Hola amores! Mil perdones por la tardanza, es que noe y yo hemos estado bastante ocupadas estos últimos días pero finalmente después de un gran esfuerzo pudimos terminar el capítulo!
Como siempre, gracias a cada una de las que lee esa historia y también gracias infinitas a mi compañera que siempre me tiene toda la paciencia y siempre tiene las ideas perfectas para que esta historia siga evolucionando al paso que lo hace.
Las dejo con el capítulo!
Besos y espero sus respuestas :)
Capítulo 9
Durante el viaje en coche hasta la casa de Caroline, Elena no hizo más que mirar por la ventana con una sonrisa tonta recordando embobada momentos de la noche anterior. Caroline hacía un enorme esfuerzo por contener las risitas que querían escaparse entre sus labios cuando, cada algunos segundos, Elena soltaba un profundo suspiro, perdida en medio de los recuerdos.
La castaña no soltó ni una sola palabra en todo el viaje y tampoco dijo gran cosa durante varios minutos, mientras Caroline preparaba jugo de frutas y algunas galletas para pasar una mañana de chicas en el jardín.
-¿Vas a estar así toda la mañana o vas a actuar como una persona normal? Siento que estoy frente a una pared. Peor que eso… aunque sea la pared no está todo el rato suspirando y deseando estar en alguna otra parte…
-Lo siento -dijo Elena volviendo un poco a la realidad y contuvo un suspiro profundo debido a la amenazante mirada que le dedicó su amiga cuando comenzó el gesto.
-Estoy aburrida y, si mal no recuerdo, anoche fui a rescatar a la señorita en apuros para llevarla al castillo de su príncipe. Al menos merezco los detalles sucios ¿No crees? -insistió la rubia levantando las cejas en una mueca que hizo reír a Elena.
-No hay detalles sucios que contar -murmuró Elena entre dientes sintiendo como sus mejillas se coloreaban lentamente de rojo.
-¡Eso no te lo crees ni tú! ¡Desembucha Gilbert!-soltó de repente, señalándola amenazante con un dedo, todo quedó contrastado con esa sonrisa pícara característica de Caroline, Elena negó con la cabeza, rodando los ojos. Su amiga era imparable.
-¡Ni loca voy a hacerte una crónica de todo lo que pasó anoche, Caroline! -le aclaró con firmeza.
-Entonces estás afirmando que pasó algo… -la pinchó obteniendo una mirada asesina de parte de la morocha.
-No vas a dejarme tranquila hasta que consigas los benditos detalles ¿Verdad?
Caroline sonrió poniendo su mejor mirada de cachorrito suplicante y Elena suspiró cubriéndose el rostro en una muestra evidente de timidez.
-No entiendo cuál es la necesidad de que te cuente. Quiero decir, me imagino que ya llegaste a una conclusión sobre qué hacen dos personas enamoradas encerradas en una casa vacía toda la noche.
Sin poder evitarlo, Caroline soltó una carcajada ante aquel comentario y las muecas de Elena mientras soltaba esas palabras. La castaña se llevó el vaso de jugo a los labios para ocultar su rostro de los ojos acusadores y risueños de Caroline y ni siquiera el frío jugo de frutas fue suficiente para enfriar sus mejillas sonrojadas.
-¡Es la mejor parte! -insistió Caroline- Contar los detalles sucios a tu amiga, a veces es aún mejor que el sexo en sí mismo.
-No creo que encuentre algún día algo mejor que el sexo con Damon -soltó Elena rendida ante el hecho de que iba a tener que soportar el profundo interrogatorio de su amiga y Caroline sonrió satisfecha.
-No creo que sea para tanto…
Sin responder, Elena alzó las cejas arrancando una risa de parte de su amiga.
-El hombre es un monumento a la belleza -reconoció Caroline- Pero quizás tenga algún otro problema… ya sabes… de ¿dimensiones?-comentó como si se tratase de un secreto de estado, casi no pudo ni escucharla del todo con el tono de voz que había adquirido su amiga.
-No -rió Elena casi ahogándose con el jugo por culpa de la risa- Te aseguro que no tiene ningún defecto físico.
-¿Nada?-se extrañó, apartándose de su amiga como si el mero contacto le quemase, odiaba que la chica dibujase a Damon como un dios griego.
Elena sonrió con destellos en los ojos incluídos recordando detalle por detalle el glorioso cuerpo desnudo de su amante.
-Tiene lunares -concluyó encogiéndose de hombros- Cinco lunares en la espalda, pero a mí me gustan.
-Los lunares son sexys -comentó Caroline de acuerdo con ella- ¿Tatuajes mal hechos? ¿Cicatrices feas? ¡Algo tiene que tener!
-Nop -negó Elena con una sonrisa orgullosa y brillante y Caroline puso los ojos en blanco.
-Por tu mirada quizás el hombre tenga un quinto ojo escondido por alguna parte del cuerpo y a tí te seguiría pareciendo perfecto… -se quejó la rubia.
-No entiendo por qué estás tan enfocada en encontrarle un defecto…-se quejó un tanto malhumorada porque su amiga se hubiera empeñado en fastidiar de esa forma.
-Todos los hombres tienen defectos Elena. La vida es así. No existen los hombres perfectos…
-No lo sé -se encogió de hombros ella acomodándose mejor en la silla- Fue tan dulce… -suspiró.
Caroline sonrió acomodándose mejor para escuchar. Era obvio que, después de presionar un poco, Elena comenzaría a soltar las historias de la noche anterior.
-Cuando te dejé en su casa anoche apenas podías decir dos palabras sin echarte a llorar y ahora estás resplandeciente…-comentó como si nada, intentando tirar de la lengua a su amiga.
-Cuando llegué me abrazó y me dio tiempo a llorar todo lo que quería, después tomé un baño caliente y me relajé. Cuando bajé estaba preparando la cena -suspiró- Es tan…
-Puedes saltarte los detalles sobre la comida y todo eso. Quiero llegar a la parte jugosa, Elena. No tengo toda la vida.
-Me sorprendió con frutillas y crema de postre…
-Típico…-rodó los ojos.
-Si me vas a seguir interrumpiendo no te cuento nada -amenazó Elena.
-Está bien, está bien… -cedió la rubia levantando las manos en un gesto de paz.
Durante lo que pareció una de las mañanas más largas pero también más divertidas de su vida, Elena se dedicó a contarle a su mejor amiga hasta el último detalle de la noche anterior y de esa misma mañana. Ante la insistencia de Caroline, Elena decidió no guardarse nada y le contó cada pequeño detalle de sus momentos con Damon. Le habló de la dulce y excitante tortura que fue su juego con el postre, le habló de la devoción mezclada con esa pasión desenfrenada que Damon le había demostrado mientras ambos subían las escaleras casi desesperados hasta llegar a la habitación del chico, repitió casi exactamente las mismas palabras que él le había susurrado al oído mientras hacían el amor (deteniéndose a explicar detalladamente todas las sensaciones que la inundaban en esos momentos). También le habló de la paz y la seguridad que sintió cuando ambos se abrazaron desnudos en la cama y, después de intercambiar aquellas profundas confesiones llenas de amor, se durmieron juntos.
Pero eso no había sido todo, Caroline lo intuía y por eso se mantuvo en un silencio atento esperando que su amiga siguiera hablando. Y así lo hizo: Elena ya casi se había olvidado de la presencia de su mejor amiga y prácticamente revivía los momentos pasados con Damon en voz alta solo por el puro placer de recordarlo. Habló de sus caricias y de aquel tierno y apasionado despertar, de los besos llenos de fuego que compartieron y que terminaron llevándolos a la ducha juntos, donde dieron rienda suelta a su pasión nuevamente y al final le habló sobre el exquisito desayuno que compartieron juntos en medio de tantos besos y caricias y sobre su dulce despedida cuando llegó la hora de marcharse.
Cuando terminó, Caroline la miraba con los ojos abiertos como platos y se mantuvo en silencio por unos cortos segundos.
-¿Me estás diciendo que pasaste todo el desayuno sentada encima de él ¡Sin camiseta! y, aún después de todo lo que sabes que es capaz de hacer, no intentaste… no lo sé… violarlo?
Elena rompió a reír al escuchar aquellas palabras, era tan típico de Caroline…
-Nunca tenemos tiempo para estar juntos, Car. Tampoco es que pasemos cada uno de nuestros minutos juntos follando como conejos.
-¡Pues deberías hacerlo! No en todos lados encuentras hombres así, Elena. Creeme…
-Lo amo, Car -intentó explicar Elena- No sólo por el increíble sexo sino también por todo lo demás.
-¡Eres demasiado santa! -se quejó Caroline frustrada- No te imaginas como te envidio… No he tenido un buen polvo desde… Tyler. ¡Y eso fue hace más de dos meses!
Elena puso los ojos en blanco y soltó una risita al ser testigo de la "crisis" de su amiga. Caroline, como siempre tan exagerada como era ella, farfullaba quejas sobre su enorme mala suerte y otras tantas tonterías que Elena no escuchó ya que estaba concentrada enviando un mensaje a Damon. Tanto recordarlo le había generado una enorme necesidad de saber algo de él.
-¿Puedes dejar ese teléfono? -soltó Caroline fingiendo molestia- ¡Dios mío! No solo disfrutas de un novio que aparentemente es el mejor amante de la historia sino que además le envías mensajitos todo el tiempo ¡Ten piedad, Elena! -se lamentó la rubia teatralmente.
-Está bien… está bien. Tendré "piedad" -se burló Elena enviando una última respuesta para luego guardar su móvil- ¿Contenta?
-No. Me siento frustrada -volvió a quejarse para diversión de Elena que no paraba de reír- Necesito un hombre…
-Eres demasiado melodramática, Car… -rió Elena disfrutando del espectáculo.
Y durante alrededor de media hora, Elena se quedó escuchando pacientemente las quejas de su amiga sobre lo sola que se sentía y lo mucho que le gustaría encontrar un príncipe azul. Obviamente, no la tomó en serio ya que era parte de lo que su amiga era: Caroline había terminado su última relación que nunca llegó a ser del todo seria porque le tenía pavor al compromiso, además de que Tyler Lockwood no era exactamente la definición de novio perfecto. En definitiva, se podía decir que a Caroline no le agradaban los hombres pero más que eso, la rubia era un espíritu libre: le gustaba salir de fiesta y disfrutar de los privilegios de estar soltera, dejar lugar a las relaciones serias para cuando fuera mayor y mientras tanto dedicarse a disfrutar. Pero ni siquiera Caroline Forbes podía resistirse a desear algo como lo que tenía Elena, después de todo aún a pesar de las circunstancias ella realmente podía encontrar momentos de auténtica felicidad y eso era todo gracias a Damon.
Mientras las chicas charlaban en el jardín, Liz las fue a avisar de que Jeremy, el hermano pequeño de Elena, estaba esperándola en el descansillo. La morena no quiso delatarse pero no podía tampoco ignorar que su hermano le estaba buscando, con una sonrisa falsa en los labios se lo agradeció a Liz y fue a buscar a Jer.
Caroline la siguió de cerca, pero se mantuvo con una distancia de precaución. Jeremy estaba apoyado en el umbral de la puerta, con los auriculares puestos, iba vestido como la mañana anterior, unos pantalones de gimnasia desgastados, una camiseta gris con un logotipo deportivo, y el pelo totalmente revuelto, lo que más le llamó la atención a Elena fue ver las ojeras tan marcadas en su rostro.
-¿Jeremy?-le preguntó con cuidado, el chico se sobresaltó, quitándose un auricular sonrió a su hermana- No has dormido bien -afirmó preocupada, cruzándose de brazos.
-Típico de lo que fue mi hermana mayor -la chica alzó una ceja alucinada, Jeremy se removió inquieto en la entradita- Lo siento, ¿vale? solo que no he pasado buena noche.
-¿Por qué? -preguntó con cautela.
-¿Ni siquiera puedo entrar, sentarme o algo así? -bromeó para quitarle hierro al asunto, había visto como los ojos café de su hermana se oscurecían.
-Perdona -le invitó a pasar, Caroline agarró la mano de su amiga para detenerla unos segundos más mientras Jeremy pasaba a la salita- Mi hermano no está bien Car.
-Sea lo que sea no la liéis aquí, mi madre iría con el cuento a Jenna -le advirtió preocupada por mantener el secreto como estaba.
-No te hagas problema, lo sé.
-Yo intentaré que mi madre no se asome -se retiró escaleras arriba ya que su madre estaba preparándose para irse a trabajar, Elena observó el camino que había tomado su hermano, y tomando las fuerzas de donde no había fue tras él, el chico tenía en sus manos el plato de aperitivos de Caroline, jugaba con los restos como si buscase una forma de evadirse de los problemas.
El chico alzó la cabeza al oír crujir el suelo, le sonrió.
-Ven a casa por favor -dijo sin ningún tipo de preámbulo.
La petición pilló a Elena desprevenida y no tuvo nada que decir por lo que su hermano agregó otro comentario:
-Las cosas no están bien, no sé qué habrá pasado pero…
-¿Qué quieres decir? -interrumpió Elena preocupada.
-Jenna no está bien, ayer estalló, cuando llegué estaba -señaló la mesa- Mal, cuando le pregunté por la cena, ¡por preguntar! empezó a decir barbaridades sobre si ella era mala, sobre si no la queríamos ¡y muchas cosas más! -frunció el ceño- Se puso fatal, yo quise tranquilizarla, la abracé, pero fue imposible, se puso a tirar todo lo que pilló en su camino…
Elena se tapó la boca angustiada, aquello era todo su culpa: ella había hecho que Jenna se pusiera así. Cada palabra que salía de la boca de Jeremy era una puñalada en el corazón de la chica, ella que había intentado por todos los medios no recordar los malos momentos ahora estaba recibiendo un poco de su propia medicina, se llevó las manos al pecho, sintiendo como la presión aumentaba por momentos.
-No te pido que le digas la verdad -sonrió Jeremy intentando tranquilizarla, más que una sonrisa era un intento de ella-pero sí que vayas y soluciones el problema, Elena en serio, Jenna no está bien, no estamos bien.
-Lo sé -agachó la cabeza, no quería llorar, simplemente esto le amargaba el día, o la vida, se llevó una mano a su vientre totalmente plano y pensó en las palabras de Meredith, tenía que ir al médico porque si algo le pasaba a la bebé se moriría ahí mismo, esa sola idea la ponía enferma, frunció el ceño- Hablaré con ella, le pediré disculpas...y no sé, le diré la verdad.
-No sé si ahora es buen momento…
-¿Y cuando va a ser buen momento?
-Eh... no lo sé -admitió frustrado y se frotó las manos- Solo espero que esto no se complique, y que nadie más se entere antes de Jenna porque si se enterase por terceros…
-Lo sé, lo sé… Sería peor -suspiró- Mira recojo esto con Caroline y luego vuelvo a casa a solucionar las cosas con la tía Jenna, no quiero que pase ni un minuto más pensando que le culpo de todo, ella no tiene la culpa nada…
-Prefiero no saber lo que os dijisteis, y mejor si tampoco se lo recuerdas -le aconsejó- Me largo que he quedado con los chicos para...bueno, ¡qué más da! -le quitó importancia con un breve gesto de la mano, Elena odiaba que su hermano se fuese con gente mucho más mayor que él y que ella incluso pero le quitó importancia cuando se acercó a ella para rozarle levemente el vientre, esto le enterneció- ¿Está bien? -preguntó haciendo una clara referencia al bebé.
Elena asintió con los ojos brillantes, emocionada por aquel gesto de su hermano y Jeremy dejó escapar una pequeña sonrisa.
-Cuida de mi hermana peque -sonrió Jeremy acariciando el vientre de Elena y ella soltó una risita alegre.
-Gracias Jer…
Sin decir nada Jeremy apartó la mano para volver a introducirla en su bolsillo, se quedaron en silencio unos segundos más, hasta que Caroline bajó las escaleras hecha un torbellino de energía diciendo casi a los gritos algo sobre los preparativos del comité y Jeremy bufó y se despidió de ambas, no sin antes lanzarle una mirada de preocupación a su hermana, la chica le quitó el miedo con una sonrisa.
-¿Todo bien? -preguntó Caroline sorprendida por la rápida huída del pequeño Gilbert.
-Todo mal Car -suspiró Elena abatida- Todo horrible, la cagué con Damon cuando le acusé por tonterías, con Meredith cuando la amenacé, y ahora la he vuelto a cagar pero con mi tía -se tapó el rostro con ambas manos- Y ahora me toca solucionarlo, ¿qué puede ir peor?
-Que Matt utilice el amarillo taxi para ir a clase -la chica soltó una carcajada- Hablo en serio, ese amarillo no le sienta -se cruzó de brazos- Aquí nadie tiene sentido de la moda.
-Si nos ponemos así esa playera…
-¡Ni se te ocurra! -la calló- Es que ni se te pase por la cabeza.
-¡No he dicho nada!-levantó las manos en señal de rendición.
-Hablando en serio, Elena... no todo está tan mal, tienes a mucha gente que te quiere a tu alrededor… será difícil al principio pero luego verás que todo saldrá bien. Te mereces que sea así, eres una buena chica…
Elena asintió intentando convencerse de las palabras de su amiga.
-Ahora quita esa cara de pena y ven aquí -sonrió Caroline y ambas se abrazaron con una sonrisa.
-Gracias Car -sonrió Elena sinceramente- ¿Te inventas una excusa para retenerme un ratito más?
La rubia puso los ojos en blanco, Elena en esos sentidos era muy cobarde, temía que todo fuese a peor, pero esta vez Caroline no le iba a dar la satisfacción de retenerla ni un segundo más, cogió su amiga de ambas manos y tiró de ella, arrastrándola hasta el exterior, la morena gruñó todo el camino, suplicando incluso que parase, cuando estaban en el exterior se cruzó de brazos.
-Car maldita sea ¡mis cosas!
-Ups -salió corriendo y trajo la mochila- Toma, luego me llamas -rió- No sé si podré mirar el lunes a nuestro profesor caliente.
-¡Caroline!
-Lo siento -le sacó la lengua- ¿Te llevo?
-No, mejor voy andando, así me despejo...y pienso que le digo a mi tía… -bufó- Realmente tengo miedo.
-Piensa en positivo.
-Es fácil decirlo. Bueno dile adiós a tu madre de mi parte -se despidió con un beso.
-¡Suerte!
Elena le sonrió a su amiga y se despidió con la mano mientras se alejaba de ella. Definitivamente la cosa iba a estar reñida, su tía como ella eran demasiado orgullosas, Elena tenía claro que iba a disculparse pero conocía su temperamento y si Jenna le decía cualquier cosa ella podría estallar, se mordió la lengua, así iba a estar todo el día, o por lo menos en lo que respecta a su tía: midiendo sus palabras…
Con un suspiro, decidió que por lo menos por un par de minutos durante su caminata, no iba a ocupar su cabeza en pensar cosas "negativas" y se puso los auriculares con una de sus canciones favoritas sonando para disfrutar del sol y el aire fresco de la calle mientras caminaba.
Después de comer, Damon, Ric y Meredith estaban sentados en la sala haciendo planes para el domingo: habían decidido irse a pasar el día completo a la casa de campo de los padres de Meredith los tres juntos. Después de todo, los tres necesitaban un merecido descanso de la ciudad y las obligaciones y un día en el campo era evidentemente la solución perfecta para aquello.
El almuerzo había estado bien, pero Mer no podía dejar de tener aquel extraño presentimiento de que algo extraño pasaba con los chicos. Ric no hacía tantas bromas como de costumbre y Damon medía cada una de las palabras que decía con cautela y evitaba hablar o simplemente contestaba con evasivas, como si cada palabra que dijese estuviese medida con perfección, casi como si temiera algo… ¿pero qué? Meredith no se podía quitar de la cabeza el suceso pasado, cuando estuvieron en la casa de su amigo, fue un simple momento pero es que como si aún estuvieran en la universidad, esa sola idea provocaba en la chica una repulsión absoluta, quitándose esas ideas de la cabeza se centró en su amigo.
-¿Estás bien? -le preguntó Meredith a Damon suavemente en un momento en que Ric había salido a comprar helado.
-¿Qué? Ah… sí -asintió él confundido, después de haber estado perdido entre sus pensamientos luego de algunos segundos.
-Ric está de mal humor y tú estás aquí pero pareces estar en cualquier otra parte… ¿Pasó algo, Damon?
Damon miró a su mejor amiga con un gesto lleno de pena. Odiaba mentirle y ocultarle cosas, ella había sido una de las mujeres más importantes de su vida desde siempre y jamás habían tenido secretos. Pocas veces había visto una amistad tan duradera y sincera como la que él compartía con Meredith, incluso llevaba más tiempo siendo amigo de ella que del mismo Ric…
-No, no pasa nada… -evitó mirarla, porque si la miraba le resultaría más dificil ocultarle la verdad ya bastante mal se sentía porque Ric le estuviese cubriendo, aunque eso duraría relativamente poco, en cuanto su amigo se acobardase un poco de más.
Meredith negó con la cabeza decepcionada, Damon le había mentido en una sola ocasión de toda su vida y de solo recordar aquellos tiempo sentía escalofríos.
-No me mientas Damon. Estamos preocupados por tí -volvió a intentar Meredith poniendo una mano en el hombro de su amigo.
-Ric me dijo esta mañana que sospechan que haya recaído -soltó Damon con esfuerzo, solo de decir aquellas palabras sentía asco de sí mismo- No hay nada más lejano a la realidad, Mer lo prometo…
Ella lo miró a los ojos por un largo momento, rastreando en aquel color azul tan conocido algún tipo de indicio que le indicara que estaba mintiendo y suspiró aliviada cuando se dio cuenta de que estaba siendo sincero.
-Lo siento… es que…-empezó a sentirse incómoda, su amigo no le había mentido en eso, estaba claro, pero aún así el comportamiento de Damon dejaba mucho que desear.
-No te disculpes -interrumpió Damon rápidamente- No quiero recordar nada de todo aquello, Mer. Quiero enterrarlo donde pertenece: el pasado.
Ante el tono casi suplicante de su mejor amigo, Meredith asintió algo pensativa y apoyó la cabeza en el hombro de Damon.
-No creas que no me doy cuenta de que si no es eso algo te está pasando… -insistió de mejor humor.
-No molestes, Mer -se quejó Damon con una pequeña sonrisa.
-Compadezco a la pobre chica que te tiene así… ¡Se merece el cielo por aguantarte, Salvatore!
-¿Así que asumes que hay una chica? -sonrió Damon, contagiándose un poco del humor de Mer.
-¿Crees que puedes engañarme? -rió- Claro que hay una chica, Damon. Te conozco casi mejor que tú mismo.
Damon negó con la cabeza rodeando a la chica con un brazo y despeinándola cariñosamente con el otro, lo cierto es que tenía razón. Meredith lo conocía casi mejor que él mismo en la mayoría de los aspectos.
-¡Basta! -se quejó Meredith entre risas empujando la mano con la que Damon despeinaba su cabello.
-¿Basta qué?-la agarró con más fuerza, revolviéndole por completo el peinado que se había hecho la chica con una coleta y poco más, Mer intentó zafarse, pero la postura que tenía no era la adecuada.
-¡Damon!-consiguió apartarse, dándole un leve empujón, el chico soltó una carcajada al ver el estado tan lamentable e infantil que tenía su amiga ahora. Por lo menos habían cambiado de tema.
-Estás más linda así -se burló Damon mientras ella se arreglaba el cabello con el ceño fruncido pero luego le sonrió alegremente.
-Al menos te hice reír -le sacó la lengua- Oye, Damon… sé que no quieres contarme ahora y lo respeto pero quiero que sepas que puedes contar conmigo cuando quieras ¿Si?
-Lo sé Mer. Gracias -asintió Damon sinceramente y le sonrió- Eres genial.
-Lo sé -rió Meredith abrazándolo- Pero no creas que te libraste del todo ¿eh? Aún no me he rendido, tarde o temprano averiguaré quién es la chica misteriosa.
Damon contestó a eso con una simple risa nerviosa que Meredith no interpretó de ningún modo en particular y siguieron viendo la película que habían puesto en la televisión un rato antes, mientras esperaban a Ric.
Para Elena Gilbert, había sido una mañana perfecta: Damon le había dado el mejor despertar y el mejor desayuno y Caroline... bueno era Car, ella le hacía olvidar hasta lo más tonto, y era una gran amiga, pero aún sabiendo que era un apoyo, Elena había preferido enfrentarse a lo de su tía sola, y si era posible que se retrasase lo máximo posible.
Por eso estaba andando, cuando el camino que tenía que recorrer era bastante trabajoso pero así podría pensar con claridad y recapacitar; se mordió la lengua por enésima vez consecutiva, cuando se dio cuenta que no encontraba las palabras correctas, otra vez.
Se dio cuenta de que su plan de no pensar en cosas negativas había fracasado estrepitosamente ya que lo único que inundaba sus pensamientos era la conversación con su tía Jenna que iba a tener que enfrentar cuando llegara a casa.
-Y si…-pensó en voz alta.
Elena frenó de golpe, asustada y tras darse cuenta que era otra estupidez se le ocurría se dio la vuelta dispuesta a volver a lo de Caroline pero esa no era una opción... ¿y llamar a Damon? Fue a echar mano de su móvil, pero tenía muy claro qué palabras iba a utilizar el chico con este tema "Nena tienes que solucionar las cosas" o "Todo va a salir bien, pero tienes que afrontarlo" y seguramente le creería porque si se lo decía él todo resultaría más fácil, pero tenía que aprender a resolver algunas cosas sola. Llamar a Damon sería un acto de cobardía así que se contuvo y se prometió a sí misma que resolvería este problema sin ayuda.
Se llevó una mano al cabello y cerró los ojos para calmar sus ideas, estaba plantada en mitad de una calle, donde la gente iba de un lado para otro sin prestarle la más mínima atención, seguramente tendrían sus propios problemas, incluso podrían ser de mayor grado que lo suyo, pero aún así les envidio por tener vidas que ella suponía que eran más sencillas y libres que la suya.
Siguiendo sus pasos volvió a andar, le quedaba un buen tramo, tal vez incluso una hora de camino si iba a paso lento, tenía tiempo suficiente para pensar, la discusión con su tía había sido horrible, y si lo miraba de otro ángulo podía ver el punto de vista de Jenna: la pobre no sabía nada al respecto, no sabía qué le pasaba y ni mucho menos la situación es la que estaba sumergida, fue dura, lo sabía, pero ¿y qué le iba a decir ahora? ¿qué lo sentía? ¿qué estaba embarazada?
Decirle que estaba embarazada sí que era una locura…
De repente, las voces de unos niños rompieron el hilo de sus pensamientos: un par de mellizos de unos tres o cuatro años corrían de apoco hasta adelantarla. Les sonrió, fue algo inconsciente, se llevó ambas manos al vientre, justo cuando una mujer, seguramente la madre de esos niños pasaba por delante de ella.
-¡Parad ahí ahora mismo o mamá se enfadará! -les gritó, aunque Elena pudo notar un deje de ternura, la mujer llevaba varias bolsas y entre ellas una le llamó la atención a la castaña.
-Disculpa -no supo de dónde sacó el valor para llamar su atención, la mujer desconcertada se giró hacia ella- ¿Podría decirme donde…? -le señaló la bolsa con una sonrisa tonta en los labios, la mujer, de unos treinta, miró la bolsa de regalos, un bebé rosado estampado en el medio con el logotipo de la tienda de ropita de bebé.
Uno de los niños se acercó hasta engancharse a la pierna de su madre, mientras el otro miraba curiosa a esa chiquita desconocida que hablaba con su mamá. Para Elena, esa imagen tan natural le pareció la cosa más hermosa del mundo, incluso una lagrimita corrió de sus ojos y fue ese brillo en sus ojos marrones lo que sorprendió a la mujer y la convenció de decirle a donde había comprado sus cosas.
-Eres muy pequeña ¿cierto? -le sonrió, sacando de la bolsa la tarjeta de la tienda- Es allí abajo, a la derecha, son las cosas muy monas y económicas que para los tiempos que corren.
-Gracias -obvió que le había llamado pequeña, ahora mismo no podía pronunciar ni una queja aunque quisiese, tenía un nudo en la garganta, y esa felicidad que le había recorrido todo el cuerpo le obligaba a mantenerse así, callada; uno de los pequeños, el que había estado abrazado a la pierna de su madre se acercó tiernamente a la chica- Hola peque -sonrió Elena y luego regresó la mirada a la mujer- De nuevo gracias.
-Suerte -le deseó aquella desconocida sonriendo con verdadera sinceridad y Elena le devolvió la sonrisa agradecida.
La mujer agarró de la mano al pequeño más travieso, mientras que el más tímido la seguía de cerca, Elena no pudo dejar de mirarles, era una escena tan tierna, y al mismo tiempo tan cercana a su situación que pensó por un momento si ella se vería así, cargando con su hija por la calle, riñéndola con ternura y jugando con ella. Sorbió por la nariz, limpiándose esas pequeñas lágrimas traicioneras, ella tenía dieciséis años, no veinte ni treinta, nadie la miraría con buenos ojos, por lo menos no los de su entorno, acariciando su vientre dio media vuelta, dispuesta a que su corazón la guiase, ya tendría tiempo de hablar con Jenna, ahora necesitaba tomarse ese momento.
El camino fue totalmente diferente, o quizás era ella misma la que se sentía completamente diferente. Por primera vez, Elena podía ver la realidad de otro color, podía sentir la brisa en su rostro, el sonido de los coches y de la gente hablando o simplemente caminando, podía sentir el mundo de una manera completamente nueva: desde la mirada singular que solo poseen los que conocen esa maravillosa experiencia de saber que su cuerpo y su vida a no son solo suyos sino que los comparte con un pequeño y maravilloso ser. Alguien que la amaría y a quién ella amaría con la fuerza más intensa de todo el mundo, alguien que le enseñaría realmente lo que era amar de verdad. Con aquellos pensamientos en mente, Elena alcanzó la calle que le había dicho la mujer, y no le costó demasiado encontrar la tienda, al igual que la bolsa, la tienda era muy sencilla, con los cristales repletos de colores, y el logotipo en grande encima, de color pastel con un bebé sonriendo, estilo animado, sonrió, y se quedó embobada mirando la tienda, sacó su teléfono y sin pensarlo siquiera sacó una fotografía de ella con la tienda detrás.
-Perfecta -acarició con la yema de sus dedos la pantalla.
Ese sería, si entraba, su primer encuentro con el mundo de los bebés. Se guardó el teléfono y cruzó la calle, pero antes de entrar los miedos volvieron a ella, esa pesadilla dio de bruces en su camino. Si entraba alguien que la conociera podría sospechar, ¿y si por culpa de eso la perdía? No podía concebir esa idea, cerró los ojos temblando y pensó en Damon, en lo que él haría... A él no le importaría entrar ahí, seguro que tendría una excusa perfecta, ¿por qué no iba a entrar? Cualquier persona podría hacerlo y utilizar de excusa que tenía curiosidad o simplemente le llamó la atención. Armándose de valor abrió la puerta, el sonido de unas campanitas le dieron la bienvenida, un muchacho menudito de unos veinte le dio la bienvenida, pero no le prestó la menor atención.
Elena miró asombrada el interior, era una sola planta con unas escaleras que darían al almacén, toda la tienda estaba decorada con tonos pastel y carruseles de todas las formas y tamaños, la decoración era perfecta. Como una boba pasó su mano por cada uno de los muebles, rozando levemente la ropita que había repartida por la zona, todo era perfecto: juguetes, ropita e incluso libros, tanto para los niños como para las madres primerizas.
-¿Puedo ayudarla en algo? -Elena se sobresaltó, el muchacho le sonreía, parecía sincero, ¿pero es que no veía que era una cría? -¿Sucede algo? -preguntó, ahora, algo preocupado.
-¿Qué? No… -sonrió nerviosa- Solo pasaba...solo paseaba y vi la tienda, ¿Hace mucho que abrieron? ¿Tienen material para todas las edades? quiero decir…
-Cálmese por favor -le sonrió, a la chica le sudaban las manos, no tendría que haber reaccionado así, pero es que se sentía fuera de lugar- ¿Hermanito?¿Sobrinito…?
-¿Cómo?
El chico señaló la tienda, como si no fuese evidente que era todo para bebés, entonces ella lo comprendió, claro que la había visto demasiado joven, sólo estaba preguntando, ya fuese por algún familiar o por alguien cercano, para ese chico era negocio, le daba igual la vida privada de nadie, sin pensarlo se disculpó y salió, literalmente, corriendo de la tienda. Él no la conocía, no podía juzgarla, era cierto pero era inevitable que se sintiese así, con una mano en el pecho intentó recuperar el pulso normal.
¿Qué había estado pensando al entrar ahí creyendo que podría vivir una experiencia normal como el resto de las madres que le compran por primera vez un regalo a sus bebés? La reacción de ese chico era solo un reflejo de lo que todos iban a pensar de ella. La sola idea de que ella fuese capaz de tener un bebé estaba completamente censurada de su mundo.
Respiró hondo, cogiendo aire y expulsándolo, no podía alterarse solo por eso, era una tienda, ¡una tienda normal y corriente! Ella era la que no se comportaba como alguien normal y corriente, sin pensarlo mucho cruzó la carretera y se dejó caer en el bordillo, para poder mantener una distancia mientras recapacitaba, esto si que había sido una actuación infantil... Se llevó las manos a la cabeza, ocultando el rostro entre sus piernas.
Una sombra cubrió la claridad de la tarde, poniendo los ojos en blanco y esperando una bromita o una frase de mal gusto alzó la cabeza, sorprendiéndose de ver a una mujer que conocía muy bien vestida de calle y con una bolsa de basura, le sonreía.
-Elena, ¿te encuentras bien?
La primera reacción de Elena fue una sonrisa involuntaria. En ese momento realmente le hacía falta un rostro amigable y familiar y eso era justo lo que tenía enfrente.
-Meredith… -saludó entre incómoda y aliviada incorporándose rápidamente- ¿Qué hace aquí?
-¿Cómo? -alucinó ante la pregunta, Elena negó con la cabeza, sintiéndose estúpida por haber dicho eso- Vivo aquí cerca, bueno un poquito más lejos pero acabo de dejar a los hombres de la casa organizando una salida a una casita que tengo. Bueno, ¿qué más da? -se interrumpió al darse cuenta de que la joven no le estaba prestando atención- ¿Tú qué haces aquí Elena?
-Yo...paseaba para llegar a casa…
-¿Vives cerca?
-No, bastante más lejos -miró su reloj- Y se me ha hecho tarde.
-Y si vives lejos, ¿qué hacías ahí? -le señaló el bordillo, la castaña se mordió el labio inferior, sintiéndose descubierta- ¿Pasa algo? ¿Te sentías mal? -le colocó una mano en el brazo, y Elena pudo ver verdadera preocupación por ella, sin tener ningún deber sobre su estado, esa mujer se estaba interesando realmente en ella y en su bebé. Definitivamente tenía suerte de haberse encontrado con ella- ¿Quieres que nos sentemos o…?
-Estoy bien -cortó- Solo que no quiero volver por…-jugó con los lazos de su mochila, ante la atenta mirada de Meredith la cual no tardó en comprender que le había pasado a la chica.
-Te has enfadado con tu familia por ese tema, ¿verdad?
-No -la miró a los ojos con expresión culpable- No le he contado a mi tía aún.
-¿Y a qué esperas chiquilla? -la regañó con suavidad- Elena, si no les dices nada se preocuparan sin saber el porqué, no creo que quieras esto, no es bueno.
-Lo sé, ya lo he comprobado, mi tía piensa que la odio -murmuró con la voz quebrada, haciendo un esfuerzo por no llorar- Pero no me atrevo… Soy una cobarde, no puedo hacer nada -miró en dirección a la otra calle- He intentado entrar ahí, y he salido huyendo.
-¿Por qué? -preguntó Meredith conmovida por la profunda angustia que veía en la chica.
-Por el que dirán, por lo que la gente pensará de mí, estoy en un colegio de élite, cualquier cosa puede romper el prestigio de ese colegio, y encima yo sería el hazme reír, la chica que se dejó llevar, ¡sería terrible! -soltó exasperada.
-No puedes vivir así Elena -negó con la cabeza- No puedes pensar siempre en los demás, eres tú, tu decisión y a la de tu novio, no podéis estar así, ¿no os dais cuenta que esta incertidumbre es peor para vuestros seres queridos? -le acarició la mejilla con ternura- Piénsalo, por ti, por él, y por el bebé. Y no eres ninguna cobarde, Elena. Eres una jovencita valiente y mucho màs fuerte de lo que crees.
Elena recibió las palabras como una caricia suave que en ese momento le hacía muchísima falta. Meredith tenía razón, desde que Jeremy sabía la verdad estaba preocupado sí, pero era diferente, ¿pasaría lo mismo con Jenna? Ya la había fastidiado suficiente, no podía ir a peor si se enteraba, hablaría con ella, lo importante ahora mismo era su familia, le sonrió a la enfermera.
-Tienes razón, yo, he sido una tonta, hablaré con mi tía, y que salga el sol por donde salga.
-Me gusta esa actitud -sonrió Meredith orgullosa- ¿Y el papá? ¿por qué se le puede llamar papá verdad?
Elena se removió incómoda ante eso. Eso era algo que, por más que deseara, ni siquiera podía compartir con Meredith… Aunque sabía que tarde o temprano ella se enteraría, tenía una relación demasiado cercana con Damon como para no enterarse de algo tan importante como eso…
-Si lo que quieres saber es si es el padre me apoya te puedo decir que nunca hemos estado tan cerca.
-Mejor, ¿sabes que tendrás que decirles a tu familia…?
-Prefiero no pensar en eso ahora, me voy directa a mi casa -era tarde, demasiado y Elena comenzaba a sentirse incómoda por el rumbo que estaba tomando su conversación pero Mer no estaba dispuesta a que Elena se fuese tan fácilmente, mientras la chica comenzaba a marcharse Meredith le mandó un mensaje a Ric explicándole que se iba a retrasar un poco más.
-¡Elena espera! -la alcanzó- Voy a tirar esto, y vamos a ir juntas a esa tienda, luego te llevo a casa, ¿te parece?
La castaña dudó, su tía estaría preocupada pero si Meredith la llevaba en coche no tardarían mucho más, ¿no? y encima, las ganas que tenía de ver esa tienda y comprar algo eran inmensas, asintió dichosa, y después de tirar esa bolsa fueron directas a la tienda, el mismo muchacho de antes las saludó sin prestarles la más mínima atención, pero para Elena fue una sensación completamente diferente a la que había tenido la primera vez.
Estuvieron unos quince minutos dando vueltas y mirando las distintas estanterías, Elena se sentía en una nube, y deseó que Damon estuvise ahí con ella, riendo, y jugando, tal vez robándole un pequeño beso o una caricia, embobada cogió un sonajero de ganchillo, era de color rosa, con rayas negras, la forma era la de una conejita estilo anime, era una monada, Meredith la sorprendió con un par de pequeños zapatito de bebé de color azul, ambas soltaron una carcajada.
-Gracias Mer -le agradeció sinceramente Elena cuando salieron con una bolsita de la tienda, con esos zapatitos, el sonajero y un gorrito blanco con orejas de conejito.
-No, gracias a ti por dejarme compartir este momento tan importante contigo -la abrazó sorprendiendo a Elena que rápidamente le respondió el abrazo- En serio Elena, me tienes para lo que quieras.
Ambas chicas se encaminaron sonrientes hasta lo que sería la casa de Meredith,Elena no llegó a tener muy claro donde vivía pues enseguida entraron en el coche, había sido un viernes y un sábado un tanto movidito el problema venía con que el sábado no había acabado y aunque deseaba refugiarse en los brazos de Damon tenía que afrontar este problema, se apoyó contra el cristal y cerró los ojos.
Jenna era la mejor, la adoraba y la quería muchísimo,había hecho demasiado por ellos, y no se merecía el trato que le había dado, lo solucionaría, le diría la verdad y después de una breve bronca (que seguro habría) se abrazarían y se apoyarían. Sonrió, era mejor así, que se enterase por ella y no por otros.
-Es aquí… -murmuró Elena cuando reconoció su casa y Meredith detuvo el auto- Gracias de nuevo, Meredith… .
-Puedes llamarme Mer -sonrió la chica- Después de todo no soy tanto mayor que tú.
Elena sonrió alegremente mientras tomaba sus cosas y asintió. Realmente le había sorprendido esa mujer, resultaba agradable y una persona fácil con la que conversar, la chica le sonrió antes de que saliese del auto.
-Gracias, Mer -rectificó sonriente.
-Tienes mi número de móvil ¿Cierto? Puedes llamarme si necesitas algo, no lo dudes. No te preocupes por el instituto…
-¿Por qué haces todo esto por mí? -preguntó Elena arrepintiéndose al último segundo y bajó la cabeza un poco avergonzada.
-Me agradas -sonrió Meredith simplemente. Ayudar a Elena era algo que había surgido espontáneamente, sin que ella se planteara dos veces las razones de aquello- Además me recuerdas mucho a un amigo…
Elena frunció el ceño pensando que estaba paranoica, Meredith no podía estarse refiriendo a Damon ¿Verdad?
Meredith sonrió nuevamente, definitivamente Elena tenía algo que le recordaba muchísimo a su mejor amigo, a ese Damon flacucho y de cabello revuelto que había sido su mejor amigo durante todo el instituto. Esa misma manera profunda de expresar se, el sentimiento de soledad y la presión innegable de toda su familia por ser alguien que no era, hasta podía reconocer algunos gestos que la hacían pensar inmediatamente en Damon sin darse cuenta. Quizás esa fuera la razón tras la cual había sentido la necesidad de acompañarla casi desde el primer momento.
-Quiero que sepas que puedes considerarme tu amiga, Elena -dijo Meredith saliendo de sus extraños pensamientos. No supo de dónde venía eso pero, como siempre hacía, decidió seguir lo que su intuición le dictaba.
-Gracias… -sonrió Elena conmovida por aquellas palabras- En serio, gracias Mer.
Se preparó para salir, para enfrentarse a la realidad pero antes de hacerlo Mer volvió a frenarla, esta vez entregándole una de las bolsas que la chica había olvidado, le sonrió.
-En serio Elena, cuenta conmigo para lo que necesites, hay gente en el colegio que te apoyaría tanto como yo.
-Gracias de verdad-no quiso darle más vueltas al tema de "gente", porque estaba claro que se refería a Ric y a Damon, no quería que las cosas entre ellos tres se fastidiasen por una debilidad suya, era cosa de Damon contarle, sólo de él.
Antes de salir de auto, Elena saludó a Meredith con un abrazo y se encaminó hacia la entrada de su casa.
Definitivamente, podía darse cuenta de qué era lo que Damon veía en Meredith. Por lo poco que la conocía le parecía una de esas pocas personas en el mundo en las que uno puede confiar. Ahora entendía porque Damon le tenía tanto aprecio: Meredith era una persona genial.
Elena entró a su casa un poco más relajada por el paseo con la enfermera y se encontró que todo estaba en un inquietante silencio que inmediatamente la puso en alerta. Generalmente Jenna siempre ponía música fuerte o estaba escuchando la radio o veía la televisión. En fin, siempre había algún ruido en la casa y el auto de Jenna estaba aparcado frente a la casa así que su tía debía estar ahí.
-¡Jenna! -llamó algo insegura.
Nadie contestó y, como sabía que su hermano no estaba, subió al segundo piso en busca de su tía.
Recorrió todas las habitaciones sin encontrar ni un solo indicio de Jenna y finalmente se dio por vencida y se encaminó a su habitación. Le sorprendió encontrar la puerta entreabierta y la luz prendida pero entró sin pensar nada. Aunque en realidad, nada la habría preparado para ese momento.
Varios de los cajones de su dormitorio estaban abiertos y un poco revueltos, especialmente uno que inquietó a Elena profundamente. Entre todas sus cosas, había un cajón en especial donde guardaba cosas especiales como su diario y algunos recuerdos de su infancia, pero eso no era lo que le preocupaba. Lo más preocupante era que dentro de ese mismo cajón había guardado todas las fotos que se había hecho con Damon y, peor aún, el test de embarazo positivo.
Elena tembló cuando se acercó aún más y descubrió que todo el contenido del cajón blanco había desaparecido. Sintió cómo sus pulmones comenzaron a quedarse sin aire y sus manos a temblar. El miedo, casi pánico, de ser descubierta de aquella manera tan terrible la había paralizado completamente.
-¿Se puede saber qué significa esto?
Elena sintió un escalofrío cuando escuchó la voz de Jenna a sus espaldas. Se oía definitivamente afectada, nerviosa y quizás también un poco angustiada.
Cuando Elena volteó, se encontró a su tía sentada en su propia cama. Junto a ella había una bolsa en donde ella se había ocupado de esconder en el baño todas las cajitas de tampax que no había usado desde que no le venía el periodo y también las píldoras anticonceptivas que ya no le servirían de nada. Pero lo peor de todo no era eso: entre sus manos, Jenna sostenía el test de embarazo positivo y junto a ella Elena reconoció su álbum de fotos abierto.
Elena contuvo un sollozo y quiso que la tierra se la tragara en ese mismísimo instante. Jenna había descubierto la verdad de la peor manera, y no solo eso: probablemente también había visto sus fotos con Damon y, de ser así, ambos estaban muertos ya que seguramente Jenna lo reconocería por su última visita al instituto. Sintió un escalofrío recorrer su espalda: toda su vida, la del hombre que amaba y la de su bebé estaría puesta en juego en ese momento.
