Los personajes de Once Upon a Time no me pertenecen
Ya está preparado el capítulo 9, os lo subo para que lo leáis, y si os gusta no dudéis en comentar, que eso siempre anima a seguir escribiendo!
CAPÍTULO 9: Reconciliaciones
La plaza donde se encontraba la sala de conciertos Fairly Tales se había llenado de jóvenes esperando para el concierto de Los Lobos de Caperucita. Se trataba de una sala no muy grande para conciertos bastantes exclusivos, aun así cientos de jóvenes se habían desplazado hasta allí con la esperanza de ver a sus cantantes preferidos y poder escucharlos cantar, aunque solo fuera desde fuera. Los afortunados que habían conseguido entrada hacían cola en la puerta, algunos de ellos desde el día anterior, por lo que habían pasado la noche en sacos de dormir para poder conseguir un buen sitio. Cuando Emma llegó a la plaza, los sacos habían desaparecido, y todos se impacientaban ya por entrar. Hacía un rato que habían pasado los cantantes, y muchos de los que habían ido a verlos ya se habían marchado, pero la plaza seguía abarrotada de fans que coreaban los nombres de los miembros, con pancartas, y las caras y brazos garabateadas con los nombres. Por suerte Emma no tendría que pelearse con nadie por conseguir un buen sitio. Ruby les había entregado un pase VIP y no tenía que hacer cola para entrar, podría ver el concierto cómodamente, y entrar después al backstage para conocer al resto del grupo.
Rodeó la plaza con la esperanza de evitar los gritos y los empujones de las personas que se agolpaban en el centro, y aguzó la vista intentando ver a alguien conocido. Desde la reunión no había vuelto a hablar con Regina, y no sabía si habría decidido ir al concierto o quedarse en casa trabajando. Se había dicho a sí misma que si no se encontraba con ella sería mucho mejor, pero ahora que llegaba a la plaza alzaba la cabeza en busca de su rostro. Llegó hasta la puerta por donde se accedía al recinto buscando a alguien que le explicase por donde debía pasar. En la puerta había tres personas revisando los bolsos y las entradas de la gente que ya había empezado a acceder al recinto, pero unas vallas la alejaban de ellos y no tenía forma de acercarse para preguntarles. Junto a la valla había un hombre de negro con un brazo más grande que su cuerpo y cara de pocos amigos. Se acercó a él y llamó su atención, pero el hombre pareció no escucharla. Se acercó aún más y con una mano tímida dio un golpecito en su brazo para conseguir que la escuchase. El hombre giró la cabeza y emitió una especie de gruñido.
- Disculpe, tengo este pase y quería saber si podría indicarme por donde debo pasar- le mostró el pase que le había dado Ruby.
- Por la puerta que hay al girar la esquina- el hombre movió ligeramente la cabeza hacia la derecha y volvió a mirar al frente sin más explicaciones.
Emma se dirigió hacia el lugar que le había señalado tan amablemente el segurata, y tal como había dicho, encontró una puerta al girar la esquina en la que había un hombre prácticamente idéntico al que había en la otra entrada. Esperando una respuesta como la anterior, se acercó a él para mostrarle la entrada.
- Buenas noches.
- Buenas noches, señorita- contestó el hombre, mucho más simpático.
- Su compañero me ha indicado que con esta entrada tengo que pasar por aquí.
El hombre cogió la entrada que le tendía Emma y la observó un instante antes de responder.
- Le ha indicado bien- le contestó con una sonrisa- un momento por favor, enseguida vendrá alguien para acompañarla a su sitio.
El hombre se tocó la oreja y pareció comunicarse con alguien a través de su auricular. Unos segundos después se abrió la puerta y una mujer joven apareció al otro lado. Le dijo algo al segurata y él señaló hacia el lugar donde estaba ella.
- Buenas noches, mi nombre es Amy, ¿podría enseñarme su pase?
- Claro- Emma le dio la entrada y la joven la analizó unos instantes.
- Muy bien, sígame por favor- Amy abrió la puerta y Emma entró tras ella- en estos momentos el grupo está concentrado en los preparativos del concierto y no se les puede molestar, de modo que la llevaré directamente a su sitio, pero cuando acabe venga hacia esta puerta- la mujer le señaló hacia una puerta junto a la que acababan de pasar- y podrá entrar a conocerlos.
Durante un momento Emma pensó en decirle que ya conocía a la cantante, que era una buena amiga, pero prefirió no dar explicaciones a una desconocida y tan solo asintió con la cabeza. Siguieron por un largo pasillo lleno de cables hasta que cruzaron una cortina y salieron a la sala donde tendría lugar el concierto. Estaban junto al escenario, en un hueco reservado para el personal, y que separaba al grupo de los fans. La sala había empezado a llenarse, una marea de jóvenes emocionados y ruidosos llegaba hasta la valla y se peleaban por conseguir colocarse delante. Al fondo, en las gradas, más gente llegada de una manera mucho más ordenada hasta sus asientos.
Emma recordó los años en los que ella era una de esas jóvenes que pasaban horas esperando en la cola de los conciertos y corrían por conseguir el sitio en el que pudiera ver mejor a sus cantantes preferidos. En aquel momento, todo aquello le parecía muy lejano, y tan solo pensar en ello le producía una gran pereza.
En aquel pasillo, en uno de los extremos cerca del escenario había dos sillas vacías. Al verlas Emma pensó que una de ellas debía ser para Regina, pero ella todavía no había llegado.
- Este es su sitio, puede elegir una de las dos sillas- explicó la mujer- durante el concierto puede moverse por aquí y si necesita ir al baño vuelva a cruzar la cortina y en la primera puerta a la derecha lo encontrará. Para cualquier otra cosa, yo estaré por el pasillo que acabamos de pasar, búsqueme.
- Muchas gracias.
La mujer se alejó con una sonrisa, y Emma se quedó sola frente a todos los fans que la miraban recelosos pues ella tenía un lugar privilegiado para ver el concierto. De pronto se sintió bastante incómoda y deseó con todas sus fuerzas que Regina no tardase en llegar. Se sentó en una silla y empezó a mirar hacia todos lados, nerviosa. En el escenario estaban ya colocados los instrumentos, los micrófonos, los altavoces, sólo faltaban los miembros del grupo. Tras ella el foso continuaba llenándose de fans ruidosos, y por el pasillo en el que ella estaba, pasaban de vez en cuando miembros del personal que apenas la miraban cuando pasaban junto a ella. Cada vez que se abría la cortina Emma observaba el rostro de la persona que entraba, esperando reconocer a Regina, pero el tiempo pasaba y ella no llegaba. Después de un rato sacó el móvil y se puso a juguetear con él. Tenía un mensaje de Ruby.
"Espero que disfrutes del concierto, nos vemos cuando acabe."
Emma pensó en contestar, pero Amy le había dicho que estaban concentrados y hacía tiempo que no se conectaba. La cortina se abrió en ese momento y una mujer morena apareció al otro lado, Emma sintió un cosquilleo nervioso en el estómago, pero al verle la cara comprobó que no era Regina. Entonces la buscó en el WhatsApp, y comprobó que ella tampoco se conectaba desde hacía más de una hora. Decepcionada volvió a guardar el móvil y se dijo a sí misma que la fotógrafa estaría trabajando y no iba a ir al concierto, "es mejor así".
Media hora más tarde la sala estaba llena, y las luces se apagaron. Un grito general inundó la sala que se fue apagando cuando el público comprobó que no pasaba nada más. Una melodía empezó a salir entonces de los altavoces y el público empezó a corear el nombre del grupo, una luz iluminó una figura tapada bajo una capa roja en el centro del escenario que empezó a cantar rodeada por una especie de niebla blanca. Las voces del público aumentaron todavía más. Entonces la figura se quitó enérgicamente la capa a la vez que se encendían las luces del escenario mostrando al resto del grupo y la música rompió en una enérgica canción. La persona bajo la capa era Ruby, llevaba el pelo suelto, uno pantalones de cuero negro y un corsé rojo y se paseaba por el escenario dando saltos a la vez que cantaba.
Desde su sitio, Emma se había levantado y aplaudía y vitoreaba a su amiga a coro con el público. Tras ella las voces de los fans se mezclaban con las de Ruby cantando la canción, pero Emma no se sabía la letra de modo que solo aplaudía al ritmo de la música. Al terminar la canción Ruby empezó a hablar saludando al público y Emma volvió a sentarse en su asiento. Miró a su alrededor, vigilaba la cortina esperando que de un momento a otro se abriera y apareciera Regina, pero la cortina no se movió y una nueva canción empezó a sonar. Conforme las canciones pasaban y Regina no llegaba, Emma empezó a perder la esperanza, y a pesar de que seguía diciéndose a sí misma que prefería que no fuera, una fuerte decepción se apoderó de ella. Permaneció sentada en su silla, escuchando las canciones y aplaudiendo, pero con ganas de que terminara pronto el concierto.
En un pequeño descanso en el que uno de los del grupo decía algunas palabras al público aprovechó para ir al baño, pero al llegar estaba ocupado. Espero unos minutos hasta que una mujer con una tarjeta identificadora del staff salió de él y pudo entrar. Después de hacer pis se echó agua en la cara, aunque no era un día especialmente caluroso, gracias a toda la gente reunida dentro del recinto hacía bastante calor. Desde fuera llegó a sus oídos una nueva canción de modo que terminó de arreglarse rápidamente y volvió a la sala. Al pasar la cortina vio que uno de los focos se dirigió hacia un punto por encima del público. Una plataforma rectangular de metal se alzaba sobre las cabezas y en ella había varias personas con cámaras, era el área destinada a la prensa. Una mujer se apoyaba sobre la barandilla, inclinando el cuerpo, con una gran cámara de fotos pegada a la cara. A Emma le resultó familiar, se quedó mirándola un momento y al retirarse la cámara de la cara le dio un vuelco el corazón y una sonrisa se dibujó en su cara. Era Regina.
El maletín de fotografía estaba preparado encima de la mesa mientras Regina terminaba de arreglarse. Henry estaba sentado en una silla de su habitación observando a su madre, enfurruñado. Le encantaba Los Lobos de Caperucita, y cuando se enteró de que su madre iba a ir a un concierto suyo le suplicó que lo llevara con ella, pero su madre le había dicho que era demasiado pequeño para ir y ella estaría trabajando, por lo que tendría que quedarse en casa con Lacey.
- Mamá por favor, llévame contigo- le suplicaba de vez en cuando, como llevaba haciendo dos días.
- Sabes que no puedo Henry.
- Pero no es justo, tú ni siquiera te sabes las canciones.
Regina lo miró afligida y se agachó junto a él.
- Vamos a hacer una cosa, hoy no me puedes acompañar porque voy a estar trabajando, pero al próximo concierto que hagan en la ciudad vamos juntos, ¿te parece?
- ¿Me lo prometes?
- Te lo prometo.
- Está bien- respondió, arrastrando las palabras.
Cuando terminó de prepararse cogió el pase de prensa que Ruby le había dado el día anterior y se lo colgó al cuello. Se puso la chaqueta y guardó en el bolso el pase VIP que le había dado Emma, por si lo necesitaba. Finalmente cogió el maletín con la cámara y los objetivos que podía necesitar y salió por la puerta después de darle un beso a Henry. Tenía que llegar a la sala Fairly Tales pronto para poder fotografiar al grupo antes del concierto.
Aparcó el coche en un parking cerca del lugar del concierto, y se fue por detrás para poder evitar la multitud que había en la plaza, dirigiéndose directamente a la puerta lateral por donde accedía el staff. Al llegar vio a un hombre corpulento que guardaba la entrada y se acercó a él para mostrarle el pase de prensa. Poco después apareció una mujer pelirroja con pecas en la cara que se hacía llamar Amy. Entró con ella y la siguió por los pasillos del recinto, pasó por las puertas de los camerinos y llegó hasta una gran sala donde estaba el grupo. Al verla, Ruby se fue directa hacia ella.
- Me alegro de verte Regina, llegas justo a tiempo.
Ruby le dio un abrazo afectuoso y algo incómodo para Regina y la invitó a pasar para saludar a los demás. Unos días atrás, Regina había llamado a Ruby para decirle que a la revista le gustaría incluir algunas fotografías de su concierto en el artículo que estaban preparando del grupo y a ella le pareció una idea estupenda.
- Tengo que reconocer que cuando Emma me contó que igual no venías al concierto me llevé un chasco- le decía Ruby mientras Regina preparaba sus aparejos de fotografía.
- Al final ha sido el trabajo lo que me ha hecho venir- contestó Regina sonriente.
La verdad es que la idea de incluir las fotografías del concierto en el artículo había sido suya. Después de que Emma le dijera que debían reducir su relación a lo profesional se había sentido muy decepcionada y se había planteado no ir al concierto de verdad. Pero luego se le había ocurrido aprovechar los pases para la revista. Aunque desde que era subdirectora no había vuelto a ejercer de fotógrafa, era ella quien tenía la invitación por lo que no había resultado demasiado extraño que se ofreciese para el trabajo, a pesar de que al final Ruby le había dado un pase de prensa. No había llamado a Emma para contarle el cambio de planes, pero estaba ansiosa por volver a verla.
Después de hacer algunas fotos al grupo durante los preparativos, Amy la acompañó hacia el lugar reservado para una parte de la prensa entre la que se encontraba ella. Volvieron a recorrer los pasillos y llegaron hasta una escalera de metal que ascendía por encima del foso. El público ya estaba llenando el lugar, y el concierto no tardaría en empezar. Cogió un buen sitio desde donde tenía una perspectiva perfecta de los asientos reservados a los pases que habían recibido Emma y ella, que todavía estaban vacíos. Antes de darle tiempo a impacientarse por la llegada de la arquitecta, dos personas atravesaron una cortina y se dirigieron hacia los asientos. Reconoció a la mujer pelirroja que la había acompañado y pudo comprobar que junto a ella estaba Emma. La siguió con la mirada hasta su asiento mientras se maravillaba de lo guapa que era aquella mujer, se había dejado el pelo suelto, y llevaba unos pantalones vaqueros y una camiseta ancha de manga corta y de color salmón. Cuando Amy se marchó y Emma se quedó sola empezó a mirar hacia todos lados, como buscando algo que no encontraba. Analizó el escenario y miró atentamente la cortina por la que había pasado minutos atrás. Después miró tras ella y pareció ponerse nerviosa pues se sentó en uno de los asientos, inquieta. Mientras tanto Regina seguía observándola, sonriente.
Continuó observando a Emma mientras conversaba con el resto de fotógrafos y cámaras que había en la pasarela hasta que empezó el concierto. Cuando se apagaron las luces preparó su cámara para empezar la sesión de fotos del concierto. Tenían una puesta en escena espectacular, combinando juegos de luces para diferentes canciones, con un decorado que simulaba un bosque, y diferentes vestuarios. El público estaba encantado y respondían con entusiasmo, vitoreando y cantando las canciones. Las fotografías quedarían estupendas en el reportaje.
Emma observaba todo desde abajo, se había animado mucho al empezar el concierto bailando y aplaudiendo, pero conforme pasaba el tiempo iba decayendo su ánimo. Se había sentado, y aunque seguía animando parecía decaída. Regina quería bajar para animarla, pero al terminar una canción, miró abajo y la rubia había desaparecido. La buscó mientras un miembro del grupo hablaba, pero no la encontró, y cuando empezó la música otra vez volvió al trabajo. Empezó de nuevo a hacer fotografías del grupo, pero su pensamiento no estaba en el escenario, se preguntaba qué habría pasado con Emma, dónde habría ido. Volvió a mirar para abajo y ahí estaba de nuevo, camino de su asiento. Regina no sabía dónde había ido, pero ahora parecía de nuevo contenta, no se sentó, sino que empezó a bailar de nuevo con las canciones. Entre foto y foto la miraba, hasta que vio como la rubia giraba la cabeza mirando hacia arriba, hacia ella. Estaba oscuro, y no podía estar muy segura, pero parecía que la había encontrado, y de vez en cuando miraba hacia arriba en su busca. A pesar de todo no parecía que su presencia le fuera indiferente y eso hizo que Regina se estremeciera de regocijo.
Hizo algunas fotos más desde su posición hasta que decidió que estaría bien buscar un ángulo diferente. Por suerte tenía un pase que le permitía estar al pie del escenario, mucho más cerca del grupo. Recogió su maletín, cruzó la pasarela y bajó las escaleras. No estaba segura de por dónde debía ir, pero estaba claro que tenía que acercarse al escenario. Avanzó hacia una puerta que había al fondo donde había un hombre de seguridad. Le enseñó el pase y la dejó entrar. Estaba en los pasillos que había cruzado antes, a la izquierda había una cortina que parecía la que había atravesado Emma. Se acercó y al retirarla vio a la rubia al fondo, de espaldas al escenario y mirando para arriba, buscándola. Se quedó quieta durante unos segundos, observando cómo Emma se estiraba, tratando de descubrir dónde se había metido, moviéndose de un lado a otro, aprovechando los momentos en los que los focos iluminaban al público, pero sin éxito. Desde su escondite, Regina sentía que podría estar mirando a aquella mujer toda la vida.
Después de un rato terminó de cruzar el umbral y se dirigió hacia Emma, al acercarse sus pasos la delataron y la arquitecta se giró sobresaltada.
- ¿Busca a alguien?- dijo antes de que Emma pudiera abrir la boca.
- No, solo miraba hacia el público- mintió Emma, pero no pudo evitar que una sonrisa iluminara su cara al comprobar que Regina no se había marchado sino que estaba a su lado- pensaba que había decidido no venir al concierto.
La música estaba muy alta y tenían que acercarse para poder escucharse. El aliento de Emma cerca de su oreja hizo que Regina recordara el sueño que tuvo con ella y se ruborizó, pero Emma no lo notó, estaba demasiado ocupada con el escalofrío que le causó sentir a Regina tan cerca.
- Lo decidí, he venido por trabajo- Regina abrió el maletín, sacó la cámara y le colocó uno de los objetivos- vamos a incluir fotografías del concierto en el artículo de Los Lobos de Caperucita.
Sin decir nada más, Regina se alejó de Emma y empezó a hacer fotos del concierto. Desde aquella posición podía centrarse mejor en las fotos individuales por lo que empezó a sacar fotos a cada uno de los componentes del grupo. Emma la observaba desde su sitio, moviéndose por el pasillo con su cámara, nunca la había visto ejercer de fotógrafa, pero estaba claro que se sentía a gusto con una cámara entre las manos, y estaba muy atractiva con ella. Cuando Regina se giró, Emma la estaba mirando embobada y sonriente y Regina le devolvió la sonrisa, pero en aquella ocasión Emma no le apartó la mirada. Ambas se miraron durante unos segundos, hasta que Ruby empezó a hablar al público de nuevo.
- La siguiente canción no está incluida en el disco. La he compuesto para una persona muy especial que está aquí esta noche y a quien se la quiero dedicar- Ruby bajo la mirada en dirección a Emma- trata sobre los mejores amigos, aquellos que por más tiempo que pase no quieres perder.
Aquellas palabras fueron toda una sorpresa para Emma que no esperaba nada como aquello. La melodía empezó a sonar y la voz de Ruby irrumpió potente en la sala. Emma escuchaba atentamente y cada palabra que oía la transportaba años atrás, su vista empezó a nublarse y dos lágrimas rodaron por sus mejillas cuando llegó al estribillo. Regina se acercó a ella y cuando atisbó la emoción en su rostro levantó la cámara y la inmortalizó.
Fue uno de los momentos más emotivos del concierto, el público no sabía la letra, pero toda la sala empezó a llenarse de luces que provenían de mecheros y móviles, y todos escuchaban la canción al tiempo que movían las luces. Cuando terminó, una oleada de aplausos ensordeció a Emma y Regina que se unieron a la ovación.
Tras aquello al concierto le quedaban pocos minutos para terminar. Después de una canción más el grupo se despidió, pero los vítores del público les hicieron salir en dos ocasiones para volver a cantar. Al terminar la última canción y un último aplauso, las luces se encendieron y la gente empezó a salir del lugar.
Regina y Emma se dirigieron hacia la puerta donde Amy les había dicho que se reunieran con ella. Cuando llegaron, la mujer ya las estaba esperando y después de intercambiar un par de palabras sobre el concierto les abrió la puerta, subieron unas escaleras y llegaron al área que había tras el escenario. Allí había una gran cantidad de gente del staff que habían empezado ya a recogerlo todo y en mitad de todo estaban los miembros del grupo, recibiendo las felicitaciones por su actuación. Se acercaron hasta ellos y Ruby y Emma se fundieron en un gran abrazo.
- Es una canción preciosa- dijo Emma que empezaba a emocionarse de nuevo.
- Escribí esta canción para ti hace años- confesó Ruby- te echaba mucho de menos.
- Y yo a ti.
Regina se había acercado a felicitar al resto del grupo, pero observaba la escena de reojo y los celos volvieron a aflorar ligeramente en su interior. Le gustaría que Emma sintiera alguna vez ese anhelo por reencontrarse con ella. Cuando terminaron se acercó a Ruby para felicitarla también.
- Ha sido un concierto increíble, tienes una voz impresionante Ruby.
- ¿Entonces os ha gustado?- dijo la cantante emocionada- me alegro muchísimos de que hayáis estado aquí.
- Y nosotras, las fotos han quedado genial, ya lo verás en el artículo- añadió Regina.
- Que ganas tengo de verlo- exclamó Ruby- todavía no hemos podido ver ninguna de las fotos que nos habéis hecho.
- Te aseguro que os van a encantar.
- Nos vamos a duchar y a arreglarnos- explicó Ruby- después nos vamos a tomar algo, ¿os apuntáis?
- Claro- aceptó Emma rápidamente.
- Yo no estoy segura…- empezó a decir Regina, pero Ruby no la dejó acabar.
- Bueno, tu espéranos aquí con Emma y ahora lo decides. No tardamos.
Ruby desapareció con sus compañeros por una puerta antes de que Regina pudiera protestar y las dos mujeres se quedaron solas. Amy volvió a aparecer de la nada para llevarlas a una sala con sillones donde ponerse cómodas mientras esperaban. Durante unos minutos ambas permanecieron calladas sin saber que decir para romper el hielo. Finalmente fue Emma quien dio el primer paso.
- Henry debe de haberse quedado en casa muerto de la envidia.
Regina miró a Emma y le sonrió, le alegraba que después de todo volviera a tratarla con la familiaridad de antes de la pelea.
- Al principio estaba muy enfadado por no poder venir conmigo, le tuve que prometer que lo llevaría al próximo concierto que hicieran aquí en Londres. Espero que falte mucho para eso- añadió entre risas- todavía es muy pequeño para un concierto.
- Pues aprovéchalo, pronto no querrá ir contigo sino con sus amigos. Cuando yo cumplí los doce años no quería que me vieran en ningún sitio con mis padres.
- Ese es mi mayor temor, que un día no quiera estar conmigo. Aunque si tu estás cerca seguro que no hay problema- por un momento Regina temió haberse pasado de la raya con ese comentario, pero Emma no pareció importunarse.
- A mí también me gusta pasar tiempo con él, tienes un encanto de hijo.
- Gracias, sí que lo es- respondió Regina con la sonrisa de una madre orgullosa- pero no le diré que has dicho eso o no podrás quitártelo de encima.
Habían olvidado el lenguaje formal otra vez, y a Emma le resultó un alivio hablar con Regina abiertamente. De pronto la pelea le parecía una gran tontería y no entendía como podía haber llegado a ser tan fuerte.
- Regina…- empezó a decir- sobre lo del otro día, me temo que estaba un poco irritable. No debería haberme enfadado así, y mucho menos salir dando ese portazo. Lo siento.
- Yo también lamento haber dicho algo que te disgustara- se disculpó Regina.
- Ya está olvidado- Emma arrugó la nariz en un gesto que a Regina le resultó totalmente adorable- y lo de mantener nuestra relación en lo estrictamente profesional, creo que fue un poco exagerado.
- Estoy de acuerdo, me siento a gusto contigo.
- Y yo.
Las dos mujeres se habían empezado a mirar fijamente a los ojos y a sonreírse. La sinceridad y la disculpa habían vuelto a abrir la complicidad entre ellas y se sentían más cercanas que nunca. Una llamada al móvil de Emma rompió el momento. Se levantó y salió de la sala para contestar mientras Regina se quedaba sola y cogía el móvil también. Su hijo le había escrito al WhatsApp desde el móvil de Lacey.
"Mamá, espero que lo estés pasando bien. Me voy a la cama. Buenas noches."
El mensaje la hizo sentirse culpable, ya eran las doce de la noche y todavía no había vuelto a casa.
Emma volvió a entrar cuando terminó de hablar.
- Es tarde, Henry está con la niñera y yo ya he terminado el trabajo- le explicó Regina- tengo que volver a casa.
Emma no quería que se fuera, le apetecía salir a tomar algo, pero sólo si Regina iba con ellos y sin pensarlo dos veces le dijo.
- Quédate.
La petición de Emma hizo que Regina sintiera un hormigueo en el estómago. Habían empezado la noche sin hablarse, y ahora le pedía que se quedara más tiempo con ella. Deseaba con todas sus fuerzas decirle que se quedaría, pero su responsabilidad como madre era mucho más fuerte. Antes de que pudiera responder, Ruby y el resto del grupo entró por la puerta con dos botellas de champagne.
- He pensado que no te podías ir sin que hubiéramos brindado- le dijo a Regina.
Repartieron una copa a cada uno y las llenaron de champagne.
- Por los reencuentros- brindó Ruby al tiempo que alzaba la copa.
- Por los reencuentros- respondieron todos chocando sus copas.
Después de beber un trago Emma se acercó a Regina y le dijo en voz baja.
- Por las reconciliaciones.
Chocaron sus copas y bebieron mirándose a los ojos.
Mientras terminaban con las botellas de champagne se quedaron en la sala de espera brindando y riendo. Regina conocía al resto del grupo de la revista, pero Emma no los conocía de nada. Ruby los presentó y empezaron a contar anécdotas de cuando las amigas eran jóvenes. Regina estaba encantada de poder conocer más cosas sobre Emma, y por las historias que contaban, parecía una persona muy diferente a la que ella conocía, más parecida a Ruby. Pensó que la gente maduraba, pero sentía que había algo más que no sabía.
Cuando acabaron con las botellas se prepararon para marcharse. Habían reservado un local cerca de allí para poder relajarse tomando unas copas, pero para Regina había llegado la hora de regresar a casa. A pesar de las súplicas de Ruby, lo había decidido y no iba a cambiar de opinión. Salieron de la sala de conciertos y en la puerta se despidieron antes de separarse. Pero antes de alejarse, Emma se acercó hasta ella y cogió el maletín.
- Te acompaño al coche y te ayudo con esto.
Emma no quería que se marchara, pero sabía que no podría hacer nada para convencerla. Había pensado irse ella también a casa, pero hacía mucho que no salía de fiesta con Ruby y no quería dejarla plantada. A pesar de todo no quería separarse de Regina ya, y sin pensarlo la siguió. Cuando Regina sintió su mano al coger el maletín el corazón se le aceleró y ni se le pasó por la cabeza tratar de disuadirla.
Caminaron durante cinco minutos hasta llegar al parking sin decir nada. Al llegar al coche, Regina guardó los aparejos de fotografía en el maletero y dejó su bolso en el asiento de atrás.
- Lo he pasado muy bien esta noche- dijo jugueteando con las llaves del coche.
- Yo también, me alegro de que al final el trabajo te hiciera venir al concierto- Emma hizo una pausa y le sonrió- es una pena que se acabe aquí.
En aquel momento el corazón de Regina iba tan deprisa que pensaba que era imposible que Emma no lo estuviera escuchando. Sabía que debía despedirse y subirse al coche, pero en lugar de eso otras palabras salieron de su boca.
- Me gustaría enseñarte un sitio.
- Vale- Emma contestó sin pensárselo y se subió en el asiento del copiloto.
Regina arrancó el coche y salieron del parking. Emma no sabía dónde la estaba llevando, pero no le importaba. Se sentía a gusto y le apetecía estar con ella por encima de todo. Lo demás no importaba. No habían encendido la radio y ellas tampoco decían nada. Tan solo observaba el exterior pasar por la ventanilla del coche y de vez en cuando miraba de reojo a Regina, que parecía concentrada en la carretera. Siguió conduciendo por las calles de Londres, cruzó el río, y se encaminó hacia las afueras. Solo entonces Emma adivinó hacia dónde se dirigía. Salieron de la ciudad y empezaron a ascender por un camino hasta llegar a la colina donde la había visto por primera vez. "Es un buen lugar para acabar el día" pensó, pero no le dijo nada a ella. Nunca le había hablado de ese primer encuentro, y no iba a hacerlo entonces.
Llegaron al mirador y paró el coche. Durante el camino Regina se había relajado un poco, pero ahora que habían llegado, los nervios volvían a acelerar los latidos de su corazón. No sabía que impulso la había hecho llevar a Emma hasta allí a esas horas de la noche, pero el lugar estaba vacío y hacía una buena noche. Se bajaron del coche y se acercaron al precipicio desde donde podían ver la ciudad iluminada.
- Este es mi rincón secreto- reconoció Regina- me gusta venir aquí para relajarme.
- Es un lugar precioso.
- Y tranquilo, normalmente no hay gente, por eso me gusta- Regina miraba hacia el infinito, tratando de mantener la respiración acompasada.
- ¿Por qué me has traído aquí?
- Porque me apetecía compartirlo contigo.
- Gracias- Emma miraba a Regina igual que lo había hecho un mes atrás, pero ahora la situación había cambiado. Ahora conocía muchas cosas más de aquella mujer que la ayudaban a comprenderla mejor, pero le seguía pareciendo una mujer preciosa, incluso mucho más.
Regina seguía pensando en algo que le había venido a la cabeza mientras estaban brindando. Había estado dándole vueltas desde que escuchó las historias de la cantante sobre su adolescencia con Emma y necesitaba preguntárselo.
- ¿Qué ocurrió?- hizo una pausa y giró la cabeza para mirarla- ¿Qué hizo cambiar a la chica de la que hablaba antes Ruby?
Emma la miró extrañada, nunca le había hablado de nada de eso y no entendía cómo había llegado a esa conclusión. Se sentía cómoda con Regina, pero todavía no estaba lista para hablar de esa parte de su pasado con nadie, ni siquiera con ella. Volvió la mirada hacia la ciudad y suspiró.
- A veces hacemos tonterías que nos cambian la vida.
Aquellas palabras no le hablaban de su pasado, pero sí reconocían que algo había ocurrido. Regina sabía que no debía seguir preguntando, pero su respuesta le había hecho sentirse más cerca de ella, y pensó que esa mujer le gustaba más de lo que había pensado. Le hubiera gustado decirle que todo iría bien, que ella se encargaría de hacer que todo el dolor se borrase, pero no sabía cómo hacerlo. Se acercó a ella y puso una mano sobre su hombro. Al sentirla, Emma se giró quedándose frente a frente. Permanecieron así durante un rato, mirándose a los ojos, sin hablar, sin apartar la mirada. Incluso sus respiraciones parecieron acompasarse.
- Eres preciosa, Emma.
- ¿Por qué siempre me dices esas cosas?
- No lo sé, no suelo ser así. Pero contigo las palabras a veces salen solas- a pesar de la oscuridad, Regina sintió el rubor de las mejillas de Emma- Lo siento, no es mi intención hacerte sentir incómoda.
- Pues a veces lo consigues- dijo Emma con una sonrisa nerviosa, y manteniendo la mirada de Regina añadió- pero me gusta.
Regina suspiró al escuchar las últimas palabras y al salir el aire de su boca la obligó a separar un poco los labios. La luz de la luna les permitía distinguir bien los rasgos faciales en distancias cortas, y desde esa posición, Emma analizó el rostro de Regina como no lo había hecho antes. En el labio superior tenía una pequeña cicatriz que le pareció irresistible. De pronto, sintió un fuerte impulso por rozarla, igual que lo hacía Regina en el retrato que le había hecho justo en ese mismo lugar. Se había equivocado, Regina no la hacía sentir incómoda, la ponía nerviosa, cada vez que le decía algo bonito, cada vez que la miraba como lo estaba haciendo en ese momento, la ponía nerviosa porque le gustaba que una mujer como ella le dijera esas cosas, le gustaba que Regina le dijera esas cosas. Al principio pensaba que sólo eran cumplidos, pero en aquel momento su cuerpo, su respiración, su mirada, todo en ella le decía que no eran simples cumplidos. Lejos de sentirse incómoda y querer salir corriendo como le había ocurrido antes, en aquel momento su cuerpo había decidido permanecer junto a ella, ansiando que la distancia entre ellas se acortara avanzó un paso hacia adelante. Regina también se acercó un poco más, inclinándose lentamente hasta que sus bocas se encontraban a pocos centímetros, Emma sintió un escalofrío por todo el cuerpo y perdiendo todo el control sobre sus actos recorrió la distancia que separaba sus labios y la besó. Sintió el calor de su aliento mientras temía que el corazón se le saliera del pecho. Una mano de Regina subió hasta su mejilla y la acarició y Emma la rodeó por la cintura para acercarse aún más. Sus labios eran dulces y decididos, se movían alrededor de los suyos, acariciándolos lentamente, humedeciéndolos. La respiración de las dos mujeres empezó a acelerarse y con ellas sus bocas empezaron a abrirse hasta que sus lenguas se encontraron en un vibrante beso. Regina cogió su labio entre los dientes y los apretó delicadamente, y Emma la apretó con más fuerza contra su cuerpo.
Y entonces se separaron.
Regina jadeaba mientras se mordía el labio, anhelando los que momentos antes la besaban. Era la primera vez que besaba a una mujer, pero había deseado los besos de Emma desde que la conoció, y ahora que la había besado sentía que no quería dejar de hacerlo en toda su vida. Nadie la había hecho sentir lo que sentía con ella. En la mirada de la rubia veía el mismo deseo, pero mezclado con una gran confusión.
No estaba segura de lo que debía decir. Sabía que no era apropiado besarla, pero no se arrepentía de haberlo hecho, y había sido Emma la que había marcado el ritmo. Pero tampoco quería que volviera a alejarse de ella. Emma tampoco parecía saber qué decir, pero igual que Regina, se humedecía los labios con su lengua. Aquello era una buena señal.
- Se hace tarde, deberíamos marcharnos.
- Si, Ruby me está esperando.
Volvieron al coche y entraron. Emma se puso el cinturón y fijó su mirada en la carretera. En aquella ocasión no observaba por la ventana. Su mente giraba rápidamente con cientos de pensamientos que se abrían paso. No sabía cómo había ocurrido, en qué momento se había dejado llevar de aquella manera para acabar besando a una mujer, a su jefa. Pero el hecho es que había ocurrido, y lejos de sentir arrepentimiento, se sentía extasiada, todavía tenía el corazón acelerado y un fuerte hormigueo en el estómago. Había besado a Regina y la había hecho sentir fuertemente excitada.
Pero aquello no estaba bien, no sólo era su jefa, Emma se iba a casar, estaba prometida con Killian, y no podía hacerle algo así. Era un buen hombre que la cuidaba y la quería, aquello no podía repetirse.
Llegaron a la puerta del pub sin decir una sola palabra. Regina paró el coche y Emma se bajó tras darle las gracias por acercarla. La observó cruzar la acera hasta atravesar la puerta del local. Cuando hubo desaparecido de su vista, una sonrisa se dibujó en los labios de Regina. No había planeado nada de aquello, todo había surgido sobre la marcha, pero no se arrepentía de nada, no podía. Estaba encantada de haber sentido los labios de Emma sobre los suyos, aun en ese momento podía sentir resquicios de su calor, y su recuerdo la hacía vibrar. Sabía que la próxima vez que viese a la rubia le diría que había sido un error y que no podía repetirse, pero aquella noche sus labios habían sido suyos y dormiría abrazada a ese recuerdo.
