Disclaimer: Nurarihyon No Mago ni esta historia me pertenecen.


Capítulo 9.

Mientras escuchaba su relato, Rikuo miró cómo Tsurara se sentaba a su lado con los ojos cerrados. La historia que acababa de contarle había sido realmente triste y dolorosa. La Yuki Onna abrió sus ojos con lentitud para continuar, pero seguía manteniendo su mirada aparte.

— Después de eso, descubrí que Isana había atacado la casa esa noche pues me estaba buscando y que Setsura le dijo que me asesinó, en pos de mantenerme a salvo —explicó con dolor—. Y bueno, el favor que había pedido fue que me quedara en el Clan Nura… Ella tenía todo previsto y estaba lista para morir —le comentó con voz quebrada, lo que le permitió a Rikuo darse cuenta de que estaba comenzando a llorar—. Y ahora… rompí esa promesa. Hice que su sacrificio fuera en vano —soltó mientras ponía sus manos sobre su rostro—. ¿Por qué razón nací? —se preguntó, lo cual hizo que el Nura explotara.

— ¿Por qué razón? ¿De verdad estás haciéndote esa pregunta? —le preguntó exaltado. Ella al escucharlo se sorprendió y lo miró—. ¡Venir aquí por supuesto, conocerme a mí y a los demás! ¿Me estás diciendo que la asesina de los 1000 youkai se rinde así de fácil? —le preguntó en el mismo tonó, con exaltación.

De pronto, el silencio volvió a reinar entre ellos cuando él se dio cuenta de lo que acababa de decir, por lo que giró su rostro. El rostro del tercero enrojeció un poco, y así lo hizo el de Tsurara.

— Además… —comenzó de nuevo, mientras todavía miraba hacia otro lado—, no estás viendo la situación desde el punto de vista de Tsurara Oikawa. No creo que ella quiera dejarnos todavía —comentó Rikuo con suavidad.

Ante aquel comentario, Tsurara lo observó con los ojos sumamente abiertos, para después soltar una leve risilla y levantarse. Al momento en que piso el suelo este se congeló por completo.

Rikuo sólo se dedicó a observarla, estaba encantado por su belleza. Al observarla y ver cómo su largo cabello se mecía con ayuda del viento, pudo ver cómo es que pequeños diamantes de hielo en forma de flores se formaban a su alrededor. Era un espectáculo maravilloso.

De pronto, se percató de que la joven se había acercado muchísimo a él. Esta tomó su rostro entre sus manos y entonces posó sus labios contra los de él. Los ojos del tercero se abrieron de par en par cuando Tsurara se alejó de él y le sonrió.

— Creo que es hora de que la asesina de los 1000 youkai se tomé unas pequeñas vacaciones —dijo, de forma animada mientras se daba la vuelta. A Rikuo le tomó unos cuantos segundos el procesar lo que dijo, para después levantarse alarmado.

— ¡Espera! —le gritó, haciendo que Tsurara volteara—. ¿Te veremos de nuevo? —le preguntó. La joven se puso un poco triste, pero no dijo nada—. ¿Y qué ha de Yuki Onna? —le volvió a preguntar. En esa ocasión, el rostro de la chica se tornó alegre y travieso.

— Tal vez… —le respondió. Estaba a punto de de darse la vuelta de nuevo, cuando el Nura volvió a detenerla.

— ¿Cuál es tu verdadero nombre? —cuestionó, haciendo que Tsurara sonriera.

— Mi nombre es… —comenzó, pero el viento sopló unos segundos después. El semblante de Rikuo denotaba sorpresa. Segundos después salió de sus pensamientos y se dio cuenta de que ella se había ido, dejando sólo el aire frio como prueba de que había existido. El Nura solamente se dio la vuelta y regresó a su habitación.

Algunos minutos después de que Tsurara se fuera, los youkai llegaron para ejecutarla, y se pusieron furiosos cuando vieron que había escapado. Después de eso volvieron a tener una larga reunión para hablar sobre ello, los líderes youkai estaban tan asustados de ir detrás de ella que al final terminaron yéndose de ahí.

Habían pasado ya dos meses desde que Tsurara se había ido del clan y no había regresado, pero aún así Rikuo la seguía esperando, y lo haría por siempre por supuesto.

— ¡Rikuo! —gritó alguien. El joven comenzó a abrir lentamente sus ojos, pero la luz de la mañana era tan fuerte que sus parpados no pudieron evitar volverse a cerrar—. ¡Llegarás tarde a la escuela si no te levantas ahora! —le vuelve a gritar esa voz. El Nura únicamente jaló las cobijas un poco más para cubrir su cabeza.

— No voy a ir. Sólo déjame dormir mamá… —respondió él.

Pensó que la persona se había ido puesto que el silencio inundó la habitación, pero después de otro poco la voz volvió a hablar.

— ¿Quién dijo que era tu madre? —dijo la voz con lentitud. Al reconocer esa voz, Rikuo abre los ojos de golpe y se levanta. Después de que su vista se acostumbraran a la luz, pudo finalmente distinguir la pequeña figura que había comenzando a formarse frente a él.

Cuando finalmente reconoció a quien estaba frente a él sus ojos se abrieron por completo. Era Tsurara la que estaba sentada junto a él en su forma humana, y vistiendo el uniforme de la escuela. Rikuo se había quedado sin habla.

— Pensé que sería mejor regresar a la escuela o todos pensarían que había sido devorada por un youkai o algo por el estilo —le dijo entre risillas, pero estas se detuvieron cuando de pronto el joven heredero dejó caer unas cuantas lágrimas y la abrazó con fuerza. La sorpresa no tardó en aparecer en su rostro, pero aún así lo abrazó.

— ¿Por qué tardaste tanto? — preguntó él, tratando de detener sus lágrimas.

— Lo siento… —fue lo único que dijio.

— Está bien, con que me prometas que jamás volverás a hacer algo así de nuevo —le pidió él.

Tsurara lo pensó un momento antes de responder. Era una cuestión difícil, pero…

— Si, lo prometo —respondió.

— ¿Prometes qué? —preguntó una voz por detrás. Por la sorpresa, ambos jóvenes se asustan y se separan de inmediato—. ¡Oh, no! Sigan, sigan, sólo vine a ver cómo serías capaz de levantarlo. Veo que tienes tu propio método para hacerlo —comentó Kejoro, entrando a la habitación. Rikuo y Tsurara no podían estar más rojos—. Bien, cómo sea, deben apurarse si quieren llegar a tiempo a la escuela —dijo Kejoro, mientras comenzaba a retirarse.

Ambos se quedaron callados hasta que Tsurara rompió el silencio tosiendo un poco y se levantó— Es cierto, tengo ciertos asuntillos que resolver antes de ir a la escuela; así que será mejor que te vistas —le dijo al tercero mientras se acercaba a la puerta. Pero antes de salir se detiene y se gira un poco para ver a Rikuo.

— ¿Hm? ¿Qué pasa? —le preguntó, pero de pronto recordó la conversación de la última noche que ella estuvo ahí, lo hermosa que se había visto bajo la luna, y el beso por supuesto. Pareciera que ambos habían recordado la misma cosa, puesto que se sonrojaron en demasía.

— ¡Bu-Bueno, ya me voy! —dijo Tsurara con nervio antes de salir ahí.

Rikuo se quedó mirando hacia la entrada por donde Tsurara había salido corriendo. No entendía bien qué le pasaba, a pesar de todo él aún estaba confundido sobre sus propios sentimientos. De pronto se haya tocando sus labios, recordando así la sensación que el beso con la Yuki Onna le produjo. Pero cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo bajó rápidamente su brazo.

¿Qué tal si yo…? —pensó él para sí mismo.

¿Qué tal si tú estás, qué? —preguntó una voz dentro de su cabeza.

Bueno, tú eres quien debería saberlo… —le respondió Rikuo frustrado.

¿A qué te refieres? —preguntó su otro yo.

Tú fuiste quien la beso, ¿no es así? —preguntó Rikuo, haciendo que hubiera un poco de silencio.

Tú también lo hiciste… —dijo la otra voz completamente apenada. Rikuo asintió y se sonrojó de nuevo. Ya después se vistió y salió de su habitación.

Pronto se encontró con Tsurara y salió con ella de la casa. Vio por mucho tiempo su rostro, pero no entendió sus propios sentimientos. Pero estaba seguro de que tanto él como su forma nocturna estaban maravillados con ella…


NTSuki: ¡Yay! ¡Al fin pude terminar este capítulo! No me tardé porque quise, sino porque cuando quise re-editar esto, se llevaron mi laptop con los capítulos y además de que en la que estuve un rato no tenía Word… Entonces ni cómo hacerle. Bueno, Tsurara se fue y regresó. Se han aclarado varias cosas, aunque parece que Rikuo sigue un poco indeciso… ¿Qué sucederá después? El próximo capítulo será el último… ¡No se lo pueden perder!

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Suki90, presentó.