Tanto tiempo pasó Sherlock en Florida como "Jinn" con los Tuaregs. El ángel nunca llegó a saber cómo saltó desde la frontera de Afganistán hasta Libia sin sus alas y sin milagros, fue algo… inefable. (18) En cuanto aprendió el idioma, algo que solo le llevó unos días, lo convirtieron en ínadan, es decir, artesano, aunque en un principio su rol se parecía más al de un esclavo. Su pierna dolorida y su carácter afable hicieron que muchos le tomaran cariño, le evitaban ciertas tareas a cambio de ciertas otras.

En principio se dedicaba, con bastante facilidad, a trabajar con madera, pero Jinn solía acabar contando cuentos a los niños más pequeños, cuidando de los enfermos y de los desolados. Tanto hombres como mujeres acudían a él cuando no se sentían bien, en todos los sentidos, era una especie de confesor, el equivalente a un psicólogo para ellos.

El pueblo estaba mucho más contento y animado desde la llegada del Jinn, todos se habían dado cuenta, y muy especialmente el patriarca. Este no tenía especial afecto al extraño pero sabía reconocer que todo iba mejor desde que había aparecido, quizá estuviese bendecido por Alá. En cualquier caso, la suerte no era fácil de conseguir, así que tampoco era fácil dejarla marchar, de modo que cada vez que dos caravanas se cruzaban, o cuando iban a una ciudad, el patriarca se encargaba de que el Jinn no se interesase por ellos para que no quisiese irse.

(18) Yo personalmente, opino que a Dios le convenía tener a su angelito a salvo.

Durante tres meses, todo fue de acuerdo a sus planes. Su mujer protestaba de vez en cuando al verle conspirar, porque el Jinn siempre era amable con ella y le repetía a su esposo lo triste que parecía el forastero, pero no era algo que importase mientras ellos siguiesen prosperando.

Sin embargo después de aquellos tres meses llegaron a una ciudad bastante grande y el patriarca encargó a su mujer que distrajese al Jinn llevándoselo a dar un paseo. Ella se levantó diligente y salió de la tienda para entrar un momento después.

− Hay alguien que quiere verte.

Detrás de ella estaba el Jinn.

− ¿Qué quieres?

−Sólo venía a dar las gracias y a darte esto, después de todo, yo ya no lo voy a necesitar y si vais a ir a algún mercado, como supongo que haréis en breve en vista de los preparativos, quizá tenga algún valor.

El patriarca se quedó bastante sorprendido cuando el ex-soldado dejó cuidadosamente una mochila a sus pies con casi todas sus pertenencias. Todo lo que llevaba cuando lo encontraron.

−Me he quedado con un viejo cuaderno y las fotos que había dentro, pero el resto sí, está todo ahí.

Después de un segundo de silencio el Jinn salió de la tienda dirigiendo a la mujer una mirada como si supiera que ella quería hablar con él. Ella también se marchó. El patriarca no iba a empezar a fiarse de él por ese pequeño gesto, aunque no iba a negar que su mujer tenía razón en eso de que estaba triste.

Mientras tanto, fuera de la tienda amanecía y aun no hacía ese calor agobiante.

−Supongo que te han pedido que me entretengas.− Dijo el Jinn con una sonrisa torcida.

Kella afirmó con la cabeza, sorprendida de lo bien que había aprendido el extranjero a hablar, sin rastro de acento. No podía mentirle.

El Jinn suspiró.

−Ya me lo imaginaba. ¿Es porque no quieren que me vaya, Kella?

De nuevo afirmación. Pero sintió la necesidad de decir algo más.

− ¿Tú quieres irte, Jinn?