- ¿A cuántos caminantes has matado? - me pregunta Rick sin apartar la vista de la carretera.
- Muchos. No lo sé - todo el mundo en la caravana me escucha.
- ¿A cuántas personas?
- Ninguna - esta vez respondo sin dudar.
- ¿Por qué? - frunzo el ceño ante esa pregunta.
- Porque no soy capaz de matar a un ser humano.
Abro los ojos, guardando el recuerdo en mi memoria y contemplo Alexandría, la colonia que desde aquel entonces sería mi nuevo hogar. Rick me había dicho que estaba dentro después de esas preguntas tan extrañas y tras conocer al resto de los integrantes de su pintoresco grupo durante el viaje habíamos llegado. Allí. Mi nuevo hogar.
Rick me saca de mi ensoñación tocándome el brazo. Le miro.
- Sígueme, te mostraré tu nueva casa antes de la reunión.
Me maravilla esa colonia. A diferencia de Hilltop, que dispone de casas prefabricadas, allí las casas son de lujo. Una preciosa urbanización con grandes muros sólidos alrededor: un paraíso en el infierno. Algunos de los vecinos se fijan en mi desde los porches cuando paso junto a sus casas.
- Somos cuarenta y ocho residentes y tenemos alrededor de veinte viviendas - explica - Ahora mismo no hay ninguna libre y esperamos que siga así.
Supongo que si alguna casa se queda libre quiere decir que alguien muere.
- Hemos pensado una casa para ti, pero puedes irte a la que prefieras siempre que al residente no le importe. En la mía por ejemplo vivimos Andrea, mis dos hijos y yo - me sorprendo ante la mención de dos niños. Él lo nota - Uno se llama Carl y la chica Judith. Podrías venir si lo deseas.
- No, no te preocupes - cargo mi bolsa de ropa y objetos personales al hombro - no tengo problema con convivir con otras personas. Me ayudará a conocer a la gente.
- Como prefieras - se para frente a una casa grande, amplia y con bastantes flores en el jardín de delante. Me llama la atención lo bien decorada que está - La dueña de esta casa se llama Olivia y es quien se encarga del almacén de Alexandría. También vive con ella Enid, una adolescente a la que encontraron antes de que yo llegase. Hace un tiempo me pidió un compañero de piso para sentirse más segura y supongo que no tendrá problema.
Rick sube los escalones hasta la puerta y llama. Lo recibe una mujer con gafas, tez blanca y pelo oscuro. Lo que me sorprende infinitamente es que padece sobrepeso. No se ven muchas personas así en una apocalipsis.
- ¡Rick! ¡Habéis vuelto! - exclama - Ahora mismo estaba ayudando a Carol a preparar unos bollos y por eso no estoy en el almacén, pero ya he ordenado la lista y entregado las armas correspondientes...
Oh Señor, una charlatana.
- No te preocupes Olivia - se aparta un poco, mostrándome - Te presento a María. Recuerdo que me pediste alguien con quien compartir la casa y ella necesita un lugar donde quedarse.
Olivia me hecha un vistazo con una sonrisa amable. Ni siquiera parece evaluarme.
- ¡Fantástico! - se acerca a mí, abrazándome. Todo eso me parece un tanto violento. A Rick, por el contrario, parece que le resulta extremadamente divertido - Bienvenida María, soy Olivia. Aunque eso ya lo sabes - se ríe. Que los muertos me den paciencia.
- Supongo que, teniendo en cuenta que no eres capaz de matar - me sonrojo - no vendrás a nuestra excursión.
Me quedo unos segundos sin saber qué decir. No quiero negarme directamente sabiendo que me han acogido.
- No te preocupes - Rick le resta importancia - Aquí también son necesarias las personas capaces para defender el lugar. Esa puede ser tu primera tarea.
- Lo haré encantada.
- Fantástico - sus hombros se relajan - mi hijo ya puede defenderse solo, pero me siento más seguro si hay gente que sabe pelear cerca por si sucede algo. Olivia puede presentártelo después - ella asiente con ganas - Nos vemos María.
- Gracias por todo.
- Gracias a ti. Esta mañana me has salvado la vida.
Cuando Rick se va me giro hacia Olivia, que me da paso a la vivienda con una enorme sonrisa.
- ¡Carol! ¡Enid! - exclama - ¡Venid a saludar!
- ¿A saludar a quién? - responde la voz de una niña por las escaleras. De un pasillo aparece una mujer de cabello canoso, bastante delgada y mirada inocente.
- Soy Carol - se presenta mientras Olivia vuelve a llamar a la adolescente - Me sorprende bastante ver gente nueva por aquí.
- María -me presento - Rick me ha ofrecido cobijo - explico - Antes vivía en Hilltop. No...no tenía muy buenas relaciones con el líder - no creo necesario decirle nada más a una desconocida. Además, tampoco me veo demasiado capaz. Hablar de Hilltop y de las condiciones de mi desahucio me duelen. Malditos sentimientos humanos.
- Confío en el criterio de Rick - se quita el delantal, dejándolo sobre una silla - Voy a la reunión. Supongo que tú te instalarás y ya estás enterada.
- Me quedaré aquí para acostumbrarme y defenderé el lugar - me siento un poco incómoda, quizá cobarde, por no unirme a la ofensiva.
- Alguien capaz tiene que quedarse - ella eleva los hombros - Ha sido un placer María. He hecho galletas por si te apetecen y un poco de arroz para Olivia y Enid, aunque creo que dará para tres personas.
- Te lo agradezco.
Con un asentimiento Carol se va, cerrando la puerta. Echando un vistazo a mi alrededor no me siento en casa. Es como estar en casa de un desconocido. Imagino que es cuestión de acostumbrarse y de aceptar la realidad.
Después de cenar escuchando todas las historias de la vida de Olivia y recibiendo miradas de desconfianza por parte de Enid, al fin cae la noche. Llaman a la puerta mientras estoy recogiendo los platos y es Olivia la que se acerca a abrirla. Enid simplemente sale disparada hacia la planta de arriba.
- ¡Oh! Sí por supuesto, está en la cocina ¡Pasa! - escucho a Olivia. No sé quién es, pero está claro que me busca - ¡María!
Echo un vistazo desganada, encontrándome con la mirada azul de Jesús. Me acerco a él, fundiéndome en un abrazo.
- Oh vaya... - Olivia mira hacia los lados - Estoy arriba por si necesitáis algo.
Cuando escucho los pasos de Olivia desaparecer por las escaleras me alejo de Jesús.
- Convenceré a Gregory para que te deje volver - le miro - No tendrás que quedarte mucho.
Niego.
- No pienso volver, no mientras Gregory sigua allí - me cruzo de brazos - Ya me echará en falta. Solo voy a echarte de menos a ti - susurro.
- Rick me ha ofrecido quedarme cuando volvamos - admite, mirando hacia un cuadro en la pared - No he podido aceptar. No puedo dejar Hilltop a manos de Gregory y los Salvadores. Por suerte con esta noche todo se habrá acabado.
Asiento.
- Por suerte - respondo no muy convencida.
- Alegra esa cara. Vendré a verte antes de volver a Hilltop para avisarte de que todo ha ido bien - me coloca la mano en el hombro - Solo trata de que no te echen de aquí por algún comentario desafortunado - me río.
- Rick no parece de los que echan.
- Nunca se sabe, puedes llegar a ser muy persuasiva - le doy un golpe flojo en el pecho - Volveremos a vernos antes de que te des cuenta.
- Buenas noches Jesús - me guiña un ojo.
- Buenas noches, no me añores demasiado. - cierra la puerta tras él y lanzo un suspiro al aire.
Subo las escaleras hacia la habitación que me ha indicado Olivia entre comentarios extraños sobre su vida antes de todo esto... como que aún lleva el móvil en un bolsillo. Mujer extraña. Entro con mi bolsa de viaje en una habitación bastante más amplia de lo que me esperaba con una decoración simple: una cómoda, una mesa y una mesita de noche junto a mi cama. Es bastante grande para una sola persona, mucho más que mi cama de Hilltop.
Suelto la bolsa de viaje sobre la cama y me acerco al baño, echando una ojeada al interior. ¡Una ducha para mí sola! ¡Una bañera! Un verdadero sueño. Incluso hay un espejo donde prefiero no mirarme.
Contenta con mi nuevo hogar, voy sacando todas mis cosas de la bolsa. Dejo los libros de Lily sobre la mesa, quedándome con uno en la mesita para tener algo que leer. Luego saco mi libreta negra. Me quedo mirándola unos segundos, indecisa. Termino por dejarla sobre la mesita, junto al libro de Lily. No puedo huir de mi pasado eternamente. Mañana me la meteré en el pantalón y la llevaré siempre encima.
Todo está oscuro. Entreabro los ojos adormecida y me giro hacia el lado. La luz del cuarto de baño está encendida y se cuela por la puerta entreabierta. Una de las cosas que me gusta de mi nueva habitación es que tiene una cama enorme y un baño propio. Eso me da bastante más privacidad que en Hilltop.
Frunzo el ceño al notar el sonido del agua. ¿Qué narices hace Olivia ahí dentro? Realmente dudo bastante que sea la adolescente. Lanzando un bostezo al aire me planteo levantarme o simplemente pegarle una voz.
Al final termino por levantarme. Tampoco quiero asustarla, soy solo una recién llegada. Pensándolo fríamente soy yo la que debería estar asustada por su presencia.
Me sorprende también no haberla oído entrar.
Decido acallar mis pensamientos y levantarme echando un rápido vistazo por la ventana. La noche es cerrada, prácticamente no se ve nada. Lanzo un bostezo antes de dirigirme hacia el cuarto de baño.
- Olivia, ¿Tu baño no funciona? - me restriego los ojos, entrando - Porque podrías avisar y...
Me quedo estática en el sitio viendo a...a Negan tranquilamente en la bañera, dándose un baño de burbujas.
- princesa - comenta, colocando las manos tras su cabeza y estirándose en el agua. Yo entreabro los labios sin saber muy bien qué decir ante la escena de tener a ESE chiflado en concreto dándose un baño en mi bañera con toda su ropa tirada por el suelo - es de mala educación entrar sin llamar... - ironiza juguetón - A no ser que te quieras unir.
Creo que es la primera persona en la tierra que me deja sin palabras. Quizá él me ve como yo veo al resto del universo: como una completa imbécil. Me obligo a buscar qué decir.
- No soy una princesa - me doy un golpe mental. ¿Eso es lo único que tengo que decir? - ¿Qué haces en mi baño? - trato de poner una postura autoritaria aunque una mirada suya sirve para bajarme los humos.
- Bueno, me gusta más princesa que víbora - vuelve a golpearme con las palabras. Maldito...Ajjjj.
- A mí me gusta más María que cualquier mote que se te pueda ocurrir - se ríe, su risa es grave. Oh Señor.
- No hablamos de tus gustos, hablamos de los míos - Negan 3, María 0.
- ¿Vas a contestarme a mi pregunta?
- ¿Que qué hago en tu jodido baño? - se muerde la lengua mostrándome una sonrisa - ¿Contesto amor?
- No me llames... da igual - suspiro - Ya sé que estás bañándote - me siento tan estúpida en este momento - pregunto por qué aquí. Cómo. - levanto las manos, esta situación es irracional - ¿Debo gritar para avisar a todo el mundo?
Su sonrisa se amplia. Me recorre un escalofrío por la espalda al verlo. Se pasa la lengua por el labio inferior.
- Oh joder, no me digas que queda algún capullo vivo - mira hacia los lados haciéndose el interesado.
- No estás hablando en serio - señalo a la puerta - Sal de mi baño.
Él se pone serio.
- ¿Me estás llamando mentiroso? - eleva una ceja - Joder, acepto que soy un tipo sensible... pero a sus órdenes princesa.
Él...él se pone en pie, saliendo de la bañera. Completamente desnudo. El sonrojo sube hasta mis orejas y me giro, absolutamente perturbada.
- ¡NO SALGAS!
- Mierda. Lamento decir que aunque eres increíblemente devorable no tienes las ideas muy claras ¿Eh? - puedo notar su sonrisa en mi espalda - ¿No me has dicho que salga? Ya no se puede contentar a una mujer ni haciendo lo que te ordena - comenta entretenido - Ya puedes girarte.
Me giro para encontrármelo en la misma situación. Me pongo aún más roja que antes y me giro de nuevo. Carraspeo.
- Vístete.
En lugar de hacerme caso se acerca a mí por detrás, chocando su pecho mojado contra mi espalda. Acerca sus labios a mi oído susurrando.
- Verás - coloca sus manos en mis caderas. Doy un bote - tus...jodidos amigos han intentado matarme - me aprieta un poco más y aprieto los labios. - A mí. ES JODIDAMENTE HILARANTE que hayan tratado de matarme - sus dedos tamborilean sobre mis caderas mientras sus labios me acarician el lóbulo de la oreja - no estoy contento.
Me gira, quedando a centímetros de su rostro.
- He matado al imbécil Gregory - su aliento contra mis labios hace que me dé un escalofrío por la espalda - por todo lo que te ha jodido. - su mano se posa en mi nuca - ¿Quieres algo más de mí? Soy tu jodido perro.
Cierro los ojos, sintiendo una explosión de fuegos artificiales en mi bajo vientre.
- Bésame.
- Eso quería oír.
- ¡María!
Me levanto sobresaltada, llevando las manos instantáneamente al cuchillo bajo mi almohada. Olivia me mira con expresión confusa.
- Vaya, ha tenido que ser un sueño bastante malo - ¿Un sueño? - No he pensado que tú podrías no despertarte temprano.
- Yo... no, suelo levantarme temprano - me paso la mano por la cara - solo...he tenido una pesadilla. Nada más.
He soñado con Negan. Desnudo. ¿Estoy enferma o qué?
- ¡Bien! Verás, yo suelo cuidar de Judith y Carl pero necesito hacer inventario en el almacén. ¿Te importa quedarte tú? - esta mujer me conoce de unas horas y ya está confiándome la vida de unos niños. Quién la entiende.
- Esto...sí claro.
- ¡Genial! - exclama feliz, saliendo de la habitación y hablando para sí - comeremos en casa de Rick para darle la papilla a Judith y...
Se aleja por el pasillo y dejo de escuchar sus palabras. Me dejo caer sobre la cama mirando hacia el techo. Jesús, estoy sudando. Trato de convencerme de que estoy delirando, de que no he soñado con Negan.
Realmente no he podido tener un sueño húmedo con Negan. Realmente no me ha levantado Olivia creyendo que ha sido una pesadilla. Justo cuando Negan...
...
...
...
Maldita Olivia.
