Sí, ya se lo que seguramente estareis pensando, dónde se ha metido esta tantos días. Pues solo puedo deciros que siento la tardanza y que tuve una crisis de creatividad. La verdad es que me replanteé muy seriamente si estaba llevando la historia por donde yo quería y me sentía bastante bloqueada, pero aquí teneis un nuevo capítulo. Espero que os guste.
Espero reviews con lo que os ha parecido y cualquier idea que podais tener sobre la historia, o simplemente lo que os gustaría que pasara, agradeceré mucho vuestra ayuda!!!!
CAPÍTULO 9.- REENCUENTROS.
Sekhmet: Estúpida, estúpida, estúpida… ¡Estúpida! – Chilló cuando se golpeó la pierna contra la esquina de su cama. La verdad es que intentar andar con un solo pie mientras intentaba ponerse la media en el otro no se le daba demasiado bien.
Muchos os preguntareis, qué ha pasado para que esté tan alterada a estas horas de la mañana, pues precisamente esa es una de las razones, es por la mañana.
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La luz que entraba por la ventana comenzó a molestarle haciendo que se acurrucara sobre sí misma en un intento de evitar que le diera en los ojos.
El silencio a su alrededor hizo más tranquilo su despertar, al parecer era la primera en levantarse. Se giró hacia la luz y abrió los ojos, no recordaba haber dejado la cortina abierta, pero qué más daba. El día era perfecto, el cielo estaba despejado, sin una sola nube, se oía el trinar de los pájaros o de alguna bestia mágica parecida y el reloj aún marcaba las nueve menos diez….
Sekhmet: ¡Las nueve menos diez! – Dijo levantándose de pronto, corrió del todo sus cortinas y vio el por qué de tanto silencio… solo quedaba ella en el cuarto.
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Se puso los zapatos de mala manera, se colgó la corbata sin atar alrededor del cuello, cogió su mochila, no tan pesada como en otros años, y salió por el retrato de la Dama gorda para encontrarse de frente con el rubio que la miraba con la ceja alzada y una de esas sonrisas de suficiencia que tanto la sacaban de quicio.
Draco: Bienvenida a Hogwarts. Bonita forma de vestir. –Dijo intentando no reírse.
Sekhmet: ¡Tendrían que poner un horario nocturno para los que dormimos de día! ¡Deja de reírte y ayúdame! – Se quejó mientras se abrochaba los últimos botones de la blusa.
El rubio se acercó y comenzó a atarle el nudo de la corbata.
Draco: Supongo que habrás notado que llegamos tarde. Por suerte tenemos Defensa a primera hora. –Paró de hablar al percatarse de que la morena llevaba demasiado tiempo callada para ser ella.
Levantó la mirada del nudo de la corbata y se topó con los ojos de la chica, que habían dejado de ser azules por unos instantes y que se posaban ahora en él como dos pedazos de oro ardiente. Una sonrisa picara fue el último elemento para que su sensor de peligro hiciera sonar todas las alarmas.
Vio como se acercaba a cámara lenta hasta su cuello mientras él solo era capaz de intentar tragar con bastante dificultad. Maldito efecto el de los vampiros.
Sekhmet: Perfecto. –Ronroneó en la oreja del rubio. –Estás perfecto con ese pendiente… -Se separó unos centímetros de él y no pudo evitar estallar en carcajadas al ver el sonrojo del rubio y como dejaba escapar el aire que había estado conteniendo sin percatarse. Le encantaba jugar con él al ratón y al gato, y le encantaba ser un vampiro.
Sekhmet: ¿Llegamos? –Pregunto la chica de nuevo con los ojos azules.
Draco: Sí, por lo visto el viejo cree que juntando en la mayoría de las clases a los Slytherin y a los Gryffindor va a conseguir que desaparezcan los problemas entre las casas… algo estúpido si me preguntas a mí.
La observó unos instantes.
Quién iba a imaginar que Granger sería capaz de hacer perder la cordura a la mayoría de los hombres con solo un roce o una mirada. No era algo solamente físico, pues ahora no tenía su apariencia normal, era su presencia la que hacía que la gente se girara al verla pasar o le abriesen camino, algo que él había comprobado era muy útil para un día de rebajas en el Londres muggle… Si tan solo las razones de este cambio hubieran sido otras…
Se había quedado embobado mirándola y ahora pagaba las consecuencias, pues la chica le estaba regalando una sonrisa que sería normal para cualquiera, pero él sabía bien lo que escondía, burla.
Sekhmet: ¿No tenía tanta prisa, señor Malfoy?
Y él no pudo más que ofrecerle el brazo del que se colgó la chica, coger su mochila y dirigirse hacía su aula mientras negaba levemente con la cabeza.
Draco: (Con ella no se puede.)
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Los pasos de los jóvenes corriendo por el pasillo resonaron en el aula hasta que entraron en ella.
Todo el mundo se había quedado parado al verlos entrar, juntos. Pero ella también estaba paralizada, pues no esperaba que tras la mesa del profesor observándolos, estuviera él, Remus Lupin.
Sintió como Draco le daba un leve apretón en la mano haciéndola salir de su ensoñación. ¡¿Por qué no dejaban todos de mirarlos de una maldita vez?! Siguió al rubio hasta una de las pocas filas de bancos que quedaban vacías al final de la clase y se sentó con él.
Remus: Llegan diez minutos tarde, cinco puntos menos para Gryffindor y Slytherin. ¿Señorita? –Preguntó el licántropo refiriéndose a ella.
Sekhmet: Sekhmet Lefey, profesor.
Remus: Bienvenida. Bueno, continuemos con lo que…
Desconectó, sería la primera clase en la que no se enteraría de nada pero le dio igual. Estuvo ocupada todo el tiempo observándolo, detallando como se movía, como hablaba, observando sus facciones y comparándolo con lo que ella recordaba de él. Sin duda la guerra la había pasado factura a su amigo, algo que en verdad la entristecía.
Miró el resto de la tarima y se llevó una grata sorpresa al encontrar a su viejo gato, Crookshanks, sentado en un taburete a la izquierda de la mesa del profesor, mirándola tan fijamente como ella a él.
Sin embargo no pudo evitar sonreír cuando, tumbado en el lado contrario, encontró un perro negro de gran tamaño que bien podría ser confundido con un Grimm, Sirius Black dormía tranquilamente en su forma animaga sin que nadie lo sospechara y un único pensamiento pasó por su cabeza.
Sekhmet: (Lo consiguió, terminó lo que yo no pude…) –Sin duda estaba orgullosa de Remus.
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Ahí estaba la confirmación a sus sospechas.
Esa chica no era de fiar, era imposible que nadie más se percatara de la extraña aura que parecía rodearla, era algo imposible de explicar.
Lo cierto es que pese a haber desarrollado una especie de sexto sentido para el peligro, no lograba sacar nada claro con respecto a ella, pero parecía llevarse muy bien con Malfoy y eso para él era más que suficiente.
Esta era una de las tantas clases que compartían con Slytherin, de hecho la clase estaba dividida por el pasillo central, a un lado los leones a otro las serpientes, solo ellos dos rompían la norma, y a juzgar por las miradas que les dirigían algunas serpientes, a ellos tampoco parecía gustarles que su "príncipe" se sentara con una Gryffindor.
Debería estar atento a sus movimientos.
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Era algo inevitable, llevaba tanto tiempo sin verlos que era incapaz de apartar la mirada, ni siquiera cuando Draco le explicó que Remus había llegado esa misma mañana o cuando le dijo que Potter llevaba demasiado rato mirándolos, sólo quería grabarse mentalmente sus rostros, recuperar el tiempo perdido…
Remus: ¡Y no olvidéis traer a vuestra mascota para la próxima clase! –Despertó de repente al sentir el ruido a su alrededor, la clase había terminado y todos se marchaban.
Draco: ¿Vamos? –Asintió y recogió sus cosas rápidamente dispuesta a seguir al rubio.
Remus: Señorita Lefey. –Se giró mirando al hombre que la observaba. –Podría quedarse un momento, necesito hablar con usted.
Se volvió un segundo hacia el rubio, vio su cara de preocupación y tras cerrar un momento los ojos asintió con la cabeza, gesto que Draco entendió perfectamente.
Draco: Te esperaré fuera.
Sekhmet: No te preocupes, llegarás también tarde a la siguiente clase y ya has perdido puntos por mi culpa hoy, puedo ir yo sola.
Reunió el poco valor que sentía en su cuerpo en ese instante, esperó a que todos abandonaran el aula y se giró hacia el que ahora era solamente su profesor.
Sekhmet: ¿Qué es lo que quiere, profesor? –Que raro se le hacía tratarlo de usted…
Remus: Solamente me interesaba saber si ya se había puesto al día en las demás materias.
Sekhmet: Sí, Draco se encargó de ponerme al tanto ayer.
Remus: Bien. – ¿Por qué tenía la impresión de que Remus parecía más nervioso que ella? -¿Tiene una relación muy estrecha con Malfoy?
Su pregunta le sorprendió momentáneamente, pero enseguida captó el por qué de su nerviosismo. No le interesaba si se había puesto al día con las materias, se estaba preocupando por Draco.
Sekhmet: Somos buenos amigos desde hace tiempo. –Dijo recibiendo una sonrisa por parte del licántropo.
Remus: Debe de ser muy importante para él para que halla aceptado tan fácilmente que es una Gryffindor. La verdad es que hay una pequeña rivalidad entre la casa de las serpientes y la de los leones.
Levantó una ceja como si no terminara de creérselo y fue incapaz de no sonreír ante la situación.
Sekhmet: ¿"Pequeña rivalidad"?
Remus: Supongo que no se la puede engañar tan fácilmente. –Dijo el otro devolviéndole el gesto. – La verdad es que hay una gran rivalidad.
Sekhmet: Lo se, es imposible no enterarse.
Remus: Me alegro de que el chico pueda contar con una amiga de verdad, es una buena persona a pesar de lo que todos digan de él.
Los nervios habían desaparecido, qué más daba si para él era una simple desconocida, ella tenía grabado a fuego en su mente el tiempo en el que eran los mejores amigos a pesar de la edad, podía volver a ganarse esa confianza de la que había gozado una vez y lo iba a hacer, solo que ahora no serían Remus y Hermione, los mejores amigos, si no que serían Remus y Sekhmet, qué más daba un nombre.
Fue acercándose hacia los animales que los observaban atentos.
Sekhmet: ¿Son sus mascotas? –Preguntó con el fin de poder hablar con él un poco más.
Remus: Podría decirse que sí.
Sekhmet: ¿Cómo se llaman?
Remus: El gato se llama Crookshanks, y el perro Canuto.
Se acercó hasta ponerse a la altura del perro y le acarició la cabeza mientras este agachaba las orejas en un signo de consentimiento. Miró sus ojos y un escalofrío le recorrió la espalda al descubrir en él la misma mirada que había tenido ella mientras estuvo en Azkaban. No pudo más que entristecerse porque sabía exactamente lo que sentía Sirius en esos momentos. Ansiaba la libertad.
Al igual que lo había estado ella, él estaba condenado a vivir entre las sombras por unos asesinatos que no había cometido, a pesar de haber regresado del Velo de la Muerte no podía ser feliz, no así. Se fue alejando en dirección al gato mientras se prometía a sí misma y a él que lo ayudaría a salir de esas sombras.
Remus: No es conveniente que lo acaricies. –Dijo el hombre al ver como alzaba su mano hacia Crookshanks. –Hace mucho que no permite que nadie se le acerque, solo me tolera a mí y no mucho… - Pero se quedó asombrado al ver como el gato saltaba del taburete para comenzar a restregarse contra las piernas de la chica.
Se agachó y lo cogió. Cuánto lo había echado de menos…
Sekhmet: Es un buen gato. –Dejó de acariciarlo al darse cuenta de que había despertado demasiado interés en el hombre que la miraba ahora curioso. – Será mejor que me valla, creo que Gryffindor va a volver a perder puntos por mi culpa.
Remus: Si tiene alguna duda no dude en consultármela.
Sekhmet: Gracias, Remus. –Dijo sin ser consciente de sus propias palabras mientras cerraba la puerta del aula.
Lo había llamado por su nombre, y lo extraño es que había sentido que eso era lo más correcto del mundo. Dejó de pensar cuando una luz a su lado le hizo girarse para mirar a su mejor amigo que había decidido sentarse encima de su mesa.
Sirius: Es extraña. ¿Has visto el aura que la rodea?
Remus: ¿Aura? –Preguntó extrañado, él no había sentido anda fuera de lo común.
Sirius: ¡Despide magia por cada uno de sus poros! ¡Es imposible que no lo hayas notado, ya estamos cerca de la luna llena!
Remus: ¿Qué más da Sirius? Al fin un Slytherin y una Gryffindor parecen llevarse bien en este endemoniado castillo, quizás sea justo esa unión lo que necesitamos. –Oyó al moreno refunfuñar por lo bajo, desde luego Sirius seguía odiando a los Slytherins como lo hacía a los quince años, seguía comportándose como un chiquillo. Pero eso era ahora lo que menos le importaba, había visto fuego en el interior de esa chica, y Malfoy al fin parecía ser feliz.
Iba andando por los pasillos hacía el aula de Transformaciones, se detuvo un momento y se pasó la mano por los ojos notando como esta se humedecía levemente mientras una sonrisa se dibujaba en su cara, qué más daba si estaba allí para ser la niñera de Harry, qué más daba si iba a tener que soportar a todos los estudiantes de Hogwarts todos los días, se sentía feliz y lo único que hubiera mejorado aún más su ánimo habría sido tener con ella a su familia y a su manada, a Orión.
Pero bien dicen que las emociones del ser humano son volubles por la rapidez con la que pueden cambiar y las suyas, a pesar de ser un vampiro, eran exactamente igual de humanas, como comprobó al entrar a la siguiente clase.
Minerva: Llega tarde, siéntese al lado del señor Potter para poder comenzar.
Su sonrisa se borró de golpe al oír esas palabras, qué no se suponía que Harry se sentaba siempre con Ron, ¿por qué justamente hoy tenía que estar solo?
La observó mientras se sentaba y comenzaba a acomodar sus cosas, ni siquiera le miró, algo que no solía sucederle con mucha frecuencia. Tenía la impresión de que esa chica tenía algo en su contra, pero cómo podía ser eso verdad si ni siquiera lo conocía…
Minerva: Muy bien, en la clase de hoy practicaremos la defensa mediante la trasformación de un objeto en una cría de dragón. –Hizo un movimiento con la varita y unos papeles se posaron en la mesa de cada alumno.
Se tensó inmediatamente al ver lo que ponía en las hojas.
Sekhmet: (Al parecer he cambiado más de lo que creía.) – Pensó mientras apretaba los puños debajo de la mesa.
La clase transcurrió, ya la mayoría de sus compañeros habían logrado la transformación correctamente y habían vuelto a transformar al dragón en su forma original, pero ella no había movido un solo dedo.
Levantó la mirada para encontrarse con McGonagall que la miraba con gesto severo.
Minerva: ¿Tiene algún problema con el ejercicio, señorita Lefey?
Sekhmet: No pienso hacerlo. –Dijo mientras se levantaba de la silla para quedar a la misma altura que la mujer.
Volteó para mirar a su compañera que tras las palabras dichas había obtenido la atención de toda la clase que ahora esperaba la reacción de la profesora.
Minerva: Creo haberme explicado lo suficientemente bien como para dejar claro que eso no es algo que usted pueda decidir.
Sekhmet: Y yo creo haberme explicado también con claridad al decirle que no pienso hacerlo. Me niego a crear una vida para luego arrebatársela a su dueño como una asquerosa asesina. –Dijo dejándolo atónito por un instante.
¿Se negaba a hacerlo por no matar algo que ella misma había creado? Increíble pero cierto.
Minerva: ¡Siéntese ahora mismo! No pienso tolerar que ponga en duda mi autoridad y mucho menos que interrumpa mis clases por estúpidas tonterías.
Sekhmet: ¡No son tonterías! ¡Creéis que podéis jugar a ser Dios pero no es así! No podéis crear y destruir a vuestro antojo como si fuera cualquier cosa. Mucho os vanaglorias de ser el bando de la luz pero cometéis los mismos actos que Voldemort y los suyos, solo que a una escala menor.
Ni un murmullo se oía ahora, algunos impresionados por que la chica hubiera dicho el nombre de Aquel que no debe ser nombrado, otros temerosos de la reacción de McGonagall y él curioso. Quizás esa chica si estuviera en su bando al fin y al cabo si tanto repudiaba lo que hacía Voldemort.
Minerva: Fuera de mi clase ahora mismo, luego hablaré con el director sobre su comportamiento.
Sekhmet: Mejor, así podré dejar de perder mi tiempo en esta estúpida clase.
Y lo último que escucharon todos fue el retumbar que creó la puerta cuando la morena salió azotándola.
Vera: ¡Auch! –Gritó la castaña al chocar su cabeza contra algo.
Alex: ¡Vera, cállate!
Vera: ¡Oye, no ha sido mi culpa! ¡¡Algo se ha puesto en el camino de mi cabeza!!
Orión: ¡Queréis dejar de hacer el crío y encender una luz de una maldita vez!
Dan: ¿Mejor así? –Dijo el pelirrojo conjurando un lumos.
Orión: Gracias…
Alex: ¿Estás seguro de que es aquí?
Vera: Es una casa demasiado fea, y lo digo yo que he dormido en bastantes sitios malos. –Dijo agarrando una de las raídas cortinas de la habitación llenándose la mano de la suciedad con la que estaba impregnada.
Dan: Sí, según los planos que encontró Hermione y vuestras investigaciones estamos en la casa Gaunt.
Orión: Sigamos.
Fueron caminando a lo largo de las habitaciones, todavía no podían creer que de verdad existiera algo como lo que iban a buscar, y el hecho de que no hubiera ninguna medida de seguridad protegiendo un objeto tan valioso les daba mala espina.
Finalmente llegaron a un cuarto oscuro y allí, encima de un mueble de roble oscuro, el brillo de una joya que no estaba cubierta por polvo como el resto de los objetos llamó su atención.
Alex: ¿Es ese? –L e preguntó al pelirrojo.
Dan: Sí. –Dijo pasándole una hoja con el dibujo de la joya.
Vera: ¡Sí, al fin encontramos el anillo de los Peverell! –Gritó la chica mientras entraba corriendo al cuarto.
Vio un brillo rojizo en una de las paredes, luego todo fue demasiado rápido.
Orión: ¡Vera, no! –Gritó mientras se lanzaba contra ella.
Una explosión retumbó en la casa lanzando a Dan y a Alex contra la pared del pasillo y llenando el cuarto de humo. No podían ver a los otros dos, de hecho lo único que veían mientras sentían sus cuerpos aún entumecidos era como cientos de serpientes comenzaban a salir de todas partes de la casa.
Sekhmet: ¡Al fin se acabó el día! –Suspiró la morena. Y no era para menos, pues no había sido como ella esperaba, había sido peor.
Entró en el gran comedor en el que la mayoría ya estaban cenando, vio como unos ojos verdes se posaban en ella pero no hizo caso, de hecho se dirigió en dirección contraria a su mesa y se sentó al lado del rubio, en la mesa de las serpientes, ante las miradas sorprendidas de todos incluyendo a los profesores y al propio director.
Draco: ¿Cómo te ha ido? –Le habló como si aquello fuera lo más normal del mundo, y es que viniendo de ella cualquier cosa era normal.
Sekhmet: Ha sido un día asqueroso…
Pansy: ¡¿Qué hace esta sentada aquí?! ¡No queremos traidores entre los nuestros, lárgate a tu mesa león! –Dijo la morena enfurecida tanto por el hecho de que estuviera en su mesa como porque parecía llevarse muy bien con Draco. – ¡No puedes estar entre los Slytherins!
El silencio se hizo durante unos segundos, mientras una Pansy Parkinson esperaba a que se largara y un Blaise Zabini la observaba desde el asiento de enfrente sin querer meterse, aun recordaba el tacto de la serpiente negra en su brazo.
Sekhmet: ¿Quieres jugar a un juego? –Dijo la morena completamente seria descolocando a todos a su alrededor.
Pansy: ¿Cómo? –Preguntó la otra confusa, no esperaba esa reacción.
Sekhmet: Jugaremos a un juego. Te demostraré que puedo ser más Slytherin de lo que eres tú, y si lo consigo me sentaré en esta mesa siempre que quiera. –La otra no tuvo tiempo para reaccionar, en menos de un segundo la había cogido de la mano, solo un gemido escapó de sus labios cuando la serpiente negra la mordió sin que nadie se percatara, miró los ojos azules de la chica y esa fue su perdición.
Nadie supo lo que pasó, de repente Parkinson comenzó a llorar como una histérica y cuando la morena la soltó simplemente se marchó corriendo llenando el comedor de murmullos tras sus pasos.
Sekhmet: Bien hecho, Perséfone. –Susurró felicitando a la serpiente.
Draco: ¿No crees que te has pasado un poco? No es que me importe pero…
Sekhmet: No es mi culpa, su mente es demasiado débil incluso para su edad. –Dijo encogiéndose de hombros y agarrando el tenedor, pero volvió a dejarlo al notar todas las miradas sobre ella. –Genial, ya se me ha quitado el hambre. –Se levantó y comenzó a caminar hacia la salida, de repente una idea cruzó su cabeza y con la promesa de una travesura en la cara volvió sobre sus pasos y le dio un beso en la mejilla al rubio. –Buenas noches, Draquito. – Y con una sonrisa en la cara salió de allí, ahora los cotillas de Hogwarts tenían otra cosa de la que hablar.
Quién demonios se creía esa imbécil, nadie le hablaba así a ella.
Ella era la popular, la que había conseguido todo lo que las demás querían. ¡Era la novia de Harry Potter!
Y ahora llegaba esa maldita niña insignificante y creía que podía desafiarla, que podía dejarla en ridículo delante de Harry, pero ya le enseñaría ella que nadie se metía con Ginny Weasley, se lo haría pagar muy caro…
Ginny: (Y esta parece la ocasión perfecta…) - Se dijo al ver como la morena caminaba completamente sola hacia donde ella y su grupito de amigas estaban.
Ginny: Pero mira qué tenemos aquí, si es la amante de las serpientes… -La provocó mientras las otras reían.
Sekhmet: Ahora no, peliroja, no tengo ganas de pelear contigo también. –Respndió intentando pasar de largo, pero un brazo se lo impidió.
Ginny: ¿Es que te has peleado con tu novio el mortifago? –Dijo sin percatarse de que había dos personas más viendo lo que sucedía. - ¡Pero si estáis hechos el uno para el otro!
Sekhmet: ¡Te lo advierto, no metas a Draco en esto!
Ginny: Por qué no, no he dicho nada que no sea cierto. Apuesto a que tú no eres más que otra asquerosa mortifaga, de hecho no me extrañaría que tus padres hubiesen decidido suicidarse como los suyos con tal de no verte más, me dais pen…
Sekhmet: ¡Cállate! –Gritó estampando uno de sus puños contra la mejilla de la chica que calló al suelo.
Sacó su varita al ver que otras dos la apuntaban desde donde estaba Ginny, Harry y Ron estaban frente a ella enfrentándola, pero eso le dio igual, estaba completamente fuera de sí.
Sekhmet: ¡No eres nadie para hablar así de él! ¡No eres nadie para juzgarnos cuando no sabes absolutamente nada! ¡Si quieres hablar de algo habla de lo podrida que estás por dentro, mírate de una vez en un espejo que tienes para rato!
Una varita se unió a la suya, miró a su lado como Draco parecía dispuesto a empezar el duelo para hacerlo más parejo, aunque ella no necesitara su ayuda.
La batalla parecía a punto de empezar, algo que parecía escrito desde el mismo momento en el que volvió a poner un pie en Hogwarts.
¿Por qué todos tenían decidido ya el bando en el que lucharían, verdad?
Continuará...
Pronto la historia comenzará a ponerse más interesante... REVIEWS
