Capítulo Ocho
Guerra Nuclear
Ginny estaba mirando el hueco del retrato con impaciencia, esperando a que sus amigos volvieran después del último encuentro con Snape. Finalmente, Ron entró –solo.
Ginny frunció el ceño a medida que su hermano se aproximaba. "¿Qué ocurre?" preguntó. "¿Dónde está Hermione? ¿Y Harry?"
Ron se encogió. "Uh, tuvimos un ligero problema." Bajó su voz hasta convertirla en un susurro. "Coge algo de su ropa tan discretamente como puedas y reúnete con nosotros en la Sala de los Requerimientos."
Menos de diez minutos después, Ginny llegó, cargando con una muda de ropa. Hermione estaba completamente lívida; estaba dando vueltas con la túnica de Harry, que le quedaba tan grande que caía por sus hombros y hacía evidente que Hermione no llevaba una camisa debajo.
"Oh, oh," dijo Ginny, poniendo una mueca de dolor. "¿Qué ha pasado?"
"Malfoy debió encontrarse con ella cuando estaba dejando el despacho de Snape," explicó Ron.
"Je, ¿tú crees?" gruñó Hermione. "No puedo creer que no me diera cuenta. Podría haberme visto cualquier persona del colegio… todas las personas del colegio-"
"¿Qué hizo?" preguntó Ginny.
Hermione se abrió la túnica de Harry por delante, revelando el sujetador y el tanga que ella le había puesto a Malfoy. "Es un efecto óptico," gruñó Hermione. "Dura unas tres horas."
"Bueno, por los menos tus ropas volverán," dijo Ron.
"Y tu varita," añadió Harry. Los cuatro habían comprado unas esposas de brazo especiales durante su último fin de semana en Hogsmeade; las esposas mandaban sus varitas volando directamente a sus manos con un giro de sus muñecas, y tenían encantamientos protectores en su interior, de manera que la varita no podía ser dañada de ninguna manera o por un hechizo de Malfoy. "Míralo por el lado positivo –por lo menos le hiciste vomitar."
Hermione suspiró al mismo tiempo que cerraba la túnica. "Bueno, supongo que el Bosque Prohibido es para Malfoy," dijo Hermione lúgubremente.
"Pues claro que sí," comentó Ginny con dulzura, tendiéndole la vestimenta que había traído para Hermione. "Lo llevaremos, además, muy adentro."
"¿Podemos dejarlo cerca de Aragog?" preguntó Ron con esperanza. "Me encantaría que una araña gigante se comiera a Malfoy." Harry y Ginny rieron.
La boca de Hermione se movió nerviosamente hasta que finalmente se permitió a sí misma que le entrara la risa floja. "Una pequeña parte de mí dice que no," dijo. "El resto de mí dice 'diablos, sí¡'"
"Esa pequeña parte de ti es idiota," dijo Ginny con firmeza.
"Esa pequeña parte de mí es mi parte lógica, de hecho," comentó Hermione mientras se enfundaba la muda y los tres se dirigían hacia la sala común. "Dice que Malfoy tomará represalias con algo mucho mayor si hacemos algo como eso."
"Malfoy va a tomar represalias hagamos lo que hagamos," apuntó Harry.
Hermione asintió lentamente. "Sí, lo sé. Es sólo que… bueno. Parte de mí sabe que cuanto más lejos llevemos esto, más posible será que finalmente acabemos en Azkaban tras haberlo estrangulado."
"No seas ridícula," dijo Ron. "A ti nunca te mandarían a Azkaban. A ti te recomendarían."
"E incluso si trataran de cogerte, te ayudaríamos a escapar," dijo Ginny con brillantez.
"Por supuesto. Pero de todos modos, si empezaras a estrangular a Malfoy, el resto de nosotros probablemente se uniría," dijo Harry. "Quiero decir que, si alguno de nosotros tiene que matarlo, lo haremos todos. Así tendríamos que huir contigo."
Hermione se rió. "Bueno, entonces será mejor que le preguntes a Sirius algún consejo para esconderse de los dementores," comentó. "Porque voy a hacerle sufrir."
El colegio era un caos total.
La mayoría de las veces, la Guerra de las bromas no duraba tanto. Esta vez, sin embargo, se había convertido en nuclear, pues la tensión entre Slytherin y el resto de las casas se había incrementado. Esto se debía, sobre todo, a la guerra contra Voldemort y a la presencia de Harry en Hogwarts; muchos Slytherins habían perdido a sus padres, que habían muerto o habían sido aprisionados durante las últimas batallas entre Voldemort y la Orden del Fénix, y muchos estudiantes, de todas las casas, habían perdido a parientes por culpa de Voldemort y de los Mortífagos. Además, también estaba el hecho de que, gracias a las grandes y elaboradas bromas que ya habían tenido lugar, mucha más gente quería participar en la diversión… una diversión que mandaba a docenas de personas a la enfermería a diario. Casi todas las clases que Snape, McGonagall o Fliwick impartían eran interrumpidas por alguien que entraba a pedir un antídoto o un encantamiento que contrarrestara los efectos, dependiendo de la especialidad del profesor. Pocos estudiantes de séptimo año –y casi tan pocos en los años anteriores- no se habían encontrado a sí mismos desfigurados, descolorados, cubiertos en babas o, en cualquier caso, víctimas de una broma.
En medio de las bromas más pesadas, eran frecuentes y molestas otras pequeñas bromas prácticas. En un mismo día, a Harry le había crecido rabo; Ron de alguna manera acabó con un culo tan largo que no podía caminar; a Ginny le tiñeron del verde y plateado de Slytherin; y a Hermione le había alcanzado un encantamiento que había provocado que su pelo se encrespara a lo afro en un peinado que se extendía cuatro pies por encima de su cabeza. Por todo Hogwarts se perdía clase, se daban detenciones y los puntos de las casas estaban cayendo a un ritmo alarmante.
Después de aquel encantamiento ilusorio de Malfoy, que provocó que su ropa se borrara, Hermione finalmente se había calmado lo suficiente para darse cuenta de que, de hecho, el Bosque Prohibido era su mejor idea. Así que decidieron guardarla un poco más de tiempo.
En lugar de despertarse en el Bosque Prohibido, Malfoy –y Crabbe, Goyle y Pansy Parkinson, por razones obvias- se despertaron levitando sobre el lago, su ropa y todos sus cuerpos pintados con rayas rojas y doradas, en donde chillaron histéricamente al avistar a un divertido calamar gigante pinchándoles desde abajo con sus tentáculos. Era, evidentemente, una broma de Gryffindor –y era más que evidente que Harry, Ron, Hermione y Ginny lo habían hecho- y en años anteriores el director de la casa de Slytherin les habría castigado con detenciones y quitándoles puntos.
Harry, Ron, Hermione y Ginny recibieron unas cuantas fotos como suvenir de otros estudiantes, y veinte puntos más para Gryffindor de McGonagall.
La respuesta de Malfoy no fue mala comparada con alguna de las otras bromas. Las espaldas de las ropas de Harry, Ron, Hermione y Ginny fueron alcanzadas por un Hechizo Desvanecedor, lo que desafortunadamente significó que la parte delantera de sus ropas no podía mantenerse en su sitio. Tuvieron que envolver la parte frontal de sus túnicas alrededor de ellos, como si fueran toallas después de una ducha, y buscar al profesor Flitwick, que tuvo que parar una clase de Encantamientos de segundo año para restaurar sus ropas.
Los cuatro Gryffindors tuvieron que contar con la ayuda de Snape para vengarse; transfiguraron un par de cálices de agua en dos chimpancés, luego los petrificaron para mantenerlos en silencio, mientras Snape entraba en el dormitorio de Slytherin y ponía uno en la habitación de las chicas de séptimo año y otro en la de los chicos. Cuando los Slytherins de séptimo año descubrieron los chimpancés, empezaron a ser alcanzados inmediatamente por grandes cantidades de heces de chimpancé, y no pocas bromas se hicieron en los días posteriores sobre el hecho de que uno de los chimpancés había tratado de montar a Pansy y a Millicent Bulstrode. Limpiar el dormitorio de Slytherin llevó horas y tuvieron que tratar a Malfoy por una grave mordedura en un brazo.
Era seguro que la venganza de Malfoy iba a implicar nada más y nada menos que puro y duro terror; la idea de que Malfoy usara un hechizo de repetición de frase era irrisoria. Así que nadie se lo esperaba.
Una semana después del incidente del chimpancé, Hermione estaba sentada en el Gran Comedor para cenar cerca de Harry y enfrente de Ron; alrededor de ellos estaban sus compañeros de Gryffindor de séptimo año y unas pocas chicas del año de Ginny. Hermione se giró hacia Harry y dijo, "Pasa la sal, Harry," justo después de que Malfoy, viendo que estaba a punto de hablar a Harry, la golpeara con el hechizo.
Así que todo el mundo menos la Premio Anual escuchó "¿Quieres que tengamos sexo en la biblioteca?"
Dean, Seamus, Lavender, Parvati, Neville y las compañeras de cuarto de Ginny, los únicos que estaban sentados lo suficientemente cerca para escuchar, dejaron de hacer lo que estaban haciendo y se quedaron mirándola con asombro mientras el cuello y las orejas de Ron se enrojecían.
"Um… ¿qu… qué?" dejó escapar Harry.
"Pasa la sal, Harry," repitió Hermione, sin notar u oír nada extraño.
"¿Quieres que tengamos sexo en la biblioteca?" fue lo que Harry, Ron y los demás escucharon.
"Eh… Hermione…."
"¿Podrías dejar de mirarme así y pasarme la maldita sal?" dijo Hermione, exasperada.
"Quieres que tengamos sexo en la biblioteca¡" demandó Hermione. Harry tragó saliba y miró a Ron; ahora ella sonaba enfadada porque Harry no le estaba contestando. Ron parecía preparado para explotar de ira.
"Hey, hola, Granger," dijo Malfoy, que se había cercado para colocarse detrás de ella, sonriendo hacia abajo en su dirección. "¿Te encuentras bien?"
"Lárgate, Malfoy," dijo Hermione fríamente, estrechando los ojos hacia él. Para Harry y Ron, su expresión hacía que pareciera que ella estaba evaluando a Malfoy antes de pedirle que tuvieran sexo.
"A lo mejor en otro momento, Granger," dijo Malfoy, riéndose.
"¡QUÉ DEMONIOS ESTÁS HACIENDO¡" Ron le gritó a Hermione, tan de repente que toda la vecindad pegó un bote.
"¿Qué te pasa, Ron?" dijo Hermione confundida, preguntándose por qué él estaba enfadado de que ella le dijera a Malfoy que se largara. Para todos los que estaban mirando, parecía como si Hermione se lo acabara de proponer a Ron con incertidumbre, como si estuviera segura de que él no querría hacerlo, al menos no tanto como querrían Harry o Malfoy. Harry examinó la cara de Malfoy y comprendió.
"Es un hechizo de repetición de frase, Ron, Malfoy debe habérselo lanzado," susurró Harry quedamente, sin querer que nadie los escuchara; con suerte él y Ron podrían llevar a Hermione a la enfermería antes de que nadie se diera cuenta de lo que Malfoy había hecho.
Hermione no entendió cuanto había dicho Harry; todo lo que pudo oír fue "Malfoy debe habérselo lanzado" y, asumiendo que Malfoy le había hecho alguna broma que ella todavía no podía ver, se levantó y miró a Malfoy con furia.
"TE HARÉ PAGAR POR ESTO, MALFOY¡" gritó, cansada de sus payasadas.
Sonidos metálicos y estrepitosos ruidos recorrieron todo el vestíbulo a medida que cálices y vajillas de plata eran soltados; la gente se quedó congelada a medio mordisco o con comida o bebidas a medio camino de sus bocas.
Hermione paró justo antes de levantar su varita, preguntándose por qué había un completo y vasto silencio en el Gran Comedor. Nadie se estaba moviendo. En la mesa presidencial, los profesores estaban demasiado impresionados para reaccionar. Harry hizo una mueca de dolor y se tapó la cara con las manos. Ron estaba tremendamente mortificado y parecía a punto de desmayarse.
Hermiona acababa de pedirle –en voz alta- a Malfoy que tuvieran sexo juntos.
"Te la devolveremos, Malfoy¡" le espetó Harry, finalmente recuperando el sentido e incorporándose, agarrando el brazo de Hermione.
"¿Por qué te enfadas conmigo, Potter?" respondió Malfoy, sonriendo. "Es Granger la que quiere tener sexo, no yo." La mandíbula de Hermione se desencajó, incapaz de creer lo que él acababa de sugerir, ignorante de lo que ella acababa de decir. "Aunque, ahora que lo pienso…" siguió Malfoy, sonriendo hacia el furioso Ron.
"Hermione, vamos, te llevaremos a la enfermería," dijo Harry; había tenido la tentación de lanzarle un maleficio a Malfoy para dejarlo inconsciente, y probablemente lo hubiera hecho, sin importarle un rábano la presencia de los profesores, pero sabía que tenía que sacar a Ron de allí, rápido. Viendo que Hermione estaba a punto de protestar, puso una mano sobre su boca y casi la arrastró fuera, hacia el vestíbulo, Ron siguiéndoles rápidamente.
"Sabía que los libros no eran la única razón por la que pasaba tanto tiempo en la biblioteca¡" gritó Malfoy tras ellos, desternillándose mientras volvía a su asiento.
Hermione siguió tratando de hablar a través de la mano de Harry cuando él la sacó al vestíbulo y la puso en lo alto de las escaleras. "Hermione, escucha, te han lanzado un hechizo de repetición de frase," le dijo Harry. "No hables, ¿vale? Alguien podría oírte." Hermione asintió y Harry la dejó libre. Ella le siguió hacia la enfermería en silencio, preguntándose que era lo que había estado repitiendo y por cuánto tiempo.
"Santo cielo, ¿qué os ha pasado ahora?" dijo Madam Pomfrey irritada. Harry, Ron y Hermione habían visitado tanto la enfermería a lo largo de los años que Pomfrey estaba empezando a sentir que la enfermería era su verdadero dormitorio, y con la Guerra de las Bromas los había visto aún más.
Hermione abrió la boca sin pensar. "Malfoy realizó un-"
Los ojos de Madam Pomfrey se agrandaron ante las palabras de Hermione. "Bueno, señorita Granger, o hay algo que yo no sepa de usted o le han alcanzado con un hechizo de repetición de frase."
"Creo que ha sido alterado," dijo Harry. "Ella no sabe lo que está diciendo."
"Obviamente no, o no seguiría hablando," dijo Madam Pomfrey con sequedad.
"¿Qué estoy diciendo, Harry?" dijo Hermione preocupada, pero, por supuesto, todo lo que Harry oyó fue otra suplica de sexo.
"Tiéndase aquí, Granger, tengo que ir a hablar con el profesor Dumbledore," dijo Madam Pomfrey cansinamente. "Él debería tener una idea de lo que le ha pasado al hechizo."
Hermione suspiró y se reclinó sobre una camilla de hospital, Harry y Ron sentados a cada lado de ella, evitando los ojos del otro cuidadosamente; ahora que la parte de humillación pública había acabado, estaba empezando a parecer bastante gracioso.
"Ni se os ocurra empezar a reír," dijo Hermione peligrosamente.
A los dos se les escaparon pequeños resoplidos de risa ante lo enfadada que una proposición de sexo en la biblioteca podía sonar, pero consiguieron contener la mayor parte de su alegría.
