Disclaimers: Yami no Matsuei no me pertenece, evidentemente, aunque si Yoko quiere regalarme a Tatsumi san o a Asato chan no se los despreciaré. Bueno, si me quiere prestar a Muraki para torturarlo, tampoco se lo rechazaré.

Comentarios: Es muy poco probable que utilice muchas palabras en otros idiomas, pero si lo hago su significado estará al final del capítulo o al lado mismo de la frase.

—Bla bla bla Dialogo

«Bla bla bla» Pensamientos

Bla bla bla Recuerdos, sueños o palabras con marcado sarcasmo

Advertencias: Este fic posiblemente contendrá shonen ai (aunque, lo siento, ya estoy convencida al cien por cien de que yaoi no), así que los homofóbicos quedan advertidos. Este capítulo también contiene pequeños spoilers de la Saga de Kyoto.

Resumen del capítulo anterior: Tsuzuki, Hisoka y Aya tuvieron la oportunidad de entrar en la antigua sala de música, sin embargo, una vez allí, Aya sufrió un extraño fenómeno que la dejó inconsciente. Los shinigamis están convencidos de que el espejo de la sala puede tener la clave de lo que allí sucede. El espejo y cierto doctor...

Flores silvestres y flores de invernadero

por Ayumi Warui

Capítulo 9 : ¡Excursión didáctica!

—Aya —llamaba Harumi—. ¡Aya! ¡¡Aya! —repitió, exasperada por la poca atención recibida.

La joven de cabellos negros miraba por la ventana con expresión ausente.

—¿Se puede saber qué diablos le pasa a ésta? —siguió Harumi, preguntando a Tsuzuki, al ver que su amiga no respondía—. Lleva un par de días así, atontada, suspirando y cayéndose cada dos pasos que da.

—Igual aún no ha superado que el profe la viese vestida de actriz porno —opinó Nami—. Aunque es muy raro verla tan alicaída.

—Ya... —musitó Tsuzuki, preocupado. Él estaba seguro de que el estado de ánimo de la muchacha se debía a lo que ocurrió la noche que habían ido a la sala de música, pero, dado que Aya no les había contado nada de lo que vio, no podía saber qué pasaba por su mente.

—Si viniera su hermano a verla seguro que se animaba —aventuró Satomi.

—Sí, es verdad —apoyaron todas.

—Pero ¿alguien se sabe su número de teléfono?

—Ojalá —dijo Eriko—. La verdad es que hace mucho que no viene a verla, ¿verdad?

—Supongo que tendrá mucho trabajo... —imaginó Nami—. Así que no podemos confiar en que él nos ayude...

—Esto tenemos que arreglarlo nosotras mismas —sentenció Ruri—. Hay que animarla como sea.

—¿Quieres que montemos una fiesta? —creyó entender Asami—. Aún falta para ser el cumpleaños de alguien.

—La verdad es que no me extraña que se deprima aquí encerrada —señaló Kaede—. A mí también me apetecería salir a dar una vuelta fuera de esta escuela.

—¡Claro! —exclamó Harumi—. ¡Tenemos que salir de excursión!

—Pero... —intervino Satomi—. Para que la directora nos permita salir de excursión, algún profesor debería solicitar el permiso para sacarnos (con intenciones didácticas, claro está).

—Por supuesto, pero Asako y Kurosaki son amigas de Tatsumi, ¿no? —se acordó Nami—. Vosotras podríais convencerlo, por el bien de Aya.

—¿No sería más fácil de convencer Watari? —sugirió Hisoka, a quien no le importaría que aquel grupo de muchachas escandalosas abandonaran la escuela mientras él se quedaba, habiéndose inventado cualquier mal que le impidiese participar del evento.

—Es posible, pero si viniese con nosotras Tatsumi, Aya se animaría más —les indicó Nami.

—¿Y por qué no los convencemos a los dos para que hagan una excusión conjunta? —propuso Ruri, encantada con la idea de que Watari también acudiese.

—¡Decidido! —declaró Harumi—. ¡Hoy mismo los convenceremos!

UUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU

—Ni hablar —negó Tatsumi, con rotundidad, echando por tierra las ilusiones de las dulces muchachas que lo habían visitado—. No tengo ninguna intención de arrastraros tras de mí un día entero, siendo responsable de todas las estupideces que hagáis, y todo cuando ni siquiera sois capaces de resolver correctamente los ejercicios que os mando. Cuando seáis unas buenas estudiantes, me plantearé la posibilidad.

Las muchachas, con total descaro, hicieron un corrillo para comentar impresiones.

—¡Qué antipático! —opinaba Asami—. ¿Qué ve Aya en este tipo?

—Mujer, está bastante bueno —opinó Nami.

—¿Creéis que si conseguimos algo vergonzoso suyo podremos hacerle chantaje? —preguntó Yayoi, maquinando perversos planes inspirados en las novelas que leía.

—Con chantaje no sé, pero con un buen soborno... —dejó caer Hisoka.

—¡Es cierto! —se animó Tsuzuki—. Tatsumi es capaz de cualquier cosa por el dinero.

—¡Veamos! —alzó la voz Eriko, dirigiéndose al shinigami que las observaba preguntándose cuánto tiempo pensaban pasar cuchicheando en su despacho—. ¿Por cuánto nos harías este favor? —inquirió, sacando su billetera.

Tatsumi mostró su mano, extendiendo los cinco dedos.

—¿Cincuenta mil yens? —supuso, pensando que con eso se quedaría sin dinero para comprar tonterías en un tiempo.

—Quinientos mil —declaró implacable.

—¡¿Quinientos mil! —corearon todas, luego volvieron al corrillo—. Parece que será más caro de lo que pensábamos...

—Todo sea por el bien de Aya... —decidió Harumi—. Paguémoslo entre todas y cuando ya esté animada, que nos lo devuelva —declaró con descaro.

—¡Vale! —corearon menos los shinigami, que no poseían el capital necesario para ayudar.

—Profesor —hizo esta vez Ruri de representante—. Pagaremos lo acordado, pero querríamos saber si podría convencer a Watari sensei de que venga también.

—Por diez mil más, hecho —declaró.

—De acuerdo —zanjó la muchacha, mientras todos menos Tatsumi compartían un pensamiento: Menudo profesor...

UUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU

—Amor mio, caro bene. Perché vai lontan da me? Giurasti un amor, che mai non dovea. Aver fine per noi... —coreaban la ópera "Aria di mezzo carattere" todas las muchachas del último curso, las de las tres casas, mientras el autobús de dos pisos en el que viajaban recorría la carretera animadamente.

«Cómo se nota que pertenecen a un instituto prestigioso, las chicas de uno normal cantarían canciones de L'Arc en Ciel...» —pensaba Hisoka, con hastío. Al final ninguna de las excusas que había puesto le habían servido para evadir aquella excusión.

La directora se había mostrado muy cooperativa cuando los dos nuevos profesores le habían propuesto llevarse a las chicas del último curso de la Casa del Norte a visitar un prestigioso museo de ciencias para la clase de Watari y un famoso banco para la de Tatsumi. Eso sí, no había podido permitir ese trato especial hacia la Casa del Norte (sobre todo porque eran las alumnas cuyos padres menos donaban al instituto), así que las muchachas de las otras dos casas habían tenido que ir también. Dado que iban a aprender mucho y necesitaban unas horas de viaje, y como algo sin precedentes, la directora permitió que pasaran la noche fuera, en un hostal donde rápidamente reservaron el alojamiento; algo que hizo que, al tener más tiempo, pudiesen añadir una última visita educativa, a un hospital privado de renombre donde podrían oír hablar de las técnicas médicas más punteras.

A Tatsumi y Hisoka los había extrañado un poco aquella predisposición positiva, pero imaginaron que en el instituto se alegrarían de perder de vista durante un par de días a las alumnas más conflictivas del centro, es decir, las compañeras de residencia de Tsuzuki y Hisoka.

Al haber aumentado tan estrepitosamente el número de alumnas, Tatsumi había exigido algún tipo de ayuda, por lo que, muy a su pesar, tanto la profesora de música como la de tareas del hogar se habían unido para controlar a las adolescentes.

—¡Perfecto, perfecto! —aplaudía la profesora de música, única culpable de que aquel autobús pareciese un coro eclesiástico en aquel instante—. Sin duda, ¿qué sería de un viaje escolar sin alegres canciones? —preguntó dirigiéndose a Tatsumi.

—¿Eh? —se percató de que le hablaba a él y, tras quitarse los auriculares con los que estaba escuchando música relajante para olvidar donde estaba, añadió—: ¿Decía algo?

—¡No importa, no importa! ¡Chicas! —se dirigió al grupo, algunas de las cuales deseaban que el autobús hiciera una brusca curva para que la mujer se golpease contra algún asiento y las dejara tranquilas comentar un rato—. ¿Habéis practicado la canción de la última clase?

Mientras algunas se desesperaban, otros encontraban aquello divertido.

—¡Es la primera vez que participo en una excusión escolar! —confesó Tsuzuki a Hisoka, quien estaba sentado a su lado, mirando por la ventana—. ¡Estoy tan emocionado!

—Yo tampoco había participado en ninguna, y creo que era bastante feliz sin conocer la experiencia —replicó.

—Vamos... No sé por qué no querías venir —opinó—. ¡Ya verás lo bien que nos lo pasamos!

—Te recuerdo que no estamos aquí para pasárnoslo bien —musitó aún más bajo, aunque era imposible que los escucharan entre las quejas de las alumnas—. Tenía la esperanza de poder investigar mejor aquella sala y sobre todo aquel espejo mientras las chicas estaban bien lejos para no poder entrometerse.

—Ah, aquel espejo... —repitió, con un escalofrío—. Me cuesta creer que él tenga algo que ver con lo que pasa en la escuela... —remarcó, y ambos sabían que no hablaba del espejo—. Debería haber muerto en Kyoto...

—Ya te dije que estaba vivo —le recordó Hisoka—. Era cuestión de tiempo que volviese a las andadas... aunque tenía la esperanza de no verlo en mucho tiempo.

—¿Te alegras? —sugirió, aunque no era esa la impresión que el joven daba—. Así podrás continuar con tu venganza —añadió ante la mirada de incredulidad de su compañero.

—He de admitir que deseo hacerle pagar todo lo que nos ha hecho, pero ahora mismo no estoy muy seguro... de lo que deseo...

—¡Kurosaki! ¡Asako! —exclamó de pronto una voz a sus espaldas, sobresaltándolos. Cuando se volvieron se toparon con el objetivo de una pequeña cámara de video—. ¡Decid algo! —ofrecía Asami—. Estoy haciendo un súper reportaje de la excursión para que nos podamos reír después cuando lo veamos. ¡Y traigo recambios de sobra para una semana entera!

—Sólo nos vamos un día —señaló Hisoka, con acritud, y no porque lamentase salir tan poco tiempo.

—Pero no quiero perderme ni un instante —apuntó.

—¡Mira, mira, Asami! —exclamó Kaede—. ¡Tatsumi con auriculares escuchando música e ignorando la plática de Tomomi chan! —indicó, señalando a la adorable profesora de cocina y otras tareas del hogar—. ¿Crees que la profe estará intentando echarle los tejos?

—Si lo hace tendremos que volver a quemarle la clase, ¿verdad Aya? —añadió Nami, girándose hacia su compañera, quien, al igual que Hisoka poco antes, miraba el exterior por el cristal.

—¿Eh? Ah, sí... —respondió sin saber a qué.

—¡Ah! ¡Alguien está destrozando un cactus! —exclamó Harumi.

—¡¿Qué! ¡¿Un cactus! —saltó Aya.

—Por fin regresas a nuestro planeta —respondió la chica, con una sonrisa traviesa.

—¡Eso no ha tenido gracia! —reprendió, al darse cuenta de que era una artimaña para llamar su atención.

—No podíamos esperar menos de la presidenta y único miembro del club de jardinería —rió Yayoi.

—Ey, ya no soy la única. Asako se unió al club.

—¿En serio? ¿Y es muy divertido remover tierra húmeda y apestar a abono? —le preguntó Asami a Tsuzuki, enfocándolo con la cámara.

—El club está muy bien —contestó, un poco ofendido.

—Aya —llamó de pronto Hisoka, con su voz seca y pausada—, ¿quieres dejar de estar callada y ausente todo el rato? Podrías hacer como que te diviertes, ya que estás en una excursión. ¿Es que pretendes quitarme el papel de antipática e insociable del grupo o qué?

Todas se quedaron calladas unos instantes, alucinando por lo que acababan de presenciar. Estaba Hisoka... ¿intentando consolarla? Tal vez no sonaría así a un espectador externo, pero creían conocerla ya lo suficiente como para distinguir el matiz.

—Perdona, Hisoka, tienes razón —sonrió Aya—. Gracias por preocuparte por mí.

—¿Quién dice que me preocupe?

—Oh, Hisoka... —empezó Tsuzuki, con unos ojos brillantes que provocaron escalofríos en su compañero—. Me has emocionado tanto...

—Es cierto, no sabíamos que también tuvieses corazón —añadió Asami.

—¡No os paséis! —exclamó, indignado por la acusación.

—¡Dame un abrazo! —exclamó Harumi arrojándose sobre él, que interponía a Tsuzuki como podía.

—¡Mantente lejos de mí!

—¿A qué jugáis? —intervino de pronto Watari quien, muerto de curiosidad al verlas agruparse alrededor de unos asientos, había acudido con 003 a ver qué averiguaba.

—Estamos grabando un reportaje, Yuka chan —respondió con rapidez Ruri, empujando a quien hiciese falta para poder acercarse. Arrebató a Asami de las manos su cámara y, enfocando Watari, añadió—: ¿Quieres decir algo? ¡Andaaaa!

—Bueno, ya que me lo pides así —accedió, con el ego henchido—. ¡Mi nombre es Watari y soy el mayor científico de todos los tiempos! —declaró seguro de la veracidad de sus palabras—. ¡Y ahora os mostraré mi último inventó! —exclamó sacando solo él sabía de dónde un extraño artilugio metálico. Luego mostró una lata de judías—. ¡Se trata de un innovador abrelatas que abre la lata, extrae delicadamente su contenido y luego la estruja para que pueda reciclarse con comodidad!

—¡Wao! —exclamó la chica, posiblemente la única que estaba algo impresionada.

—¡Ahora haré una demostración en directo! —añadió, metiendo la lata en el artilugio. El invento de Watari empezó a perforar la lata, luego hizo un mal giro, logrando cortar parte del lado de la misma, para luego empezar a apretarla, logrando que las judías saliesen trituradas por los agujeros de la lata, salpicando un poco la zona de alrededor con algunos trozos que salieron a presión—. Bueno... Aún le faltan unos pequeños ajustes.

—¡Oh, es genial, Yuka chan! —babeaba Ruri y no por las judías precisamente.

Un repentino bache en el camino por poco logra que todas las chicas, que estaban de cualquier modo menos sentadas, cayesen al suelo.

—¡¿Queréis sentaros de una vez como hace la gente civilizada! —se vio obligado a participar Tatsumi—. Como alguien se vuelva a levantar de su asiento, lo abandonaremos en medio de la carretera para que regrese andando hasta la escuela, ¿entendido?

Pese a que aquello era inaudito dado lo importantes que eran los padres de muchas de aquellas estudiantes, ninguna de ellas dudó que el shinigami fuera capaz de cumplir su amenaza.

UUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU

Al fin, a las diez en punto de la mañana, el autobús escolar se detuvo en el punto acordado. Habían decidido que madrugarían aun más que cualquier día escolar para poder aprovechar al máximo el tiempo que tan amablemente les había cedido la directora, así que aún tenían todo el día por delante. El conductor se despidió del grupo, ya que él tenía que llevar el equipaje de las estudiantes al hostal mientras ellos hacían las visitas culturales, andando o utilizando los medios de transporte públicos si era preciso.

—Bueno —empezó a hablar la profesora de música—, como debéis imaginar, somos demasiados como para poder hacer esta excursión todos juntos, así que haremos tres grupos. —Se oyó un murmullo de fondo—. Evidentemente, la separación será por casas.

—¿Cómo no? —ironizó Nami por lo bajo.

—Yo me haré cargo de las alumnas de la Casa del Este —explicó, mientras éstas por un lado lamentaban no ir con Tomomi, dado que era lo mismo que ir sin vigilancia, pero por otro alegrándose de no tener que soportar el régimen militar de Tatsumi—, Tomomi se hará cargo de las chicas de la Casa Oeste —continuó la profesora—, y, dado que las de la Casa del Norte sois las más conflictivas, os acompañaran dos profesores en lugar de uno: Tatsumi y Watari.

—¡Yuhu! —exclamó Ruri.

—Ejem —carraspeó la mujer, molesta por la interrupción—. Todos los grupos visitaran los tres lugares acordados, pero en diferente orden para así no molestar a los empleados con un exceso de personas. El orden será el que veréis en los papeles que os reparte la Tomomi —dijo mientras la mujer les daba unos folios del todo innecesarios y que eran una maravillosa muestra del desperdicio de tinta y papel que hacía la gente a la que le sobraba el dinero:

Casa del Norte Casa del Este Casa del Oeste

Mañana Museo Banco Hospital

Tarde Hospital Museo Banco

Mañana siguiente Banco Hospital Museo

—Genial, si las brutas de la Casa del Norte van en primer lugar al museo lo más probable es que no quede nada para cuando vayamos nosotras —se burló Mai, siendo su comentario apoyado por el coro de sus amigas.

—La pija ha hablado —finalizó Nami con un encogimiento de hombros.

—La verdad es que lo del museo suena un poco rollo —opinó Chie—. ¿Y si nos escabullésemos?

—Tatsumi nos mataría —sentenció Hisoka—. ¿Qué digo nos? Os —recalcó, dejando claro que no se apuntaría a ninguna locura.

—Bueno, esta visita es para la clase de Watari, así que no puede ser tan mala, ¿no creéis? —señaló Ruri, mientras los grupos empezaban a separarse y ellas seguían a los dos profesores que les habían asignado.

—Preferiría ir a un botánico —comentó Aya.

—¿Os imagináis que allí nos encontramos con algún instituto masculino que también esté de excursión? —sugirió una chica.

—No sueñas ni nada... —corearon el resto de sus compañeras de clase, muchas de ellas suspirando con resignación.

En cuanto estuvieron ante las puertas del grande edificio, llegó el momento de las recomendaciones previas a la entrada:

—Nada de escándalo, nada de vandalismo, portaos como personas —decía Tatsumi—. No toquéis nada, no rompáis nada, no hagáis fotografías y no os separéis de Watari y de mí.

—Síiii, profesoooor —corearon con hastío.

—¿Qué se cree que somos? —gruñó Harumi, cruzándose de brazos.

—Tal vez lo que sois —musitó Hisoka por lo bajo.

Pronto fueron saludados con efusividad por el guía de turno, muy honrado de poder acompañar a encantadoras mujercitas de un instituto tan ilustre como aquel al que ellas asistían. Las chicas se prepararon mentalmente para tres o cuatro horas de somero aburrimiento hasta que, ante sus ojos brillantes, aparecieron los extraños inventos que allí se exponían: salas donde el sonido no rebotaba, máquinas con luces extrañas, inventos que transgredían leyes tales como la de la gravedad o que mostraban todo tipo de maravillas de la ciencia, cristales que deformaban de modos distintos la figura... Todo podría haber sido maravilloso, sólo si no hubiesen sido ellas las alumnas...

—¡¡Waaa! ¡Mirad esto, estoy súper gorda! —exclamó Asami, intentando recuperarse de la impresión que se había llevado, sin preocuparse de si estaba estorbando o no a los demás visitantes con sus gritos.

—¡Jo, déjame meter la mano a mí! —pedía Kaede a Yayoi, quieres, contradiciendo las órdenes de Tatsumi, no habían tardado ni un instante en meter las manos en una máquina con luces en la que ponía bien claro "no tocar".

—¡Qué lento se mueve esto! —señaló Harumi, al tiempo que empujaba unas bolas que describían un cuidadoso circuito, supuestamente para acelerarlas, aunque sólo logró que se desincronizaran y empezasen a chocarse como no debían—. Upps, haced como que no sabéis nada —dijo a Eriko y Satomi, que la acompañaban, poco antes de ponerse a silbar mientras se alejaban las tres de allí a toda prisa, entre risas.

—¡Kaede, Yayoi! ¡Dejad eso! —exclamaba Tatsumi, yendo hacia las muchachas, mientras el guía se esforzaba en vano en que alguien lo escuchara y algunos de los visitantes empezaban a mostrar quejas por el escándalo que hacían las chicas y por algún que otro empujón.

—Qué cosa más curiosa —señaló Asami, sacándole una foto con el móvil. Su sorpresa fue mayúscula cuando la lámina cambió repentinamente—. ¿Qué pasa?

—Aquí en el cartel pone no sé qué de reacción lumínica —apuntó Aya, intentando comprender la enrevesada descripción que tenían todos los inventos y que sólo un físico podría comprender.

—Igual si sacas otra se vuelve a poner normal —propuso Nami. Sin embargo el resultado fue peor.

—Esta cosa parece que vuele —se admiró Tsuzuki, contemplando una de las pocas cosas expuestas que aún no había sufrido una visita de sus compañeras—. Es asombroso, ¿no crees, Hisoka?

—¿Qué quieres que te diga? Después de ver actuar a un ceremonial no sé cómo estas tonterías pueden impresionarte —comentó con desinterés, aunque muy en el fondo sí le estaba resultado curiosa e interesante la visita.

—¡Jo! ¿Por qué eres así? —se quejó Tsuzuki, con un mohín de disgusto—. Deberías disfrutar de esta oportunidad de vivir como un estudiante normal y corriente.

—¿Normal y corriente? —añadió, cogiendo su falda para remarcarla—. ¿Olvidas que ni siquiera reconozco bien mi voz por culpa del cacharro este que nos tuvimos que poner para tener voz de pito?

—¡Pero...!

KATACRAS

Tsuzuki y Hisoka palidecieron al comprobar que, al girarse para replicarle, Tsuzuki había golpeado con el codo el delicado artilugio, logrando que cayese de donde estaba para acabar en el suelo, bastante maltrecho.

—¿Crees que... alguien se ha dado cuenta?... —preguntó el shinigami de ojos violetas, con voz temblorosa.

Ambos miraron a su alrededor, que parecía un auténtico caos debido a las chicas que corrían de un lado a otro gritando cosas mientras Tatsumi llamaba al orden como bien podía y el guía era acosado por visitantes enojados.

—Diría... que no —opinó Hisoka, imaginando que cuando Tatsumi lo supiese iba a descontar aquello de sus sueldos y aquello prometía hacerles pasar mucha miseria—. Igual si nos vamos disimuladamente... —sugirió, dejando de lado su parte responsable.

—Me parece una idea genial —apoyó Tsuzuki, contento de que su compañero lo respaldara en lugar de soltarle un sermón sobre lo patoso que era, mientras se alejaban sigilosamente, aunque de manera tan dramáticamente sigilosa que pecaba de sospechosa.

—¡Como no pareéis ya, aquí van a rodar cabezas! —se exasperó Tatsumi, viendo que era demasiado tarde para lamentarse de su fallo de cálculo. Controlar a más de treinta chicas, unas más salvajes que otras, era mucho más complicado de lo que había esperado. Lo que todavía no comprendía era cómo la directora pensaba que Aya era la más conflictiva de todas, con lo tranquila y dulce que era. Aunque, sin duda, la estirada mujer no habría opinado lo mismo si la hubiese visto en aquel momento, mientras se esforzaba en poner de nuevo un artilugio en la misma forma en la que estaba antes de que una de sus amigas experimentase—. ¡Watari, ayúdame un poco!

El rubio, sin embargo, estaba demasiado entretenido desmontando una de las obras de la exposición.

—¡¡¿Pero qué haces! —exclamó Tatsumi, sin poder creer lo que sus ojos veían.

—Es que quería ver cómo habían hecho esto exactamente —dijo como si fuera lo más normal—. La idea creo que me ayudaría muchísimo en lo que llevo entre manos ahora mismo...

—Ejem —oyeron a sus espaldas que alguien les llamaba la atención, por lo que el secretario tuvo que hacer esfuerzos sobrehumanos para recuperar su aspecto serio e impasible y afrontar lo que se le venía encima—. Buenos días, soy el director de este museo —se presentó, logrando que el shinigami temiera lo peor: que le pidiesen que pagase todo lo que habían estropeado—. Cuando mi amiga la directora del instituto me pidió que los acogiera hoy y mañana no dudé en que era un gran honor su visita, pero me veo en la obligación de pedirles cortésmente... ¡¡QUE SE LARGUEN!

UUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU

—¡Espero que estéis contentas! —les gritaba Tatsumi a las chicas, las cuales aguantaban estoicamente el chaparrón, sentadas en un parque donde se habían reunido después de que los echasen a patadas del museo—. ¡¿Tenéis idea de los problemas que nos dará esto cuando volvamos al instituto y la directora lo sepa! ¡No os dejará salir de allí más hasta la graduación! ¡Y yo me encargaré personalmente de que lo haga, si no es que me despide primero!

—¿No exagera un poco? —susurró Satomi muy bajo.

—Ya lleva una hora así —añadió Kaede, mirando su reloj.

—Eso es culpa tuya, Harumi, por decir eso de: "Yuppy, así tenemos tiempo libre hasta la tarde".

—Chicas, ¿creéis que realmente pueden echar a Tatsumi sensei por culpa de esto? —temió Aya, aterrada ante la sola idea de no ir a volver a verlo nunca más—. «¿Por qué la simple idea me angustia tanto?...» —pensó, llevándose la mano al pecho de modo irreflexivo.

—¡Nah, tranquila! —se apresuró a decir Nami—. ¡Ya verás como todo se soluciona! Seguro que lo peor nos lo llevamos nosotras.

—Sí, Tatsumi sabrá hacer que no lo echen —añadió Tsuzuki, deseando animar a su amiga.

—Por nuestro bien —finalizó Hisoka, pensando que como los echaran a los cuatro iban a tener serios problemas en el departamento cuando tuviesen que explicar por qué habían abandonado el trabajo.

—¡¿Queréis dejar de cuchichear! —rugió el secretario.

—Vamos, tampoco es para tan... —empezó Watari.

—¡Tú cállate! —exigió con una mirada aterradora.

—Pero, Tatsumi... —se atrevió a hablar Tsuzuki, poniendo su expresión más adorable con esperanzas de que ello ablandase un poco a su amigo—. No podemos quedarnos aquí hasta la tarde... Llamamos mucho la atención —señaló.

—Grr... ¿Y qué sugieres entonces que hagamos? —espetó.

—Podríamos ir a visitar un templo —sugirió Aya y posiblemente Tatsumi hubiese respondido muy mal si no hubiera sido ella quien lo dijo.

—¿Un templo?... —corearon el resto, no muy ilusionadas.

—Eso es muy aburrido —añadió Yayoi.

—Podríamos comprar amuletos para que nos vayan bien los estudios —apuntó Aya.

—O con el amor —añadió Satomi. Aquella idea pareció hacer cambiar de opinión a las estudiantes.

—¡Sí, vayamos! —corearon—. ¡Porfiiiii, profeeeee!

—Sí, ¿por qué no? —murmuró—. Así rezaré para que el polstergate que tenéis en la Casa del Norte os deje en coma a todas.

—¡Qué cruel, profesor! —gimieron ellas, mientras los tres shinigamis se decían que Tatsumi debía haber rebasado el límite de su paciencia para decir algo semejante.

—Dejad de lloriquear y vamos —declaró, empezando a andar, aunque no conocía para nada la ciudad. Las chicas lo siguieron pese a que pronto se dieron cuenta de que el profesor no sabía ni a dónde las llevaba, pero cualquiera le decía nada.

—Una vez vi uno por allí —indicó de pronto Aya, pensando que debía socorrer a Tatsumi.

—Genial, vayamos a ese mismamente.

Después de subir las interminables escaleras que conducían el templo, pese a la práctica adquirida durante todos los días al subir y bajar de las clases o la residencia, las muchachas estaban demasiado agotadas como para montar escándalo. El templo estaba abierto al público, de hecho tenía un aspecto más bien de atracción turística, incluyendo una enorme tienda de recuerdos donde acabaron yendo todas en lugar de dedicar cualquier plegaria. Para tirar dinero y pedir deseos, preferían gastarlo comprando cacharritos.

—¡Mirad, chicas, llaveros en forma de medio corazón! —señaló Chie, siendo en seguida acompañada por la casi totalidad de sus compañeras, mientras otras preferían elegir amuletos o piedras de la suerte—. Aquí los hay con nombres de chica y ahí con nombre de chico —apuntó.

Era cierto, en dos apartados distintos se amontonaban gran número de llaveros, todos idénticos a excepción del nombre que tenían gravado. Dado el poco orden que había, era bastante difícil encontrar un nombre en concreto, por lo que acabaron teniendo que revolverlos todos.

—Si os fijáis, están hechos de forma que encajan —comentó Nami juntando uno cualquiera de los chicos con otro de las chicas, formando así un corazón completo.

—Ooh, ¿no es una monada? Creo que compraré uno con mi nombre —declaró Asami.

—Mirad, he encontrado el mío y el de la profesora Yuka chan —indicó Ruri—. Pero esto no es justo... Como las dos somos chicas, los dos son la misma mitad del corazón y no encajan... Que poco respeto por la homosexualidad —opinó.

—Sí, lástima que no tengas un nombre tan polifacético como el de Kurosaki —les indicó Harumi, enseñándoles dos medallones con el nombre Hisoka grabado en él, uno de cada lado—. Como su nombre es mixto no tiene este tipo de problemas.

—¿Qué problema tenéis con eso? —murmuró el shinigami de ojos verdes, que hasta el momento no había hecho caso alguno al grupo, ya que había estado ojeando unos libros.

—Que te puedes emparejar tanto con chicas como con chicos —repitió Ruri—. ¡Qué envidia!

—Pues ya ves... —musitó, aunque agradecía profundamente a sus padres haberle puesto ese nombre (aunque fuese lo único que les agradeciese) ya que le había evitado tener que inventarse un seudónimo para aquel trabajo.

Sin mucho interés, echó un vistazo a los famosos llaveros. No entendía qué encontraban de emocionante en ellos las chicas, eran tan simples... Justo cuando pensaba en aquello, su mirada se encontró con algo que cogió en su mano antes de pensarlo siquiera. Era uno de esos estúpidos artilugios, aunque este tenía un nombre que pocas veces había pronunciado (y ninguna que recordara en público).

—Asato... —susurró.

—¿Asato? ¿Quién es ese Asato? —lo asaltó Kaede, sobresaltándolo en grado sumo. No es que lo hubiese oído, simplemente había sentido curiosidad al ver que su compañera más arisca también cogía uno, y encima del montón de los chicos, así que había cotilleado por encima de su hombro—. ¡No me digas que tienes novio!

—¡¿Qué! —exclamaron varias de ellas, rodeando al joven de ojos verdes—. ¡Cuenta, cuenta!

—¡Eso son tonterías! —se defendió con rapidez, aunque su sonrojo lo delataba—. ¡Lo he cogido porque sí!

—¿A quién pretendes engañar? —rió Nami.

—¿Qué sucede? —intervino Tsuzuki, a quien un codazo de Yayoi lo había sacado de su concentración—. ¡Ah, Hisoka, qué bien que lo hayas encontrado! —señaló el llavero con el nombre "Asato"—. Empezaba a pensar que no estaba, como tampoco es un nombre muy común... Con ese ya casi los tengo todos —indicó mostrando un buen puñado de medios corazones.

—¿Qué haces con todo eso? —se sorprendió Hisoka, aliviado internamente porque Tsuzuki no hubiese pensado nada raro al verlo con aquel llavero.

—Pues he pensado que sería un buen recuerdo para los del departamento, así que los he ido buscando y ya casi los tengo todos: Wakaba, Yutaka, Yuma, Saya, Chizuru, Seiichiro... Aunque hace rato que busco uno para los hermanos Gushoshin pero no hay suerte... ¿tú sabes sus nombres de pila?

—Pues... no —tuvo que admitir.

—Si que tenéis amigos —se admiró Eriko—. ¿Cómo era que se llamaba el profe Tatsumi?

—Eso seguro que Aya se lo sabe —imaginó Nami, pero cuando fue a preguntarle se percató de que no estaba allí con ellas—. ¿Uh? ¿Adónde ha ido Aya?

—Ahora que lo dices, hace un ratito que no la veo —añadió Asami—. Igual ha ido a rezar.

—A saber...

—¿Os estáis comportando como personas? —inquirió a sus espaldas la voz severa de Tatsumi, quien hasta aquel momento había estado mirando unas tazas de té.

—Claro, profesor... —aseguraron a coro, todas menos Hisoka y Tsuzuki, con voz cantarina.

—Eso espero... —murmuró, mirándolas una a una en busca de alguna muestra de que estuviesen mintiendo, hasta que notó una ausencia—. ¿No está Aya con vosotras? —se extrañó.

—No, justo ahora nos preguntábamos dónde estará —indicó Satomi.

—Seguro que se ha metido en algún problema, es especialista —señaló Harumi con toda la intención de preocupar al hombre.

—Iré a comprobarlo —decidió Tatsumi.

—Entonces la dejamos en buenas manos —declaró con descaro Harumi, sujetando a Tsuzuki antes de que se propusiera voluntario para acompañarlo—. Confiamos en que la encontrará.

«¿Por qué tengo la sensación de que se divierten a mi costa?» —se preguntó Tatsumi, un poco escamado—. «En fin, da igual.»

UUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU

«Qué tranquilidad se respira aquí...» —pensó Aya.

Poco después de llegar al templo se había separado del grupo, ya que la mayoría había acudido a la tienda de souveniers o al templo para dedicar unas oraciones a tener suerte en los exámenes o conseguir novio pronto. Ella, sin embargo, había preferido quedarse allí, cerca de un enorme árbol cuyo tronco estaba rodeado por una gruesa cuerda blanca, un árbol sagrado del templo.

«Menos mal que Asako ha logrado que Tatsumi sensei decidiese moverse de aquel parque. Los parques me provocan escalofríos...» —se dijo, alzando su mirada a las hojas que había sobre su cabeza—. «Pero... ¿desde cuándo? No logro recordarlo...»

La muchacha cerró los ojos, sintiendo que una agradable brisa la saludaba, agitando con suavidad sus cabellos oscuros, peinados en la tradicional cola de caballo que casi siempre llevaba.

«Me siento tan confundida... y sola...»

—Aya —oyó de pronto una voz a sus espaldas, que la sobresaltó.

—Sensei... —se sorprendió al verlo.

—¿Qué haces aquí sola? —se interesó Tatsumi—. Agradecería que alguien como tú me ayudase, controlando a esas salvajes que tienes por compañeras.

—¡Siento muchísimo lo del museo! —se disculpó, bajando tanto la cabeza que cualquiera habría podido pensar que intentaba rozar sus rodillas con la frente—. ¡Te aseguro que lo último que deseaba era desobedecerte o causarte problemas! Si llegasen a despedirte por mi culpa, yo...

—No te preocupes por eso, les costaría demasiado encontrar a alguien dispuesto a ocupar mi lugar —estuvo convencido, de hecho la propia directora le había expresado su alegría al haber localizado al fin a dos profesores que ni temiesen los rumores ni a las alumnas que allí había.

—Pero... —insistió, recuperando la posición vertical.

—Estoy seguro de que tú no hiciste nada malo, eres con diferencia la mejor alumna que hay en la clase, aunque alguna de tus notas no te haga justicia —tuvo que admitir, recordando lo desastrosa que Aya era en sus asignaturas.

—¿Y... yo? Q... que va... —balbució. Era la primera vez que algún profesor que no fuese la profesora de baile la elogiaba, y las amables palabras de Tatsumi hacían que le pesara más en la conciencia no haber impedido a Asami sacar las fotos en el museo.

—Te aseguro que una de las razones por las que aún no he huido ante la perspectiva de la visita al hospital es porque sé que podré contar contigo y con Kurosaki para impedir otra catástrofe —expresó, y era bien cierto. Sabía de sobras que Watari y Tsuzuki no serían de ninguna ayuda, y entre las otras alumnas no había muchas con dos dedos de frente.

—Me... ¡Me esforzaré para estar a la altura de tus expectativas! —prometió, aun sabiendo que eso le iba a costar mucho esfuerzo.

—Eso está muy bien... —asintió, dándole una palmadita en la espalda—. Y, otra cosa... —añadió—. ¿Estás bien?

—¿Yo? ¿Por qué lo preguntas? —inquirió, aunque se hacía una idea. A fin de cuentas él era uno de los pocos que sabía que había perdido la conciencia en la sala de música.

—Últimamente pareces un poco apagada —señaló—. Te quedas mirando el vacío con expresión ensimismada y melancólica. Si yo pudiese hacer algo por ti, me gustaría hacerlo. Puedes confiar en mí para lo que sea —añadió con doble intención. Por un lado realmente le interesaba lo que le sucediese a la chica, ya que le había caído en gracia casi desde el momento en que la vio; y por otra deseaba saber todo lo posible respecto al suceso con el espejo de la sala de música, para poder continuar con el caso.

—No te preocupes, estoy bien —aseguró al instante, emocionada ante el hecho de que él se hubiese percatado de su cambio de humor—. Sólo pasa que tengo la sensación de estar olvidando algo muy importante... —susurró—. ¡Pero tanto da! ¡Me basta con que sigas dispuesto a darme clases particulares para ser feliz!

—Exageras un poco, pero me alegro de que al menos tú aprecies mis esfuerzos por enseñaros cosas útiles —señaló, sintiéndose alabado—. Ah, por cierto... Toma esto —añadió, tras sacar de su bolsillo algo que le entregó a la muchacha.

La joven miró con curiosidad la pequeña bolsita que le había dado y se sorprendió al leer en el papel que la acompañaba que eran semillas de zinnia.

—Bueno... —empezó a decir Tatsumi ante la mirada de sorpresa de Aya—. Recuerdo que comentaste durante una de las clases de repaso que te gustaría plantar unas cuantas zinnias en el invernadero de la escuela, así que cuando las vi entre las tonterías que venden en la tienda de recuerdos, me acordé de ti.

—¿Me las regalas? —preguntó, casi sin voz.

—Sí, claro. Considéralo en compensación por tener que soportar a Tsuzuki durante todo el día —improvisó.

Aya volvió a mirar lo que tenía entre sus dedos.

«Un regalo de Tatsumi sensei... Tatsumi sensei me ha hecho un regalo» —pensaba, algo ida—. «Se ha acordado de mí, me escucha cuando hablo, confía en mí... Oh, siento como si el día de pronto fuera más iluminado, el cielo es más azul, la brisa más agradable, las hojas de los árboles más verdes...»

—¿Aya? —intentó sacarla el shinigami de su abstracción.

—¡¡Muchísimas gracias, Sensei! —casi gritó, apretando el regalo contra su pecho—. ¡¡Cuidaré estas semillas como si fueran mis propias hijas! ¡No permitiré que nadie haga daño a las zinnias! ¡¡Las protegeré aún a riesgo de mi propia vida!

—Mujer... Me alegra que te gusten... —musitó, entre anonadado y avergonzado, ya que todos los turistas que pasaban por el lugar se habían girado.

—Sensei, soy tan feliz... —expresó con devoción, lanzándole una mirada que parecía desprender lucecitas.

—Ejem... Esto... —musitó, mirando a ambos lados. Luego, apoyando una mano en la espalda de la muchacha, añadió por lo bajo—: Mejor que regresemos con las otras antes de que prendan fuego al templo, ¿vale?

—¡Sí! ¡Descuida! ¡Yo cuidaré de que se porten bien! —prometió con mirada decidida, dirigida al cielo mientras ella lanzaba un juramento con la mente a cualquier ente superior que la estuviese oyendo de que no permitiría que sus amigas arrollaran el hospital que tenían que visitar por la tarde.

«Espero que no ponga demasiado empeño y sea un peor...» —se dijo Tatsumi, nada tentado ante la expectativa que le esperaba para aquella tarde. Ir a un prestigioso hospital con aquel grupo de fieras salvajes, Kurosaki y Aya...—. «Como esto continúe así voy a tener que pedir un aumento de sueldo...»

Fin del capítulo 9

Notas de la Autora: ¡Tee–hee! Veamos, antes que nada confirmar que los rumores no eran ciertos, no me había cambiado de identidad y escapado a una isla paradisíaca, dejando el fanfic a medias xD En serio, creo que ya lo expliqué, pero estoy en mi último año de universidad, preparando un proyecto fin de carrera que tendré que entregar (con suerte) en Septiembre. Sin duda cuando acabe tendré más tiempo libre (Dios lo quiera), al menos hasta que me ponga a trabajar. También tenéis que considerar que llevo dos novelas en marcha, lo cual quita algo de tiempo y, unido a falta de inspiración (que ya quisiera para la memoria del proyecto) puede ser letal xD Así que os pido un poco de paciencia y os agradezco que gastéis vuestro tiempo leyendo algo como esto, pese a mi inconstancia :)

Vocabulario:

(No repetiré las palabras traducidas en capítulos anteriores, sino podría eternizarse)

Cincuenta mil yens y quinientos mil — Para los curiosos, vendrían a ser sobre unos 350 euros y unos 3,465 euros, respectivamente. Menos mal que las niñas son ricas, que si no... Yo por cualquiera de esas cifras las llevo, seguro xD

Aria di mezzo carattere — Ópera del juego Final Fantasy VI (o III, según donde lo mires xD) interpretada en el juego por el personaje Celes.

L'Arc en Ciel — ¿hace falta que lo explique? Un famosísimo grupo de jpop cuyas canciones (entre las que podemos encontrar Blurry Eyes de DNA-2 o The Fourth Avenue Café de Rurouni Kenshin, por ejemplo) o las adoras o las odias. No os puedo decir mucho más de ellos, porque yo suelo odiarlas más que adorarlas xD

Ahora paso a contestar los reviews:

Elanor Blackriver: Tu review fue encantador, en serio, no me molestó nada que fuera largo (cuanto más largo mejor xD) y me alegro de no ser la única que piense que Tatsumi es abrazable. Siento haberme retrasado tantísimo en actualizar, pero ya dices que comprendes mi situación, así que te harás una idea de lo estresante que es este año. Espero luego funcionar mejor, aunque soy demasiado inconstante y mi novela me lleva loca.

SenKo-Kun: Lo siento T.T De veras que estoy muy ocupada, y la musa no es que me acompañe demasiado. No voy a prometer actualizar más seguido, porque no estoy segura de ir a cumplirlo, pero por el momento ni me he planteado cortar el fic, eso seguro.

Inuyka: Gracias por el review :D Lo del hermano de Aya ya se verá, pero si no pintara nada no lo nombraría tan de continuo, ¿no? Y en cuanto a Hisoka y Asato... ya se verá también xD

Dark–san86: Muchísimas gracias por tu review, en serio, me emociona que os guste mi fic. Siento ser tan tardona actualizando y que los capítulos sean tan cortos, al menos me alegra saber que vale la pena. No son muchos los que se han fijado en el detalle del medicamento de Aya o que le hayan dado importancia a su espera de carta, pero todo a su debido tiempo, ya lo verás (tarde o temprano xD).

Aroa Nehring: Me alegra que te haya gustado el capítulo. Sin embargo, sobre lo que dices de que la mujer que ve en el espejo sea la misma que vio Hisoka, si te fijas es imposible. Aya dice que la última vez que vio a la chica tenía siete años, y Hisoka cuando descubrió aquello tenía sobre los trece. Teniendo en cuenta que los dos han nacido el mismo año ya que Aya tiene la edad que tendría Hisoka de no haber muerto, se ve que no es posible. Lo de Aya es previo ;) PD: Siento el retraso, ya explico antes de los reviews mis circunstancias, espero que me disculpes xD De veras que me asustaste con la tanda de reviews xD

AngelBlack: Como he dicho a tantas otras, siento la tardanza. Intentaré esforzarme más, aunque no prometo nada xD

Kado-Chan Yumegari: Así que creían que estabas poseída, ¿eh? Jejejeje, mi plan está funcionando... Es broma, gracias por tu review, por fin salió otro cap, y si lees esto es que ya lo sabes xD

Randa1: Se aprecia tu sinceridad xD Pareces mi tía cuando me apresura con que escriba la novela (Diox, y yo aun no he acabado el capítulo xD).

Acabados los reviews, me despido por un tiempo. Dudas, sugerencias, abucheos, amenazas de muerte, donuts bomba... ¡pinchad el botoncito de los review, donde pone Go (creo, tendría que comprobarlo, que el fanfiction ha cambiado mucho desde la última vez)! ¡Nos leemos!