamente estúpido.
-Tengo que irme –dijo el rubio rápidamente.
-¡Cómo no arregles esto, te juro que querrás estar junto a Voldemort antes de lo que se tarda en decir Quiddich! –le gritó cuando Draco ya estaba en el pasillo, consciente de que le había oído.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Hermione bebió de su taza de café caliente mientras miraba a la castaña tomarse su refresco de limón. Nunca entendería como era que podía tomarse aquello bien frío con aquellas temperaturas y a aquellas horas.
-Así que os han interrumpido –bromeó Hermione con los ojos divertidos.
Le gustaba aquella chica para Harry, por algún motivo, tenía el presentimiento de que ella podía hacerle feliz… una felicidad que Harry merecía más que ninguna otra persona sobre la faz de la tierra. Bueno, era cierto que ella era cuatro años más pequeña que Harry, que era un desastre en pociones y que podría competir con Tonks en su carácter patoso que siempre terminaba con alguien arreglando algo roto sobretodo cuando estaba nerviosa, pero Harry era feliz con ella, no hacía falta que ninguno de los dos lo dijera para que ella se diera cuenta. No sabía cómo se habían conocido… Un día Harry había llegado a la puerta de su casa con Danah de la mano y se la había presentado, el amor por los libros de ambas y el gran cariño que las unía a Harry había sido suficiente para que se convirtieran en grandes amigas, aunque eso no quitaba que dejase de burlarse de ella, le gustaba hacerlo.
-No te burles de mí –le recriminó la otra son poder evitar sonreír-. Sabes perfectamente lo que nos cuesta llevar esta relación en secreto para que nos interrumpan en los únicos momentos en que podemos estar juntos.
-Lo sé, lo sé… pero reconoce que es divertido –Danah la fulminó con la mirada-. Oh, vamos Dan; reconoce que si fuera otra persona quién te estuviera contando lo que te ha pasado a ti, te estarías riendo.
Danah tuvo que asentir ausentemente.
-Probablemente tienes razón –dijo divertida a medias.
-Siempre tengo razón –contestó la castaña. Un breve silencio en que aprovechó para beber de su taza-. ¿Cómo está?
-Bien –no tuvo que preguntar a quién se refería-. Increíblemente atractivo… -dijo sin notar la sombra de dolor que había aparecido en los ojos de su amiga.
-Bueno… él siempre lo ha sido… sólo que durante sus primeros años era demasiado arrogante y estúpido para que le prestáramos esa atención…-coincidió Hermione.
Ante aquellas palabras, Danah se arrepintió de lo que había dicho con anterioridad.
-Perdona Hermione, no quería decir…
Pero la castaña le cortó haciendo varios movimientos con su mano.
-Tranquila, está bien… estoy segura de que si ha algún adjetivo para calificar a Draco es, y siempre será, atractivo… -sonrió.
-Se le ve más maduro –añadió Dan pensativa-. Pero sigue teniendo ese sentido del humor tan retorcido que hace que te sonrojes enseguida…
-Siempre me gustó ese sentido del humor –dijo Hermione de forma distraída-… fue una de las cosas que me enamoró de él…
-Hermione…
Ante la mención de ser llamada, la chica sonrió, consciente de que estaba Danah delante.
-Estoy bien, de verdad… sólo… aún me duele pensar que no está aquí…
-Nunca me dijiste qué ocurrió Hermione –dijo la menor.
-Se casó con otra –comentó la chica ácidamente-. Y decidí que no quería ser la amante de nadie.
-No estaba hablando de Draco… sino del padre de Sarah… -Hermione enrojeció ligeramente por la metedura de pata-. ¿Qué pasó?
-No quiero hablar de eso ahora, Danah, disculpa.
Los ojos vivos de la otra la miraron antes de asentir levemente.
-Han pasado más de diez años, Hermione, ¿no deberías de hablarlo con alguien? Quiero decir, está bien si no quieres decirme quién es el padre de Sarah, pero… ¿qué ocurrió?
Hermione suspiró profundamente… ¿Qué había ocurrido? Ni siquiera ella lo sabía…
-Disculpa, Dan pero es tarde, y mañana tengo que ir al colegio a primera hora –añadió la castaña levantándose.
Danah no se hizo de rogar. Dejó su refresco sobre la mesa y se dirigió a la chimenea seguida de Hermione.
-No sé qué ocurrió, Hermione. Pero si necesitas hablar… cuando veas que necesitas hablar…
-Lo sé –le contestó la castaña con una media sonrisa antes de besarla en la mejilla-. Gracias Danah.
-De nada –le contestó ella abrazándola suavemente-. Que descanses.
-Igualmente.
Vio como la chica desaparecía y no pudo evitar sonreír. Si Josh se enteraba de que su amigo y su hermana tenían una relación más que platónica desde hacía meses… podía estallar la tercera guerra mundial… Más o menos como la que estalló cuando Ron se enteró de su relación con Draco y definitivamente la que podría estallar si el pelirrojo llegase a enterarse de que Sarah era hija de Draco. Sonrió al recordar las palabras de Danah.
"Pero sigue teniendo ese sentido del humor tan retorcido que hace que te sonrojes enseguida…"
Sí… definitivamente Draco tenía que ser siendo Draco…
(flashback)
Necesitaba ese baño relajante. Había estado demasiado estresada las últimas semanas, y sinceramente, no era para menos. Las clases, los deberes de prefecta, Ron y Harry y Draco… Suspiró preguntándose internamente cuándo se había convertido en Draco y había dejado de ser Malfoy. Desde aquella tarde en que lloró con ella… desde aquella tarde en que se derrumbó… Desde entonces había sido Draco y eso había sido, sinceramente bastante… extraño…
No sólo porque el rubio le enviaba notas cuando necesitaba hablar con alguien, citas a las que siempre acudía dispuesta a escucharle, sino también porque durante ese tiempo Ron y Harry parecían decididos a saber qué era lo que mantenía a su amiga tan ocupada para alejarse de ellos y las excusas empezaban a escasear en la cabeza de Hermione hasta el punto de haber tenido ganas en más de una ocasión de gritar "voy a hablar con Malfoy".
Y además de todo aquello… también estaba ella… Se sentía ligeramente confundida. Nunca había imaginado que detrás de la máscara fría de Draco pudiera haber una persona… normal… Bueno, sí, podía parecer bastante superficial pensar eso, pero era precisamente la imagen que Draco había ofrecido durante todos los años que le conocía… No entendía por qué se sentía de aquel modo con quien se suponía que debía odiar… No dejaba de repetirse a sí misma que pese a haber estado preso de esa poción, Malfoy siempre la había insultado, siempre la había humillado y siempre había conseguido que tanto ella como Ron y Harry se metieran en problemas… Pero pese a eso, pese a todo eso, pese a repetirse eso todos los días… no podía evitar pensar que era diferente… Que quizá si no hubiera estado preso de ese hechizo… Todo hubiera sido diferente…
Suspiró y se dejó hundir en la bañera de agua caliente con aroma a melocotón, sintiendo como el agua la rodeaba completamente, reposando en el fondo de la enorme bañera, con los ojos cerrados, ajena a todo y lamentándose de no poder ser ajena también a sus propios pensamientos… Y sólo cuando se dio cuenta de que necesitaba respirar, salió a la superficie del agua, aún los ojos cerrados, sintiendo la espuma enredada con su cabello que caía en bucles sobre sus hombros desnudos, y notando la espuma suave alrededor de sus pechos.
-Bonito cuerpo…
Hermione abrió los ojos de golpe. Sólo había una persona capaz de pronunciar aquellas palabras de aquella forma, arrastrando las palabras, y casi por descuido. Instintivamente se hundió más en el agua para que la espuma la cubriera prácticamente por completo mientras le lanzaba una mirada furiosa a Malfoy que la mirada divertido desde el otro extremo de la enorme bañera.
-¿Se puede saber qué haces tú aquí? –le preguntó.
Draco enarcó una ceja y caminó despacio hasta el banco de madera donde una suave y esponjosa toalla amarilla reposaba junto a la ropa de la chica.
-Soy prefecto… -tomó la toalla y caminó hacia ella sonriendo al ver como Hermione se hundía más en el agua-… y este es el baño de prefectos… -añadió acuclillándose junto a ella sin mirar a otro lado que no fueran los ojos de ella-. ¿Tú qué crees que hago aquí?
Hermione no contestó. Demasiado cerca. Draco estaba demasiado cerca de ella. ¿Por qué tenía que acercarse tanto?
-Por cierto… si no lo ocultaras debajo de esas ropas sin formas, más de uno estaría detrás de ti, Granger –le dijo sinceramente.
Hermione se sonrojó hasta la raíz del cabello y sólo acertó a tomar la esponjosa toalla de las manos de Draco para hundirla en el agua y envolverse en ella ante la mirada descarada del chico que la siguió hasta que ella salió de la bañera pisando suavemente los escalones laterales.
-No digas tonterías… -él la miró enarcando una ceja-… Y deja de mirarme así –le pidió sintiéndose idiota por enrojecer de aquel modo -¡Draco! –le reprendió finalmente al ver como él no parecía tener ninguna intención de dejar de mirarla.
-Perdona pero… -echó una mirada apreciativa de nuevo a su cuerpo, porque la toalla no ayudaba mucho a que apartase la vista de allí-… no son tonterías.
Hermione bufó molesta y halagada al mismo tiempo haciendo que él enarcase una de sus cejas.
-No me digas que es la primera vez que te dicen algo así… -se burló el Slytherin. La mirada de Hermione y su rostro encendido fue suficiente respuesta-. ¿Lo es? –preguntó incrédulo esta vez.
-¿Se puede saber a qué has venido? Porque si es a molestarme, te aseguro que…
-Necesito hablar… necesitaba hablar contigo… -corrigió.
-Oh… Hermione se sentó en el borde de la bañera con los pies dentro del agua y el chico se sentó junto a ella, con la mirada perdida en el agua, como si la respuesta a todo estuviera en el fondo.
-¿Cómo es? –preguntó Draco.
Ella le miró sin comprender.
-Esta mañana, al ir a clase de Transformaciones, creo que Crabbe y Goyle estaban con Nott, ¿no?
-Sí –frunció el ceño-, dile a esos idiotas que un día de estos no voy a poder convencer a Ron y a Harry de que es mejor ignorarlos que utilizar la varita contra ellos –le dijo como si acabara de recordar algo-. Pero que tiene que ver…
-Ellos te defendieron…
-Siempre lo hacen –contestó Hermione sin saber dónde quería ir a parar el rubio.
-¿Cómo es tener amigos que se preocupan por ti y no por lo que eres? –le preguntó mirándola directamente-. ¿Cómo es tener a alguien que se preocupa por ti sin esperar recibir nada a cambio?
Hermione se quedó por una fracción de segundo sin palabras. La pregunta de Draco era… extraña. Era cierto que durante su primer curso ella se había sentido sol y alejada de todo y que seguramente si no hubiera sido por el incidente del troll, los dos chicos que ahora tenía por amigos quizá no le hubiesen dirigido la palabra y no hubiesen llegado a ser lo que eran en aquellos momentos. Pero nunca… ella nunca se había preguntado aquello.
Hermione siempre había tenido a gente que se preocupara por ella… su madre, su padre, la anciana señora del final de la calle que siempre le regalaba dulces y la cuidaba cuando sus padres no estaban en casa, la señora Baston, la directora del colegio muggle al que iba… siempre había tenido alguien que se preocupara por ella… siempre había sabido que no estaba sola…
Sonrió a medias.
-No te has dado cuenta aún ¿verdad? –le preguntó ella-. Tienes amigos Draco, gente que lejos de acercarse a ti por ser hijo de quién eres, se acerca a ti por quién eres tú. Zabinni y Parkinson son dos ejemplos de ello.
-Ellos no…
-Ellos te aprecian… puede que no sea una amistad basada en lazos amistosos como los que yo puedo tener con Harry o Ron… puede que sea otro tipo de amistad basada en el orgullo, en la admiración… pero en serio, Draco, ¿no te has dado cuenta de cómo te miran? Te seguirían al fin del mundo si quisieras y no dudarían en dar su propia vida por la tuya…
Draco sonrió.
-¿Lo dices para animarme o porque lo crees?
La Gryffindor frunció el ceño.
-No suelo mentir –aseguró-. Además, no te olvides que tienes al profesor Snape.
-¿Severus? –ella asintió-. ¿Qué pasa con él?
-Que se preocupa por ti.
-Es mi padrino, es su deber –aseguró el rubio.
-No, no lo es. Su deber es cuidar de ti si a tus padres les pasa algo… pero él lo hace porque te quiere Draco…
De algún lado que Hermione no supo exactamente dónde, sacó fuerzas y valor para poner su mano sobre la de Draco. El chico la miró unos segundos, extrañado por aquella muestra de afecto, poco acostumbrado a ellas a no ser que vinieran de Pansy, pero no retiró su mano ni dijo nada para que ella la retirara.
-Y si quieres… también me tienes a mi…
Draco sonrió a medias. Aquello era demasiado dulce para un Slytherin que aún no sabía ni quién ni cómo era; e hizo lo que siempre hacía: escudarse tras su sarcasmo.
-Que bien… -ironizó-… un profesor de pociones, una amiga que está como una regadera y un amigo que me amenaza cada vez que abrazo a dicha amiga y además de todo eso, una Gryffindor entrometida… -Hermione abrió la boca para protestar-… a la que agradezco que se meta en mis asuntos cuando lo necesito… -la chica no contestó, pero sí sintió un escalofrío en el cuerpo después de la forma en que Draco la había mirado.
-Es tarde, será mejor que te vistas si no quieres pillar una pulmonía –dijo el chico levantándose. Hermione asintió y él no pudo resistirlo-. Aunque si quieres que te ayude a vestirte…
-¡Draco! –le recriminó ella mirándole con los ojos abiertos y las mejillas rojizas.
-Vale, vale… lo capto… puedes vestirte tú sola…
-Eso mismo, gracias –dijo ella con falsa ofensa.
Cuando vio que el chico se detenía frente a la puerta antes de salir, supo que aún iba a decir algo más.
-Cuando termines de vestirte llámame –ella siguió esperando-… ya que no quiere que te ayude a vestirte, quizá me dejes ayudarte a desvestirte…
-¡Draco! –alcanzó a protestar.
Pero el chico ya estaba saliendo del baño con, Hermione lo sabía bien, su sonrisa socarrona, la sonrisa superficial y arrogante que mostraba siempre a todo el mundo, salvo cuando estaba dirigida a ella.
Y no pudo evitar sonreír mientras notaba como aún seguía sonrojada… ¿por qué siempre tenía que hacerla sonrojar?
(fin flashback)
Suspiró. El reloj marcó las once de la noche y Hermione suspiró. Intentaría dormir algo… aunque lo dudaba. Recuerdos… tantos recuerdos que la relacionaban con él… Demasiados para conciliar el sueño y no los suficientes para pasar una vida sin él…
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
-Profesor Malfoy… -saludó una prefecta de séptimo que estaba estudiando en la sala común-. ¿Ocurre algo?
-¿No debería estar durmiendo señorita Ortons?
-Tenía que terminar una redacción para Adivinación, profesor –contestó la chica mostrando el complicado mapa astral que tenía sobre la mesa-. Y es la única hora en la que hay calma en la sala común –añadió con una media sonrisa.
Draco le correspondió.
-¿Necesita algo?
-No… -dijo Draco. La chica le miró-. En realidad sí, ¿sería tan amable de ir a buscar a la señorita Granger? –pidió.
-Claro profesor, enseguida.
Mientras la chica iba a hacer lo que le había pedido, no sin un gesto de extrañeza en el rostro, dio un rápido vistazo a la nota que había encontrado en el despacho cuando había regresado… y no pudo evitar sonreír. Ahora que lo pensaba detenidamente… él hubiera hecho exactamente lo mismo… o so suponía.
Profesor Malfoy:
Lamento mucho si no le ha gustado la noticia, pero no fui yo quien propuso este estúpido trabajo, así que comprendo su reacción y la entiendo. No quiero pedirle nada, de hecho, ni siquiera mi madre sabrá que usted lo sabe. Sólo me bastará un par de horas para hacer este dichoso trabajo y después podrá seguir como hasta ahora, sin responsabilidades sobre mí, sin hija.
Buenas noches.
Sarah Elisabeht Granger.
-¿Profesor?
La voz de Janet le sacó de sus pensamientos, y contemplando la figura pequeña de Sarah que bajaba mientras se deshacía las dos trenzas que caían sobre sus hombros y que seguramente se hacía para dormir, habló, siendo consciente de que sonaba más como una orden que como una petición.
-¿Podría dejarnos solos, señorita Ortons?
-Claro profesor… -contestó la muchacha rápidamente-. Buenas noches.
-Buenas noches Janet –contestó Sarah.
-Buenas noches, señorita Ortons –tan pronto Draco se hubo asegurado que la chica había desaparecido, tomó la nota de forma descuidada y se la mostró a Sarah que se limitó a encogerse de hombros-. Creí haberle dicho que no se moviera de mi despacho.
-Oh, bueno, dada su reacción, creí que lo mejor era no encontrarme allí cuando regresara –dijo ella con sarcasmo.
Draco enarcó una ceja.
-No me subestime, señorita Granger –le advirtió Draco-. No me conoce en absoluto para saber cuáles son mis reacciones.
-Oh, disculpe, profesor. Evidentemente, no le conozco, se me negó esa oportunidad, ¿recuerda? –sus ojos grises brillaban con rabia contenida y Draco sonrió de forma condescendiente.
-A mí también se me negó –le contestó cortando rápidamente cualquier otro acto de rebeldía que la niña pudiera tener en ese sentido.
Y pareció dar resultado porque a pesar de que la pequeña frunció el ceño, mantuvo la boca cerrada mientras se sentaba enfurruñada en el sofá ante la divertida mirada de Draco que pensó que si no llevara puesto aquel pijama verde con oso naranjas se vería más enfadada de lo que parecía, la verdad.
El hombre se sentó a su lado, ambos con la mirada en el fuego, como si ninguno de los dos tuviera nada que decir, como si ninguno de los dos estuviera deseando hablar con el otro, preguntar… once años daba para muchas preguntas, preguntas que eran imposible realizar en cinco minutos. Sonrió casi sin darse cuenta… preguntas… su juego de preguntas con Hermione…
(flashback)
-Esto es ridículo –se quejó el chico por décima vez ante la pregunta de la Gryffindor.
Pero los ojos castaños de la chica lo miraron con cierto reproche y diversión al mismo tiempo.
-Vamos, Draco… es divertido. Tú te quejabas de no conocerte lo suficiente, bueno, eso es un juego estúpido pero…
-Está bien, está bien –dijo con frustración el chico pasándose una mano por el cabello-… Mmmm ¿cuál era la pregunta?
-¿Cuál es tu color favorito?
Draco la miró unos segundos.
-Ninguno en especial –ella le miró con reproche-. ¿Qué? –preguntó.
-Así no vamos a lograr nada –le contestó ella-. Se trata de contestar a las preguntas... Vamos, Malfoy… tiene que haber algún color que te resulte diferente, atrayente, no sé…
-¿En serio crees que con preguntas de ese tipo voy a aprender a conocerme a mí mismo? –le preguntó burlón.
-Bueno, si no eres capaz de contestar estas ridículas preguntas, ¿cómo esperas contestar otras más complejas? –preguntó.
Draco farfulló mientras la miraba. Ahí estaba. Su mirada de orgullo y superioridad, como si ella supiera que tenía la razón, como si estuviera esperando que él le diera la razón.
Suspiró y se llevó una mano al bolsillo de la túnica para sacar un paquete de cigarrillos que la chica observó con horror.
-¿Qué haces con eso? –le gritó.
Draco la miró enarcando una ceja.
-¿Tú qué crees que hago, Granger? –le
preguntó con soberbia burla al pronunciar su apellido. Pero
antes de que pudiera encender el cigarrillo, una mano suave y
caliente se lo arrebató. Tardó un par de segundos en
reaccionar -¿Qué crees que estás haciendo?
-Si
vas a morir por esto, no será culpa mía –aseguró
tirando el cigarrillo en cuestión por la ventana. Vio que él
dirigía su mano de nuevo a la cajetilla y sonrió
triunfante-. Y puedo hacerlo tantas veces como sea necesario
–aseguró.
Los ojos grises de él la miraron retándola a que lo hiciera y ella no se dejó intimidar. Ya no. Había aprendido a leer en los ojos de Malfoy y no era tan bravo el león como lo pintaban, o en este caso, no era tan venenosa la serpiente como decían. Y la mirada que él dedicaba a todos para intimidar, la misma mirada que utilizaba el profesor Snape y que seguramente Draco había aprendido de él, ya no la intimidaba ni le afecta… Ya no.
-Tarde o temprano voy a morir, ¿también te vas a culpar cando ocurra? –le preguntó él venenosamente.
Hermione arqueó una ceja y él se sorprendió ante el gesto tan Slytherin y tan puramente Malfoy que acababa de ver en el rostro de Hermione.
-Si veo que te estás desangrando y no hago nada para ayudarte, también me culparé –le dijo muy seria-. Y no voy a dejar que vayas fumando para que te hagas puré los pulmones y te acarreen problemas futuros con la respiración sin contar con el cáncer de pulmón, que por cierto, ¿sabías que…
-Vale, vale, vale –le dijo él rendido-. No fumaré…
-Bien.
-… mientras me veas –terminó su oración.
-¡Malfoy! –le dijo ella entonces.
Pero el chico se limitó a mirarla con diversión y ella se exasperó.
-¿En qué estábamos? –preguntó él cambiando de tema.
-Tu color favorito –sentenció la Gryffindor mientras su cabeza empezaba a ponerse a trabajar pensando en el modo más eficaz para que Draco dejara ese veneno.
Draco estaba a punto de contestar que era el negro; era una respuesta corta y breve que a ella le serviría, después de todo, él casi siempre iba vestido de negro y el negro formaba parte del escudo de Slytherin así que no habría problema en que creyera eso…
Pero ocurrió algo… Quizá fue la tenue luz del lugar, o el sol entrando por la ventana a espaldas de ella y dándole un halo de luz dorada a su alrededor, haciendo que los rizos revueltos brillaran como si fueran de cobre o algún otro metal de color cálido… o quizá fueron sus ojos castaños que le miraban entre divertida, exasperada o paciente… con un brillo que nunca antes había notado en el rostro de la chica, con un brillo diferente, especial, distinto…
Calidez, dulzura, ternura… sentimientos que nunca había experimentado y de los cuales se había burlado hasta la saciedad eran sentimientos que se debatían en aquellos momentos al ver el reflejo de los ojos de ella, tan claros, tan limpios… sin ningún rasgo de miedo o temor como todos los que le miraban, sin ningún indicio de odio o maldad… puros… completamente puros e inocentes… llenos de vida… llenos de un fuego aún no descubierto…
-Miel… -susurró él dándose cuenta de que los ojos de ella adquirían aquel leve toque de casi dorado cuando la miraban de cerca-…me gusta el color dorado de la miel… -añadió reponiéndose y carraspeando levemente.
La chica entrecerró sus ojos como si quisiera adivinar si estaba siendo sincero o no y cuando él enarcó ambas cejas, la chica sonrió, satisfecha con la respuesta.
-Es bonito –comentó distraídamente-. Aunque a mi me gusta más el verde, en todos sus tonos.
-¿El verde? Es un color demasiado común... además –añadió-, creí que te gustaría el rojo o el dorado, después de todo son los colores de tu casa.
Ella rodó los ojos.
-¿Y? Tú eres Slytherin y se supone que no debería estar hablando contigo –añadió como si fuera algo completamente evidente. Draco asintió, completamente de acuerdo con esa afirmación-. Y sin embargo, estoy aquí.
-Y no logro entender por qué –preguntó él de forma indirecta.
Hermione se encogió de hombros y con un pase de su varita hizo aparecer un pequeño paquete de color verde que abrió dejando a la vista del chico pequeños bloques blancos, uno de los cuales, se metió en la boca antes de ofrecer al chico.
-¿Qué es eso?
-Chicle –contestó ella-. Un invento muggle. ¿Quieres probar?
-¡No!
Pero Hermione aprovechó aquel momento para meter uno de los pequeños chicles en la boca y sonrió satisfecha cuando él empezó a mascarlo.
-Después de fumar te huele el aliento –señaló la chica como si fuera lo más obvio del mundo-. Y aún no terminamos con las preguntas ridículas –dijo ella imitando la voz hastiada de Draco.
El chico se vio a sí mismo sorprendido al sonreírle sinceramente y si no hubiera estado mirando hacia otro lado en aquellos momentos, hubiera visto el sonrojo leve en las mejillas de Hermione.
-¿Por qué te gusta el verde? –preguntó él entonces.
Y Hermione le miró sintiendo su pregunta sincera y sonriendo mientras le explicaba la gran variedad de tonos verdosos que había en el mundo y por qué le gustaba… sin embargo, Draco no la escuchó más que los tres primeros minutos mientras en su cabeza se forma una frase que ella había dicho, repitiéndose una y otra vez, como si se tratara de un lema que tendría que recordar siempre… "porque simboliza la esperanza… y lo más hermoso que puedes hacer, es tener esperanza siempre"
(fin flashback)
-¿Me ha levantado de la cama sólo para sentarnos a mirar el fuego? –preguntó la niña con evidente sarcasmo-. Porque si es así me gustaría volver a dormirme, mañana tengo clases, ¿lo sabía?
Draco la miró. Estaba enfadada. Era consciente de ello por el modo en que arrugaba la frente, del mismo modo en que la arrugaba Hermione cuando él decía o hacía algo que no le gustaba.
Quería decirle infinitud de cosas, quería preguntarle, saberlo todo… su infancia, sus amigos, qué ropa le gustaba, qué música escuchaba, qué talento mágico poseía… absolutamente todo… y parecía que su cerebro se había quedado congelado y sin saber cómo reaccionar. Suspiró, aun incapaz de creer que todo aquello fuera verdad.
-Eres mi hija –dijo Draco finalmente.
-Sí.
-Eres hija de Hermione –apuntó el hombre rubio.
-Sí.
-Eres nuestra hij…
-¡Sí, sí, sí! –gritó la niña exasperada-. ¿Es que la noticia le ha dejado idiota? –preguntó bastante alterada-. Soy su hija y en ningún momento voy a utilizar esa información para nada más que hacer este dichoso trabajo, así que dígame una hora y acabemos con esto cuanto antes.
-Temperamento Granger… -sonrió Draco de medio lado.
-¿Perdón? –preguntó la niña confusa por aquella aclaración.
-Tu reacción… -contestó el hombre haciendo un par de gestos en el aire con la mano-. Tu madre solía tener las mismas reacciones cuando se enfadaba…
-Y aún sigue teniéndolas –dijo Sarah frunciendo el ceño. Draco rió suavemente.
-Me gustaba… -dijo más para sí mismo. Sarah le miró sin saber a qué se refería-. Su carácter tan volátil… me gustaba hacerla enfadar… para que explotara –sonrió de medio lado-. Era fácil de provocar.
-Seguro que aún conseguiría provocarla, profesor –le contestó ella sin estar segura de lo que las palabras de Draco podían significar.
Draco la miró. Frialdad. Seriedad. ¿Él era así con once años? Los ojos grises de la niña centellearon y Draco se rindió ante sí mismo, sí, seguramente lo había sido. Pero no era un niño; era un adulto que había luchado contra su peor temor, que se había aliado con quien había sido su peor enemigo y quién había conseguido un puesto de trabajo, respeto y confianza entre los que le rodeaban; entonces, ¿por qué se sentía tan asustado como la primera vez que tuvo que entrar en el bosque prohibido de noche? Suspiró. Se suponía que él era el adulto, y se suponía que era él quién tenía que saber cómo llevar toda aquella situación. Un leve pinchazo en la cabeza hizo que cerrara los ojos y se llevara las manos al puente de la nariz.
-¿Se encuentra bien, profesor? –preguntó la niña al verle fruncir el ceño y masajear aquella zona.
-Sólo es un poco de jaqueca –aseguró el hombre-. Nada más… De acuerdo… -musitó más para sí mismo que para Sarah, abriendo los ojos-… empecemos de nuevo, ¿te parece?
-¿Qué quiere decir?
-Aún no estoy seguro… -admitió Draco-. Tengo que hablar antes con alguien…
-Mamá… -murmuró Sarah y el profesor asintió-. Quiere asegurarse que no le estoy mintiendo ¿verdad? –preguntó enfadada levantándose.
-¿Qué? Yo no he… -Draco también se levantó, sin saber qué iba a decir y sin saber si lo que la niña acababa de decir era cierto o no y se encogió mentalmente de hombros, si aquella niña era tan inteligente como estaba seguro de que lo era…-… ¿no harías tú lo mismo?
Sarah se detuvo frente a las escaleras y se giró.
-¿No querrías comprobarlo tú también si estuvieras en mi lugar? –preguntó Draco de nuevo sonriendo levemente pero con los ojos fijos en los de la niña.
-Está bien – dijo enfadada aún pero sabiendo que el hombre estaba en lo cierto-. Y cuando hable con mi madre asegúrese que sabe que no se lo dije por capricho, sino por un ridículo trabajo que ojalá no nos hubieran puesto nunca.
Draco sonrió mientras contemplaba la sala común vacía… sintiéndose, sin saber por qué, contento de que Lovegood les hubiera puesto aquel trabajo estúpido.
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Bueno, se acabó por hoy!!! Que tal?? Recordad que los personajes salvo los míos, son de Rowling… excepto Draco que lo tengo escondido en mi armario… es que ahora mismo bajo la cama tengo tantos regalos que no me cabe Draco jejeje
Bueno, espero que haya sido de vuestro agrado, y ya sabéis, reviews!!!
Un besito para todos. Nos leemos pronto!!!
