Capitulo 9

Después de esa noche de entrevistas no dirigimos a las camas, mañana sería el día en el que todos seríamos lanzados a la arena. No pude dormir, los nervios no me dejaron, era una mescla de emociones entre ellas rabia, desesperación, y miedo. Salí de mi habitación a recorrer toda la planta para ver si podría calmar mis nervios. En la sala de estar estaba sentada Tracy.

—Tampoco has podido dormir— Dijo la niña.

—No, con todo esto es imposible—Respondí.

—Es cierto— Murmulló Tracy y empezó a llorar.

— ¿Qué te pasa? —Dije tratando de calmarla, quería decirle que todo iba a estar bien pero en realidad no lo iba a estar.

—No es nada— Dijo ella entre dientes.

—Vamos Tracy, cuéntame

—Hace unos días, cuando llegamos aquí, vi que uno de los Avox que nos servían, era mi padre.— Dijo y comenzó a llorar más fuerte—Ahora que estamos tan cerca no le puedo ni hablar y mañana ya no lo volveré a ver, ni él ni a nadie en mi familia.

—Tracy, estos juegos son duros, para uno más que a otros, pero eso no quita el horror que causa en cada uno—Le dije tratando de consolarla, la noticia me había tomado por sorpresa, no imaginaba como reaccionaria yo sí viera algún familiar desaparecido convertido en un Avox

—No importa, tal vez mañana o algún día de estos cuando muera en la arena me libere de todo este dolor. — Respondió, no la había visto así, ahora ya había una razón más para justificar esa actitud distante que había tenido todos estos días.

—Tracy, no hables así, tal vez tengas una posibilidad y puedas volver a ver tu madre, y cuando crezcas y seas mentora también podrás ver a tu padre—Dije para animarla

— ¿En serio lo crees? —Me dijo mirándome a los ojos

—Sí— No me había dado cuenta que le había dado una esperanza, incluso cuando ya le había prometido a su madre que yo la asesinaría. No había contemplado la posibilidad de que ella pudiera ganar, me sentía egoísta.

—Está bien, entonces creo que ahora lo intentare— Me respondió con una sonrisa— Ahora me iré a dormir.

Me quede sólo en ese lugar, le había dado una esperanza a la pobre niña, me sentía peor que el capitolio y todos sus juegos. Ahora veía todo de otra manera, ya no tenía que darle una muerte digna a Tracy, ahora tenía que ayudarla a ganar.

Al otro día en la mañana, Shaira es quien me despierta, estaba tan espantosa como siempre, aunque ella creía estar "arreglada", claro que no podía decir nada, estaba recién despierto, mi aspecto no debía de ser mejor. Ambos subimos al tejado dónde hay aerodeslizador esperándonos. La nave era gigante, y al igual que todo en el capitolio, increíblemente lujosa. En la gran nave desayunamos y a mí me ponen un chip de rastreo que dolió bastante. El viaje casi no tarda, en muy poco tiempo nos lleva a la arena, o a la parte subterránea dónde se hacen los otros preparativos. Allí ya no es tan lujoso todo, son unos simples cuartos pequeños, busco el baño y tomo una ducha, me dan el uniforme que deben de tener los otros tributos, consta de una chaqueta, lo que me da la idea de que a dónde vamos es un lugar frio, unos pantalones y una camisa negros con el número de mi Distrito marcado en ellos, y unas botas.

En la sala de lanzamiento me subo a una plataforma de metal. Shaira me desea buena suerte y luego un cilindro de cristal me encierra. El cilindro me sube a la arena. Me pregunto cuan creativos serán este año. Cada año el capitolio manda a los tributos a una arena diferente.

Momentos antes de comenzar el juego, cuando todos estábamos ya en la arena alrededor de la Cornucopia veo a Tracy, está justamente enfrente mío, pero alejada por bastantes metros. Parecía más asustada que ninguno, y como no estarlo, a ella el capitolio se lo había hecho peor, hace unos días había visto a su padre que le fue arrebatado, sin contar que apenas tiene 12 años. Ahora que pienso en que ella puede ser una posible ganadora espero que hayamos conseguido algunos patrocinadores.

Segundos antes de que los cilindros nos liberen por completo en la arena miro a mí alrededor y no logro identificar dónde estamos. Es una especia de cueva, muy grande y muy bien iluminada. Me distraje contemplando la arena que apenas me di cuenta de que los Juegos empezaron y sólo porque cuando sonó el Gong, la incandescente iluminación se apago, convirtiendo el lugar en una autentica caverna con un oscuridad inmensa, una oscuridad perfecta para un baño de sangre.