Cuando bajó a almorzar se sorprendió al ver al rubio ya en la mesa, pero esta vez se sentaba frente a él, en el lugar que anteriormente había sido de Watari. Al parecer éste estaba molesto con él, ya que le ofrecía una mirada de hastío, ahora qué supuestamente había hecho para ponerlo así. L también se encontraba ya sentado acompañando al rubio, pero era indiferente a la reacción del chico.

-Watari ya esta por traer la comida, así que siéntate Near- dijo el azabache, pudo ver que mejor el golpe del chico, en el orfanato era Mello y ahora en la escuela era otro matón.

Near solo asintió, sentándose, miró de reojo al rubio, éste al percatarse de la mirada del albino solo la esquivó.

-¿Near que traes en esa cajita?-preguntó curioso el detective apuntando a la pe1ueña caja de madera que estaba en el borde de la mesa.

-…- en qué momento la había olvidado allí, se levanto un poco de su asiento y se estiró hasta alcanzar y traerla hacia él- son galletas-demostró abriendo la cajita y mostrando a L el contenido.

-¿Y desde cuándo te gustan las galletas?-preguntó algo molesto el rubio que veía como el pelinegro le robaba una galleta al menor.

-Mello…-el pelinegro veía como el albino ponía una cara de "qué te importa energúmeno".

-Me las regalaron, no podía rechazarlas- su mirada contraatacaba a la del rubio.

-Están deliciosas- dijo sacando otra y metiéndose a la boca-¿quién te las regaló Near?-si antes estaba curioso por la caja, ahora lo estaba aún más por quién se las había obsequiado.

-Un compañero- dijo cortante, en ningún momento había despegado su mirada de la del rubio.

-Joven L no coma antes del almuerzo- entró el anciano con una bandeja.

El almuerzo estaba bastante tenso, ni el albino ni el rubio habían dado por alto su duelo de miradas. L creía que de Mello era normal, pero del albino lo impresionaba un poco, tal vez sea la juventud, solo esperaba que el chico no se volviera un segundo Mello, porque seria difícil tratarlo.

-Maldito mocoso cabeza de nube- pensaba el rubio.

-Afeminado abusador- pensaba por su parte el albino.

Cuando el almuerzo acabó ambos chicos se encontraron en la escalera, cada uno intentaba caminar más rápido que el contrario, ambos llegaron al segundo piso y nuevamente empezó el duelo de miradas, en qué momento comenzó nuevamente la rivalidad, y Near reacciono, recordó las palabras de L y caminó hacía su habitación encerrándose. Pero no esperaba que el rubio fuera tras él, así que cuando se sentó en su cama la puerta se abrió y sin preguntar Mello entró al cuarto.

-No te di permiso para que entraras a mi cuarto- dijo molesto el albino

-Nunca te lo pedí y no lo necesito- sonaba altivo, haciendo molestar más a Near.

-Vete, no quiero discutir contigo- trató de sonar más paciente.

-¿Por qué, acaso L te lo pidió?- preguntó burlón.

-¿Es que tú nunca te cansas de esto?

-Tal vez te tengo manía- mostró una sonrisa socarrona.

-…- entre lo enfadado y lo avergonzado no supo qué decir- tú… no sé si sigues igual o has empeorado.

-Quién sabe- dijo cercándose dos paso al albino, que se alertó- ¿sabias que ahora iremos al mismo instituto?- su sonrisa aumento, sabía que el chico no tenia idea, L había dicho que él le daría la noticia, pero prefirió apresurarse, solo para ver la cara de molestia que ponía el albino, en estos años se había puesto muy expresivo al parecer.

-…- maldijo a L en su mente, a veces hacia lo que le daba la gana sin siquiera consultarle- y tú idiota… ojalá te ayude para aumentar tu escaso coeficiente intelectual.

-Maldito- el tiro le había salido por la culata y ahora si que su sonrisa desapareció.

-¿Y L también te puso en mi mismo nivel para quedar en segundo lugar nuevamente?- supo tardíamente que no había sido buena idea decir eso, Mello se le había tirado encima y lo sujetaba fuertemente de sus muñecas. Ya sentía el golpe que le daría éste, pero nunca llegó, si no que solo vio la mirada irascible del ojiazul.

-De verdad te has vuelto en un chico rebelde Near- una risa falsa salió- pero yo más.

-No lo dudo- mencionó cortante y mostrando su natural gesto intacto.

-Ya volviste… me pregunto por qué de tanto que te he hecho no me odias.

-No me has hecho nada como para que te odie-dijo neutro.

-¿¡Qué no te hecho nada maldita sea!- involuntariamente había presionado aún mas las mulecas del albino- ¿¡es que eres un muñeco!¿¡no me puedes odiar si quiera!

No veo razón para hacerlo Mello, suéltame.

-Qué no lo hay… ¿es que todos los insultos y golpes no son nada para ti?- preguntó un poco más calmado pero sin dejar el tono molesto.

-Todo eso vi desde un punto de edad Mello, era normal ¿no?

-Eres un… -su voz se corto, la rabia lo hizo sentir que se cegaba, pero trato de controlarse.

Empezó a recordar, por qué se había ido del orfanato, no era porque ya lo tenía aburrido, no era tampoco por el puesto a sucesor de L, eso había pasado a segundo plano, porque su meta era ser mejor que Near, todos sus esfuerzos era porque algunas vez quiso sonreír triunfante al ser primero, quería ver al chico humillado, como él lo había estado muchas veces. Y por eso se fue, porque supo que allí no lograría superarlo, tenía que saber más que él, ser independiente, y superar solo a su rival. Pero todo dio un vuelco, sus recursos se agotaban y tuvo que aprender a sobrevivir, hizo cosas que nunca se imagino, se unió a una mafia para poder subsistir y tuvo que trabajar para ellos. Al tiempo se empezó a olvidar el por qué había hecho todo aquello, que era Near el que hizo volcar su vida, que había tenido un hogar, que había sido el segundo sucesor del mejor detective del mundo, su mente sólo pensaba en cumplir con los trabajos y no ser descubierto por la policía. Sin embargo, cuando se vio frente al espejo y vio su cicatriz, más que culpar al verdadero culpable, más que culparse él, culpo a Near. Y ahora lo tenía al frente, mirándolo incrédulo por su silencio y la ira salió.

-Maldito mocoso no sabes cuanto te odio- escupió las palabras.

-No me culpes de tus inmaduros actos Mello- dijo sereno.

-¡No tienes idea de lo que he tenido que pasar para que digas que mis actos son inmaduros!- eufórico se acerco al rostro del albino- mírame Near, ¿crees que ésta cicatriz que me la hice por inmaduro?

-…- sabía que no, pero no quiso responderle- Mello basta, me duele.

-Esto me dolió más Near, por tu culpa, ¡mírame!- gritó sulfuroso.

-Ya basta Mello, no sé de qué hablas, L vendrá-

-No me interesa si viene él o la reina, ¿dices que intentas llevarte bien conmigo o es que L te lo ha pedido?- preguntó irónico.

-No me importa, veo que eso ya no interesa- pronunció frio, estaba nervioso, tener al rubio iracundo no era nada nuevo, pero sabia las graves consecuencias.

-¿Tan poco te importo Near que ni tu odio me merezco?- preguntó adusto.

-Entiende que no hay razón para que te odie Mello- ya le estaba comenzando a molestar el fanatismo del rubio por que lo odie.

-Entonces yo te daré una- y lo miró con una altanera sonrisa.

-¿Qué pretendes Mello?- pocas veces eran, que incluso podía contarlas con una mano, que el rubio le provocaba temor con su mirada, y esta era la ocasión.

-Mmm…me pregunto si esto funcionara- y con una de sus manos tomó el rostro del menor.

-Mello detente, esto no es agradable- dijo más serio que antes.

-Claro que no, esto empezó a ser divertido Near- y en un tono sádico aprisionó más la mandíbula del albino.

-Mello me duele-

Pero no puedo terminar, su boca fue aprisionada rudamente por la del rubio. Sus ojos estaban abiertos completamente y su corazón latía presuroso, Mello lo atacaba de una forma inusual, sus labios eran aprisionados por los de él, este además mordía su labio superior con frenéticos movimientos, no estaba demás decir que asustado estaba. Pero se desespero más cuando sintió una humedad sobre sus labios, y trato de zafarse del agarre, pero el rubio con una sola mano lo aprisionó con mayor fuerza enterrándole las uñas en su pálida piel, haciéndolo gemir de dolor, hecho que el rubio no desaprovecho y metió su lengua dentro de la cavidad. Near con todas sus fuerzas intentó sacar la intrusa lengua impidiéndole la entrada, incluso con su lengua se lo impedía. Pero Mello no se hecho para atrás, y enterró mas fuerte sus uñas en la lechosa piel haciendo que un nuevo gemido mudo saliera, y ahora puso entrar sin problemas. "Jugaba" con la lengua del albino, lamia su paladar, con su encía. Al parecer su plan disparatado había funcionado, el chico debajo de él estaba asustado y no parecía tener la valentía como para contraatacarlo. Pero el aire empezó a escasear dentro de sus pulmones y el rubio se separó por fin de la boca del menor que solo respiraba atropelladamente.

-Pero mira que inofensivo te ves Near- reía ironico.

-Si esta es la forma…- le costaba hablar ya que aún no se recuperaba- de… que te odie, eres bastante estúpido.

-Eso lo veremos…- y separándose de él, camino con paso largos y salió de la habitación.

Sin el rubio a la vista, comenzó a tranquilizarse, su corazón aún latía fuertemente por el susto. Maldito aprovechador… y miró sus muñecas, rojas y marcadas, y tomo su quijada, que le dolía por la fuerte prisión de la mano de Mello, ¿es que ahora tenía que soportar a dos abusadores?

Pero ahora que lo pensaba ese había sido mi primer beso… y su cara se sonrojo, entre rabia y vergüenza, el rubio le había usurpado su primer beso a la fuerza, con suma violencia y sin su consentimiento. Pero no le daría el gusto al energúmeno de odiarlo, lo bueno que su camisa era bien holgada para ocultar las marcas.

Sin darse cuenta, entre deberes, pruebas y el cansancio, se había ido una semana. L había arreglado todo ingresar a Mello al Bachillerato que la escuela tenía, además de conseguirle el uniforme, útiles. Por lo menos no había visto al rubio exceptuando las comidas, el rubio había sido regañado por L por haber ido primero a contarle de su ingreso a la escuela, pero aún mostraba esa sonrisa con sarcástica que él trataba de tolerar. También en esa semana no había visto Evans y el rubio lo había acompañado en todas partes por si se le ocurría aparecer. Al de ojos verdes también le habían quedado marcas de los golpes, así que los dos cuando caminaban juntos por los pasillos hacían una pareja bastante cómica. Pero el fatídico lunes había llegado.

Mello estaba al frente de un espejo de cuerpo completo, se miraba de arriba abajo y viceversa, la verdad, se veía bastante elegante y guapo con ese uniforme, en contraste que el albino, que lo hacía ver más infantil y según el, un ñoño.

-Vanidoso- escuchó uno voz tras él.

-Tengo razones para serlo- dijo mostrando uno sonrisa altiva que el azabache correspondió.

-Bajemos para desayunar.

-Bien- y tomando su bolso cuadrado de cuero salió junto con el detective.

Se sentaron en sus puesto, Watari ya había puesto el desayuno en la mesa, así que comenzaron a comer, sabían que el albino se demoraba unos minutos ya que por las mañana no reaccionaba con todos sus sentidos, despertaba con la presión baja. Pero en una esquina se vio la albina cabellera llegar, caminaba parsimonioso sobándose los ojos.

-Buenos días- y se sentó empezando a desayunar.

-Buenos días Near- solo correspondió el pelinegro a su saludo.

Por su soñolienta vista no tomo en cuenta la vestimenta del rubio, que en vez de llevar el tono marrón, llevaba el azul marino, haciendo hincapié en la diferencia de grados. Solo lo notó cuando ambos estaban en la entrada principal esperando a Watari que trajera el vehículo.

-Te ves ridículo- se adelantó antes que el rubio.

-Cállate colegiala- atacó el rubio.

-Se detienen los dos- y ambos chicos callaron a la atención del pelinegro- espero que en la escuela no se comporten como niños de primaria- dijo neutro a lo que el rubio bufó.

Esta vez L lo acompaño, iba sentado al frente, y los dos chicos atrás, cada uno en su lado, mirando su ventana.

-Aún me puedo arrepentir, es cosa de que salte del vehículo y salga corriendo, y no tendría que aguantar estar con este incómodo uniforme y soportar a los idiotas de esa escuela- y en ese pensamiento, una sonrisa salió.

-¿Qué ocurre Mello?- preguntó sospechoso por la sonrisa maligna del rubio.

-Nada… Pero esta L, no alcanzaría ni a salir del país con él detrás de mí- y se dio un leve golpe con la ventana- Estoy delirando, chocolate, dónde están… maldición, no traje- e inconscientemente su pulso aumento.

Al estacionar el auto, Mello pudo ver la escuela, tragó duro y salió del vehículo. La brisa fresca de la mañana lo tranquilizó, divisó a muchos chicos entrando a la escuela, L no me dijo que era de solo hombres, y ahora con qué me desconcentro.

-¿Y qué esperan para ir?- preguntó el detective al ver que ninguno de los chicos se disponía a cruzar la calle.

-Que me tomes de la mano para llevarme L- dijo irónico y se dispuso a cruzar la calle.

-Gracioso- dijo casi en susurro- adiós Near.

-Adiós joven Near.

-Adiós.

L le había dicho que su aula estaba en el último piso, así que con esfuerzo subió las escaleras hacia el cuarto piso. Malditas escaleras empinadas… hace tiempo que no se ejercía sus piernas, cuando tenía que correr o escalar para esconderse de la policía u otras mafias rivales. Y ahora estaba en un colegios de ñoños adinerados, cual de todos más orgulloso por el dinero que no tenían. Su camino fue intercedido por muchos jóvenes que se divertían en el pasillo, se sentía como el patito feo, todos los pasaban a llevar, su sala no la encontraba y además, no tenía chocolate para soportar a todo esos ineptos. Pero su paciencia se acabó cuando un chico, que jugaba con varios más, pasó a llevar su hombro tirando su bolso.

-Maldito- y sin poder reaccionar el chico fue tomado del brazo con suma presión- ten más cui- Y justo cuando lo iba a golpear miro hacia el frente.

-Ahí estaba, la dichosa sala, soltó al chico y caminó hacia ella. Pero al entrar se detuvo, muchas miradas escrutadoras se giraron hacia él.

-¿Desde cuándo esta escuela es mixta?- escuchó dentro del salón y muchas risas estallaron.

-Linda rubia me dejas pasar- escuchó tras él y eso hirvió su sangre, tomó al chico y lo arrojó al piso.

-De nada- dijo sarcástico caminando por la sala ante la mirada impactada de todos- con eso me dejaran tranquilo.

Sonó el estridente timbre anunciando el inicio de las clases, Demian había llegado a la sala un poco agotado, sin que nadie lo notara, arregló su corbata y su cabello que se había despeinado.

-Hola Near.

-Hola Demian.

Para Mello su primer día no estaba siendo fácil, cuando el profesor lo presentó a la clase tuvo que soportar los chiflidos y gritos de los jóvenes; "Te amo", "sal conmigo", "¿tienes novio?", "me encantan las rubias", etc. Ahora seria la sensación de su sala, pero al parecer a nadie le importaba la gran cicatriz que llevaba consigo. Su puesto estaba hacia la ventana justo al medio de la fila, cuando se sentó el profesor comenzó con la clase.