Notas: Bo: «bastón» es un arma en forma de vara alargada o pértiga, generalmente hecha de madera (roble, bambú, etc). Han existido de una forma u otra en todas las culturas. —En este fic aparece como el arma de Suecia, aunque de metal, quien en varias ocasiones se lo ha visto con una vara alargada de un color oscuro. No pude encontrar si su arma es otra pero me pareció la más correcta y similar.

Es todo por ahora, disfruten el capítulo. (:


Capítulo 9: Consecuencias

Noruega, Islandia, Gales e Irlanda se dedicaban a transformar la sala de esa casa en una zona de grandes concentraciones de magia. En la mesa había una olla con un líquido color rojizo, espeso y de muy mal aspecto acompañado de un aroma similar a la madera quemada. Las cuatro naciones agregaban y conjuraban sobre este, haciendo que a veces este líquido fluctuara o diera un pequeño resplandor. Los libros de Noruega e Islandia amontonados sobre el sofá y el chiquero en la cocina y sala estaban valiendo la pena, el antídoto estaba casi terminado.

Cuando hubieron terminado de hacer el antídoto, al menos en un noventa por ciento, metieron una dosis en un pequeño frasco, tomado por República de Irlanda. Luego Gales tomó otros dos frascos para tener un par de dosis extras y las guardó en su bolcillo. Todavía quedó mucho de la pócima en la olla la cual manejarían después de haber acabado con todo.

Antes de dársela a Escocia debían hacer un último conjuro. Sin embargo, cuando sólo les faltaba un par de palabras los interrumpió un estruendo con gritos en la parte principal de la casa, seguido del sonido de la puerta destruyéndose a punta de balazos.

—¡Ya llegó por quien lloraban! —Gritó la voz socarrona y burlesca de Lovino, con un par de armas de fuego en sus brazos.

—¿Quieren jugar un rato? —Preguntó Feliciano de manera burlona.

Feliciano iba en frente, seguido de Ludwig y Lovino pisándole los talones, irrumpiendo en la casa británica. El par de nórdicos y los hermanos de Inglaterra se pusiero en guardia frente a los intrusos, la adrenalina los embarga y sus mentes tratan de no perder la calma. Ellos emanan no sólo orgullo, sino poder y seguridad en sus malditas sonrisas con rostro ajeno. Los nativos maldijeron internamente, sabían que sus oponentes son sorprendentemente más fuertes que antes.

Noruega trató de hacer un movimiento para que su hermano y los demás no tuvieran que enfrentarse a Feliciano. Un par de pasos y la mano sobre el bolcillo del pantalón donde esconde un arma. Pero el italiano se lo impidió, con una sonrisa alzó una de sus armas hacia Noruega y la otra hacia la cabeza de Islandia.

—¿Vas a alguna parte? No creo que quieras dejar a tu hermanito a solas conmigo, ¿o sí? —Dijo riéndose.

Noruega simplemente lo fulminó con la mirada. Lo único que le preocupaba no era su vida sino la de su hermano, sin saber que este tenía el mismo pensamiento.

Feliciano se enfrentaría a Islandia y Noruega. Gales e Irlanda, después de recitar las últimas palabras para el antídoto y cerrar el frasco, buscaron correr hacia la habitación donde estaba Escocia, pero Ludwig los detuvo usando también dos armas de fuego para destrozar el piso y el marco de la puerta frente a ellos.

—¡Mierda! ¡Esto no puede estar pasando! —Gritaron internamente ambos hermanos.

Lovino ha desaparecido de su vista, y eso sólo hace que la preocupación y el miedo aumenten para las cuatro naciones.

Afuera de la casa, en el patio principal, se enfrentaba Dinamarca contra Kiku, uno con alabarda y otro con espada. Finlandia no podía ayudarlos por más que quisiera. No podía perder de vista a Escocia y a Irlanda del Norte, el cual hace no mucho acababa de recibir una pócima para recuperarse. Pero aún tenía que controlar a Escocia en su cama ya que se revolcaba de dolor junto a su hermano dormido.

Al mismo tiempo que ellos destruían la casa con sus riñas. Lovino se dirigía hasta el sótano, donde tenían enjaulado a Arthur. Tranquilamente y con una sonrisa socarrona, tenía su querido rifle posado en su hombro derecho y tarareaba alguna canción en su idioma. Ahora lucharía contra Suecia.

El nórdico no dijo nada, lo miró con desdén y recelo mientras se colocaba en guardia junto con su Bo de metal frente al excéntrico italiano. Este simplemente le dedicó una sonrisa burlona cuando le dijo: —¿No sabes que jugar conmigo es peligroso? Nunca sé cuándo acabar.

Si Suecia se sintió o no amenazado, no demostró nada. Simplemente bufó antes de inclinarse un poco más, dándole a entender a su oponente que no retrocedería por nada.

—Está bien, —se alzó de hombros Lovino—. Pero te advierto que como estoy apurado no me contendré contigo. ¿Te parece, Su?

—Cállate —respondió simplemente.

Sin esperar, el sonido de un rifle disparándose junto con las risas y el metal golpeado llenó el sótano.

Arthur poseía su inseparable sonrisa sentado en el suelo desde el centro de la habitación. Sus ojos observaban con fascinación la pelea mientras que ese brillo malva relucía en sus celestinos, y a veces ligeramente verdes, ojos. La sonrisa se ensanchó y sus risas no ahogadas se escuchaban entre los intervalos de lucha de Lovino y Suecia. Todo este tiempo estuvo absorbiendo magia de los británicos y nórdicos e incluso de la misma jaula mágica estilo cúpula donde estaba encerrado. Aprovecharía la distracción del sueco para escapar tarde o temprano y se sentía realmente bien.

Mientras esto sucedía, Alfred se encontraba todavía en América, quería encontrar a Canadá. O en todo caso a los latinos que estuvieron con él para poder dar con su "hermano postizo" y así poder quitarle la vida. Todo a sabiendas de que el canadiense no dudaría en volver a usar magia para ayudarle a sus contrapartes como lo hizo antes.

Pero los nativos de la dimensión Second Parallel no sabían lo que había pasado anteriormente. Poco e indefinido tiempo atrás sucedió algo un poco peculiar:

Lovino buscaba con el juicio arrebatado a España por toda su, ahora, casa. Ya llevaba un buen rato sin verlo y eso lo puso en alerta. Éste se había escondido para pasar, a todos los que podía, la noticia que le acababan de comunicar los del continente americano. Pero cuando escuchó al italiano cortó la llamada que estaba teniendo con suma velocidad y se dispuso a fingir que había estado dormido todo el tiempo.

Acurrucado en el viejo sillón del sótano, habiendo desempolvado un antiguo proyecto de navegación que nunca llevó a cabo, pensaba argumentar que se entretuvo y posteriormente se quedó dormido. Aunque su corazón apenas lo dejaba pensar, lo sentía golpear su pecho lleno de adrenalina por el temor y la angustia. Apagó el teléfono para que no lo llamaran y lo escondió, ya que escuchaba al muchacho usurpador acercarse.

―¡Aquí estás! España, me tenías muy preocupado ― exclamó el italiano del sur, el español se talló los ojos simulando sueño y Lovino soltó un suspiro de alivio.

―¿Qué pasa, Lovino? Aquí estoy ―el italiano, evidentemente se estaba apegando a él y lo llenaba de atenciones así que España tenía que esforzarse por no mantenerse recio en ningún momento.

España se sentía un tanto culpable. Recordaba que, aunque no había sido su voluntad, había atacado a sus amigos. Que encima, ellos estaban sufriendo y él muy cómodo como el favorito de aquel chico que ocupaba el puesto que hiciera Italia Romano antes, incluso sus heridas estaban curadas prácticamente por completo.

―No vuelvas a asustarme así y no te separes otra vez de mí. Excepto si lo ordeno, claro y menos te alejes sin avisarme. ¿Entendido?

El español asintió disculpándose por ello, luego el italiano se retiró a toda prisa diciéndole que no saliera de la casa. Al parecer Lovino no sospechaba lo que él acababa de hacer, sin embargo no había podido llamar a los hermanos de Inglaterra o a los Nórdicos, que estaban con ellos. Arthur, desde el principio, había quitado todas las formas de comunicación, que no fueran su telepatía, a sus colonias. Así que sólo esperaba que pudieran estar bien.

Mientras España deseaba que sus amigos estuvieran bien, procurando no cambiar el humor de Lovino con nada. El resto de los países en cuanto recibieron la noticia y se vieron ausentes de vigilancia, decidieron que harían algo por ayudar a sus compañeros, aunque su ayuda fuera del tamaño de un grano de arena. Pelearían por recuperar lo que por derecho era suyo.

La pelea era cada vez más dura para todos los presentes en la casa de Inglaterra. Dinamarca, aunque había hecho un gran trabajo quitándole demasiada ventaja a su oponente, ya estaba tambaleándose ante las heridas concisas que le propinaba Kiku con su katana. Además se estaba debilitando rápidamente sin saber el porqué. Islandia y Noruega estaban teniendo dificultades con Feliciano. Aunque Irlanda y Gales habían logrado quitarle una de las armas a Ludwig, y éste ya no tenía tanta ventaja en ese sentido, continuaba dándoles problemas gracias a su fortaleza poco fluctuante. Gales en determinado momento volvió a querer llegar hasta la habitación donde estaba Escocia, el alemán se lo impidió y este sólo alcanzó a extender su mano con fuerza antes de ser derribado nuevamente.

―Ni se te ocurra pensar en cruzar ese umbral ―le espetó Ludwig a Gales.

—¡Pues ya se me ocurrió así que mátame para que no lo vuelva a intentar! Zultemy!—Gritó Gales al levantar su mano y hacer que un haz de luz surgiera para tratar de lastimar al alemán frente a él.

Ludwig no lo esquivó tan rápido y le dio en uno de sus hombros, haciendo que se tambaleara. En respuesta inmediata Feliciano disparó dos veces a Gales inmediatamente, sacándole un grito de dolor al británico, puesto que su brazo izquierdo fue el huésped de tales balas. Eso le valió a Feliciano más satisfacción que el dolor de recibir un disparo por parte de Noruega gracias a su distracción. De todas formas regresaría su atención al par de nórdicos y se desquitaría vaciando los cartuchos sin soltar el gatillo frente a Islandia.

Maldición, no puedo usar mucha magia y este dos contra uno parece poco equitativo ¡para nosotros! —Pensó Gales lleno de enojo.

¡Deja de pensar en matemáticas y lucha por hacer que ellos sean los que caigan! —Espetó Irlanda leyendo sus pensamientos.

—¡Entonces ayúdame y salte de mi cabeza!

Ludwig continuaba peleando contra Irlanda quien se negaba a dar tregua y Gales que se atrevió a usar un poco de su magia curativa en sí mismo sólo para regresar a la batalla.

Cosa que no podían hacer los hermanos nórdicos. Islandia fue herido gravemente al recibir una bala en su hombro izquierdo, otra en su pierna derecha y un par más en su vientre. Noruega no pasó por alto nada, sin expresar el enojo e impotencia que recorrían su cuerpo, avisó telepáticamente a Gales lo que estaría a punto de hacer mientras se acercaba a su hermano tambaleante el cual apenas podía hacer un escudo de magia contra las balas.

—Me iré con Islandia. Necesita recuperarse.

—¡¿Me estás tomando el pelo?!

—No. Aunque pienso volver.

Sin decir más, el par de nórdicos se esfumaron de la sala, justo antes de que el nuevo cartucho de Feliciano fuera estrenado en su dirección. Todas fueron a dar al suelo y la pared.

—Malditos cobardes —espetó el italiano entre molesto y satisfecho.

—Dile cobarde a tu maldita abuela —respondió con sequedad Irlanda, sus puños al aire eran rodeados de una luz azulada.

—¿Crees que me das miedo con esa magia tuya? —Se burló Feliciano—. Si quisieras tan siquiera empatarnos no deberías de darle poder al enemigo en primer lugar.

—¡Cierra la maldita boca! —Fue la respuesta del irlandés, ignorando lo que quiso decir el italiano, seguido de disparos de bolas de energía mágica dañina dirigidas al italiano frente a él.

Feliciano sonrió orgulloso y burlón al esquivar, gastar sus cartuchos y volver a cargar para atacar. Tenía suerte de que su bolsillo de carga siempre estuviera lleno gracias a la magia de Arthur.

Por su parte Finlandia buscaba la manera de huir con Escocia e Irlanda del Norte sin tener que atravesar el campo de fuego.

Justo cuando ya parecía ir mejor la batalla para Irlanda y Gales, Lovino y Arthur llegaron desde el sótano justo para joderles la jugada y hacer que todos sus órganos se retorcieran de ira, pánico y frustración al mismo tiempo. Lovino tenía varios golpes y heridas alrededor del cuerpo que ocupaba y a pesar de ello una gran sonrisa llena de la emoción que sentía surcaba el rostro ajeno. En la planta subterránea de la casa Suecia se encontraba tendido en el suelo, lleno de heridas y sobre un leve charco de su propia sangre, más que gravemente herido, se encontraba inconsciente.

En Rumania de la dimensión 2P, una sala era convertida en un potente centro de magia. Donde la energía era absorbida notablemente del cuerpo de Inglaterra y del de Adam. Estados Unidos también estaba involucrado en aquel remolino de magia. Aunque no había estado muy convencido de lo que iban a hacer al principio, Inglaterra se hizo cargo de mentirle de una bonita y sencilla forma al alegar que los tres estarían totalmente bien. Además era la única oportunidad que tendrían para realizar esto, ya que cada segundo contaba para tener éxito, mientras más pronto sería mejor.

En un círculo de energía resplandeciente con colores verdes azulados marcándose en el suelo de madera, Inglaterra y Estados Unidos se encontraban de pie. Ambos agarrando cada uno una de las manos de Adam, el contraparte de Rumania. Debajo de ellos, justo en el centro, había una hoja de papel donde lentamente se inscribían los recuerdos recuperados por el mismo conjuro que estaban realizando. Tanto Inglaterra como Adam recitaban frases en algún idioma desconocido para los demás. Estados Unidos sólo sentía como si una corriente eléctrica suavemente fluctuara a través de todo su cuerpo. Adam sentía parte de su energía drenarse de su cuerpo. E Inglaterra, bueno, si bien el cuerpo que tenía era resistente, en esos momentos gracias a todas las cosas que estaban pasando no servía de mucho, sentía sus fuerzas desvanecerse con velocidad y las mismas corrientes que Estados Unidos pudiera sentir él las percibía como si se estuviera electrocutando.

Francis, Iván, Matthew y Japón dormitaban un poco en un sofá. Alemania, los hermanos Italia y Yao miraban la escena de magia frente a ellos. Se sentían nerviosos, esperanzados, impotentes y frustrados al mismo tiempo. Porque no podían hacer nada para ayudar a Adam e Inglaterra, por lo menos Estados Unidos tenía algo qué aportar aunque no usara magia. Y no sabían si después de tanto uso de magia alguno saldría perjudicado.

Alemania, cruzado de bazos y sentado en otro sofá junto a los hermanos Italia, suspiró pesadamente. Estaba pensando en su hermano Prusia, no había sabido nada de él desde que todo aquel problema surgió. Se sentía muy preocupado por él ya que sabía que una lucha no la resistiría igual que el resto de naciones, sin contar con que estaba ligado a él y por ende a Ludwig después de quitarle su estatus como nación. Veneciano lo miró de reojo, con un rostro que denotaba confusión y preocupación, aunque al mismo tiempo casi desvía la mirada. No digería la idea de estar en otro cuerpo y menos ver a los demás de esa forma tan diferente. Sin embargo tuvo el valor para preguntarle al alemán: —¿Qué pasa? ¿Estás bien?

—Nada, estoy bien —fue su respuesta, sabiendo que cualquier otra cosa preocuparía más al italiano.

Veneciano lo miró dubitativo, pero no fue más allá por miedo a enojar al alemán. Romano, casi leyendo los pensamientos de los dos y para calmar a su hermano, simplemente bufó diciéndole sin mirarlo: —Ya, ya, él está en una posición similar al cerebro de hamburguesa. Aquí todos estamos con maldito estrés, idiota, así que deja de preguntar por cosas tontas.

Alemania le dio una mirada de soslayo, sorprendido de que haya comprendido su situación a pesar de que sabía bien que el sur italiano no lo quería demasiado. Optó por no decir nada al respecto y agradecer que calmara a Veneciano. De inmediato, justo del otro lado de la sala y recostado a la pared se hizo escuchar Yao al hablar: —Estrés, cansancio, frustración… —Se ganó el interés de los que estaban despiertos y de Japón, quien en el sueño liviano pudo percibir la conversación. Yao los miró fijamente—. Todas esas emociones podemos afrontarlas de una forma mucho mejor que los humanos por el simple hecho de que no somos humanos. Pero ahora ustedes lo son, y no humanos comunes, sino los que tienen que pelear dolorosamente con el pasado, presente y futuro; estar luchando por su vida y con otro montón de mierda más sin un maldito descanso y con la única satisfacción de tener unos pocos aliados. Deben estar en calma en todo momento, si se dejan llevar por sus emociones entonces despídanse de todos los mundos porque se mueren sin remedio.

Las cuatro ex naciones sintieron una bofetada mental que no dudaron en tomar en cuenta y asentir levemente. El silencio los volvió a llenar, siendo roto meramente por el sonido de torbellinos de magia y los cánticos de Adam e Inglaterra.

Después de varios minutos se había terminado el ritual. El círculo se desvaneció y Adam soltó las manos de las ex naciones. Los demás presentes que sólo miraban la escena suspiraron y despertaron a los demás al saber que ya tenían lo que les faltaba para regresar a su mundo.

Estados Unidos no sintió la misma falta de energía que el inglés o Adam, evidentemente. Pero al igual que con Inglaterra, pudieron sacar de su memoria lo necesario, lo supieron cuando Inglaterra levantó el papel con el hechizo y el círculo dibujados perfectamente. El norteamericano suspiró aliviado, como si no sintiera el bajón de energía y calor provocando que estuviera varios tonos más pálido y se recargaba en la esquina de un sillón para no tambalearse y caer.

―Inglaterra, que bueno que estás bien ―comentó Estados Unidos y el mencionado le sonrió.

—Claro que sí, te lo di-je, ¿no? —Pero tardó más en decir aquello que en tambalearse y desplomarse inconsciente.

—¡Inglaterra! —Estados Unidos lo atrapó justo en el aire, antes de que el mayor tocara el suelo.

El joven sintió pesar y un dolor en el pecho, muy preocupado por su ex tutor. Ignoró el hecho de que le costaba mantenerse a sí mismo y a su compañero al mismo tiempo. Aunque al fin pudo alzarlo y colocarlo en el sofá con sumo cuidado.

—¿No que estaría bien? —Le reclamó Estados Unidos a Adam, asustado y señalando a Inglaterra con sus manos extendidas.

—Estará bien —respondió el rumano simplemente mientras tomaba el papel del suelo.

—¿Bien? ¡Está inconsciente, cinco veces más pálido de lo usual y no creo que no le cueste respirar por la forma en que su pecho casi no se mueve!

Sí, el joven americano ya estaba entrando en crisis y, como en esa situación nadie se podía dar el lujo de perder la compostura, Alemania se tomó la libertad de traer de regreso a su compañero de una sutil forma: —¡Ya cálmate, Estados Unidos de Norteamérica! ¡Él sólo está inconsciente así que guarda silencio para que podamos movernos y que se recupere tranquilamente!

El muchacho lo miró sorprendido y aturdido. Pero sirvió, regresó a la tierra de la calma y suspiró diciendo: —Sorry—. Alemania resopló cansado y miró a Adam, asintiendo, para que prosiguiera con sus instrucciones. El resto mantuvo el silencio.

―Le estaré proporcionando energía poco a poco, ya que recibirla de golpe lo puede dañar ―mencionó Adam seriamente sabiendo que más de alguno se preocupaba por el bienestar de Inglaterra―. Yo mismo los acompañaré a First Parallel para ayudarlos. Damyan no debe tardar en llegar, él nos ayudará a mantener el portal estable desde acá y abrirlo cuando sea necesario. Además así yo continuaré comunicándome con él por telepatía y él podrá intervenir de alguna forma si ocupamos más de su ayuda. Sin embargo, necesitamos movernos rápido y discretos en cuanto lleguemos a su dimensión, Arthur es más poderoso ahora que puede absorber una gran cantidad de energía y magia de sus colonias y de quien se involucre con su magia.

―Además de encontrar a Canadá ―mencionó Matthew recordándoles aquel pequeño-gran detalle ―. Aunque, por la forma en la que a veces siento mi cuerpo, no sé exactamente en qué estado se encuentre…

―Espera un segundo ―se escuchó de Estados Unidos y se dirigió a Matthew―. Yo todavía no entiendo algo, cuando nos explicaste todo dijiste que al principio ibas a ser el que purificara la magia o algo así. ¿Por qué ahora es tan necesario mi hermano? Si él está débil ¿por qué no puedes ser tú quien haga su tarea?

―Porque Canadá es quien ya formó un vínculo con esos hechizos y con la propia magia de Arthur. En un principio sería yo quien cumpliera la tarea de pasar la magia de cualquiera que se interpusiera en nuestros planes hacia Arthur. Pero ya que nos salimos de sus planes y ya que sólo uno podría ejecutar tal labor y ese fue Canadá, yo ya soy incapaz de hacerlo. Lo bueno del asunto es que esa parte del plan original sigue en pie, la de sentir a nuestro contrario para aprovecharnos de cualquier situación.

Sí, aquello tenía mucho sentido. Era un alivio que Matthew, Francis, Iván y Yao se hubieran apartado de los planes de Arthur y los demás. Pero de todas formas, y todavía más importante para pensar, si Canadá no se encontraba bien, el ayudarlos de nuevo pondría en riesgo su vida. Las cosas no iban exactamente de su lado, pero debían continuar. Así, ¿quién sabe?, tal vez podrían lograrlo.

En ese mismo mundo, no demasiado lejos, había tres chicos hablando sobre algo que planeaban hacer en menos de unas horas. Todos emparentados con el usurpador del puesto de Inglaterra. Y quienes no pensaban permitir que las ex naciones de First Parallel regresaran a su posición anterior nunca.


Sorry: Lo siento.

Recuerden que este fic también posee ideas y ánimos de NyoRusJap2P, el enlace está en mi perfil.