Tres semanas antes.

Su cabeza daba vueltas. Estaba entre correr al baño a vomitar, o llorar hasta dormir. Ninguna de sus opciones era posible. ¿Por qué? Sentía las náuseas, pero no la afectaban. Y llorar... Primero, acababa de despertarse y debía ir a trabajar, así que no podía llorar hasta dormir. Segundo, Hook dormía a su lado, roncando, si rompía en llanto él sabría que algo estaba mal.

Salió de entre las sábanas y se dirigió al baño. Tomó una aspirina para el torturador dolor de cabeza, luego cerró la puerta bajo llave y se metió en la ducha, no quería tener visitas inesperadas de su pareja hoy, o en algún futuro cercano. Por alguna razón no era capaz de acostarse con él. Estaba ahí, en la cama, era atractivo, cierto, pero algo no se sentía bien. Normalmente se encogía de hombros cada vez que ese tipo de pensamientos aparecían, y le repetía a Hook —y a sí misma— que necesitaba tiempo y quería tomar las cosas con calma.

Ese día era diferente, se sentía diferente. En el aire, en el pirata, en ella misma... Pero, especialmente en Regina, o Gin, ese estúpido sobrenombre con el que Zelena la llamó —a quién le divertía enormemente esta nueva versión de su hermana. La atrayente mujer no salía de su cabeza desde hacía una semana, cuando aterrizó en su casa a la mitad de la noche para tomar algo, pero no fue hasta esa mañana que Emma dejó de repetirse esa ridícula historia que tenía en su cabeza. Dejó de pensar que necesitaba tiempo para por fin poder relacionarse con Hook. Ahora su única idea eran dudas: ¿quería relacionarse con Hook en absoluto? Empezó a creer que lo mejor era cortar por lo sano, aunque esos planes eran interrumpidos por el recuerdo de que el hombre volvió de la muerte, por ella, para estar con ella. Él ya era lo suficiente considerado de aguantar su capricho de tomarse las cosas con calma, ¿verdad? No podía hacerle eso.

Su conflicto interno fue de tal tamaño que consideró ir con Gin por un trago, porque en ese momento no había nadie mejor para ello. Fue de tal tamaño que su madre lo notó también, pero era lo suficientemente cerrada como para no dejarle una pista.

Sacudió sus pensamientos e intentó concentrarse en su trabajo. Dentro de dos horas debía aparecer en la alcaldía para una reunión del consejo. Sería la primera dirigida por Regina siendo Gin, y aún no se decidía entre estar nerviosa o aterrada de las idioteces del opuesto de la alcaldesa.

-OUAT-

Acomodada en una de las sillas en el gran salón, esperaba —junto al resto del pueblo— a que Regina se dignara a llegar. Se suponía que debía estar allí hace treinta minutos, y normalmente ella llegaba primero, antes de lo que se considera humanamente puntual.

Escuchó la puerta abrirse detrás, todas las curiosas e irritadas cabezas se giraron hacia el sonido. La alcaldesa con su ajustado, escotado vestido, se dirigió hasta la mesa al frente. No prestaba atención a las miradas que recibía, y parecía tranquila por haber llegado tarde. Caminó con paso resonante y relajado, moviendo un poco más de lo necesario las caderas; sus ojos estaban cubiertos con anteojos de sol, que nadie creía a la mujer capaz de poseer; y con una mano revisaba su teléfono, para luego guardarlo mientras tomaba asiento.

«¿No es su obligación llegar aquí primero?» se quejó alguien de la multitud.

«Sí, es la alcaldesa, después de todo» siguió otro.

«Cierto, soy la alcaldesa, tengo uno de los trabajos más pesados, y, por lo que veo, de los menos valorados. Llegué tarde una vez después de 33 años siendo puntual, creo que no hay mucho de lo que quejarse. Ahora, yerno,» empezó mirando a David. «¿ibas a mostrarnos algo?».

El rubio se quedó sin habla por un momento y luego empezó a mostrar gráficas y datos que a Regina parecían no poder importarle menos, se miraba las uñas y tomaba del café que estaba en su mesa.

«...y, como verán, la población de Storybrooke incrementó gracias a las últimas dos maldiciones, pero la última vino sin las viviendas adecuadas para los nuevos integrantes de esta comunidad».

«¿Qué piensa hacer la alcaldesa respecto a eso?».

«Nada» dijo tranquila, tomando un sorbo de su café. Se escuchó un murmullo general.

«¿Cómo que nada?».

«La mayoría de ellos quieren volver a Camelot, y para los que no, hay suficiente pueblo para su estadía. Lo máximo que puedo hacer es...» hizo una expresión pensativa. «Oh, sí, nada. Le daremos una varita a mi hermana y que se las arreglen. Necesitamos saber quiénes se van y quiénes no».

«¿Y qué va a hacer?».

«Eso lo dejo a manos de la comandancia exclusivamente, pregúntele a esos dos» dijo señalando a Emma y a David. Abrió una carpeta sobre el escritorio. «A ver, aquí dice que que se utilizó más del 30% en obras públicas, 20% en servicios como escuelas, salubridad, bomberos y comandancia, 20% en infraestructura y 10% en agricultura... el resto está en ahorro para cualquier emergencia. Visto a que el tiempo volvió a correr, y es el primer momento de paz que tenemos, se organizaran escuelas y universidades para que los jóvenes tengan las armas para desarrollarse en este mundo. A lo que no le veo el caso, la verdad, dado a que muchos están considerando volver al Bosque Encantado, pero lo mejor para mi pueblo. ¿Alguna duda?».

Nadie se atrevió. Todos se extrañaban del discurso más corto en la historia de la alcaldesa que los acostumbraba a tenerlos horas con cada minucioso detalle.

«Bien, bien. ¿alguien tiene alguna petición?, ¿si?» le dijo a un hombre de piel oscura y aspecto relativamente jóven.

«Gracias, alcaldesa. Yo soy Tornis, aoy proveniente de Agrabah, antes de llegar a Camelot. En mi tierra natal, poseía mi negocio, de bailarinas. Querría pedir el permiso para abrir mi negocio aquí.» dijo con su exótico acento, y tono humilde.

Los ojos de la morena brillaron. «Me parece bien. Ven mañana y firmaré los papeles».

Una exclamación general recorrió la sala, algunos de sorpresa, pero otros de indignación. ¿En qué mundo y en qué siglo viven, por el amor del sexo y todo lo bueno? Regina no pudo evitar pensarlo. Aunque la verdad era que ella nunca había accedido tan fácilmente a cualquier propuesta.

«¿Cómo?» se hizo notar Emma Swan. Como un acto involuntario, la morena se relamió los labios. «¿Perdiste la cabeza?».

«Al contrario, querida rubia, nunca estuve mejor» dijo con un tono serio, pero nada inocente. Se escuchaba como aquellas personas que repetían estar bien, pero por dentro estan a punto de agarrar una cuchilla y cortarse las venas. Es decir, nada bien. «¿Algo más?».

«Pero que también haya bailarines masculinos» se quejó alguna mujer.

«Por supuesto, querida» dijo Regina apoyándose relajada en su silla y cruzando las piernas.

«¿Un antro?».

«Concedido».

«Alcaldesa, un casino».

«Hecho».

«Alcaldesa, un cine porno».

«Está bie...».

«YA BASTA» gritó Emma. «No creo que los problemas del pueblo se arreglen llenándolo de bares, aumentaría el crimen».

«¿Y eso no es responsabilidad del Sheriff?» dijo uno.

«Si, pero...».

«Yo creo que si nuestra alcaldesa piensa que es lo mejor para al pueblo puede hacerlo, después de todo, ella es la jefa del sheriff, no al revés».

A ese comentario se le sumaron muchos más. El murmullo se convirtió en griterío de quejas hacia Emma y alabanzas a Regina, quién empezó a hacer señas con las manos para calmarlos.

«Tranquilos, tranquilos. En realidad, estaba pensando en una idea para aumentar el trabajo y la industria. Abrir una fábrica de vinos. Eso bajaría el costo de las bebidas alcohólicas y daría más oportunidades a los habitantes del pueblo» y, como esperaba, todos empezaron a aplaudir con alegría, mientras ella intentaba ocultar una sonrisa pícara.

«¿Un permiso para abrir una cafetería?».

El silencio se apoderó de la sala.

«No» sentenció y escuchó el suspiro de alivio de la abuelita.

«Pero...».

«No. Storybrooke ya tiene una cafetería, y es parte vital del pueblo. Así que mi respuesta es no. ¿Nada más? Bien».

-OUAT-

«¡Regina!» dijo una vez fuera de la reunión.

«Hey, rubia. ¿Sabes que ahora es Gin? Pero puedes llamarme Regina,» dijo relajada. «Pero es sólo para ti» susurró con sensualidad.

Maldita seas, Gin, eso es ardiente.

Antes de que pueda hablar con ella, Regina había desaparecido. Suspiró cansada, se aferró a su chaqueta roja y empezó a caminar hasta el loft de sus padres. Cuando llegó aún sentía los efectos de Regina cerca suya, ese sentimiento bajo su abdomen que deseaba ignorar con toda su alma. Necesitaba una ducha fría.

«¿Emma? ¿Qué haces aquí?» dijo Snow desde el sofá.

«Solo- Necesitaba hablar» dijo en voz baja.

«Claro» su madre se mostraba emocionada por poder participar en la vida de su hija. «¿Sucedió algo con Hook?».

«Um, no. En realidad, es sobre Regina. ¿La viste en la reunión? Dios, eso fue...».

«Lo sé» respondió, a pesar de estar decepcionada. «Sabes que es por la poción. Además, la está ayudando a seguir adelante. Mientras deberíamos esperar a que los efectos desaparezcan».

«Sí, sobre eso... Tenemos que encontrar una cura».

«¿Qué? Emma, ya escuchaste a Gold...».

«Ajá, em, no confío en Gold, y ya no soporto ver a Regina así. Me dijo que la llame Gin».

«¿Gin?» cuestionó y la rubia se limitó a asentir. «Eso no es tan malo».

«¿Y el hecho de que no vino a exigirnos que le entreguemos a Henry? Hace una semana que no dejamos que no vea».

«Tal vez no está de humor para verlo, o tampoco quiere que la vea en ese estado. La perdida de Robin la afectó Emma. Es más, creo que todos deberíamos darle su espacio».

«¿Qué? ¿De qué hablas?».

«Por su bien, y por el nuestro, vamos a dejarla que pase por esto. Está mal, y no se deja ayudar, ni lo muestra, pero sé que está herida. Tenemos que dejarla sanar».

Emma rodó los ojos. «Regina estaba herida. A Gin le importa una...».

«¡Emma!» la regañó y la rubia rodó los ojos otra vez.

«¿Qué?» dijo molesta. «Somos todos adultos, no es como si intentaras educarme, llegaste tarde para eso» la expresión de Snow se mostró herida, y Emma notó la gravedad de lo que dijo. «Oh, lo siento, mamá, no quería decir...».

«Está bien, Emma. Déjalo. Solo recuerda: debemos dejar a Regina sola. Si ella quiere nuestro apoyo vendrá por su cuenta».

«Vale» dijo resignada. «Aunque sigo creyendo que no es una buena idea».

-OUAT-

Hojeaba un libro de hechizos, buscando el indicado para su plan. Necesitaba quitar la voz de la conciencia en su cabeza que era Regina. Toda la diversión desaparecía con su yo aguafiestas.

«¡Mamá!» escuchó la voz de Henry bajando las escaleras de su bóveda.

«¿Henry? ¿Qué haces aquí?».

El adolescente se detuvo en seco frente a ella y la inspeccionó con la mirada. «¿Qué haces usando eso?».

«¿Estás juzgando mi atuendo?» dijo divertida. «¿Vas a trenzar mi cabello también?»

«¡Mamá!» se quejó y la mujer se partió en carcajadas. «Cállate» y a diferencia de lo que esperaba, ella no lo regañó.

«Entonces... ¿qué haces aquí abajo?».

«Te extrañaba. Hace una semana que no te veía y Emma no me deja verte».

«Pero estás aquí de todos modos» dijo acusadora y el adolescente bajó la mirada. Ella sonrió. «Ese es mi chico».

«Mamá, ¿estás bien? Actúas... diferente».

«Me siento diferente, pero eso no es malo».

«Ma me dijo que tomaste una poción».

«Me sorprende que se haya atrevido a mencionarlo en tu presencia» comentó y el jóven no la miraba más. «Escuchaste detrás de la puerta, ¿verdad?».

«Sip» y ella sonrió. «¿No estás enojada?».

«Al contrario, querido. Estoy orgullosa de estar frente al muchacho que lucha por lo que quiere que crié» dijo sincera. «¿Vas a venir más seguido? Siempre podrás encontrarme aquí».

«¿No vas a decirle a Emma que tú también tienes que verme?».

«Dejala creer que tiene el poder» dijo guiñando un ojo. «No me importa realmente, mientras te siga viendo».

«Oh, ok» se limitó a responder, un poco herido al escuchar a su madre tan despreocupada por lo que pase con él.