No podría ser más feliz, los planes de la boda van excelentes, mi relación con mi suegra es genial, mi futuro esposo me hace feliz y mi bebé cada día está más grande.

Estoy revisando la lista de pendientes para la boda cuando caigo en la cuenta.

- Sherlock-

- ¿Sí?-

- No hemos comprado los anillos-

Sherlock arquea una ceja, como si estuviera tratando de recordar para qué sirven los anillos en una boda.

- Además falta el vestido y….-

- Hm, espera, mi padre dijo algo de un regalo…- comenzó Sherlock – no recuerdo qué-

Un par de llamadas y media hora después, el señor Benjamin Holmes y su hijo mayor aparecieron por el piso, acompañados también por John quien a veces viene a "pasar tiempo de calidad" con Sherlock, o sea a hablar de casos y cosas de hombres.

- Nos encontramos con Johnny abajo- comenta el señor, sonriendo – ¿dónde está el pequeño Phili?-

Mi bebé le tiende los brazos a su abuelo al verle, el señor lo toma con cuidado y lo llena de besos, los dos se adoran.

- Papá…- comenzó Sherlock.

- Sherly, te traje algo para Molly y para ti, espero que los usen-

Sherlock me muestra el regalo, los anillos son dos aros de oro blanco muy hermosos y sencillos.

- Son perfectos- comento, sonriendo.

- Esos fueron los primeros anillos que usamos Adriana y yo-

- Mami nunca mencionó nada- comenta Sherlock.

- Es complicado- dijo papá Holmes – les voy a contar, ya va siendo hora que se enteren cómo fueron las cosas entre su madre y yo, además creo que puede servirles de algo, también a ti, Johnny-

- Claro, señor- respondió John, sonriendo – me encantará escucharlo-

- Mhhh, pues verán…conocí a Adriana desde la infancia, nuestras familias se frecuentaban debido a la amistad que unía a nuestros padres, hombres de negocios prósperos; desde niña, Adriana fue el tipo de mujer dominante, siempre quería dar las órdenes y se enfurruñaba terriblemente cuando no la dejaba ganar, no podía decirse que fuéramos amigos aunque, después de cualquier discusión, conseguíamos arreglarnos y todo quedaba olvidado; nos comprometieron cuando teníamos apenas 12 años, antes las cosas eran así.

"Pasó el tiempo, a mis 21 años conocí a una muchacha, se llamaba Rose, me enamoré de ella perdidamente y fui correspondido, la familia de Rose era de la misma clase que la mía así que por eso no tendríamos problemas, sin embargo dudé, Adriana y Rose tenían una amistad de hacía algunos años, entre mis dudas me decidí a hablar con Adriana y plantearle la situación, lo que nunca imaginé fue que ella tuviera sentimientos por mí.

Adriana me confesó estar enamorada desde que éramos pequeños, me preguntó si amaba a Rose, le contesté que así era y me aseguró que haría todo lo posible por deshacer el compromiso, que lo hacía por amor a mí y a Rose.

Con lo que no contábamos era que la familia de Rose decidiera mudarse a Francia, no hubo manera de detenerles y me despedí de ella desolado, prometió esperar por mí y yo le aseguré que no dejaría de quererla; cuando Adriana cumplió los 21 se organizó la boda, me casé con ella aún amando a Rose, Adriana me consoló asegurándome no interponerse entre Rose y yo, diciéndome que estaba consciente de que aquel matrimonio no era real, que yo amaba a su amiga y ella respetaría ese amor.

Nuestro primer año juntos fue desastroso, yo no dejaba de añorar a Rose y Adriana intentaba de todo para animarme aunque sin éxito.

Cuál fue la sorpresa cuando escuché que Rose volvía a Londres, fui a buscarla con la ilusión de reanudar nuestras relaciones, sin embargo la encontré felizmente casada con otro hombre, fue muy duro, creí que me iba a morir y de hecho pensaba dejarme morir, no quería comer, no podía dormir…estaba hecho un desastre.

Pocos días después del regreso de Rose, ella y su esposo decidieron hacer una cena para los amigos, me hirvió la sangre al recibir la invitación, sin embargo Adriana insistió en que fuéramos, insistió tanto que terminé cediendo, lo que no me imaginé… - se detuvo un momento, sin poder evitar la sonrisa que se dibujó en sus labios – lo que no imaginé fue que Adriana tenía sus propios planes.

Después de saludar educadamente, Adriana le soltó una bofetada a Rose, le gritó que era una, y aquí cito sus palabras exactas, una zorra cazafortunas y trepadora, que no merecía mi afecto ni el de ella y esperaba que se pudriera en el infierno; tomó nuestros abrigos y nos fuimos a casa, yo no salía de mi asombro, iba a mencionarle el tema cuando a mí me tocó la segunda bofetada de la noche, me dijo que era un maldito egoísta y desconsiderado, que ya no podía soportar que la tratara como a una muñeca de aparador y que no permitiría convertirse en la esposa de adorno para las fiestas, me pidió el divorcio, se quitó el anillo de bodas y me lo arrojó en la cara, ¡púdrete, Holmes!, me gritó, fue la primera vez que la vi llorar.

Me di cuenta que no podía perder a Adriana, si la dejaba ir me arrepentiría mi vida entera, así que le rogué que me perdonara, organizamos otra boda y compré nuevos anillos para ambos, estos guardé como un tesoro, siempre que los veo me recuerdan lo afortunado que soy de tener a Adriana.

Me gustaría que ustedes los tuvieran ahora, porque Sherly es muy afortunado de tenerte, Molly, y también de tener a Philippe, créeme cuando te digo que ustedes dos son las más grandes bendiciones de la vida de mi hijo."

No me di cuenta de cuándo comencé a llorar, abracé al señor Holmes y lo besé en la mejilla, como hacía con mi padre.

- Muchas gracias- le dije, sin dejar de abrazarlo – gracias, gracias, de verdad, lo quiero mucho, señor-

- Y yo a ti, pequeña Molls- dijo mi suegro, acariciándome la mejilla – espero que la historia tan larga les haya servido de algo, no sólo a Sherly y a Johnny, también a Mikey, con esa novia que tiene y…-

- ¡Lo sabía!- exclamó Sherlock.

- No es mi…- comenzó Mycroft, sonrojándose – Jessica no es mi novia-

- Sí lo es- dijo Sherlock – últimamente estabas muy sospechoso, yo tenía razón-

- ¿Mycroft Holmes tiene novia?, eso sí que es una novedad- comentó John, sonriendo - ¿cuándo la conoceremos?-

- ¡Que no es mi novia!- insistió Mycroft, aunque con su sonrojo no se le podía creer nada.