Actualizo esto mientras desayuno rápido antes de volver a encerrarme a estudiar. Quería deciros, antes que nada, que siento que hayáis tenido que esperar tanto y que muchas gracias por todos vuestros mensajes de comprensión. Me alivió mucho saber que entendéis mi situación.
Además, estoy trabajando en un especial de fin de año. No tiene nada que ver con esta historia pero pensé que quizá os hiciera ilusión saberlo... Lo voy escribiendo durante los viajes de metro en mi móvil, y espero tenerlo, si no para la misma noche de fin de año, sí para el día siguiente.
Todo esto dicho, muchísimas gracias por vuestra paciencia y vuestro apoyo. Los voy a seguir necesitando. Espero que este capítulo sirva de compensación ;)
Capítulo 9 – MÁS TREGUA POR MOTIVOS PERSONALES
And now I'm trying to find the words
To tell you how I feel and show you that it's real
And now I'm trying to find the words
I don't know what else to say but you're pretty fucking dope
– Fifth Harmony, Dope.
Por un instante, el tiempo se detiene y los siete millones de personas que habitan en la Tierra contienen sus respiraciones. La propia Beca se da cuenta de que ha dejado de respirar cuando sus pulmones empiezan a arder y quejarse por el esfuerzo de contener el dióxido de carbono dentro.
Deja escapar el aire de forma regular para no llamar la atención sobre el hecho de que en realidad está despierta, y es como si le quitaran una venda de los ojos. Si no estuviera fingiendo dormir, parpadearía para adaptar su vista a la nueva realidad.
Porque ahora lo ve todo claro.
Casi cuatro años de amistad y solo ahora capta el verdadero trasfondo tras cada acción de Chloe. Ahora lo entiende todo. Los celos, la preocupación, el altruismo, el flirteo constante, los piques. No puede evitar sentirse algo estúpida por haber tardado tanto tiempo en verlo. En darse cuenta. Es tan obvio y ella ha tardado tanto en enterarse. Le da ganas de darse de cabezazos contra la pared.
¿Cómo ha podido ser tan sumamente ciega, obtusa, tonta? ¿Cómo ha podido costarle tanto identificar lo que se agita en su estómago cada vez que Chloe sonríe?
Ya admitió que es consciente de que su mejor amiga le parece atractiva. Joder, más que atractiva. Cuando el pelo cobrizo de su co-capitana brilla por la luz del sol y crea un halo de fuego a su alrededor, o cuando la pelirroja está toda despeinada y sus ojos azul bebé todavía están empapados en restos de sueño, o cuando su piel brilla por el sudor y mechones de pelo salen disparados en todas direcciones después de una sesión especialmente fuerte de cardio; piensa que es lo más bonito que ha visto en su vida. A veces se plantea si quizá Chloe en su otra vida fue un ángel – y eso no es algo que Beca Mitchell piense de cualquier persona. Directamente porque ella no piensa en ángeles, ni halos, ni belleza arrebatadora.
Pero Chloe Beale supone la excepción a muchas de sus reglas.
Por ejemplo, tenía la tonta norma de no dejar que nadie la viera desnuda antes de las cinco citas. Borra eso, Chloe se coló en su ducha la segunda vez que se veían en sus vidas. Prueba dos, nunca dejaba a nadie superar sus murallas, les mantenía a la distancia prudencial de dos metros de su corazón para asegurarse de no salir herida cuando se marcharan irrevocablemente. Borra eso también, porque no solo la pelirroja, sino también las Bellas, han sobrepasado sus barreras con su bola de demolición y ahora viven cómodamente ocupando la mitad de su corazón con sus extravagancias. Prueba tres, sentía aversión por el contacto físico. Vaya, vaya, ¿quién ha iniciado toda muestra de afecto hoy? ¿Quién es la que está tumbada encima de quién? ¿Quién es la que se ha quedado dormida pensando en lo bien que se sentía que Chloe jugara con su pelo y que por favor no dejara de hacerlo nunca? ¡Borrado!
¿Acaso no llevan las Bellas insistiendo cada hora que están despiertas que su tensión sexual les está afectando y que hagan algo al respecto de una vez por todas? ¿Acaso no le negó ayer por la noche a Stacie que dijera que está enamorada de Chloe? Por el amor de Dios, si hasta tuvo un jodido sueño erótico y ¡aun así no lo vio por lo que era!
Ha estado tan desconcertada por el hecho de encontrar y sentirse atraída por su mejor amiga, por el hecho de que fuera su mejor amiga, que no se paró a pensar nunca en el por qué.
Por qué su corazón aletea dentro de su pecho cada vez que Chloe le regala una de sus cegadoras sonrisas. Por qué siente abejas asesinas en su estómago cada vez que una tira de piel asoma por debajo del borde de una camiseta o la pelirroja se acerca mucho a ella para tomarle el pelo. Por qué encuentra tan cómodo, y seguro, y lleno de paz, el abrazo de su co-capitana. Por qué, aunque se sonroje hasta la punta de las orejas y a veces tenga ganas de que la tierra se la trague, no le molesta ni una pizca estar en un constante tira y afloja de indirectas, roces innecesarios y guiños picantones; y la sola idea de que eso algún día pueda parar hace que sienta que se ha tragado una pesa de 100 kilos.
«Más claro, agua, Mitchell», piensa para sí misma. Le gusta Chloe. Es más, quiere a Chloe.
Beca siempre le ha tenido miedo al amor. Porque, sí, puede ser una de las mejores cosas que jamás te pueda pasar, pero también tiene el potencial de destruir a una persona con solo el movimiento de un dedo. Y la mayoría de las veces no puedes verlo venir. No puedes prepararte para cuando te arranquen el corazón del pecho y lo rompan en diminutos trozos delante de ti.
Le costó un año empezar a jugar con la idea de querer a alguien en un sentido romántico cuando salía con Jesse. No quería pasar del "mmm sí, me gusta, es guapo, divertido, y me trata bien" al "mmm sí, le quiero, estoy enamorada de él". Luego necesitó un mes más para no dejarse llevar por el pánico y mandarlo todo a la mierda. Y cuando por fin se convenció a sí misma de que no había nada malo en querer a alguien de esa forma, pasaron otros dos meses hasta que por fin fue capaz de decirlo en voz alta.
El Treble fue paciente con ella y dejó que marcara el ritmo de la relación. Ella fue la primera en decir "te quiero", pero él no tardó ni medio segundo en responder con un "yo también te quiero, pero no quería decir nada hasta que estuvieras preparada". Nunca se sintió presionada, cada nuevo cambio era decisión suya – aunque hubiera sido Jesse quien lo sugiriera. Podía prepararse y mentalizarse para ello con antelación antes de escoger si seguir adelante con ello o ponerle fin. Sinceramente, era la relación perfecta. Por supuesto, discutían y podían pasarse semanas sin hablar hasta que uno de ellos se tragara el orgullo y se disculpara; pero siempre lo arreglaban.
Hasta que llegó un punto en el que Beca miraba a Jesse y ya no sentía lo mismo agitándose en su pecho. Los "te quiero" le sabían vacíos y cada vez que se preguntaba a sí misma si seguía enamorada, era incapaz de contestar con seguridad – en realidad sabía perfectamente cuál era la respuesta, pero es difícil renunciar a algo que funciona con tan poco esfuerzo.
La cosa es que, lo bueno de haber estado en una relación de casi cuatro años, es que Beca tuvo tiempo de sobra para evolucionar personalmente. La Beca que besó a Jesse en el Lincoln Center y la Beca que finge despertarse en el regazo de su mejor amiga, son completamente diferentes y, a la vez, iguales.
Esa Beca estaba aterrorizada ante la idea de formar lazos con alguien que pudiera herirla; esta Beca tiene diez hermanas – Aubrey incluida, obviamente –, un exnovio que ha conseguido mantener como amigo, y ha arreglado las cosas con su padre. Ya no teme al amor, ya no huye de él. Lógicamente, le da miedo que le hagan daño, que no termine bien, pero ¿y a quién no? No cree que existan personas que tengan como hobbie favorito que les rompan el corazón.
Esa Beca habría salido corriendo y puesto medio mundo de por medio tras descubrir que quiere – querer querer –, a su mejor amiga. Esta Beca, sin embargo, decide que está cansada de engañarse a sí misma y está dispuesta a admitir que es muy probable – 100% probable – que esté enamorada de Chloe.
Cualquiera pensaría que, tras descubrir que estás pillada de tu mejor amiga, todo cambiaría. Que no serías capaz de actuar de la misma forma con ella. Que notaría que hay algo raro y no pararía hasta averiguarlo.
Pero no para Beca y Chloe. Nada cambia. Nada es raro. Porque llevan actuando como una pareja básicamente desde que se conocieron, y si a alguien todavía le quedan dudas, solo hay que recordar que las Bellas bromean con que son un aca-matrimonio desde hace años. Han dormido infinidad de veces en la misma cama, han tenido infinidad de "citas" – aunque en ese momento no las llamaran así, o solo Chloe las llamara así para hacer sonrojar a la DJ –, por Dios, si hasta se han visto desnudas.
Es lo que más tranquilidad aporta a Beca en este momento, saber que a pesar de que ahora tiene un nombre para esas emociones que revolotean en su estómago, todo sigue igual. Sospecha que le aporta calma porque lo ve como una señal de que esto es algo que, de alguna forma, estaba destinado a pasar. Más pronto o más tarde, pero iba a acabar ocurriendo.
Ni de lejos está implicando que Chloe y ella sean almas gemelas, todavía es demasiado escéptica con el tema del amor como para creer que eso exista; solo piensa que sus sentimientos por la pelirroja llevan años en etapa de maduración y era cuestión de tiempo que los descubriera.
Ahora solo queda un pequeño detalle... ¿Cómo decirle que sabe que Chloe la quiere? ¿Y que no le importa? ¿Y que ella siente lo mismo?
Alguien agita su hombro con suavidad, pero Beca se limita a apartarse y enterrar la cabeza más en la almohada. Intenta agarrarse desesperadamente a los últimos restos del placentero sueño que estaba teniendo – conocía a David Guetta y la invitaba a hacer de DJ con él en un festival –, pero quien sea que está tratando de despertarla no se rinde y vuelve a sacudir su hombro.
La morena gruñe algo ininteligible hasta para ella misma y rueda en la cama hacia el lado donde se supone que Chloe debería estar, buscando su calor y el refugio del hueco de su cuello. Sin embargo, sus dedos rozan sábanas frías y no encuentra más que una almohada vacía. Confundida y profundamente fastidiada, abre un ojo y alza la cabeza todo lo que su estado semidormido le permite – apenas un par de centímetros.
La habitación está sumida en la semi oscuridad, lo cual solo ayuda más a confundir a Beca.
- ¿Chlo? – murmura, su voz ronca y espesa.
Escucha una risita justo a su espalda, y da un salto en el aire por el susto. Aprovecha el impulso para girarse y ve que su mejor amiga está tranquilamente sentada en el borde de la cama, una ancha sonrisa en sus labios y ojos azul bebé tan brillantes que Beca puede verlos sin problema alguno a pesar de la falta de luz.
- Para alguien que proclama odiar los abrazos, bien que me buscas para acurrucarte – se burla la pelirroja, apartando un alborotado mechón castaño de la cara de la DJ.
El bufido de respuesta de Beca queda ahogado cuando vuelve a hundir la cara en la almohada. Deja escapar un sentido suspiro y ladea un poco la cabeza para que solo un ojo esté libre para mirar a Chloe. La Bella no parece estar cansada a pesar de que Beca sospecha que están en algún punto a mitad de la madrugada, su rostro está radiante y fresco, e incluso se ha cambiado el pijama por ropa de calle.
- ¿Por qué estás vestida? – pregunta la morena con el ceño fruncido.
- Porque tú y yo nos vamos a vivir una aventura – responde al instante, una excitada sonrisa separando sus labios.
- ¿Qué? – exclama Beca tan alto que Chloe rápidamente le regaña con un "sshh" –. ¿Estás loca? – sisea –. ¿Qué te hace pensar que voy a abandonar la cama a dios sabe qué hora de la noche para ir a vivir una aventura?
- Pues porque te lo estoy pidiendo amablemente – arquea las cejas, expectante.
- ¿No puede esperar a mañana? – musita la DJ revolviéndose en la cama en busca de una postura cómoda y cerrando los ojos.
- Nope – niega Chloe rotundamente, haciendo resonar la "p".
- ¿Y no puedes ir tú sola?
- Nope.
- ¿Y qué me vas a dar a cambio? – abre un curioso ojo para inspeccionar a su mejor amiga.
- Oh – una sonrisa traviesa curva los labios de la pelirroja y azul bebé destella con malicia –. Si te lo dijera arruinaría la sorpresa, pero te aseguro… - se inclina sobre Beca hasta que escucha su respiración atascarse –, que te va a gustar – vuelve a incorporarse como si nada hubiera pasado –. Así que venga, deja de ser adorable y vístete – ordena mientras se levanta de la cama para recuperar su móvil de donde lo había dejado cargando antes de irse a dormir.
Beca protesta. A pesar de su siesta en el vestidor, está agotada y lo único que quiere hacer es volver a la cama y dormir, no seguir a Chloe en lo que sea que se le haya ocurrido esta vez. Porque no, no es la primera vez que su mejor amiga la despierta en medio de la noche y la obliga a acompañarla en lo que siempre denomina como aventuras, pero que Beca llama torturas.
(Ni muerta confesaría que, en el fondo, una vez se ha espabilado y es capaz de dejar de suspirar por su cama, se alegra de que Chloe siempre la escoja como compañera de aventuras. Hay algo mágico en la noche, cuando la ciudad está en silencio excepto por el ocasional coche o sirena de policía, cuando las calles están vacías y los edificios sumidos en la oscuridad. Se respira calma, es como una manta que te cubre los hombros y te sume en un estado de tranquilidad. Y lo mejor de todo es que, de entre todas las personas del mundo, Chloe escoge compartirlo con ella.)
Hubo una vez, fácilmente la favorita de ambas amigas, en la que simplemente se subieron al viejo Beetle de Chloe y condujeron sin destino alguno por Atlanta. Llegado un cierto momento de la noche, pararon en una tienda de veinticuatro horas y compraron una botella de vino barato y ositos Haribo; luego volvieron al campus, aparcaron el coche y se bajaron andando hasta la orilla del lago. Tumbadas sobre toallas para no mojarse por la hierba húmeda, bebieron vino, comieron gominolas, hablaron de todo y nada, y miraron las estrellas hasta quedarse dormidas.
Esta vez, sin embargo, tras cerrar la puerta de la casa tras ellas y calzarse en el porche, Chloe entrelaza sus dedos con los de la DJ y tira de ella para cruzar el césped delantero. Meciendo sus manos, caminan en silencio. Beca espera que la pelirroja de verdad sepa dónde están y no vaya sin rumbo alguno, porque no se está fijando las calles que están cruzando y visita demasiado poco a su padre como para conocerse el barrio.
- ¿Se puede saber a dónde vamos? – inquiere. No saber su destino, ni conocer los alrededores, le aporta mucha inseguridad.
Chloe, que camina ligeramente adelantada a pesar de ir dadas de la mano, se gira para dedicarle una traviesa sonrisa por encima del hombro.
- Si te lo dijese arruinaría la sorpresa – repite sus palabras de antes con un guiño, para desesperación de la DJ.
Bajan una calle llena de casas por ambos lados, cruzan un paso de cebra y continúan por la siguiente acera hasta desviarse por un estrecho camino embaldosado que se bifurca por la izquierda. Una alta valla blanca con setos al otro lado oculta lo que hay en esa parcela, pero Beca tiene la sospecha de que aquí no vive nadie, parece más un parque o un jardín. Escucha el ruido como de agua corriendo y cuando coge una profunda bocanada de aire, saborea cloro.
Chloe debe ver que sospecha dónde están porque su sonrisa se ensancha más todavía y gira sobre los talones de sus gastadas Converse para mirar a la DJ.
- Un pajarito me contó que solías escaparte cuando te sentías agobiada o habías discutido con tu madre – empieza a explicar la pelirroja, mostrando por primera vez en toda la noche una pizca de aprensión en sus ojos azul bebé –, y que siempre te encontraban en un sitio con agua. Así que…
Tira de los dedos que todavía tiene entrelazados con los de Beca y las guía hasta que se paran al otro lado de la esquina, justo donde un cartel colgado de la puerta principal anuncia que están en la piscina municipal.
- Voy a matar a mi tía – musita la morena a través de una sonrisa que trata de ocultar, pero falla estrepitosamente.
Chloe deja escapar un silencioso suspiro, expulsando con él toda la inseguridad que se había apoderado de su cuerpo al llegar allí. Mientras lo planeaba, le había parecido una idea genial, pero en el momento de la verdad no pudo evitar que le entrara miedo. Millones de dudas flotaban por su cabeza, solo para ser disipadas al instante en que ve a Beca luchar contra la curvatura de sus labios.
La morena deja caer la mano de su mejor amiga y tira de la puerta para abrirla, la cerradura tintinea al chocar contra el metal.
- Oh, vaya – se lamenta con falsedad –. Una pena que esté cerrada, vámonos a casa – sin esperar una respuesta, echa a andar otra vez por el camino de baldosas.
- No tan rápido, señorita – la frena Chloe con una mano en su muñeca.
Una vez está segura de que Beca no va a echar a correr al instante que la suelte, se gira hacia la valla y empieza a trepar. Apoya un pie en la barra metálica horizontal que está a la altura de su rodilla y la usa para propulsarse hacia arriba. Sin embargo, antes de que pueda ir más allá, siente a la DJ agarrarle el tobillo.
- ¿Estás loca? – exclama con ojos desorbitados en un tono de voz no más alto que un susurro –. Nos van a pillar y ya me arrestaron una vez, no es algo que quiera repetir.
- Relájate, Becs – ríe la pelirroja –. Me he informado y no tienen vigilantes ni cámaras. Nadie nos va a ver.
- Ni siquiera tenemos bañadores.
Su último y desesperado intento de convencer a Chloe de irse fracasa, ojos azul bebé destellan en la relativa oscuridad de la calle y la Bella esboza una sonrisa torcida.
- ¿Y quién los necesita?
Con estas últimas palabras, aprovecha que Beca está distraída y ha soltado su pie, y sigue trepando, usando las barras horizontales para avanzar por la verja hasta sentarse en la parte de arriba con una pierna a cada lado. Le lanza una última sonrisa a la DJ antes de cruzar la pierna derecha y dejarse caer al suelo con un golpe seco.
Musitando todo tipo de maldiciones, a la morena no le queda otra que seguirla, así que empieza la ardua tarea de trepar por una valla en medio de la noche. Aterriza en el suelo del interior con un gemido por la punzada de dolor que recorre sus tobillos, y trastabilla hacia delante un par de pasos. Encuentra a su mejor amiga al borde de la piscina, sentada en la hierba mientras se quita las Converse con las manos.
- ¿De verdad piensas bañarte? – se le escapa la pregunta, derrochando incredulidad.
- Por supuesto – asiente ella como si fuera obvio –. Y tú también, ya sea por las buenas o por las malas.
Después de muchas fiestas en casa de los Trebles que han terminado con Beca completamente vestida en la piscina por ignorar las peticiones de Chloe de unirse a ella, la DJ sabe que debe tomarse la amenaza seriamente. Aunque no tenga ganas, se sienta con un suspiro resignado al lado de la Bella para quitarse los zapatos y piensa que, por lo menos esta vez no es pleno invierno y no va a estar cerca de sufrir una hipotermia.
Sus dedos tiemblan en el nudo de su Converse derecha – nunca los deshace, pero espera poder ganar un poco de tiempo extra – cuando Chloe se incorpora y cruza los brazos en el borde de su camiseta para quitársela. Ondas cobrizas se enganchan en la tela y luego caen libres sobre sus musculosos hombros y espalda como una cascada de fuego que hace que a Beca se le seque la boca. Aparta la mirada cuando la pelirroja se agacha a quitarse los shorts vaqueros, porque ya estuvo en esta misma situación hace poco y recuerda vívidamente su reacción, el "oh Dios mío" que escapó de entre sus labios.
Se sobresalta cuando su mejor amiga comenta que las ha visto más rápidas, y deja que sus pantalones resbalen por sus piernas hasta caer en un guiñapo vaquero a sus pies descalzos. Sale de ellos, primero un pie, luego el otro; repentinamente cohibida. Venga ya, ¿quién no lo estaría al lado de Chloe Beale, una jodida diosa griega de piernas interminables y definidos abdominales?
Le roba un fugaz vistazo a la pelirroja, que, sorprendentemente, no la está observando, distraída como está moviendo sus pies en el agua y generando ondas que se expanden hasta desaparecer. Una perversa idea salta en su mente, como ese odioso pop-up que aparece en la pantalla del ordenador con un aviso que no podría importarte menos y que siempre cierras sin leer. Solo que, Beca no lo ignora. Al revés, pulsa "Aceptar".
De puntillas, se acerca hasta donde Chloe está sentada en el borde de la piscina, y antes de que tenga la oportunidad de sentir a alguien conspirando tras ella, la DJ empuja la espalda de su co-capitana con fuerza. Con un grito ahogado y un chapoteo, la pelirroja se hunde en el agua, y cuando resurge segundos más tarde, escupe una bocanada de agua.
- De cachito de pan nada, Beale – se burla. Se ríe abiertamente, ignorando la mirada furibunda que su mejor amiga le envía.
- Te vas a arrepentir de esto, Mitchell – se limita a contestar Chloe, nadando hasta el bordillo.
Apoya ambas manos en el borde y se alza con solo un empujón de sus piernas y brazos. Beca se queda congelada en el sitio, admirando los bíceps de su mejor amiga y cómo resaltan los músculos. Cómo su piel está perlada de gotas y pecas. Cómo su sujetador chorrea ríos de agua que caen por sus abdominales y desaparecen en el borde de las bragas. Para cuando vuelve en sí, Chloe ya está encima de ella.
Deja escapar un agudo grito que se atasca en su garganta cuando fríos y húmedos dedos se cierran en torno a su muñeca y frenan su mísero intento de escapar. Choca contra el empapado cuerpo de la pelirroja, pero no se rinde, se retuerce y patalea.
La co-capitana enrosca sus firmes brazos alrededor de la menuda cintura de Beca y esta sabe que ya no hay forma posible de huir. Siente su camiseta mojarse allí donde se presiona contra el pecho de Chloe.
- Vale, vale, ¡espera! – suplica antes de que la pelirroja la tire a la piscina. Los dedos de sus pies se curvan alrededor del borde, pero el empujón nunca llega. Suspira, agradeciendo que Chloe le haya hecho caso –. Por lo menos déjame quitarme la camiseta para no volver a casa empapada.
Un brazo se desenrosca de su cintura y fríos dedos acarician su estómago sin querer al agarrar el bajo de su camiseta, haciendo que un notable escalofrío recorra su columna vertebral. Con ayuda de Beca, entre las dos se deshacen de la prenda de ropa y Chloe la tira sobre el montón que forman sus cosas sobre el césped, alejadas del agua para que no se mojen con las salpicaduras.
Entonces, Beca deja de sentir el suelo bajo sus pies y ve cómo esa masa azul turquesa se acerca rápidamente a ella. Apenas tiene tiempo para coger una bocanada de aire antes de impactar contra el agua. Se le corta la respiración por el shock del frío en contraste con el calor de su cuerpo, y se propulsa en el suelo de la piscina para resurgir a la superficie.
Con una tos que en verdad no es necesaria, solo un acto reflejo por la sorpresa, se quita mechones empapados de pelo que le han caído en la cara. Ve a Chloe volar por encima de su cabeza y la ola resultante por el salto choca contra su cara, y esta vez sí que traga agua.
- Será cabrona – musita entre toses.
La pelirroja emerge del agua y Beca se queda momentáneamente sin aire porque de verdad que parece una jodida sirena. Sus ojos son del mismo tono turquesa que la piscina, su sonrisa dulce, y su pelo cobrizo flota a su alrededor como lava líquida. La DJ estaría encantada si empezara a cantar y la arrastrara hasta el fondo del mar.
Chloe nada hasta detenerse a centímetros de distancia de la morena, y de repente le escupe agua en la cara con una sonrisa maliciosa en los labios. Adiós al hechizo.
Beca se limpia con un manotazo y responde a la carcajada de su mejor amiga con un empujón de su mano al agua para salpicarla. Su insulto se pierde en el agua en un gorgoteo cuando se hunde bajo el peso de la pelirroja enroscando sus piernas en su cintura. Con Chloe colgada de ella como si fuera una barra de pole dance – vale, mala comparación, ahora tiene la mente llena de imágenes inapropiadas –, Beca se ve obligada a vadear como puede hasta una zona donde hace pie y es capaz de mantener a ambas fuera del agua sin cansarse.
Chloe ya no solo se agarra con las piernas, rodea los hombros de Beca con sus brazos y deposita un juguetón beso en su mojada nariz. Adora saber cuál va a ser la reacción de la DJ en cuanto se aleje: arrugar la nariz y fingir molestia por un gesto que en realidad le ha gustado.
- Así que el agua te tranquiliza – murmura, suficientemente lejos para poder ver la cara de la morena, pero tan cerca que siente su suspiro enfriar su piel mojada. Beca se encoge de hombros, primero uno, luego el otro, y musita una afirmación –. ¿Incluso si está agitada?
- De cualquier forma. En Portland solía ir al faro a ver las olas chocar contra las rocas – explica la DJ, la vista perdida en un punto indefinido de la piscina –, podía pasarme allí horas sin cansarme. Simplemente me quedaba absorta observando el mar y todo quedaba en calma por fin – con algo de timidez, traba miradas con Chloe.
- Entonces, ¿esto ayuda? – pregunta, una de las manos que descansa en los hombros de la DJ hace un gesto giratorio para señalar lo que les rodea.
No sabe cuándo se han acercado tanto, pero sus frentes casi se tocan cuando Beca asiente.
- Tú siempre ayudas, Chlo – confiesa en apenas un susurro audible.
Ahora, en vez de perderse en la vasta extensión del mar, se pierde en el océano particular de los ojos de Chloe. No sabe cuánto tiempo se quedan mirándose fijamente, solo que el momento no está cargado de incomodidad como normalmente lo estaría con cualquier otra persona. La DJ no tiene ganas de escapar de su propia piel, todo lo contrario, no quiere que esto termine nunca.
La aceptación y el infinito cariño que encuentra en ese familiar azul bebé tiene el mismo efecto calmante que el agua. Acalla su mente y pone sus pensamientos en orden, al mismo tiempo que vuelve su cerebro puré y totalmente incapaz de pensar.
Beca dejó de buscarle la lógica hace tiempo.
Se dice a sí misma que esto es como quitarse una tirita. Piensas que si lo haces poco a poco va a doler menos, pero en realidad así prolongas la tortura. Es mil veces mejor arrancarla de golpe.
- ¿Sabes cuando estás buscando algo y no lo encuentras, pero entonces te das cuenta de que lo has tenido todo el rato delante de las narices, solo que no eras capaz de verlo?
De alguna forma, se las apaña para hablar de forma calmada a pesar de que su interior es un huracán de emociones. Cada palabra cae de entre sus labios de forma clara y observa de cerca cómo el rostro de Chloe cambia a medida que avanza en su frase.
Cómo sus ojos se vuelven más intensos al centrarse en lo que está diciendo. Cómo sus cejas se arquean ligeramente por la sorpresa, no esperando ese comentario salido de la nada. Cómo sus labios se curvan en la sombra de una sonrisa divertida. Cómo su rostro muestra la curiosidad que está sintiendo por ver a dónde quiere llegar Beca con esto. Cómo su boca se tuerce y asiente en una señal de simpatía. Cómo mira fijamente a la DJ, expectante, a la espera de una continuación.
- Hoy, en el vestidor, te escuché. Cuando le dijiste a mi padre que me querías – siente cómo su aclaración hace que Chloe se tense en sus brazos.
La pelirroja palidece y deja caer sus manos de los hombros de Beca.
- Becs, yo…
Trata de desenrollar sus piernas de sus caderas, pero la morena reafirma su agarre en su cintura y no la deja marchar.
- Espera, escúchame – pide, azul medianoche lleno de súplica, y su co-capitana frena sus intentos de huir con algo de reticencia –. Chloe, tú eres eso que he tenido siempre delante de las narices y que nunca he visto, no realmente. Eres mi mejor amiga, y durante años he dejado que esa etiqueta me mantuviera con una venda en los ojos. Pero ya no – sacude la cabeza –. Hoy por fin me he dado cuenta de todo lo que me estaba perdiendo, y he llegado a la conclusión de que no quiero seguir perdiéndomelo por más tiempo.
Observa de cerca a su mejor amiga en busca de una señal de que ha entendido lo que está diciendo, pero no encuentra ninguna. Chloe se ha quedado paralizada en su abrazo, su rostro una pálida máscara de póker, y en sus ojos abiertos de par en par no se refleja ni una tercera parte de la mezcla de emociones que tiene en su interior.
Al cabo de un interminable minuto, la pelirroja por fin parpadea. Su boca se abre por voluntad propia, cayendo por el efecto de la gravedad más que otra cosa, porque ningún sonido sale de ella. Por primera vez en mucho tiempo, Chloe no sabe qué decir, ni qué pensar, ni qué sentir.
- Verás – habla Beca, pasándose la lengua por los dientes de arriba nerviosamente –, lo que estoy tratando de decir es… – suspira, mira al agua de la piscina que le llega por el pecho, luego al cielo, y finalmente otra vez a su mejor amiga –. Me gustas, Chlo. Mucho, la verdad. Joder – exclama con una sacudida de cabeza exasperada –, no solo me gustas. Te quiero. Lo he confundido tanto tiempo con amistad, pero esto – señala su propio pecho –, no es simplemente amistad. Es mucho más. Y sería genial si dijeras algo ahora mismo – descubre sus dientes en una mueca –, porque si no voy a seguir hablando para llenar el silencio y no mostrar lo jodidamente insegura que me siento ahora mismo, y puede qu…
Un grito tan agudo que podría hacer estallar cualquier cristal en diez kilómetros a la redonda escapa de la garganta de la pelirroja, y Beca piensa en todas aquellas noches que pasó consolando a una sollozante Chloe que temía no poder volver a alcanzar notas tan altas después de su operación de nódulos. Entonces Chloe la está abrazando con tanta fuerza que la DJ no puede respirar, pero, oye, ¿quién necesita oxígeno cuando le acabas de confesar a tu mejor amiga que estás pillada por ella? Beca no, para nada.
Cuando la pelirroja por fin se separa, una pequeña parte de Beca lo celebra internamente, creyendo que ya va a poder coger una bocanada de aire.
Se equivoca. Oh, cómo se equivoca.
Porque Chloe está justo ahí, mirándola con tanta adoración en sus ojos azul bebé que la morena siente sus rodillas temblar bajo el agua. Una mano se retira de su hombro para enganchar su pelo mojado tras su oreja, los dedos de la co-capitana recorren los piercings que recubren el cartílago, y luego bajan hasta extenderse por su mejilla izquierda.
Beca ve el momento en el que la vista de Chloe se desvía a sus labios. Lo ve. Y la respiración que no tiene se atasca en su garganta y cree que se va a desmayar, y oh dios mío este no puede ser un peor momento para desmayarse porque Chloe Beale va a besarla. A ella. Beca Mitchell.
La pelirroja echa la barbilla un poco hacia delante, escogiendo el mejor ángulo, y la DJ simplemente se queda paralizada en el sitio. Incapaz de actuar. Incapaz de pensar otra cosa que no sea que Chloe Beale va a besarla. Está pasando de verdad. Esto no es una falsa alarma. No es un sueño.
Cuando sus labios por fin se encuentran, Beca suspira el poco aire que le queda en los pulmones. Sus ojos se cierran por voluntad propia y sin saber muy bien qué está haciendo, sus brazos se tensan alrededor de la cintura de Chloe para acercarla más a ella. Lentamente, se deslizan la una sobre la otra en un beso que es más tentativo que otra cosa.
A medida que Chloe gana confianza, la mano que reposa en la mejilla de la morena se desliza hasta su nuca para profundizar el beso. Su lengua recorre el labio inferior de su mejor amiga, pidiendo permiso, rogando que se lo concedan porque se está muriendo por probar a Beca. La DJ no tarda en captar la pregunta silenciosa y al siguiente roce de Chloe, ya está preparada.
Sus lenguas se encuentran a medio camino, arrancando un quedo gemido de lo más profundo de la garganta de la pelirroja. Toda la piel de Beca se eriza ante el sonido, pudiendo ser, fácilmente, la nueva música favorita de la DJ – si por ella fuera, a partir de ahora se dedicaría a hacer mashups solo con ellos.
Y si por ella fuera, se pasaría el resto de su vida en esta piscina besando a Chloe. Pero el universo tiene planes distintos, y llevar tanto tiempo paradas en el mismo sitio hace que le entre el frío. Trata de suprimirlo, aunque al cabo de un rato le es imposible disimular la forma en que su cuerpo está temblando para tratar de entrar en calor.
Una risita escapa de Chloe y Beca se la traga, besando su sonrisa.
- Tienes frío – constata la pelirroja, apoyando su frente contra la de la morena, quien aprovecha para coger una profunda bocanada de aire.
- Un poco – miente.
- Venga, vamos a casa – y, con un breve beso, como si no hubiera sido capaz de soportar la idea de separarse sin ese último beso, se desenreda de Beca para nadar hasta las escaleras con la DJ pisándole los talones.
La vuelta la hacen a paso rápido, sus manos entrelazadas balanceándose entre ellas. Abren la puerta de la casa lo más silenciosamente posible y acallan los gemidos excitados de Dickens cuando este trota escaleras abajo para saludarlas.
Una vez están en la seguridad de la antigua habitación de Beca, es como si todo el cansancio que no han sentido hasta el momento por fin las alcanzara y rodeara como una manta. Se cambian entre bostezos y miradas furtivas, quitándose la ropa húmeda para dejarla secando en el baño y agradeciendo la tela seca de sus pijamas.
Trepan en la cama cada una por su lado para luego encontrarse en el medio. Y por un instante es como si nada hubiera cambiado, porque caen la una en brazos de la otra con la misma facilidad de siempre. Pero, esta vez, el usual beso de buenas noches que habría sido depositado en la frente, o en la mejilla, o en la sien, y que habría durado más de lo necesario, esta vez ese beso puede ser en los labios.
Y si se alarga con tranquilos roces de lenguas y manos que acarician mejillas, bueno, no importa. Porque, por una vez en sus vidas, pueden.
