Capítulo 9: Demostraré que eres mía

¡Ya basta Uzumaki! – gritó el hombre imponente detrás del escritorio, dando un fuerte puñetazo sobre éste.

¡NO! – dio un paso hacia adelante y lo desafió con la mirada. - ¡HINATA NO PUEDE CASARSE! –

¡Claro que si puedo! – respondió ella a la defensiva. - ¿Quién me lo impide? – lo retó con altanería.

Yo te lo impido – giró el cuerpo con elegancia y se le acercó. – Vámonos – la agarró por un brazo pero ella lo soltó de jalón.

¡No me toques! – torció la boca en señal de amargo - ¿No tienes nada mejor que hacer? Como por ejemplo ¿meterte con Shion? –

¡Calla! – la sujetó por los hombros – Ella no es nada – su voz se había tornado más dulce.

¿Qué no es nada? – se soltó de su agarre y con cierto sarcasmo volvió a formular la pregunta - ¿Qué no es nada? –

¡No lo es maldita sea! – se agarró el cabello con las manos y empezó a jalarlo, el hombre permanecía callado como queriendo entender la pelea que se daba.

¿Entonces explícame que hacías con ella en el CC? –

Solo andábamos – le dio la espalda.

Mírame a la cara y dime que no me estabas engañando – pero él no se volteaba.

Lo olvidé – sintió el ambiente pesado y el aire empezó a faltarle – Olvidé – las palabras se le atoraban en la garganta – Olvidé nuestra relación –

La oficina empezó a darle vueltas y creyó por un momento que iba a desmayarse. ¿Había escuchado bien? ¿El había olvidado la relación que mantenían?

Idiota – susurró más para ella que para él, pero al fin y al cabo no me importaba que la escuchara, él era eso; un idiota.

Lo vio como bajó la cabeza y las ganas por golpearlo la acecharon, quería matarlo, desaparecerlo de su vista. Nunca se lo perdonaría.

¿Por qué? – fue todo lo que pudo articular para luego dejarse caer en el amplio sofá.

Perdóname – se volteó y la vio. – Perdóname – quería llorar pero el poco orgullo que le quedaba se lo impidió.

¿Crees que pueda hacerlo? –

Si –

Creído – se levantó del sofá y le dio una mirada intrigante.

Haré lo que quieras –

No hay nada que quiera más que verte lejos de mí –

Será muy difícil complacerte – una sonrisa surcó su rostro.

Pues lamento informarle a tus pocas neuronas que tendrás que hacerlo – se cruzó de brazos.

¿Es que ya no me amas? –

Toc toc – con la mano hizo la seña que tocaba una puerta al aire – Lo siento… el amor no se encuentra en este momento –

Deja de ser tan dura y vámonos… arreglemos esto de otra forma –

¡JAMAS! – se dio la vuelta para irse pero el se lo impidió - ¿Qué haces? –

Tratar de hacerte entender que eres mía –

Suéltame Naruto – forcejeó pero él hizo más fuerza – No tienes derecho…-

Ya deja de tratarme así – trató de hacerse el ofendido.

¡Esto te pasa por besucón! –

En ese instante una pequeña risita se hizo sentir, convirtiéndose en una estruendosa carcajada. Naruto y Hinata miraron al imponente hombre que ahora se retorcía de la risa, sentado tras su escritorio.

Perdónenme chicos pero es que…- y de nuevo la sonora carcajada se hizo sentir – No pude aguantarme… salgan…- movió la mano hacia la salida. – Luego arreglaremos esto – en segundos había vuelto a la postura inicial; serio y reservado.

Los jóvenes salieron despavoridos, como si la guerra se avecinara. Una vez afuera Naruto se volvió hacia Hinata, ésta estaba sumamente nerviosa y lo miraba a los ojos, quería besarlo decirle que le daba otra oportunidad, que lo amaba demasiado pero su conciencia le reclamó. El debía aprender a sufrir, él no la amaba.

Tu padre da más miedo cuando ríe – quiso bromear pero ella no se lo permitió.

No te importa – retomó su camino a la salida pero de nuevo fue presa de los brazos del rubio.

Venga Hinata… ¿De verdad quieres que me aparte de ti? – su mirada la confundía demasiado, pero no debía darle crédito.

Si… ¿Te molestaría? –

No sabes cuanto…-

Ya basta Naruto… ¿A que juegas? –

A nada que no quieras –

Entonces… lo que quiero es que te alejes de mí para siempre… ¿Qué tal si jugamos a las escondidas? –

Vale… pero me esconderé en tu pecho ¿quieres? –

¡Eres un altanero! –

Y tu una insensata –

Se vieron por largo rato hasta que ella sintió los labios de él, recorriéndole la boca. Se apartó con una pizca de fastidio, lo extrañaba demasiado.

¡APARTATE! –

Él le sonrió con arrogancia dándose cuenta de lo nerviosa que la ponía. Caminó hacia la salida y de ahí giró la cabeza, para darse cuenta del estado en el que la había dejado.

Demostraré que eres mía… cariño –

Pero ella no contestó.

O…O…O…O

¡Vaya! Ha sido interesante tu vida Sofía – el pelinegro le sonreía sin disimulo alguno, extrañaba a esa mujer, ella le había enseñado a amar.

No es la gran cosa Sai… sabes lo testaruda que soy a veces – jugó con la cucharilla en su helado y él abrió los ojos sorprendido.

¿Estas aceptando que eres testaruda? – pero la sonrisa nunca se le desvanecía.

Basta Sai… sabes que odio cuando tienes la razón y yo tardo siglos en verla…- infló las mejillas en tono de enfado. - ¿Y tu que has hecho? – lo miró con curiosidad.

No tanto como tu… hice un doctorado en literatura y ahora me encuentro acá de vacaciones… todo sigue igual – dio un sorbo a su helado.

¡Claro que no! – dio unos golpecitos a la mesa con las manos.

No grites Sofía – ella se sonrojó, sabía que su voz no era suave ni erótica, mucho menos madura. Era fina y algo ensordecedora pero aún así él se había enamorado de ella, por su carácter de niña y su sarcasmo mal intencionado que solo le causaba risa.

Lo siento – volvió a sentarse y a revolver su helado.

¿Aún me amas? – quiso hacerse esa pregunta mentalmente, pero era un maldito cerebrito que no se callaba nada de lo que pensaba.

¿Eh? – levantó una ceja, quiso hacerse la que no había escuchado, pero la expresión seria y ansiosa de él, la hizo responder. – Yo… bueno… yo…- tragó saliva. - …Si…- terminó susurrando.

Me alegro de que sea así –

Lo último que sintió fue un fuerte impulso para besarla; y así lo hizo.

O…O…O…O

El beso le pareció algo salvaje pero a la vez tan tierno que no quería separarse de él. ¿Pero por que? Entonces su cuerpo se tensó.

Espera Gaara – puso sus manos en su pecho pero se lamentó al hacerlo, era rígido, proporcionado y muy bien trabajado.

¿Qué pasa Matsuri? – su voz se había tornado ronca y estaba algo enfadada.

No puedo hacerlo de esta forma – se dio la vuelta y empezó a caminar a la entrada de la casa para irse.

¿Qué no puedes hacer? – no se movió pero ella si paró su andar.

No puedo amarte si tu no lo haces –

Tu te enamoraste sola – sentía los ojos arder, era cierto, ella se había enamorado sola y siempre lo había estado. – Nunca te di una pizca de amor pero sin embargo… te me declaraste… - entrecerró los ojos y ella volteó, notó las fuertes lágrimas que ahora soltaba.

¿Es así como querías verme Gaara? Sola y triste por amarte… una más a tu colección – algo se removió en su corazón, estaba confundido, el besarla solo había empeorado las cosas.

Si quieres irte ahí esta la puerta… no te detendré – ella se secó las lágrimas con brusquedad.

Nunca pretendí que lo hicieras – volvió su andar. – Siento haberme enamorado de ti… pero prometo que te olvidaré –

Corrió hasta que desapareció de su vista, algo se removió inquieto en su pecho, su corazón latía más acelerado de lo normal y entonces el miedo, por primera vez, lo sintió.

Espero que nunca lo hagas – susurró para luego soltar un suspiro - …Matsuri…-

O…O…O…O

La rubia se encontraba acostada en su cama, estaba furiosa y mal encarada.

Que genio cargas hoy Shion – su manager entró a su habitación y se sentó en la cama.

¿Es que nadie te ha enseñado modales? – la miró enojada.

Buenas tardes –

No hablo de eso –

Vale… prometo tocar a la próxima – se levantó y se dirigió al armario sacando el bolso Chanel y tirándoselo en la cama – Nos vamos –

¿Adonde? – se sentó y cogiendo el bolso con desgano.

Iremos al CC –

¿Para que? –

Necesitas olvidar a ese rubio estúpido – alzó la mano derecha y con el dedo índice acomodó los lentes.

No hay remedio para eso –

Ni mal que valga – rió – El te ha olvidado Shion… no te rebajes por un hombre que no te quiere –

Volverá a hacerlo – dijo decidida y con la frente en alto.

No lo hará… eres hermosa… olvídalo –

¿Por qué Karin? ¿Qué hice mal? – por primera vez se había vuelto vulnerable ante su manager soltando pequeñas lágrimas.

No has hecho nada mal… - la abrazó protectoramente – Es solo que alguien ha ocupado el puesto vacío que dejaste… Fuiste su primer amor y aun así preferiste dejarlo por la fama y el dinero… el consiguió en esa chiquilla altanera mas que un par de buenas piernas…- la miró tiernamente – Consiguió amor sincero –

Yo pude habérselo dado – la soltó bruscamente.

No Shion… no lo amas… pudiste haberle dado un buen revolcón… pero amor… nunca…-

¿Entonces debo resignarme y perderlo? –

Resignarte a su amor si… pero perderlo no…- ella alzó una ceja confundida – Puedes tenerlo como amigo –

La pelirroja se encaminó a la salida de la habitación y ahí se giró.

Estaré en el CC – salió por completo.

La rubia parecía pensarse muy bien las cosas, hasta que el sonido de la puerta al cerrarse la sacó de su ensimismamiento.

¡Espera Karin! No me vendría mal un helado – cogió su bolso, el chale verde y salió con una sonrisa.

Iba a dejar que el idiota de Naruto hiciese lo que quiera, ella igual sabía que el estaba perdido. Hinata no lo perdonaría hasta que el dijera esas dos palabras mágicas, y conociendo a Naruto; nunca las diría.